Llama Violeta

Llama Violeta


 

 
 
 
 
 

El hombre del Y2K.

 

Y finalmente, el futuro llegó... hemos entrado en el tercer mileño, esto de lo que se a hablado hasta el hartazgo en cuanto medio de comunicación existe, ya esta acá, aquí y ahora, y empero, tanta fanfarria mediatica y pomposa de la que ya estamos saturados, no debería impedirnos percibir la magnitud del evento, ni quitarnos el placer de disfrutar de estos momentos, que constituye un gigantesco cumpleaños para la raza humana.  

Y que como tal debe ser festejado, muchas generaciones antes que nosotros hubieran querido estar en estos momentos y hoy no están, muchas que aun no han llegado sabrán por nosotros como fue, como se vivió, así que lector, no tengamos empacho en disfrutar a nuestras anchas el privilegio estar vivos y conscientes de estas circunstancias, ya que esta mítica fecha y época que atravesamos solo es comparable en su influencia y significancia en la historia a aquella cuando comenzó la era cristiana, y nosotros, tan afortunados como aquellos que fueron contemporáneos del gran maestro de maestros, el de Nazaret. Nos merecemos regalos, felicitaciones, y toda la fiesta de la que seamos capaces de disfrutar, pero como sucede en todo cumpleaños, hay también un espacio para la reflexión y un pequeño balance, y no estaría demás revisar nuestras alforjas lector, y ver que hemos acumulado en ellas a lo largo de los siglos de esta era, probablemente nos encontremos con algunas cosas interesantes y otras menos dignas de recordar, pero como todo ello forma parte de nuestro acervo, bien vale la pena intentarlo de todas formas.

Contra todos los pronósticos, profecías apocalípticas y malos augurios, nosotros, la especie humana, hemos sobrevivido, y lo hemos hecho a todas las tragedias, holocaustos, calamidades imaginables, pero por sobre todo, a nosotros mismos, cuando no a quedado mas remedio en las épocas de mayor obscuridad, hemos apretado los dientes y soportado cuanto dolor se debiera soportar, esperando que pasara pronto, cuando se a podido, en las no muy abundantes épocas de luz de la historia, hemos manifestado también todo de lo que somos capaces de crear, y expresado la grandeza y belleza del alma a través de obras, desde exquisitas pinturas y partituras hasta naves espaciales y fastuosas tecnologías, pero para mal de nuestra autoestima, también se han dicho, con muy poco tino, muchas cosas a cerca de nuestra naturaleza en los últimos tiempos, que si las tomáramos en cuenta, sencillamente tendríamos muy pocos deseos de levantarnos en la mañana, por ejemplo, que no somos el centro del universo, que descendemos del mono, que al nacer, la disposición de los planetas configuran nuestro sistema nervioso y nuestro destino de tal forma que nuestro futuro esta en cierta forma pautado, que nuestros genes heredados determinan nuestros temperamentos y rasgos de personalidad inevitablemente, que las impresiones en nuestra infancia serán determinantes para nuestra conducta en la vida adulta, que nuestra existencia en este planeta puede compararse a una escuela, donde nuestra alma va evolucionando vida tras vida, pero en cuyo transcurso generamos un Karma que debemos equilibrar constante e ineludiblemente, y la lista sigue y sigue...y es tan larga que seria engorroso enumerarla, y aunque resulte raro decirlo, todo esto es verdad lector, pero es una verdad incompleta, parcial, limitada, y lamentablemente, la verdad oculta , la que falta, va mas allá de lo que pueden ver nuestros ojos y es imposible de verificar con instrumentos su grado de certeza, y a la que solo podemos acceder cuando tenemos la disposición de hacerlo y no antes, por esa inquebrantable ley cosmica que llamamos el libre albedrío. No hace mucho, y por uno de esos hechos que solemos considerar fortuitos, me tope nuevamente con aquella parábola de Platón sobre el hombre en la cueva, se refería a seres que vivían encadenados en el fondo de una cueva, de cara a la pared, los cuales veían todo el tiempo sombras e imágenes en movimiento reflejándose sobre la misma, viviendo generación tras generación en estas condiciones, cimentaron toda una cultura sobre esas sombras, se crearon mitos, grupos que preferían unas sombras en lugar de otras, y en nombre de ellas hasta luchaban a muerte, todos se aferraban firmemente a sus pedacitos de sombras, pero cierto día, uno de ellos, comenzó a preguntarse por que razón estaban encadenados, y si no habría otra forma de vivir, si podría encontrar algo mas que lo que ya había visto si exploraba en el resto cueva, luego de un gran esfuerzo logró soltarse y comenzó a deambular por la misma hasta que un día encuentra algo que parece una salida, al cruzar el umbral al exterior se encuentra con una realidad muy distinta a la de la cueva, se asusta, se sorprende, se conmueve, descubre que hay un sol, un cielo azul sin limites, arboles y animales de toda clase y colores que jamas había imaginado siquiera, estremecido por esa nueva realidad, comprende que lo que había visto durante toda su vida eran solo sombras, las sombras de esa realidad exterior fantástica filtrándose con la luz del sol hasta el fondo de la cueva, que todo aquello en lo que había creído en su vida eran solo sombras, apariencias, ilusiones, entonces decide emprender el camino de regreso para llevar la novedad al resto de la gente aun encadenada, pero cuando cuenta esto a los habitantes de la cueva, que hay una realidad llena de maravillas y posibilidades, sencillamente no le creen, lo rechazan, piensan que se ha vuelto loco, le hablan de las bondades de la cueva, de lo fantástico de tal o cual sombra, de lo cómodas que son las cadenas, de lo peligroso que puede resultar vivir sin ellas.

Cualquier similitud con la realidad no es mera casualidad lector, aunque esta bella parábola se escribió hace 2400 años, en cierta modo, solo parecen haber cambiado las formas, aun permanecemos viviendo en las sombras, encadenados a sus apariencias, aferrados cada quien a su pedacito de ilusión,

no obstante, creo que también cabria hacerle un espacio al optimismo, ya que aunque en forma lenta y casi imperceptible, es claro que la humanidad marcha firmemente desde lo material a lo espiritual, y aunque parezca contradictorio, lo hace de la mano de esta era tecnológica y posmoderna tan criticada, pues probablemente solo una liberación del tedio de las fabricas y de la masificación del pensamiento permitirán que, ya sea solos o colectivamente, iniciemos la marcha hacia afuera de la obscuridad de nuestra propia cueva, cruzando el umbral hacia una nueva conciencia, mas plena y promisoria, y quien sabe lector, a lo mejor ya lo estamos haciendo.
FELIZ MILEÑO.

 

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 Víctor Hugo Villacorta

E-mail: vhvillacorta@hotmail.com