En la
personalidad, las tres cualidades del alma: Amor, Voluntad y
Actividad Inteligente - se reflejan de forma distorsionada. La
Voluntad Divina se convierte en deseo, el Amor Divino y la Sabiduría
se convierten en emoción y en comprensión emocional, y la Actividad
Inteligente se convierte en el pensar y el actuar concretos e
intelectuales. Nuestra mente quiere ser alimentada con información;
la educación moderna nos abarrota con hechos desde todos los ángulos
de la objetividad.
Nuestra
mente concreta se alinea enteramente con la personalidad y el mundo
externo. De esta forma,
nuestro
entender lo conforma todo acorde a su propia estructura.
Recolectamos conceptos y nos encerramos en visiones y convicciones
firmes. El alma es mucho más grande que nuestra mente, sólo parte de
ella vive en la forma física. Aunque intenta trabajar a través de
nuestro cuerpo, no se restringe a él. Si intentamos circunscribir el
programa del alma con nuestra mente, es como si un mosquito tratara
de devorar a un elefante.
La mente
inferior puede organizar, la superior puede
asimilar
las cosas intuitivamente. Si nuestra mente inferior permanece
activa, no podemos recibir inspiración superior. Esa es la razón por
la que la mayoría de las personas no están listas para escuchar el
consejo o las sugerencias de personas inspiradas. Estamos tan
ocupados con la actividad mental que estamos siempre e
incansablemente en movimiento. Incluso nos acercamos a los temas de
la sabiduría de manera semejante, con actividad excesiva. Lo que
sabemos teóricamente de los libros, se evapora cuando llegamos a la
acción diaria. A pesar del sonido agradable de las terminologías de
la sabiduría, seguimos llenos de preocupaciones y problemas.
CONOCIMIENTO Y SABIDURÍA
Tenemos que
practicar los pasos fundamentales y llevarlos a la práctica
cotidiana con perseverancia, de lo contrario, seremos apartados de
la sabiduría una y otra vez. La sabiduría debe ayudarnos a entrar en
la conciencia del alma. Si nos llega a gustar, tenemos que
incorporarla a nuestro ser interno y asimilarla. Mientras que
recibimos conocimiento del exterior, la sabiduría se revela desde
dentro. La práctica fundamental para esto es mantenernos
visualizando que somos almas; percibir el alma en todo y ver que
actuemos como almas.
Experimentar el alma es como experimentar las olas del océano. El
Alma es el océano y las almas son las olas. El Alma es la conciencia
del YO-SOY, que también es llamada el alma universal. En el Oriente
y el Occidente recibe muchos nombres; algunos de ellos pueden
motivarnos, mientras que tal vez somos alérgicos a otros. En un
lenguaje científico, hablamos de esta energía como Eso o Aquello. Si
entendemos como somos, entendemos como Es.
EL RITMO
DEL ALMA
Cuando el
alineamiento hacia el alma está continuamente con nosotros, nuestra
personalidad se transforma y reestructura. El ser activo como almas
se convierte en un hábito para nosotros. Se hace más énfasis en el
trabajo rítmico que en un uso fuerte de la mente. El ritmo causa
orden y el orden en nosotros, en nuestra casa y en el lugar de
trabajo promueve el ritmo.
Sólo a
través de un ritmo estable es que podemos adentrarnos más en el ser
interno. El ritmo tiene un
efecto
eléctrico y magnético, a través del cual el alma puede expresarse.
El alma trabaja rítmicamente, la personalidad, sin embargo, no tiene
ritmo al principio, no está regulada y se resiste a la disciplina.
En consecuencia, al principio encontramos que el ritmo es una
restricción y nos resulta difícil apegarnos a él. Pero por medio de
su influencia magnética, el alma eleva a la personalidad y ésta
adquiere un ritmo cada vez más activo. Su aspiración eleva a la
personalidad.
El ritmo
del alma es mucho más rápido que el de la personalidad. Si la
personalidad no se ajusta a él, surgen crisis. Entonces atravesamos
muchos conflictos y problemas, mientras el alma que busca despierta
en nosotros. Por un largo tiempo, nos debatimos entre la
personalidad y la conciencia del alma. Primero somos felices,
después estamos deprimidos. Con constancia y una paz mental estable,
la iluminación puede infiltrarse y estar así disponible para el
servicio práctico. Este es ese servicio que se hace a través de la
comprensión consciente de las necesidades de otros. Cuando no hay
contacto con el alma durante el servicio, se pierde el sentido
práctico del mismo.
Sin
embargo, no todos pueden someterse al mismo ritmo, por ejemplo,
meditar a las 6 de la mañana. Cada alma debe decidir por sí misma
qué clase de ritmo desea para vivir o no, para ganar sus propias
experiencias. Normalmente, un grupo está formado por miembros que
siguen más o menos un ritmo similar, lo que da algo así como un
acuerdo general. Si el ritmo del grupo no agrada a alguien, es mejor
que encuentre un grupo que le satisfaga. De lo contrario, le causa
dolor a él y al grupo. Cuando amamos el alma, la dejamos tener la
libertad de venir e irse como le resulte adecuado.
Creemos que
nuestra manera es la adecuada. Pero es arrogante pensar que hay sólo
un grupo o una enseñanza para experimentar la energía del alma. El
alma tiene millones de posibilidades. En el reino espiritual, el
respeto por el alma individual es muy alto.
ACTUANDO EN
LA CONCIENCIA DEL ALMA
Con la
conciencia del alma crece en nosotros el sentido de la
discriminación. Entonces procedemos más desde el punto de vista de
las otras personas, escuchamos más y las dejamos expresarse.
Intentamos descubrir cuáles son sus necesidades verdaderas
frecuentemente ellas mismas no lo saben a ciencia cierta. Mientras
vivimos en la personalidad y la mente prevalece, estamos impacientes
por hablar y poner en evidencia nuestras propias opiniones.
Aquel que
trabaja como alma actúa más allá de la comprensión y de la capacidad
mental de los que reciben ayuda y energía. La mayoría de las
acciones de los iniciados no son conocidas por Sus contemporáneos.
Ellos sólo
pueden ser comprendidos por aquellos que estén activos en el plano
del alma. Es por ello que tampoco dan explicaciones, porque no
serían entendidos.