Sobre todo cuando se trata de una
muerte repentina en
la que
no podemos entender
por que nos sucede ese drama.
También hay que
conocer estas cosas cuando se trata de asistir a los
moribundos y a sus familias.
Además,
siempre escuchamos
estas preguntas: “¿Que
es la vida?
¿Que
es la muerte?
¿Por que los
niños tienen que morir,
sobre todo los mas
pequeños?”.
Por diferentes razones, hasta el presente no hemos
dado a conocer con la debida amplitud
los resultados de nuestras investigaciones. Desde hace largo tiempo
estudiábamos las
experiencias del umbral
de la muerte, pero en
nuestro espíritu guardábamos
el hecho de que se trataba solamente
de una experiencia del umbral
de la muerte y no de
la muerte verdadera.
Antes de saber que les sucedía a las personas al final de esa
transición, hemos
preferido no hablar de nuestras investigaciones,
con la preocupación de no propagar verdades a
medias. Lo único que
publico el centro Shanti Nilaya sobre este tema
fue
una carta que yo escribí e ilustre con lápices de colores, a un
chico de nueve anos del sur de los Estados Unidos que tenia
cáncer y que me
planteaba en una carta esta
pregunta emocionante:
“¿Que es la vida?
¿Que
es la muerte?
¿Por que los
niños mueren
y deben morir?”
Anteriormente la
gente tenia un contacto mucho
mas estrecho con todo
lo referente a la muerte
y creía en un cielo o en una vida después de la
muerte. Solamente
hace cien anos que empezó
este proceso en virtud del cual cada vez es
menor el numero
de personas que sabe con certeza que después de abandonar el
cuerpo físico nos espera otra vida. Pero no es ahora el
momento
ni este el lugar para demostrar
este proceso. Actualmente
estamos ya en un
nuevo tiempo de
valores espirituales (en
oposición a los valores materiales),
aunque no hay que identificar la expresión valores espirituales
con religiosidad. Se trata más
bien de una toma de
conciencia, de la comprensión
de que existe algo mucho
mas grande que
nosotros que ha creado el universo y la vida, y que en esta
creación representamos
una parte importante
y bien determinada
que puede contribuir al desarrollo del todo.
En el momento
del nacimiento
cada uno de nosotros ha recibido la chispa divina que procede de
la fuente divina. Esto quiere decir que llevamos
una parte de ese origen, y gracias a ello nos sabemos
inmortales.
Mucha gente empieza a
comprender que el
cuerpo físico no es mas
que una casa, un templo,
como nosotros solemos
llamarle, el “capullo
de seda” en el. que
vivimos durante un
cierto tiempo hasta
la transición que llamamos
muerte. Cuando llega
la muerte abandonamos
el capullo de seda y somos
libres como una
mariposa. Nos
servirnos de esta imagen
del lenguaje simbólico
y la utilizamos al
hablar con los niños moribundos
o con sus hermanos y
hermanas.
A lo largo de estos últimos
veinte años me he
ocupado esencialmente
de
enfermos
moribundos. Al empezar
este trabajo no estaba interesada en la vida después
de la muerte, incluso
no tenia una idea precisa sobre la definición de la
muerte, dejando
de lado, por supuesto, la definición desde el
punto de vista medico,
que evidentemente
me era
familiar.
Cuando se reflexiona sobre la definición de la
muerte,
muy pronto se comprende
que nos referimos
únicamente al cuerpo
físico, como si el hombre
solo fuera esa
envoltura. Yo misma
formaba parte del
conjunto de científicos que no habían
cuestionado nunca esa concepción. Creo que la definición de la
muerte volvió a
adquirir notoriedad en el curso de la década de los años
sesenta, cuando se planteo el problema
de los trasplantes de órganos, sobre todo los de hígado y
corazón. Desde el punto de vista ético,
miles de científicos
cuestionaron seriamente
el momento
en que se tendría
derecho a tomar de
alguien un órgano para trasplantarlo a un enfermo
con el objeto de procurar salvar su vida.
En los últimos anos,
el deber de afrontar estos problemas
ha provocado varios planteamientos
de tipo jurídico. Nuestro materialismo
ha alcanzado un punto en el que los
médicos
fuimos
acusados por personas que pretendían que tal
miembro
de la familia
aun vivía cuando se le había quitado el órgano en cuestión, o
bien se nos acusaba de haber esperado demasiado
tiempo para realizar
el transplante, prolongando quizás inútilmente
la vida del enfermo
que se trataba- Las compañías
de seguros contribuyeron también
a poner en evidencia este problema
porque en el momento
de un accidente familiar
con frecuencia les
resulta importante
saber cual de las personas
falleció
primero, aunque solo
se trate de minutos.
En este caso solo cuenta el dinero y se trata de saber en quien
revierte. Es inútil decirles que estas querellas
me hubieran dejado
indiferente si no hubiera tenido que afrontar tales problemas
por razón de mi trabajo
y de mis
propias experiencia; junto a
los moribundos.
Yo soy por naturaleza una persona semicreyente,
algo escéptica, para decirlo prudentemente
y como tal no
me interesaba la
eventualidad de una vida después de la
muerte, pero ciertas
observaciones se repetían con tal frecuencia que
me vi forzada a asomarme
a la cuestión. En aquella época empezaba
yo a preguntarme por
que nadie había estudiado aun este problema,
no por razones científicas precisas o para poder hacer uso de
las conclusiones en caso de un proceso judicial, sino únicamente
por curiosidad natural.
El hombre existe
sobre el planeta Tierra desde hace
millones de años. Con
todo,
en su forma actual
-en aquella que comprende
su semejanza con
Dios- no es
demostrable que se
trate de algunos millones
de años. Cada día los hombres
mueren por todas
partes. Y nuestra sociedad, sin embargo
no ha realizado ningún esfuerzo para estudiar la
muerte y llegar a una
definición actualizada y universal de la
muerte
humana,
mientras
que ha triunfado enviando hombres
a la luna y logrando igualmente
que regresaran sanos y salvos.
¿No
resulta extraño?
En el periodo en que estaba entregada a
mi trabajo con los
moribundos y además
daba clases, mis
estudiantes y yo misma
decidimos un buen ida
intentar buscar una definición actualizada y universal de la
muerte. En alguna
parte se ha dicho: “Pedid y se
os dará. Buscad y encontrareis. Llamad
y se os abrirá”. En otras palabras: “Llegara el
Maestro cuando el discípulo este preparado”. Esta frase resulto
justa para nosotros
puesto que ya durante la primera
semana, después de
enunciar la pregunta y habernos comprometido
a encontrar la respuesta, vinieron a vernos algunas enfermeras
para compartir con
nosotros una experiencia provocada por una
mujer que estaba en
cuidados intensivos por decimoquinta
vez. En esta ocasión se esperaba su
muerte y de nuevo
consiguió salir del hospital para vivir durante semanas
o meses. Podemos
decir ahora que fue nuestro primer
caso de una experiencia del umbral
de la muerte.
Mientras estabamos
estudiando este caso, yo vigilaba junto a
mis
pacientes moribundos,
con una atención y una sensibilidad acentuadas, todos estos fenómenos
inexplicables que se presentaban justo antes de la
muerte. Eran numerosos
los que comenzaban a
“alucinar” y a repetir las palabras de los parientes que habían
muerto
antes que ellos y con los que parecían tener una especie de comunicación,
aunque yo no podía ver ni entender a esos seres. Observaba también
que aun los enfermos
mas
rebeldes y difíciles se calmaban
poco antes de su muerte
y se desprendía de ellos una paz solemne
apenas cesaban los dolores, aunque sus cuerpos estuvieran
invadidos por tumores
o metástasis.
Podía observar también
que inmediatamente
después del fallecimiento,
el rostro
de mis
enfermos
expresaba paz, equilibrio y una expresión solemne
de jubilo, y esto era tanto
mas incomprensible
en los casos en los que el moribundo
poco antes de morir
se encontraba en un estado de cólera, de agitación o de
depresión.
Mi tercera observación, y sin duda la
mas subjetiva, era el
hecho de que estando siempre
muy próxima
a mis
enfermos, y comunicándome
con ellos con un amor
profundo, influyeron en mi
vida al tiempo que yo
influía en la de ellos, de una forma
muy personal e
incisiva. Sin embargo,
minutos
después de su muerte
mis
sentimientos
por ellos ya no existían, lo que
me extrañaba tanto
que me preguntaba si
yo era normal. Cuando
los miraba
en su lecho de muerte,
tenia la impresión de
que se habían quitado
el abrigo de invierno, como
cuando llega la primavera,
ya que no les hacia falta nada
mas. Tenia la certeza
increíble de que esos cuerpos no eran
mas que unas
envolturas y que mis
queridos enfermos ya
no estaban en la cama.
Se sobreentiende que yo, como
científica, no tenia explicación sobre ese fenómeno
y tenia por ello la tendencia a dejar de lado estas
observaciones, y
seguramente hubiera
mantenido esta
actitud si la señora Schwarz no hubiera producido un cambio
en mi.
Su marido era
esquizofrénico y cada vez que tenia una crisis intentaba
matar a su hijo
menor, que era cl
único de sus muchos
hijos que vivía todavía en casa. La enferma
estaba convencida de que si
moría ella demasiado
pronto su marido
perdería el control y
su hijo estaría en peligro de
muerte. Gracias a una
organización de ayuda social llegamos
a colocar al hijo cerca de
familiares,
así la señora Schwarz dejó el hospital aliviada y liberada
sabiendo que, aunque no viviera
mucho tiempo,
su hijo al menos
estaba seguro.
Esta enferma volvió a
nuestro hospital después de un año,
mas o
menos, y fue nuestro
primer caso de una
experiencia en el umbral
de la muerte. Tales
experiencias han sido publicadas estos últimos
años en numerosos
libros y periódicos y son por consiguiente conocidas por el gran
publico.
Por su informe
medico, la señora
Schwarz fue admitida
en un hospital local de
Indiana, puesto que su estado critico no le permitía
un traslado hasta Chicago, que estaba demasiado
lejos. Recuerdo que estaba muy
delicada, y que la ubicaron
inmediatamente
en una habitación privada. Entonces comenzó
a reflexionar sobre si
debía desafiar una vez mas
a la muerte o si
podía dejarse llevar tranquilamente
para abandonar su envoltura. Fue entonces cuando vio entrar a la
enfermera, echo una
mirada
sobre ella y precipitarse fuera de la habitación. La señora
Schwarz se vio deslizarse lenta y tranquilamente
fuera de su cuerpo físico pronto floto a una cierta distancia
por encima de su cama.
Nos contaba, con humor,
como desde allí
miraba
su cuerpo extendido, que le parecía pálido y feo. Se encontraba
extrañada y sorprendida, pero no asustada ni espantada.
Nos contó como vio
llegar al equipo de reanimaron
y nos explicó con detalle quien llego primero
y quien ultimo. No
sólo escucho claramente
cada palabra de la
conversación, sino que pudo leer igualmente
los pensamientos de
cada uno. Tenia ganas
de interpelarlos para decirles que no se dieran prisa puesto que
se encontraba bien, pero cuanto
mas se esforzaba en
explicarles mas la
atendían solícitamente,
hasta que poco a poco comprendió
que era ella únicamente
la que podía entender, mientras
que los demás no la
oían. La señora Schwarz decidió entonces detener sus esfuerzos y
predio su conciencia, como
nos dijo textualmente.
Fue declarada muerta
cuarenta y cinco minutos
después de empezar la
reanimaron y dio
signos de vida después, viviendo todavía un año y
medio
más. Compartió
su experiencia con mis
estudiantes y conmigo
en uno de mis
seminarios.
No necesito decir aquí que este caso represento para
mi algo nuevo, puesto
que
yo no había iodo hablar nunca de tal experiencia de
muerte aparente,
aunque era doctora
en medicina desde
hacia tiempo. Mis
estudiantes se extrañaron de que no clasificase esta experiencia
simplemente
como una alucinación,
una ilusión o como la
desintegración de la conciencia, de la personalidad. Querían a
toda costa dar un nombre
a esta vivencia para identificarla, clasificarla y no tener que
pensar mas en ella.
Estabamos convencidos
de que la experiencia de la señora Schwarz no era un
caso aislado. Esperábamos
ahora descubrir otros casos similares
e incluso
eventualmente recoger
suficiente información
como para saber si la
muerte aparente era
un acontecimiento
frecuente, raro o únicamente
vivido por la señora Schwarz.
No necesito decir, puesto que en la actualidad es notorio, que
numerosos
investigadores médicos
y psicólogos, así como
los que estudian los fenómenos
parapsicologicos, se han propuesto el registro estadístico de
casos como el
nuestro, y en
el transcurso de los últimos
anos han proporcionado mas
de veinticinco mil en
el mundo entero.
Lo mas sencillo será
resumir
lo que estas personas, que están clínicamente
muertas, viven en el
momento
en que su cuerpo físico deja de funcionar. Lo llamamos
simplemente
experiencia de muerte
aparente o del umbral
de la muerte (near
death experience) puesto que todos estos enfermos
una vez restablecidos, la han podido compartir
con nosotros. Mas adelante hablaré de lo que le ocurre a los que
no vuelven
mas.
Es importante saber
que de todos los enfermos
con alteraciones cardiacas graves y que han vuelto después de un
reanimacion, solamente
un diez por ciento guarda el recuerdo de las experiencias v
vidas durante su paro cardiaco. En otro orden, esto se comprende
fácilmente teniendo
en cuenta que también
todos soñamos y solo
un
pequeño porcentaje de personas recuerdan sus sueños al
despertarse.
Hemos ido reuniendo
tales experiencias en varios piases además
de las recogidas
en los Estados Unidos, Canadá y Australia. La persona
mas joven tenia dos
años y la mayor
noventa y siete. Disponemos
así de experiencias del umbral
de la muerte de hombres
de orígenes culturales diferentes, como
por ejemplo los esquimales,
aborígenes
de Australia, hindúes, o pertenecientes a distintas religiones
como los budistas,
protestantes, católicos, judíos y los que no pertenecen a
ninguna religión, comprendidos
los que se consideran agnósticos o ateos. Era importante
poder hacer el recuento de los casos en ámbitos
religiosos y culturales tan diferentes como
fuese posible, con el fin de estar bien seguros de que los
resultados de nuestras investigaciones no fuesen rechazadas por
falta de argumentos.
A lo largo de las mismas
hemos podido probar
que esta experiencia del umbral
de la muerte no esta
limitada a un cierto
medio social y que no
tiene nada que ver con una u otra religión. Tampoco
tiene ninguna importancia
que este precedida por un asesinato o un accidente, por un
suicidio o por una muerte
lenta. Mas de la mitad
de los casos de que disponemos,
relatan las experiencias después de
una muerte aparente
brutal, de manera que
las personas no han tenido tiempo
de prepararse o de esperar ningún acontecimiento.
Después de haber reunido muchos
casos durante muchos
años, podemos decir
que en todas estas experiencias hay ciertos hechos que se pueden
retener como denominador
común.
En el momento
de la muerte vivimos
la total separación de nuestro verdadero yo inmortal
de su casa temporal,
es decir, del cuerpo físico. Este yo inmortal
es llamado también
alma o entidad. Si
nos expresamos simbólicamente,
como lo hacemos
con los niños, podríamos
comparar este yo, que
se libera del cuerpo terrestre, con la
mariposa que abandona
el capullo de seda. Desde el
momento
en que dejamos
nuestro cuerpo físico nos damos
cuenta de que no sentimos
ya ni pánico, ni miedo
ni pena. Nos percibimos
a nosotros mismos
como una entidad
física integral. Siempre
tenemos conciencia
del lugar de la muerte,
ya se trate de la habitación donde transcurrió la enfermedad,
de nuestro propio dormitorio
en el que tuvimos el
infarto del lugar del accidente de automóvil
o avión. Reconocemos
muy claramente
a las personas que forman
parte de un equipo de reanimaron
o de un grupo que intenta sacar los restos de
un cuerpo del coche accidentado. Estamos
capacitados para mirar
todo esto a una distancia de
metros sin que nuestro estado espiritual este verdaderamente
implicado. Permitidme
que hable de estado espiritual, puesto que en la
mayoría de los casos
ya no estamos unidos
a nuestro aparato de reflexión física o cerebro en funcionamiento.
Estas experiencias tienen lugar, a
menudo, en el
momento
mismo
en que las ondas cerebrales no pueden ser
medidas para poder
probar el funcionamiento
del cerebro, o cuando los médicos
no pueden ya comprobar
el menor signo de
vida. En el momento
en que asistimos a
nuestra propia muerte,
oímos las discusiones
de las personas presentes, notamos
sus particularidades, vemos
sus ropas y conocemos
sus pensamientos, sin
que por ello sintamos
una impresión
negativa.
El cuerpo que ocupamos
pasajeramente en ese
momento
y que percibimos como
tal, no es el cuerpo físico sino el cuerpo etéreo.
Mas tarde hablare de las diferencias
entre las energías física, psíquica y espiritual que originan
este cuerpo.
En este segundo cuerpo temporal
nos percibimos como
una entidad integral, como
ya he mencionado. Si
nos hubiese sido amputada
una pierna, dispondremos
de
nuevo de nuestras dos piernas. Si fuimos
sordomudos,
podremos de nuevo
oír, hablar y cantar. Si una esclerosis en placas nos clavaba en
la silla de ruedas con trastornos en la vista, con problemas
de lenguaje y parálisis en las piernas, podremos
cantar y bailar.
Es comprensible que
muchos de nuestros
enfermos reanimados
con éxito, no siempre
agradezcan que su mariposa
haya sido obligada a volver a su capullo de seda, puesto que con
la vuelta a nuestras funciones físicas debemos
aceptar de nuevo los dolores y las enfermedades
que les son propias, mientras
que en nuestro cuerpo eterico estabamos
mas allá de todo
dolor y enfermedad.
Muchos de mis
colegas piensan que este estado se explica por una proyección de
deseos, lo que parece lógico. Si alguien esta paralítico, sordo,
ciego o minusvalido
desde hace anos, espera sin duda el tiempo
en que el sufrimiento
termine, pero en los
casos de que disponemos
no se trata de proyecciones de deseo y esto se deduce de los
hechos que relataremos
seguidamente.
En primer lugar, la
mitad de los casos de
experiencias en el umbral
de la muerte que hemos
recogido, son el resultado de accidentes brutales, e
inesperados, en los que
las personas no podían prever lo que les iba a suceder. Por no
hablar mas que de un
caso, citare el de uno de nuestros enfermos
que predio sus dos piernas a consecuencia de un accidente en el
que fue atropellado y el conductor se dio a la fuga. Mientras se
encontraba fuera de su cuerpo físico incluso vio una de sus
piernas en el suelo, y fue perfectamente
consciente de encontrarse en un cuerpo etérico absolutamente
perfecto y tener sus dos piernas. No podemos
suponer que este hombre
sabia de antemano que
perdería las dos piernas y que su visión era solo la proyección
del deseo de andar de nuevo.
También hay una
segunda prueba para eliminar
la tesis de una proyección del deseo y nos llega por parte de
los ciegos que a lo largo de este estado de
muerte aparente dejan
de serlo. Les pedimos
que compartieran con
nosotros sus experiencias.
Si solo se hubiera tratado en ellos de una proyección del deseo,
no estarían capacitados para precisar el color de un jersey, el
dibujo de una corbata o el detalle de los dibujos, colores y
cortes de prendas que llevaban los presentes. Interrogamos
a una serie de personas con ceguera total y fueron capaces de
decirnos no solamente
quien entro primero
en la habitación para reanimarlo
sino describir con precisión el aspecto y la ropa que llevaban
los que estaban presentes, y en ningún caso los ciegos disponen
de esta capacidad.
Además de la ausencia
de dolor y la percepción de integridad corporal, en un cuerpo simulado
perfecto que podemos
llamar cuerpo etérico,
los hombres toman
conciencia de que nadie llega a
morir solo. Hay tres
razones que lo afirman,
y cuando digo “nadie” entiendo igualmente
el que muere de sed
en el desierto a algunos centenares de kilómetros
de la persona mas
cercana, como el
astronauta que atraviesa sin
meta el espacio en su cápsula, después de haber
fracasado la misión,
hasta finalmente
llegar a morir.
Cuando nosotros preparamos
para la muerte -y
esto es frecuente con niños que tienen cáncer-, nos damos
cuenta de que todos tenemos
la posibilidad de abandonar nuestro cuerpo físico y llegar a lo
que llamamos
una experiencia extracorporal.
Todos tenemos estas
experiencias a lo largo de ciertas fases del sueño, pero son
pocos los que se dan cuenta de ello. Los niños que
mueren, y sobre todo
los que están preparados interiormente,
tienen una espiritualidad mayor
que los niños sanos de su
misma
edad, y toman
mejor conciencia de
sus breves experiencias extracorporales. Esto los ayuda en el
momento
de su transito porque se familiarizaran
mas pronto con su
nuevo entorno.
Los niños y adultos nos hablan de la presencia de seres que les
rodean, les guían
y les ayudan en el momento
de su salida del cuerpo. Los niños pequeños les llaman
con frecuencia “compañeros
de viaje". Las iglesias les han llamado
“ángeles de la guarda , mientras
que la mayoría de los
investigadores les llaman
“guías espirituales". No tiene ninguna importancia
la designación que les demos,
pero es importante
saber que cada ser humano,
desde el primer soplo
hasta la transición que pone fin a su existencia terrestre,
esta rodeado de guías espirituales y de ángeles de la guarda
que le esperan y
le ayudan en el momento
del paso al mas allá.
Somos siempre
recibidos por aquellos
que nos precedieron en la muerte
y que en otro tiempo
amamos.
Entre aquellos que nos acogen pueden encontrarse, por ejemplo,
los hijos que perdimos
precozmente, o los
abuelos, o el padre o la madre
u otras personas muy
cercanas a nosotros en la tierra.
La tercera razón por la que no estamos
solos en el momento
de nuestra
transición es porque después de abandonar nuestro cuerpo físico
(lo que puede ocurrir antes de la
muerte verdadera) nos
encontramos en una
existencia en la que no hay ni tiempo
ni espacio y podemos
desplazarnos instantáneamente
donde queramos.
La pequeña Susy, que muere
de leucemia en un
hospital, esta acompañada
permanentemente
por su madre. La
pequeña se da cuenta de que cada vez le será
mas difícil dejarla
pues ella se inclina a veces sobre su cama
y murmura:
“No te mueras,
querida, no me puedes
hacer esto. No podré vivir sin ti”. Esta
madre -y se parece a
muchos de nosotros-
culpabiliza al moribundo.
Susy, que ha abandonado su cuerpo durante el sueño y también
en estado de vigilia para ir allá donde tenia ganas, tiene la
certeza de una existencia después de la
muerte y pide
sencillamente a su
madre que se vaya del
hospital. En estas situaciones los niños suelen decir: “Mama,
tienes aire de cansada. ¿Por
que no te vas a casa para ducharte y descansar?
De verdad, yo estoy muy
bien”. Quizá media
hora después suena el teléfono de casa y alguien del hospital
dice:
“Señora Schmidt, estamos
desolados al tener que informarle
que su hija acaba de
morir".
Desgraciadamente,
estos padres se culpabil.izan después. Se avergüenzan y se
reprochan por no haberse quedado
media hora
mas y haber podido
estar presentes en el momento
de la muerte de su
hijo. Estos padres no saben generalmente
que nadie muere solo.
Nuestra pequeña Susy había deshecho ya sus contactos terrestres,
había adquirido
la capacidad de abandonar su envoltura y liberarse de ella
rápidamente para
volver con la velocidad del pensamiento
cerca de su mama
o su papa o hacia cualquier persona que
la atrajese. Como ya
lo dije anteriormente,
todos llevamos el
sello divino. Recibimos
ese don hace millones
de años y además del
libre albedrío, también
recibimos la
capacidad de abandonar nuestro cuerpo y no solo en el
momento
de la muerte, sino también
en momentos
de crisis después de un agotamiento,
en circunstancias extraordinarias, así como
en diferentes fases del sueño.
Viktor Frankl ha escrito un
maravilloso libro The search
for
meaning en el que
describe sus vivencias en un campo
de concentración. Probablemente
es el científico
mas
conocido y el que mejor
ha estudiado las experiencias extracorporales.
Hace unos quince años, cuando el interés por estos temas
era todavía mínimo,
ya consignaba los relatos de gente que había tenido caídas en la
montaña y veían como
se desarrollaba su propia vida como
una película. Estudio las experiencias visualizadas durante los
pocos segundos de la caída, para llegar a la conclusión de que
en estas no interviene el factor tiempo.
Muchas personas han tenido una experiencia semejante
al ahogarse o en otras situaciones de gran peligro.
Nuestras investigaciones en este campo
han sido confirmadas
por experiencias científicas realizadas en colaboración con
Robert Monroe, el autor del libro Journeys
out of the body. Yo misma,
no solo he vivido una experiencia extracorporea
espontanea, sino también
otras que fueron inducidas en laboratorio bajo la vigilancia de
Monroe , observadas y corroboradas por varios sabios de la
Fundacion Menninger, en Topeka. Actualmente
muchos sabios e
investigadores vuelven a tener en cuenta sus
métodos y los
encuentran realizables y opinan favorablemente.
Estas investigaciones los
llevan
obligatoriamente a
reflexiones mas
profundas concernientes a otra dimensión
que se concilia difícilmente
con nuestro pensamiento
científico tridimensional.
De la misma
manera se nos han
reclamado pruebas
concluyentes por afirmar
la existencia de guías espirituales, de ángeles de la guarda y
de parientes que precedieron
al muerto, presentes
en el momento
del pasaje para recogerles. Pero, sin embargo,
¿como
probar científicamente
una afirmación
repetida tan a menudo?
Como psiquiatra, para
mi era interesante imaginar
que miles de hombres
sobre la tierra tenían la misma
alucinación en el momento
de su muerte, es
decir, la percepción
de la presencia de parientes o amigos
muertos antes que
ellos. Después de todo, había que intentar saber si detrás de
esta afirmación de
los moribundos no
había una verdad. Hemos
intentado pues encontrar los
medios para verificar estas afirmaciones;
y poder probarlas seguidamente
como exactas o desenmascararlas
sencillamente como
proyecciones del deseo.
Para ello pensamos
que la mejor
manera de estudiar
este problema era
sentarnos
a la cabecera de la cama
de los niños moribundos
después de accidentes familiares.
Centramos estas
investigaciones en los días de fiesta, como
el 4 de julio, el Memorial
day, el Labor Day, los fines
de semana, etc., ya
que familias
enteras tenían la costumbre
de desplazarse en sus grandes automóviles.
En estas colisiones frontales
muchos
miembros
de la familia
morían en el acto y
otros eran llevados a diferentes
hospitales.
Puesto que me ocupo
particularmente de
los niños, me propuse
como tarea el sentarme
a
la cabecera de los que estaban en estado critico. Yo sabia con
certeza que estos moribundos
no conocían ni cuantos ni quienes de la familia
ya habían muerto a
consecuencia del accidente. Para
mi era fascinante,
por ello, comprobar
que conocían siempre
muy exactamente
si alguien había muerto
y quien era.
Yo me siento a su
lado, los observo tranquilamente,
algunas veces les tomo
la mano. De esta
manera percibo inmediatamente
cualquier agitación que tengan. Poco antes de la
muerte se
manifiesta a
menudo una apacible
solemnidad, lo que
representa siempre un
signo importante. En
ese momento
yo les pregunto si están dispuestos y si son capaces de compartir
conmigo sus actuales
experiencias y me
responden a menudo en
los mismos
términos de aquel
niño que decía: “Todo va bien. Mi
madre y Pedro
me están esperando
ya”. Yo ya sabia que su madre
había muerto en el
lugar del accidente, pero ignoraba que Pedro, su hermano,
hubiera muerto también.
Poco tiempo después
supe que su hermano
Pedro había fallecido diez minutos
antes. Durante todos estos años en los que hemos
reunido tales casos no hemos
iodo nunca a un niño mencionar
en esas circunstancias el nombre
de alguien que no hubiera fallecido ya, aunque solo fuera unos
minutos
antes. Para mi eso se
explica solamente
porque esos moribundos
han percibido ya a sus familiares.
Éstos los esperan para reunirse de nuevo con ellos en una forma
de existencia diferente. A pesar de estos datos, son
muy numerosas
las personas que no pueden imaginarse
semejante desarrollo.
Otra experiencia me emociono
mas que las de los
niños. Se trata del caso de una india americana.
En nuestros documentos
tenemos pocos elementos
referentes a los indios, puesto que ellos hablan poco del
morir y de la
muerte. Esta joven
india fue atropellada en una autopista por un
mal conductor que se
dio a la fuga después. Un extranjero se de tuvo para ayudarla y
ella le dijo calmadamente
que no había nada que hacer, salvo prestarle el siguiente favor:
si un día, por casualidad, se encontraba cerca
de la reserva india, que fuera
a visitar a su madre
y le transmitiera el
siguiente mensaje:
“Que estaba bien y que su padre estaba ya
muy cerca de ella”.
Después murió en los
brazos del extranjero, que quedo tan impresionado
por lo sucedido que se puso inmediatamente
en camino para
recorrer una gran distancia que nada tenia que ver con
su itinerario. Al llegar a la reserva india supo por la
madre que su
marido, el padre de
la
joven, había muerto
de un fallo cardiaco solo una hora antes del accidente que había
tenido lugar a mas de
mil kilómetros
de allí.
Disponemos de numerosos
casos como este en
que los moribundos,
ignorantes
del fallecimiento
de uno de los suyos, dicen, sin embargo,
como fueron recibidos
por el. También sabíamos
que estos enfermos no
tenían ninguna intención de convencernos dela no existencia de
la muerte, sino que
únicamente querían compartir
con nosotros una experiencia que consideraban como
un hecho. Si vosotros mismos
estáis dispuestos a abriros a estas cosas sin prejuicios,
podréis tener vuestras propias experiencias en este terreno. Si
se suscitan, se obtienen fácilmente.
En cada auditorio de ochocientas personas, al
menos hay doce
individuos que han tenido una experiencia semejante
del umbral de la
muerte y estarían
dispuestos a compartirla
con vosotros si no os cerraseis a tal información
por la critica, la
negatividad, el juicio y la idea fija de ponerle inmediatamente
a ese informe la
etiqueta de psiquiatrico. La única razón que impide
a estas personas hablar de su experiencia es
la increíble actitud de nuestra sociedad, que se obstina en
ridiculizar o en negar estas cosas, pues nos
molestan y no cuadran
con nuestros preceptos ni con nuestras ideas científicas o
religiosas. Todos estos hechos que yo os he relatado os llegaran
en una situación critica o un poco antes de vuestra
muerte.
No olvidare nunca mi
caso mas dramático,
en el “pedid y se os dará” con relación a una experiencia del umbral
de la muerte. Se
trataba de un hombre
al que toda su familia
iría a buscarlo a su lugar de trabajo el día de Memorial
Day para visitar a
unos parientes en el campo.
Cuando el autobús en el que viajaban sus suegros, su
mujer
y sus ocho hijos estaba en camino,
entro en colisión con un camión
de carburante. Habiéndose inflamado
la gasolina se esparció sobre el autobús y abraso a todos los
ocupantes. Cuando el hombre
tuvo conocimiento del
accidente permaneció
algunas semanas en
estado de shock y de embotamiento
total. No se volvió a presentar al trabajo pues no era capaz de
dirigir la palabra a nadie y finalmente,
para resumir
la historia, se convirtió en una persona viciosa que bebía
medio litro de whisky
al día y se drogaba
con cualquier clase de producto, incluso la heroína, para calmar
su dolor. No fue capaz
de volver a trabajar de forma
regular y termino en
la cuneta, en el sentido literal de la palabra.
En el curso de mis
agotadoras giras yo había dado ya dos conferencias en Santa
Barbara sobre el tema
de la vida después de la muerte
cuando un grupo del personal sanitario
me pidió una
conferencia mas. Al
aceptar esta tercera conferencia
me di cuenta
de que estaba cansada de contar las
mismas
historias y me dije a
mi
misma:
“Dios mío,
¿por
que no me envías a
algún oyente que haya tenido una experiencia en el umbral
de
la muerte y que este
dispuesto a compartirla
con los demás?
Así yo podré descansar y los oyentes tendrán un testimonio
de primera
mano sin tener que
escuchar únicamente
mis
historias de siempre.
En ese momento
el organizador del grupo me
paso unas líneas escritas que contenían un
mensaje de carácter
urgente enviado por un hombre
que vivía
en un asilo destinado a los vagabundos. Solicitaba poder contar
su experiencia personal del umbral
de la muerte. Interrumpí
la conferencia y le envíe la respuesta aceptando su
intervención. Algunos minutos
después, tras un veloz recorrido en taxi, el hombre
hizo
su aparición. En lugar del negligente vagabundo que yo esperaba,
teniendo en cuenta el tipo de domicilio
en que vivía, subió al estrado, frente al publico, un hombre
correctamente
vestido, de porte sofisticado, que deseaba compartir
con nosotros la experiencia que había vivido.
Contó cuanto se había alegrado con la expectativa del encuentro
familiar
aquel
fin de semana, como
sobrevino el trágico accidente en el cual todos sus familiares
perecieron quemados.
Hablo de su tremenda
impresión inicial,
que lo paralizo. No podía creer al principio que fuese verdad
que de golpe se convirtiese en un hombre
solo, el, que había tenido hijos, ya no los tendría
mas, habiendo perdido
a toda su familia en
ese único accidente. Describió luego su actitud al no poder
superar semejante
prueba, convirtiéndose de miembro
de una familia
burguesa, esposo y padre, en un vicioso vagabundo, alcoholizado
permanentemente,
con sumiendo
cualquier tipo de drogas, y,
en una palabra, tratando vanamente
de suicidarse. Nos explico también
el ultimo
recuerdo que tenia de esta vida que llevo durante dos años: el
estaba acostado borracho
y drogado, sobre un camino
bastante sucio que bordeaba un bosque. Solo tenia un pensamiento:
no vivir mas y
reunirse de nuevo con su familia.
Entonces vio aproximarse
un camión, y al no
tener la fuerza suficiente como
para alejarse fue literalmente
aplastado por el.
Nos contó como en ese
preciso momento
se encontró el mismo
a algunos metros por
encima del lugar del
accidente, mirando
su cuerpo gravemente
mutilado que yacía
en la carretera. Entonces aprecio su
familia
ante él, radiante de luminosidad
y de amor. Una feliz
sonrisa sobre cada rostro. Se comunicaron
con el sin hablar, solo por transmisión
del pensamiento, y le
hicieron saber la alegría y la felicidad que el reencuentro les
proporcionaba. El hombre
no fue capaz de darnos a conocer el tiempo
que duro esa comunicación
y encuentro con los miembros
de su familia. Pero
nos dijo que quedo tan violentamente
turbado frente a la salud, la belleza, el resplandor que
ofrecían, lo mismo
que la aceptación de su actual vida y su amor
incondicional, que juro
no tocarlos ni seguirlos, sino volver a su cuerpo terrestre para
comunicar al
mundo lo que acababa
de vivir, y de ese modo
reparar sus vanas tentativas de suicidio.
Enseguida se volvió a encontrar en el lugar del accidente y
observo a distancia como
el chofer estiraba su cuerpo en el interior del camión.
Llego la ambulancia y
vio como lo
transportaban a urgencias de un hospital, donde lo ataron a una
cama. Fue en ese
momento
cuando volvió a su cuerpo y se despertó, arrancando las correas
con las que lo habían atado. Se levanto y abandono el hospital
sin mostrar el
menor síntoma
de
delirium tremens
o de intoxicación por los abusos de drogas y alcohol.
De repente se sintió curado y restablecido, y se juro a si
mismo
no morirse
mientras
no hubiese tenido ocasión de compartir
la experiencia de una vida después de
la muerte con la
mayor cantidad de
gente posible. A leer en un periódico local el articulo sobre
mi presencia en Santa
Barbara, se decidió a mandarme
el mensaje a la
sala de conferencias. Al comunicar
su experiencia al auditorio pudo cumplir
la promesa que se
hizo después de tener su breve y
feliz encuentro con
su familia.
No sabemos lo que fue
de ese hombre, pero
no olvidare nunca el fulgor de sus ojos, su alegría y su
gratitud por haber sido guiado a un lugar en el que se le permitió
hablar en una tribuna sin que nadie pusiera en duda sus palabras
ni se burlara de él, y así poder participar a cientos de
trabajadores de la salud su profunda convicción de que nuestro
cuerpo físico es solo una envoltura pasajera que rodea un yo inmortal.
En la actualidad la cuestión se plantea con toda naturalidad:
¿que pasa después de
la muerte?
Hemos estudiado el comportamiento
de los niños de corta edad que no han leído
ni el libro de Moody, La vida después de la vida, ni el
material literario
sobre el tema que
haya podido salir en los diarios, y que tampoco
conocen testimonios
como los de
este hombre del que
nos hemos ocupado y
que acabamos de
relatar. Incluso un niño de dos años nos ha permitido
participar de su experiencia, de lo que el había considerado
ya como la
muerte. En todas las
experiencias ha quedado de manifiesto
que personas
que profesan diferentes religiones ven apariciones distintas
según su religión. Quizá nuestro
mejor ejemplo
es el de este niño de dos años. Como
resultado de un medicamento
que le inyecto un medico,
tuvo una reacción alérgica de tal violencia, que el
medico llego a
declarar que estaba muerto.
Avisaron al padre, y mientras
el medico y la
madre lo esperaban,
esta abrazaba a su hijo, gimiendo,
llorando y sufriendo atrozmente.
Después
de un tiempo, que le
aprecio una eternidad,
el niño con palabras que podían haber sido las de un hombre
viejo, dijo: “Mama,
yo estaba muerto.
Estaba con Jesús y María. Y María
me dijo repetidas
veces que mi tiempo
aun no había llegado y que yo debía
volver a la tierra. Pero yo no quería creerle. Y como
ella veía que yo no quería escucharla,
me tomo
suavemente de la
mano y
me alejo de Jesús
diciendo: "Pedro,
debes volver. Debes salvar a tu
madre del fuego"“. En
ese momento
volvió a abrir los ojos y añadió con sus propias palabras: “¿Sabes,
mama?
Cuando me dijo
eso volví corriendo hacia ti”.
Durante trece años esta madre
fue incapaz de hablar de este episodio con nadie. Estaba
muy deprimida
y hacia una interpretación errada de las palabras dirigidas por
María a su hijo.
Había entendido que su hijo un ida la salvaría del fuego, es
decir del infierno,
pero lo que no en tendía era por que le esperaba el infierno
precisamente a ella,
que era una buena cristiana, creyente y que trabajaba duramente.
Intente explicarle que había interpretado
mal el lenguaje simbólico
y que ese mensaje era
un regalo único y maravilloso
de María, que, como
todos los seres del plano espiritual, era un ser de amor
total e incondicional. Ella no podía criticar ni juzgar a nadie,
contrariamente a los
seres humanos, en
quienes tales cualidades de sensibilidad
faltan todavía. Le
solicite que durante un momento
hiciera abstracción de sus pensamientos
para permitir que su
cuadrante espiritual e intuitivo le respondiera. Y luego le dije
“¿Que habría sentido
usted si María no le hubiera devuelto a su Pedro, hace trece
años?”. Ella tomó
su cabeza con las dos manos
y exclamo: “Dios
mío
eso habría sido el infierno". Por supuesto que
no tuve necesidad de plantearle la cuestión: “¿Comprende
usted ahora por que María la ha preservado del fuego?”.
Las Sagradas Escrituras abundan en ejemplos
de lenguaje simbólico
y si la gente escuchara mas
a menudo su parte
intuitivo - espiritual, en lugar de envenenar los
mensajes
de esa maravillosa
fuente de comunicación
con su propia negatividad, sus
miedos,
sus sentimientos de
culpabilidad, sus ganas de castigarse a si
mismos
y a los demás, también
comenzarían a comprender
el maravilloso
lenguaje simbólico de
los moribundos cuando
estos intentan confiarnos sus preocupaciones, sus conocimientos
y sus percepciones.
Comprobamos
también que personas
que pertenecen a distintas religiones ven apariciones diferentes
y seguramente no
necesito precisar que un niño judío no se encontrara nunca con
Jesús y que un niño protestante no vera nunca a María. Esto no
quiere decir que estos seres no se ocupen de los niños que
pertenecen a otras religiones, sino sencillamente
que cada persona obtiene lo que
mas necesita. Los
seres que nos encontramos
en la vida después de la muerte
son aquellos a los que mas
quisimos y que
murieron antes que
nosotros.
Después de haber sido acogidos por nuestros padres y amigos
en el mas-alla, por
nuestros guías espirituales y ángeles de la guarda, pasamos
por una transición simbólica
que a menudo se
describe como un
túnel. Algunas veces se vive como
un río, otras
como un pórtico, siempre
según los valores simbólicos
respectivos. Mi propia
experiencia fue en
una cima de
montaña con
flores
silvestres, por la sencilla razón de
que mi representación
del cielo se refiere a las montañas
y a las flores silvestres que fueron la alegría y felicidad de
mi juventud en Suiza.
El concepto de cielo depende, pues, de factores culturales.
Después de haber pasado por una transición visual
muy bella, digamos
una especie de túnel, nos acercamos
a un manantial luminoso
que muchos de
nuestros
enfermos han descrito
y que a mi
me fue dado a
conocer. Pude vivir la experiencia
mas
maravillosa e
inolvidable, lo que se llama
la conciencia cósmica.
En presencia de esta
luz, que la mayoría
de los iniciados de nuestra cultura occidental llaman
Cristo, Dios, Amor o
simplemente
Luz, estamos
envueltos en un amor
total e incondicional de comprensión
y de compasión.
Esta luz tiene su origen en la fuente de la energía espiritual
pura y no tiene nada que ver con la energía física o psíquica.
La energía espiritual no puede ser creada ni
manipulada por el hombre.
Existe en una esfera en la que la negatividad es imposible.
Esto quiere decir también
que en presencia de esta luz no podemos
tener sentimientos
negativos, por mala
que haya podido ser nuestra vida y sean cuales fueren nuestros
sentimientos de
culpabilidad. En esta luz que
muchos llaman
Cristo o Dios es también
imposible ser
condenado puesto que El es amor
absoluto e incondicional. En esta luz
nos damos cuenta de
lo que pudimos ser y
de la vida que hubiéramos
podido llevar. En presencia de esta luz, rodeados de compasión,
de amor y de comprensión,
debemos revisar toda
nuestra vida para evaluarla. Ya no estamos
unidos a la inteligencia física
que ha limitado
nuestro cuerpo terrestre; por lo tanto, ya no estamos
atados a un espíritu
o cerebro físico que nos limita,
y poseemos el saber y
la comprensión
absoluta. Es ahora cuando debemos
revisar, evaluar y juzgar cada pensamiento,
cada palabra y cada acto
de nuestra existencia y cuando comprendemos
sus efectos sobre nuestro prójimo.
En presencia de la energía espiritual, no necesitamos
una forma física. Nos
separamos del cuerpo
eterico y volvemos a
tomar la forma
que teníamos antes de
nacer sobre la tierra, entre nuestras vidas, y la que tendremos
en la eternidad, cuando nos unamos
a la Fuente,
es decir a Dios, después de haber cumplido
nuestro destino.
Importa
mucho comprender
que desde el principio de nuestra existencia hasta nuestro
retorno a Dios conservamos
siempre nuestra
propia identidad y nuestra estructura de energía y que entre los
millares de seres de
todo el universo no hay dos estructuras de energía iguales; por
lo tanto, no existen dos hombres
que sean idénticos ni siquiera si se considera el caso de los gemelos
homocigotos. Si
alguien dudara de la grandeza de nuestro Creador no tiene
mas que reflexionar
en el genio que hace falta ser para crear
millones de
estructuras energéticas sin una sola repetición. Así recibe cada
hombre el don de su
singularidad. Podría compararse
esto a los infinitos copos de nieve que caen sobre 1a tierra,
todos diferentes en si. Me fue concedida 1a gracia de ver con
mis
propios ojos físicos, en pleno día, centenares de estas
estructuras energéticas en movimiento.
Aprecian copos con pulsaciones, colores y formas
diferentes. Así seremos
después de la muerte
y así hemos existido
antes de nuestro nacimiento.
No se necesita espacio ni tiempo
para trasladarse de una estrella a otra, ni del planeta Tierra
otra galaxia. Las estructuras energéticas de estas
mismas
entidades pueden encontrarse entre nosotros. Si tan solo tuviéramos
ojos para ver nos daríamos
cuenta de que no estamos
nunca solos, sino rodeados de entidades que nos guían, que nos aman
y nos protegen. Intentan guiarnos y ayudarnos para que permanezcamos
en el buen camino con
el fin de cumplir
nuestro destino.
Hay veces, en momentos
de gran dolor, de gran sufrimiento
o de gran soledad, en que nuestra percepción aumenta
hasta el punto de poder reconocer su presencia.
También, podríamos
hablarles por la noche antes de dormirnos
y pedirles que se
muestren
a nosotros, y hacerles preguntas conminándoles
a darnos las respuestas en los sueños. Los que recuerdan los
sueños saben que muchas
de nuestras preguntas
encuentran una respuesta. En la
medida en que nos
acercamos a nuestra
entidad interior,
a nuestro yo espiritual, nos damos
cuenta de como somos
guiados por esta entidad interior que es la nuestra y que
representa nuestro yo omnisciente,
esta parte inmortal
que llamamos:
“ mariposa “.
Quisiera ahora compartir
con vosotros algunos aspectos de
mis
propias
experiencias místicas
que me han ayudado a
saber, mas que a
creer, que todo lo que esta
mas allá de nuestra comprensión
científica son verdades y realidades abiertas a cada
uno de nosotros.
Deseo destacar en forma
especial que anteriormente
yo no tenia ninguna idea de una conciencia superior. No tuve
nunca guru, y no he sabido ni tan siquiera
meditar. La
meditación es fuente
de paz y comprensión
para muchas personas
no solamente en
Oriente, sino cada vez mas
en nuestra parte del mundo.
Es cierto que yo entro en mi
misma
cada vez que hablo con los enfermos
moribundos, y son
quizás esas miles de
horas que he pasado junto a ellos, sin que nada ni nadie pudiera
molestarnos, las que
constituían una meditación.
Visto desde este ángulo, efectivamente
medite
muchas horas.
Estoy convencida de que para tener experiencias
místicas
no es necesario vivir como
un eremita en la
montaña ni estar
sentado a los pies de un guru en la India. Cada ser tiene un
cuadrante (un cuarto físico, emocional,
intelectual y espiritual. Pienso también
que si pudiéramos
aprender a liberarnos de los sentimientos
desnaturalizados,
de nuestra ira, de nuestros
miedos o de
nuestras lagrimas no
vertidas, podríamos
encontrar de nuevo la armonía
con nuestro yo verdadero y ser tal como
debiéramos ser. Este
yo verdadero esta compuesto
de estos cuatro cuadrantes, que deberían equilibrar y dar un
todo armonioso. No
podamos alcanzar ese
estado de equilibrio interior
mas que con una
condición: la de haber aprendido a aceptar nuestro propio
cuerpo-fisico. Debemos
llegar a expresar nuestros sentimientos
libremente sin tener
miedo
de que se rían de nosotros cuando lloramos,
cuando estamos
enfadados o celosos, o nos esforzamos
en parecernos a alguien por sus talentos, dones o comportamientos.
Debemos comprender
que solo existen dos miedos:
el miedo
a caerse y el miedo
al ruido. Todos los otros miedos
han sido impuestos
poco a poco en nuestra infancia por
los adultos, pues proyectaban sobre nosotros sus propios
miedos
y los transmitían así
de generación en generación.
Sin embargo, lo
mas importante
de todo es aprender a amar
incondicionalmente.
La mayoría de
nosotros hemos sido
educados como
prostitutas. Siempre
se repetía lo mismo:
“Te quiero si. . . “ y esta palabra “si...” ha destruido
mas vidas que
cualquier otra cosa sobre el planeta Tierra. Esta palabra nos
arrastra hacia la prostitución, pues nos hace creer que con una
buena conducta, o con unas buenas notas en la escuela,
podemos comprar
amor. De esa
manera nunca podemos
desarrollar el sentido del amor
o la gratificación de uno mismo.
Cuando éramos niños,
si no cumplíamos
la voluntad de los adultos, éramos
castigados, y sin embargo
una educación afectuosa habría podido hacernos entrar en razón.
Nuestros maestros
espirituales nos han dicho que si hubiéramos
crecido en el
amor incondicional y
en la disciplina no tendríamos
nunca miedo
de las tempestades de
la vida. No tendríamos
mas
miedo,
ni sentimientos de
culpabilidad, ni angustias, pues estos son los únicos enemigos
del hombre. “Si
cubrís el Gran Cañón del Colorado para protegerlo de las tempestades,
no veréis nunca la bella forma
de sus rocas”.
Como ya he dicho, yo
no buscaba un guru y no intentaba
meditar ni llegar a
un
nivel de conciencia superior, pero cada vez que, a través de un
enfermo o de una
situación de la vida, tomaba
conciencia de algo negativo en
mi,
buscaba la manera de
enfrentarlo con el fin de alcanzar un ida esa armonía
entre mis
cuadrantes físico,
emocional,
intelectual y espiritual. Y cuando hacia “mis
deberes” y me
intentaba aplicar
a mi
misma
lo que enseñaba a otros me
encontraba cada vez mas
colmada de
experiencias místicas.
Estas eran el resultado tanto de un intercambio
de pensamientos
con mi yo espiritual,
intuitivo, omnisciente,
que comprende todo,
como de la toma
de contacto con fuerzas conductoras que vienen de un
mundo intacto. Permanentemente
nos rodean y esperan la ocasión para transmitirnos
no solo el conocimiento
o algunas indicaciones, sino también
para ayudarnos en nuestra comprensión
de nuestra razón de ser mas
particularmente sobre
el significado de nuestra tarea aquí en la tierra, permitiéndonos
cumplir nuestros
destinos.
Viví una de mis
primeras experiencias
en el curso de una investigación científica
en la que me fue permitido
abandonar mi cuerpo.
Esta experiencia fue inducida por
medios iatrogenos en
un laboratorio de Virginia y vigilada por algunos sabios
escépticos. En el transcurso de una de ellas fui atraída de
mi cuerpo físico por
el jefe del laboratorio, que estimo
que había partido demasiado
pronto y demasiado
deprisa. Ante
mi
gran consternación, el interfirió así en
mis
propias necesidades y en mi
propia personalidad. Después del siguiente intento decidí
soslayar el problema
de una intervención ajena programando
yo misma
mi salida para ir
mas rápido que la
velocidad de la luz y mas
lejos, donde ningún ser humano
haya estado durante una experiencia extracorporal. En el
mismo
momento
en que esta fue inducida, abandone
mi cuerpo a una
velocidad increíble.
Lo único que recuerdo de la vuelta a
mi cuerpo físico
fueron las palabras SHANTI NILAYA . No tenia ni idea del
significado o de la interpretación de esa palabra. Tampoco
tenia noción de donde había estado. Lo único que sabia antes de
volver es que estaba curada de un estreñimiento
casi total así como
de un problema dorsal
muy doloroso que
me había impedido
incluso recoger un libro. Ahora bien,
después de esta experiencia extracorporal pude comprobar
que mi intestino
funcionaba
de nuevo y que podía levantar un saco de cincuenta kilos sin
cansancio ni dolor. Las personas que estaban presentes
me decían que había
rejuvenecido veinte años. Cada uno
de ellos intentaba obtener otras informaciones
sobre mis
experiencias. Yo no supe donde había estado, hasta que aprendí
algo mas la noche
siguiente.
Esa noche la pase sola, en una pensión aislada en
medio del bosque de
Blue Ridge
Mountains. Poco a poco, y no sin
miedo,
me di cuenta de que
había ido demasiado
lejos
en mi experiencia
extracorporal y que ahora debía sufrir las consecuencias de
mi propia decisión.
Intente luchar contra mi
cansancio, presintiendo que “aquello” llegaría, y sin saber lo
que “aquello” podía ser. En el
momento
en que me abandone
tuve
probablemente la
experiencia mas
dolorosa y solitaria que un ser humano
pueda vivir. En el propio sentido del termino,
viví en mí
misma
las miles de
muertes por las que
habían pasado mis
enfermos. Agonizaba
en el sentido físico, emocional,
intelectual
y espiritual. Fui incapaz de respirar. En
medio de esos sufrimientos
físicos yo era perfectamente
consciente de que no tenia a nadie cerca para ayudarme.
Debía atravesar esa no che completamente
sola.
En esas horas atroces no tuve
mas que tres
descansos muy breves.
Estos dolores
se podrían comparar
con las contracciones de un parto, salvo en que aquí se sucedían
sin interrupción. En los momentos
de descanso en los que conseguí respirar
profundamente,
ocurrieron algunos acontecimientos
importantes en el
plano simbólicoque
solo entendí mucho
mas tarde. En el
momento
del primer descanso
yo pedía un hombro en
el que apoyarme y en
efecto yo pensaba que aparecería e1 hombro
izquierdo
de un hombre en el
que podría apoyar mi
cabeza para poder soportar mejor
mis
dolores. Apenas se había formulado
esta demanda una voz
profunda y serena, pero llena de amor
y compasión,
me dijo sencillamente:
“No te será concedido”.
Después de un tiempo
infinitamente largo
me fue acordado otro
plazo. Esta vez
yo pedía una mano que
yo habría podido coger. Y de nuevo esperaba que una
mano surgiría por el
lado derecho de mi cama
y que yo podría cogerla para soportar
mejor
mis
dolores. Se dejo oír la misma
voz : “No te será concedida”.
En el tercero y ultimo
descanso decidí no pedir mas
que la punta de un dedo. Pero enseguida añadí, dado
mi carácter: “No, si
no me es dada la
mano, renuncio a la
punta de los dedos”. Claro que cuando yo decía punta de los
dedos lo que quería era una presencia, aunque no pudiera
engancharme a la
punta de su dedo.
Y por primera vez en
mi vida, la salida
fue la de la fe. Esta fe llegaba del saber profundo de que yo
disponía de la suficiente fuerza y del coraje como
para poder sufrir sola esta agonía. De pronto comprendí
que solo tenia que cesar en
mi lucha, transformar
mi
resistencia en sumisión
apacible y positiva, y decir sencillamente
“si”.
En el mismo
momento
en que dije “si” mentalmente,
cesaron los sufrimientos.
Se calmo
mi respiración y
desapareció el dolor
físico. En lugar de esas miles
de muertes fui
gratificada con una experiencia de renacimiento
que no podría ser descripta con
nuestro lenguaje.
Al principio hubo una oscilación o pulsación
muy rápida a nivel
del vientre que
se extendió por todo mi
cuerpo. Esto no fue todo, porque esta vibración se extendió a
todo lo que yo miraba,
fuera el techo, la pared, el suelo, los
muebles, la cama,
la ventana
y hasta el cielo que veía a través de ella. Los arboles también
fueron alcanzados por esta vibración y finalmente
el planeta Tierra. Efectivamente,
yo tenia la impresión
de que la tierra entera vibraba en cada
molécula. Después vi
algo que parecía al capullo de una
flor de loto que se abría delante de
mi para convertirse
en una flor maravillosa
y detrás apareció esa luz esplendorosa de la que hablaban siempre
mis
enfermos. Cuando
me aproxime
a la luz a través de la flor de loto abierta y vibrante, fui
atraída por ella suavemente
pero cada vez con mas
intensidad. Fui atraída por el amor
inimaginable,
incondicional, hasta fundirme
completamente
en el.
En el instante en que me
uní a esa fuente de luz cesaron todas las vibraciones. Me
invadió una gran calma
y caí en un sueño profundo parecido a un trance. Al despertarme
sabia que debía ponerme
un vestido y unas sandalias para bajar de la
montaña y que “esto”
ocurriría a la salida del sol.
Cuando me desperté de
nuevo una hora y media
mas tarde aproximadamente,
me puse el vestido y
las sandalias y baje de la colina. En ese
momento
caí en el éxtasis mas
extraordinario que un ser humano
haya vivido sobre la tierra. Me encontraba en un
estado de amor
absoluto y admiraba
todo lo que estaba a mi
alrededor. Estaba en comunión
amorosa, con cada
hoja, con cada nube, brizna de hierba y ser viviente.
Sentía incluso las pulsaciones de cada piedrecilla del camino
y pasaba “por encima”
de ellas, en el propio sentido del termino,
interpelándolas con el pensamiento:
“No quiero pisaros porque podría haceros daño”, y cuando llegue
abajo de la colina y me
di cuenta
de que ninguno de mis
pasos había tocado el suelo, no dude de la realidad de esta
vivencia. Se trataba sencillamente
de una percepción como
resultado de la conciencia cósmica.
Me fue permitido
reconocer la vida en cada cosa de la naturaleza con este
amor que soy incapaz
de formular.