1. Cambia el reloj por la brújula. ¿Qué quieres? ¿Qué pretendes
realizar con tu vida? ¿Cuáles son tus valores? Ningún viento es
favorable para el hombre que no sabe a dónde va. Séneca.
2. Convertirse en protagonista. No ser víctimas, sino
responsables de nuestros actos, dejar de echarle la culpa a
alguien y tomar las riendas de la propia existencia. Hay
personas que "ven la vida pasar" y personas que se implican
y "hacen que pasen cosas en la vida".
3. Aprender a conocerse: Fortalezas y debilidades.
Perder el miedo a saber quiénes somos, a encontrar vaya
usted a saber qué, si miramos dentro. Tenemos que pasar
la vida con nosotros mismos, así que...
4. Saber priorizar: Jerarquía de valores. Sólo el necio
confunde valor y precio (A. Machado)
Hay un proverbio árabe que dice: Quien quiere hacer algo
encuentra un medio. Quien no quiere hacer nada encuentra
una excusa.
5. Saborear el presente: "Carpe diem". Dejar de
funcionar con el síndrome de la felicidad aplazada. El
tiempo y la marea no esperan a nadie. Proverbio zen.
6. Saber "perder el tiempo": Ganar calidad de vida. Tres
frases:
Time is money. B. Franklin.
Una taza es útil por estar vacía. Proverbio zen.
El campo que descansó es aquel que da la cosecha más
abundante. Ovidio.
7. Darle tiempo al tiempo: la creatividad necesita
tiempo. Los sabios suelen pecar de lentos, pues una
mirada atenta obliga a detenerse. Baltasar Gracián.
Darle sitio a la intuición...
8. Saber simplificar: soltar lastre. De los dos: físico
y psicológico. Acumular objetos, cambiarlos sin
necesidad, miedos, culpas, frustraciones, etc.
9. Saber ser paciente y perseverante: ser proactivo y no
reactivo. Organizarse, prever las situaciones, decir no
y poner límites. Madurar significa planificar,
plantearse objetivos y poner los medios para
conseguirlos poco a poco. Vivimos en una sociedad
"adolescente" en la que se evita el compromiso y el
sacrificio.
10. Saber vivir: ser positivo y tener sentido del humor.
El interés principal del hombre no es tanto encontrar el
placer o evitar el dolor, sino encontrarle un sentido a la
vida. Viktor Frankl.
Bienaventurados los que se ríen de sí mismos porque nunca
les faltará un motivo del que reírse (A. Rodríguez)