Quien permanece en el lugar en el que ha encontrado su verdadera
casa vive mucho tiempo, y quien muere, pero no perece, goza de la
auténtica longevidad.
Sosiego
El maestro le insistía a su discípulo una y otra vez en el sosiego.
- Deja que tu mente se remanse, se tranquilice, se sosiegue.
- Pero ¿qué más? –preguntaba impaciente el discípulo.
- De momento sólo eso.
Y cada día exhortaba al discípulo a que se sosegase, superando toda
agitación, y encontrase un estado interno de quietud.
Un día el discípulo, harto ya de recibir siempre la misma
instrucción, preguntó:
- Pero ¿por qué consideras tan importante el sosiego?
- Acompáñame –le pidió el maestro.
Lo condujo hasta un estanque y con un palo comenzó a agitar sus
aguas. Preguntó: - ¿Puedes ver tu rostro en el agua?