Llama Violeta

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Yogi Ramacharaka

 

Capítulo Quince: Comunicación espiritual

 

Pocas cosas hay tan deplorables para el ocultista adelantado como la confusión de la verdad a medias con la falacia, de las falsas doctrinas con los sofismas que les dan apariencia de verdaderas.

Esto sucede en el mundo occidental con el tan resobado como incomprendido fenómeno de la comunicación de los espíritus.

Sin embargo, por muy lastimosa que sea semejante confusión, ha servido para llamar la atención de los pensadores y moverlos a investigar el asunto.

Hasta los fraudes e imposturas que tanto escándalo suscitaron en la historia del espiritismo en el mundo occidental y que repugnaron profundamente a las personas reflexivas, dieron por resultado el conocimiento de la verdad respecto de los fenómenos psíquicos.

 

 

Prescindiendo de todo lo fraudulento, incierto o dudoso en esta clase de fenómenos simulados, veamos qué hay de verdad en la comunicación de las entidades del plano astral con las del mundo físico.

Esta comunicación es de dos clases: la superior y la inferior. La comunicación de clase inferior comprende dos casos:

1º Cuando un alma desencarnada residente en los subplanos inferiores y ligada todavía a los intereses terrenos se aparece a una persona de la tierra o se comunica con ella.
2º Cuando se galvaniza un cascarón astral.

La comunicación de clase superior sólo comprende el caso en que un alma residente en los subplanos superiores del astral se manifiesta de un modo u otro a una persona de la tierra.

El alma residente en los subplanos superiores del mundo astral se halla en una condición idealística, sin ocuparse ni preocuparse del mundo que tras sí dejó.

Por tanto, no se extingue en ella el amor que profesó en la tierra a sus parientes y amigos, pero la relación que con ellos mantiene es de índole puramente afectiva, sin asomo de proximidad física.

Los lazos que unen el alma desencarnada con la que quedó en la tierra son a manera de filamentos espirituales, algo así como una comunicación telepática.

Cuando el alma desencarnada se forja la imagen mental de la que dejó en la tierra, le parece a ésta que aquella está a su lado o muy cerca; pero esta sensación dimana del enlace telepático a que nos hemos referido.

Análogamente, el alma desencarnada experimenta la sensación de que "alguien la llama" cuando la persona en la tierra piensa intensamente en ella.

Respecto a la continuidad de los sentimientos de amor y afecto entre las almas separadas, no puede menos de ser beneficiosa, porque al alma en la carne la consuela y fortalece el convencimiento de que está en relación con el alma desencarnada, mientras que ésta se goza y regocija como cuando en la tierra estaba junto a la persona amada.

Esta relación es sacratísima, y la mantienen muchas personas, aunque sin poder explicarla a los incapaces de comprenderla; pero quienes hayan experimentado sus efectos estimarán en todo su valor cuanto decimos.
Los que no la hayan experimentado podrán comprenderla o al menos tener idea de ella si la refieren a la dicha que sintieron al tener a su lado a una persona querida.

Es en verdad la comunión de dos almas muy cercana en algunos aspectos a la comunicación de las almas en el plano astral, aunque con las deficiencias propias del caso.

Esta comunicación espiritual nada tiene de nocivo ni siniestro, todo en ella es armónico y placentero. Nada tiene de sospechoso ni reprochable.

La condenación queda reservada para otro linaje de comunicaciones.

Los ocultistas adelantados consideran unánimemente deplorabilísima la práctica de evocar a las almas desencarnadas por entretenimiento, curiosidad, egoísmo o exhibición fenomenal.

Las más prestigiosas autoridades condenan enérgicamente está práctica.

En primer lugar, el resultado es siempre contrario al propósito, por excelentes razones ocultas.

En segundo lugar, la evocación arriesga perjudicar al alma desencarnada, porque se le substrae la atención de los subplanos superiores y se la convierte a las cosas materiales, con lo que se le confunde la mente y se retrasa su desenvolvimiento espiritual.

Es como si dirigiéramos la atención del recién nacido a las condiciones de su vida intrauterina, si tal fuese posible.

Al alma que no comprende bien la índole y carácter de su vida astral (y sólo las muy adelantadas los comprenden) le confunde, desalienta y desazona la entremezcla de las cosas y fenómenos del plano astral con los del físico.

Se ha de dejar al alma tranquila para que naturalmente prosiga su evolución en el plano a que su estado de conciencia la lleve, y no evocarla para satisfacer curiosidades casi siempre egoístas y malsanas.

El resultado de semejantes evocaciones es muy parecido al que obtendría un agricultor si diariamente arrancara las plantas de su parcela de experimentación para ver si crecen sus raíces.

Otra modalidad de evocación es la que tiene por objeto que el alma desencarnada acuda a consolar a sus deudos e informarles de la condición en que está en la otra vida.

No es tan siniestra esta evocación como la que se hace por curiosidad o por afán de público espectáculo, pero también es nociva.

El alma así evocada por las vibraciones de afecto de sus deudos acude si le es posible, como quien es despertado de un profundo sueño, en estado sonambulico, pues tal es precisamente su situación.

El sonambulismo no es cosa que convenga infundir en las personas del mundo terreno, y mucho menos en las almas desencarnadas, que como están entonces ofuscadas no saben bien lo que les pasa y no pueden satisfacer lúcidamente el propósito de la evocación.

Quienes hayan tenido o presenciado comunicaciones con entidades astrales, recordarán que en la mayoría de los casos auténticos la entidad comunicante da respuestas incoherentes y confusas, de suerte que aun en las mejores condiciones es insatisfactorio el resultado, porque la evocación de las entidades astrales pervierte el proceso normal de la Naturaleza.

Nunca está justificada semejante práctica y la condenan las más prestigiosas autoridades.

El vislumbre de la índole y condiciones que de la vida del alma en el plano astral damos en este libro bastará para dar a entender claramente los motivos de la condenación.

Verdad es que a veces las almas residentes en el plano astral, impelidas por algún profundo remordimiento o por algún asunto de supremo interés para sus deudos más cercanos, se han comunicado voluntariamente con ellos y en algunos casos de excepcional gravedad hasta llegaron a materializarse momentáneamente.

Estos casos son raros, pero dignos, por lo auténticos, de mencionarse para mejor conocimiento del asunto.

EI vehementísimo anhelo del alma desencarnada la mueve entonces a tomar una forma perceptible por la persona con quien desea comunicarse, de la propia suerte que también toma forma objetiva una vigorosa impresión telepática.

Pero aun en tales casos el alma afligida, la llamada vulgarmente "alma en pena", acaba por substraerse a la atracción de los intereses mundanos y se restituye a la normalidad de la vida astral, de acuerdo con las leyes de la Naturaleza.

Sabemos que al exponer estas verdades desalentamos y acaso nos concitamos la antipatía de quienes se figuran estar en frecuente comunicación con sus difuntos.

Pero la verdad es la verdad, y estamos seguros de que la debida comprensión de este asunto les demostrará que el verdadero amor hacia quienes nos precedieron en la partida consiste en enviarles auxiliadores pensamientos de paz a fin de que prosigan su evolución, sin perturbarlos con nuestras insensatas lamentaciones y egoísta curiosidad.

Además, nunca nos dará plena satisfacción la reprobable práctica de evocar a los difuntos, porque siempre quedará algún punto por esclarecer.

El verdadero amor consiste en dar y no en recibir, y este hermoso aforismo puede también aplicarse a la comunicación con las entidades astrales, pues mucho más noble y eficaz es enviarles pensamientos de amor, simpatía, consuelo, aliento y estímulo para que evolucionen en los niveles superiores del otro mundo, que atraerlos a este bajo mundo de materialidad sin otro propósito que oírles decir que son dichosos o acaso escuchar las vulgaridades propias del estado sonambúlico.

Mucho más provechoso para nosotros es elevarnos a los planos superiores de existencia donde nuestros difuntos se hallan y comunicarnos espiritualmente con ellos por medio del pensamiento, sin necesidad de lenguaje verbal o escrito ni de comparecencia personal.

Consideremos imparcialmente este punto a fin de que la voz de la verdad resuene en lo íntimo de nuestro ser y responda de acuerdo con las afirmaciones de los sabios

 

 
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Yogi Ramacharaka

 

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