Llama Violeta

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El Puente Hacia El Infinito

Capitulo 9

Richard Bach

 

CAPITULO 9

Me estaba ahogando en dinero. En todo el mundo, la gente leía el libro, compraba ejemplares de otros libros es­critos por mí. De cada venta, la editorial me enviaba dinero. Con los aviones me entiendo, pensé, pero el dinero me po­ne nervioso. ¿Se puede estrellar, el dinero?

Ante la ventana de su despacho ondeaban frondas de palmera; la luz del sol calentaba los informes puestos sobre su escritorio.

—Yo puedo encargarme de eso por ti, Richard. No hay problema, si tú quieres.

     

Apenas pasaba dos centímetros del metro y medio; con el correr de los años, el pelo y la barba habían virado del rojo al blanco, convirtiendo un elfo bien dotado en un Papá Noel omnisciente.

Éramos amigos de los tiempos en que yo colaboraba en revistas, editor convertido en asesor de inversionistas. Me gustaba desde la primera vez que me encargara un cuento; admiraba en él su tranquilo criterio comercial desde el día en que lo conociera. Confiaba en él completamente y, de todo lo que había dicho esa tarde, nada hacía temblar esa confianza.

Stan, no sabes la alegría que me das —dije—. Hay que hacer bien las cosas, pero no sé cómo manejarme con el dinero; en cuanto al papelerío y a las cuestiones de impues­tos, no sé nada y no me gustan. Asunto terminado. Señor asesor financiero; éste es asunto tuyo, con dedicación completa, y yo no tengo nada que ver.

— ¿Ni siquiera deseas estar al tanto, Richard?

Volví a mirar los gráficos de sus inversiones. Todas las líneas ascendían verticalmente.

—No —dije—. Bueno, quiero saber siempre que te pre­gunte, o si estás por tomar una decisión muy importante. Pero lo que haces está tan por encima de mi alcance...

—Ojalá no hablaras así —dijo—. Esto no es magia, es un simple análisis técnico del mercado. Casi todo el mundo fra­casa en el mercado de productos porque no disponen de capital para cubrir una demanda de margen adicional cuando la cotización se les vuelve en contra. En tu caso... es decir, en el nuestro... no existe ese problema. Comenzare­mos a invertir cautelosamente, con una gran reserva de ca­pital. A medida que ganemos dinero con nuestras estrategias nos tornaremos más especuladores. Cuando nos encontra­mos con algo tan obvio como una operación con mucha di­ferencia en un producto, podemos mover mucho dinero y ganar una fortuna. Y no siempre jugaremos el alza; mucha gente se olvida de eso. También se puede hacer mucho dinero jugando a la baja.

Sonrió, notando que yo estaba perdido, y tocó un gráfico.

—Ahora mira esta proyección, que es la de los precios de la madera enchapada en la Lonja de Productos de Chicago. Comienza con una gran diferencia, aviso de que el lími­te está por caer; Aquí estamos en abril último. A esta altura habríamos vendido madera enchapada a montones. Después, cuando el precio baja hasta aquí, se compran montones. Vender caro y comprar barato es lo mismo que comprar barato y vender caro. ¿Entiendes?

¿Cómo se podía vender...?.

—¿Cómo se puede vender sin haber comprado antes?

 ¿No hay que comprar para vender?

—No. —Explicaba con la calma de un decano univer­sitario. —Se trata de un mercado a término. Prometemos vender más tarde a este precio, sabiendo que, antes de cum­plirse el plazo, cuando debamos vender, habremos comprado la madera enchapada (o azúcar, cobre, maíz) a un pre­cio mucho menor.

—Ah.

—Y después reinvertimos. Y nos diversificamos. Inver­siones en el extranjero. Podría ser buena idea formar una compañía en el extranjero, ahora que lo digo. Pero el sitio para comenzar es la Lonja de Productos de Chicago. Y tal vez una banca en la Bolsa de la Costa Oeste. Ya veremos. Se puede comprar una banca en la Bolsa; los aranceles del agente quedan en nada. Después, diversificación, intereses de control en una pequeña compañía que vaya adelante. Voy a investigar. Pero con la cantidad de dinero de que disponemos para trabajar, y con una estrategia conser­vadora en el mercado, será muy difícil que nos vaya mal.

Salí convencido. ¡Qué alivio! No había modo de que mi futuro financiero se enredara como el paracaídas.

Yo nunca podría manejar el dinero como Stan. No tenía bastante paciencia, ni bastante prudencia, ni gráficos que subieran disparados hacia la luna.

Pero soy lo bastante prudente para dominar mi propia debilidad, buscar a un viejo amigo de confianza y darle todo el manejo de mi dinero.