El Naturismo, la Naturaleza, nos enseña
que toda enfermedad tiene en su origen una causa mental, en tanto en
cuanto que, la sucesión de pensamientos inapropiados e ignorantes de
la esencia natural del hombre, da como resultado actuaciones
erróneas y contraproducentes al plan que esa misma Naturaleza ha
establecido para él. Esto es: la ignorancia nos procura hábitos
antisaludables que nos llevan a contravenir las leyes naturales que
invisiblemente nos rigen, siendo la enfermedad, por tanto, el precio
que indefectiblemente pagamos, seamos conscientes de ello o no.
Por eso pensamos que las enfermedades
tienen una primera causa mental denominada: ignorancia del modo
correcto de vivir, lo cual, como decíamos, nos conduce a los malos
hábitos que se constituyen en la verdadera raíz del problema, ya que
producen el desajuste térmico entre la periferia y el interior del
organismo. Debido a ésta alteración térmica -esbozada por vez
primera por el genial naturópata chileno Manuel Lezaeta Acharán-, se
produce la intoxicación orgánica, también denominada Toxemia. A
partir de la intoxicación orgánica, surgen casi todas las
enfermedades, salvo las producidas por un abuso excesivo de un
determinado órgano.
Por tanto, a nuestro juicio, las
enfermedades son tan sólo la manifestación externa de algo previo e
interno: la intoxicación. Pero ésta, a su vez y sobre todo, es
producto del desequilibrio térmico producido por los malos hábitos
de vida adquiridos merced al desconocimiento de las leyes naturales.
Éste es el verdadero ciclo de la Enfermedad. No sólo eso, es también
el de la Salud, si nos decidimos a hacerlo girar en sentido inverso
al que produce las enfermedades.
Los hombres se han convertido en
creadores de costumbres poco saludables, las han incorporado a su
habitual modo de vida y, desde ese instante, la aparición de la
enfermedad ha sido tan sólo cuestión de tiempo y resistencia
orgánica en cada individuo, lo cual está siempre en función del
maltrato propio y de la herencia que hayamos recibido. Por eso a
nosotros no nos resulta extraño que los hijos terminen por pagar los
abusos orgánicos de sus precedentes generaciones.
Esta alienación del ser humano respecto
de sí mismo, es debida a su falta de conocimiento acerca de cómo
mantener su cuerpo con salud, pero también al desconocimiento de las
razones que deben llevarle a uno a hacerlo así. El hombre, en
general, no sabe nada acerca de su origen, ni tampoco de su
desarrollo futuro, lo cual le conduce en demasiadas oportunidades a
desperdiciar una vida que podría ser empleada en avanzar a todos los
niveles. Con estas premisas, y no teniendo un fundamento filosófico
que le guíe en la búsqueda de un mejor estado físico,
emocional, mental y espiritual, abre
las puertas a la enfermedad porque enfoca sus hábitos hacia la
gratificación de sus sentidos.
"No existe enfermo con buena digestión,
ni sano con mala digestión."
Manuel Lezaeta Acharán
En estado de buena salud digestiva las
heces son inodoras, consistentes, diarias, bronceadas, y no ensucian
el papel. Tener deposiciones así, indica que se ha digerido
correctamente. Por desgracia, no es lo habitual en la mayoría de las
personas.
Esta es una descripción general de la
persona que sufre Desequilibrio Térmico, la cual padecen TODOS los
enfermos crónicos sin excepción. Según la doctrina térmica de la
salud, todas las enfermedades se instauran a partir de un cuadro
semejante. Sin embargo, no necesariamente se presentan síntomas
iguales para todos los enfermos, pues éstos verán afectados sus
diversos órganos según la fortaleza, debilidad, o predisposición.
El lugar en que se depositan las
toxinas, parte anterior o posterior del cuerpo, puede variar según
sea nuestra posición al dormir, nuestro trabajo, nuestras
costumbres...etc, creándose unos recorridos orgánicos específicos en
cada persona por los que se afectarán cuantos órganos se crucen en
su camino. Así se irá conformando el mapa de las alteraciones
anatómicas descrito, con todo lujo de detalles, por su descubridor,
Luis Kuhne, en "La ciencia de la expresión del rostro."
Pero no sólo la fisonomía del enfermo
se verá alterada, sino también el iris de sus ojos, que revelará
todo lo dicho hasta aquí, presentando señales de irritación e
inflamación localizadas en el área correspondiente al aparato
digestivo, o sea, en torno a la pupila, y de atrofia en la zona de
la piel (formando un anillo oscuro que rodea la periferia del iris).
Los síntomas podrán, con el curso de los años, modificarse y
mejorar, pero el tejido iridal demuestra fehacientemente, y en todo
momento, el rumbo que está siguiendo la alteración funcional.
Quizá, ahora mismo, alguno de ustedes
se esté preguntando: ¿cómo podemos recuperar el equilibrio térmico
que nos devuelva la salud perdida...? Bien, existen algunas
sencillas técnicas naturistas que nos devolverán el equilibrio
térmico entre piel y mucosas. Estos ejercicios consisten en actuar,
de varias maneras sobre la piel y las mucosas para que éstas
normalicen su actividad. Como la piel de los enfermos está
atrofiada, es decir, atascada a nivel subcutáneo, habrá que
activarla mediante la estimulación del agua fría o irritarla con
otros recursos. Al estimularla provocamos en ella una reacción que
la calienta, abrimos sus poros, e irá congestionándose. Con ello, la
sangre abandonará el vientre, donde su acúmulo excesivo estaba
alterando los procesos metabólicos que allí se llevan a cabo
intoxicandonos.
La piel del hombre en reposo debe tener
siempre una temperatura de 36´5ºC ó 37
ºC. Por tanto, si está más fría indica
que existe "calentura al interior" o desequilibrio térmico, porque
la sangre se habrá desplazado y refugiado en el vientre. A esto
también se le llama "fiebre interna".
El desequilibrio térmico cursa con
escalofríos, tiritona, piel pálida y fría, malestar general, y
taquicardia. Cuando es muy intenso, y si no se resuelve a tiempo,
puede desembocar en la muerte del paciente. La calentura del
interior es directamente proporcional a los latidos del corazón e
inversamente proporcional a la temperatura de la piel. De este modo,
cada diez latidos que sobrepasen las 70 pulsaciones por minuto,
delatan un exceso de 1 grado sobre la temperatura interna correcta
(que debiera ser la misma que la de piel, o sea, 36´5ºC-37ºC). Por
esta razón, a mayor calor interior, corresponde mayor frecuencia
cardíaca y también mayor frialdad sobre la piel. Y consecutivamente
a todo ello, un peor pronóstico de salud.
Cuando se instaura el desequilibrio
térmico de un modo agudo, el paciente tiene frío y pide mantas, ropa
o algo caliente. Él presiente, instintivamente, la necesidad de que
su piel fría, a veces cadavérica, adquiera más calor para obtener
así la mejoría que necesita y volver a reequilibrarse. En ése caso,
el corazón latirá atropelladamente a 90-100-120, ó más, pulsaciones
por minuto, denotando que la temperatura interna es muy elevada,
incluso superior a 40ºC, mientras la de la piel habrá bajado hasta
los 35ºC incluso. Es una situación realmente alarmante.
Para equilibrar esta diferencia de
temperaturas debemos proporcionarle calor a la piel y frío al
vientre, con la finalidad de frenar y dar salida a la combustión
excesiva que se está produciendo en esa caldera orgánica que es el
aparato digestivo. Ésta caldera humana necesita que el sistema de
refrigeración -la piel- funcione correctamente para que no se
acumule un exceso de temperatura al interior, puesto que podría
hacer reventar todo el "circuito". Del mismo modo, necesita un
combustible adecuado en calidad y cantidad -aire rico en oxígeno-, y
también proceder a la limpieza de los residuos de las combustiones
anteriores.
La aplicación de calor a la piel y la
estimulación de la misma con frotaciones, ortigas, ejercicio...,
abren los poros de ésta, favoreciendo el riego por los minúsculos
vasos sanguíneos y, con ello, la afluencia de sangre. Esto
reequilibra las temperaturas del organismo y restaura de modo
natural la salud, sin necesidad de medicamentos y con excelentes
beneficios para nuestro estado orgánico.
Por otra parte, deberemos también
sofocar el excesivo calor interno mediante técnicas naturales que
refresquen el vientre, es decir, que desinflamen los vasos, tejidos
y nervios de la zona, obligando a la sangre a retornar a la piel,
que es donde debiera estar, para así disminuir la temperatura de las
reacciones químicas que se están efectuando en el aparato digestivo.
De este modo reduciremos la inflamación del aparato
gastrointestinal, mitigaremos la temperatura, y acabaremos con las
perniciosas fermentaciones que allí se están llevando a cabo. El
metabolismo digestivo volverá así a recuperar, poco a poco, su
temperatura normal que debe ser
idéntica a la de la piel, pues ambas
temperaturas -interna y externa- tienen que permanecer siempre
equilibradas para tener salud y evitarnos trastornos futuros.
Podemos aplicar frío al interior del
organismo con diversos medios, como son el barro, los baños
derivativos del vientre, o las compresas húmedas (nunca con hielo),
de tal modo que nos sirvan para descongestionar la zona. La
terapéutica naturista, como hemos explicado, se basa en desalojar la
sangre del interior, haciendo que ésta retorne a la piel, y
consiguiendo así, que ésta se mantenga caliente continuamente.
Alcanzaremos de este modo el equilibrio térmico, y obtendremos
digestiones correctas, porque estarán realizadas a la temperatura
adecuada.