Llama Violeta

Llama Violeta


 

 
 
 
 
 

El Puente Hacia El Infinito

Capitulo 4

Richard Bach

 

CAPITULO 4

Al cabo de un rato, puse otra vez el auricular en su soporte, recogí mi rollo de frazadas y eché a andar.

¿Alguna vez, después de ver una película impactante, bellamente escrita y filmada, con buenas actuaciones, ¿te ha ocurrido salir del cine feliz de ser humano, diciéndote que ojalá esa gente gane un montón de dinero con eso? ¿Espero que los actores, espero que el director gane un millón de dólares por lo que han hecho, por lo que me han dado hoy? Y vuelves a ver esa película, y te sientes feliz por ser parte diminuta de un sistema que está recompen­sando a esa gente con cada entrada: los actores que veo en la pantalla recibirán veinte centavos de este mismo dólar que estoy pagando ahora; podrán comprar un helado de cualquier sabor que quieran, sólo con su parte de mi en­trada.

Los momentos gloriosos del arte, de los libros, las películas y la danza, son deliciosos porque nos vemos a nosotros mismos en el espejo de la gloria. Comprar un libro, sacar una entrada, son modos de aplaudir, de dar gracias por una buena obra. Nos regocijamos cuando una película, cuando. un libro que amamos se convierte en éxito de público

Pero ¿un millón de dólares para mí?

De pronto comprendí lo que significaba estar del otro lado del regalo que tantos escritores me hicieran, al leer yo sus libros desde el día en que deletreé, por cuenta propia: "Bambi. Por Fe-lix Salten."

Me sentí como un aficionado al surf al que, mientras descansaba en su tabla, lo apresara una energía mons­truosa, henchida de repente sin preguntarle si estaba dis­puesto; ya vuela la espuma de la proa de la tabla, del medio, de la popa; Está atrapado en esa potencia profunda y gigan­tesca; el viento le arranca una sonrisa de la boca.

Entusiasma, en verdad, saber que mucha gente está leyendo el libro de uno. Uno puede olvidarse, al cargar a un kilómetro y medio por minuto,

descendiendo la faz de una ola gigantesca, de que si no es tremendamente hábil, la próxima sorpresa suele llamarse, a veces, aniquilación.