Llama Violeta

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LA MUERTE UN AMANECER

III - La vida, la muerte, y la

 

 vida después de la muerte

Elizabeth Kuble-Ross

 

III - La vida, la muerte, y la vida después de la muerte.

 

Quisiera hablaros de algunas experiencias  que hemos podido tener a lo largo de los últimos diez años y que se refieren a la vida, a la muerte, y a la vida después de la muerte, y esto después de estudiar seriamente el campo de la muerte y de una vida

después de la muerte.

 
   

Después de habernos ocupado durante muchos años de los enfermos moribundos, hemos entendido que nosotros, los humanos, no hemos encontrado aun respuesta a la pregunta quizá mas importante de todas, a pesar de que nuestra presencia en la tierra se remonta a millones de años: la definición, el significado y el fin de la vida y de la muerte.

Me gustaría compartir con vosotros algunos aspectos de las investigaciones en el campo de la muerte y la vida después de la muerte. Pienso que ha llegado el tiempo de reunir todo lo descubierto por nosotros, en un lenguaje accesible a todos, con el fin de

estar capacitados para ayudar, eventualmente, a los hombres que deben afrontar la

perdida de un ser querido.

 

Sobre todo cuando se trata de una muerte repentina en la que

no podemos entender por que nos sucede ese drama. También hay que conocer estas cosas cuando se trata de asistir a los moribundos y a sus familias. Además,

siempre escuchamos estas preguntas: “¿Que es la vida? ¿Que es la muerte? ¿Por que los niños tienen que morir, sobre todo los mas pequeños?”.

Por diferentes razones, hasta el presente no hemos dado a conocer con la debida amplitud los resultados de nuestras investigaciones. Desde hace largo tiempo estudiábamos las experiencias del umbral de la muerte, pero en nuestro espíritu guardábamos el hecho de que se trataba solamente de una experiencia del umbral de la muerte y no de la muerte verdadera.

Antes de saber que les sucedía a las personas al final de esa transición, hemos preferido no hablar de nuestras investigaciones, con la preocupación de no propagar verdades a medias. Lo único que publico el centro Shanti Nilaya sobre este tema fue

una carta que yo escribí e ilustre con lápices de colores, a un chico de nueve anos del sur de los Estados Unidos que tenia cáncer y que me planteaba en una  carta esta

pregunta emocionante: “¿Que es la vida? ¿Que es la muerte? ¿Por que los niños mueren

y deben morir?

Anteriormente la gente tenia un contacto mucho mas estrecho con todo lo referente a la muerte y creía en un cielo o en una vida después de la muerte. Solamente

hace cien anos que empezó este proceso en virtud del cual cada vez es menor el numero

de personas que sabe con certeza que después de abandonar el cuerpo físico nos espera otra vida. Pero no es ahora el momento ni este el lugar para demostrar este  proceso. Actualmente estamos ya en un nuevo tiempo de valores espirituales (en

oposición a los valores materiales), aunque no hay que identificar la expresión valores espirituales con religiosidad. Se trata más bien de una toma de conciencia, de la comprensión de que existe algo mucho mas grande que nosotros que ha creado el universo y la vida, y que en esta creación representamos una parte importante y bien determinada que puede contribuir al desarrollo del todo.

En el momento del nacimiento cada uno de nosotros ha recibido la chispa divina que procede de la fuente divina. Esto quiere decir que llevamos una parte de ese origen, y gracias a ello nos sabemos inmortales.

Mucha gente empieza a comprender que el cuerpo físico no es mas que una casa, un templo, como nosotros solemos llamarle, el “capullo de seda” en el. que 

vivimos durante un cierto tiempo hasta la transición que llamamos muerte. Cuando llega

la muerte abandonamos el capullo de seda y somos libres como una mariposa. Nos servirnos de esta imagen del lenguaje simbólico y la utilizamos al hablar con los niños moribundos o con sus hermanos y hermanas.

A lo largo de estos últimos veinte años me he ocupado esencialmente de

enfermos moribundos. Al empezar este trabajo no estaba interesada en la vida después

de la muerte, incluso no tenia una idea precisa sobre la definición de la muerte, dejando

de lado, por supuesto, la definición desde el punto de vista medico, que evidentemente me era familiar.

Cuando se reflexiona sobre la definición de la muerte, muy pronto se comprende que nos referimos únicamente al cuerpo físico, como si el hombre solo fuera esa

envoltura. Yo misma formaba parte del conjunto de científicos que no habían

cuestionado nunca esa concepción. Creo que la definición de la muerte volvió a adquirir notoriedad en el curso de la década de los años sesenta, cuando se planteo el problema

de los trasplantes de órganos, sobre todo los de hígado y corazón. Desde el punto de vista ético, miles de científicos cuestionaron seriamente el momento en que se tendría

derecho a tomar de alguien un órgano para trasplantarlo a un enfermo con el objeto de procurar salvar su vida.

En los últimos anos, el deber de afrontar estos problemas ha provocado varios planteamientos de tipo jurídico. Nuestro materialismo ha alcanzado un punto en el que los médicos fuimos acusados por personas que pretendían que tal miembro de la familia aun vivía cuando se le había quitado el órgano en cuestión, o bien se nos acusaba de haber esperado demasiado tiempo para realizar el transplante, prolongando quizás inútilmente la vida del enfermo que se trataba- Las compañías de seguros contribuyeron también a poner en evidencia este problema porque en el momento de un accidente familiar con frecuencia les resulta importante saber cual de las personas falleció

primero, aunque solo se trate de minutos.

En este caso solo cuenta el dinero y se trata de saber en quien revierte. Es inútil decirles que estas querellas me hubieran dejado indiferente si no hubiera tenido que afrontar tales problemas por razón de mi trabajo y de mis propias experiencia; junto a los moribundos.

Yo soy por naturaleza una persona semicreyente, algo escéptica, para decirlo prudentemente y como tal no me interesaba la eventualidad de una vida después de la muerte, pero ciertas observaciones se repetían con tal frecuencia que me vi forzada a asomarme a la cuestión. En aquella época empezaba yo a preguntarme por que nadie había estudiado aun este problema, no por razones científicas precisas o para poder hacer uso de las conclusiones en caso de un proceso judicial, sino únicamente por curiosidad natural.

El hombre existe sobre el planeta Tierra desde hace millones de años. Con todo,

en su forma actual -en aquella que comprende su semejanza con Dios- no es

demostrable que se trate de algunos millones de años. Cada día los hombres mueren por todas partes. Y nuestra sociedad, sin embargo no ha realizado ningún esfuerzo para estudiar la muerte y llegar a una definición actualizada y universal de la muerte

humana, mientras que ha triunfado enviando hombres a la luna y logrando igualmente que regresaran sanos y salvos. ¿No resulta extraño?

En el periodo en que estaba entregada a mi trabajo con los moribundos y además daba clases, mis estudiantes y yo misma decidimos un buen ida intentar buscar una definición actualizada y universal de la muerte. En alguna parte se ha dicho: “Pedid y se os dará. Buscad y encontrareis. Llamad y se os abrirá”. En otras palabras: “Llegara el

Maestro cuando el discípulo este preparado”. Esta frase resulto justa para nosotros

puesto que ya durante la primera semana,  después  de  enunciar la pregunta y habernos comprometido a encontrar la respuesta, vinieron a vernos algunas enfermeras para compartir con nosotros una experiencia provocada por una mujer que estaba en

cuidados intensivos por decimoquinta vez. En esta ocasión se esperaba su muerte y de nuevo consiguió salir del hospital para vivir durante semanas o meses. Podemos decir ahora que fue nuestro primer caso de  una experiencia del umbral de la muerte.

Mientras estabamos estudiando este caso, yo vigilaba  junto a mis pacientes moribundos, con una atención y una sensibilidad acentuadas, todos estos fenómenos inexplicables que se  presentaban justo antes de la muerte. Eran numerosos los que comenzaban a “alucinar” y a repetir las palabras de los parientes que habían muerto

antes que ellos y con los que parecían tener una especie de comunicación, aunque yo no podía ver ni entender a esos seres. Observaba también que aun los enfermos mas

rebeldes y difíciles se calmaban poco antes de su muerte y se desprendía de ellos una paz solemne apenas cesaban los dolores, aunque sus cuerpos estuvieran invadidos por tumores o metástasis.

Podía observar también que inmediatamente después del fallecimiento, el rostro

de mis enfermos expresaba paz, equilibrio y una expresión solemne de jubilo, y esto era tanto mas incomprensible en los casos en los que el moribundo poco antes de morir se encontraba en un estado de cólera, de agitación o de depresión.

Mi tercera observación, y sin duda la mas subjetiva, era el hecho de que estando siempre muy próxima a mis enfermos, y comunicándome con ellos con un amor

profundo, influyeron en mi vida al tiempo que yo influía en la de ellos, de una forma muy personal e incisiva. Sin embargo, minutos después de su muerte mis sentimientos

por ellos ya no existían, lo que me extrañaba tanto que me preguntaba si yo era normal. Cuando los miraba  en su lecho de muerte, tenia la impresión de que se habían quitado

el abrigo de invierno, como cuando llega la primavera, ya que no les hacia falta nada mas. Tenia la certeza increíble de que esos cuerpos no eran mas que unas envolturas y que mis queridos enfermos ya no estaban en la cama.

Se sobreentiende que yo, como científica, no tenia explicación sobre ese fenómeno y tenia por ello la tendencia a dejar de lado estas observaciones, y

seguramente hubiera mantenido esta actitud si la señora Schwarz no hubiera producido un cambio en mi.

Su marido era esquizofrénico y cada vez que tenia una crisis intentaba matar a su hijo menor, que era cl único de sus muchos hijos que vivía todavía en casa. La enferma estaba convencida de que si moría ella demasiado pronto su marido perdería el control y

su hijo estaría en peligro de muerte. Gracias a una organización de ayuda social llegamos a colocar al hijo cerca de familiares, así la señora Schwarz dejó el hospital aliviada y liberada sabiendo que, aunque no viviera mucho tiempo, su hijo al menos estaba seguro.

Esta enferma volvió a nuestro hospital después de un año, mas o menos, y fue nuestro primer caso de una experiencia en el umbral de la muerte. Tales experiencias han sido publicadas estos últimos años en numerosos libros y periódicos y son por consiguiente conocidas por el gran publico.

Por su informe medico, la señora Schwarz fue admitida en un hospital local de

Indiana, puesto que su estado critico no le permitía un traslado hasta Chicago, que estaba demasiado lejos. Recuerdo que estaba muy delicada, y que la ubicaron 

inmediatamente en una habitación privada. Entonces comenzó a reflexionar sobre si

debía desafiar una vez mas a la muerte o si podía dejarse llevar tranquilamente para abandonar su envoltura. Fue entonces cuando vio entrar a la enfermera, echo una mirada sobre ella y precipitarse fuera de la habitación. La señora Schwarz se vio deslizarse lenta y tranquilamente fuera de su cuerpo físico pronto floto a una cierta distancia por encima de su cama. Nos contaba, con humor, como desde allí miraba su cuerpo extendido, que le parecía pálido y feo. Se encontraba extrañada y sorprendida, pero no asustada ni espantada.

Nos contó como vio llegar al equipo de reanimaron y nos explicó con detalle quien llego primero y quien ultimo. No sólo escucho claramente cada palabra de la conversación, sino que pudo leer igualmente los pensamientos de cada uno. Tenia ganas

de interpelarlos para decirles que no se dieran prisa puesto que se encontraba bien, pero cuanto mas se esforzaba en explicarles mas la atendían solícitamente, hasta que poco a poco comprendió que era ella únicamente la que podía entender, mientras que los demás no la oían. La señora Schwarz decidió entonces detener sus esfuerzos y predio su conciencia, como nos dijo textualmente. Fue declarada muerta cuarenta y cinco minutos después de empezar la reanimaron y dio signos de vida después, viviendo todavía un año y medio más. Compartió su experiencia con mis estudiantes y conmigo en uno de mis seminarios.

No necesito decir aquí que este caso represento para mi algo nuevo, puesto que

yo no había iodo hablar nunca de tal experiencia de muerte aparente, aunque era doctora

en medicina desde hacia tiempo. Mis estudiantes se extrañaron de que no clasificase esta experiencia simplemente como una alucinación, una ilusión o como la desintegración de la conciencia, de la personalidad. Querían a toda costa dar un nombre

a esta vivencia para identificarla, clasificarla y no tener que pensar mas en ella. Estabamos convencidos de que la experiencia de la señora Schwarz no era un caso aislado. Esperábamos ahora descubrir otros casos similares e incluso

eventualmente recoger suficiente información como para saber si la muerte aparente era un acontecimiento frecuente, raro o únicamente vivido por la señora Schwarz.

No necesito decir, puesto que en la actualidad es notorio, que numerosos investigadores médicos y psicólogos, así como los que estudian los fenómenos parapsicologicos, se han propuesto el registro estadístico de casos como el nuestro, y en

el transcurso de los últimos anos han proporcionado mas de veinticinco mil en el mundo entero.

Lo mas sencillo será resumir lo que estas personas, que están clínicamente muertas, viven en el momento en que su cuerpo físico deja de funcionar. Lo llamamos simplemente experiencia de muerte aparente o del umbral de la muerte (near death experience) puesto que todos estos enfermos una vez restablecidos, la han podido compartir con nosotros. Mas adelante hablaré de lo que le ocurre a los que no vuelven mas. Es importante saber que de todos los enfermos con alteraciones cardiacas graves y que han vuelto después de un reanimacion, solamente un diez por ciento guarda el recuerdo de las  experiencias v vidas durante su paro cardiaco. En otro orden, esto se comprende fácilmente teniendo en cuenta que también todos soñamos y solo un pequeño porcentaje de personas recuerdan sus sueños al despertarse.

Hemos ido reuniendo tales experiencias en varios piases además de las recogidas

en los Estados Unidos, Canadá y Australia. La persona mas joven tenia dos años y la mayor noventa y siete. Disponemos así de experiencias del umbral de la muerte de hombres de orígenes culturales diferentes, como por ejemplo los esquimales, aborígenes de Australia, hindúes, o pertenecientes a distintas religiones como los budistas, protestantes, católicos, judíos y los que no pertenecen a ninguna religión, comprendidos los que se consideran agnósticos o ateos. Era importante poder hacer el recuento de los casos en ámbitos religiosos y culturales tan diferentes como fuese posible, con el fin de estar bien seguros de que los resultados de nuestras investigaciones no fuesen rechazadas por falta de argumentos. A lo largo de las mismas hemos podido probar que esta experiencia del umbral de la muerte no esta limitada a un cierto medio social y que no tiene nada que ver con una u otra religión. Tampoco tiene ninguna importancia que este precedida por un asesinato o un accidente, por un suicidio o por una muerte lenta. Mas de la mitad de los casos de que disponemos, relatan las experiencias después de

una muerte aparente brutal, de manera que las personas no han tenido tiempo de prepararse o de esperar ningún acontecimiento.

Después de haber reunido muchos casos durante muchos años, podemos decir que en todas estas experiencias hay ciertos hechos que se pueden retener como denominador común.

En el momento de la muerte vivimos la total separación de nuestro verdadero yo inmortal de su casa temporal, es decir, del cuerpo físico. Este yo inmortal es llamado también alma o entidad. Si nos expresamos simbólicamente, como lo hacemos con los niños, podríamos comparar este yo, que se libera del cuerpo terrestre, con la mariposa que abandona el capullo de seda. Desde el  momento en que dejamos nuestro cuerpo físico nos damos cuenta de que no sentimos ya ni pánico, ni miedo ni pena. Nos percibimos a nosotros mismos como una entidad física integral. Siempre tenemos conciencia del lugar de la muerte, ya se trate de la habitación donde transcurrió la enfermedad, de nuestro propio dormitorio en el que tuvimos el infarto del lugar del accidente de automóvil o avión. Reconocemos muy claramente a las personas que forman parte de un equipo de reanimaron o de un grupo que intenta sacar los restos de

un cuerpo del coche accidentado. Estamos capacitados para mirar todo esto a una distancia de metros sin que nuestro estado espiritual este verdaderamente implicado. Permitidme que hable de estado espiritual, puesto que en la mayoría de los casos ya no estamos unidos a nuestro aparato de reflexión física o cerebro en funcionamiento.

Estas experiencias tienen lugar, a menudo, en el momento mismo en que las ondas cerebrales no pueden ser medidas para poder probar el funcionamiento del cerebro, o cuando los médicos no pueden ya comprobar el menor signo de vida. En el momento en que asistimos a nuestra propia muerte, oímos las discusiones de las personas presentes, notamos sus particularidades, vemos sus ropas y conocemos sus pensamientos, sin que por ello sintamos una impresión negativa.

El cuerpo que ocupamos pasajeramente en ese momento y que percibimos como tal, no es el cuerpo físico sino el cuerpo etéreo. Mas tarde hablare de las diferencias

entre las energías física, psíquica y espiritual que originan este cuerpo.

En este segundo cuerpo temporal nos percibimos como una entidad integral, como ya he mencionado. Si nos hubiese sido amputada una pierna, dispondremos de

nuevo de nuestras dos piernas. Si fuimos sordomudos, podremos de nuevo oír, hablar y cantar. Si una esclerosis en placas nos clavaba en la silla de ruedas con trastornos en la vista, con problemas de lenguaje y parálisis en las piernas, podremos cantar y bailar.

Es comprensible que muchos de nuestros enfermos reanimados con éxito, no siempre agradezcan que su mariposa haya sido obligada a volver a su capullo de seda, puesto que con la vuelta a nuestras funciones físicas debemos aceptar de nuevo los dolores y las enfermedades que les son propias, mientras que en nuestro cuerpo eterico estabamos mas allá de todo dolor y enfermedad.

 

Muchos de mis colegas piensan que este estado se explica por una proyección de

deseos, lo que parece lógico. Si alguien esta paralítico, sordo, ciego o minusvalido desde hace anos, espera sin duda el tiempo en que el sufrimiento termine, pero en los

casos de que disponemos no se trata de proyecciones de deseo y esto se deduce de los hechos que relataremos seguidamente.

En primer lugar, la mitad de los casos de experiencias en el umbral de la muerte que hemos recogido, son el resultado de accidentes brutales, e inesperados, en los que

las personas no podían prever lo que les iba a suceder. Por no hablar mas que de un caso, citare el de uno de nuestros enfermos que predio sus dos piernas a consecuencia de un accidente en el que fue atropellado y el conductor se dio a la fuga. Mientras se encontraba fuera de su cuerpo físico incluso vio una de sus piernas en el suelo, y fue perfectamente consciente de encontrarse en un cuerpo etérico absolutamente perfecto y tener sus dos piernas. No podemos suponer que este hombre sabia de antemano que perdería las dos piernas y que su visión era solo la proyección del deseo de andar de nuevo.

También hay una segunda prueba para eliminar la tesis de una proyección del deseo y nos llega por  parte de los ciegos que a lo largo de este estado de muerte aparente dejan de serlo. Les pedimos que compartieran con nosotros sus experiencias.

Si solo se hubiera tratado en ellos de una proyección del deseo, no estarían capacitados para precisar el color de un jersey, el dibujo de una corbata o el detalle de los dibujos, colores y cortes de prendas que llevaban los presentes. Interrogamos a una serie de personas con ceguera total y fueron capaces de decirnos no solamente quien entro primero en la habitación para reanimarlo sino describir con precisión el aspecto y la ropa que llevaban los que estaban presentes, y en ningún caso los ciegos disponen de esta capacidad.

Además de la ausencia de dolor y la percepción de integridad corporal, en un cuerpo simulado perfecto que podemos llamar cuerpo etérico, los hombres toman conciencia de que nadie llega a morir solo. Hay tres razones que lo afirman, y cuando digo “nadie” entiendo igualmente el que muere de sed en el desierto a algunos centenares de kilómetros de la persona mas cercana, como el astronauta que atraviesa sin meta el espacio en su  cápsula, después de haber fracasado la misión, hasta finalmente llegar a morir.

Cuando nosotros preparamos para la muerte -y esto es frecuente con niños que tienen cáncer-, nos damos cuenta de que todos tenemos la posibilidad de abandonar nuestro cuerpo físico y llegar a lo que llamamos una experiencia extracorporal.

Todos tenemos estas experiencias a lo largo de ciertas fases del sueño, pero son pocos los que se dan cuenta de ello. Los niños que mueren, y sobre todo los que están preparados interiormente, tienen una espiritualidad mayor que los niños sanos de su misma edad, y toman mejor conciencia de sus breves experiencias extracorporales. Esto los ayuda en el momento de su transito porque se familiarizaran mas pronto con su nuevo entorno.

Los niños y adultos nos hablan de la presencia de seres que les rodean, les guían

y les ayudan en el momento de su salida del cuerpo. Los niños pequeños les llaman con frecuencia “compañeros de viaje". Las iglesias les han llamado  “ángeles de la guarda , mientras que la mayoría de los investigadores les llaman “guías espirituales". No tiene ninguna importancia la designación que les demos, pero es importante saber que cada ser humano,  desde el primer soplo hasta la transición que pone  fin a su existencia terrestre, esta rodeado de guías   espirituales y de ángeles de la guarda que le esperan y  le ayudan en el momento del paso al mas allá. Somos siempre recibidos por aquellos

que nos precedieron en la muerte y que en otro tiempo amamos.

Entre aquellos que nos acogen pueden encontrarse, por ejemplo, los hijos que perdimos precozmente, o los abuelos, o el padre o la madre u otras personas muy cercanas a nosotros en la tierra.

La tercera razón por la que no estamos solos en el momento de nuestra

transición es porque después de abandonar nuestro cuerpo físico (lo que puede ocurrir antes de la muerte verdadera) nos encontramos en una existencia en la que no hay ni tiempo ni espacio y podemos desplazarnos instantáneamente donde queramos.

La pequeña Susy, que muere de leucemia en un hospital, esta acompañada permanentemente por su madre. La pequeña se da cuenta de que cada vez le será mas difícil dejarla pues ella se inclina a veces sobre su cama y murmura: “No te mueras, querida, no me puedes hacer esto. No podré vivir sin ti”. Esta madre -y se parece a muchos de nosotros- culpabiliza al moribundo. Susy, que ha abandonado su cuerpo durante el sueño y también en estado de vigilia para ir allá donde tenia ganas, tiene la certeza de una existencia después de la muerte y pide sencillamente a su madre que se vaya del hospital. En  estas situaciones los niños suelen decir: “Mama, tienes aire de cansada. ¿Por que no te vas a casa para ducharte y descansar? De verdad, yo estoy muy bien”. Quizá media hora después suena el teléfono de casa y alguien del hospital dice:

“Señora Schmidt, estamos desolados al tener que informarle que su hija acaba de

morir". Desgraciadamente, estos padres se culpabil.izan después. Se avergüenzan y se reprochan por no haberse quedado media hora mas y haber podido estar presentes en el momento de la muerte de su hijo. Estos padres no saben generalmente que nadie muere solo. Nuestra pequeña Susy había deshecho ya sus contactos terrestres, había adquirido

la capacidad de abandonar su envoltura y liberarse de ella rápidamente para volver con la velocidad del pensamiento cerca de su mama o su papa o hacia cualquier persona que la atrajese. Como ya lo dije anteriormente, todos llevamos el sello divino. Recibimos ese don hace millones de años y además del libre albedrío, también recibimos la capacidad de abandonar nuestro cuerpo y no solo en el momento de la muerte, sino también en momentos de crisis después de un agotamiento, en circunstancias extraordinarias, así como en diferentes fases del sueño.

Viktor Frankl ha escrito un maravilloso libro The search for meaning en el que describe sus vivencias en un campo de concentración. Probablemente es el científico

mas conocido y el que mejor ha estudiado las experiencias extracorporales.

Hace unos quince años, cuando el interés por estos temas era todavía mínimo, ya consignaba los relatos de gente que había tenido caídas en la montaña y veían como se desarrollaba su propia vida como una película. Estudio las experiencias visualizadas durante los pocos segundos de la caída, para llegar a la conclusión de que en estas no interviene el factor tiempo. Muchas personas han tenido una experiencia semejante al ahogarse o en otras situaciones de gran peligro.

Nuestras investigaciones en este campo han sido confirmadas por experiencias científicas realizadas en colaboración con Robert Monroe, el autor del libro Journeys

out of the body.  Yo misma, no solo he vivido una experiencia extracorporea

espontanea, sino también otras que fueron inducidas en laboratorio bajo la vigilancia de Monroe , observadas y corroboradas por varios sabios de la Fundacion Menninger, en Topeka. Actualmente muchos sabios e investigadores vuelven a tener en cuenta sus métodos y los encuentran realizables y opinan favorablemente. Estas investigaciones los

 llevan  obligatoriamente a reflexiones mas profundas concernientes a otra dimensión

que se concilia difícilmente con nuestro pensamiento científico tridimensional.

De la misma manera se nos han reclamado pruebas concluyentes por afirmar la existencia de guías espirituales, de ángeles de la guarda y de parientes que precedieron

al muerto, presentes en el momento del pasaje para recogerles. Pero, sin embargo,

¿como probar científicamente una afirmación repetida tan a menudo?

Como psiquiatra, para mi era interesante imaginar que miles de hombres sobre la tierra tenían la misma alucinación en el momento de su muerte, es decir, la percepción

de la presencia de parientes o amigos muertos antes que ellos. Después de todo, había que intentar saber si detrás de esta afirmación de los moribundos no había una verdad. Hemos intentado pues encontrar los medios para verificar estas afirmaciones; y poder probarlas seguidamente como exactas o desenmascararlas sencillamente como proyecciones del deseo.

Para ello pensamos que la mejor manera de estudiar este problema era sentarnos

a la cabecera de la cama de los niños moribundos después de accidentes familiares. Centramos estas investigaciones en los días de fiesta, como el 4 de julio, el Memorial  day, el Labor Day, los fines de semana, etc., ya que familias enteras tenían la costumbre de desplazarse en sus grandes automóviles. En estas colisiones frontales muchos miembros de la familia morían en el acto y otros eran llevados a diferentes hospitales.

Puesto que me ocupo particularmente de los niños, me propuse como tarea el sentarme a

la cabecera de los que estaban en estado critico. Yo sabia con certeza que estos moribundos no conocían ni cuantos ni quienes de la familia ya habían muerto a consecuencia del accidente. Para mi era fascinante, por ello, comprobar que conocían siempre muy exactamente si alguien había muerto y quien era.

Yo me siento a su lado, los observo tranquilamente, algunas veces les tomo la mano. De esta manera percibo inmediatamente cualquier agitación que tengan. Poco antes de la muerte se manifiesta a menudo una apacible solemnidad, lo que representa siempre un signo importante. En ese momento yo les pregunto si están dispuestos y si son capaces de compartir conmigo sus actuales experiencias y me responden a menudo en los mismos términos de aquel niño que decía: “Todo va bien. Mi madre y Pedro me están esperando ya”. Yo ya sabia que su madre había muerto en el lugar del accidente, pero ignoraba que Pedro, su hermano, hubiera muerto también. Poco tiempo después supe que su hermano Pedro había fallecido diez minutos antes.  Durante todos estos años en los que hemos reunido tales casos no hemos iodo nunca a un niño mencionar en esas circunstancias el nombre de alguien que no hubiera fallecido ya, aunque solo fuera unos minutos antes. Para mi eso se explica solamente porque esos moribundos han percibido ya a sus familiares. Éstos los esperan para reunirse de nuevo con ellos en una forma de existencia diferente. A pesar de estos datos, son muy numerosas las personas que no pueden imaginarse semejante desarrollo. Otra experiencia me emociono mas que las de los niños. Se trata del caso de una india americana. En nuestros documentos tenemos pocos elementos referentes a los indios, puesto que ellos hablan poco del morir y de la muerte. Esta joven india fue atropellada en una autopista por un mal conductor que se dio a la fuga después. Un extranjero se de tuvo para ayudarla y ella le dijo calmadamente que no había nada que hacer, salvo prestarle el siguiente favor: si un día, por casualidad, se encontraba cerca de la reserva india, que fuera a visitar a su madre y le transmitiera el siguiente mensaje: “Que estaba bien y que su padre estaba ya muy cerca de ella”. Después murió en los brazos del extranjero, que quedo tan impresionado por lo sucedido que se puso inmediatamente en camino para recorrer una gran distancia que nada tenia que ver con  su itinerario. Al llegar a la reserva india supo por la madre que su marido, el padre de la joven, había muerto de un fallo cardiaco solo una hora antes del accidente que había tenido lugar a mas de mil kilómetros de allí. Disponemos de numerosos casos como este en que los moribundos, ignorantes del fallecimiento de uno de los suyos, dicen, sin embargo, como fueron recibidos por el. También sabíamos que estos enfermos no tenían ninguna intención de convencernos dela no existencia de la muerte, sino que únicamente querían compartir con nosotros una experiencia que consideraban como un hecho. Si vosotros mismos estáis dispuestos a abriros a estas cosas sin prejuicios, podréis tener vuestras propias experiencias en este terreno. Si se suscitan, se obtienen fácilmente. En cada auditorio de ochocientas personas, al menos hay doce individuos que han tenido una experiencia semejante del umbral de la muerte y estarían dispuestos a compartirla con vosotros si no os cerraseis a tal información por la critica, la negatividad, el juicio y la idea fija de ponerle inmediatamente a ese informe la etiqueta de psiquiatrico. La única razón que impide a estas personas hablar de su experiencia es la increíble actitud de nuestra sociedad, que se obstina en ridiculizar o en negar estas cosas, pues nos molestan y no cuadran con nuestros preceptos ni con nuestras ideas científicas o religiosas. Todos estos hechos que yo os he relatado os llegaran en una situación critica o un poco antes de vuestra muerte. No olvidare nunca mi caso mas dramático, en el “pedid y se os dará” con relación a una experiencia del umbral de la muerte. Se trataba de un hombre al que toda su familia iría a buscarlo a su lugar de trabajo el día de Memorial Day para visitar a

unos parientes en el campo. Cuando el autobús en el que viajaban sus suegros, su mujer

y sus ocho hijos estaba en camino, entro en colisión con un camión de carburante. Habiéndose inflamado la gasolina se esparció sobre el autobús y abraso a todos los ocupantes. Cuando el hombre tuvo conocimiento del accidente permaneció algunas semanas en estado de shock y de embotamiento total. No se volvió a presentar al trabajo pues no era capaz de dirigir la palabra a nadie y finalmente, para resumir la historia, se convirtió en una persona viciosa que bebía medio litro de whisky al día y se drogaba con cualquier clase de producto, incluso la heroína, para calmar su dolor. No fue capaz de volver a trabajar de forma regular y termino en la cuneta, en el sentido literal de la palabra.

En el curso de mis agotadoras giras yo había dado ya dos conferencias en Santa Barbara sobre el tema de la vida después de la muerte cuando un grupo del personal sanitario me pidió una conferencia mas. Al aceptar esta tercera conferencia me di cuenta

de que estaba cansada de contar las mismas historias y me dije a mi misma: “Dios mío,

¿por que no me envías a algún oyente que haya tenido una experiencia en el umbral de

la muerte y que este dispuesto a compartirla con los demás? Así yo podré descansar y los oyentes tendrán un testimonio de primera mano sin tener que escuchar únicamente

mis historias de siempre. En ese momento el organizador del grupo me paso unas líneas escritas que contenían un mensaje de carácter urgente enviado por un hombre que vivía

en un asilo destinado a los vagabundos. Solicitaba poder contar su experiencia personal del umbral de la muerte. Interrumpí la conferencia y le envíe la respuesta aceptando su intervención. Algunos minutos después, tras un veloz recorrido en taxi, el hombre hizo

su aparición. En lugar del negligente vagabundo que yo esperaba, teniendo en cuenta el tipo de domicilio en que vivía, subió al estrado, frente al publico, un hombre correctamente vestido, de porte sofisticado, que deseaba compartir con nosotros la experiencia que había vivido.

  

Contó cuanto se había alegrado con la expectativa del encuentro familiar aquel

fin de semana, como sobrevino el trágico accidente en el cual todos sus familiares perecieron quemados. Hablo de su tremenda impresión inicial, que lo paralizo. No podía creer al principio que fuese verdad que de golpe se convirtiese en un hombre solo, el, que había tenido hijos, ya no los tendría mas, habiendo perdido a toda su familia en ese único accidente. Describió luego su actitud al no poder superar semejante prueba, convirtiéndose de miembro de una familia burguesa, esposo y padre, en un vicioso vagabundo, alcoholizado permanentemente, con sumiendo cualquier tipo de drogas, y,

en una palabra, tratando vanamente de suicidarse. Nos explico también el ultimo

recuerdo que tenia de esta vida que llevo durante dos años: el estaba acostado borracho

y drogado, sobre un camino bastante sucio que bordeaba un bosque. Solo tenia un pensamiento: no vivir mas y reunirse de nuevo con su familia. Entonces vio aproximarse un camión, y al no tener la fuerza suficiente como para alejarse fue literalmente aplastado por el.

Nos contó como en ese preciso momento se encontró el mismo a algunos metros por encima del lugar del accidente, mirando su cuerpo gravemente mutilado que yacía

en la carretera. Entonces aprecio su familia ante él, radiante de luminosidad y de amor. Una feliz sonrisa sobre cada rostro. Se  comunicaron con el sin hablar, solo por transmisión del pensamiento, y le hicieron saber la alegría y la felicidad que el reencuentro les proporcionaba. El hombre no fue capaz de darnos a conocer el tiempo que duro esa comunicación y encuentro con los miembros de su familia. Pero nos dijo que quedo tan violentamente turbado frente a la salud, la belleza, el resplandor que

ofrecían, lo mismo que la aceptación de su actual vida y su amor incondicional, que juro

no tocarlos ni seguirlos, sino volver a su cuerpo terrestre para comunicar al mundo lo que acababa de vivir, y de ese modo reparar sus vanas tentativas de suicidio.

Enseguida se volvió a encontrar en el lugar del accidente y observo a distancia como el chofer estiraba su cuerpo en el interior del camión. Llego la ambulancia y vio como lo transportaban a urgencias de un hospital, donde lo ataron a una cama. Fue en ese momento cuando volvió a su cuerpo y se despertó, arrancando las correas con las que lo habían atado. Se levanto y abandono el hospital sin mostrar el menor síntoma de delirium tremens o de intoxicación por los abusos de drogas y alcohol.

De repente se sintió curado y restablecido, y se juro a si mismo no morirse mientras no hubiese tenido ocasión de compartir la experiencia de una vida después de

la muerte con la mayor cantidad de gente posible. A leer en un periódico local el articulo sobre mi presencia en Santa Barbara, se decidió a mandarme el mensaje a la

sala de conferencias. Al comunicar su experiencia al auditorio pudo cumplir la promesa que se hizo después de tener su breve y feliz encuentro con su familia.

No sabemos lo que fue de ese hombre, pero no olvidare nunca el fulgor de sus ojos, su alegría y su gratitud por haber sido guiado a un lugar en el que se le permitió

hablar en una tribuna sin que nadie pusiera en duda sus palabras ni se burlara de él, y así poder participar a cientos de trabajadores de la salud su profunda convicción de que nuestro cuerpo físico es solo una envoltura pasajera que rodea un yo inmortal.

En la actualidad la cuestión se plantea con toda naturalidad: ¿que pasa después de la muerte?

Hemos estudiado el comportamiento de los niños de corta edad que no han leído

ni el libro de Moody, La vida después de la vida, ni el material literario sobre el tema que haya podido salir en los diarios, y que tampoco conocen testimonios como los de

este hombre del que nos hemos ocupado y que acabamos de relatar. Incluso un niño de dos años nos ha permitido participar de su experiencia, de lo que el había considerado

ya como la muerte. En todas las experiencias ha quedado de manifiesto que personas

que profesan diferentes religiones ven apariciones distintas según su religión. Quizá nuestro mejor ejemplo es el de este niño de dos años. Como resultado de un medicamento que le inyecto un medico, tuvo una reacción alérgica de tal violencia, que el medico llego a declarar que estaba muerto. Avisaron al padre, y mientras el medico y la madre lo esperaban, esta abrazaba a su hijo, gimiendo, llorando y sufriendo atrozmente. Después

de un tiempo, que le aprecio una eternidad, el niño con palabras que podían haber sido las de un hombre viejo, dijo: “Mama, yo estaba muerto. Estaba con Jesús y María. Y María me dijo repetidas veces que mi tiempo aun no había llegado y que yo debía

volver a la tierra. Pero yo no quería creerle. Y como ella veía que yo no quería escucharla, me tomo suavemente de la mano y me alejo de Jesús diciendo: "Pedro,

debes volver. Debes salvar a tu madre del fuego"“. En ese momento volvió a abrir los ojos y añadió con sus propias palabras: “¿Sabes, mama? Cuando me dijo eso volví corriendo hacia ti”.

Durante trece años esta madre fue incapaz de hablar de este episodio con nadie. Estaba muy deprimida y hacia una interpretación errada de las palabras dirigidas por María a su hijo.

Había entendido que su hijo un ida la salvaría del fuego, es decir del infierno,

pero lo que no en tendía era por que le esperaba el infierno precisamente a ella, que era una buena cristiana, creyente y que trabajaba duramente. Intente explicarle que había interpretado mal el lenguaje simbólico y que ese mensaje era un regalo único y maravilloso de María, que, como todos los seres del plano espiritual, era un ser de amor total e incondicional. Ella no podía criticar ni juzgar a nadie, contrariamente a los seres humanos, en quienes tales cualidades de sensibilidad faltan todavía. Le solicite que durante un momento hiciera abstracción de sus pensamientos para permitir que su cuadrante espiritual e intuitivo le respondiera. Y luego le dije “¿Que habría sentido

usted si María no le hubiera devuelto a su Pedro, hace trece años?”. Ella tomó su cabeza con las dos manos y exclamo: “Dios mío eso habría sido el infierno". Por supuesto que

no tuve necesidad de plantearle la cuestión: “¿Comprende usted ahora por que María la ha preservado del fuego?”.

Las Sagradas Escrituras abundan en ejemplos de lenguaje simbólico y si la gente escuchara mas a menudo su parte intuitivo - espiritual, en lugar de envenenar los

mensajes de esa maravillosa fuente de comunicación con su propia negatividad, sus miedos, sus sentimientos de culpabilidad, sus ganas de castigarse a si mismos y a los demás, también comenzarían a comprender el maravilloso lenguaje simbólico de los moribundos cuando estos intentan confiarnos sus preocupaciones, sus conocimientos y sus percepciones.

Comprobamos también que personas que pertenecen a distintas religiones ven apariciones diferentes y seguramente no necesito precisar que un niño judío no se encontrara nunca con Jesús y que un niño protestante no vera nunca a María. Esto no quiere decir que estos seres no se ocupen de los niños que pertenecen a otras religiones, sino sencillamente que cada persona obtiene lo que mas necesita. Los seres que nos encontramos en la vida después de la muerte son aquellos a los que mas quisimos y que murieron antes que nosotros.

Después de haber sido acogidos por nuestros padres y amigos en el mas-alla, por nuestros guías espirituales y ángeles de la guarda, pasamos por una transición simbólica que a menudo se describe como un túnel. Algunas veces se vive como un río, otras

como un pórtico, siempre según los valores simbólicos respectivos. Mi propia

experiencia fue en una cima de montaña con flores silvestres, por la sencilla razón de

que mi representación del cielo se refiere a las montañas y a las flores silvestres que fueron la alegría y felicidad de mi juventud en Suiza. El concepto de cielo depende, pues, de factores culturales.

Después de haber pasado por una transición visual muy bella, digamos una especie de túnel, nos acercamos a un manantial luminoso que muchos de nuestros

enfermos han descrito y que a mi me fue dado a conocer. Pude vivir la experiencia mas maravillosa e inolvidable, lo que se llama la conciencia cósmica. En presencia de esta

luz, que la mayoría de los iniciados de nuestra cultura occidental llaman Cristo, Dios, Amor o simplemente Luz, estamos envueltos en un amor total e incondicional de comprensión y de compasión.

Esta luz tiene su origen en la fuente de la energía espiritual pura y no tiene nada que ver con la energía física o psíquica. La energía espiritual no puede ser creada ni manipulada por el hombre. Existe en una esfera en la que la negatividad es imposible. Esto quiere decir también que en presencia de esta luz no podemos tener sentimientos negativos, por mala que haya podido ser nuestra vida y sean cuales fueren nuestros sentimientos de culpabilidad. En esta luz que muchos llaman Cristo o Dios es también imposible ser condenado puesto que El es amor absoluto e incondicional. En esta luz

nos damos cuenta de lo que pudimos ser y de la vida que hubiéramos podido llevar. En presencia de esta luz, rodeados de compasión, de amor y de comprensión, debemos revisar toda nuestra vida para evaluarla. Ya no estamos unidos a la inteligencia física

que ha limitado nuestro cuerpo terrestre; por lo tanto, ya no estamos atados a un espíritu

o cerebro físico que nos limita, y poseemos el saber y la comprensión absoluta. Es ahora cuando debemos revisar, evaluar y juzgar cada pensamiento, cada palabra y cada acto

de nuestra existencia y cuando comprendemos sus efectos sobre nuestro prójimo. En presencia de la energía espiritual, no necesitamos una forma física. Nos separamos del cuerpo eterico y volvemos a tomar la forma que teníamos antes de nacer sobre la tierra, entre nuestras vidas, y la que tendremos en la eternidad, cuando nos unamos a la Fuente, es decir a Dios, después de haber cumplido nuestro destino.

Importa mucho comprender que desde el principio de nuestra existencia hasta nuestro retorno a Dios conservamos siempre nuestra propia identidad y nuestra estructura de energía y que entre los millares de seres de todo el universo no hay dos estructuras de energía iguales; por lo tanto, no existen dos hombres que sean idénticos ni siquiera si se considera el caso de los gemelos homocigotos. Si alguien dudara de la grandeza de nuestro Creador no tiene mas que reflexionar en el genio que hace falta ser para crear millones de estructuras energéticas sin una sola repetición. Así recibe cada hombre el don de su singularidad. Podría compararse esto a los infinitos copos de nieve que caen sobre 1a tierra, todos diferentes en si. Me fue concedida 1a gracia de ver con

mis propios ojos físicos, en pleno día, centenares de estas estructuras energéticas en movimiento. Aprecian copos con pulsaciones, colores y formas diferentes. Así seremos después de la muerte y así hemos existido antes de nuestro nacimiento.

No se necesita espacio ni tiempo para trasladarse de una estrella a otra, ni del planeta Tierra otra galaxia. Las estructuras energéticas de estas mismas entidades pueden encontrarse entre nosotros. Si tan solo tuviéramos ojos para ver nos daríamos cuenta de que no estamos nunca solos, sino rodeados de entidades que nos guían, que nos aman y nos protegen. Intentan guiarnos y ayudarnos para que permanezcamos en el buen camino con el fin de cumplir nuestro destino.

Hay veces, en momentos  de gran dolor, de gran sufrimiento o de gran soledad, en que nuestra percepción aumenta hasta el punto de poder reconocer su presencia.

También, podríamos hablarles por la noche antes de dormirnos y pedirles que se

muestren a nosotros, y hacerles preguntas conminándoles a darnos las respuestas en los sueños. Los que recuerdan los sueños saben que muchas de nuestras preguntas

encuentran una respuesta. En la medida en que nos acercamos a nuestra entidad interior,

a nuestro yo espiritual, nos damos cuenta de como somos guiados por esta entidad interior que es la nuestra y que representa nuestro yo omnisciente, esta parte inmortal que llamamos: “ mariposa “.

Quisiera ahora compartir con vosotros algunos aspectos de mis propias

experiencias místicas que me han ayudado a saber, mas que a creer, que todo lo que esta mas allá de nuestra comprensión científica son verdades y realidades abiertas a cada

uno de nosotros.

Deseo destacar en forma especial que anteriormente yo no tenia ninguna idea de una conciencia superior. No tuve nunca guru, y no he sabido ni tan siquiera meditar. La meditación es fuente de paz y comprensión para muchas personas no solamente en Oriente, sino cada vez mas en nuestra parte del mundo. Es cierto que yo entro en mi misma cada vez que hablo con los enfermos moribundos, y son quizás esas miles de

horas que he pasado junto a ellos, sin que nada ni nadie pudiera molestarnos, las que constituían una meditación. Visto desde este ángulo, efectivamente medite muchas horas.

Estoy convencida de que para tener experiencias místicas no es necesario vivir como un eremita en la montaña ni estar sentado a los pies de un guru en la India. Cada ser tiene un cuadrante (un cuarto físico, emocional, intelectual y espiritual. Pienso también que si pudiéramos aprender a liberarnos de los sentimientos desnaturalizados,

de nuestra ira, de nuestros miedos o de nuestras lagrimas no vertidas, podríamos encontrar de nuevo la armonía con nuestro yo verdadero y ser tal como debiéramos ser. Este yo verdadero esta compuesto de estos cuatro cuadrantes, que deberían equilibrar y dar un todo armonioso. No podamos alcanzar ese estado de equilibrio interior mas que con una condición: la de haber aprendido a aceptar nuestro propio cuerpo-fisico. Debemos llegar a expresar nuestros sentimientos libremente sin tener miedo de que se rían de nosotros cuando lloramos, cuando estamos enfadados o celosos, o nos esforzamos en parecernos a alguien por sus talentos, dones o comportamientos.

Debemos comprender que solo existen dos miedos: el miedo a caerse y el miedo al ruido. Todos los otros miedos han sido impuestos poco a poco en nuestra infancia por

los adultos, pues proyectaban sobre nosotros sus propios miedos y los transmitían así de generación en generación.

Sin embargo, lo mas importante de todo es aprender a amar incondicionalmente.

La mayoría de nosotros hemos sido educados como prostitutas. Siempre se repetía lo mismo: “Te quiero si. . . “ y esta palabra “si...” ha destruido mas vidas que cualquier otra cosa sobre el planeta Tierra. Esta palabra nos arrastra hacia la prostitución, pues nos hace creer que con una buena conducta, o con unas buenas notas en la escuela,

podemos comprar amor. De esa manera nunca podemos desarrollar el sentido del amor o la gratificación de uno mismo.

Cuando éramos niños, si no cumplíamos la voluntad de los adultos, éramos castigados, y sin embargo una educación afectuosa habría podido hacernos entrar en razón. Nuestros maestros espirituales nos han dicho que si hubiéramos crecido en el amor incondicional y en la disciplina no tendríamos nunca miedo de las tempestades de

la vida. No tendríamos mas miedo, ni sentimientos de culpabilidad, ni angustias, pues estos son los únicos enemigos del hombre. “Si cubrís el Gran Cañón del Colorado para protegerlo de las tempestades, no veréis nunca la bella forma de sus rocas”.

Como ya he dicho, yo no buscaba un guru y no intentaba meditar ni llegar a un

nivel de conciencia superior, pero cada vez que, a través de un enfermo o de una situación de la vida, tomaba conciencia de algo negativo en mi, buscaba la manera de enfrentarlo con el fin de alcanzar un ida esa armonía entre mis cuadrantes físico, emocional, intelectual y espiritual. Y cuando hacia “mis deberes” y me intentaba aplicar a mi misma lo que enseñaba a otros me encontraba cada vez mas colmada de experiencias místicas. Estas eran el resultado tanto de un intercambio de pensamientos

con mi yo espiritual, intuitivo,  omnisciente,  que  comprende  todo, como de la toma de contacto con fuerzas conductoras que vienen de un mundo intacto. Permanentemente

nos rodean y esperan la ocasión para transmitirnos no solo el conocimiento o algunas indicaciones, sino también para ayudarnos en nuestra comprensión de nuestra razón de ser mas particularmente sobre el significado de nuestra tarea aquí en la tierra, permitiéndonos cumplir nuestros destinos.

Viví una de mis primeras experiencias en el curso de una investigación científica

en la que me fue permitido abandonar mi cuerpo. Esta experiencia fue inducida por medios iatrogenos en un laboratorio de Virginia y vigilada por algunos sabios

escépticos. En el transcurso de una de ellas fui atraída de mi cuerpo físico por el jefe del laboratorio, que estimo que había partido demasiado pronto y demasiado deprisa. Ante mi gran  consternación, el interfirió así en mis propias necesidades y en mi propia personalidad. Después del siguiente intento decidí soslayar el problema de una intervención ajena programando yo misma mi salida para ir mas rápido que la velocidad de la luz y mas lejos, donde ningún ser humano haya estado durante una experiencia extracorporal. En el mismo momento en que esta fue inducida, abandone mi cuerpo a una velocidad increíble.

Lo único que recuerdo de la vuelta a mi cuerpo físico fueron las palabras SHANTI NILAYA . No tenia ni idea del significado o de la interpretación de esa palabra. Tampoco tenia noción de donde había estado. Lo único que sabia antes de volver es que estaba curada de un estreñimiento casi total así como de un problema dorsal muy doloroso que me había impedido incluso recoger un libro. Ahora bien, después de esta experiencia extracorporal pude comprobar que mi intestino funcionaba de nuevo y que podía levantar un saco de cincuenta kilos sin cansancio ni dolor. Las personas que estaban presentes me decían que había rejuvenecido veinte años. Cada uno

de ellos intentaba obtener otras informaciones sobre mis experiencias. Yo no supe donde había estado, hasta que aprendí algo mas la noche siguiente.

Esa noche la pase sola, en una pensión aislada en medio del bosque de Blue Ridge

Mountains. Poco a poco, y no sin miedo, me di cuenta de que había ido demasiado lejos

en mi experiencia extracorporal y que ahora debía sufrir las consecuencias de mi propia decisión. Intente luchar contra mi cansancio, presintiendo que “aquello” llegaría, y sin saber lo que “aquello” podía ser. En el momento en que me abandone tuve probablemente la experiencia mas dolorosa y solitaria que un ser humano pueda vivir. En el propio sentido del termino, viví en mí misma las miles de muertes por las que habían pasado mis enfermos. Agonizaba en el sentido físico, emocional, intelectual

y espiritual. Fui incapaz de respirar. En medio de esos sufrimientos físicos yo era perfectamente consciente de que no tenia a nadie cerca para ayudarme. Debía atravesar esa no che completamente sola.

En esas horas atroces no tuve mas que tres descansos muy breves. Estos dolores

se podrían comparar con las contracciones de un parto, salvo en que aquí se sucedían sin interrupción. En los momentos de descanso en los que conseguí respirar profundamente, ocurrieron algunos acontecimientos importantes en el plano simbólicoque solo entendí mucho mas tarde. En el momento del primer descanso yo pedía un hombro en el que apoyarme y en efecto yo pensaba que aparecería e1 hombro izquierdo de un hombre en el que podría apoyar mi cabeza para poder soportar mejor mis dolores. Apenas se había formulado esta demanda una voz profunda y serena, pero llena de amor

y compasión, me dijo sencillamente: “No te será concedido”.

Después de un tiempo infinitamente largo me fue acordado otro plazo. Esta vez

yo pedía una mano que yo habría podido coger. Y de nuevo esperaba que una mano surgiría por el lado derecho de mi cama y que yo podría cogerla para soportar mejor mis dolores. Se dejo oír la misma voz   : “No te será concedida”.

En el tercero y ultimo descanso decidí no pedir mas que la punta de un dedo. Pero enseguida añadí, dado mi carácter: “No, si no me es dada la mano, renuncio a la

punta de los dedos”. Claro que cuando yo decía punta de los dedos lo que quería era una presencia, aunque no pudiera engancharme a la punta de su dedo.

Y por primera vez en mi vida, la salida fue la de la fe. Esta fe llegaba del saber profundo de que yo disponía de la suficiente fuerza y del coraje como para poder sufrir sola esta agonía. De pronto comprendí que solo tenia que cesar en mi lucha, transformar

mi resistencia en sumisión apacible y positiva, y decir sencillamente “si”.

En el mismo momento en que dije “si” mentalmente, cesaron los sufrimientos.

Se calmo mi respiración y desapareció el dolor físico. En lugar de esas miles de muertes fui gratificada con una experiencia de renacimiento que no podría ser descripta con

nuestro lenguaje.

Al principio hubo una oscilación o pulsación muy rápida a nivel del vientre que

se extendió por todo mi cuerpo. Esto no fue todo, porque esta vibración se extendió a todo lo que yo miraba, fuera el techo, la pared, el suelo, los muebles, la cama, la ventana

y hasta el cielo que veía a través de ella. Los arboles también fueron alcanzados por esta vibración y finalmente el planeta Tierra. Efectivamente, yo tenia la impresión de que la tierra entera vibraba en cada molécula. Después vi algo que  parecía al capullo de una

flor de loto que se abría delante de mi para convertirse en una flor maravillosa y detrás apareció esa luz esplendorosa de la que hablaban siempre mis enfermos. Cuando me aproxime a la luz a través de la flor de loto abierta y vibrante, fui atraída por ella suavemente pero cada vez con mas intensidad. Fui atraída por el amor inimaginable, incondicional, hasta fundirme completamente en el.

En el instante en que me uní a esa fuente de luz cesaron todas las vibraciones. Me invadió una gran calma y caí en un sueño profundo parecido a un trance. Al despertarme sabia que debía ponerme un vestido y unas sandalias para bajar de la montaña y que “esto” ocurriría a la salida del sol.

Cuando me desperté de nuevo una hora y media mas tarde aproximadamente, me puse el vestido y las sandalias y baje de la colina. En ese momento caí en el éxtasis mas extraordinario que un ser humano haya vivido sobre la tierra. Me encontraba en un

estado de amor absoluto y admiraba todo lo que estaba a mi alrededor. Estaba en comunión amorosa, con cada hoja, con cada nube, brizna de hierba y ser viviente.

Sentía incluso las pulsaciones de cada piedrecilla del camino y pasaba “por encima” de ellas, en el propio sentido del termino, interpelándolas con el pensamiento: “No quiero pisaros porque podría haceros daño”, y cuando llegue abajo de la colina y me di cuenta

de que ninguno de mis pasos había tocado el suelo, no dude de la realidad de esta vivencia. Se trataba sencillamente de una percepción como resultado de la conciencia cósmica. Me fue permitido reconocer la vida en cada cosa de la naturaleza con este

amor que soy incapaz de formular.

 

Me hicieron falta varios días para volver a encontrarme bien en mi existencia física, y

dedicarme a las trivialidades de la vida cotidiana como fregar, lavar la ropa o preparar la comida para la familia, y necesite varios meses para poder hablar de mi experiencia.

Pude compartirla con un grupo de gente maravillosa que no juzgaban sino que comprendían y que me habían invitado a Berkeley en California, con ocasión de un simposio sobre psicología transpersonal. Después de haber participado, este grupo le

dio un nombre a mi experiencia: “Conciencia Cósmica”. Según mi costumbre me dirigí rápidamente a una biblioteca por si encontraba un libro que tratase de este tema, para poder comprender su significado también en el plano intelectual. Gracias a este grupo aprendi que “Shanti Nilaya", que me fue comunicado cuando me fundí en la energía espiritual (el primer manantial de energía), significa el abra y el puerto de paz final que nos espera. Ese estar en casa al que volveremos un ida después de atravesar nuestras angustias, dolores y sufrimientos después de haber aprendido a desembarazarnos de

todos los dolores y ser lo que el Creador ha querido que seamos: seres equilibrados entre los cuadrantes físico, emocional, intelectual y espiritual. Seres que han comprendido que el amor verdadero no es posesivo y no ponen condiciones con el “si...”.

Si vivimos una vida de amor total estaremos sanos e intactos y seremos capaces

de cumplir en una sola vida las tareas y los fines que nos han sido asignados.

La experiencia que acabo de relataros cambio mi vida de una manera que no os sabría explicar.

Creo haber comprendido también en aquella época que si yo difundía

mi conocimiento sobre la vida después de la muerte tendría que pasar literalmente por miles de muertes, puesto que la sociedad en la que vivo intentaría aniquilarme, pero la experiencia y el saber, la alegría, el amor y la excitación que siguen a la agonía son recompensas siempre superiores a los sufrimientos.