Esa noche hablé con los
apóstoles quienes aún luchaban con los verdaderos significados de mi mensaje y
mi misión. La mayoría de ellos aún creía que yo era el Mesías y que, en cierto
punto, podía reclamar mi derecho al trono de David. Y no era verdaderamente
posible que ellos comprendieran por qué fui a Jerusalén, sabiendo que sería
arrestado. Y ellos no podían descifrar por qué yo debería abrirme mi a mismo
al sacrificio de mi vida.
Cómo podría esperar que
ellos comprendieran los que tan pocos comprenden en este día: Que, en un
cierto punto, yo sabía que enseñando solo no sería suficiente. Que los
milagros no serían suficientes. Que un gran ejemplo de perdón y de poder del
Padre/Madre debía ser exhibido. Una profunda demostración del poder del Amor
sería necesaria.
Esa noche Judas se
escabulló de sus hermanos y fue al clero de Jerusalén y me ofreció para ser
capturado.
¿Por que Judas hizo
esto? Tal como en el caso de todos quienes participaron en mi misión, existía
un acuerdo del otro lado del velo para actuar los roles que cada uno actuaría
en la Tierra. Judas eligió uno difícil. Pero ¿fue su traición para conmigo
ordenada previamente? Nada está previamente ordenado, mis hermanas y hermanos.
El libre albedrío siempre va a compartir el escenario. Pero una vez que las
elecciones están hechas, entonces son tomados senderos de los cuales, a
menudo, es demasiado difícil salir. Y, entonces, los destinos son alcanzados.
Pero si Judas no me hubiera traicionado, otro sendero me hubiera conducido a
mi muerte. ¿Es posible que mi ministerio pudiera haber continuado y florecido
y que yo pudiera haber muerto cómodamente en mi cama, como un hombre viejo?
Tal vez, ¿rodeado de una esposa y un hijo? Si. De hecho existe un mundo en la
Mente de Dios donde exactamente ese sendero fue escogido. Pero pronto se
volvió claro que ese sendero no iba a ser este sendero. Y entonces, yo iba a
ser traicionado. Judas, el celote, se había vuelto frustrado y, eventualmente,
desencantado con mi mensaje. El quería un cambio ahora. Un cambio político.
Cuando no me proclamé a mi mismo el Mesías en Jerusalén, fue demasiado para
él. El hizo su elección de tomar otro sendero, un sendero que ni siquiera él
sabía a dónde iba a conducir.
El jueves antes de la
Pascua judía, yo informé a los apóstoles que tendríamos una cena de Pascua esa
noche mejor que el viernes, como estábamos acostumbrados. No les conté que yo
sabía que sería arrestado el viernes. Conseguimos la sala de arriba de la casa
de la madre y del padre de Juan Marcos. No se sirvió cordero. A pesar de que,
en ocasión, comería carne si sirviera a mi propósito, nunca di mi bendición a
la costumbre de la matanza del cordero.
La atmósfera era
sombría, el aire, pesado. El silencio, espeso. Traté de animar a mis
compañeros recordando todas las aventuras que habíamos compartido, el dolor y
la alegría y las luchas que habíamos compartido, la risa y la música y la
danza que habíamos compartido. Esto sirvió para aligerar sus cargas,
considerablemente.
El vino fue servido. Mi
copa estaba alzada. “Cuando beban de esta copa, bébanla en mi recuerdo. Fluye
con el Único Espíritu que nos ata a todos¨. Entonces el pan fue roto. “Cuando
coman este pan, es el pan de la vida. Cómanlo en gratitud al Único Dios por
todo lo que les ha sido dado en este mundo material.” Luego, llené el cuenco
con agua y me preparé para lavar los pies de mis apóstoles, todos ellos
estaban en shock. Al principio ellos se rehusaron, pero yo lo aquieté. “Mis
hermanos, hemos pasado a través de muchas cosas juntos. Yo los he observado a
todos estos tres años pasados y los he amado y admirado a cada unos de
ustedes. Y cada uno de ustedes, en su propia forma, ha tratado de estar a mi
lado derecho, se ha preguntado dónde deben estar posicionados dentro del reino
venidero. Se ha preguntado acerca de las recompensas que les esperan por
servirme.” Me moví hacia los pies de los otros apóstoles, los lavé y continué:
“Mis amados, todos son iguales en el reino de Dios. Cada uno sirve al otro,
alegremente.” Finalizando, me paré: “Si van a continuar mi enseñanza, deben
liberar el mundo material que sostienen Hónrenlo, celébrenlo, pero no dejen
que los posea porque es toda una gran ilusión la cual los mantendrá alejados
de las grandes verdades. Confíen en el Uno Quien Me Envió para cuidar sus
necesidades. Tengan fe. Sean un ejemplo de fe, la cual será probada en los
días que vienen. Sírvanse alegremente los unos a los otros. Sirvan con el
corazón lleno y con una mano abierta. Y yo estaré a vuestro lado. Siempre.
Esto, mis amados, les prometo.”
Entonces, me dirigía a
Judas: “Lo que debas hacer, hazlo rápidamente.” Un Judas asustado se paró de
la mesa y salió corriendo, para consternación de los otros.
Estos eran todos buenos
hombres, algunos más confundidos acerca de sus vidas que otros, algunos, tal
vez, un poco más perdidos. Cada uno se unió a mi sin conocer qué estaba por
venir. Cada uno se sacrificó – tal como lo hicieron sus esposas y familias –
por algo nunca visto o escuchado antes. Ellos dudaron. Ellos se cuestionaron.
Ellos, a menudo, se enfurecieron. Cada uno poseía maravillosas fortalezas y
muy humanas debilidades. Pero cada uno, en su propia forma, creía
profundamente. Ellos temían por mi. Ellos buscaron protegerme. Ellos me
amaron. Y luego de mi muerte, ellos lloraron por mi. A mi regreso, ellos
temieron nuevamente, luego se regocijaron. Y luego, cada uno se fue por su
cuenta, ofreciendo la enseñanza a los descreídos y a los odiosos, sometiéndose
a la humillación y al ridículo. Pero ellos también alcanzaron incontables
almas esperanzadas, sedientas de consuelo. Y ellos la dieron alegremente,
desinteresadamente. U más de los que quiero mencionar aquí tuvieron muertes
brutales a manos de otros.
Si, ellos me quisieron
amorosamente. Yo, los amé profundamente.
De regreso al campo en
Gethsemani, los apóstoles aún estaban discutiendo los eventos de la tarde,
especialmente la pronta partida de Judas y mis últimas palabras para con él.
Puse Juan, James y Pedro a un lado y me fui a un lugar donde usualmente
orábamos, y los dejé para ser yo mismo, y ellos pronto estaban dormidos.
Hasta este día, yo
todavía no estoy seguro de por qué los traje conmigo, excepto que una tristeza
se estaba trepando sobre mi, yo me estaba sintiendo solo y necesitaba
compañía. A pesar de que mi sendero era claro y mi decisión final. Todavía no
estaba buscando lo que estaba adelante mío. Ser un espíritu encarnado es un
gran regalo, y una carga difícil. La riqueza de la vida es encontrada en la
interacción de la alegría y la pena y yo no era inmune al dolor del corazón. Y
así me fui yo mismo para pedir orientación y me encontré a mi mismo embargado
con la emoción por todo lo sucedido y todo lo que estaba por venir. Sentí las
cargas del mundo sobre mi, y también las mías propias, cargas emocionales y
preguntas: ¿Había sido exitoso? ¿Habían sido plantadas suficientes semillas?
¿Recordaría alguien algo de lo que había tratado de hacer? ¿Habría sido todo
en vano? Yo también, tenía mis momentos de duda en el Plan Divino. Y entonces
pedí a la Madre/Padre: “Si no es Tu Voluntad, por favor saca esta taza amarga
antes de que yo beba. Si hay otra forma de servir, que yo lo sepa.” Dos veces
más pedí mientras que el perfumado aire de la noche susurraba más allá de mi,
mientras las estrellas arriba iluminaban la oscuridad, mientras la tibia
tierra descansaba debajo de mi. Y la respuesta se estableció acerca mía como
una capa reconfortante. La paz llenó mi corazón y calmó mi mente. Y fui
dentro, mis ojos se cerraron, y lo vi todo, el Plan. Mi sendero. La parte que
yo jugué. La parte que todos nosotros jugamos. Vi los eones expendiéndose ante
mi. Vi las sutiles y finas interconexiones, las sombras iluminadas por la luz
más brillante, la luz más brillante entrelazada con la oscuridad. Sentí el
dolor convirtiéndose en alegría convirtiéndose en paz. Yo vi la pelea
convirtiéndose en equilibrio, convirtiéndose en armonía, convirtiéndose en
Unidad .Vi la perfecta imperfecta perfección de la creación. Y de la muerte
vino en nacimiento. De la oscuridad vino la Luz. De la pena vino el Amor.
Me desperté. Judas llegó
con un guardia romano. Nuestros ojos se encontraron, Los mismos ojos de Judas
llenos de miedo y consternación y arrepentimiento y rabia. Encontré sus ojos
con paz a medida que el se adelantaba y dubitativamente situaba un beso en mi
mejilla, la completa traición. El retrocedió y desapareció en la noche
mientras el capitán se adelantaba, “¿Es usted Jesús de Nazaret?” “Yo soy el
hombre que usted busca.”
El pobre Judas, quien
había tomado el rol del traidor, ese niño atemorizado dentro de cada uno de
nosotros, quien, sintiéndose sin poder en un mundo que no comprende y por el
que se siente traicionado, golpea inutilmente hacia afuera y sucesivamente, se
vuelve el traidor del ser. El fue a reunir su recompensa, ya con el sabor de
la victoria agriándose en su boca, insistiendo que no lo hizo por el dinero
sino por la causa, en la cual el creía profundamente. Su compás moral se
estrelló contra las rocas de sus miedos, luego el tropezó en las oscurecidas
calles, farfullándose a sí mismo incoherentemente, encontrándose a sí mismo al
borde de un abismo. Donde se colgó a sí mismo desde la marchitada rama de un
árbol. Con su último aliento el pidió perdón.
Tal vez, si Judas
hubiera comprendido que su perdón ya estaba asegurado, tal vez, si el se
hubiera dado cuenta completamente del amor dentro de él y del amor que el
ofrecía, el hubiera elegido un sendero diferente.
Judas fue mi hermano. El
aún lo es.
Mientras comenzaba a
irme con el guardia, Pedro levantó su espada. Lo paré con mi mano. “Pedro,
aquellos que a espada viven, por la espada mueren. ¿Piensas que estos soldados
tienen algún poder sobre mi? ¿No sabes que yo podría llamar a todas las
Legiones de mi Padre y ser liberado en este instante? Esto lo hago por mi
propio acuerdo, libremente. Ahora, Pedro, haz lo que debes libremente.” Y me
fui, lágrimas llenando los ojos de Pedro, Pedro, quien también me traicionaría
tres veces antes del amanecer.
No diré que no me
entristeció que Pedro eligió satisfacer su destino diciendo tres veces que no
me conocía. Estos doce eran más que mis hermanos, ellos eran mis amigos. Pero
la desilusión es otra forma de crítica. No era su propósito satisfacer mis
expectativas. Era su propósito hacer lo mejor que pudieran en los tiempos en
que se encontraron a sí mismos. Era su propósito, simplemente, tratar. Y eso
es todo lo que se espera de cualquiera de nosotros.
Porque, mis amados, el
fracaso no solamente es una no opción, no es posible. Todos ustedes cumplirán
con sus destinos. Todos ustedes regresarán al hogar con sus Espíritus
satisfechos. Todos ustedes serán saludados en celebración. Y esto una gran y
una maravillosa verdad.
En este punto, rezo
porque todos me perdonen, pero elijo no entrar en ningún detalle sobre los
eventos de mi varios ´juicios´ mientras era desplazado de lugar en lugar, de
juicio en juicio. La mayoría de lo que ustedes ya conocen es fáctico. No sirve
a mi propósitos ahora adicionar sal a heridas ya sin sanar sobre mi muerte y
sobre aquellos que ustedes creen responsables. Nuevamente, se los digo a todos
y cada uno de ustedes. Los judíos no me mataron. Los romanos no me mataron.
Las muchedumbres gritando en las calles no me mataron. Mi cuerpo fue destruido
por un poder de lo más corrupto. Por el poder nacido del miedo. Por el miedo
nacido del olvido, olvido de que ustedes no están solos. Olvido de que ustedes
son amados más allá de lo mensurable. Olvido de que no existe la muerte, de
que solamente existe la vida.
Y es con gran
arrepentimiento que lo que voy a decir próximamente va a causar un cierto
grado de incomodidad, tal vez, aún rabia, y esa no es mi intención. Pero la
simple verdad es, mis amigos, yo no soy ahora un judío. No soy ahora un
cristiano. Nunca fui cristiano. Esa es la religión que saltó de los corazones
y de las mentes de otros. Yo no acepto etiquetas que separan. No acepto
divisiones. No acepto paredes ni cercas, cualquiera sea la forma que tomen.
Y mis queridos, dulces,
amados hermanas y hermanos, yo no morí por vuestros pecados. Lo que ustedes
llaman pecados son las más grandes herramientas que ustedes tienen para
aprender y para crecer, para comparar experiencias y para hacer mejores
elecciones. Sus “pecados” – sus luchas y desafíos y debilidades – son sus más
grandes regalos porque es a través de estas experiencias que los hijos e hijas
de Dios se convierten en Co Creadores con la Fuente de Todo Lo Que Es. Así es
como ustedes reclaman su derecho de nacimiento.
Y si, fui juzgado
injustamente y fui golpeado injustificablemente en manos de otros, como
usualmente, lo son ustedes por su sociedad, su cultura, su herencia y por
ustedes mismos. Y si, sangré, tal como ustedes. Y si, sentí la puntada de
dolor porque ser humano es sentir dolor. Si, llevé mi cruz tal como todos
ustedes llevan la suya, nuestras cruces de culpa y vergüenza y falta de auto
valoración y de miedo. Y si, como ustedes, fui ayudado a lo largo del camino
por extraños quienes me dieron de beber, quienes ayudaron a llevar mi carga. Y
como ustedes, llegué a mi noche oscura del alma, donde fui crucificado sobre
las ilusiones del mundo material, crucificado ante otros a quienes nunca había
conocido en mi vida, quienes vivían en sus bordes oscuros, pero quienes,
ahora, estaban de mi lado como iguales, como hermanos, crucificados sobre sus
propias ilusiones. Cada uno de nosotros sedientos de verdad y de amor y de paz
y no siendo dadas a nosotros desde este mundo de ilusiones.
Así, como cada uno de
nosotros, eventualmente, vamos gradualmente hacia adentro, cuando el mundo
exterior nos abandona, hacia las regiones no exploradas de nuestro corazón
donde la luz irrumpe como el atardecer sobre la noche. Y si, morimos por
nuestros miedos,, para ser, eventualmente sacados de nuestras cruces y
llevados sobre los hombres de nuestras familias y amigos y delicadamente
echados a descansar. Y nosotros descansamos. Y en nuestro descanso nos
rendimos a algo más grande que nosotros mismos, dejamos ir todo lo que
pensamos que era real. Y nosotros esperamos por la oscuridad. Pero no viene.
En cambio, una gran Luz penetra las nubes y somos entibiados y somos
despertados. Y vemos – no cielos hechos por nosotros- sino a nosotros mismos
como verdaderamente somos: Luz sobre Luz, Color sobre Color, Amor sobre Amor.
Abrazamos y somos abrazados. Cantamos y somos cantados. Nos planteamos la
Mente de Dios y vemos – no a Dios – sino a nosotros mismos reflejados, y
nosotros estamos deslumbrados por nuestra propia magnificencia.
Mi madre terrena, María,
Ruth, Jude y Juan estaban ahí conmigo. Me entristeció que tuvieran que ser
testigos. Cuán doloroso es esto para una madre. Para una hermana. Para un
hermano. Para un amigo. Les ofrecí una sonrisa reconfortante, pero consolar
sus corazones no fue posible.
El cielo se volvió
oscuro, lleno de una fina arena que sopló desde el desierto. Y un profundo
silencio llegó. La Tierra entera se silenció con dolor, no simplemente por mi
muerte venidera, sino por las oportunidades perdidas y las posibilidades para
la humanidad, oportunidades y posibilidades que serían, ahora, aplazadas para
una futura realización.
Por qué dije: “¿Padre,
por qué me has abandonado?” Porque aún yo, tal como todos ustedes, deben, en
algún punto, sentir la profundidad de la soledad, esa noche oscura del alma,
cuando cada pensamiento oscuro es recordado y cada miedo es enfrentado. Es la
graduación final que cada alma terrena debe experimentar para liberarse a uno
mismo de la adicción de la materia, la ilusión del miedo. Y debe ser
enfrentada en soledad. Pero, por supuesto, uno nunca está verdaderamente solo.
Y pronto la noche se levanta, y el nuevo amanecer irrumpe, y los ángeles del
cielo cantan, regocijándose en el regreso a casa de otro hijo de Todo lo que
Es.
Permítanme tal solo esta
nota de consuelo referente a estos eventos: Yo no sufrí. Yo había aprendido
tiempo atrás a dominar mi mente y mi cuerpo Yo podía abandonar al mismo a
voluntad.. La muerte y el dolor no eran mi propósito. La resurrección lo fue.
Y ahora lo que yo
ofrezco, lo ofrezco con una suave dulzura, y no de manera de ofender, aunque
estas palabras podrían hacerlo. Traten de sentir más allá de las palabras, al
amor dentro de ellas.
Sáquenme de la cruz, mis
hermanas y hermanos. Mis amigos. Es un símbolo de lo que fue, no de lo que es.
Bájenme de la cruz en sus propios corazones. Denle la espalda a la muerte y a
la oscuridad. Vuélvanse a la Luz y al Amor y a la Compasión. Miren hacia un
nuevo símbolo de vida. Miren al círculo que se completa a si mismo y que es
siempre renovado. El círculo el cual contiene todo, el cual nunca termina y
siempre comienza.
Sáquense a sí mismos de
la cruz.
“Padre, en tus manos me
encomiendo a mi mismo.”
José de Arimatea y
Nicodemus, fueron con Pilatos a recibir el permiso para sacar mi cuerpo para
el entierro. Fue concedido. Mi cuerpo fue enterrado en una tumba esculpida de
roca sólida, perteneciente a la familia de José. En la mañana del domingo,
María Magdalena, Marta, Joana y Rebecca se escondieron en la tumba con hierbas
especiales y aceites para ungir mi cuerpo. Para su horror, ellas encontraron
la sólida roca removida y la cámara de entierro vacía. María se corrió de la
entrada y caminó hacia un lado con pena, cuando una voz la llamó, “María.”
Ella viró hacia quien ella pensó que era un extraño, ya que no lucía como yo
mismo. Pero ella reconoció mi voz y mi mirada fija y mi sonrisa. Y ella lloró
con alegría mientras se arrodillaba. “Levántante, María. No llores. Me levanté
como dije que lo haría. Y todos ustedes deben hacerlo.” Ella se paró con las
piernas temblorosas, alcanzándome. “No debes tocarme. Aún no he ascendido.” Mi
cuerpo energético estaba en un estado de alta vibración, tocarlo hubiera sido
perjudicial para ella. “Ve con mis apóstoles y cuéntales que me he levantado.
Cuéntales que me reuniré con ellos en breve.” Lágrimas de felicidad bajaban
por sus mejillas, mi amada María corrió a contarles a los otros.
Por supuesto, mis
apóstoles no le creyeron. Pero pronto aparecí ante cada uno de ellos
individualmente y les dije que la muerte no es un final sino una entrada. “Yo
soy la Puerta, mis hermanos. Yo les he mostrado el camino. Ahora ustedes deben
convertirse en la Puerta, y mostrarles a otros, para que ellos, sucesivamente,
puedan convertirse en la Puerta. ”
Y les digo a todos y
cada uno de ustedes ahora: Ustedes son la Puerta, Ábranse a sí mismos
extensamente.
Yo vine todos aquellos
años atrás para ayudarlos a recordar.
Recuerden ahora
Así es. Y así será.
Mundos sin fin. Vida eterna.