Para
algunos puede que sea interesante el hecho de que ya antes de
nuestro nacimiento atravesamos los correspondientes estadios de los
chakras. Sin embargo, esta evolución transcurre en sentido inverso,
por lo que comienza por el chakra coronal, a través del cual fluyen
hacia el embrión los flujos luminosos energéticos durante todo el
embarazo. Una vez que se han generado el chakra frontal, el chakra
del cuello, el chakra cordial, el chakra del plexo solar y el chakra
sacro, aproximadamente al final del embarazo se desarrolla el chakra
radical: con lo que el nuevo ser humano recibe su vínculo terrenal y
está preparado para entrar en nuestra atmósfera.
Tanto
si aceptas estas leyes regulares como si no, las fuerzas universales
que están tras ellas no se verán influidas. Nosotros somos libres en
todas nuestras decisiones, pero vivimos siempre dentro de ciertas
leyes generales razonables. De forma que queda a nuestro albedrío
cómo utilizamos este conocimiento.
Atención: AL leer las tablas que anteceden de los ciclos
evolutivos humanos, piensa siempre que si, por ejemplo, tienes 24
años, te encuentras en el 25° año de vida, o que si tienes 38 años
te encuentras en el 39º año de vida, etcétera.
El origen de los
bloqueos en los chakras
POR
nuestra auténtica naturaleza somos uno con esa fuerza que se
manifiesta en las vibraciones y leyes regulares infinitamente
variadas, en los colores y formas, en los aromas y sonidos de toda
la creación. No estamos separados de nada. El núcleo más íntimo de
nuestro ser vive en comunión inseparable con el ser absoluto,
inmutable, omnipresente, que denominamos Dios y que ha producido y
penetra todas las áreas de la existencia relativa. Esta existencia
pura ilimitada es por naturaleza la gloria.
Tan
pronto como el silencioso y calmo océano del ser divino se encrespa
en olas de alegría, comienza el baile de la creación, de la cual
también nosotros somos una forma de manifestación y en la que
podemos participar, en todos sus planos, a través de nuestros
cuerpos no materiales y del cuerpo físico.
Sin
embargo, perdemos la conciencia de la unidad en el momento en que
empezamos a confiar exclusivamente en las informaciones que nos
llegan a través de los sentidos físicos y del entendimiento
racional, olvidándonos de nuestro origen y nuestra base divina. Se
produjo entonces una separación aparente que trajo tras de sí la
experiencia real de la angustia. Perdimos el sentimiento de la
plenitud interior y de la seguridad en la vida y comenzamos a
buscarla en el ámbito exterior. Pero en esa búsqueda el ansia de la
plena consumación se veía defraudada una y otra vez. Esta
experiencia hizo surgir la angustia por una nueva decepción. También
olvidamos que nunca podemos ser extinguidos, dado que la muerte sólo
significa una variación de la forma externa.
La
angustia siempre provoca una contracción y, por tanto, un
agarrotamiento o bloqueo, que a su vez intensifica el sentimiento de
separación y permite que la angustia continúe creciendo. Romper este
círculo vicioso y recuperar la unidad perdida es el objetivo
declarado de casi todas las vías espirituales de Oriente y
Occidente.
Los
chakras son esos puntos de conexión en el sistema energético del
hombre en los que se establecen preferentemente los bloqueos
condicionados por la angustia. También pueden existir otros bloqueos
a lo largo de los nadis. Cuando estas contracciones se hacen
permanentes, provocan que las energías vitales no puedan fluir
libremente y alimentar nuestros diversos cuerpos con todo lo que
necesitan para reflejar y mantener la conciencia de la unidad.
Cuando la vivencia de la separación, el abandono, el vacío interior
y el miedo a la muerte nos impulsa a buscar en el mundo exterior lo
que sólo podemos encontrar en lo más intimo de nuestro ser, nos
volvemos dependientes del amor y el reconocimiento de otras personas
de los placeres sensoriales, del éxito y de la posesión material. En
lugar de enriquecer nuestra vida, estas cosas se convierten en
necesidades perentorias con las que intentamos rellenar el vacío. Si
las perdemos, nos encontramos súbitamente ante la nada, y el ligero
sentimiento de angustia que acompaña a casi todas las personas se
nos presenta otra vez como real. Y, naturalmente, son los demás
quienes cogen de nosotros lo que de forma tan evidente necesitamos
para nuestra realización y satisfacción. Olvidamos que todos
nosotros tenemos nuestro origen común en la existencia divina y que
estamos mutuamente unidos en este plano. En lugar de amar a nuestros
congéneres, comenzamos a considerarlos competidores o incluso
enemigos. Finalmente, pensamos que tenemos que protegernos, sin
dejar que determinadas personas, situaciones o informaciones se nos
acerquen o se introduzcan en nosotros. Retraemos nuestras antenas
receptoras para no tener que afrontar desafíos, y con ello
provocamos una nueva contracción y el bloqueo de nuestros chakras.
Sin
embargo, la necesidad de reconocimiento por parte de nuestros
congéneres o por un grupo al que nos sentimos pertenecer es tan
intensa que estamos dispuestos a orientar nuestra vida en amplios
ámbitos según las ideas de determinadas personas cercanas a nosotros
o según las reglas sociales generalmente aceptadas, y a reprimir
nuestros sentimientos espontáneos tan pronto como dejen de concordar
con las expectativas o convenciones. Esto sólo es posible si
contraemos nuestros chakras hasta tal punto que ninguna emoción
controlada pueda pasar el filtro. Se produce entonces una congestión
de la energía en el chakra afectado. Como las energías no pueden
irradiarse ya en su forma original, se distorsionan, rompen la
barrera y se descargan de forma inadecuada, en forma de emociones
intensas y con frecuencia negativas o de un impulso de actividad
exagerado.
Esto
se corresponde con una reacción al bloqueo marcada por el yang. Pero
como si se produce una expresión de las energías, hacia el interior
del chakra pueden fluir nuevas energías, que volverán a descargarse
de la misma forma inadecuada.
Una
reacción al bloqueo de los chakras marcada por el yin se manifiesta
en una contención casi absoluta de las energías, con lo cual el
flujo energético prácticamente se paraliza, puesto que no se crea
espacio para las energías que fluyen posteriormente. La consecuencia
es una subalimentación de energía vital y una debilidad en la
manifestación del chakra afectado. Las repercusiones de una
hipofunción semejante, al igual que de una sobrecarga de los chakras
correspondientes, puedes consultarlas en los capítulos
correspondientes de los chakras. Allí te daremos algunas directrices
generales que, en algunos puntos, podrán diferir de tus reacciones
individuales, puesto que en último término éstas están determinadas
por las experiencias que han causado el bloqueo y que están
almacenadas en el cuerpo emocional y, en menor medida, también en el
cuerpo mental.
Estas
experiencias almacenadas no las dejamos detrás de nosotros con la
muerte física. Las arrastramos de una encarnación a la siguiente,
hasta que las hemos pulido en el transcurso de nuestra evolución.
Determinan en gran medida las circunstancias en las que renaceremos
y las vivencias que atraemos inconscientemente en nuestra nueva vida
a través de la irradiación de nuestro cuerpo emocional.
No
obstante, en cada vida tenemos la posibilidad de disolver muy
rápidamente, desde la propia infancia, nuestras estructuras
emocionales. En un recién nacido todo el sistema energético esta aún
completamente abierto y permeable. Esto significa que en principio
toda alma nacida nuevamente recibe una nueva oportunidad de llevar
una vida satisfactoria. Pero también significa que está abierta a
todas las vibraciones y experiencias, y con ello también a todo
tipo de impronta.
Un
recién nacido no puede aún participar conscientemente en la
configuración de su vida, ni puede relativizar sus vivencias. Por
tanto, es totalmente dependiente de la buena voluntad y los cuidados
de los adultos. Aquí radica para los padres una gran oportunidad, y
también una gran tarea.
En
las páginas siguientes vamos a describirte qué influencias necesita
un niño en los primeros años de vida para poder desarrollarse de
forma óptima, para evitar nuevos bloqueos y disolver viejas
estructuras.
En
nuestra época, muchas almas altamente evolucionadas esperan a unos
padres adecuados en los que poder encarnarse sin acumular bloqueos
innecesarios que podrían obstaculizar el cumplimiento de su misión
en esta tierra. Otras almas querrían reencarnarse en esta época
nuestra de cambio, pues apenas volverá a ofrecerse una oportunidad
semejante de aprender y crecer.
El
saber que exponemos a continuación puede servir de ayuda a los
futuros padres para dar a un alma, que podría venirles en forma de
hijo, las mejores posibilidades de partida para el camino de la
vida. Pero también puede ayudarnos a cada uno de nosotros a entender
mejor nuestra propia «historia de los bloqueos» y a manejarla con
más facilidad partiendo de esta base.
Ya en
el seno materno pueden iniciarse conatos de bloqueos en el sistema
energético cuando la vida incipiente es rechazada, o cuando la madre
vive en una permanente situación de estrés, puesto que un feto vive
y siente su mundo en gran medida a través de la madre. Una
dedicación amorosa hacia el pequeño ser que se encuentra en el seno
materno proveerá a su sistema energético de las vibraciones en las
que se sentirá absolutamente bien y protegido. Cuando la madre vive
los meses del embarazo como un tiempo feliz y pleno está creando las
condiciones óptimas para la vida de su hijo, en las que podrá
descubrir completamente su potencial de felicidad y creatividad.
Un
hito importante en la vida de toda persona es el instante del
nacimiento. En determinadas circunstancias, la vivencia del
nacimiento puede marcarnos durante toda una vida, pudiendo ser
determinante para que percibamos el mundo como un lugar amistoso y
agradable o como algo duro, carente de amor y frío. Con el parto, el
niño abandona la completa seguridad física, que durante sus primeros
nueve meses de existencia en la tierra, ha vivido en un estado
dichoso de intemporalidad e ingravidez, le ha proporcionado alimento
y protección. Pero el pequeño ser está preparado para el nacimiento
y tiene curiosidad por el mundo. Por eso, un nacimiento natural, en
el que ni la madre ni el niño estén debilitados por los
medicamentos, significa un gran trabajo y esfuerzo, pero al mismo
tiempo no supone un choque para el niño. Para lo que, sin embargo,
no está preparado en absoluto es para la separación de la madre
inmediatamente después del nacimiento. Mientras continúe sintiendo
el cuerpo de la madre junto con sus vibraciones familiares y se
sienta acunado en las vibraciones energéticas habituales del aura de
ésta, está preparado para abrirse con plena confianza a las nuevas
vivencias.
Además, el contacto corporal con la madre inmediatamente después del
nacimiento supone un profundo vínculo entre la madre y el niño, que
en círculos especializados se denomina «bonding». Un flujo de
sentimientos amorosos, de energía emocional positiva, fluye
automáticamente y sin participación consciente desde la madre hasta
su recién nacido, y no se interrumpe mientras el niño sienta el
cuerpo de la madre o permanezca al menos dentro de su aura
emocional. Esta energía llena a la pequeña alma de confianza y
alegría. Un hecho interesante es que también los padres desarrollan
un contacto más íntimo hacia sus bebés y un entendimiento más
intuitivo cuando han estado presentes en el nacimiento y han podido
tocar y acariciar al niño.
Por
el contrario, si el recién nacido es alejado de la madre justo
después del nacimiento, experimenta un profundo dolor por la
separación y la soledad. Mientras la madre continúe enviando
conscientemente al recién nacido sus sentimientos y pensamientos
amorosos durante una separación, se mantendrá todavía un contacto, y
el niño no estará completamente aislado del abastecimiento
energético que realiza la madre. Sin embargo, si ella dedica su
atención a otras cosas o está cansada o insensible debido a los
medicamentos, también se romperá este contacto.
La
pequeña criatura percibe su desvalimiento en un mundo desconocido y
frío en el que se siente completamente abandonada sin la presencia
cálida y protectora de la madre. Esta experiencia es tan violenta
que, en general, el sistema energético del niño no está en
condiciones de procesar los sentimientos terribles y experimenta una
profunda impresión, que tiene por consecuencia el primer bloqueo de
las energías.
El
bloqueo se muestra preferentemente en la zona del chakra radical. En
el capítulo anterior hemos descrito los ritmos vitales a la luz de
la teoría de los chakras. Mediante la tabla que se adjunta en ese
capitulo puedes ver que en el primer año de vida se exploran las
energías del chakra radical tanto en el tema fundamental de siete
años como en el tema principal de cada año. Junto al dominio del
mundo físico y material, que experimenta su primer punto álgido
cuando se comienza a andar, más o menos a finales del primer año, en
este momento adquiere relevancia la formación de la confianza
original. Esta confianza original es la base para un desarrollo
integral y sin miedos de todas las posibilidades innatas en el
hombre. Además, desde el chakra radical y a través de la energía
Kundalini se alimentan de energía vital todos los demás centros. De
esta forma, un bloqueo del chakra basal repercute en todo el sistema
energético. No es ninguna casualidad que la psicología considere el
primer año de vida como el más importante en la vida de una persona.
En
esta época, en la que el niño acumula experiencias predominantemente
a través del cuerpo físico, el niño necesita ante todo el contacto
corporal con la madre, y a veces también con el padre o con otras
personas de confianza.
A
esta edad el niño no tiene aún un concepto del tiempo. Cuando llora
por soledad o por hambre, no sabe si este estado terminará, y
fácilmente es presa de la desesperación. Por contra, si se satisface
de inmediato su exigencia, se forma en él la confianza de que esta
tierra proporciona a sus hijos todo cuanto necesitan para mantener
su cuerpo y satisfacer sus necesidades físicas. El niño puede
abrirse, tanto en el plano físico como en el plano no material, a
las energías nutricias y protectoras que dispone para nosotros
nuestro planeta madre.
Prácticamente, todos los pueblos primitivos poseen un conocimiento
intuitivo de estas relaciones. Llevan continuamente a sus bebés
envueltos en un paño junto al cuerpo hasta que empiezan a gatear, y
ni siquiera lo abandonan cuando el continuo balanceo ha acunado y
adormecido a la pequeña criatura. Cuando el niño comienza a gatear,
lo levantan siempre en cuanto lo desea el niño. Por las noches los
niños permanecen junto a la madre en la cama, y, siempre que sienten
hambre, el pecho de la madre está a su servicio. Los ojos radiantes
y los rostros satisfechos de estas pequeñas felices criaturas hablan
por sí solos. Los niños de estos pueblos lloran muy raramente y
están dispuestos desde muy temprana edad para asumir responsabilidad
social.
Si en
nuestra sociedad una madre también tuviera esta dedicación durante
el primer año de vida de su hijo y dejara en segundo plano sus
propias necesidades, le habría proporcionado a la criatura el mejor
potencial para su vida. Nosotros pensamos que esta inversión
realmente merece la pena. El flujo automático de amor y alegría que
se desencadena en la madre mediante el permanente contacto corporal
con el hijo es una amplia compensación por todas las pequeñas cosas
que tal vez no sea capaz de hacer en ese tiempo.
Si un
niño pierde los sentimientos de confianza original, seguridad,
satisfacción y protección, al crecer continuará buscándolos en el
ámbito externo y material. Establecerá relaciones con las cosas en
lugar de establecerlas con las personas. Todo empieza con las
mascotas, a las que se recurre como sustituto de la cercanía y el
calor humanos. Después ansía cada vez más nuevos juguetes y
chucherías, en una búsqueda inconsciente de algo a lo que le empuja
el sentimiento ligeramente corrosivo de vacío. Y de adultos son los
vestidos hermosos, el coche, los muebles y quizás una casa propia,
así como la posición profesional o social, las cosas a las que
encarecen su corazón la mayoría de los hombres, con la esperanza de
recuperar con ellas el sentimiento de seguridad y satisfacción
abandonado en la infancia. Nuestra sociedad de consumo no podría
existir sin esa insaciable necesidad de la gran mayoría de sus
miembros.
Pero
también va aumentando el número de personas que se han dado cuenta
que la vivencia de la seguridad y la satisfacción interiores no
pueden alcanzarse mediante los bienes materiales. Parten hacia una
búsqueda interior, y aquí radica efectivamente la única oportunidad
de reencontrar el paraíso perdido que la mayoría de nosotros hemos
abandonado con el nacimiento.
En el
segundo año de vida, al tema fundamental del chakra radical, que se
extiende a lo largo de los primeros siete años de vida, se une un
nuevo tema principal de un solo año. El niño que va creciendo entra
en contacto con las energías del segundo chakra. Ahora el contacto
delicado, las caricias y los mimos cobran más importancia, junto al
mero contacto corporal. El niño comienza a descubrir su sensualidad
y a experimentar y expresar sus sensaciones y emociones más
conscientemente. Desde este momento comienzan también a aparecer
paulatinamente los contenidos del cuerpo emocional, traídos de la
vida anterior. En su segundo año de vida el niño vive en primer
lugar las estructuras emocionales más fundamentales.
Ahora
es muy importante que los padres no traten de imponer al niño una
actitud determinada, pues en ese caso comenzará a retraer las
emociones y a reprimirlas en cualquier forma. Si, por el contrario,
el niño aprende a vivir sencillamente sus emociones, a aceptar la
existencia de las mismas y a tratarlas lúdicamente, podría disolver
en poco tiempo todas las improntas emocionales negativas.
Los
padres deberían entender que un niño de esa edad no expresa ninguna
negatividad. Si se pone colérico, sólo es debido a que se ha
decepcionado una necesidad natural. Los gritos enrabietados y las
pataletas liberan el bloqueo producido, y así liberan al niño. Sin
embargo, a la mayoría de los padres les resulta difícil aceptar a su
hijo tal como es con su expresión emocional, puesto que ellos mismos
no tienen las cosas muy claras. Aman a su niño cuando hace esto o
deja aquello, y con ello le transmiten el siguiente mensaje: «Siendo
así no eres lo suficientemente bueno».
El
niño asume la actitud de juicio de los padres, y como no quiere
perder su amor, relega las partes de sí mismo que no son queridas.
Esto tiene como consecuencia un profundo efecto energético. Si,
además, falta estimulación sensorial, surge una carencia de
confianza original en el ámbito emocional y se bloquea el chakra
sacro.
Después al adulto le resultará difícil aceptar y expresar sus
emociones naturales. Para poder sentir algo necesita un estimulo
sensorial burdo, y desarrolla la tendencia de observar a los demás
como objetos que sirven para su propia satisfacción.
El
tercer año de vida pone a la pequeña criatura en contacto con las
energías del chakra del plexo solar. La expresión emocional se hace
más diferenciada, y las explicaciones que hemos dado en relación con
el segundo año de vida sólo se aplican dentro de ciertos límites.
Ahora el niño quiere probarse como personalidad independiente,
aprender a conocer su influencia y decir siempre «no», para ver qué
pasa en tal caso.
Cuando entre los padres y el niño existe una lucha de poder porque
los padres piensan que sólo pueden educar al niño imponiéndole su
voluntad, tal lucha tiene su punto culminante en el tercer año de
vida. Si entonces el niño no se siente querido y aceptado en su
personalidad en crecimiento, se bloquean las energías del chakra del
plexo solar. De mayor le faltará la confianza y el valor para vivir
su personalidad individual, para configurar su existencia según
ideas propias y para aprender de las experiencias negativas. En
lugar de eso, se adaptará o intentará controlar su mundo.
Así
continúa el viaje de la pequeña criatura a lo largo de las energías
de los diferentes chakras. Pero dejemos por ahora estos ejemplos.
Con ayuda de la lista de los ciclos vitales y con la descripción de
cada uno de los chakras, te resultará fácil completar tú mismo el
resto del camino.
En
todas estas explicaciones deberíamos tener siempre en cuenta que
somos nosotros mismos quienes hemos elegido las circunstancias de
nuestro renacimiento. Nos hemos encarnado en una pareja determinada
para ser correctamente pulidos, para recopilar experiencias que
nuestra alma necesita para poderse desarrollar hacia la perfección
Puede
que los menos de nosotros hayamos ido a unos padres que poseían un
entendimiento tan profundo y un amor tan desinteresado que entre sus
amorosas y expertas manos se fundieron, hasta desaparecer, las
últimas estructuras restrictivas del cuerpo emocional. Esto no
significa más que lo siguiente: que en esta vida nuestra misión y
nuestro destino es desarrollar el comprensivo amor hacia nosotros
mismos que disolverá los bloqueos y salvará las partes no deseadas e
impuestas de nuestra alma. Sin ser conscientes de ello, nuestros
padres son los primeros maestros que, con su conducta, hacen
referencia a nuestras debilidades, de forma que, partiendo del dolor
y del sentimiento de carencia, acabamos buscando vías para recuperar
la integridad interior. Después asumen esta tarea otras personas y
situaciones vitales que atraemos inconscientemente, y que sirven
como espejo para las partes anímicas de nosotros que hemos reprimido
en la zona sombría de nuestra psique.