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Está al
descubierto el segundo Libro Sagrado, que en la traducción de nuestro
padre Elías dice así:
Posternada
mi alma ante el Altísimo, pedía luz para conocerse a sí misma, toda
vez que en determinados momentos, la siento agitarse como ave cautiva,
que busca tender el vuelo.
Yo hombre
de la tierra, ¿qué soy?, ¿cómo soy? La luz eterna se hizo en mí, y vi
claramente lo que es el ser humano encarnado en la tierra.
Pude
comprender que son tres los principios que lo constituyen:
1. Materia densa o cuerpo físico.
2. Cuerpo mental o intermediario.
3. Principio espiritual o Ego, que es el Yo propiamente dicho.
Hago la
descripción de los tres componentes o principios, tal como me fueron
mostrados en la interior claridad que recibí.
La MATERIA
DENSA O CUERPO FÍSICO que todos vemos y palpamos, forma por sí sola
una complicada maquinaria que han sido necesarias distintas ramas de
la Ciencia para estudiarla y comprenderla, y no es sobre ella que
tratará este relato con más amplitud, puesto que el cuerpo orgánico
del hombre, ha sido, y es estudiado y conocido por los sabios que se
han dedicado a la Anatomía. Unicamente diré, que el cuerpo físico del
hombre, está envuelto en una aura o irradiación de substancia etérea o
astral, en cuya composición participan los cuatro elementos del globo
terrestre: aire, fuego, agua y tierra.
Posee
también el fluido vital o fuego circulatorio, que recorre
vertiginosamente todo el cuerpo físico y que es el aura de la sangre,
de color rosado más vivo o más pálido según la sangre sea más o menos
pura y fuerte.
Tiene
además la irradiación o aura particular del cerebro y de la médula
espinal, prolongación de aquél, a la que se denomina fluido etéreo
nervioso. Todos estos componentes forman conjuntamente con la materia
el cuerpo físico de¡ hombre.
CUERPO
MENTAL O INTERMEDIARIO: Cuando el Ego, origen primero de[ ser, ha
pasado de chispa de la Eterna Llama Viva, a burbuja, y de burbuja a
óvalo, el proceso evolutivo le confiere el poder de crearse
personalidades en los mundos físicos, o sea en los planetas
capacitados para alimentar humanidades.
Llegado a
este grado de adelanto, y bajo la tutela y guía de las elevadas
Legiones creadoras de las formas, el Ego comienza a extraer del Eter,
materias sutilísimas y va formando lentamente un cuerpo que acompañará
como prototipo y modelo, a todas las personalidades humanas que ha de
revestir en futuras edades, y en múltiples existencias hasta completar
su evolución. Este es el cuerpo mental o intermediario que se une al
cuerpo físico en el momento del nacimiento del niño, cuya vida
gestatoria se ha efectuado bajo su acción, y bajo la tutela de las
Inteligencias superiores encargadas de las gestaciones humanas.
Se ve pues,
que el cuerpo mental o intermediario, es como la emanación directa del
Yo o Ego, como si dijéramos su voluntad puesta en acción, que
desciende al plano físico a buscar la unión con la materia orgánica
que ha formado a su imagen y semejanza, para realizar todas las
existencias planetarias que necesite, hasta llegar a la suprema
perfección.
Este cuerpo
mental o intermediario, está sujeto a variaciones infinitas, según las
actividades que despliega, según los ambientes en que su materia
física actúa, y según la orientación que se le imprime,
Si la unión
con la materia o sea el nacimiento, ocurre bajo una influencia astral
decadente, este cuerpo Mental o Intermediario sentirá muy débilmente
la influencia de su Ego o Yo superior, por lo cual los instintos
propios de la materia orgánica, tendrán sobre él notable
preponderancia, dominándole a veces casi por completo.
Y así
tenemos al hombre vicioso, malo, lleno de egoísmos y ferocidades, y
como encadenado por todas las modalidades instintivas de los animales
en general.
El cuerpo
mental o intermediario varía y cambia de aspectos y de colores a cada
pensamiento, a cada deseo, a cada emoción.
Y de aquí
viene que los clarividentes no avezados a las investigaciones
extraterrestres, le vean de tan diversas maneras, pareciéndoles a
veces que se trata de personalidades diferentes. Sus variaciones están
sujetas a los colores madres del Iris según las emociones, deseos y
pensamientos: un intenso anhelo hacia la Divinidad, le revestirá como
de un ropaje sutil oro pálido; un profundo sentimiento amoroso, de un
suavísimo tinte rosado; un ansioso pensamiento o deseo de un
conocimiento elevado, le revestirá de una sutilísima vestidura azul
turquí resplandeciente; la melancolía o tristeza, según los grados de
intensidad que tenga, le llevará desde el violeta pálido al obscuro y
desde el gris al negro; un pensamiento de odio y de crimen le teñirá
de cárdeno gangrena y negro-lodo; el deseo vivo de fecundidad y de
verse reproducido en hijos, le envolverá en una bruma verde pálido o
más vivo, según la intensidad de su deseo.
El EGO O YO
SUPERIOR es el más simple de los componentes del ser humano perfecto.
Nace de la Eterna Energía, que es Luz y Amor, como un pequeño foco
luminoso que encierra en germen todos los poderes y fuerzas de la
Eterna Potencia Creadora que le dio vida, y apenas nacido, empieza a
acumular en torno suyo sustancias cósmicas sutilísimas que le forman
su aura propia, que es su envoltura o cuerpo. Cuando ha conseguido
formarse a perfección esta aura, crea como ya dije, el prototipo o
modelo para sus múltiples existencias planetarias en la especie
humana.
Es en tal
momento, cuando el Ego como entidad, comienza a desarrollar su
voluntad y libre albedrío, y lentamente va adquiriendo conciencia de
su ser y de sus responsabilidades y poderes.
Cuando el
Ego, bajo la tutela de las Inteligencias creadoras de las formas, ha
logrado dar estructura perfecta a su prototipo, entonces lo emite como
un haz de rayos o reflejos de su voluntad hacia el plano físico en que
debe actuar, que siempre es un planeta que comienza a recibir
humanidades en estado primitivo. Tal es la definición del hombre
encarnado en la tierra, conforme a la clarividencia recibida del mundo
espiritual por el gran maestro Antulio, que recogieron sus discípulos
y lo han conservado y transmitido oralmente o por escrito a sus
continuadores, a través de largas edades y de innumerables
contingencias. Tal expresa la traducción que de la lengua cretense o
ática prehistórica, hicieron nuestros padres Elías y Eliseo, Profetas
del Altísimo.
En las
Grutas del Carmelo
Arpas Eternas, Vol 1, p. 190-192. Décimo Cuarta Edición
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