
CAPITULO 4
Al cabo
de un rato, puse otra vez el auricular en su soporte, recogí mi
rollo de frazadas y eché a andar.
¿Alguna
vez, después de ver una película impactante, bellamente escrita y
filmada, con buenas actuaciones, ¿te ha ocurrido salir del cine
feliz de ser humano, diciéndote que ojalá esa gente gane un montón
de dinero con eso? ¿Espero que los actores, espero que el director
gane un millón de dólares por lo que han hecho, por lo que me han
dado hoy? Y vuelves a ver esa película, y te sientes feliz por ser
parte diminuta de un sistema que está recompensando a esa gente con
cada entrada: los actores que veo en la pantalla recibirán veinte
centavos de este mismo dólar que estoy pagando ahora; podrán comprar
un helado de cualquier sabor que quieran, sólo con su parte de mi
entrada.
Los
momentos gloriosos del arte, de los libros, las películas y la
danza, son deliciosos porque nos vemos a nosotros mismos en el
espejo de la gloria. Comprar un libro, sacar una entrada, son modos
de aplaudir, de dar gracias por una buena obra. Nos regocijamos
cuando una película, cuando. un libro que amamos se convierte en
éxito de público
Pero ¿un
millón de dólares para mí?
De pronto
comprendí lo que significaba estar del otro lado del regalo que
tantos escritores me hicieran, al leer yo sus libros desde el día en
que deletreé, por cuenta propia: "Bambi. Por Fe-lix Salten."