Reconocimientos
Son
muchos los que me han alentado y ayudado durante la investigación y
redacción del libro, y sin ellos no hubiera podido completar el
proyecto. Mi buen amigo John Ouzts me animó a dar la primera
conferencia sobra el tema. John Egle, de Mockingbird Books, me
propuso plasmar en su libro mis descubrimientos, proporcionándome
apoyo y aliento en todo el proceso. Leonard, Mae, Becky y Scott
Brooks me suministraron alojamiento, alimento y medios de transporte
siempre que lo necesité. Kathy Tabakian me acompañó en varias de las
entrevistas y me ha beneficiado de las largas discusiones que con
ella he tenido. Russ Moores, Richard Martin y Ed McCranie, del
Colegio Médico de Georgia, me ofrecieron válidas sugerencias y
referencias a textos relevantes. Mi esposa pasó muchas horas
revisando el manuscrito y la copia mecanografiada. Finalmente, me
gustaría dar las gracias a todos los que me contaron sus encuentros
con la muerte. Sólo deseo que este libro sea digno de la confianza
que todos los mencionados han puesto en mí.
Prólogo a esta edición
Pocos son
los libros que modifican conceptos y creencias arraigados
poderosamente en la conciencia colectiva de una sociedad y, a su
vez, abren un debate intenso y enriquecedor. Vida después de la vida
es uno de ellos.
Cuando en
el decenio de 1970 un joven médico norteamericano sacó a la luz el
resultado de sus investigaciones en torno a personas declaradas
clínicamente muertas, y que después habían sido reanimadas, pocos
sospecharon la repercusión que estos testimonios iban a tener en la
sociedad.
Desde
entonces, no es posible concebir ningún estudio, debate o
planteamiento referido a experiencias próximas a la muerte que no
tenga en consideración el trabajo del doctor Moody contenido en esta
obra
No nos
corresponde especular sobre dichas experiencias. Hoy son ya del
dominio público y han sido narradas por miles de personas que
aseguran verse fuera de sus cuerpos mientras contemplan la escena
flotando por encima de personas y objetos sin poder tocarlos.
Tampoco son ya extraños ni el túnel que afirman recorrer, en cuyo
final luminoso encuentran habitualmente a amigos y parientes ya
fallecidos que les dan la bienvenida cariñosamente, ni mucho menos
el estado de paz y alegría que los envuelve y elimina el miedo a la
muerte para el resto de sus vidas. Nada de esto nos es ajeno. Hoy
son cientos los libros y artículos publicados sobre el tema desde
aquella fecha, y son numerosas las personas que han continuado esta
misma línea de investigación y han recopilado miles de nuevos
testimonios, y es rara la persona que no conozca o no haya oído
hablar de alguien que haya vivido esta experiencia.
No
obstante, muchas fueron las voces que se levantaron escandalizadas
ante la investigación, e incluso declaraban como falsos los mismos
testimonios de las personas que habían tenido el valor de narrar su
experiencia sin importarles ser consideradas como locas. Otras, sin
embargo, aplaudieron el mérito indudable de haber llevado a cabo un
estudio sobre un tema tabú por excelencia, y se multiplicaban los
interrogantes abiertos que planteaba la sorprendente coincidencia en
los puntos más importantes de las experiencias relatadas. Y fue el
lector, como casi siempre, el que avaló con su aceptación masiva un
libro destinado, a priori, a integrar el catálogo de obras de
minorías, especializadas, raras y curiosas.
Naturalmente, el tema no está agotado, ni mucho menos. La curiosidad
científica del doctor Moody lo ha llevado a continuar sus
investigaciones en torno a la muerte, esta vez en un campo aún más
polémico: la posibilidad de contactar con personas fallecidas. Ahí
están los resultados en un nuevo libro (Más sobre Vida después de la
vida) que también hemos tenido el placer de publicar en español. Su
contenido ha vuelto a significar un punto de inflexión, ya que sus
aportaciones desechan prejuicios y abren interrogantes que no pueden
ser ignorados por nadie que tenga un mínimo de interés por los
grandes enigmas que han rodeado al hombre en torno a la muerte.
Finalmente, como editores, nos queda la satisfacción de haber
llevado al lector español un libro que ya ha entrado por méritos
propios en la categoría de clásico, y, cómo no, agradecerle la
respuesta con la que, durante 20 años, ha demostrado su sensibilidad
y criterio a la hora de valorar obras valientes e innovadoras.
Respecto
al doctor Moody, hay que decir que no ha perdido un ápice de su
talante científico, de su buen humor de su calidad humana ni de su
espíritu emprendedor Todo ello lo testimonian las decenas de
conferencias que anualmente imparte en todo el mundo y las novedades
editoriales con las que invariablemente nos sorprende y nos estimula
una y otra vez a revisar conceptos y creencias que considerábamos
inamovibles.
Por estas
razones, gracias a todos, autor y lectores, y confiamos en continuar
siendo un eficaz elemento transmisor entre ambos. Para nosotros es
una gran satisfacción.
LOS
EDITORES
Prefacio
He tenido
el privilegio de leer la copia previa a la publicación del libro y
me complació que al doctor Moody, joven erudito, haya tenido el
coraje de reunir sus descubrimientos y realizar este nuevo tipo de
investigación, tan útil para la gran masa de público.
Desde
hace veinte años vengo dedicándome a pacientes en la última fase de
su enfermedad, por lo que he experimentado una preocupación
creciente ante el fenómeno de la muerte. Hemos aprendido mucho sobre
dicho proceso, pero quedan sin responder muchas de las preguntas
sobre el momento de la muerte y las experiencias que tienen nuestros
pacientes a partir del instante en que se los declara clínicamente
muertos.
La
investigación que el doctor Moody presenta en este libro iluminará
muchas de ellas, confirmando al tiempo lo que se nos ha dicho
durante dos mil años: que existe vida tras la muerte. Aunque no
afirma haber estudiado la muerte misma, es evidente, a partir de sus
hallazgos, que el paciente continúa consciente del entorno tras
haber sido declarado clínicamente muerto. Ello coincide con mi
propia investigación, basada en los relatos de pacientes que han
muerto y han regresado, contra lo que era de esperar, y ante la
sorpresa de expertos y bien conocidos médicos.
Todos los
pacientes han experimentado la sensación de flotar fuera del cuerpo,
unida a la de una gran paz y una percepción de totalidad. Casi todos
eran conscientes de otra persona que los ayudaba en la transición a
otro plano de existencia. Muchos eran recibidos por seres amados que
habían muerto antes o por un personaje religioso que había sido
significativo en su vida y que, como es natural, coincidía con sus
creencias religiosas. Me llena de aliento leer el libro del doctor
Moody en el momento en que me encontraba dispuesta a poner sobre el
papel los resultados de mis propias investigaciones.
El doctor
Moody ha de estar preparado para recibir muchas críticas,
provenientes ante todo de dos áreas. Una de ellas compuesta de
miembros del clero que se sentirán molestos de que alguien se atreva
a investigar un terreno que se supone tabú. Algunos representantes
religiosos de una iglesia sectaria ya han expresado sus críticas
ante estudios como éste. Uno de ellos se refería a éstos como
«vendedores de la gracia a precio de saldo». Otros pensaban que la
cuestión de la vida en el más allá debía ser aceptada con fe ciega y
no ser cuestionada por nadie. El segundo grupo del que el doctor
Moody puede esperar críticas está compuesto de científicos y médicos
que considerarán su estudio «acientífico».
Creo que
hemos llegado a una era de transición en nuestra sociedad. Hemos de
tener el coraje de abrir nuevas puertas y admitir que nuestras
actuales herramientas científicas son inadecuadas para muchas de las
nuevas investigaciones. Confío en que este libro las abra a quienes
poseen una mente abierta y en que les dará esperanza y valor para
avaluar las nuevas áreas de investigación. Ellos comprenderán que
los descubrimientos aquí citados son verdaderos, pues están escritos
por un investigador genuino y honesto. Son corroborados por mi
propia investigación y por los hallazgos de otros científicos
serios, de eruditos y de clérigos que han tenido la valentía de
investigar este nuevo campo con el deseo de ayudar a quienes
necesitan conocer
Recomiendo el libro a todos los que mantengan abierta su mente, y
felicito al doctor Moody por el valor que ha demostrado al imprimir
sus descubrimientos.
ELISABETH KUBLER-ROSS, M. D.
Flossmoor,
Illinois
Introducción
Este
libro, en cuanto que es obra humana, refleja los antecedentes,
opiniones y prejuicios de su autor. Por ello, y a pesar de la
objetividad que me he esforzado en imprimirle, pueden ser útiles
algunos datos sobre mi persona en el momento de evaluar algunas de
las extraordinarias afirmaciones que en él se hacen.
En primer
lugar, nunca he estado cerca de la muerte, por lo que no se trata de
un relato de primera mano sobre experiencias propias. Sin embargo,
no puedo por ello reivindicar una objetividad total ya que mis
emociones han estado implicadas en el proyecto. Mientras escuchaba
el relato de las fascinantes experiencias de que trata este libro,
llegaba casi a la sensación de estar viviéndolas. Espero que tal
actitud no haya comprometido la racionalización y equilibrio de mi
aproximación al tema.
En
segundo lugar, el que escribe no está ampliamente familiarizado con
la abundante literatura sobre hechos paranormales y ocultos. No lo
digo por menospreciarla, pues estoy convencido de que un mejor
conocimiento de ella hubiera ampliado mi comprensión de los hechos
estudiados. De hecho, tengo la intención de analizar más
profundamente algunos de esos libros para comprobar hasta qué punto
las investigaciones de otros son confirmadas por las mías.
Mi
educación religiosa merece algún comentario. Mi familia acudía a la
iglesia presbiteriana, pero mis padres nunca intentaron imponer sus
creencias o conceptos religiosos a sus hijos. Conforme iba
creciendo, se limitaron a estimular cualquier interés que
desarrollara por mí mismo, facilitándome oportunidades para ello. En
consecuencia, tuve una «religión» compuesta no por una serie de
doctrinas fijas, sino por cuestiones, enseñanzas y doctrinas
religiosas y espirituales. Creo que todas la religiones humanas
tienen muchas verdades que comunicarnos y que ninguno de nosotros
posee todas las respuestas a las verdades profundas y fundamentales
con que trata la religión. Por lo que se refiere a mi adscripción a
una organización particular, soy miembro de la Iglesia metodista.
En cuarto
y último lugar, mis antecedentes académicos y profesionales son algo
diversos; algunos dirían fraccionarios. Me gradué en filosofía en la
Universidad de Virginia y me doctoré en esa materia en 1969. Me he
interesado especialmente por la ética, la lógica y la filosofía del
lenguaje. Tras enseñar filosofía durante tres años en una
universidad del oeste de Carolina del Norte, cursé estudios en una
facultad de medicina con la finalidad de convertirme en psiquiatra y
enseñar filosofía de la medicina en una facultad médica. Todos esos
anhelos y experiencias han contribuido, lógicamente, a dar forma a
la aproximación que he adoptado en este estudio.
Espero
que el libro llamará la atención sobre un fenómeno muy extendido y
al mismo tiempo bien oculto y que, al mismo tiempo, creará una
actitud pública más receptiva sobre la materia. Estoy firmemente
convencido de que tiene un gran significado, no sólo para muchos
campos académicos y prácticos -especialmente psicología,
psiquiatría, medicina, filosofía, teología y sacerdocio-, sino
también para la forma en que vivimos nuestra existencia cotidiana.
Permítaseme decir desde el principio que, por motivos que explicaré
más tarde, no estoy intentando demostrar que exista vida después de
la muerte. Ni siquiera pienso que una «prueba» de este tipo sea
posible hoy en día. Se debe en parte a esto que haya evitado el uso
de nombres reales y disfrazado algunos de los detalles que podrían
servir de identificación, aunque dejando siempre sin cambiar el
contenido. Ha sido necesario para proteger la vida privada de los
individuos implicados y, en muchos casos, para obtener el permiso de
publicación de las historias que me relataron.
A muchos,
las afirmaciones que se hacen en este libro les parecerán increíbles
y su primera reacción será de rechazo. De nada puedo culparlos, pues
ésa hubiera sido precisamente mi reacción hace tan sólo unos cuantos
años. No pido que nadie acepte y crea los contenidos de este libro
basándose sólo en mi autoridad. Por el contrario, como lógico que
rechaza la aproximación a una creencia basándose en ilícitas
apelaciones a una autoridad, pido expresamente que nadie lo haga
así. Sólo deseo que cualquiera que no crea en lo que lee indague un
poco por sí mismo. Es lo que yo he hecho durante algún tiempo. De
los que lo han aceptado, ha habido muchos que, escépticos al
principio, han llegado a compartir mi asombro ante estos
acontecimientos.