Llama Violeta

Llama Violeta


 

 
 
 
 

 

Yogi Ramacharaka

 

Capítulo Doce: Expresión astral

 

 

Una de las más penosas características de la vida terrena es la imposibilidad en que se hallan la mayoría de las personas de expresar por medio de la palabra, la pluma, el cincel o el pincel todo cuanto piensan, sienten, anhelan y experimentan en las intimidades de su ser.

La evolucionante alma nota en su interior que sin conseguirlo pugna por salir a la manifestación objetiva.

Puede ser el anhelo de manifestarlo en arte, música; literatura o invención, y también puede ser el vehemente deseo de mejorar las condiciones del mundo.

 

 

En todos estos casos, el impulso creador peculiar del alma se esfuerza en hacer algo en forma objetiva de conformidad con el modelo elaborado en la mente, y hacia tal expresión propenden de consuno la cabeza, el corazón y la mano.

Pero, desgraciadamente, muy pocos son capaces de realizar en la vida terrena, ni la décima parte de los ensueños de su alma. El instinto artístico está siempre hambriento de perfecta expresión, y sin embargo sólo se le conceden las migajas que caen de la mesa del Arte.

El alma está siempre sedienta de adelanto y buen éxito y sin embargo, sólo se le conceden las gotas salpicadas de la fuente.

Si todo se contrajera a la vida terrena, si los anhelos, ansias, deseos, hambre y sed del alma dependieran tan sólo de las posibilidades de una sola vida terrena, entonces estarían 'plenamente justificadas las lamentaciones de los pesimistas y las quejas de los desalentados.

Pero en realidad tales anhelos, ansias y deseos de algo mejor pueden compararse al esfuerzo de la semilla por romper el tegumento de su epidermis y brotar en tallo que ahije, florezca y fructifique.

La semilla no puede dar hojas ni flores ni frutos mientras está sepultada en el suelo.

Pero el ocultista adelantado sabe perfectamente que las semillas del anhelo prometen florecimiento y fructificación.

La mera circunstancia de su existencia prueba la posibilidad, mejor diremos la certidumbre de su realización.
Lejos de ser motivo de desaliento debe considerarse como profecía de realización.

Fundadamente se ha dicho que "en todo anhelo subyace la certeza de su cumplimiento".

Esta promesa les parecerá a muchos ilusoria, y tendrían razón si la posibilidad de cumplimiento se contrajera a la particular vida terrena en que se sintiera el anhelo.

Pero el alma lo bastante adelantada en el sendero de perfección para observar los planos de existencia que dejó tras ella, sabe que sus esfuerzos para manifestarse son los dolores del alumbramiento del fruto del ingenio.

En el mundo astral las semillas mentales, y emocionales de sana índole brotan y ahijan en espera de florecimiento y fructificación en vidas ulteriores.

En ciertas fases de la existencia astral, cuando la mente está en vigorosa concentración, el talento del individuo se desenvuelve con suma rapidez, y en la próxima encarnación se encuentra dispuesto a manifestar las facultades agudizadas durante su permanencia en el astral.

Cabe decir que en la vida astral almacena el alma energía que la capacita para manifestar insospechadas facultades en la próxima vida terrena.

Vulgar ejemplo de ello es el del muchacho que aprende a patinar y no adelanta gran cosa en los ejercicios de la tarde; pero se va a la cama sin acordarse para nada de los patines, y pasada la noche, nota al día siguiente que patina mucho mejor.

La mayoría de las personas tienen análogas experiencias en las respectivas actividades de la vida.

Notamos que algo nos ha ocurrido durante el sueño. Consiste el secreto de dicho fenómeno en que durante el sueño la subconciencia o mente instintiva del muchacho repite el ejercicio hasta adelantar algún tanto en su dominio, y al día siguiente pone en práctica lo aprendido durante la noche, aunque la mente vigílica no sabe cómo lo aprendió.

Tiene la mente humana profundidades en que se realizan dichas tareas, y mientras dormimos y nuestras objetivas facultades conscientes descansan, acomete los puntos difíciles para resolverlos de modo que nos sean más fáciles al día siguiente.

De la propia suerte, las facultades superiores de la mente se disciplinan en la práctica de lo que ha de ejecutar el alma en la próxima vida terrena, según denotan los anhelos y ansias de levantadas acciones que pugnan por su realización.

Pero con la diferencia de que el alma es plenamente consciente de la actuación de las facultades superconscientes y se goza en la tarea de desenvolvimiento y ejecución.

El mundo celeste de las almas anhelosas de magnas obras de bondad es positivamente un reino de bienaventuranza, porque allí se ve capaz de realizar cuanto no le era posible en la tierra y de expresarlo muchísimo mejor que todo lo que pudiera imaginar.

Y esta expresión es el resultado del mismo anhelo de actuar, del gozo de la acción desinteresada y no de la esperanza  de recompensa.

Únicamente en el mundo astral es capaz el alma de satisfacer las condiciones descritas por Kipling en los siguientes versos:

"Tan sólo el Maestro nos alabará o nos vituperará. Y nadie trabajará por dinero ni por fama, sino cada cual por el placer del trabajo y conforme a su especial actividad, de modo que haga como él lo ve."

Lo mismo cabe decir del anheloso de conocimiento, del hombre que se deleita en ejercitar su inteligencia.

Un hombre así encuentra en el mundo astral el Libro del Conocimiento abierto muchas páginas más adelante de aquellas en que se veía obligado a detenerse durante la vida terrena.

El filósofo, el naturalista, el fisicoquímico hallan en la vida astral numerosas ocasiones de ejercitar sus facultades.

A su disposición están la biblioteca del Cosmos y los laboratorios del universo que benévolamente los reciben.

Satisfacen con creces los deseos de sus corazones las coyunturas que les ofrece el mundo astral.

Y cuando les llega la hora de reencarnar vuelven a la tierra con la inteligencia estimulada y fortalecida la razón.

Lo que así han aprendido aparece en la nueva vida terrena en el aspecto de intuición.

Muy bien saben los ocultistas adelantados que los inventores insignes, como Edison, los filósofos famosos como Hegel y Spencer y los eminentes cientistas como Darwin y Huxley, que parecían denotar intuitivo conocimiento de sus respectivas materias, no, hicieron más que manifestar en el plano físico lo que adquirieran en el astral como fruto de los anhelos de sabiduría mostrados en pasadas encarnaciones.

Según se lee en las Memorias de estos grandes hombres, a todos ellos les vino la idea de sus respectivos descubrimientos tan repentinamente como baja del cielo.

Pero ley es de la Naturaleza que no hay flor ni fruto sin la precedente semilla, lo mismo en el plano físico que en el astral. Todo efecto tiene necesariamente su causa.

Los que suelen llamarse genios desconocidos o sabios en ciernes, esto es, los que dicen que podrían ser unos genios si acertaran a expresar lo que sienten, tendrán su oportunidad en el mundo astral, y si plantan la semilla en suelo, fértil, dará flores y frutos en la venidera encarnación.

Las siguientes comparaciones esclarecerán esta idea:

1º La vida terrena es como la oruga que siente en su interior algo que no comprende y no puede expresar.
2º La vida astral es como crisálida en que se está formando la futura mariposa, cuyas policromadas alas ya existen en la forma astral.
3º La vida terrena reencarnada es como mariposa que realiza el ideal sentido en la primera etapa y mentalmente experimentado en la segunda.

La ley del karma cumple mucha parte de su obra en el plano astral, pues allí la materia es plástica, dúctil y maleable, ya que el alma carece de la pesada envoltura del cuerpo físico.

Exactas e infalibles son las operaciones de la ley del karma. Siempre da fruto la semilla y cada fruto según su especie.

"Karma del alma son los pensamientos y emociones que tramó en el telar del tiempo con la invisible urdimbre de sus acciones.
"Desde antes del principio y sin fin, eterna como el espacio, una divina Potestad que impele al bien. Sólo su ley perdura.

"Lo que sembréis, aquello mismo cosecharéis. Ved esos campos. El sésamo fue sésamo. El trigo fue trigo. Conocieron el silencio y la oscuridad. Así nace el destino del hombre.

"Viene a cosechar lo que sembró de sésamo y trigo en la pasada vida, con muchas plantas adventicias y hierbas ponzoñosas.

"Si labora acertadamente y desarraiga la maleza, y planta semillas sanas en terreno apropiado, cosechará óptimos y abundantes frutos."

 
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Yogi Ramacharaka

 

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