|
| |
|
El Poder
esta Dentro de Ti
Tercera
Parte
Hacerse Adulto y Envejecer
Louise L. Hay |
|

Hacerse adulto y envejecer
Sé tan
comprensivo con tus padres como
deseas que ellos lo sean contigo.
La
comunicación con nuestros padres
Mis años de adolescente fueron los más difíciles de mi época
de crecimiento. Tenía muchos
interrogantes, pero no quería escuchar a aquellos que creían
tener todas las respuestas, en especial
los adultos. Deseaba aprenderlo todo yo sola porque no
confiaba en la información que me daban los
adultos.
Sentía una especial animosidad contra mis padres, porque fui
una hija maltratada. Me era
imposible comprender cómo mi padrastro podía abusar de mí de
aquella forma, y tampoco
comprendía cómo mi madre podía tolerarlo y hacer como que no
se daba cuenta. Me sentía
engañada e incomprendida, y estaba segura de que
concretamente mi familia y en general el mundo
estaban contra mí.
A lo largo de los muchos años que he pasado asesorando a mis
clientes, sobre todo a gente joven,
he descubierto que hay muchas personas que comparten esos
mismos sentimientos hacia sus
padres. He escuchado decir a los adolescentes, para
describir sus sentimientos, que se sienten atra-
pados, sojuzgados, vigilados e incomprendidos.
Ciertamente sería fabuloso tener unos padres comprensivos,
atentos y adaptables a todas las
situaciones, pero en la mayoría de los casos eso no es
posible. Aunque nuestros padres no sean más
que seres humanos como el resto de nosotros, muchas veces
los consideramos injustos, exagerados,
poco razonables, incapaces de comprendernos.
Un chico joven al que asesoré tenía muchas dificultades para
relacionarse con su padre. Encontraba
que no tenían nada en común, y que cuando su padre le
hablaba sólo era para hacerle algún
comentario despectivo o negativo. Le pregunté si sabía cómo
había tratado a su padre su abuelo.
Admitió que no lo sabía; su abuelo había muerto antes de que
él naciera.
Le sugerí que le preguntara a su padre acerca de su infancia
y de la manera en que ésta había
influido en él. Al principio el joven no se decidía a
intentarlo; le resultaba violento hablar con su padre
porque pensaba que éste lo ridiculizaría o lo juzgaría. Sin
embargo, se decidió a dar el salto y accedió
a abordar a su padre.
La próxima vez que lo vi, el chico parecía más tranquilo.
—¡Uy, Dios! —exclamó—. No tenía la menor idea de la infancia
que tuvo mi padre.
Por lo visto su abuelo había impuesto la norma de que todos
sus hijos le trataran de «señor» al
dirigirse a él, y todos vivían bajo el antiguo sistema de
que los niños han de ser vistos pero no oídos.
Si osaban pronunciar una palabra para llevar la contraria,
se les castigaba severamente. No era nada
extraño que su padre fuera tan crítico.
Cuando nos hacemos mayores, tenemos la intención de tratar a
nuestros hijos de manera
diferente a como fuimos tratados nosotros, pero aprendemos
del mundo que nos rodea, y tarde o
temprano comenzamos a actuar y hablar exactamente como
nuestros padres.
En el caso de este joven, su padre le infligía el mismo tipo
de malos tratos verbales que él había
recibido de su propio padre. Puede ser que no tuviera la
intención de hacerlo; sencillamente actuaba
de forma coherente con su propia educación.
De todas formas, el chico llegó a entender algo más sobre su
padre, y como consecuencia fueron
capaces de comunicarse con mayor libertad. Aunque les
llevaría mucho esfuerzo y paciencia por
parte de los dos alcanzar un grado de comunicación ideal,
por lo menos ambos estaban avanzando
en una nueva dirección.
Yo creo firmemente que es muy importante que nos tomemos el
tiempo necesario para averiguar y
saber más acerca de la infancia de cada uno de nuestros
padres. Si aún viven, puedes preguntarles:
«¿Cómo eran las cosas en tu infancia? ¿Cómo se expresaban el
amor y el cariño en tu familia?
¿Cómo te castigaban tus padres? ¿Qué tipo de presiones
tenías que afrontar de parte de tus
compañeros en esa época? ¿Les gustaban a tus padres tus
amigos? ¿Hacías algún trabajo cuando
eras niño o adolescente?
Al enterarnos más de la vida de nuestros padres, podemos ver
las pautas que conformaron su
manera de ser, y ver al mismo tiempo por qué nos tratan de
la forma en que lo hacen. A medida que
aprendamos a entender a nuestros padres y a simpatizar con
ellos, los iremos viendo bajo una nueva
luz, más amorosa. Tal vez puedas abrir puertas hacia una
relación más comunicativa y afectuosa,
una relación de mutuo respeto y confianza.
Si te resulta difícil incluso hablar con tus padres,
comienza haciéndolo en tu mente o frente al
espejo. Imagínate diciéndoles: «Hay una cosa que deseo
deciros». Repite este proceso durante
varios días seguidos: te ayudará a decidir qué deseas decir
y cómo lo dirás.
O bien, medita: habla en tu mente con cada uno de tus padres
y aclara y limpia viejos asuntos.
Perdónales y perdónate. Diles que les amas. Después,
prepárate para decirles lo mismo en persona.
En uno de mis grupos,
un joven me contó que sentía muchísima rabia y que no confiaba en
los
demás. Esta pauta de desconfianza la repetía una y otra vez en todas
sus relaciones. Cuando
llegamos a la raíz del problema, me dijo que se sentía muy
fastidiado con su padre porque no era la
persona que él deseaba que fuera.
Aunque vayamos por una senda espiritual, no depende de nosotros que
los demás cambien. En
primer lugar necesitamos liberar todos los sentimientos reprimidos
que acumulamos contra nuestros
padres, y luego necesitamos perdonarles por no ser las personas que
deseábamos que fueran.
Siempre queremos que los demás sean como nosotros, piensen como
nosotros, vistan como
nosotros y hagan lo mismo que hacemos nosotros. Sin embargo, no hay
duda de que todos somos
diferentes.
Para poder tener la libertad de ser nosotros mismos, es preciso que
demos esa misma libertad a
los demás. Obligando a nuestros padres a ser lo que no son,
bloqueamos nuestro propio amor.
Juzgamos a nuestros padres de la misma forma en que ellos lo
hicieron con nosotros. Si deseamos
comunicarnos verdaderamente con ellos, es necesario que erradiquemos
nuestros propios prejuicios
sobre su forma de ser.
Muchas personas ya adultas continúan con el juego de la lucha por el
poder con sus padres. Los
padres pulsan muchísimos botones, de modo que si deseas dejar de
jugar a este juego, simplemente
vas a tener que evitar tomar parte en él. Ya es hora de crecer y
decidir lo que deseas hacer. Puedes
comenzar por tutearlos, si no lo haces, o por llamarlos por su
nombre. Seguir llamándoles papá y
mamá cuando ya tienes cuarenta años te mantiene estancado en tu
papel de hijo pequeño. En lugar
de continuar siendo padre/madre e hijo/ hija, empezad a trataros
como dos adultos.
Otra sugerencia es escribir un tratamiento afirmativo que detalle el
tipo de relación que deseas
tener con tu madre y/o con tu padre. Comienza por hacer las
afirmaciones para ti mismo. Después de
un tiempo puedes decírselo a él o a ella cara a cara. Si tu padre o
tu madre continúan pulsando los
botones, no permitas que sepan cómo te sientes realmente. Tienes el
derecho de llevar la vida que
desees. Tienes el derecho de ser adulto. Sé que esto puede no ser
fácil. Primero decide qué es lo
que necesitas y después dile a tu madre o a tu padre de qué se
trata. No les hagas sentirse mal o
equivocados. Pregúntales: «¿Qué podemos hacer para solucionar
esto?».
Recuerda que con la comprensión viene el perdón, y con el perdón
viene el amor. Cuando
hayamos progresado hasta el punto de poder amar y perdonar a
nuestros padres, estaremos bien
encaminados para ser capaces de disfrutar de relaciones plenas y
satisfactorias con todas las
personas que forman parte de nuestra vida.

El adolescente
necesita autoestima
Es alarmante la forma como aumenta la tasa de suicidios
entre los adolescentes. Al parecer hay cada
vez más jóvenes que se sienten abrumados por las
responsabilidades y que prefieren renunciar más
bien que perseverar y experimentar la multitud de
experiencias que les ofrece la vida. La mayor parte
del problema reside en la manera en que nosotros, como
adultos, esperamos que reaccionen ante las
situaciones de la vida. ¿Quieren ellos realmente reaccionar
de la forma en que lo haríamos nosotros?
¿Les estamos bombardeando con negatividad?
El período comprendido entre los 10 y los 15 años suele ser
una etapa muy crítica. A esa edad, los
jóvenes tienen la tendencia a adaptarse y harán cualquier
cosa con tal de ser aceptados por sus
compañeros. En su necesidad de aceptación suelen ocultar sus
verdaderos sentimientos, por temor a
no ser aceptados y amados tal como son.
La tensión y el agobio social y por parte de mis compañeros
que yo sufrí de joven no fueron gran
cosa comparados con lo que actualmente han de soportar los
jóvenes, y sin embargo, debido a los
malos tratos físicos y psíquicos, a los 15 años abandoné
colegio y hogar para vivir sola. Piensa en lo
terrible que ha de ser para el adolescente actual tener que
vérselas con el abuso de drogas, los
malos tratos físicos, las enfermedades de transmisión
sexual, la presión de compañeros y pandillas,
los problemas familiares; a esto añadamos, a nivel mundial,
la guerra nuclear, los trastornos
ambientales, la delincuencia y muchísimo más.
Como padre, puedes analizar con tus hijos adolescentes la
diferencia que hay entre las presiones
negativas y las positivas por parte de sus compañeros.
Estamos sujetos a estas presiones desde el
momento en que nacemos hasta que abandonamos el planeta.
Debemos aprender a enfrentarnos a
ellas y a no permitir que nos dominen y controlen.
De igual forma es importante que averigüemos y comprendamos
por qué nuestros hijos son
tímidos o traviesos, por qué están tristes, por qué les
cuesta aprender en el colegio, por qué son
destructivos, etcétera. Los adolescentes han recibido una
fuerte influencia de la forma de pensar y las
pautas para demostrar los sentimientos establecidos en su
hogar, y día a día toman decisiones y
hacen opciones basadas en ese sistema de creencias. Si el
ambiente del hogar no ofrece confianza y
amor, el adolescente buscará la confianza y el amor en otro
sitio. Muchas pandillas ofrecen el
ambiente adecuado para que se sienta seguro. Allí crean
lazos familiares, por muy perjudiciales que
sean para ellos.
Sinceramente creo que muchas de estas penurias podrían
evitarse si sólo consiguiéramos que los
jóvenes se plantearan una importante pregunta antes de
actuar: «¿Me hará esto sentirme más a
gusto y mejor conmigo mismo?». Podemos ayudar a nuestros
adolescentes a considerar sus
opciones en cada situación. La elección y la responsabilidad
les devuelven el poder. Los capacitan
para hacer algo sin sentirse víctimas del sistema.
Si podemos enseñar a nuestros hijos que no son víctimas y
que tienen la posibilidad de cambiar
sus experiencias aceptando la responsabilidad de su propia
vida, empezaremos a ver progresos
importantes.
8
Es esencial mantener abiertas las líneas de comunicación con
los hijos, sobre todo cuando son
adolescentes. Lo que suele suceder cuando los hijos
comienzan a hablar de lo que les gusta y lo que
no les gusta es que se les dice una y otra vez: «No digas
eso. No hagas eso. No sientas eso. No seas
así. No te expreses de este modo. No, No, No...». Finalmente
los hijos dejan de comunicarse y a
veces se van de casa. Si quieres verte rodeado por tus hijos
cuando sean mayores, mantén abiertas
las líneas de comunicación ahora que son jóvenes.
Celebra esas características únicas de tu hijo o tu hija.
Permite a tus hijos adolescentes que se
65
expresan a su manera, a su estilo, aunque a ti te parezca
que es una manía o una moda. No les
hagas sentirse mal ni los desanimes. Quién sabe la cantidad
y cantidad de modas y manías por las
que he pasado en mi vida, y lo mismo te sucederá a ti y les
sucederá a tus hijos.
Nuestros hijos aprenden de nuestros actos
Nuestros hijos jamás hacen lo que les decimos que hagan;
hacen lo que nosotros hacemos. No
podemos decirles «No fumes» o «No bebas» o «No tomes drogas»
si nosotros lo hacemos. Hemos
de servirles de ejemplo y llevar el tipo de vida que
deseamos que ellos lleven. Cuando los padres
están dispuestos a amarse a sí mismos, es asombroso ver la
armonía que se consigue en la familia.
Los hijos responden con un nuevo sentido de autoestima y
comienzan a valorarse y a respetarse.
Un ejercicio para la autoestima que podéis realizar tú y tus
hijos juntos es hacer una lista de
algunos de los objetivos que deseáis alcanzar. Pídeles a tus
hijos que escriban cómo se ven a sí
mismos dentro de diez años, dentro de un año, dentro de tres
meses. ¿Qué tipo de vida desean
tener? ¿Qué tipo de amigos les sería más beneficioso? Haz
que enumeren sus objetivos, cada
objetivo acompañado de una breve explicación y una
sugerencia sobre cómo pueden hacer realidad
sus sueños. Haz tú lo mismo.
Todos podríais guardar vuestras listas a mano para
recordaros los objetivos. Pasados tres meses,
repasad juntos las listas. ¿Han cambiado los objetivos? No
permitas a tus hijos que se autocastiguen
por no haber llegado hasta donde deseaban. Siempre pueden
modificar su lista. Lo más importante
es proporcionar a los jóvenes algo positivo que esperar con
ilusión.
Separación y divorcio
En
caso de separación y/o divorcio en la familia, es muy
importante que los padres sean positivos y
amables. Es una situación muy tensa para un niño que uno de
los padres le diga que el otro no es
bueno o no vale nada.
Como madre o padre, ámate cuanto te sea posible mientras
tienes experiencia que te provocan
temor y rabia, porque el niño se contagiará de tus
sentimientos. Si estás pasando por un período de
confusión, trastorno y dolor, el niño lo captará. Explícales
a tus hijos que «tus cosas» no tienen nada
que ver con ellos ni con lo que ellos valen.
No permitas que se hagan la idea de que cualquier cosa que
pasa es por su culpa, porque eso es
lo que suelen creer muchos niños. Hazles saber que les amas
muchísimo y que siempre estarás allí
para ellos.
Te sugiero que trabajes con el espejo cada mañana en
relación con tus hijos. Haz afirmaciones
diciendo que pasarán con toda facilidad y sin mayor esfuerzo
por los tiempos difíciles de modo que
todo el mundo estará bien. Libera tus experiencias dolorosas
con amor y haz afirmaciones de
felicidad para todas las personas implicadas.
Existe un grupo maravilloso llamado Agrupación del Estado de
California para la Promoción de la
Autoestima y la Responsabilidad Personal y Social. Fue
fundado por John Vasconcellos en 1987.
Entre sus miembros se cuentan Jack Canfield y el doctor
Emmett Miller. Yo apoyo sus trabajos de
investigación y sus intentos de apelar al gobierno para que
cree programas de autoestima en las
escuelas. Otros estados se han sumado a la petición de
incluir la asignatura de autoestima en las aulas.
Creo que estamos en la antesala de importantísimos cambios
en nuestra sociedad, sobre todo en
relación con la comprensión de nuestra propia valía. Si los
profesores, en particular, logran colocar en
el buen camino su propio sentido de valía personal, ayudarán
enormemente a nuestros hijos. Los
niños reflejan las presiones sociales y económicas con que
nos enfrentamos. Cualquier programa
relativo a la autoestima tendrá que abarcar a alumnos,
padres y profesores, como también a las
empresas y organizaciones.
Envejecer con gracia
Son muchas las personas que temen envejecer y sobre todo
parecer viejas. Hacemos de la vejez
algo tan terrible y poco atractivo… No obstante, es un
proceso natural y normal de la vida. Si no
podemos aceptar a nuestro niño interior y sentirnos a gusto
con lo que fuimos y con lo que somos,
¿cómo podemos aceptar la etapa siguiente?
Si no te haces viejo, ¿qué otra alternativa tienes?
Abandonar el planeta. En nuestra cultura hemos
creado lo que yo llamo «el culto a la juventud». Está muy
bien y es bueno amarnos cuando somos
jóvenes, pero ¿por qué no podemos amarnos cuando nos hacemos
mayores? Al final habremos
pasado por todas las edades de la vida.
Muchas mujeres se sienten invadidas por la angustia y el
temor cuando piensan en la vejez. La
comunidad gay también afronta muchos problemas que tienen
que ver con la juventud, la apariencia y
la pérdida de la belleza. Hacerse viejo significa tener
arrugas, canas, la piel floja… y, sí, yo deseo
hacerme vieja. Eso forma parte del hecho de estar aquí.
Estamos en este planeta para experimentar
todas las partes de la vida.
Yo entiendo que no queramos ser viejos y estar enfermos, de
modo que separemos esas dos
ideas. No nos imaginemos ni nos veamos poniéndonos enfermos
como medio para morir.
Personalmente, yo no creo que hayamos de morir
necesariamente de enfermedad.
Creo, en cambio, que cuando llega nuestra hora de partir,
cuando hemos realizado lo que vinimos
a hacer aquí, podemos echar una cabezadita o irnos a la cama
por la noche, y partir tranquila y
pacíficamente. No es necesario enfermar mortalmente. No
tenemos por qué estar conectados a má-
quinas. No tenemos por qué estar echados sufriendo en un
sanatorio para poder abandonar el
planeta. Actualmente hay muchísima información disponible
sobre cómo mantenernos sanos. No lo
aplaces, hazlo ahora mismo. Tenemos que sentirnos
maravillosamente cuando seamos viejos, para
así poder seguir experimentando nuevas aventuras.
Tiempo atrás leí algo que despertó mi curiosidad. Era un
artículo sobre una facultad de medicina de
San Francisco donde habían descubierto que nuestra forma de
envejecer no está determinada por los
genes, sino por algo que ellos llaman «el momento señalado
para envejecer», un reloj de tiempo
biológico que existe en nuestra mente. De hecho, este
mecanismo controla cuándo y cómo
empezamos a envejecer. El momento señalado, o reloj del
envejecimiento, está regulado en gran
parte por un factor importantísimo: nuestra actitud hacia el
hecho de hacerse viejo.
Por ejemplo, si crees que tener 35 años es ser de mediana
edad, esa creencia pondrá en marcha
cambios biológicos en tu cuerpo que harán que el proceso de
envejecimiento se acelere cuando
llegues a los 35 años. ¡Fascinante!, ¿verdad? En algún sitio
y de alguna manera, nosotros decidimos
qué es edad madura y qué es vejez. ¿Dónde pones tú el
«momento señalado» en tu interior? Tengo
en mi mente la imagen de que voy a vivir hasta los años y
que continuaré activa, de modo que es
muy importante que me mantenga sana.
Recuerda también que lo que damos recibimos de vuelta. Sé
consciente de cómo tratas a las
personas mayores puesto que cuando seas viejo esa será la
forma en que te tratarán. Si tienes
ciertos conceptos acerca de la gente mayor, te lo repito, te
estás formando ideas a las que
responderá tu subconsciente. Nuestras creencias, nuestros
pensamientos y conceptos sobre la vida y
sobre nosotros mismos siempre se convierten en realidad.
Yo creo que uno escoge a sus padres antes de nacer con el
fin de aprender valiosas enseñanzas.
Nuestro Yo Superior sabe qué experiencias necesitamos para
avanzar en nuestra senda espiritual.
De modo que sea el que fuere el trabajo que viniste a
realizar con tus padres, continúa haciéndolo.
Sea lo que fuere lo que ellos digan o hagan, o lo que hayan
dicho o hecho, en último término tú estás
aquí para amarte a ti mismo.
Como padre o madre, permite a tus hijos que se amen a sí
mismos, proporcionándoles el espacio
en que se sientan seguros para expresarse de forma positiva
e inofensiva. Recuerda también que así
como nosotros elegimos a nuestros padres, nuestros hijos nos
han elegido a nosotros. Todos tenemos importantes lecciones
que aprender.
A los padres que se aman a sí mismos les resulta más fácil
enseñar a sus hijos a amarse. Cuando
nos sentimos a gusto con nosotros mismos podemos enseñar la
dignidad y el sentido de valía
personal con el ejemplo.
Cuanto más
trabajemos en amarnos, mejor comprenderán nuestros hijos
que es bueno hacerlo.

|
|
|
|
|
| |
|