|
| |
|
El Poder
esta Dentro de Ti
Segunda
Parte
La Expresión de los Sentimientos
Louise L. Hay |
|

La
expresión de los sentimientos
Una tragedia puede convertirse en nuestro mayor bien
si la abordamos de tal forma que nos ayude a crecer.
Cómo
liberar la rabia de forma positiva
Todo el mundo tiene que vérselas con la rabia alguna que
otra vez en su vida. La rabia es una
emoción sincera. Cuando no se expresa, se va acumulando en
el cuerpo y normalmente se
manifiesta en forma de malestar (enfermedad) o de algún tipo
de disfunción del organismo.
Tal como nos sucede con la crítica, generalmente nos
enfadamos una y otra vez por las mismas
cosas. Si pensamos que no tenemos derecho a expresar nuestro
enfado, nos lo tragamos, lo cual nos
produce rencor, amargura o depresión. De manera que es bueno
«encargarnos» de la rabia cuando
ésta se presenta.
Hay muchas formas positivas de manejar la rabia. Una de las
mejores es hablar sinceramente con
la persona con quien estamos enfadados y liberar las
emociones contenidas. Podemos decirle:
«Estoy enfadado contigo porque __________ ».
Si sentimos ganas de gritarle o chillarle, eso quiere decir
que la rabia que sentimos se ha estado
formando durante bastante tiempo, probablemente porque no
nos atrevemos a hablar con la otra
persona. En este caso, lo mejor es liberar la rabia hablando
con esa persona en el espejo.
Busca un lugar donde te sientas seguro y sepas que no te van
a interrumpir. Mírate a los ojos en el
espejo. Si te resulta demasiado difícil, concéntrate en la
nariz o la boca. Mírate y/o mira a la persona
con quien estás enojado. Recuerda el momento en que te
enfadaste y deja que salga la rabia.
Comienza diciéndole por qué exactamente estás enfadado.
Expresa la rabia que sientes. Puedes
decir algo así:
Estoy enfadado contigo porque _____________________
Estoy muy dolida porque tú ________________________
Tengo tanto miedo porque tú _______________________
Deja salir todos tus sentimientos. Si te dan ganas de
expresarlos físicamente, coge algunos cojines
y golpéalos. No te asustes de que tu rabia tome su curso
natural. Ya has tenido reprimidos esos
sentimientos demasiado tiempo. No hay por qué sentir ninguna
culpa ni vergüenza. Recuerda, tus
sentimientos son pensamientos en acción. Tienen una
utilidad, y cuando los dejas salir libremente de
tu mente y de tu cuerpo, dejas espacio para otras
experiencias más positivas.
Cuando hayas terminado de expresar tu rabia, haz lo posible
por perdonar a la persona o las
personas que la provocaron. El perdón es un acto de libertad
para ti, porque eres tú quien se
beneficia con él. Si no puedes perdonar a alguien, entonces
el ejercicio será una afirmación negativa
y no curativa para ti. Hay diferencia entre «liberar» y
simplemente «revivir» viejas rabias. Tal vez
necesites decir algo así:
De acuerdo, esa situación está superada. Ahora pertenece al
pasado. No apruebo lo que has
hecho, pero comprendo que hiciste lo mejor que podías hacer
con el entendimiento, el
conocimiento y la información que tenías en aquel momento.
He acabado con esto. Te libero y
te dejo en paz. Tú eres libre y yo soy libre.
Tal vez tengas que repetir el ejercicio varias veces hasta
sentir que de verdad te has liberado de la
rabia. También es posible que necesites trabajar con varias
rabias. Haz lo que te parezca apropiado
para ti.
Podemos usar diversos métodos para descargar la rabia.
Podemos llorar y chillar contra un
almohadón, podemos golpear cojines, la cama o un saco de
arena de entrenamiento. Podemos
escribir una «carta de odio» y después quemarla. Podemos
gritar dentro del coche con las ventanillas
cerradas. Podemos ir a la pista de tenis o al campo de golf
y descargar la rabia golpeando pelotas
una tras otra. Podemos hacer ejercicio, nadar y dar varias
vueltas a la manzana corriendo. Podemos
escribir o dibujar nuestros sentimientos empleando la mano
no dominante: el proceso creativo es una
forma natural de liberar emociones.
Un hombre que asistía a uno de mis seminarios contó que él
se ponía un reloj de arena cuando
comenzaba la sesión de golpear almohadones. Se daba diez
minutos para dejar salir todas sus
frustraciones y la rabia que sentía contra su padre. A los
cinco minutos estaba agotado; cada treinta
segundos miraba el reloj y se daba cuenta de que aún le
quedaban unos cuantos minutos para
continuar.
Yo solía golpear la cama y armar mucho ruido. Ahora ya no
puedo hacerlo porque mis perros se
asustan y creen que estoy enfadada con ellos. Pero he
descubierto que me resulta muy efectivo gritar
dentro del coche o cavar un hoyo en el jardín.
Como ves, se puede ser bastante creativo para liberar los
sentimientos. Te recomiendo que hagas
algo de tipo físico para liberar las emociones muy cargadas,
algo que no entrañe ningún peligro. No
hagas cosas temerarias o peligrosas para ti o para los
demás. Acuérdate también de comunicarte con
tu Poder Superior. Entra a tu interior y reconoce que ahí
hay una respuesta a tu rabia y que la
encontrarás. Tiene mucho poder curativo meditar y visualizar
cómo sale libremente la rabia del
cuerpo. Envía amor a la persona con quien estás enojado y ve
cómo tu amor disuelve la discordia. Es
preciso que estés dispuesto a que haya armonía. Tal vez la
rabia que sientes te haga recordar que no
te comunicas bien con los demás. Al reconocerlo, puedes
corregirlo.
Es increíble la cantidad de personas que me dcen lo felices
que llegan a sentirse una vez que han
liberado la rabia que sentían. Es como si se quitaran de
encima un enorme peso. A una de mis
alumnas le resultaba dificilísimo dejar salir sus
sentimientos. Intelectualmente los comprendía, pero
no podía expresarlos. Una vez se permitió expresar sus
sentimientos, empezó a gritar y a dar
puntapiés y les dijo de todo a su madre y a su hija
alcohólica. Sintió que se aligeraba de una enorme
carga. Cuando la visitó su hija al poco tiempo, ella no paró
de abrazarla. Había dejado espacio para el
amor allí donde antes tenía acumulada la rabia reprimida.
A lo mejor eres una persona que se ha pasado enfadada la
mayor parte de su vida. Quizá sientas lo
que yo llamo «rabia habitual». Pasa algo y te enfadas. Pasa
otra cosa y te vuelves a enfadar. Y así
continuamente. Te pasas la vida enfadándote, pero nunca vas
más allá de la rabia. La rabia habitual
es infantil: uno siempre quiere salirse con la suya. Te
convendría preguntarte:
¿Por qué escojo estar todo el tiempo enfadado?
•
¿Qué hago para crearme una situación tras otra que me hacen
enfadar?
•
¿Es ésta la única manera que tengo de reaccionar ante la
vida?
•
¿A quién sigo castigando? ¿O amando?
•
¿Es esto lo que deseo?
•
¿Por qué necesito ponerme en este estado?
•
¿Qué creencia mía causa toda esta frustración?
•
¿Qué es lo que doy que produce en los demás la necesidad de
irritarme?
En otras palabras, ¿por qué crees que para salirte con la
tuya tienes que enfadarte? No quiero
decir con esto que no haya injusticias o que no tengas
derecho a enfadarte. Sin embargo la rabia
habitual no es buena para tu cuerpo, porque se queda alojada
allí.
Fíjate en qué centras tu atención la mayor parte del tiempo.
Siéntate frente al espejo durante diez
minutos y mírate. «¿Quién eres?», pregúntate. «¿Qué es lo
que deseas?» ¿Qué es lo que te hace
feliz?» «¿Qué puedo hacer para hacerte feliz?» Ha llegado el
momento de hacer algo diferente. Crea
dentro de ti un espacio nuevo y llénalo de hábitos amables,
optimistas y alegres.
Muchas personas suelen enfadarse cuando conducen. Expresan
así sus frustraciones contra los
malos conductores que se encuentran por el camino. Hace
bastante tiempo comprendí la realidad de
que lo iba a pasar mal debido a la incapacidad de otras
personas para seguir las normas de tráfico.
De modo que la forma que tengo de conducir es: primero pongo
amor en el coche al subirme a él, y
en seguida afirmo y sé que siempre voy a ir rodeada por
conductores maravillosos, competentes y
felices, que todas las personas que me rodean son buenos
conductores. Debido a mis creencias y
afirmaciones, rara vez me toca algún mal conductor cerca.
Los malos conductores suelen estar lejos,
molestando a aquel que va agitando el puño y chillando.
Tu coche es una prolongación tuya, del mismo modo que todo y
todos son prolongaciones tuyas: por
lo tanto, pon amor en tu coche y envía tu amor a todas las
personas que te rodean en las calles y en
las carreteras. Las partes del coche, pienso yo, son
similares a las partes de nuestro cuerpo.
Por ejemplo, una de las chicas que trabajan conmigo
encontraba que «no tenía visibilidad», no
veía hacia dónde iba su vida ni adónde deseaba ir ella. Una
mañana se levantó y se encontró con
que el parabrisas de su coche estaba roto. Un conocido mío
consideraba que estaba «atascado» en
su vida. Ni avanzaba ni retrocedía, sencillamente estaba
parado. Tuvo un pinchazo en el neumático y
no pudo continuar su camino. Sé que esto puede parecer tonto
al principio, pero encuentro fascinante
la terminología automovilística que emplearon para referirse
al estado mental en que se encontraban.
No tener visibilidad significa que no ves nada hacia
adelante. El parabrisas es una metáfora perfecta,
así como un neumático pinchado es un ejemplo perfecto del
hecho de quedarse «atascado». La
próxima vez que le suceda algo a tu coche, piensa qué te
parece que representa la parte estropeada
y ve si puedes hacer una conexión con tu estado de ánimo o
tus sentimientos en ese momento
concreto. Puede que te sorprenda el resultado. Algún día
escribiré un librito y lo titularé
Sane su automóvil.
Hubo una época en que no se comprendía la relación
cuerpo-mente. Ha llegado la hora de que
ensanchemos aún más nuestro pensamiento y comprendamos la
relación máquina-mente.
Toda situación en la vida es una experiencia educativa y se
puede manejar para que nos funcione.
No hay nada nuevo ni
especial respecto a la rabia. Nadie escapa a su experiencia. El
secreto está en
identificarla por lo que es y en llevar esa energía en una dirección
más sana. Si te pones enfermo, no
te enfades por ello. En lugar de meter rabia en tu cuerpo, llénalo
de amor y perdónate. Las personas
que se dedican a cuidar a los enfermos podrían acordarse de cuidarse
ellas también. Si no lo hacen,
no serán de ninguna utilidad ni para sí mismas ni para sus amigos y
familiares. Se quemarán. Es
preciso que hagan algo para dejar salir sus sentimientos también.
Una vez que se aprende a manejar
la rabia de forma positiva, que aporte beneficios, se descubren
maravillosos cambios que van
mejorando la calidad de la vida.
El resentimiento es la causa de diversas enfermedades
El resentimiento es rabia que se lleva enterrada durante mucho
tiempo. El principal problema del
resentimiento es que se aloja en el cuerpo, generalmente siempre en
el mismo sitio, y llegado un
momento comienza a carcomer los tejidos. Muchas veces se convierte
en tumores y cánceres. Por lo
tanto, reprimir la rabia y dejar que se instale en el cuerpo no
conduce a una buena salud. Lo repito
nuevamente, es hora de dejar salir esos sentimientos.
Muchos nos hemos criado en hogares donde no estaba permitido
enfadarse. A las mujeres sobre
todo se nos enseñó que enfadarse era algo malo. La rabia no era
aceptable; sólo a una persona,
normalmente el padre o la madre, se le permitía expresarla. Ahora
podemos comprender que somos
nosotros los que nos aferramos a ella. Nadie más tiene nada que ver.
Una ostra coge un granito de arena y lo va cubriendo de carbonato de
calcio hasta que el granito
se transforma en una hermosa perla. De igual modo, nosotros cogemos
nuestras heridas
emocionales y las vamos alimentando mediante lo que yo llamo pasar
la vieja película una y otra vez
en nuestra mente. Si queremos vernos libres de esas viejas heridas,
si deseamos superarlas, es el
momento entonces de dejarlas atrás y continuar avanzando.
Uno de los motivos de que las mujeres desarrollen quistes y tumores
en el útero es lo que yo llamo
el síndrome de «él me hizo daño». Los órganos genitales representan
en el hombre la parte más
masculina del cuerpo, el principio masculino, y en la mujer la parte
más femenina, el principio fe-
menino. Cuando una persona pasa por una crisis emocional en sus
relaciones, la lleva a una de esas
zonas. Las mujeres en general la llevan a sus órganos femeninos, a
su parte más femenina, y allí la
van nutriendo hasta que se transforma en un quiste o un tumor.
Es posible que nos dé muchísimo trabajo disolver el resentimiento,
ya que está enterrado muy hondo
dentro de nosotros. Me llegó una carta de una mujer que estaba
trabajando en su tercer tumor
canceroso. Aún no había disuelto su resentimiento y continuaba
creando nuevos tumores en su
cuerpo. Yo noté que se sentía muy justificada en su amargura. Le era
más fácil que el médico le
quitara el último tumor que trabajar en el perdón. Lo mejor habría
sido que hubiera podido hacer
ambas cosas. Los médicos son muy buenos para quitar tumores, pero
nosotros podemos hacerlos
reaparecer.
A veces preferimos morir antes que cambiar un hábito. Y nos morimos.
He visto que muchas
personas prefieren morir a cambiar un hábito alimentario. Y se
mueren. Esto es bastante terrible
cuando le sucede a un ser querido y nos damos cuenta de las opciones
alternativas que podría haber
tomado.
Sea cual sea la elección que hagamos, siempre será la correcta para
nosotros, y no hay nada de
qué culparse, incluso en el caso de que abandonemos el planeta.
Todos dejaremos el planeta tarde o
temprano, y encontraremos la forma de hacerlo en el momento oportuno
para nosotros.
No nos culpemos por fracasar o por hacer mal las cosas. No nos
sintamos culpables. No hay
ninguna culpa. Nadie hace mal nada. Todos hacemos las cosas lo mejor
que podemos con el
entendimiento y la información de que disponemos. Todos tenemos
nuestro Poder interior, recuér-
dalo, y hemos venido aquí a aprender ciertas enseñanzas. Nuestro Yo
Superior conoce nuestro
destino y sabe lo que necesitamos aprender para progresar en nuestro
proceso evolutivo. No hay
ningún modo equivocado o malo de hacer las cosas, simplemente «hay».
Todos estamos
embarcados en un viaje infinito por la eternidad, y tenemos una vida
tras otra. Lo que no resolvemos
en una vida lo resolveremos en alguna otra.
Los sentimientos reprimidos llevan a la depresión
La depresión es la rabia vuelta hacia dentro. Es también la rabia
que pensamos que no tenemos
derecho a sentir. Por ejemplo, es posible que consideres que no está
bien sentir rabia contra tu padre
o tu madre, o contra tu pareja o tu mejor amigo. Sin embargo la
sientes, y además te sientes
atascado por ello. Esa rabia se transforma en depresión. Actualmente
hay muchísimas personas que
sufren de depresión, incluso de depresión crónica. Cuando se llega a
este extremo es muy difícil salir
de ella. La persona se siente tan inútil, tan desesperada, que le
cuesta un enorme esfuerzo hacer
cualquier cosa.
Por muy espiritual que seas, tienes que fregar los platos de vez en
cuando. No se pueden dejar los
platos sucios amontonándose en el fregadero con la excusa: «Ah, es
que yo soy metafísico». Lo
mismo ocurre con los sentimientos: si quieres tener una mente que
discurra libremente, deberás lavar
tus platos sucios mentales.
Una de las mejores formas de hacerlo es darse permiso para expresar
parte de la rabia, y así
reducir un poco la depresión. Actualmente hay terapeutas que se
especializan en liberar la rabia. Una
o dos sesiones con alguno de ellos te serán de gran utilidad.
Personalmente creo que todos necesitamos golpear la cama una vez a
la semana, con o sin rabia.
Hay algunas terapias que animan a entrar adentro de la propia rabia;
yo pienso, sin embargo, que de
este modo te sumerges en la rabia durante demasiado tiempo. Como
cualquier emoción que aflora, la
rabia dura sólo unos minutos. Los bebés entran y salen de sus
emociones con mucha rapidez. Es
nuestra reacción ante la emoción lo que nos hace aferrarnos a ella y
reprimirla.
Elisabeth Kübler-Ross emplea un maravilloso ejercicio en sus
seminarios; ella lo llama
«exteriorización». Hace que los participantes agarren un trozo de
manguera de goma y golpeen con
ella unos cuantos listines de teléfono viejos una y otra vez,
dejando emerger todo tipo de emociones.
Cuando liberamos la rabia, es normal que nos sintamos un poco
avergonzados, sobre todo si
expresarla va contra nuestro código familiar. La primera vez que lo
hagas te sentirás violento, pero
una vez te acostumbres, hasta puede ser divertido, y en todo caso es
muy poderoso. Dios no te va a
odiar por enfadarte. Una vez que hayas liberado parte de esa vieja
rabia, serás capaz de mirar tu
situación bajo una nueva luz y de encontrar soluciones.
Otra cosa que sugeriría a una persona deprimida es que trabaje con
un buen dietista para limpiar
su dieta. Es sorprendente el efecto beneficioso que esto tiene en la
mente. Las personas deprimidas
suelen comer muy mal, lo cual aumenta el problema. Todos necesitamos
que los alimentos que
tomamos sean buenos para nuestro cuerpo. Además, muchas veces nos
encontramos con que hay
un desequilibrio químico en el cuerpo que se agrava aún más por la
ingestión de algún tipo de
medicamento.
Otro maravilloso tratamiento para liberar sentimientos es el
rebirthing*
porque va más allá del intelecto. Si nunca has hecho una sesión de
rebirthing, te recomiendo que lo pruebes. Ha ayudado enormemente a
muchas personas. Es una modalidad de respiración que te ayuda a
conectar con problemas pasados de modo que los puedas liberar de
forma positiva. Algunos terapeutas de rebirthing te hacen repetir
tus afirmaciones mientras dura la sesión.
También son recomendables trabajos corporales como el rolfing, que
consiste en un tratamiento
de profunda manipulación del tejido conecivo. Este método fue creado
por Ida Rolf. Tenemos,
asimismo, las técnicas Heller y Trager. Todos estos procedimientos
son excelentes formas de liberar
pautas de comportamiento restrictivas que se almacenan en el cuerpo.
Una determinada terapia
puede ser buena para algunas personas y no para otras. La única
manera de descubrir cuál es la que
nos va mejor es probar diferentes posibilidades.
La sección de autoayuda de las librerías es un excelente lugar para
informarse sobre las distintas
alternativas. Las tiendas de alimentos dietéticos suelen tener
información sobre reuniones y clases.
Cuando el discípulo está dispuesto, aparece el maestro.
El temor es falta de confianza
El temor se ha extendido por el mundo. Lo vemos y lo escuchamos cada
día en los telediarios. Está
presente en forma de guerras, asesinatos, codicia y mucho más. El
temor es falta de confianza en
nosotros mismos. Debido a eso no confiamos en la Vida. No confiamos
en que estamos protegidos
en un plano superior, de modo que necesitamos controlarlo todo en el
plano físico. Es lógico, pues,
que sintamos miedo porque no podemos controlarlo todo en nuestra
vida.
Cuando deseamos superar nuestros temores aprendemos a confiar. Esto
se llama dar «el salto de
fe»: confiar en el Poder interior que está conectado con la
Inteligencia Universal. Confiar en lo que es
invisible en lugar de confiar únicamente en el mundo físico y
material. No quiero decir que nos
quedemos cruzados de brazos sin hacer nada, sino simplemente que si
confiamos vamos a pasar por
la vida con mucha más facilidad. ¿Recuerdas lo que dije
anteriormente? Yo creo que todo lo que
necesito saber se me revela. Confío en que se me cuida y se me
protege, aun cuando no tenga el
control físico de todo lo que sucede a mi alrededor.
* Renacimiento. Los especialistas suelen preferir la palabra
rebirtínng (N. de la T.)
Cuando surge un pensamiento de temor, en realidad lo que intenta es
protegerte. Te sugiero que
le digas: «Sé que quieres protegerme y aprecio tu deseo de ayudarme.
Gracias». Reconoce que el
pensamiento de temor está ahí para cuidar de ti. Cuando tienes un
susto de tipo físico, tu cuerpo
bombea adrenalina para protegerte del peligro. Lo mismo sucede con
el temor que fabricamos en la mente.
Observa tus miedos e identifícalos. Ellos no son tú. Piensa en el
miedo de la misma forma en que
piensas en una película: lo que ves en la pantalla no está ahí en
realidad. Las imágenes que se
mueven son solamente trozos de celuloide que cambian y desaparecen
con rapidez. Nuestro temores
vienen y van con la misma rapidez que esas imágenes, a no ser que
insistamos en aferramos a ellos.
El temor es una limitación de nuestra mente. La gente tiene
muchísimo miedo de ponerse enferma,
de quedarse sin casa o de cualquier otra cosa. La rabia es el temor
que se convierte en mecanismo
de defensa. Trata de protegerte, y, no obstante, te sería muchísimo
más provechoso hacer
afirmaciones para dejar de recrear situaciones terribles en tu mente
en el intento de amarte a través
del temor. Nada nos viene de fuera. Estamos en el centro de todo lo
que sucede en nuestra vida.
Todo está en nuestro interior: cualquier experiencia o relación
refleja una pauta mental interior.
El temor es lo contrario del amor. Cuanto más dispuestos estamos a
amarnos y a confiar en
nosotros mismos, más atraemos esas cualidades hacia nosotros. Cuando
pasamos por una racha de
verdadero miedo, inquietud o preocupación, o no nos sentimos a gusto
con nosotros mismos, ¿no es
sorprendente cómo todo va mal en nuestra vida? Una cosa tras otra.
Parece la historia de nunca
acabar.
Bien, pues, lo mismo pasa cuando nos amamos verdaderamente. Todo
comienza a ir por la senda
del triunfo, «las luces se nos ponen verdes» y encontramos «sitios
para aparcar». Todas esas cosas
que hacen tan agradable la vida, las pequeñas y las grandes. Nos
levantamos por la mañana y el día
se despliega bellamente.
Ámate para que puedas cuidar de ti mismo. Haz todo lo que puedas
para fortalecer tu corazón, tu
cuerpo y tu mente. Vuélvete hacia tu Poder interior. Busca una buena
conexión espiritual y esfuérzate
por mantenerla.
Si te sientes amenazado o asustado, respira conscientemente. Con
frecuencia retenemos el
aliento cuando estamos asustados. Respira hondo unas cuantas veces.
La respiración abre el
espacio interior que es tu poder, fortalece la columna vertebral,
abre la caja torácica y deja al corazón
más espacio para dilatarse. Al respirar empiezas a echar abajo
barreras y a abrirte. Te expandes en
vez de contraerte. Tu amor fluye. Di: «Soy uno con el Poder que me
ha creado. Estoy seguro y a
salvo. Todo está bien en mi mundo».

La limpieza
de las adicciones
Las adicciones son formas que tenemos de enmascarar nuestros
temores: suprimen las emociones
para que no sintamos. Hay muchos tipos de adicciones además
de las químicas. También están las
que yo llamo «adicciones a pautas», a esos hábitos que
adoptamos para evitar estar presentes en
nuestra vida. Cuando no queremos afrontar lo que tenemos
delante, o cuando no deseamos estar
donde estamos, echamos mano de una pauta o hábito que nos
mantiene desconectados de nuestra
vida. Para algunas personas puede ser una adicción a la
comida o a algún producto químico. Puede
que haya una disposición genética al alcoholismo, pero la
opción de seguir enfermo es siempre
individual. Muchas veces, cuando hablamos de que algo es
hereditario, se trata en realidad de la
aceptación por parte del niño pequeño de la forma de
afrontar el temor que empleaban su padre o su
madre.
Para otras personas, están las adicciones emocionales. Se
puede ser adicto a encontrar defectos
en la gente. Pase lo que pase, siempre se encuentra a
alguien a quien echarle la culpa: «La culpa es
suya, ellos me hicieron esto».
Hay adictos a las facturas. Muchas personas son adictas a
endeudarse; hacen todo lo posible por
estar siempre llenas de deudas. Y por lo visto, esto no
tiene nada que ver con la cantidad de dinero
de que dispongan.
También hay personas adictas al rechazo. Dondequiera que
vayan atraen a gente que las rechaza.
Encuentran rechazo por todas partes. Sin embargo, el rechazo
del exterior es un reflejo de su propio
rechazo. Si estas personas no se rechazaran, nadie las
rechazaría, y aunque lo hicieran, ciertamente
a ellas no les importaría. Si éste es tu caso, pregúntate:
«¿Qué es lo que no acepto de mí?».
Hay muchísimas personas adictas a la enfermedad. Siempre
están enfermas o preocupadas por el
temor de enfermar. Es como si pertenecieran al Club de la
Enfermedad del Mes.
Si has de ser adicto a algo, ¿por qué no lo eres a amarte a
ti mismo? Podrías ser adicto a hacer
afirmaciones positivas o a llevar a cabo cosas que te apoyen
y te alienten.
La necesidad compulsiva de comer en exceso
Recibo muchísimas cartas de personas que tienen problema de
exceso de peso. Siguen una dieta
para adelgazar durante dos o tres semanas y la dejan.
Entonces se sienten culpables por haberla
abandonado. En lugar de apreciar que hicieron cuanto
pudieron, se enfadan consigo mismas y se
sienten agobiadas por la culpa. Para castigarse, pues la
culpa siempre busca castigo, van a
restaurantes y comen alimentos que no son buenos para su
cuerpo. Si estas personas lograran re-
conocer que durante esas dos o tres semanas que siguieron un
determinado régimen hicieron algo
maravilloso para su cuerpo, y dejaran de cubrirse con capas
y más capas de culpa, podrían romper el
hábito. Podrían comenzar a decir: «Yo tenía un problema de
peso; ahora me doy permiso para tener
el peso perfecto para mí», y el hábito de comer en exceso
empezaría a marcharse. Sin embargo, no
es necesario concentrarse demasiado en el problema de la
comida porque no es ahí donde está el
verdadero problema.
El hecho de comer en exceso siempre significa que hay una
necesidad de protección. Cuando uno
se siente inseguro o asustado, se cubre de una almohadilla o
capa de seguridad. El peso no tiene
nada que ver con la comida. La mayor parte de la gente se
pasa la vida enfadada consigo misma por
estar gorda. ¡Qué desperdicio de energía! Lo que hay que
comprender, más bien, es que hay algo en
nuestra vida que nos hace sentir inseguros o en peligro.
Puede tratarse del trabajo, el cónyuge, la
propia sexualidad o la vida en general. Si tienes un
problema de exceso de peso, déjalo a un lado, no
te preocupes por la comida y presta atención a esa pauta
interior que dice: «Necesito protección
porque me siento inseguro».
Es asombrosa la forma en que responden nuestras células a
estas pautas. Cuando desaparece la
necesidad de protección, cuando comenzamos a sentirnos
seguros, la grasa se diluye. Lo he
observado en mi propia vida: cuando no me siento segura y a
salvo, comienzo a engordar. Cuando mi
vida transcurre muy acelerada, y trabajo demasiado y me
siento desbordada, experimento una
necesidad de protección, una necesidad de seguridad.
Entonces digo: «De acuerdo, Louise, ya es
hora de que trabajes para sentirte segura. Quiero que sepas
de verdad que estás a salvo, que todo
va bien y que puedes hacer lo que quieras, estar donde
quieras y tener todo lo que está sucediendo
ahora mismo. Estás a salvo y yo te amo».
El peso es sólo el efecto exterior del miedo que hay dentro.
Cuando te mires en el espejo y veas a
esa persona gorda que te contempla, recuerda que estás
viendo el resultado de tu antigua forma de
pensar. Cuando empieces a cambiar de pensamientos, habrás
plantado la semilla de lo que se
convertirá en realidad para ti. Lo que elijas pensar hoy
creará la nueva figura que tendrás mañana.
Uno de los mejores libros sobre cómo liberar peso es el de
Sondra Ray titulado
The Only Diet There Is
[La única dieta que hay]. La dieta a la que se refiere este
libro es la de abstenerse de pensamientos
negativos. La autora enseña cómo hacerlo, paso a paso.
Grupos
de autoayuda
Los
grupos de autoayuda se han convertido en una nueva entidad
social. Creo que se trata de un
movimiento muy positivo. Estos programas hacen un bien
enorme. Personas que tienen problemas
similares se reúnen, no a lamentarse ni a quejarse, sino a
buscar formas de trabajar para solucionar
esos problemas y mejorar la calidad de su vida. Actualmente
existen grupos para casi todos los
problemas que uno pueda imaginarse. Sé que puedes encontrar
alguno que te convenga. En muchas
iglesias también hay reuniones de grupo.
En cualquier tienda de alimentos dietéticos (uno de mis
lugares favoritos) encontrarás información
sobre este tema. Si te tomas en serio el cambio de tu vida,
hallarás la manera de llevarlo a cabo.
Los Programas de 12 Pasos existen desde hace mucho tiempo,
en un enfoque muy práctico y que
da excelentes resultados. El programa de los 12 Pasos de
Alcohólicos Anónimos, dirigido a los
familiares de adictos, es uno de los mejores para todo tipo
de personas.
Los sentimientos son nuestros indicadores Interiores
Cuando nos criamos en una familia con problemas o que no
funciona bien, aprendemos a hacer lo
posible por evitar conflictos, y esto tiene como
consecuencia la negación de nuestros sentimientos.
Suele sucedemos que no confiamos en que los demás puedan
satisfacer nuestras necesidades, de
modo que ni siquiera pedimos ayuda. Estamos convencidos de
que hemos de ser lo suficientemente
fuertes para arreglárnoslas solos. El único problema es que
nos desconectamos de nuestros propios
sentimientos, que son la base de nuestra relación con
nosotros mismos, con los demás y con el
mundo que nos rodea; son los indicadores de lo que marcha o
no marcha en nuestra vida. Aislarlos y
desconectarlos sólo nos lleva a problemas más complicados y
a enfermedades físicas. Lo que se
puede sentir se puede sanar. Si no te permites sentir lo que
pasa en tu interior, no sabrás por dónde
comenzar el proceso de curación.
Por lo visto muchos de nosotros vamos por la vida
sintiéndonos constantemente culpables,
envidiosos, asustados o tristes. Nos creamos hábitos que nos
mantienen repitiendo sin cesar las
mismas experiencias que afirmamos que no queremos tener. Si
te pasas la vida enfadado, triste,
temeroso o celoso, y no conectas con la causa subyacente en
tus sentimientos, continuarás creando
más rabia, tristeza, temor, etcétera. Cuando dejamos de
sentirnos víctimas, somos capaces de
recuperar nuestro poder. Tenemos que estar dispuestos a
aprender la lección para que el problema
desaparezca.
Si confiamos en el proceso de la vida y en nuestra conexión
espiritual con el Universo, podremos
disolver nuestros enfados y temores tan pronto como
aparecen.
Ciertamente
podemos confiar en la
vida y saber que todo sucede dentro del correcto orden
divino y en el momento y el lugar perfectos.

|
|
|
|
|
| |
|