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YESHUA
YESHUA– Parte 2
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Déjenme ahora
presentarles a mis maravillosos y terrestres padre y madre, José y María. José
no era un descendiente directo de la Casa de David como ha sido sugerido. Uno de
sus ancestros fue un huérfano adoptado por otro ancestro, quien era descendiente
en línea directa del Rey David. María venía de una impresionante línea de
mujeres fuertes. Tanto José como María estaban bien educados para su época.
María era también una tejedora experimentada y José, por supuesto, un carpintero
maravilloso. Y una cosa más, tanto María como José fueron educados también en
temas espirituales por los Esenios, una sociedad estoica que vivía no muy lejos
de mi hogar, y que entendía, practicaba y enseñaba las Grandes Verdades.
María y José se conocieron cuando José fue empleado por el padre de María. Él se
quedaba ahí, trabajando duro en un banco bajo la parcial sombra de un árbol de
olivo, sediento en el sol ardiente. Ella tomaba una taza de agua del aljibe,
llevándola cuidadosamente de modo de no derramar nada, y la ofrecía a él, con
sus ojos mirando al suelo. Al principio. Pero a medida que los días pasaban y
las tazas de agua eran ofrecidas, los dedos se tocaron y se demoraron, los ojos
se levantaron y sonrisas fueron ofrecidas. Encontrar al amado y al revoloteo del
corazón es una de las grandes bendiciones de toda la creación, y es igual a lo
largo de todo el Universo de universos. Y en eso, queridos, yo encuentro un gran
consuelo. Luego de un cortejo usual de dos años, ellos se casaron, en la fe
Judía, en la casa de María en las afueras de Nazaret.
Ellos se mudaron a una casa pequeña, de un ambiente, que José había construido,
con muebles simples. La casa estaba en la ladera de una colina baja, con vista a
un hermoso valle. Detrás de la casa había un área cubierta para los animales y
para el horno de barro y el granero. De joven, me levantaba temprano, antes de
que el sol saliera, y caminaba hasta la cima de una colina cercana. Me sentaba y
esperaba que aquellos primeros rayos del sol de la mañana se alzaran sobre el
horizonte, las saetas de las llamaradas blancas y doradas bendiciendo los
valles. Incluso a esa edad, sentía una gratitud natural por la belleza y la
magnificencia y la perfección de la vida. Saludaba al sol con la mano, volvía y
comenzaba los quehaceres diarios de alimentar a los animales, limpiar la paja,
guardar los granos y desempolvar, siempre desempolvar. Pero yo amaba eso. Todo
eso. Simplemente se sentía bien estar vivo, el tener músculos para trabajar con
ellos, y sentidos con los que abrazar la vida.
En Marzo del año de mi nacimiento, César Augusto decretó que se tomaría un censo
de todos los habitantes de Judea con propósitos impositivos. Como sucede
comúnmente con una pareja joven, José y María luchaban económicamente y tenían
solamente un burro, entonces María y José hicieron el viaje a Belén, así como lo
habrán visto pintado incontables veces, José llevando al animal y María,
embarazada de mí, montada encima. Y sí, el viaje fue duro y caluroso y
polvoriento y ellos se encontraron entre cientos de otros que hacían el mismo
viaje. Y sí, todos los alojamientos en Belén estaban completos, y sí, ellos
encontraron refugio en un pesebre, pero los pesebres no eran exactamente lo
mismo que los establos.
El ganado era una posesión valiosa y los pesebres eran bastante limpios, y
usualmente eran usados por los viajeros para dormir. Yo nací en el “cuarto de
arriba” de uno de esos pesebres, que era muy parecido a una posada, llena de
peregrinos fatigados por el camino. Una verdad maravillosa que mi nacimiento
simbolizaba era que podían surgir grandiosas posibilidades de las situaciones
más humildes. Vine al mundo naturalmente, a las doce del mediodía, y como todos
ustedes, a través de la fuerza de una madre y con la asistencia de varias otras
mujeres viajeras que también estaban parando en el pesebre.
El Rey Herodes de esa época era un típico regente que no quería que su poder
fuera amenazado. Qué raro. Él estaba al tanto de las predicciones astrológicas
de mi nacimiento, un nacimiento que los Judíos anunciaban como la venida de un
Mesías que los liberaría de su esclavitud. Herodes se tomó esto bastante
seriamente, y cuando se enteró de la llegada de los tres Magos, supo que el
evento había ocurrido. Como mencioné anteriormente, a los Magos les llevó más de
un año alcanzarme luego de haber visto la alineación planetaria por primera vez.
Pero los Magos habían sido advertidos, por una presencia angélica, de los
futuros planes de Herodes de ver al posible Mesías destruido, y entonces, con el
regalo del oro, ellos guiaron a mi padre y a mi madre para que huyeran conmigo a
Egipto. Habiendo fracasado en su intento por encontrarme durante ese año,
Herodes simplemente hizo el cálculo que para deshacerse de mí, solamente tenía
que mandar a matar a todos los niños varones de dos años y menos que hubieran
nacido en Belén. Lógica política en su más fría expresión.
“Pero los Magos habían sido advertidos, por una presencia angélica...” Ven cómo
deslicé eso dentro de la narración de los hechos concretos? Sí mis dulces
amigos, hay ángeles en el universo. Tienen alas y llevan blancas vestiduras? Si
ustedes quisieran... Son masculinos y femeninos? No. El reino angélico es otra
dimensión de la creación. Ellos son los... arquetipos de la expresión energética
de la inteligencia. Ellos son la conciencia Divina pintada en las pinceladas más
amplias. Ellos son los ángeles de la Sabiduría, de la Paz, de la Piedad, del
Conocimiento, de la Fe y así. Sobre ellos se encuentra el Reino Arcangélico, que
son la primera extensión individualizada de la Conciencia del Creador. Ellos no
son seres personales, aunque están llenos de inmenso amor y compasión por toda
la creación. Ellos existen solamente para servir a la Fuente, y a su vez, a
ustedes. Y sí, cada uno de ustedes tiene una presencia angélica guardiana que se
vinculó a ustedes cuando se separaron al principio de la Fuente. Y adivinen que
– incluso las hadas y los elfos existen, aunque tal vez, no exactamente como los
representó el Sr. Disney.
Estoy seguro de que hay más de los que quisieran admitirlo, que han tenido un
encuentro con uno de estos maravillosos seres. Bien. Deja que todos los demás te
llamen loco. Tu sabes. Hay un dicho antiguo de una gran sabiduría: “Como es
arriba, así es abajo”. Piensa en ello. Recibirás un gran discernimiento acerca
de la naturaleza del universo. Habiendo sido advertidos de los planes de
Herodes, María y José me ocultaron en Alejandría, Egipto, muy pocos sabían
nuestras verdaderas identidades. Con la noticia de la muerte de Herodes dos años
después, embarcamos hacia Joppa y luego viajamos por tierra hasta Nazaret.
Yo tenía alrededor de tres años cuando, cuatro días más tarde, llegamos de
vuelta a nuestro hogar, que había sido ocupado por otros parientes de José.
Pronto José tenía trabajo seguro como carpintero y todos nosotros nos
establecimos en una vida normal, y bastante feliz.
Nazaret era un lugar retirado, un remanso, si quieren. Con el tiempo había
desarrollado una reputación – no merecida – de ser un pueblo lleno de
“pobretones” donde el aburrimiento era el pasatiempo local. Pero yo lo recuerdo
como todo lo contrario. Tal es el regalo de la niñez: una pequeña piedra en la
palma de la mano es una poderosa arma para abatir a un gigante; un vecino
solitario, el destronado rey de Persia! Las acequias eran rugientes ríos y los
montículos de canto rodado impenetrables fortalezas. Y los colores y los aromas!
Granadas abiertas en el sol del mediodía, escarlatas y jugosas.
Dátiles cocidos, pegajosamente dulces y con sabor a nueces. Jazmín y comino y
miel dorada. Aceitunas negras, ricas y penetrantes y el vino rancio color rojo
rubí. Y las personas - ¡sus rostros! Nazaret estaba en medio de varias rutas de
comercio y cada día pasaban extranjeros de todos los rincones del mundo con sus
magníficos animales, deslumbrantes tejidos y especias aromáticas. Roma, Grecia.
Fenicia. Siria. Los idiomas y los tupidos acentos. Las fuertes carcajadas y los
regateos belicosos. ¡Y las historias! ¡Las historias! Ciertamente no importaba
si eran verdaderas, al menos no para un sorprendido niño de cinco años. Cuentos
de batallas distantes y monstruos feroces y opulencias arruinadas.
Nazaret. Nazaret. Nazaret. ¡El centro mismo del mundo! También fue de esas
caravanas viajeras que aprendí mucho de la sabiduría y la fe popular mundial,
todas las millones de formas en que la familia humana había elegido expresar su
profunda necesidad de conectarse con algo más grande que ellos mismos.
¡Fascinante! Intrigante. Algunos, un poco enervantes. Aún así, todos sinceros a
su modo.
Yo era lo que ustedes hubieran llamado... precoz. Amaba hacer preguntas. Tenía
sed de conocimiento como tienen sed las profundas raíces de las palmeras del
ardiente desierto. Y los hombres – y mujeres – instruidos de todas las razas y
credos vieron en mi esta curiosidad insaciable y a menudo se quedaban un poco
más de tiempo, más allá de sus partidas programadas, para nutrir mis deseos.
Pero también es tiempo de aclarar que mi niñez no era diferente en ningún modo a
la de mis otros niños amigos – Sí, yo tenía compañeros de juegos tal cual como
todos ustedes los han tenido. Y jugábamos juegos de escondidas y chillábamos
fuerte y nos pelábamos las rodillas y generalmente irritábamos a los adultos tal
como hoy en día. Tal vez yo era un poco más serio y estudioso, pero..........
¿Sabían ustedes que yo tuve hermanos y hermanas? ¿Que yo era uno de ocho? Es
verdad. Las familias numerosas eran necesarias para la supervivencia. James
nació en Abril de mis cuatro años, Miriam en Julio de mis cinco. Simón nació en
Abril de mis siete años y Marta en Septiembre de ese mismo año. El año
siguiente, en Junio, nació Jude y dos años más tarde nació Amos en Enero. Y Ruth
nació un año más tarde. Ese año resultaría ser uno de los más tristes de mi
juventud.
Como se acostumbraba, María vigiló mi educación hasta que tuve cinco años,
momento en el cual José tomó la posta. Rápidamente aprendí Galileo y Arameo y
Griego y luego servía en una escuela local que estaba pegada a una sinagoga. Mi
graduación fue significativa, siendo el primer hijo varón; fui anunciado como el
“hijo del Mandato”.
Un evento importante ocurrió durante este tiempo que tendría un profundo impacto
en mi futuro: me encontré con Juan el Bautista por primera vez, no en el Río
Jordán, como dos hombres, sino en el patio trasero de mi casa, como dos niños.
Mi madre, María, pertenecía a un linaje de una numerosa familia que incluía a
Elizabeth y a Zacarías, el padre de Juan, quien pertenecía al sacerdocio Judío.
Tanto Zacarías como Elizabeth habían sido advertidos en una visita angélica que
su hijo anunciaría una nueva fe y en su momento prepararía el camino para uno
que todavía estaba por venir. Así que la primera vez que Juan y yo nos
encontramos fue cuando ellos vinieron de visita durante mi sexto año de vida.
Forjamos una amistad instantánea, sospechando poco de nuestros convergentes
futuros cuando nos separamos.
Los pocos años siguientes pasaron sin eventos relevantes. José pasaba mucho
tiempo fuera de casa en varios trabajos en Cana, Belén, Sepphoris, Capernaum.
Cuando mi hermano James creció lo suficiente como para ayudar a nuestra madre,
yo podía viajar con José y experimentar más el mundo fuera de nuestra pequeña
comunidad. También aprendí el arte de la carpintería y disfrutaba a fondo el
hecho de transformar madera tosca en tazas, cazuelas y platos.
Cuando cumplí siete, comencé mi educación formal en las escuelas de las
sinagogas en Nazaret, donde aprendí a leer, escribir y a hablar Hebreo. Mi vida
escolar era como cualquier otra; tenía mis días buenos, y tenía mis días menos
que exitosos. Jugaba con compañeros de la escuela y ocasionalmente me encontraba
confrontado, como les sucede a todos los niños tarde o temprano, por otros niños
a quienes sus desafiantes vidas hogareñas les fomentaban una agresiva falta de
amor propio. Pero yo instintivamente sabía que esos niños no me estaban
afrentando a mí, sino a aquellas vidas sobre las que no tenían control, a las
tristes traiciones de su propia niñez y a su demasiado temprana pérdida de la
inocencia. Los amaba mucho a todos, y como yo me negaba a engancharme en sus
energías destructivas, ellos pronto siguieron de largo. Un comentario acerca del
manejo de la ira: No la manejen. Deslíguense de ella. Es una energía que se
alimenta – literalmente – de energía similar. Si no la alimentas, su poder se
apaga, tal cual como si hubieras desenchufado un cable de la pared. Sin embargo,
si estás enojado, no lo ignores o lo confrontes, eso solamente lo hace más
fuerte. Reconócelo honestamente. Respira profundo, y luego haz lo mejor que
puedas para liberarlo.
Fue en esta época en la que también aprendí a pescar. Cuando había terminado mis
faenas, me iba temprano a encontrarme con los pescadores y salíamos en sus
espléndidos botes, sobre las aguas calmas, la luz del sol relampagueando en las
suaves ondas, los peces asomando a la superficie, atrapando los insectos.
Arrojábamos las redes y las recogíamos lentamente, hirviendo de peces. Estos
pescadores hacían muecas, a menudo sin dientes y con bigotes blancos, la piel
bronceada hasta quedar como pergaminos, bajo el sol ardiente. Ellos se reían, y
me palmeaban en el hombro y cantaban canciones que solamente los pescadores
cantan. Y yo estaba en la gloria. También aprendí a tocar música en el arpa de
un vecino y fui introducido a las alegrías del baile en los festivales locales.
¿Cómo es que llegaron a la conclusión de que yo era un hombre agrio y solemne?
“El hombre de las penas.” Yo les digo, hermanos y hermanas, ¡que yo amaba
danzar! ¡Yo amaba cantar! ¡Amaba pescar y nadar y jugar con mis amigos! ¡Amaba
escalar las montañas cercanas y chapotear en los arroyos impetuosos! Mis amigos,
¡yo estaba enamorado de la vida! ¡Cada día era nuevo para mí! ¿Eso me hace tan
especial? ¿No puede cada uno de nosotros simplemente decidir amar la vida?
¿Simplemente elegir sonreír y reír y comportarse como niños? ¿Quién nos detiene
de vivir la vida potentemente? ¿Nuestro empleador? ¿Nuestra esposa? ¿Nuestros
niños? ¿Nuestras cuentas?
Yo les digo con un inmenso, inmenso amor, mis compañeros, nosotros somos los
únicos que nos privamos a nosotros mismos de la felicidad. Somos los únicos que
estamos decidiendo, incluso ahora, sonreír o no sonreír. Sonrían, mis queridos,
rían y dancen y jueguen y canten y háganse cosquillas los unos a los otros y
hagan el amor apasionadamente y respiren profundamente las alegrías y los
desafíos de la vida. Les digo verdaderamente, el paraíso no está esperando por
ustedes cuando se mueran, el paraíso está justo aquí, justo ahora. Todo lo que
tienen que hacer es abrirse para recibirlo.
Y luego llegó! Mi cumpleaños de trece! No puedo, me temo, transmitirles
adecuadamente lo que este día significaba para cualquier hombre joven de la fe
Hebrea, especialmente en mi día. Fue el día en que me convertí en un hombre.
Todo cambió ese día. Vuestro ritual moderno de darle las llaves del auto
familiar al niño cuando cumple dieciocho, no se acerca ni remotamente! Lo más
importante, era que sería capaz de servir en las Fiestas de la Pascua de los
Hebreos en Jerusalén. Y – sería capaz de sentarme con los hombres en los templos
y participar en las sabias discusiones de los textos sagrados.
Así que comenzamos el viaje de cuatro días, encontrándonos con una multitud de
peregrinos en su camino a la Fiesta. Puedo solamente suponer que encontrarse con
un desfile de un circo por primera vez, puede aproximarse a sugerir los colores
y aromas y sonidos y risas y cantos y expectación del viaje. Sin embargo, esta
era una peregrinación al corazón mismo de lo sagrado y a medida que nos
acercábamos, el significado espiritual de los próximos eventos se anclaba
firmemente en mi corazón. Y aún así mi mente joven e inocente se devanaba con lo
que yo imaginaba que aguardaba al final del viaje: templos dorados en la cima de
verdes colinas, radiantes en la brillante luz del sol, recortados en un cielo
azul profundo.
Lo que ví me rompió el corazón. El pavoroso amontonamiento de gente, el pregón
de mercaderías, el aire sofocantemente pesado con perfumes e incienso. Y la
sangre. La matanza de los inocentes. Cada familia hacía el sacrificio de un
cordero al dios Jehová. Por supuesto, cada familia tenía que comprar estos
corderos a los sacerdotes. Los sacerdotes mismos se veían más como carniceros
que como hombres santos, sus vestimentas empapadas en sangre. Los pisos del
templo, las escaleras de piedra, los pasillos se extendían, rojos de sangre. El
lastimero grito de los animales. El calor. Las moscas. El hedor a podrido.
Mis queridos, dulces hermanas y hermanos, seguramente ustedes saben ahora que
ningún Padre/Madre mío pidió alguna vez tales actos de barbarismo. El Creador
que yo conozco celebra la vida, la respira. No requiere penitencias. No requiere
actos de sacrificio. Estos son conceptos humanos nacidos del miedo. Créanme
cuando les digo, ustedes nacieron de un Creador amoroso y viven en un Universo
amoroso. Ustedes están rodeados e infundidos con un amor que ustedes no pueden
imaginar en este plano terrestre porque todavía está muy escondido. Pero está
ahí. Alrededor de ustedes incluso ahora. Dentro de ustedes incluso ahora.
Conmovido y repelido por estas escenas de brutalidad y codicia, me alejé del
lado de mis padres en el convulsionado gentío y fui en busca de el verdadero
significado de la Fiesta de Pascuas. Guiado por mi corazón, pronto me encontré
dentro de los cuartos internos del templo, los pequeños, poco conocidos lugares
de encuentro de los Cabalistas. Mi triste corazón revivió para estar en la
presencia de estos hombres sabios.
Quiénes eran los Cabalistas? Ellos eran místicos, rabinos que enseñaban de los
rollos de la Torá. Pero la Cábala era – es - más que simplemente un código de
leyes de conducta. Es una poderosa herramienta para acceder a la conciencia
interna. Es el primer programa de computadora, si quieren, porque dentro de sus
palabras y símbolos están escondidas múltiples capas de realidad, múltiples
redes de información.
Las
palabras tienen poder, mis amigos. Y lo digo literalmente. “En el comienzo fue
el Verbo y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios.” Qué es lo que significa
eso? Las palabras y los símbolos son los medios por los cuales uno atrae de la
Mente Universal el poder de manifestar deseos. Esa es la razón por la cual la
oración es tan poderosa. Porque la oración sentida con el corazón atrae hacia
uno los electrones y las partículas subatómicas de la materia. Las palabras y
los símbolos y los números funden el pensamiento y la intención en la forma, en
la realidad. Pero la llave es la emoción. Digan una oración o un pensamiento sin
convicción y apenas viajará más allá de los labios, difícilmente atraerá a una
polilla. Pero digan una intención con fuerza, con alma, con profundo amor y
moverán el sistema solar entero hacia ustedes.
Hablen con ira y atraerán hacia ustedes la energía de la ira. Hablen con amor y
atraerán hacia ustedes la energía del amor. Y el amor sujeta la estructura del
Universo. Es el pegamento de la naturaleza. El miedo y la ira y el odio expelen
la materia más lejos. La guerra y el crimen son las manifestaciones físicas de
la materia desmembrándose. Ustedes piensan que vuestras manos son las que crean
la realidad. Yo les digo que son vuestras palabras y vuestros pensamientos los
que lo hacen, vuestras manos simplemente los siguen.
Las palabras, los números y los símbolos son meramente la expresión externa del
pensamiento humano. Los pensamientos emiten vibraciones así como lo hacen las
palabras. Y las vibraciones atraen vibraciones similares hacia ellas. Y nace la
materia. Piensen, sientan y hablen de amor y lo tendrán más allá de vuestras más
indómitas expectativas. Piensen, sientan y hablen de miedo y de odio, y ellos
también serán suyos.
Me encontré en mi elemento en los templos internos. Los rabinos hablaban acerca
de la Mente de Dios con tal vigor y placer que yo me encontré sonriendo de oreja
a oreja. Y pronto me encontré incorporándome al los diálogos, y ellos me
aceptaron con más de una insinuación de escepticismo. ¿Quién era este niño que
parecía saber tanto y que podía articular y discutir tan imponentemente?
Como dije, yo era precoz. Pero ellos pronto lograron abrazarme a mi y a mis
ideas con respeto. Amé esos días.
Y dónde estaban mis padres mientras yo estaba tan comprometido? Buscándome como
cualquier pareja de padres amorosos y angustiados. Debo decirles que esta es una
de las veces en las cuales yo podría haber manejado mejor las cosas. Ciertamente
no fue mi intención causarle a mis padres ningún dolor, pero de alguna manera en
la que sólo yo lo entendía, yo ya había abandonado el cuidado de mis padres para
comenzar mi vida adulta. Aún así en mi entusiasmo juvenil, yo olvidé
mencionárselo a ellos. Cuántos padres aquí, y a lo largo de las edades, han
tenido una experiencia similar? La juventud era aún juventud, incluso para mí. Y
me lamento por el dolor que les causé.
Ellos finalmente me encontraron hablándole a los rabinos y a los allí reunidos.
Su conmoción frente a tal visión fue temperada por su furia paterna. Y cuando
ellos me confrontaron para saber dónde había estado, les ofrecí la respuesta
verdadera, pero tal vez no la apropiada: Pensaron que yo no estaría en la casa
de mi Padre siendo de la incumbencia de mi Padre? Aún en la calma, y la
seguridad de esa declaración, tanto María como José sabían que mi tiempo con
ellos pronto llegaría a su fin. Es un momento triste para la vida de cualquier
padre. La vida era buena. Éramos una familia feliz, saludable, apoyándonos los
unos a los otros amorosamente. Pero como todos saben, por cada oscilación del
péndulo hay un retorno, y eso en el mundo de la dualidad y la polaridad, dentro
de cada vida, la alegría será temperada con aflicción. Es la naturaleza misma de
la experiencia humana y yo no era inmune a ella. Recibimos las noticias acerca
de que había habido un accidente en Sepphoris y que mi padre terrestre había
sido gravemente herido. Yo quería desesperadamente ir con él, pero María estaba
embarazada de dos meses de Ruth, y me pidió que me quedara con la familia
mientras James iba con ella. Ellos llegaron esperando lo mejor. José había
muerto durante su viaje. Su cuerpo fue traído a Nazaret donde fue enterrado.
José era una bendición sobre la tierra. Fue una bendición en mi vida. Era un
padre fuerte y un marido amoroso. Un hombre de negocios honesto y un hábil
artesano. Él mantuvo su fe en Dios, en su familia y en su comunidad. Yo lo amé
tiernamente. Lo extrañé inmensamente.
Pero Ruth nació siete meses después, y un gran legado de amor se unió a nuestra
familia. Lamentablemente también, al año siguiente el pequeño Amos murió por una
fiebre. Y la vida sigue.
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