El
cuerpo etérico atrae energías vitales del sol a través del chakra
del plexo solar, y energías vitales de la tierra a través del chakra
basal. Acumula estas energías y, a través de los chakras y los nadis,
las conduce al cuerpo físico en flujos vitales ininterrumpidos. Las
dos formas de energía se encargan de mantener un equilibrio vivo en
las células corporales. Cuando el «hambre de energía» del organismo
está saciado, la energía sobrante del cuerpo etérico se irradia
hacia fuera a través de los chakras y de los poros. Sale a través de
los poros en filamentos de energía rectos de aproximadamente 5
centímetros de longitud y constituye el aura etérica, que, por lo
general, es la primera fracción del aura total percibida por las
personas clarividentes. Estos rayos se disponen en torno al cuerpo
físico formando como un manto protector. Impiden a los gérmenes
patógenos y a los contaminantes penetrar en el cuerpo, y
simultáneamente irradian un flujo constante de energía vital hacia
el entorno.
Esta
protección natural significa que, básicamente, una persona no puede
enfermar debido a causas de origen externo. Las razones de una
enfermedad radican siempre en ella misma. Los pensamientos y
emociones negativos, y una forma de vida que no esté en consonancia
con las necesidades naturales de cuerpo (sobreesfuerzo, alimentación
insana, abuso de alcohol, nicotina y drogas), pueden consumir la
energía vital etérica, por lo que la irradiación energética natural
perderá intensidad y vigor. De esta forma surgen zonas débiles en el
aura. Los filamentos energéticos mencionados aparecen doblados o
se sobrecruzan en formas desordenadas. El clarividente puede
reconocer «agujeros» o «grietas» en el aura, a través de los cuales
pueden penetrar en el cuerpo las vibraciones negativas y las
bacterias causantes de enfermedades. Además, la energía vital puede
«escapar» de la zona no material a través de estas heridas.
Debido a esta estrecha relación existente entre el estado de cuerpo
físico y la radiación energética del cuerpo etérico, a menudo se
habla también de un aura de la salud. Antes de manifestarse en el
cuerpo físico, las enfermedades se manifiestan en el aura etérica. Y
pueden ser detectadas y tratadas en este plano. La denominada
fotografía Kirlian consiguió hacer visible por primera vez esta
radiación energética, propia de cada ser vivo*. Basándose en
este invento, se han hecho diagnósticos muy precisos y se han
detectado enfermedades incluso cuando aún se encontraban en fase
latente.
El
cuerpo etérico, y con él el cuerpo físico, reaccionan de forma
particularmente intensa a los impulsos mentales que proceden del
cuerpo mental. Aquí estriba la razón de los éxitos que el
pensamiento positivo tiene sobre la salud. Nosotros podemos
favorecer la salud de nuestro cuerpo utilizando prudentemente las
sugestiones positivas.
Otra
función importante del cuerpo etérico consiste en servir de
intermediario entre los cuerpos energéticos superiores y el cuerpo
físico. Transmite al cuerpo emocional y al cuerpo mental las
informaciones que recogemos a través de los sentidos corporales, y
simultáneamente transmite energías e informaciones desde los cuerpos
superiores al cuerpo físico. Cuando el cuerpo etérico se encuentra
debilitado, este flujo de información y energía se halla
obstaculizado, y el hombre puede parecer indiferente tanto en el
plano emocional como en el mental.
Para
armonizar y recargar el cuerpo etérico son idóneas las diversas
formas de terapia que se describen más adelante en este libro.
A
este respecto es interesante señalar que las plantas, en particular
las flores y los árboles, también poseen una radiación energética
muy semejante al aura etérica del hombre. Puedes utilizar esta
radiación para proporcionar nueva energía a tu propia aura. También
se encuentra en los aceites esenciales, cuya aplicación exponemos en
el capitulo correspondiente del presente libro. Pero también puedes
ponerte en contacto directo
* Se
trata de un método especial de fotografía de alta frecuencia
desarrollado por el matrimonio de investigadores rusos Semion D. y
Valentina K. Kirlian, de los cuales recibe su nombre
con la energía de
las plantas. Para ello, apoya tu espalda contra un árbol que te
resulte simpático o abrázalo, descargando todo tu cuerpo contra él.
Deja que la fuerza armonizadora y energética del árbol se transmita
a tu interior. También puedes tumbarte en una pradera florida y
repleta de aromas y dejar que las vibraciones de las delicadas
flores te envuelvan y penetren. También las flores cortadas o las
flores colocadas en un florero que tengas cerca de ti pueden
transmitirte algo de su energía activadora y armonizadora. Las
plantas reaccionan a tu amor y a tu agradecimiento por este servicio
aumentando aún mas su fuerza de irradiación, pues entre sus
misiones figura la de ayudar de esta forma al hombre.
El cuerpo
emocional
El
cuerpo emocional, con frecuencia denominado también cuerpo astral,
es el portador de nuestros sentimientos, de nuestras emociones y de
las cualidades de nuestro carácter; ocupa aproximadamente el mismo
espacio que el cuerpo físico. En una persona poco desarrollada, sus
contornos están poco delimitados: el cuerpo emocional se presenta
como una sustancia nebulosa que se mueve caótica y desordenadamente
en todas las direcciones. Cuanto más desarrollada esté una persona
en la definición de sus sentimientos, sus simpatías y las cualidades
de su carácter, tanto más claro y transparente se manifestará su
cuerpo emocional. El clarividente puede observar un contorno
nítidamente marcado que se adapta perfectamente a la forma del
cuerpo físico.
El
aura del cuerpo emocional presenta una forma ovalada y puede
extenderse a varios metros de distancia en torno a la persona. Toda
emoción se irradiará en su aura correspondiente a través del cuerpo
emocional. Este proceso se produce fundamentalmente a través de los
chakras, y en menor medida a través de los poros. El aura emocional
está inevitablemente en movimiento. Junto a las peculiaridades del
carácter fundamentales y relativamente constantes que se reflejan
como los colores esenciales permanentes del aura, cada sentimiento
instantáneo, cada estimulo del ámbito de las emociones, se reflejará
en el aura. Es un juego indescriptible de colores irisados que
cambian constantemente con toda clase de matices. Por ejemplo,
emociones como la angustia, la furia, la opresión y las
preocupaciones generan en el aura figuras nebulosas oscuras. Cuanto
más abre una persona su conciencia al amor, la entrega y la alegría,
más claros y transparentes son los colores que irradia su aura
emocional.
Ninguno de los otros cuerpos no materiales marca con tanta fuerza
como el cuerpo emocional la visión del mundo y de la realidad del
hombre medio. En el cuerpo emocional se hallan almacenadas, entre
otras, todas nuestras emociones no liberadas, las angustias y
agresiones conscientes e inconscientes, las sensaciones de soledad,
rechazo y falta de autoconfianza, etc.: emiten sus vibraciones a
través del aura emocional y transmiten el mensaje inconsciente que
enviamos al mundo exterior. Y aquí es donde se realiza el principio
de la atracción mutua. Las frecuencias energéticas que emitimos
atraen vibraciones energéticas iguales del entorno y se unen con
ellas. Esto significa que, con frecuencia, nos encontraremos con
personas y circunstancias que precisamente reflejan aquello que
nosotros queremos evitar o de lo que queremos librarnos
conscientemente, o aquello que tememos. De esta forma, el entorno
nos sirve como espejo para todos aquellos elementos que hemos
relegado desde nuestra vida consciente a las áreas del inconsciente.
Efectivamente, los sentimientos no liberados del cuerpo emocional
aspiran a mantenerse con vida y a crecer dentro de lo posible. Así
nos llevan una y otra vez a situaciones que se encargan de repetir
las vibraciones emocionales originales, puesto que esas vibraciones
son como su alimento.
La
frecuencia de la angustia en una persona atrae situaciones en las
que ve confirmada una y otra vez su angustia. Si esa persona
encierra en si agresiones, siempre encontrará personas que
exteriorizan las vibraciones de furia y agresión. Por ejemplo, si
nos hemos propuesto no decir palabrotas en determinadas situaciones,
pero sin haber liberado la agresión dentro de nosotros, puede
suceder que alguien de nuestro alrededor comience inesperadamente a
decir palabrotas.
El
pensamiento consciente y los objetivos mentales del cuerpo mental
tienen poca influencia sobre el cuerpo emocional, que sigue sus
propias leyes. El cuerpo mental puede dirigir el comportamiento
hacia el exterior, pero no suprimir las estructuras emocionales
inconscientes.
Así,
por ejemplo, una persona puede aspirar conscientemente al amor o el
éxito, e inconscientemente irradiar frecuencias energéticas
contradictorias de celos y falta de autoconfianza, que le impedirán
alcanzar su objetivo consciente.
Las
estructuras emocionales continúan existiendo a través de las
diferentes encarnaciones siempre que no se liberen, puesto que el
cuerpo emocional perdura después de la muerte física y se une en la
reencarnación con el nuevo cuerpo físico. Las experiencias no
liberadas almacenadas en el cuerpo emocional determinan en gran
medida las circunstancias de la nueva vida.
Cuando hayamos comprendido realmente y de una vez por todas estas
relaciones, debemos cesar obligatoriamente de vernos en el «papel de
víctimas» y de atribuir la culpa de nuestras debilidades y miserias
a otras personas o a las circunstancias. Eso significa en si mismo
una gran liberación, puesto que entonces ya sabemos que tenemos gran
parte de nuestro destino en nuestras propias manos, y podemos
empezar a cambiar nuestra vida cambiándonos a nosotros mismos.
La
mayor proporción de «nudos emocionales» del cuerpo emocional se
encuentra localizada en la zona del chakra del plexo solar. Este
chakra nos proporciona el acceso más directo a nuestras estructuras
emocionales a través de la vivencia inmediata. Sin embargo, si
queremos percibir y conocer estas estructuras mediante el
entendimiento consciente, debemos traspasar los contenidos del
chakra del plexo solar con la forma de manifestación suprema del
cuerpo mental, la visión intuitiva, a la que tenemos acceso a través
del chakra frontal. Pero ni siquiera esto significa una liberación
real. Una disolución de las estructuras emocionales sólo puede
producirse a través del cuerpo espiritual, que manifiesta la
sabiduría, el amor y la bendición de nuestro yo superior,
permitiendo al mismo tiempo conocer las relaciones interiores
partiendo de la visión universal y holística de dicho yo. Este
vínculo podemos establecerlo a través del chakra del corazón y del
chakra coronal.
El yo superior no
enjuicia, no divide las experiencias en «buenas» y «malas». Nos
indica que tenemos que recorrer determinadas experiencias sólo para
comprender qué sentimientos y acciones tienen como consecuencia una
separación de la mente divina original, causando con ello
sufrimiento, y para comprender y aprender a entender las leyes
cósmicas del equilibrio natural. En los ámbitos de la vida en los
que hoy nos consideramos «víctimas», en anteriores encarnaciones
nosotros fuimos con gran frecuencia los «autores».
También en la terapia de los chakras tiene una importancia decisiva
una actitud interior en la que afirmamos todas las experiencias y
contenidos del cuerpo emocional y en la que contemplamos las
imágenes y sensaciones que aparecen espontáneamente, sin rechazar o
enjuiciar nada de ello, puesto que de esta forma nuestro yo superior
puede asumir él «mando» e imbuir en todo nuestro ser las energías
espirituales de nuestro cuerpo energético supremo.
Cuando las vibraciones de nuestro cuerpo espiritual se unen con el
cuerpo emocional y lo penetran, éste comienza a vibrar más
rápidamente y empieza a expulsar las energías negativas almacenadas,
que tienen frecuencias menores. Con ello perdemos el recuerdo
emocional de estas experiencias y podemos perdonarnos a nosotros
mismos y a los demás.
A
medida que aumenta la disolución de las estructuras emocionales
estancadas, el cuerpo emocional comienza a irradiar profundos
sentimientos de amor y de alegría incondicional. El aura emocional
luce con los colores más claros, intensos y transparentes, y los
mensajes que emite al entorno atraen la felicidad y el amor. Una
capacidad rayana en lo milagroso para atraer todo lo deseado es la
consecuencia natural de un cuerpo emocional plenamente integrado que
vibra con las frecuencias máximas que le son posibles.
El cuerpo mental
Nuestros pensamientos e ideas, y nuestros conocimientos racionales e
intuitivos, son portados por el cuerpo mental. Su vibración es mayor
que la del cuerpo etérico y la del cuerpo emocional, y su estructura
es menos compacta. Es de forma ovalada, y en el desarrollo superior
del hombre su volumen puede extenderse hasta ocupar aproximadamente
el mismo espacio que el cuerpo emocional y el aura emocional juntos.
La irradiación áurica del cuerpo mental tiene un alcance de unos
cuantos metros más.
En
una persona poco desarrollada mentalmente, el cuerpo mental tiene la
apariencia de una sustancia blanca lechosa. Los pocos colores
existentes son apagados y sin brillo, y su estructura aparece
relativamente opaca. Cuanto más vivos son los pensamientos y cuanto
más profundos son los conocimientos intelectuales de una persona,
tanto más claros e intenso son los colores que irradia su vehículo
mental.
Al
igual que el cuerpo emocional, el cuerpo mental también posee una
octava mayor y una octava menor. Sus frecuencias menores se
manifiestan en el pensamiento lineal del entendimiento racional, a
través del cual buscan su acceso a la verdad la mayoría de las
personas. Este tipo de actividad racional se basa en las
percepciones del plano físico. Junto a esto, el cuerpo físico y sus
sentidos recogen informaciones que transmiten al cuerpo emocional a
través del cuerpo etérico; el cuerpo emocional transforma las
informaciones en sentimientos y los retransmite después al cuerpo
mental, que, a su vez, reacciona ante ellos con la formación de
pensamientos verbales.
Con
frecuencia, debido a la influencia del cuerpo emocional y de sus
estructuras emocionales no liberadas, las informaciones se
distorsionan y el pensamiento se tiñe. Surgen esquemas mentales
recurrentes a través de los cuales enjuiciamos los acontecimientos
de nuestro mundo. Esto significa que el entendimiento racional no es
ni mucho menos imparcial y objetivo, aun cuando se arrogue esa
cualidad.
Los
pensamientos que surgen en el cuerpo mental por esta vía
generalmente giran en torno al bienestar personal y a los intereses
del devenir terrenal y mundano. En este caso la solución racional de
los problemas se convierte en la función principal del cuerpo
mental. Sin embargo, esto significa una distorsión de su carácter
original y una limitación de sus capacidades.
El aura del
hombre desde dentro hacia fuera: 1) El aura etérica. 2) El aura
emocional. 3) El aura mental. 4) El aura espiritual.

La
auténtica función del cuerpo mental consiste en recoger las verdades
universales que le llegan del plano del cuerpo espiritual e
integrarlas con el entendimiento racional, que las transfiere a las
situaciones concretas y lleva a una solución del problema en
consonancia con las leyes universales.
Los
conocimientos que de esta forma nos llegan del plano espiritual de
nuestro ser se manifiestan como intuición en forma de intuiciones
repentinas, a menudo en imágenes o incluso en sonidos que después se
transforman en pensamientos verbales. Nos permiten mirar al interior
de la auténtica naturaleza de las cosas y tienen una estructura
holográfica, al contrario que el entendimiento lineal que parte de
la concepción racional.
El
acceso a la octava superior del cuerpo mental lo encontramos en una
unión del chakra frontal con el chakra coronal. Si el cuerpo mental
está plenamente desarrollado, se convierte en el espejo del cuerpo
espiritual, y el hombre realiza en su vida la sabiduría y el
conocimiento integral del yo superior.
El cuerpo
espiritual
El
cuerpo espiritual, a menudo denominado también cuerpo causal, es el
que mayor frecuencia de vibración posee de todos los cuerpos
energéticos. En personas que aún son demasiado inconscientes en el
plano espiritual se extiende conjuntamente con su aura sólo un metro
aproximadamente alrededor del cuerpo físico. Por contra, el cuerpo y
el aura espirituales de personas totalmente despiertas pueden
irradiar hasta varios kilómetros de distancia, con lo cual la forma
ovalada original se transforma en un circulo regular.
Si
has tenido alguna vez la oportunidad de estar en presencia de un
maestro iluminado, tal vez habrás observado que la atmósfera
cambiaba repentinamente cuando te alejabas algunos kilómetros de él.
La experiencia de la luz, de la plenitud y del amor que puede
llenarte en la cercanía de un maestro pierde su intensidad tan
pronto como sales del área de su aura.
El
cuerpo espiritual y su aura irradian en los colores más suaves, que
al mismo tiempo poseen una fuerza de iluminación indescriptiblemente
profunda. Del plano espiritual del ser fluye incansablemente la
máxima y más radiante energía hacia el cuerpo espiritual. A medida
que esta energía va transformándose en frecuencias menores, inunda
también el cuerpo mental, el cuerpo emocional y el cuerpo etérico.
Aumenta las vibraciones de estos cuerpos, de forma que en su ámbito
de acción correspondiente pueden encontrar su máxima forma de
expresión. Hasta qué punto podamos percibir conscientemente,
absorber y aprovechar esta energía depende del desarrollo de los
chakras.
A
través del cuerpo espiritual experimentamos la unidad interior con
toda la vida. Nos une con el ser puro y divino, con la razón
original omnipresente de la que han surgido y continúan surgiendo
todas las manifestaciones en la creación. Desde este plano tenemos
un acceso interior a todo cuanto existe en la creación.
El
cuerpo espiritual es esa parte divina que hay en nosotros que es
inmortal y que perdura a toda la evolución, mientras los demás
cuerpos no materiales se disuelven paulatinamente a medida que el
hombre va desarrollándose a través de los niveles de conciencia que
exige una existencia en el plano terrenal, en el plano astral y en
el plano mental.
Sólo
a través del cuerpo espiritual es posible conocer la fuente y el
destino de nuestra existencia y comprender el auténtico sentido de
nuestra vida.