Pero
es imposible prolongar interminablemente los principios; no es
posible expresarlos una y otra vez. Deben avanzar, desarrollarse...
o morir de aburrimiento. Tú pensarás que no. Necesitas alejarte,
cambiar, ver otras personas, otros lugares, para volver a una
relación como si fuera nueva, y vivir comienzos nuevos sin cesar.
Avanzamos en una serie de reaperturas prolongadas. Algunas tuvieron
su causa en separaciones que fueron necesarias por motivos de
negocios, pero resultaron innecesariamente rígidas y severas para
dos personas tan íntimas como nosotros. Otras fueron fabricadas por
ti, a fin de proporcionar aun más oportunidades de volver a la
novedad que tanto deseas.
Obviamente, la parte de desarrollo es para ti un anatema. Pues allí
es donde puedes descubrir que sólo cuentas con una colección de
ideas muy limitadas, que no dan resultado, por mucha creatividad
que en ellas pongas, o lo que puede ser aun peor para
ti:
que tienes material para algo glorioso, para una sinfonía; en ese
caso hay trabajo a realizar: es preciso excavar profundidades,
entretejer cuidadosamente las entidades separadas, para mejor
glorificación propia y mutua. Supongo que es análogo al momento
literario en que no puedes, no debes huir de la idea para escribir
un libro.
Sin
duda, hemos llegado más lejos de lo que era tu intención llegar. Y
nos hemos detenido mucho antes de llegar a lo que, para mí, eran los
pasos lógicos y encantadores que debían seguir. He visto
continuamente detenido el desarrollo contigo, y he llegado a creer
que jamás haremos sino esporádicos intentos de aprovechar todo
nuestro potencial de aprendizaje, nuestras sorprendentes
similitudes de intereses, sin que importe cuántos años tengamos por
delante... porque jamás pasaremos juntos un tiempo sin
interrupciones. Por eso, el crecimiento que tanto valoramos, y que
sabemos posible, se convierte en imposible.
Ambos
hemos tenido la visión de algo maravilloso que nos espera. Pero no
podemos con-seguirlo desde aquí. Me enfrento a una sólida muralla de
defensas, y tú tienes la necesidad de fortificarlas cada vez más.
Ansío la riqueza y la plenitud de un mayor desarrollo, y tú buscas
medios para evitarlo en tanto estamos juntos. Ambos estamos
frustrados: tú, imposibilitado de retroceder; yo, imposibilitada de
avanzar, en un estado de lucha constante, con nubes y sombras
oscuras sobre el tiempo limitado que tú nos concedes.
Con
frecuencia me hace sufrir, en un sentido u otro, el sentir tu
constante resistencia a mí, al crecimiento de ese algo maravilloso,
como si yo y él fuéramos algo horrible, y experimentar las diversas
formas que toma la resistencia, algunas de ellas, crueles.
Llevo
un registro del tiempo que pasamos juntos, y le he echado una mirada
larga y sincera. Me entristeció, llegó a horrorizarme, pero me ha
ayudado a enfrentarme a la verdad. Vuelvo a aquellos días, a
principios de julio, y a las siete semanas que siguieron; me parecen
nuestro único período realmente feliz. Esa fue nuestra apertura, y
resultó hermosa. Después vinieron las separaciones, con sus cortes
crueles y, para mí, inexplicables, además de la resistencia
esquiva, igualmente cruel, de tus regresos.
Lejos
y separados o juntos y separados, es mucha infelicidad. Estoy viendo
cómo me transformo en una persona que llora mucho, en una persona
que hasta necesita llorar mucho, pues es casi como si la piedad
fuera necesaria antes de que la bondad se tornara posible. Y sé que
no he llegado a esta altura de mi vida para convertirme en objeto
de piedad.
Cuando
me dijiste que "para ti no estaría bien" cancelar tu cita para
ayudarme en un estado de crisis, hiciste que la verdad se
estrellara contra mí con la fuerza de una avalancha. Enfrentada a
los hechos con tanta sinceridad como es posible, sé que no puedo
continuar, por mucho que lo deseara. No puedo seguir cediendo.
Confío
en que esto no te parezca la ruptura de un acuerdo, sino la
continuación de los muchos, muchísimos finales que tú iniciaste.
Según creo, es algo que ambos sabemos preciso. Debo aceptar que he
fracasado en mi esfuerzo de hacerte conocer las alegrías del mutuo
interés.
Richard, mi precioso amigo, digo esto con suavidad, hasta con
ternura y amor. Y los tonos suaves no disimulan un enojo subyacente;
son auténticos. No hay acusaciones,culpas ni faltas. Simplemente,
trato de comprender y de poner fin al dolor. Estoy estableciendo lo
que me he visto obligada a aceptar: que tú y yo jamás viviremos un
desarrollo, mucho menos la gloriosa y completa expresión de una
relación llegada a su plena madurez.
Siento que, si algo en mi vida merecía separarse
de los esquemas preestablecidos, para ir más allá de las
limitaciones conocidas, eso era esta relación. Supongo que estaría
justificada si me sintiera humillada por los extremos a que llegué
para que así fuera. En cambio me siento orgullosa de mí misma y
feliz de haber sabido reconocer una oportunidad rara y encantadora,
mientras la tuvimos; así como de haber dado todo lo que podía, en el
sentido más puro y más elevado, para conservarla. Eso me sirve ahora
de consuelo. En este horrible momento final, puedo decir
honradamente que no sé qué otra cosa hubiera podido hacer para
llegar contigo a ese bello futuro posible.
A pesar del dolor, me alegra haberte conocido de
una manera tan especial; siempre recordaré con mucho aprecio el
tiempo que pasamos juntos. Contigo he crecido y de ti aprendí mucho;
sé también que te he hecho grandes contribuciones positivas. Ambos
somos mejores personas por habernos tocado mutuamente.