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LA MAGIA DE LO INTANGIBLE
Lo
que percibimos como materia dura es en su mayor parte espacio vacío con
una estructura de energía que lo atraviesa. Esto nos incluye a nosotros.
Cuando miramos esas estructuras de energía en niveles cada vez más
pequeños, pueden verse resultados asombrosos; cuando rompemos pequeños
aspectos de esa energía, lo que llamamos partículas elementales, y
tratamos de observar cómo funcionan, el acto mismo de observación altera
los resultados, como si esas partículas elementales se vieran afectadas
por lo que el experimentador espera. |
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La materia básica del universo, en su
núcleo, va pareciéndose a una especie de energía pura, maleable a la
intención y la expectativa humanas, como si nuestra expectativa misma
hiciera fluir nuestra energía en el mundo y afectara otros sistemas de
energía.
Vemos el universo contenido en una
energía dinámica única, una energía que puede sostenernos y responder a
nuestras expectativas. Sin embargo vemos que hemos sido desconectados de
la fuente de energía más amplia, que nos hemos desenchufado y que por
eso nos sentimos débiles, inseguros y carentes. Frente a esta
deficiencia, los seres humanos hemos tratado de aumentar nuestra energía
personal de la única manera que conocemos: intentando robarla
psicológicamente a los otros; una competencia inconsciente que se halla
implícita en cualquier conflicto humano en el mundo.
Los seres humanos se tratan con
mucha violencia la cual proviene del impulso que sienten por controlarse
y dominarse unos a otros. Nos preguntamos qué pasa dentro de un ser
humano, qué es lo que lo lleva a controlar a otro; cuando un individuo
se acerca a otra persona y entabla conversación, puede suceder que el
individuo salga sintiéndose fuerte o sintiéndose débil, según lo que
ocurra en la interacción. En las relaciones nos mostramos tan exigentes
que las estamos volviendo casi imposibles; cuando en una relación las
dos partes son demasiado exigentes, cuando cada uno espera que el otro
se adapte a su propio mundo y comparta siempre las actividades que
elija, se produce inevitablemente una batalla de egos.
Parece que los humanos asumimos una
postura manipuladora, independientemente de las singularidades de la
situación o del asunto, nos preparamos para decir lo que haga falta con
tal de imponernos en la conversación. Cada uno de nosotros trata de
encontrar alguna forma de control para mantener así la superioridad en
el encuentro. Si lo logramos, si se impone nuestro punto de vista, en
lugar de sentirnos débiles, recibimos un estímulo psicológico. Los seres
humanos tratamos de superarnos y controlarnos unos a otros no
simplemente por algún objetivo tangible del mundo exterior que tratamos
de lograr, sino por el empuje que obtenemos psicológicamente. Cuando
controlamos a otro ser humano recibimos su energía. Nos cargamos a costa
de otro y esa carga es lo que nos motiva.
Nos sentimos débiles y cuando
dominamos a otros nos sentimos mejor. No nos damos cuenta de que esa
sensación de estar mejor le cuesta caro a la otra persona. Le robamos su
energía. La mayoría de la gente va por la vida buscando constantemente
la energía de otro.
De vez en cuando encontramos a
alguien que, al menos durante un tiempo, nos envía voluntariamente su
energía; alguna otra persona quiere que le definamos su situación,
entregándonos su energía, eso nos hace sentir con más poder, pero es un
regalo que en general no dura. La mayoría de las personas no son
bastante fuertes como para dar energía siempre. Por eso gran parte de
las relaciones acaban convirtiéndose en luchas de poder. Los seres
humanos se conectan por la energía y después se pelean por quién va a
controlarla. Y el perdedor es el que siempre paga las consecuencias.
Dominar a otros hace que el
dominador se sienta poderoso e inteligente, pero absorbe la energía
vital de quienes son dominados. No importa que pensemos que lo hacemos
por el bien de la persona, o que son nuestros hijos y que por lo tanto
deberíamos controlarlos todo el tiempo. El daño se produce igual. Cuando
alguien te domina físicamente, en realidad se apodera de tu mente. Esta
clase de violencia psíquica se produce constantemente en la cultura
humana, a menudo en personas que en otras circunstancias son personas de
bien. Es consecuencia de sentirse inseguro y débil y tener que robarle
la energía a otro para sentirse bien.
Los seres humanos estamos
bloqueados en una especie de competencia por la energía de otro. Cuando
conseguimos que otros acepten nuestra opinión y se identifiquen con
nosotros, les quitamos su energía y eso nos hace sentir más fuertes;
todos tratamos de controlarnos y manipularnos por la energía, porque
sentimos que nos falta. Una vez que los humanos comprendemos la lucha,
de inmediato empezamos a trascender ese conflicto. Empezamos a
liberarnos de la competencia por la simple energía humana porque al fin
somos capaces de recibir la energía de otra fuente.
La comida es la primera forma de
ganar energía pero para absorber totalmente la energía de los alimentos,
la comida debe apreciarse, saborearse, el gusto es la puerta de entrada,
hay que valorar el gusto. Esa apreciación deliberada de la comida es el
propósito real de la costumbre normal de dar las gracias, con el
consiguiente resultado de una mayor absorción de energía de los
alimentos. Una vez que la energía personal aumenta de esta forma, nos
volvemos más sensibles a la energía de todas las cosas y después
aprendemos a incorporar esa energía sin comer.
Todo lo que nos rodea tiene
energía, sin embargo, cada cosa tiene su tipo especial. Por eso hay
lugares que aumentan la energía más que otros, depende de cómo encaja
nuestra forma con la energía de cada uno. Hay que abrirse, conectarse,
usar el sentido de la apreciación, como si todo el paisaje fuera parte
de uno, sentir amor por todo. El amor es algo que simplemente ocurre.
Usted no se obliga a amar. Deja que el amor entre en usted. Cuando
apreciamos la belleza y la singularidad de las cosas recibimos energía.
Cuando alcanzamos un nivel en el que sentimos amor, podemos enviar la
energía de vuelta con sólo desearlo. Deje que su percepción de la
belleza y la iridiscencia lo guíen. Los lugares y las personas que
tienen respuestas para usted le resultarán más luminosos y atractivos.
La percepción humana de esa energía
empieza primero con una sensibilidad acentuada respecto de la belleza.
La percepción de la belleza es una especie de barómetro que nos indica
cuán cerca nos hallamos de percibir realmente la energía; una vez que
observamos esa energía, nos damos cuenta de que está en el mismo
continuum que la belleza. Tal vez las cosas que percibimos como
bellas sea diferentes, pero las características reales que adjudicamos a
los objetos bellos son similares. Cuando algo te parece hermoso, exhibe
una mayor presencia y precisión de forma e intensidad de color. Se
destaca. Brilla. Parece casi iridiscente comparado con la opacidad de
otros objetos menos atractivos.
Amar no es algo que debemos hacer
para ser buenos o mejorar el mundo a partir de una responsabilidad moral
abstracta o porque debemos dejar de lado nuestro hedonismo. Conectarse
con la energía es sentir excitación, después euforia y después amor.
Encontrar suficiente energía para mantener ese estado de amor nos ayuda
a nosotros. Es la cosa más hedonista que podemos hacer. El amor es una
emoción de fondo que existe cuando uno está conectado con la energía
disponible en el universo, la energía de Dios.
La transformación comienza en forma
inconsciente, como una profunda sensación de inquietud. Empezamos a
vislumbrar un tipo de experiencia alternativa, momentos de nuestra vida
que son de algún modo diferentes, más intensos e inspiradores. Pero no
sabemos qué es esa experiencia ni cómo hacerla durar, y cuando termina
quedamos insatisfechos e inquietos, con una vida que vuelve a parecernos
común. Buscamos una mayor plenitud en nuestra vida, y no toleramos nada
que nos tire abajo. Las palabras que uno suele manipular en su cabeza,
en un intento por controlar lógicamente los hechos, se detienen cuando
se deja de lado el drama de control. Al llenarse con energía interior,
entra en nuestra mente otro tipo de pensamientos, de una parte más
elevada de nosotros mismos. Ésas son las intuiciones. Se sienten de otra
forma. Aparecen en el fondo de la mente, a veces en una especie de
ensueño o minivisión, y nos llegan de modo directo, para guiarnos.
Vamos tomando conciencia de lo que
buscamos en realidad, de cómo es esa otra experiencia más plena que
estamos buscando la cual se produce cuando tomamos conciencia de las
coincidencias que hay en nuestra vida. ¿Alguna vez tuviste un
presentimiento o cierta intuición en cuanto a algo que querías hacer, o
a una medida que quisieras tomar en tu vida? ¿Y te preguntaste cómo
podía ocurrir? ¿Y después de haberlo casi olvidado para concentrarte en
otras cosas, de repente te encontraste con alguien o leíste algo o
fuiste a alguna parte que llevaba precisamente a la oportunidad que
buscabas?
Esas coincidencias se producen cada
vez con mayor frecuencia y, cuando eso ocurre, nos da la impresión de
que es algo que está más allá de lo que podría esperarse por pura
casualidad. Es una experiencia que provoca una sensación de misterio y
excitación y, por consiguiente, nos sentimos más vivos. Ésa es la
experiencia que hemos vislumbrado y que ahora tratamos de manifestar
todo el tiempo; este movimiento misterioso es real y significa algo, de
que, por debajo de la vida cotidiana, está sucediendo otra cosa.
Es una reconsideración del misterio
inherente que rodea nuestra vida individual en el planeta.
Experimentamos esas misteriosas coincidencias , y aunque todavía no las
entendamos, sabemos que son reales. Estamos volviendo a sentir, como en
la infancia, que hay otro lado de la vida que todavía tenemos que
descubrir, algún otro proceso que opera entre bambalinas. Es una
conciencia de las circunstancias misteriosas que cambian nuestra vida,
la sensación de que interviene algún otro proceso. Si bien cada tanto
tenemos la percepción nítida de que hay algo más en la vida, nuestra
forma habitual de pensar consiste en considerar que esas ideas no son
cognoscibles, y enseguida desdeñamos esa conciencia.
Los encuentros casuales a menudo
tienen un significado más profundo, eso empieza a ocurrir una vez que
comenzamos a estar atentos y conectados con la energía. Si uno puede
conectarse y generar suficiente energía, empiezan a ocurrir hechos
coincidentes con regularidad..
Estas coincidencias nos hacen
sentir que hay algo más, algo espiritual, que opera debajo de todo lo
que hacemos. Debemos aprender a llenarnos conscientemente de energía,
porque es ella la que produce las coincidencias, y las coincidencias nos
ayudan a realizar el nivel nuevo en forma permanente. Cuando algo sucede
más allá de la casualidad para hacernos avanzar en nuestra vida, nos
convertimos en personas realizadas. Sentimos que estamos alcanzando lo
que el destino nos lleva a ser. Cuando esto sucede, el nivel de energía
que produjo las coincidencias está establecido en nosotros. Podemos
vernos despojados de él y perder energía cuando tenemos miedo, pero ese
nivel sirve como nuevo límite exterior que puede recuperarse muy
fácilmente. Somos una persona nueva. Existimos en un nivel de energía
más alta, en un nivel de vibración más alto. Nos llenamos, crecemos, nos
llenamos y volvemos a crecer. De esa forma, como seres humanos,
continuamos la evolución del universo hacia una vibración cada vez más
alta.
Cuando adquirimos suficiente
energía, estamos listos para iniciar conscientemente la evolución, para
hacerla fluir y producir las coincidencias que nos llevarán adelante.
Iniciamos la evolución de una manera muy específica. Reunimos suficiente
energía, luego recordamos el interrogante básico de cada uno en la vida,
el que nos transmitieron nuestros padres, porque este interrogante nos
proporciona el contexto general para nuestra evolución. Luego, nos
concentramos en nuestro camino descubriendo los interrogantes más
inmediatos y pequeños que solemos enfrentar en la vida. Estos
interrogantes siempre forman parte de nuestro interrogante más amplio y
definen dónde nos hallamos actualmente en nuestra búsqueda de toda la
vida.
Una vez que somos conscientes de
los interrogantes activos en este momento, siempre obtenemos algún tipo
de dirección espiritual respecto de qué hacer o adónde ir.
Experimentamos presentimientos relacionados con el paso siguiente.
Siempre. Los objetos vienen a nosotros, algunos pensamientos aparecen
como guías. Si esto no ocurre es porque tenemos en mente el interrogante
equivocado. El problema en la vida no radica en recibir respuestas. El
problema está en identificar los interrogantes actuales. Una vez que los
interrogantes son los correctos, las respuestas siempre llegan.
Después de tener una intuición
respecto de lo que puede pasar a continuación, el siguiente paso
consiste en estar muy atentos y vigilantes. Tarde o temprano se
producirán las coincidencias que nos harán mover en la dirección
indicada por la intuición.
Los ensueños nos guían también, nos
muestran una escena, un hecho, y eso es un indicio de que ese hecho
podría ocurrir. Si prestamos atención, podemos estar listos para ese
giro en nuestra vida. Todos tenemos muchos más de esos pensamientos de
lo que creemos. Para reconocerlos, debemos ponernos en posición de
observadores. Cuando surge un pensamiento debemos preguntarnos: ¿Por
qué? ¿Por qué se me ocurrió ahora ese pensamiento en particular?¿Cómo se
relaciona con mis interrogantes vitales? Ubicarnos en esa posición de
observadores nos ayuda a liberar nuestra necesidad de controlarlo todo.
Nos coloca en el flujo de la evolución.
Las imágenes de miedo deben ser
frenadas en cuanto aparecen. Entonces, hay que introducir en la mente
otra imagen, con un resultado bueno. Muy pronto las imágenes negativas
casi dejan de surgir. Las intuiciones se remitirán, a partir de allí, a
cosas positivas. Cuando después de esto, aparecen imágenes negativas,
deben tomarse con mucha seriedad y no ceder a ellas. Si se te ocurre la
idea de que vas a sufrir un accidente en una camioneta y viene alguien y
te ofrece dar una vuelta en camioneta, no aceptes.
El mundo es un lugar misterioso que
nos da todo lo que necesitamos si nos abrimos y recorremos el camino,
después estamos listos para emprender la corriente evolucionista
manteniendo firmes en la mente nuestros interrogantes actuales sobre la
vida y luego buscando una dirección, ya sea a través de un sueño, un
pensamiento intuitivo o la forma en que el ambiente se ilumina y se
impone. Juntamos energía y nos concentramos en nuestras situaciones, en
los interrogantes que tenemos; luego recibimos algún tipo de guía
intuitiva, una idea respecto de adónde ir o qué hacer, y luego se
producen las coincidencias que nos permiten avanzar en esa dirección. Y
cada vez que esas coincidencias nos conducen a algo nuevo, crecemos, nos
volvemos personas más plenas, existimos en una vibración más alta.
Estás en la corriente de la
evolución si te acuerdas de tener siempre presentes tus interrogantes y
ver las respuestas no bien se presentan; ilumina la experiencia
cotidiana. Hay personas todavía inconscientes que incluso pueden toparte
con respuestas y ver coincidencias de manera restrospectiva. Debemos
partir de la base de que cada hecho tiene significado y contiene un
mensaje que de algún modo corresponda a nuestros interrogantes. Esto se
aplica en especial a lo que solíamos llamar «cosas malas». El desafío
consiste en encontrar la parte positiva en cada hecho, no importa cuan
negativo sea.
Todas las respuestas que
misteriosamente nos llegan vienen de otras personas. La forma en que nos
acercamos a las demás personas determina cuán rápidamente evolucionamos
y cuán rápidamente encuentran respuesta los interrogantes de nuestra
vida. Cada vez que nos cruzamos con personas en nuestro camino, hay un
mensaje para nosotros. Los encuentros casuales no existen. Pero la forma
en que respondemos a esos encuentros determina si somos capaces de
recibir el mensaje. Si sostenemos una conversación con alguien que se
cruza en nuestro camino y no vemos el mensaje relacionado con nuestros
interrogantes actuales, no significa que no hay mensaje. Significa
solamente que, por alguna razón, lo perdimos.
¿Alguna vez te encontraste con un
viejo amigo o conocido, hablaste un minuto y se despidieron y volvieron
a encontrarse ese mismo día o la misma semana? Lo que debemos hacer en
esa situación es dejar lo que nos ocupa, cualquier cosa que sea, y
descubrir el mensaje que tenemos para esa persona y el que esa persona
tiene para nosotros. Una vez que los seres humanos captemos esa
realidad, nuestra interacción se volverá menos acelerada y más resuelta
y deliberada.
Cuando apreciamos la forma y el
comportamiento de una persona, cuando de veras nos concentramos en ella
hasta que su forma y sus rasgos empiezan a sobresalir y adquieren más
presencia, podemos empezar a enviarle energía y elevarla. El primer paso
consiste en mantener alta nuestra energía, así podemos poner en marcha
el flujo de energía que nos llega, nos atraviesa y llega a la otra
persona. Cuanto más apreciemos su totalidad, su belleza interior, más
energía fluirá en ella y, naturalmente, más fluirá hacia nosotros.
Cuanto más amamos y apreciamos a los demás, más energía penetra en
nosotros. Por eso amar y energizar a otros es lo mejor que podemos hacer
por nosotros mismos.
Como estás dándome más energía de
la que de otro modo tendría, puedo ver cuál es mi verdad y dártela con
mayor facilidad. Al hacerlo, tengo una sensación de revelación en cuanto
a lo que digo. Esto te lleva a ver mi yo superior más plenamente y a
apreciarlo y concentrarte en él en un nivel aún más profundo, lo cual me
da a mí más energía todavía y una mayor percepción de mi verdad.
El universo es energía, energía que
responde a nuestras expectativas. Las personas también son parte de ese
universo de energía, o sea que, cuando tenemos un interrogante, aparecen
las personas que tienen la respuesta. Cada persona que se cruza en
nuestro camino tiene un mensaje para nosotros. Si no fuera así, habrían
tomado otro camino, o se habrían ido antes o después. El hecho de que
estas personas estén aquí significa que es por alguna razón.
Hay signos que nos permiten saber
con quién tomarse el tiempo de conversar cuando hablar con todos es
imposible. El contacto visual repentino y espontáneo es un signo de que
dos personas deberían hablar. Otro signo es un sentido de
reconocimiento, ver a alguien que nos resulta familiar, pese a no
haberlo visto nunca antes. Con algunas personas pertenecemos al mismo
grupo de pensamiento.
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Los grupos de
pensamiento en general evolucionan siguiendo las mismas pautas de
interés. Piensan igual y eso crea la misma expresión y la misma
experiencia exterior. Intuitivamente reconocemos a los miembros de
nuestro grupo de pensamiento, y muy a menudo nos dan mensajes.
James Redfield |
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