Llama Violeta

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Yogi Ramacharaka

 

Capítulo Seis: El sueño del alma

 

A propósito de este tema, que iniciamos en el capítulo anterior, entresacamos de una de nuestras primeras obras los siguientes párrafos:

"Los que en este mundo quedan, pueden perturbar el descanso del alma de un difunto, pues si ésta tiene algo importante que comunicarles o le inquieta la suerte de ellos o le duele la aflicción que muestran por su muerte física, sobre todo si son muy vivas las lamentaciones y muy copioso el llanto por lo que les parece irreparable pérdida, rechazará el descanso y hará desesperados esfuerzos para retornar al mundo. Asimismo, si los supervivientes evocan mentalmente al alma del difunto, la despertarán de su tranquilo sueño y procurará responder a la evocación, y al menos la perturbarán de modo que medio despierta retarde su ulterior desenvolvimiento.

 

 

"Estas almas semidespiertas suelen manifestarse en las sesiones espiritistas. Nuestro dolor egoísta y nuestras peticiones entristecen sobremanera a los seres amados que han salido de este mundo, a menos que por haber conocido antes de su muerte todas estas cosas se nieguen a la evocación de ni aun las personas más queridas. Casos hubo en que el alma repugnó durante años el apacible sueño a fin de permanecer junto a sus deudos en la tierra; pero esta conducta es por todo extremo imprudente porque ocasiona inútil aflicción tanto al alma del difunto como a sus deudos en la tierra.

"Debemos reprimir nuestro egoísmo y no demorar con nuestras exigencias el progreso de los que han pasado a la otra vida. Dejemos que duerman descansadarnente en espera de su transmutación. Proceder de otro modo equivale a que experimenten repetidas veces las mismas sensaciones de la muerte física.

"Quienes verdaderamente aman a sus difuntos y conocen todo esto les evitan semejante perturbación, porque su amor y conocimiento les ordenan que dejen en paz al alma que se fue, pues bien merece el descanso antes de proseguir su evolución.

"Este período de tranquilo sueño es para el alma lo mismo que la vida intrauterina para el feto: duerme para cobrar las fuerzas que necesitará en la nueva vida.'

Hay otra fase de esta particular etapa del progreso del alma, y también transcribiremos algo de lo que ya en otras obras expusimos sobre ello, a saber:

"Únicamente cae en tranquilo y descansado sueño (si no la perturban) el alma de quien muere de muerte natural; pero los que mueren de súbito por cualquier accidente, se encuentran durante algún tiempo del todo despiertos y en plena posesión de sus facultades intelectuales.

"'Muchos no se dan cuenta de que han muerto y no aciertan a explicarse lo que les sucede, aunque a veces están conscientes por algún tiempo de la. vida terrena y ven y oyen con sus sentidos astrales cuanto ocurre a su alrededor.

"No advierten que han dejado el cuerpo físico y están por ello perplejos. Muy adversa sería su suerte hasta que el sueño los rindiera, a no intervenir los protectores o auxiliadores invisibles, las benditas almas que se hallan en estados superiores de existencia, las cuales los informan de su verdadera situación, los consuelan y aconsejan y generalmente los cuidan hasta que se duermen como fatigado chiquillo al llegar la noche.

"Los protectores o auxiliadores invisibles nunca faltan a 'su deber y auxilian a todo el que pasa repentinamente a la otra vida, haya sido "bueno" o "malo" en la tierra, porque saben que todo hombre es hijo de Dios y su hermano espiritual.

"Se sabe positivamente que algunos hombres muy evolucionados y de mucho poder espiritual se desprenden interinamente de su cuerpo físico y actúan en su cuerpo astral con el deliberado propósito de prestar auxilio cuando sobreviene alguna catástrofe como las inundaciones de Johnstown o el naufragio del Titanic y las sangrientas acciones de guerra en que es necesaria inmediata asistencia... También los que mueren de muerte violenta caen poco a poco en el sueño del alma, como los que mueren de muerte natural."

Por otra parte hemos de considerar el admirable fenómeno de que al sumirse el alma en sueño se le representa la visión panorámica de su vida pasada.

Dicen quienes lo saben que esta visión ocupa tan sólo un instante infinitesimal, tan breve que apenas se le puede llamar un punto en el tiempo.

Sin embargo, escena tras escena, desde la infancia hasta la vejez de su pasada vida, pasan ante la vista del alma, con la misma fidelidad de pormenores el más insignificante incidente y el suceso más trascendental.

La memoria subconsciente descubre entonces sus secretos sin reservar ni omitir ninguno.

Además, por virtud de su discernimiento espiritual comprende el alma el significado de la vida que acaba de pasar, y puede analizar jurídicamente sus acciones, como un juez omnisciente e imparcial.

De este proceso resulta que todas las acciones de la vida pasada se concentran e imprimen en la conciencia del alma como semillas que a su tiempo darán por fruto el carácter individual en futuras vidas, según sean las cualidades ya adquiridas.

Quienes objeten diciendo que a la mente humana le es imposible resumir en un instante los sucesos e incidentes de toda una vida, les responderemos que la psicología admite la posibilidad de este fenómeno aun durante la vida terrena, según comprueban los casos en que al descabezar un sueño de pocos minutos soñó el individuo escenas y sucesos que en realidad debieran haber ocupado largos años. En los sueños ordinarios, el tiempo queda reducido a cortos instantes, y en el estado de que tratamos se intensifica el proceso de concentración, de suerte que en un instante abarca la vista mental todo el periodo de la más larga vida.

El alma se lleva consigo al estado de sueño el recuerdo resumido de toda su vida, con las simientes de sus deseos, ambiciones, gustos, disgustos, atracciones y repulsiones, que no tardarán en germinar, florecer y fructificar, no sólo en futuras encarnaciones sino en la misma vida astral.

Porque la amorosa Naturaleza no obliga al alma a que cargue con todas sus tendencias en futuras encarnaciones, sino que ordena las cosas de modo que el alma pueda purificarse de sus malas cualidades y esté limpia de las que hubiese logrado eliminar, al renacer en una nueva vida terrena. Para esto sirve el sueño del alma, durante el cual se predispone a entrar en la vida astral cuyos pormenores veremos más adelante.

El sueño del alma le es tan necesario en esta etapa de su evolución como al feto el sueño en el seno de la madre.

Algunos al conocer estas enseñanzas manifestaron su temor de que el sueño del alma no pudiera ser tranquilo "en un lugar desconocido y entre tantas entidades extrañas".

Esta objeción es muy pueril para el ocultista experto, quien sabe que nadie en el universo está mejor guardado que la durmiente alma en el plano astral.

Tan absolutamente protegida de todo daño se halla, que sólo podría afectarla un trastorno completo de las leyes de la Naturaleza o el desquiciamiento del planeta.

Recordemos que la condición del alma durmiente es de estado y no de lugar. Y su condición es tal que ninguna influencia maligna puede acercarse a ella ni alcanzarla.

Ya quisiéramos todos estar tan seguramente guardados y protegidos en la vida terrena. La seguridad de las almas durmientes es tal, que parece como si todas las fuerzas de la Naturaleza se hubiesen conjurado para protegerlas.

Dice un aforismo hinduista: "Ni aun los dioses en sus altos tronos tienen poder ni dominio sobre las durmientes almas".

A quiénes por estar bajo la influencia de la escatología dogmática les parezca extraña y desusada la idea del sueño del alma, les diremos que los conceptos vulgares sobre la muerte y la vida de ultratumba aluden más o menos veladamente al estado de sueño, según lo comprueban las expresiones corrientes de "se durmió en la paz del Señor", "descanse en paz", "a su amado dará Dios el sueño", "allí descansan los fatigados", "se fue al largo descanso", que manifiestan la idea innata implantada en la mente del hombre respecto al período de descanso que ha de sobrevenirle al alma fatigada,

La idea del "descanso" después de las tribulaciones y tormentas de la vida es tan natural e instintiva que puede decirse que representa el firme convencimiento del alma humana en relación con la idea de la muerte. Es una idea tan fija como la de la vida de ultratumba. Sin embargo, sólo se halla su explicación en las superiores enseñanzas ocultas.

Quien esté instruido en lo atinente al sueño del alma, hallará consoladora satisfacción en contemplar esta etapa de su existencia futura.

Se sentirá atraído hacia dicho estado, que representan las siguientes palabras de un antiguo canto: "Tranquila y apaciblemente dormiré amparado en la Cuna de lo Profundo".

Descanso en el seno del gran océano de Vida. Descanso, calma, paz, seguridad, protección. Tal es el estado del alma dormida en el mundo astral.

 
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Yogi Ramacharaka

 

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