Independientemente
del buen momento que estemos disfrutando mientras reímos, es muy
importante conocer el alcance de la risa a nivel fisiológico,
emocional, mental e incluso espiritual, ya que lejos de considerar
la parte trascendental del ser humano como algo seriote, pomposo y
muy grave, la comunicación con la parte divina debe estar revestida
con la sonrisa y el buen humor de estar gozando del algo realmente
extraordinario.
Por otra
parte debemos anotar que la risa colabora en la oxigenación de la
sangre, estimula su circulación, aumenta la ventilación respiratoria
y ayuda a la limpieza y lubricación de los ojos. Pero no solo eso,
el bazo, que por lo general registra muy poca actividad, se agita, y
al bombear el corazón más sangre y a más velocidad, al pasar ésta
por los nervios planos de las arterias disuelve parte del colesterol
acumulado.
Tras unas
buenas carcajadas sucede una cierta relajación corporal y el estado
de bienestar que se experimenta supera ampliamente cualquier
malestar. Un minuto de risa produce los mismos efectos de relajación
que una hora de yoga.
También
cabe señalar que es un poderoso analgésico, diez minutos de risa
equivalen a dos horas de sueño sin dolor. Sus poderes anestésicos
todavía no han sido estudiados de forma suficiente, pero se tiene
casi la certeza de que la risa estimula la producción de endorfinas,
opiáceos que produce nuestro cuerpo, de ahí que una pequeña molestia
o un pequeño dolor terminen por desaparecer si se los toma a broma o
mejor, a risa.
Dentro de
los poderes que se pueden aplicar a la risa, está su nivel de
contagio; cuando una persona manifiesta cierto placer acompañado de
unas carcajadas sonoras es casi inevitable que las personas que
están a su alrededor terminen por formar un coro espectacular sin
que nadie se pregunte cuál es el motivo provocador de tal agrado, es
decir se ríe por el simple placer de reír.
Una buena
forma de empezar el día seria nada más levantarse y antes de ir al
baño es asomarse al espejo y sonreírse, parecerá algo ridículo e
incluso propio de personas idas, pero nada más lejos de sus buenos
beneficios, al principio costará un poco de trabajo sobre todo
cuando todavía no hemos terminado de abrir los ojos y cuando los
hemos abierto y nos miramos detenidamente con los pelos alborotados
y cara más aplanada que nunca (habrá incluso quién no se reconozca),
aún así hay que sonreír.
Cuando
alguien se toma muy en serio su propia vida la mejor forma de
afrontarla es con una buena sonrisa, es más, hasta que uno no llegue
a reírse de si mismo creerá en ese invento estúpido que nos han
inculcado desde pequeños de que esta vida es un valle de lágrimas
donde reír estará mal visto por temor al castigo divino.