
CAPITULO 29
—¿Puedes
venir, wookie? —Su voz, por teléfono, sonaba débil. —Me temo que
necesito tu ayuda.
—Lo
siento, Leslie, pero esta noche no puedo.
¿Por qué
me molestaba tanto decírselo? Yo sé las reglas. Yo hice las reglas.
Sin ellas ni siquiera podríamos haber sido amigos. Sin embargo
costaba decirlo, hasta por teléfono.
—Wook, me
siento muy mal —dijo—. Estoy descompuesta y mareada. Me sentiría
mucho mejor si estuvieras aquí. ¿No quieres ser mi médico y curarme?
Empujé
hasta el ropero la parte de mí que deseaba ir al rescate y curar, y
cerré la puerta con llave.
—No
puedo. Esta noche tengo una cita. Mañana, si te parece bien.
—¿Tienes
una cita? ¿Vas a salir con otra cuando yo estoy enferma y te
necesito? Richard, no puedo creer que...
¿Es
preciso decírselo otra vez? Nuestra amistad es no-posesiva, abierta,
basada en nuestra mutua libertad de apartarnos cuando deseemos, por
cualquier motivo, sin ningún motivo. Ahora tenía miedo. Llevaba
tanto tiempo sin salir con otra mujer cuando iba a Los Ángeles que
me sentía caer en un matrimonio asegurado; sentía que ambos
olvidábamos nuestra necesidad de tener tiempo aparte, además de
tiempo juntos.
La cita
tenía que seguir en pie. Si me sentía obligado a estar con Leslie
sólo porque estaba en Los Ángeles, algo andaba mal en nuestra
amistad. Si había perdido mi libertad de estar con quien se me
antojara, nuestra finalidad conjunta había terminado. Recé porque
entendiera.
—Puedo
quedarme contigo hasta las siete —dije. — ¿Hasta las siete?
Richard, ¿no me oyes? Te
necesito. ¡Esta vez necesito alguna ayuda de tu parte!
¿Por qué
me está presionando? Lo mejor que podría hacer es decir que se
arreglará perfectamente y que me desea felicidades. ¿No se da cuenta
de que cualquier otra cosa es un error fatal? No me voy a dejar
presionar, no me voy a convertir en propiedad de nadie, en ningún
lugar, bajo ninguna circunstancia.
—Lo
siento. Ojalá lo hubiera sabido antes. Ahora es demasiado tarde para
cancelar la cita. Para mí no estaría bien. No quiero cancelarla.
—¿Tanto
te importa ella, quienquiera sea? —preguntó—. ¿Cómo se llama?
¡Leslie
estaba celosa!
—Débora.
—¿Tanto
te importa Débora que no puedes llamarla para decirle que tu amiga
Leslie está enferma? ¿Preguntarle si no pueden postergar esa
ardorosa cita hasta mañana, la semana que viene, el año que viene,
cualquier día? ¿Tan importante es que no puedes llamarla y
decírselo?
Había
angustia en su voz. Pero estaba pidiendo algo que yo no podía dar
sin destruir mi independencia. Y ese sarcasmo tampoco mejoraba las
cosas.
—No
—dije—. Ella no es importante. Lo importante es el principio que
ella representa: que seamos libres de estar con quien se nos
antoje...
Estaba
llorando.