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El
Angelito Había una vez un Angelito que iba a nacer en este
planeta. Estaba muy entusiasmado por venir a conocer La Tierra. Era toda una
aventura emocionante y él estaba impaciente por empezarla. Dios le dio un beso en la frente y le dijo: “Quiero que cuando
estés viviendo entre los hombres tejas un pulóver con esta guarda que te
muestro, tenés toda tu vida para tejerlo, hacelo a tu ritmo, después podés
hacer lo que te guste más, pero acordate de que lo tenés que tener terminado
para cuando te llame Conmigo. El Angelito miró la guarda y le dijo sí, sí es fácil, ya vas
a ver qué hermoso pulóver que voy a tejer, lo voy a terminar rápido para
poder jugar todo el resto del tiempo. Y así dispuesto vino al mundo a vivir con
nosotros. Nació como un bebé, de una mamá y un papá igual que todos
nosotros, y al principio lloraba como todos los bebés porque no sabía hablar. Fue creciendo y aprendiendo como todos los bebés y siempre se
acordaba que tenía que tejer el pulóver que Diosito le había pedido, pero
todavía era muy chiquitito y no podía ni caminar solito, entonces jugaba todo
el tiempo, le gustaba mucho estar con su mamá, con su papá, con su hermanito y
con toda la gente, que siempre le sonreía y jugaban con él. Era un bebé
feliz, como todos los bebés. El tiempo fue pasando y el Angelito se hizo un niño, a veces se
acordaba que tenía que tejer su pulóver pero todavía no aprendía a tejer, así
que hacía otras cosas, las cosas que todos los niños hacen. Los años pasaron y el Angelito ya era un joven, sabía que tenía
algo importante que hacer pero no se acordaba muy bien qué era, tenía tantas
cosas que hacer todos los días que no le alcanzaba el tiempo para ponerse a
recordar qué era lo importante que él tenía que hacer. Bueno, se decía a sí
mismo cada día, ya me acordaré y se iba a dormir, pero al día siguiente otra
vez tenía esa sensación de que algo importante tenía que ser hecho. Así fueron pasando muchos años, hasta que un día, después de
haber intentado muchas veces recordar cuál era la cosa importante, el Angelito
se empezó a acordar que le había dicho a Dios que tejería el pulóver, pero
no se acordaba muy bien de cómo era la guarda. Lástima pensaba, ahora que me
acuerdo del pulóver no me acuerdo de la guarda. Como ya era un poco viejo, decidió empezar a tejer el pulóver
de todas formas. No quiero que Diosito me llame y no tener listo su pulóver,
quiero mostrarle que me acordé de lo que Él me pidió. Voy a tejer con mucho
amor lo que pueda, algo de la guarda me acuerdo, lo voy a tejer bien bonito. Dios, que todo lo mira y todo lo sabe, lo miraba con una sonrisa.
Él se encargaba de hacerle acordar todos los días que tenía que tejer el pulóver,
lo que pasaba es que el Angelito estaba tan ocupado en sus cosas que no lo había
podido escuchar antes. Ya era el tiempo de que el Angelito volviera con Dios y todavía
no había terminado el pulóver, pero estaba tejiendo tan bonito que Dios decidió
dejarlo un tiempo más en la tierra para que pudiera terminarlo. Cuando por fin lo terminó, el Angelito se sintió muy feliz y
tenía ganas de mostrarle pronto el pulóver a Diosito, pero también le gustaba
mucho el mundo, con sus personas todas tan diferentes, sus flores todas tan
bellas y fragantes, los animales tan hermosos que había aquí, los mares, las
montañas, la brisa, la lluvia, el sol y las estrellas, la luna y todo, todo lo
hermoso que Dios había creado para nosotros. Cuando al fin Dios lo llamó, el Angelito le mostró el bello pulóver
que había tejido. Padre, le dijo, se me olvidó durante mucho tiempo que te había
prometido este pulóver, no logré recordar bien como era la guarda que te
gustaba, pero hice la más parecida que pude. Dios lo besó y le dijo: está muy bello de todas formas, no te
preocupes, allí en la Tierra hay muchas distracciones y muchas veces mis hijos
se olvidan que prometieron tejer mi pulóver. Si, le dijo el Angelito, a mí me pasó. Y qué pasa cuando la
gente viene con Vos y no trae el pulóver? Preguntó. Todos se sienten muy apenados porque no se acordaron, pero les
doy una nueva vida para que lo hagan. El Angelito se quedó pensando un rato. Padre, le dijo, a mí me
gustó mucho la Tierra, me das permiso para volver y ayudarle a la gente a
recordar que tiene que tejer tu pulóver? De verdad querés volver a la Tierra? Le preguntó Dios. No querés
irte con los otros Ángeles a jugar? Jugar me gusta mucho, le contestó el Angelito, pero la Tierra me
gusta mucho también. Lo único que no me gusta mucho es eso de olvidarse. Bueno, le dijo Dios, andá a la Tierra. Y para que no te olvides
de nada, podés ir como Ángel, todos los niños chiquitos te podrán ver, pero
al crecer la mayoría ya no podrá verte, pero todos, a cualquier edad, te van a
poder escuchar en su corazón cuando estén tranquilos y piensen en Mí. Gracias Padre, estoy muy feliz!!! Y así se vino el Angelito a vivir a la Tierra y anda por todos
lados hablándole a la gente cuando está tranquila y pensando en Dios. Les
recuerda que tienen un trabajo que hacer para Dios y que después pueden jugar
todo lo que quieran!!! Y colorín colorado este cuento se ha terminado.
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