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El vendedor mas grande del mundo
OG MANDINO |
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EL PERGAMINO NÚMERO
UNO
Hoy comienzo
una nueva vida.
Hoy mudaré mi
viejo pellejo que ha sufrido, durante tanto tiempo, las contusiones del fracaso
y las heridas de la mediocridad.
Hoy nazco, de
nuevo y mi lugar de nacimiento es una viña donde hay fruto para todos.
Hoy cosecharé
uvas de sabiduría de las vides más altas y cargadas de fruta de la viña, porque
éstas fueron plantadas por los más sabios de mi profesión que han venido antes
que yo, de generación en generación.
Hoy saborearé
el gusto de las uvas frescas de las vides, y ciertamente me «tragaré la semilla
del éxito encerrada en cada una y una nueva vida retoñará dentro de mí.
La carrera que
he escogido está repleta de oportunidades, y al mismo tiempo está llena de
angustia y desesperación, y los cadáveres de aquellos que han fracasado, si se
los pusiera uno encima del otro, proyectarían su sombra por encima de todas las
pirámides de la tierra.
Y sin embargo
no fracasaré como los otros, puesto que en mis manos sostengo las cartas de
marear que me guiarán a través de corrientes peligrosas hasta las playas que
sólo ayer me parecían un sueño.
El fracaso no
será mi recompensa por la lucha. Así como la naturaleza no ha hecho provisión
alguna para que mi cuerpo tolere el dolor, tampoco ha hecho provisión para que
mi vida sufra el fracaso. El fracaso, como el dolor, es ajeno a mi vida. En el
pasado lo acepté como acepté el dolor. Ahora lo rechazo y estoy preparado para
abrazar la sabiduría y los principios que me sacarán de las sombras para
internarme en la luz resplandeciente de la riqueza, la posición y la felicidad,
muy superiores a mis más extravagantes sueños hasta que aún las manzanas de oro
en el jardín de las Hespérides no parecerán otra cosa que mi justa recompensa.
El tiempo le
enseña todas las cosas a aquel que vive para siempre, pero no puedo darme el
lujo de la eternidad. Y sin embargo dentro del tiempo que se me ha asignado debo
practicar el arte de la paciencia, porque la naturaleza no procede jamás con
apresuramiento. Para crear el olivo, el rey de todos los árboles, se requieren
100 años. Una planta de cebolla es vieja después de 9 semanas. He vivido como
una planta de cebolla. Pero no he estado conforme con ello. Ahora quisiera ser
el más grande de los árboles de olivo, y en realidad el más grande de los
vendedores.
¿Y cómo lo
lograré? Porque no tengo ni los conocimientos ni la experiencia para alcanzar la
grandeza, y ya he tropezado en ignorancia y caído en el charco de la compasión
por mí mismo. La respuesta es sencilla. Comenzaré mi viaje sin el estorbo de los
conocimientos innecesarios o la desventaja de una experiencia carente de
significado. La naturaleza me ha proporcionado ya el conocimiento y el instinto
muy superiores a los de cualquier bestia en el bosque; y a la experiencia se le
ha asignado un valor exagerado, especialmente por los viejos que asienten
sabiamente con la cabeza y hablan estúpidamente.
En realidad la
experiencia enseña sistemáticamente, y sin embargo su curso de instrucción
devora los años del hombre de manera que el valor de sus lecciones disminuye con
el tiempo necesario para adquirir su sabiduría especial. Y al final se ha
malgastado en hombres que han muerto. Además, la experiencia se compara con la
moda. Una acción o medida que tuvo éxito hoy será irresoluble e impráctica
mañana.
Solo los
principios perduran y éstos poseo, porque las leyes que me conducirán a la
grandeza figuran en las palabras de estos pergaminos. Me enseñarán más a evitar
el fracaso que a alcanzar el éxito, porque ¿qué es el éxito sino un estado
mental? ¿Qué dos personas, entre mil sabios, definirán el éxito con las mismas
palabras? Y sin embargo el fracaso se describe siempre de la misma forma. El
fracaso es la incapacidad del hombre de alcanzar sus metas en la vida,
cualesquiera que sean.
En realidad, la
única diferencia entre aquellos que han fracasado y aquellos que han tenido
éxito reside en la diferencia de sus hábitos. Los buenos hábitos son la clave de
todo éxito. Los malos hábitos son la puerta abierta al fracaso. De manera
entonces que la primera ley que obedeceré, y que precede a todas las otras es la
siguiente: Me formaré buenos hábitos, y seré el esclavo de esos hábitos.
Cuando era
niño, era esclavo de mis impulsos, ahora soy esclavo de mis hábitos, como lo son
todos los hombres crecidos. He rendido mi libre albedrío a los años de hábitos
acumulados y las acciones pasadas de mi vida han señalado ya un camino que
amenaza aprisionar mi futuro. Mis acciones son gobernadas por el apetito, la
pasión, el prejuicio, la avaricia, el amor, temor, medio ambiente, hábitos, y el
peor de estos tiranos es el hábito. Por lo tanto si tengo que ser esclavo de los
hábitos, que sea esclavo de los buenos hábitos.
Los malos
hábitos deben ser destruidos y nuevos surcos preparados para la buena semilla.
Adquiriré
buenos hábitos y me convertiré en su esclavo. ¿Y cómo realizaré esta difícil
empresa? Lo haré por medio de estos pergaminos, porque cada uno contiene un
principio que desalojará de mi vida un hábito malo y lo reemplazará con uno que
me acerque al éxito. Porque hay otra ley de la naturaleza que dice que sólo un
hábito puede dominar a otro. De manera que para que estas palabras escritas
cumplan la tarea para la cual han sido designadas, debo de disciplinarme a mí
mismo y adquirir el primero de mis nuevos hábitos que es el siguiente: Leeré
cada pergamino durante 30 días en esta forma prescrita, antes de proceder a la
lectura del pergamino siguiente.
Primero, leeré
las palabras en silencio cuando me levanto por la mañana. Luego leeré las
palabras en silencio después de haber participado de la comida del mediodía.
Finalmente leeré las palabras de nuevo antes de acostarme al finalizar el día, y
aún más importante, en esta oportunidad leeré las palabras en alta voz.
Al día
siguiente repetiré este procedimiento, y continuaré de esta manera durante 30
días. Luego empezaré el siguiente pergamino y repetiré este procedimiento
durante otros treinta días. Continuaré de esta forma hasta que haya vivido con
cada uno de los pergaminos durante 30 días y mi lectura se haya convertido en
hábito.
¿Y qué
realizaré mediante este hábito? Reside aquí el secreto oculto de todas las
realizaciones del hombre. Al repetir diariamente las palabras, se convertirán
pronto en parte integral de mi mente activa, pero aún más importante, se
filtrarán también hasta la otra mente mía, ese misterioso venero que nunca
duerme, que crea mis sueños, y con frecuencia me hace proceder en una forma que
no comprendo.
A medida que
las palabras de estos pergaminos son absorbidas por mi misteriosa mente,
comenzaré a despertar, todas las mañanas, con una vitalidad que no he conocido
nunca. Mi vigor aumentará, mi entusiasmo se acrecentará, mi deseo de enfrentarme
con el mundo dominará a todos los temores que antes me asaltaban al amanecer, y
seré más feliz de lo que jamás había pensado que fuese posible en este mundo de
luchas y de dolor.
Finalmente,
descubriré que reacciono ante todas las situaciones que me confrontan como los
pergaminos me ordenaron que reaccionara, y pronto estas acciones y reacciones
serán fáciles de realizar, porque todo acto se hace fácil con la práctica.
De manera
entonces que nacerá un hábito nuevo y bueno, porque cuando un acto se hace fácil
mediante la repetición constante se convierte en un placer realizarlo, y si es
un placer realizarlo corresponde a la naturaleza del hombre el realizarlo con
frecuencia. Cuando lo hago con frecuencia se convierte en un hábito y yo me
convierto en su esclavo y puesto que éste es un buen hábito, ésta es mi
voluntad.
Hoy comienzo
una nueva vida.
Y me hago un
solemne juramento de que nada retardará el crecimiento de mi nueva vida. No
interrumpiré ni un día estas lecturas porque el día que pierda no podrá
recobrarse jamás ni podré substituirlo por otro. No debo interrumpir, no
interrumpiré este hábito de la lectura diaria de estos pergaminos, y en
realidad, los pocos momentos que pase todos los días en este nuevo hábito serán
un precio insignificante que tendré que pagar por la felicidad y el éxito que
serán míos.
Y mientras leo
y releo las palabras de los pergaminos siguientes, no permitiré jamás que la
brevedad de cada pergamino ni la simplicidad de sus palabras me lleven a tratar
livianamente el mensaje del pergamino. Miles de uvas se prensan para llenar una
botella de vino y el hollejo y la pulpa son arrojados a los pájaros. Así es con
estas uvas de sabiduría de los siglos. Mucho se ha filtrado y arrojado a los
vientos. Solo la verdad pura yace destilada en las palabras que vendrán. Beberé
según las instrucciones y no derramaré ni una gota. Y la semilla del éxito
ingeriré.
Hoy mi viejo
pellejo se ha vuelto como polvo. Caminaré erguido entre los hombres y no me
reconocerán, porque hoy soy un nuevo hombre, con una nueva vida.
CAPÍTULO IX
EL PERGAMINO NÚMERO
DOS
Saludaré este
día con amor en mi corazón. Porque éste es el secreto más grande del éxito en
todas las empresas. La fuerza muscular podrá partir un escudo y aún destruir la
vida, pero sólo el poder invisible del amor puede abrir el corazón del hombre, y
hasta que no domine este arte no seré más que un mercachifle en el mercado. Haré
del amor mi arma más poderosa y nadie a quien yo visite podrá defenderse de su
fuerza.
Podrán
contradecir mi razonamiento; podrán desconfiar de mis discursos; podrán
desaprobar mi manera de vestir; podrán rechazar mi rostro; y hasta podrán
sospechar de mis ofertas especiales; y sin embargo mi amor les derretirá el
corazón, a igual que el sol cuyos rayos entibian la más fría arcilla.
Saludaré este
día con amor en mi corazón.
¿Y cómo lo
haré? De aquí en adelante contemplaré todas las cosas con amor y naceré de
nuevo. Amaré al sol porque me calienta los huesos; pero también amaré la lluvia
porque purifica mi espíritu. Amaré la luz porque me señala el camino; pero
también amaré la oscuridad porque me enseña las estrellas. Acogeré la felicidad
porque engrandece mi corazón; pero también soportaré la tristeza porque descubre
mi alma. Reconoceré la recompensa porque constituye mi pago; pero también daré
acogida a los obstáculos porque constituyen para mí un desafío.
Saludaré este
día con amor en mi corazón.
¿Y cómo
hablaré? Elogiaré a mis enemigos y se convertirán en amigos míos. Animaré a mis
amigos y se volverán mis hermanos. Ahondaré siempre en busca de razones para
elogiar; nunca me allanaré a buscar excusas para el chisme. Cuando sienta la
tentación de criticar, me morderé la lengua; cuando me sienta inspirado a
elogiar, lo proclamaré a los cuatro vientos.
¿No sucede que
los pájaros, el viento, el mar y la naturaleza toda hablan con la música de la
alabanza para su creador? ¿No puedo acaso hablar con la misma música a sus
hijos? De aquí en adelante recordaré este secreto que cambiará mi vida.
Saludaré este
día con amor en mi corazón.
¿Y cómo
procederé? Amaré a todas las clases de hombres porque cada uno tiene cualidades
dignas de ser admiradas aunque quizá estén ocultas. Derribaré la muralla de
sospecha y de odio que han construido alrededor de sus corazones, y en su lugar
edificaré puentes para llegar por ellos a sus almas.
Amaré al que
tiene ambiciones porque podrá inspirarme; amaré a los que han fracasado porque
pueden enseñarme. Amaré a los reyes porque son solo humanos; amaré a los
humildes porque son divinos. Amaré a los ricos porque sufren la soledad; amaré a
los pobres porque son tantos. Amaré a los jóvenes por la fe a que se aferran;
amaré a los ancianos por la, sabiduría que comparten. Amaré a los hermosos por
sus ojos de tristeza; amaré a los feos por sus almas saturadas de paz.
Saludaré este
día con amor en mi corazón.
¿Pero cómo
reaccionaré ante la conducta de los demás? Con amor. Porque así como el amor es
el arma con la que me propongo abrir el corazón del hombre, el amor es también
mi escudo para resistir los dardos de odio y las lanzas de ira. La adversidad y
el desánimo azotarán cual huracán mi nuevo escudo, hasta quedar finalmente
reducidos a fina lluvia. Mi escudo me protegerá en el mercado, me sostendrá
cuando estoy solo. Me estimulará en momentos de desánimo, pero también me
calmará en épocas de gozoso transporte. Con el uso se fortalecerá y me protegerá
cada vez más, hasta que un día lo pondré a un lado y caminaré sin estorbos entre
todos los hombres, y cuando lo haga, mi nombre será enarbolado bien alto en la
pirámide de la vida.
Saludaré este
día con amor en mi corazón.
¿Y cómo me
enfrentaré con las personas con quienes me encuentro? De una sola manera. En
silencio y en mi fuero interno me dirigiré a él y le diré que le amo. Aunque
dichas en silencio estas palabras se reflejarán en mis ojos, serenarán mi
frente, harán que una sonrisa se asome a mis labios, y harán eco en mi voz; y su
corazón se abrirá. ¿Y quién es aquel que se negará a comprar mis mercancías
cuando en su corazón sienta mi amor?
Saludaré este
día con amor en mi corazón.
Y
principalmente me amaré a mí mismo. Porque cuando lo hago, vigilaré celosamente
todo lo que entra en mi cuerpo, mi mente, mi alma y mi corazón. Nunca jamás
mimaré los apetitos de la carne, sino que más bien trataré mi cuerpo con
limpieza y moderación. Nunca permitiré que mi mente sea atraída por el mal y la
desesperación, sino que más bien la estimularé con los conocimientos y la
sabiduría de los siglos. Nunca le permitiré a mi alma que se vuelva complaciente
y satisfecha; por el contrario la alimentaré con la meditación y la oración. No
permitiré nunca que mi corazón se empequeñezca o se amargue; sino más bien lo
compartiré y crecerá y alegrará la tierra.
Saludaré este
día con amor en mi corazón.
De aquí en
adelante amaré a toda la humanidad. Desde este momento todo el odio ha sido
extraído de mis venas porque no tengo tiempo para odiar, sólo tengo tiempo para
amar. Desde este momento doy el primer paso requerido para convertirme en un
hombre entre los hombres. Con amor aumentaré mis ventas en un ciento por ciento
y me convertiré en un gran vendedor. Aunque no posea otras cualidades, puedo
alcanzar el éxito con el amor solo. Sin el amor fracasaré aunque posea todos los
conocimientos y habilidades del mundo.
Saludaré este
día con amor, y tendré éxito.
CAPÍTULO X
EL PERGAMINO NÚMERO
TRES
Persistiré
hasta alcanzar el éxito.
En el Oriente los toros
jóvenes son puestos a prueba en cierta forma para la corrida en la plaza. Estos
toros son traídos a la plaza y se les deja atacar al picador que los pica con
una lanza. La bravura de cada toro se calcula entonces con cuidado, según las
veces que demostró su disposición de embestir a pesar de la picadura de la
lanza. De aquí en adelante reconoceré que todos los días la vida me pone a
prueba en igual forma. Si persisto, si sigo probando, si continúo embistiendo
alcanzaré el éxito.
Persistiré
hasta alcanzar el éxito.
En este mundo
no nací en derrota, ni el fracaso corre por mis venas. No soy una oveja que
espera ser aguijoneada por el pastor. Soy un león y me niego a hablar, a caminar
o a dormir con las ovejas. Me abstendré de escuchar a aquellos que lloran y se
quejan, porque la enfermedad es contagiosa. Que ellos se unan a las ovejas. El
matadero del fracaso no es mi destino.
Persistiré
hasta alcanzar el éxito.
Los premios de
la vida se encuentran al fin de cada jornada, y no cerca del comienzo, y no me
corresponde a mí saber cuántos pasos son necesarios a fin de alcanzar mi meta.
Puede aún sobrecogerme el fracaso al dar mi milésimo paso, y sin embargo quizá
el éxito se oculte detrás del siguiente recodo del camino. Jamás sabré cuan
cerca estoy del éxito a menos que doble la curva.
Siempre daré un
paso más. Si ése no es suficiente daré otro y aún otro. En realidad, un paso por
vez no es muy difícil.
Persistiré
hasta alcanzar el éxito.
De aquí en
adelante consideraré el esfuerzo de cada día como un golpe de la hoja del hacha
contra un poderoso roble. El primer golpe quizá ni cause temblor en el árbol, ni
el segundo ni el tercero. Cada golpe en sí mismo quizá sea insignificante y al
parecer sin consecuencia. Y sin embargo como resultado de golpes endebles, el
roble finalmente se tumbará. Y así será con mis esfuerzos de hoy.
Se me comparará
con las gotas de lluvia que finalmente se llevan la montaña; la hormiga que
devora al tigre; la estrella que ilumina la tierra; el esclavo que construye una
pirámide. Edificaré mi castillo usando un ladrillo por vez porque yo sé que los
pequeños intentos, repetidos, completarán cualquier empresa.
Persistiré
hasta alcanzar el éxito.
Jamás aceptaré
la derrota y borraré de mi vocabulario palabras o frases como abandono, no
puedo, imposible, irrealizable, improbable, fracaso, impráctico, sin esperanzas
y retirada; porque son palabras de necios. Huiré de la desesperación, pero si
esta enfermedad de la mente me atacara, seguiría trabajando en medio de la
desesperación. Trabajaré y aguantaré. Pasaré por alto los obstáculos que se
yerguen a mis pies, y mantendré los ojos fijos en las metas por encima de mi
cabeza, porque sé que donde termina el árido desierto, crece la verde
vegetación.
Persistiré
hasta alcanzar el éxito.
Recordaré la
antiquísima ley de los promedios y la adaptaré para mi beneficio.
Persistiré con
la convicción de que cada vez que fracase en una venta, aumentarán las
posibilidades de éxito en la tentativa siguiente. Toda vez que escuche un no, me
aproximará al sonido de un sí. Toda vez que me encuentre con una mirada de
desaprobación recordaré que sólo me prepara para la sonrisa que hallaré después.
Cada desventura que me sobrevenga contendrá en sí la semilla de la buena suerte
del mañana. Debo contemplar la noche para apreciar el día.
Debo fracasar
con frecuencia para tener éxito una sola vez.
Persistiré
hasta alcanzar el éxito.
Persistiré,
persistiré y persistiré de nuevo. Cada obstáculo que se me presente, lo
consideraré como un mero rodeo en el camino que me lleva a la meta, y un desafío
a mi profesión. Persistiré y desarrollaré mis habilidades como el marino
desarrolla las suyas, aprendiendo a dominar la furia de cada tormenta.
Persistiré
hasta alcanzar el éxito.
De aquí en
adelante, aprenderé y aplicaré otro secreto de aquellos que sobresalen en su
trabajo. Cuando haya terminado el día, sin tener en cuenta si ha sido un éxito o
fracaso, procuraré realizar una venta más. Cuando mis pensamientos inviten a mi
cansado cuerpo a retornar a la casa, resistiré la tentación de hacerlo. Trataré
de realizar una venta más. Haré un intento más de cerrar el día con una
victoria, y si ese intento fracasa haré otro. No permitiré jamás que ningún día
termine en fracaso. De esta manera plantaré la semilla del éxito del mañana y
lograré una ventaja insuperable sobre aquellos que cesan de trabajar a una hora
proscripta. Cuando otros ponen fin a la lucha, la mía habrá comenzado, y mi
cosecha será amplia.
Persistiré
hasta alcanzar el éxito.
Ni permitiré
tampoco que los éxitos del ayer me hagan caer en el sopor de la complacencia del
hoy, puesto que ésta es el gran fundamento del fracaso. Me olvidaré de los
acontecimientos del día que ha pasado, ya fuesen buenos o malos, y saludaré el
nuevo día con confianza de que éste será el mejor día de mi vida.
Mientras haya
hálito en mí, persistiré. Porque ahora sé uno de los grandes principios del
éxito; si persisto lo suficiente alcanzaré la victoria. Persistiré, alcanzaré la
victoria.
CAPÍTULO XI
El pergamino
número cuatro
Hoy el milagro
más grande de la naturaleza.
Desde el
comienzo del mundo, nunca ha existido otro con mi mente, mi corazón, mis ojos,
mis oídos, mis manos, mi cabello, mi boca. Nadie ha podido, ni puede ni podrá
caminar y andar y moverse y pensar exactamente como yo. Todos los hombres son
hermanos míos y sin embargo soy diferente de cada uno de ellos. Soy una criatura
única.
Soy el milagro
más grande de la naturaleza.
Aunque figuro
en el reino animal, lo animal solo no me satisfará. Dentro de mí arde una llama
que ha pasado a través de incontables generaciones, y su calor constituye un
constante incentivo para mi espíritu de ser mejor de lo que soy y lo seré.
Avivaré esta llama de la disconformidad y proclamaré mi singularidad ante el
mundo.
Nadie puede
manejar el pincel ni el cincel como yo; nadie puede imitar exactamente mi
caligrafía; nadie podrá engendrar a mi hijo y en realidad nadie tiene la
habilidad de vender exactamente como yo. De aquí en adelante, me aprovecharé de
esta diferencia puesto que es un factor que debo promover hasta lo sumo.
Soy el milagro
más grande de la naturaleza.
No haré más
intentos vanos de imitar a otros. En cambio exhibiré mi singularidad en el
mercado. La proclamaré, sí la venderé. Comenzaré ahora a acentuar mis
diferencias; a ocultar mis similitudes. Así también aplicaré este principio a
las mercancías que vendo. Un vendedor y su mercancía, diferente de todos los
demás, y orgulloso de la diferencia.
Soy un ser
único de la naturaleza.
Soy una cosa
rara, y existe valor en todo lo raro; por lo tanto soy de valor. Soy el
resultado de miles de años de progreso; por lo tanto estoy mejor equipado, tanto
mental como corporalmente, que todos los emperadores y sabios que me
precedieron.
Pero mi
habilidad, mi mente, mi corazón y mi cuerpo se estancarán, se corromperán y
morirán a menos que les dé buen uso. Tengo un potencial ilimitado. Empleo solo
una pequeña porción de mi cerebro; ejercito solo una ínfima porción de mis
músculos. Puedo mejorar en un ciento por ciento más mis éxitos de ayer, y esto
haré, a comenzar desde hoy.
Nunca jamás
quedaré satisfecho con los éxitos del ayer, ni me entregaré tampoco a la
alabanza personal por hechos que en realidad son demasiado pequeños para aún ser
reconocidos. Puedo realizar mucho más de lo que he realizado y lo haré, porque
¿por qué razón el milagro que me produjo debe terminar con mi nacimiento? ¿Por
qué no puedo extender ese milagro a mis hechos de hoy?
Soy el milagro
más grande de la naturaleza.
No estoy de
casualidad en esta tierra. Estoy aquí con un propósito, y ese propósito es
crecer hasta convertirme en montaña, y no encogerme hasta parecer un grano de
arena. De aquí en adelante concentraré todos mis esfuerzos a transformarme en la
montaña más elevada de todas, y exigiré a mi potencial hasta que me pida tregua.
Acrecentaré mis
conocimientos de la humanidad, de mí mismo, y de las mercancías que venda, de
manera que mis ventas se multiplicarán. Practicaré y mejoraré y puliré las
palabras que pronuncio para vender mis mercancías, porque éste es el cimiento
sobre el cual edificaré mi carrera y nunca me olvidaré que muchos han alcanzado
grandes riquezas y éxito mediante un solo discurso de ventas pronunciado con
excelencia. Asimismo procuraré constantemente mejorar mis modales y atractivos,
puesto que son el azúcar hacia la cual todos son atraídos.
Soy el milagro
más grande de la naturaleza.
Concentraré
todas mis energías a hacer frente al desafío del momento, y mis actos
contribuirán a que me olvide de todo lo demás. Los problemas de mi casa los
dejaré en casa. No pensaré en mi familia cuando estoy en el mercado, porque esto
ensombrecerá mis pensamientos. De igual manera los problemas inherentes al
mercado serán dejados en el mercado y no pensaré en mi profesión cuando estoy en
mi casa, puesto que esto apagará mi amor.
No hay lugar en
el mercado para mi familia, ni hay lugar tampoco en mi casa para el mercado.
Divorciaré al uno del otro y de esta manera permaneceré unido a ambos. Deben
permanecer separados o morirá mi carrera. Esta es la paradoja de los siglos.
Soy el milagro
más grande de la naturaleza.
Se me han dado
ojos para que vea y una mente para que piense y ahora sé un gran secreto de la
vida porque percibo por fin que todos mis problemas, mis desánimos y
sufrimientos son en realidad grandes oportunidades veladas. Nunca me engañaré
por el disfraz que lleven, porque mis ojos están abiertos. Miraré más allá del
disfraz y no seré engañado.
Soy el milagro
más grande de la naturaleza.
Ni las bestias,
ni las plantas, ni el viento, ni la lluvia, ni las rocas, ni los lagos tuvieron
el mismo comienzo que yo, porque fui concebido con amor y traído a este mundo
con un propósito. En el pasado no consideré esta verdad, pero desde ahora en
adelante le dará forma a mi vida y la guiará.
Soy el milagro
más grande de la naturaleza.
Y la naturaleza
no conoce derrota. Con el tiempo, emerge victoriosa, y así lo haré yo, y con
cada victoria la próxima lucha no será tan difícil.
Venceré, y me
convertiré en un gran vendedor, puesto que soy único, singular.
Soy el milagro
más grande de la naturaleza.
CAPÍTULO XII
EL PERGAMINO NÚMERO
CINCO
Viviré este día
como si fuese el último día de mi vida.
¿Y qué haré con
este último día de valor incalculable que me queda? Primero, sellaré el
contenido de la vida de manera que ni una gota se derrame sobre la arena. No
perderé ni un momento siquiera en lamentarme por las desgracias del ayer, las
derrotas del ayer, los sufrimientos del ayer, porque ¿por qué debo desperdiciar
lo que es bueno en lo malo?
¿Puede la arena
deslizarse hacia arriba en el reloj? ¿Saldrá el sol donde se pone y se pondrá
donde sale? ¿Puedo vivir de nuevo los errores del ayer y corregirlos? ¿Puedo
hacer que retornen las heridas del ayer y sanarlas? ¿Puedo volverme más joven
que ayer? ¿Puedo desdecirme del mal que he hablado, anular los golpes que he
asestado, el dolor que he provocado? No, el ayer ha quedado sepultado para
siempre y no pensaré más en él.
Viviré hoy como
si fuera el último día de mi existencia.
¿Y qué haré
entonces? Olvidándome del ayer, no pensaré tampoco en el mañana. ¿Por qué
arrojaré el ahora detrás del quizá? ¿Puede la arena del mañana correr por el
reloj antes que la de hoy? ¿Nacerá el sol dos veces esta mañana? ¿Puedo realizar
las tareas del mañana mientras me hallo en la senda del hoy? ¿Puedo poner el oro
del mañana en la bolsa del hoy? ¿Puede el niño del mañana nacer hoy? ¿Puede la
muerte que se producirá mañana proyectar hacia atrás su sombra y oscurecer el
gozo de hoy? ¿Debo preocuparme de acontecimientos que quizá nunca contemple?
¿Debo atormentarme con problemas que tal vez nunca ocurran? ¡No! El mañana yace
sepultado con el ayer, y no pensaré más en él. Viviré este día de mi existencia.
Este día es
todo lo que tengo, y estas horas son ahora mi eternidad. Saludo este amanecer
con exclamaciones de gozo, como un preso a quien se le conmuta la sentencia de
muerte. Elevo mis brazos con agradecimiento por este don inapreciable de un
nuevo día. Así también me golpearé el pecho con gratitud al considerar a todos
los que saludaron la salida del sol del ayer y que hoy no figuran entre los
vivos. Soy en realidad un hombre afortunado, y las horas de hoy Constituyen algo
extra, inmerecido. ¿Por qué se me ha permitido vivir este día extra, cuando
otros, mucho mejores que yo, han muerto? ¿Será acaso que han cumplido su
propósito mientras que el mío está aún inconcluso? ¿Es ésta otra oportunidad de
convertirme en el hombre que yo sé que puedo ser? ¿Existe un propósito en la
naturaleza? ¿Es éste mi día para distinguirme?
Viviré este día
como si fuese el último de mi existencia.
Tengo tan sólo
una vida, y la vida nada es sino una medida del tiempo. Cuando malgasto una
destruyo al otro. Si malgasto el hoy destruyo la última página de mi vida. Por
lo tanto, trataré con ternura y afecto cada hora, porque no retornará jamás. No
puede conservarse hoy para ser usado mañana, ¿quién puede atrapar al viento?
Asiré con ambas manos cada minuto de este día y lo acariciaré con afecto puesto
que su valor es incalculable. ¿Qué hombre moribundo puede comprar el hálito de
otro aunque esté dispuesto a dar por él todo su oro? ¿Qué valor asignaré a las
horas que me quedan? Las consideraré inapreciables.
Viviré este día
como si fuese el último de mi existencia.
Eludiré con
ahínco a todo aquello que mata el tiempo. A la indecisión destruiré con la
acción; sepultaré las dudas bajo la fe; el temor destruiré con la confianza. No
escucharé a los labios ociosos; no me quedaré donde hay manos ociosas; a
personas ociosas no visitaré. De aquí en adelante sabré que el cortejar la
ociosidad equivale a robar alimentos, ropas y calor de aquellos a quienes
amamos. No soy ladrón. Soy un hombre que siente cariño en su corazón y hoy es mi
última oportunidad de demostrar mi cariño y mi grandeza.
Viviré este día
como si fuese el último de mi existencia.
Los deberes de
hoy cumpliré hoy. Hoy acariciaré a mis hijos mientras son niños aún; mañana se
habrán ido, y yo también. Hoy abrazaré a mi mujer y la besaré dulcemente; mañana
ya no estará ni yo tampoco; hoy le prestaré ayuda al amigo necesitado; mañana ya
no clamará pidiendo ayuda, ni tampoco yo podré oír su clamor. Hoy me sacrificaré
y me consagraré al trabajo; mañana no tendré nada que dar, y no habrá nada que
recibir.
Viviré este día
como si fuese el último de mi existencia.
V si es mi
último día, será mi monumento más grande. Este día haré el mejor de mi vida.
Este día aprovecharé los minutos hasta su máximo. Lo saborearé y daré gracias.
Aprovecharé Indas las horas y a los minutos canjearé solo por algo de valor.
Trabajaré con más ahínco que nunca y exigiré a mis músculos hasta que pidan el
alivio, y aún así continuaré. Haré más visitas que nunca. Venderé más mercancías
que nunca. Ganaré más oro que nunca. Cada minuto de hoy será más fructífero y
fecundo que las horas de ayer. Mi último día deberá ser mi mejor día.
Viviré este día
como si fuese el último de mi existencia.
Y si no lo es,
caeré de rodillas y daré gracias.