- Ven
aquí - dijo -. Hazlo.
Lo vi con
mis propios ojos. Obviamente era posible, porque Don estaba allí, de
modo que me acerqué para reunirme con él. Me sentí como si caminara
sobre un diáfano linóleo azul, y reí.
- ¿Qué
haces conmigo, Donald ?
- Me
limito a enseñarte lo que todos aprenden, tarde o temprano -
respondió -, y ahora te das maña.
- Pero
estoy...
-
Escucha. El agua puede ser sólida... - pisó con fuerza y hubo un
ruido como el que hace el cuero al chocar con la piedra -. O no -
repitió la acción y el agua nos salpicó a ambos -. ¿Has
comprendido ? Haz la prueba.
- ¡ Qué
de prisa nos acostumbramos a los portentos ! Hace menos de un minuto
que pensé que marchar sobre el agua es posible, es natural, es...
- Bien,
¿y qué ?
- Pero si
ahora el agua es sólida, ¿cómo podemos beberla ?
- Del
mismo modo que andamos sobre ella, Richard. No es sólida, y no es
líquida. Tú y yo resolvemos qué es lo que será para nosotros. Si
quieres que el agua sea líquida, piénsala líquida, compórtate como
si fuera líquida, bébela. Si quieres que sea aire, compórtate como
si fuera aire, respírala. Prueba.
Pensé que
tal vez influía en todo aquello la presencia de un alma sublime.
Quizá semejantes portentos pudieran realizarse en un radio de veinte
metros a la redonda...
Me
arrodillé sobre la superficie y hundí las manos en el estanque.
Líquido. Después me eché e introduje la cara en su manto azul y
respiré, confiado. Me produjo la sensación de el oxígeno licuado,
tibio. Sin ahogos ni jadeos. Me senté y miré a Don, confiando en que
él supiera lo que cruzaba por mi cabeza.
- Habla -
dijo.
- ¿ Por
qué debo hablar ?
- Lo que
quieres decir se expresa mejor con palabras. Habla.
- Si
podemos andar sobre el agua, y respirarla y beberla, ¿por qué no
podemos hacer lo mismo con la tierra ?
- Sí.
Claro. Verás...
Marchó
hasta la rivera con tanta facilidad como si anduviera sobre un lago
pintado. Pero cuando sus pies tocaron el suelo, la arena y la hierba
de la orilla, empezó a hundirse , y después de dar unos pasos quedó
sumergido hasta los hombros en la tierra. Fue como si el estanque se
hubiera convertido súbitamente en una isla y la tierra se hubiera
trocado en mar. Nadó un rato en la pradera, chapoteando en medio de
oscuras gotas de arcilla, y luego floto hasta la superficie, se
levantó y anduvo sobre ella. ¡ Súbitamente resultó milagroso ver a
un hombre andando sobre la tierra !
Me erguí
sobre el estanque y aplaudí su hazaña. El hizo una reverencia y
aplaudió la mía.
Caminé
hasta el borde del estanque, pensé que la tierra era líquida y la
toqué con la punta del dedo del pie. Sobre la hierba se expandieron
ondas circulares. ¿Qué profundidad tiene el suelo ?, estuve a punto
de preguntar en voz alta. Será tan profundo como yo imagine que sea.
Medio metro, pensé, tendrá medio metro de profundidad y lo vadearé.
Avance
confiadamente por la playa y me hundí hasta que la tierra se cerró
sobre mi cabeza. La zambullida fue instantánea. Abajo reinaba una
oscuridad alarmante y luché por salir a flote, conteniendo el
aliento, braceando en busca de un poco de agua sólida del borde del
estanque, para tomar apoyo allí.
Don se
rió sentado en la hierba.
- ¿Sabes
que eres un alumno sensacional ?
- ¡ No
soy ningún alumno ! ¡Sácame de aquí !
- Sácate
solo.
Dejé de
forcejear. Es sólida y puedo trepar fuera de ella. Es sólida... y
trepé fuera, cubierto por terrones y costras de tierra negra.
-
¡Hombre, cómo te has puesto !
Su camisa
azul y sus tejanos no tenían ni una mancha ni una mota de polvo.
- ¡Aaah !
- me sacudí la tierra del pelo, la saqué de mis oídos. Finalmente
deposité la cartera sobre la hierba, me introduje en el agua líquida
y me limpié a la manera tradicional, húmeda -. Sé que existe un
mejor sistema que éste para lavarse.
- Sí, un
sistema más rápido.
- No me
lo expliques. Quédate ahí y ríete y deja que lo descubra por mis
propios medios.
- De
acuerdo.
Finalmente volví al Fleet, chorreando agua. Me mudé de ropa y colgué
las prendas mojadas de los cables del avión, para que se secaran.
-
Richard, recuerda siempre lo que has hecho hoy. Es fácil olvidar
nuestros destellos de sabiduría, pensar que han sido sueños o viejos
milagros, pasados. Nada bueno es un milagro, nada bello es un sueño.
- El
mundo es un sueño, dices, y es bello, a veces. La puesta del sol.
Las nubes. El cielo.
- No. La
imagen es un sueño, la belleza es real. ¿ Comprendes la diferencia ?
Asentí
con un movimiento de cabeza, a punto de entender. Más tarde, eché
una mirada furtiva al manual.