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El Poder
esta Dentro de Ti
Primera
Parte
Reprogramación de Cintas Viejas
Louise L. Hay |
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Reprogramación de cintas viejas
Decídete a dar el primer paso por pequeño que sea.
Concéntrate en el hecho de que estás dispuesto a aprender.
Sucederán verdaderos milagros
Las afirmaciones dan resultado
Ahora que sabemos
un poco más acerca de lo poderosos que son nuestros
pensamientos y palabras,
es preciso que reeduquemos nuestra forma de pensar y de
hablar, con la práctica de pautas
positivas. De esta forma lograremos resultados beneficiosos.
¿Estás dispuesto a cambiar tu diálogo
interno y a convertirlo en afirmaciones positivas? Recuerda
que cada vez que tienes un pensamiento
y cada vez que dices una palabra, estás haciendo una
afirmación.
Una afirmación es un punto de partida. Nos abre el camino
hacia el cambio. En el fondo es decirle
al subconsciente: «Yo asumo la responsabilidad. Sé que hay
algo que puedo hacer para cambiar».
Cuando hablo de «hacer afirmaciones» me refiero al hecho de
elegir frases o palabras que
contribuyan a eliminar algo de nuestra vida o a crear algo
nuevo, y esto ha de hacerse de forma
positiva. Si dices: «No quiero volver a enfermar», el
subconsciente retiene el concepto en el que has
puesto el énfasis, es decir, «enfermar». Es preciso decirle
claramente lo que uno quiere: «Me siento
fabulosamente bien. Irradio buena salud».
El subconsciente es muy directo y honrado. No tiene
intenciones ocultas ni usa estrategias. Lo que
oye es lo que hace. Si dices: «Odio este coche», no te
proporcionará un coche nuevo y maravilloso
porque no sabrá qué es lo que quieres. Incluso si compras un
coche nuevo probablemente lo vas a
odiar muy pronto porque eso es lo que tú has estado
repitiendo constantemente. El subconsciente
sólo oye: «Odio este coche». Es necesario enunciar los
deseos de forma positiva; por ejemplo:
«Tengo un fabuloso coche nuevo que se adapta a todas mis
necesidades».
Cuando hay en mi vida algo que verdaderamente me disgusta,
he descubierto que una de las
maneras más rápidas de eliminarlo es «bendecirlo con amor».
«Te bendigo con amor y te libero, te
dejo marchar.» Esto funciona con personas, situaciones,
objetos y casas. Incluso se puede probar
con algún hábito del que uno desea librarse y ver qué
sucede. Conocí a un hombre que cada vez que
fumaba un cigarrillo decía: «Te bendigo con amor y te libero
de mi vida». Unos cuantos días después,
el deseo de fumar era bastante menor; a las pocas semanas el
hábito había desaparecido.
Te mereces el bien
¿Qué es lo que verdaderamente deseas en este momento? ¿Qué
anhelas hoy que haya en tu vida?
Piénsalo y después di: «Acepto _____________ (lo que sea que
desees)». Aquí es
donde me parece que la mayoría de la gente se queda
estancada.
El problema esencial es la creencia de que no nos merecemos
lo que deseamos. Nuestro poder
personal reside en la manera como consideramos nuestro
merecimiento. Nuestra falta de
merecimiento nos viene de los mensajes que recibimos en la
infancia. Vuelvo a repetir, no pensemos
que no podemos cambiar debido a estos mensajes. Con
frecuencia se me acercan personas y me
dicen: «Louise, las afirmaciones no dan resultado». En
realidad no es que las afirmaciones no den
resultado, sino que no nos creemos merecedores del bien.
La manera de descubrir si crees que te mereces algo es que
hagas una afirmación y te fijes en los
pensamientos que surgen al hacerla. Entonces anótalos,
porque cuando se ven escritos sobre el
papel se vuelven muy claros. Lo único que nos impide
sentirnos merecedores, o amarnos, o lo que
sea, es la creencia u opinión de otra persona que hemos
aceptado como verdad.
Cuando no nos creemos merecedores de un bien, solemos
practicar una especie de autosabotaje,
lo cual se puede conseguir de diversas maneras: creando una
situación caótica, perdiendo cosas,
haciéndonos daño o teniendo problemas físicos, como una
caída o un accidente. Empecemos a creer
que nos merecemos todo el bien que tiene la vida para
ofrecernos.
Con el fin de reprogramar una creencia falsa o negativa,
¿cuál es el primer pensamiento que necesitaremos para
comenzar a crear una nueva creencia,
sea la que sea, en nuestra vida? ¿Cuál será el elemento
esencial o el cimiento que necesitaremos
para apoyarnos? ¿Cuál será el tipo de pensamiento que
necesitaremos para conocernos, creer en
nosotros y aceptarnos?
Algunos pensamientos para comenzar podrían ser:
Soy
valioso.
Soy merecedor.
Me amo.
Me doy permiso para realizarme.
Estos conceptos forman el fundamento mismo de las creencias
sobre las cuales se puede edificar.
Sobre estos cimientos haz tus afirmaciones para crear lo que
deseas.
Siempre que hablo en algún sitio, se me acerca alguien al
final de la charla o me escribe para
decirme que mientras estaba en la sala experimentó una
curación. A veces se trata de algo sin
importancia, y a veces es bastante espectacular. No hace
mucho se me acercó una mujer y me contó
que tenía un bulto en un pecho y que literalmente
desapareció durante la charla. Escuchó algo y
decidió liberar algo, dejarlo marchar. Éste es un buen
ejemplo del poder que poseemos. Cuando no
estamos dispuestos a dejar marchar algo, cuando realmente
deseamos aferrarnos a ello porque de
alguna manera nos sirve, hagamos lo que hagamos, lo más
probable es que no resulte. Sin embargo,
cuando estamos dispuestos a dejarlo marchar, como lo estaba
esa mujer, es sorprendente cómo la
más insignificante circunstancia nos ayuda a liberarlo.
Si todavía tienes algún hábito que no has liberado,
pregúntate para qué te sirve. ¿Qué sacas de
él? Si no logras obtener una respuesta, haz la pregunta de
otro modo: «¿Qué pasaría si ya no tuviera
este hábito?» Con mucha frecuencia la respuesta es: «Mi vida
sería mejor». Y volvemos al hecho de
que, en cierto modo, no nos creemos merecedores de una vida
mejor.
Encargando la comida en la cocina cósmica
La primera vez que hagas una afirmación puede que te parezca
que no es cierto. Pero recuerda que
las afirmaciones son como semillas que se plantan en la
tierra. Cuando siembras una semilla no
tienes una planta hecha y derecha al día siguiente. Es
preciso que seamos pacientes durante la
época de crecimiento. Al continuar haciendo la afirmación, o
bien estarás dispuesto a dejar marchar
aquello que no deseas y la afirmación se hará realidad, o se
abrirá un nuevo camino ante ti. También
es posible que tengas de pronto una idea muy luminosa o que
algún amigo te llame y te diga: «¿Has
probado con esto?». Y de este modo serás llevado al
siguiente paso que te ayudará.
Haz tus afirmaciones en tiempo presente. Puedes cantarlas,
ponerles una melodía pegadiza para
que se vayan repitiendo una y otra vez en tu cabeza.
Recuerda que con tus afirmaciones no puedes
influir en los actos de otra persona. Afirmar, por ejemplo:
«John está enamorado de mí», es una
forma de manipulación, es tratar de controlar la vida de
otra persona. Por lo general tendrá un efecto
de bumerang sobre ti: te sentirás muy desgraciada al no
obtener lo que deseas. En cambio puedes
decir: «Ahora me ama un hombre maravilloso, que es...». Y
enumera todas las cualidades que
deseas que tenga tu amado, así como tu relación con él. De
esta forma permites a tu Poder interior
que te presente a la persona que cumpla todos esos
requisitos, e incluso puede ser John.
Tú no sabes cuáles son las enseñanzas espirituales que ha de
aprender otra persona, y no tienes
ningún derecho a entrometerte en el proceso de su vida.
Ciertamente no te gustaría que otra persona
hiciera eso contigo. Si alguien está enfermo, bendícelo,
envíale amor y paz, no pidas que se ponga
bien.
Me gusta pensar que
hacer afirmaciones es como encargar la comida en la «cocina
cósmica».
Cuando vamos a un restaurante y se acerca el camarero a tomar nota
de lo que deseamos, no lo
seguimos hasta la cocina para comprobar que el chef reciba el pedido
o ver cómo prepara el plato.
Nos quedamos sentados bebiendo agua, conversando con nuestro
acompañante o incluso
comiéndonos el panecillo. Suponemos que están preparando la comida y
que cuando esté lista nos la
traerán. Lo mismo sucede cuando hacemos afirmaciones.
Cuando encargamos lo que queremos a la «cocina cósmica», el gran
chef que es nuestro Poder
Superior se pone a trabajar en ello. De modo que continuamos con
nuestra vida sabiendo que están
preparando lo que hemos encargado. Está en curso. Está ocurriendo.
Ahora bien, si te traen la
comida y resulta que no es lo que has pedido, ¿qué haces? Si tienes
amor propio, la devuelves. Si
no, te la comes. También puedes hacer lo mismo con la cocina
cósmica. Si no recibes exactamente lo
que deseas, puedes decir: «No, no, no es eso; esto es lo que
quiero». Tal vez no te expresaste bien
cuando hiciste tu encargo.
Aquí también se trata de dejar marchar, de liberar. Al final de mis
tratamientos y meditaciones
empleo las palabras «Y así es». Es una manera de decir: «Poder
Superior, ahora está en tus manos,
a ti te lo dejo». El tratamiento espiritual de la mente, que es el
que enseña la Ciencia de la Mente, es
muy efectivo. Si necesitas más información, puedes investigar si
existe en tu localidad una Iglesia de
la Ciencia Religiosa, u obtenerla leyendo los libros de Ernest
Holmes.
Reprogramación del subconsciente
Nuestros pensamientos se van acumulando, y de la forma más
inesperada reaparece en la superficie
algún viejo pensamiento. Cuando estamos en el proceso de
reprogramación de nuestra mente es
normal y natural que avancemos un poco, retrocedamos otro poco, y
volvamos a avanzar otro po-
quito. Esto forma parte de la práctica. No creo que haya ningún
oficio, arte o técnica que se pueda
aprender completo, al cien por ciento, en veinte minutos.
¿Recuerdas cuando comenzaste a aprender a usar un ordenador?
¿Recuerdas lo frustrante que
era? Requería práctica. Antes que nada, necesitabas aprender cómo
funcionaba, sus leyes y
sistemas. A mi primer ordenador le puse por nombre la Dama Mágica,
porque cuando aprendí sus
reglas me entregaba cosas que a mí se me antojaban mágicas. Sin
embargo, cuando estaba
aprendiendo, la forma que tenía de indicarme que me había despistado
o había seguido una dirección
equivocada, era devorar páginas y páginas de trabajo que yo tenía
que volver a hacer. Todos esos
errores me enseñaron a fluir con el sistema.
Para fluir con el sistema de la Vida es preciso comprender que el
subconsciente es como un
ordenador: basura que entra, basura que sale. Si introduces
pensamientos negativos, salen
experiencias negativas. Sí, lleva tiempo y práctica aprender las
nuevas formas de pensar. Ten
paciencia contigo mismo. Cuando estés aprendiendo algo nuevo y
vuelvan las antiguas pautas,
¿dirás: «Pero, vamos, parece que no haya aprendido nada»?, ¿o dirás:
«Muy bien, de acuerdo, lo
probaré otra vez de la forma nueva»?
O también, digamos que has arreglado un asunto y crees que ya no
tendrás que ocuparte de ello
nunca más. ¿Cómo sabes que realmente lo has solucionado si no te
pones a prueba? Así pues, haz
reaparecer la vieja situación una vez más y observa tu reacción ante
ella. Si inmediatamente reac-
cionas según la antigua pauta, entonces sabrás que aún no has
aprendido bien esa lección y que
necesitas ejercitarte un poco más. Eso es lo que quiere decir.
Comprende que se trata de una
pequeña prueba para ver hasta dónde has llegado. Si repites tus
afirmaciones, tus nuevas
declaraciones sobre ti mismo, entonces se te ofrecerá la oportunidad
de reaccionar de diferente
modo. Ya se trate de un problema de salud, económico o de relación,
si reaccionas de forma nueva a
la situación, entonces estarás en camino para dedicarte a otra cosa,
a otros aspectos de tu vida.
Recuerda también que vamos trabajando por capas, una capa cada vez.
Es posible que llegues a
una planicie y pienses «¡Lo he conseguido!», pero que luego surja
algún viejo asunto y te haga daño,
o te enfermes y no logres ponerte bien durante un tiempo. Tienes que
buscar entonces a ver qué
creencias hay bajo la superficie. Puede significar que hay más
trabajo por hacer porque vas a pasar a
la siguiente capa, más profunda.
Nunca pienses que «no eres suficientemente capaz» porque algo que
has trabajado por eliminar

vuelve a
aparecer. Cuando descubrí que yo no era una «mala persona»
por el hecho de volver a
enfrentarme con un antiguo problema, se me hizo muchísimo
más fácil continuar avanzando. Aprendí
a decirme: «Louise, lo haces muy bien. Fíjate lo lejos que
has llegado. Sólo necesitas más práctica. Y
te amo».
Yo creo que cada uno de nosotros decide encarnarse sobre
este planeta en un lugar y un tiempo
determinados. Hemos escogido venir aquí a aprender una
enseñanza concreta que nos hará
progresar en nuestro camino de evolución espiritual.
Una de las formas de permitir que se despliegue positiva y
sanamente el proceso de la vida es
declarar nuestras propias verdades personales. Escoge
mantenerte alejado de las creencias
limitadoras que te han estado negando los beneficios que
tanto deseas. Declara que tus pautas de
pensamiento negativo quedarán borradas de tu mente. Libera y
deja marchar tus temores y cargas.
Hace ahora bastante tiempo que llevo creyendo las siguientes
ideas y me han dado resultado:
Todo lo
que necesito saber se me revela.
Todo lo que necesito viene a mí en el lugar y el momento
perfectos,
La vida está llena de alegría y amor.
Soy una persona que ama, digna de amor y amada.
Estoy sana y rebosante de energía.
Dondequiera que voy encuentro prosperidad.
Estoy dispuesta a cambiar y a crecer.
Todo está bien en mi mundo.
He aprendido que no nos mantenemos positivos el cien por
ciento del tiempo, y yo me incluyo en
este dato. Tanto como puedo, considero la vida como una
experiencia maravillosa y dichosa. Me
siento segura y a salvo, y he hecho de esto una ley
personal.
Creo que todo lo que necesito saber se me revela; por lo
tanto, es preciso que tenga bien abiertos
los ojos y los oídos. Recuerdo que cuando tuve cáncer pensé
que me iría muy bien la reflexoterapia.
Una noche asistí a una charla. Generalmente me siento en la
primera fila porque me gusta estar muy
cerca del conferenciante; sin embargo, esa noche me sentí
inclinada a sentarme en la última fila.
Justo cuando acababa de hacerlo se sentó a mi lado un
reflexólogo. Empezamos a hablar y me
enteré de que incluso hacía visitas a domicilio. No tuve que
buscarlo, él vino a mí.
También creo que todo lo que necesito viene a mí en el lugar
y el momento perfectos. Cuando algo
va mal en mi vida inmediatamente me pongo a pensar: «Todo va
bien, todo está bien, sé que todo es
perfecto. Es una enseñanza, una lección, una experiencia, y
la pasaré. Hay aquí algo que es para mi
mayor bien. Todo está bien. Respira. Está bien». Hago todo
lo que puedo por tranquilizarme, para
poder tener la mente clara y pensar racionalmente sobre lo
que sucede, y, por supuesto, trabajo en
ello. Puede que lleve su tiempo, pero a veces, cosas que
parecen grandes desastres resultan ser
fabulosas al final, o por lo menos no los desastres que
parecían al comienzo. Todo acontecimiento es
una experiencia que enseña.
Hago muchísimo diálogo interno positivo, mañana, tarde y
noche. Procedo de un espacio de amor
del corazón, y practico el amor a mí misma y a los demás
tanto como puedo. Mi amor está en
continua expansión. Lo que hago actualmente es mucho más de
lo que hacía hace seis meses o un
año. Sé que dentro de un año mi conciencia y mi corazón se
habrán dilatado y haré todavía más. Sé
que lo que creo de mí se convierte en realidad, de modo que
creo cosas maravillosas de mí. Hubo
una época en que no pensaba así; sé que he crecido y que
continuaré trabajando en mí misma.
También creo en la meditación. Meditamos cuando nos sentamos
y desconectamos el diálogo
interno el tiempo suficiente para escuchar a nuestra propia
sabiduría. Cuando medito suelo cerrar los
ojos, hacer una honda inspiración y preguntar: «¿Qué
necesito saber?». Me quedo sentada y es-
cucho. También podría preguntar: «¿Qué necesito aprender?»,
o «¿Qué enseñanza hay contenida en
esto?». A veces pensamos que tenemos que «arreglarlo» todo
en nuestra vida, cuando es posible
que lo único que hayamos de hacer es «aprender» algo de la
situación.
Cuando comencé a meditar, tuve fuertes dolores de cabeza
durante las tres primeras semanas. La
meditación me era totalmente desconocida e iba contra mi
programación interior. Sin embargo
perseveré, y finalmente los dolores de cabeza
desaparecieron.
Si al meditar ves que surge continuamente de ti mucha
negatividad, eso puede significar que es
necesario que suceda: la guardabas en tu interior, y al
callar, haces que comience a subir a la
superficie. Considérala sencillamente como negatividad que
se libera. No trates de oponerle
resistencia. Déjala que continúe todo el tiempo que sea
necesario.
Si te quedas dormido mientras meditas, eso está bien. Deja
que tu cuerpo haga lo que necesita, ya
se equilibrará con el tiempo.
La reprogramación de las creencias negativas es algo muy
potente. Una buena forma de llevarla a
cabo es grabar una cinta con tu voz haciendo tus
afirmaciones. Ponla cuando te acuestes. Para ti
tendrá muchísimo valor porque escucharás tu propia voz. Una
cinta aún más efectiva sería una con la
voz de tu madre diciéndote lo maravilloso que eres y lo
mucho que te ama. Una vez tengas la cinta,
relaja el cuerpo antes de comenzar a reprogramar. A algunas
personas les gusta empezar por las
puntas de los pies y continuar hacia arriba hasta la cabeza
tensando y relajando cada parte del
cuerpo. Si lo haces así, relajas la tensión, dejas salir las
emociones, y llegas a un estado de acogida y
receptividad. Cuanto más relajado estés, más fácil te
resultará recibir nueva información. Recuerda
que siempre tienes el mando y que estás en todo momento a
salvo.
Es maravilloso escuchar cintas o leer libros que sirvan para
conocerse a uno mismo y hacer
afirmaciones. Pero, ¿qué vas a hacer durante las 23 horas y
los 30 minutos restantes del día? Eso es
lo que realmente importa. Si te sientas y meditas y después
sales disparado a trabajar y le chillas a
alguien, eso también cuenta. La meditación y las
afirmaciones son fabulosas, pero el resto del día es
igualmente importante.
Trata a la duda como a un amistoso recordatorio
Hay personas que suelen preguntarme si están haciendo
correctamente sus afirmaciones o incluso si
éstas les funcionan. Me gustaría que consideraras la «duda»
de forma algo diferente a como
seguramente la has considerado hasta ahora. Yo creo que el
subconsciente reside en la zona del
plexo solar, allí donde tenemos esos sentimientos o
sensaciones que llamamos instintivos. Cuando
sucede algo inesperado o repentino, ¿no tienes
inmediatamente una fuerte sensación en la tripa? Ahí
es donde uno lo recibe y acumula todo.
Desde que éramos pequeños, todos los mensajes que hemos
recibido, todo lo que hemos hecho,
todas las experiencias que hemos tenido, todo lo que hemos
dicho, todo ha ido a parar al archivo que
tenemos justo ahí, en la zona del plexo solar. A mí me gusta
pensar que allí hay pequeños
mensajeros y que cuando tenemos un pensamiento o una
experiencia, los mensajeros reciben el
mensaje y lo ordenan en la carpeta o archivo
correspondiente. Muchos de nosotros hemos ido
archivando allí carpetas con las etiquetas: «No valgo para
nada», «Jamás lo conseguiré», «No lo
hago bien»... Estamos absolutamente enterrados bajo esos
archivos. De pronto nos ponemos a hacer
afirmaciones como «Soy una persona maravillosa y me amo».
Los mensajeros cogen el mensaje y
exclaman: «¡Pero esto qué es! ¿Adonde va? Nunca hemos visto
algo así antes».
Entonces los mensajeros llaman a Duda: «¡Duda, ven aquí a
ver lo que pasa». Así pues, va Duda,
coge el mensaje y le pregunta a la conciencia: «¿Qué es
esto? Tú te pasas la vida diciendo otras
cosas». A nivel consciente podemos reaccionar de dos formas.
Podemos decir: «Ay, tienes toda la
razón. No sirvo para nada. Lo siento. Ese mensaje está mal»,
y volver a nuestros antiguos hábitos. O
podemos decirle a Duda: «Estás hablando de los mensajes
antiguos. Ya no los necesito. Éste es un
nuevo mensaje». Entonces damos la orden a Duda de que abra
una nueva carpeta porque desde
ahora le van a llegar muchísimos mensajes amorosos. Aprende
a tratar a la duda como a una amiga,
no como a una enemiga, y agradécele que te consulte.
Tu ocupación en la vida no tiene importancia. Puedes ser el
presidente de un banco o ganarte la vida
fregando platos; puedes ser un ama de casa o un marino. En
tu interior tienes una sabiduría que está
conectada con la Verdad Universal. Cuando estás dispuesto a
mirar en tu interior y hacer una sencilla
pregunta como «¿Qué trata de enseñarme esta experiencia?»,
cuando estás dispuesto a escuchar,
entonces obtienes la respuesta. La mayoría de nosotros
estamos tan ocupados en la producción del
«culebrón» que llamamos nuestra vida, que no escuchamos
nada.
No cedas tu poder a las imágenes del bien y del mal que
tienen otras personas. Los demás sólo
tienen poder sobre nosotros si nosotros se lo cedemos. Hay
grupos de personas que entregan su
poder a otros. Esto sucede en muchas culturas. En la
nuestra, las mujeres ceden su poder a los hom-
bres. «Mi marido no me deja», dicen. Ciertamente, eso es
ceder el poder. Si tomas esta actitud, te
encierras en una celda, en un lugar donde no puedes hacer
nada a no ser que obtengas el permiso
de otra persona. Cuantos menos prejuicios y más amplio
criterio tengas, más aprenderás, y más
oportunidades tendrás para crecer y cambiar.
Una vez me contó una mujer que cuando se casó era muy
insegura y no sabía hacer valer sus
derechos porque de esa forma la habían educado. Le llevó
años darse cuenta de que su
condicionamiento la mantenía confinada en un rincón. Culpaba
a todo el mundo de sus problemas,
sobre todo a su marido y a sus parientes políticos.
Finalmente se divorció, aunque continuó echando
la culpa a su marido de las muchas cosas que no iban bien en
su vida. Le llevó diez años reeducarse,
cambiar sus pautas y recuperar su poder. Al analizar las
cosas retrospectivamente, comprendió que
los culpables no eran ni su marido ni sus parientes
políticos; era ella la responsable por no hablar y
defender sus derechos. Ellos estaban ahí para reflejar lo
que ella sentía en su interior: impotencia.
No cedas tampoco tu poder basándote en lo que lees. Recuerdo
que hace algunos años leí
algunos artículos que aparecían en una conocidísima revista.
Resultó que yo sabía algo sobre cada
uno de los temas tratados en los artículos. En mi opinión,
la información era totalmente equivocada.
La revista perdió toda credibilidad para mí y no volví a
leerla durante varios años. Tú eres la única
autoridad en tu vida, de modo que no pienses que porque algo
está en letras de imprenta tiene que
ser necesariamente verdad.
El inspirado orador Terry Cole-Whittaker escribió un
maravilloso libro titulado
What you think of me
is none of my business
[Lo que usted piensa de mí no es asunto mío]. Eso es cierto.
Lo que tú
piensas de mí no es asunto mío, es asunto tuyo. Al final, lo
que pienses de mí saldrá de ti a través de
vibraciones y retornará a ti.
Cuando tenemos una iluminación, cuando tomamos conciencia de
lo que hacemos, podemos
comenzar a cambiar nuestra vida.
En realidad la
vida está aquí para ti. No tienes más que pedir lo
que deseas. Dile a la vida lo que quieres y después permite
que lo bueno ocurra.

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