Apenas
pasaba dos centímetros del metro y medio; con el correr de los años,
el pelo y la barba habían virado del rojo al blanco, convirtiendo un
elfo bien dotado en un Papá Noel omnisciente.
Éramos
amigos de los tiempos en que yo colaboraba en revistas, editor
convertido en asesor de inversionistas. Me gustaba desde la primera
vez que me encargara un cuento; admiraba en él su tranquilo criterio
comercial desde el día en que lo conociera. Confiaba en él
completamente y, de todo lo que había dicho esa tarde, nada hacía
temblar esa confianza.
—Stan,
no sabes la alegría que me das —dije—. Hay que hacer bien las cosas,
pero no sé cómo manejarme con el dinero; en cuanto al papelerío y a
las cuestiones de impuestos, no sé nada y no me gustan. Asunto
terminado. Señor asesor financiero; éste es asunto tuyo, con
dedicación completa, y yo no tengo nada que ver.
— ¿Ni
siquiera deseas estar al tanto, Richard?
Volví a
mirar los gráficos de sus inversiones. Todas las líneas ascendían
verticalmente.
—No
—dije—. Bueno, quiero saber siempre que te pregunte, o si estás por
tomar una decisión muy importante. Pero lo que haces está tan por
encima de mi alcance...
—Ojalá no
hablaras así —dijo—. Esto no es magia, es un simple análisis técnico
del mercado. Casi todo el mundo fracasa en el mercado de productos
porque no disponen de capital para cubrir una demanda de margen
adicional cuando la cotización se les vuelve en contra. En tu
caso... es decir, en el nuestro... no existe ese problema.
Comenzaremos a invertir cautelosamente, con una gran reserva de
capital. A medida que ganemos dinero con nuestras estrategias nos
tornaremos más especuladores. Cuando nos encontramos con algo tan
obvio como una operación con mucha diferencia en un producto,
podemos mover mucho dinero y ganar una fortuna. Y no siempre
jugaremos el alza; mucha gente se olvida de eso. También se puede
hacer mucho dinero jugando a la baja.
Sonrió,
notando que yo estaba perdido, y tocó un gráfico.
—Ahora
mira esta proyección, que es la de los precios de la madera
enchapada en la Lonja de Productos de Chicago. Comienza con una gran
diferencia, aviso de que el límite está por caer; Aquí estamos en
abril último. A esta altura habríamos vendido madera enchapada a
montones. Después, cuando el precio baja hasta aquí, se compran
montones. Vender caro y comprar barato es lo mismo que comprar
barato y vender caro. ¿Entiendes?
¿Cómo se
podía vender...?.
—¿Cómo se
puede vender sin haber comprado antes?
¿No hay
que comprar para vender?
—No.
—Explicaba con la calma de un decano universitario. —Se trata de un
mercado a término. Prometemos vender más tarde a este precio,
sabiendo que, antes de cumplirse el plazo, cuando debamos vender,
habremos comprado la madera enchapada (o azúcar, cobre, maíz) a un
precio mucho menor.
—Ah.