La
extraña naturaleza del ser.
Somos extraños, me he dado cuenta. Podemos aceptar que
existe una “conciencia colectiva”, algo intangible grabado, por lazos químicos
o algo por el estilo, en nuestro código genético, aunque ni los últimos
adelantos tecnológicos ni las mentes más brillantes puedan demostrarlo todavía.
No se si lo creemos porque fue la especulación de personas que
admiramos y reconocemos por su talento, o por qué otra inexplicable causa. Pero
cualquier pensante científico, filosófico o teológico admite que “algo”
es compartido por la especie humana. “Algo” que viene desde el comienzo de
la humanidad.
Cuando decimos “inconsciente colectivo” o “conciencia colectiva”
o “conciencia de la especie”, admitimos que es un bagaje de conocimientos
adquiridos, poco a poco, y transmitidos a los individuos de esa especie como
experiencia necesaria para vivir y sobrevivir en el mundo.
De este modo justifican los científicos, por ejemplo, el “temor
ancestral” a cualquier cosa que hubiera podido poner en riesgo de muerte
inminente a nuestros antepasados, aunque no representen el mismo riesgo
inminente hoy en día. Individuos de cualquier parte del mundo comparten el
miedo a las arañas, víboras, ratas, depredadores y hasta el miedo a las
tormentas o ruidos diversos que pueden hacernos sentir incómodos o ser
intolerables, como arañar el pizarrón! Son patrones de conducta independientes
de la cultura y que no tienen antecedentes previos que los justifiquen, a eso
llamamos “inconsciente colectivo” y su propósito es ayudar a la
supervivencia de la especie.
Me disculpo por lo extenso del prólogo cuyo motivo es dejar claro el
punto siguiente:
Si tan naturalmente aceptamos que existe un “inconsciente
colectivo”, ¿Por qué no podemos aceptar que somos partes inseparables de
“EL TODO”? Y uso esta palabra en particular para no levantar barreras
religiosas.
“EL TODO” es una energía de la cual somos parte inseparable.
“EL TODO” sostiene nuestra existencia como individuos.
“EL TODO” almacena la experiencia de todos.
Y nosotros, simplemente por pertenecer a “EL TODO”, podemos acceder
a lo que “EL TODO” ha almacenado desde el comienzo de la existencia.
“EL TODO” contiene lo que ha sido, es y será experimentado por
todas las conciencias individuales, como el ADN contiene los códigos genéticos
de cada especie.
“EL TODO” es como una fuente inconmensurable de experiencias
individuales, que puede dar origen a cualquier forma de conciencia.
Igual que cada célula en su ADN contiene las instrucciones para dar
origen a un organismo completo, pero las células germinales de una oreja se
ubican en la cabeza y no en el brazo. Así nosotros poseemos la conciencia de
“EL TODO” pero nos expresamos como humanos.
¿Cómo puede ser posible algo así, si yo a gatas soy conciente de mí
mismo y de mis recuerdos? te preguntarás.
Y ES SIMPLEMENTE PORQUE NO LO
CREES!!!
Y es por eso que somos tan extraños, ves?