Llama Violeta

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LA MUERTE UN AMANECER

II - La muerte no existe

Elizabeth Kuble-Ross

 

II - La muerte no existe

 

 He reflexionado largo tiempo sobre lo que podría deciros hoy, y me gustaría

contaros  como  sucedió  que  una pequeña "nada" que al nacer pesaba un kilo ha

llegado a encontrar su camino en la vida y de que forma aprendió a transitar. Esto es lo que hoy os relatare.

 
   

Me gustaría deciros como podéis vosotros también llegar al convencimiento de que esta vida terrestre, que vivís en vuestro cuerpo físico, solo representa una pequeña parte de vuestra existencia global. Sin embargo, vuestra vida actual tiene una importancia muy grande en el marco de vuestra existencia entera puesto que estáis aquí por una razón precisa que os es propia.

Si vivís bien, no tenéis por que preocuparos sobre la muerte, aunque solo os quede un día de vida. El factor tiempo no juega mas que un papel insignificante y de todas maneras esta basado en una concepción elaborada por el hombre.

Vivir bien quiere decir aprender a amar. Ayer me emocione escuchando al conferenciante que decía: "Entonces pues, fe, esperanza y amor, pero lo mas grande de los tres es el amor".

 

En Suiza se hace la confirmación a los trece años y os dan un versículo para que os acompañe en la vida. Como nosotros éramos trillizos hubo que encontrar uno que nos conviniese a los tres, y se pusieron de acuerdo sobre el que

hemos mencionado. A mi me dieron la palabra amor. Por ello yo quisiera hablaros del amor. Para mi amor quiere decir vida y muerte, pues las dos son una misma cosa."

Nací como una niña "no deseada". No porque mis padres no quisieran tener hijos, por el contrario, deseaban una niña, pero una niña bien robusta de unos cinco kilos. No esperaban tener trillizos. Y cuando aparecí yo, pesaba alrededor de un

kilogramo y era muy fea. No tenia nada de pelo y fui seguramente para ellos una gran decepción, Quince minutos después nació el segundo niño y veinte minutos después el tercero, que pesaba casi tres kilos. En ese momento nuestros padres se sintieron felices, aunque quizás hubieran preferido devolver a dos de nosotros.

Yo creo que nada en la vida se debe al azar y así ocurrió con las circunstancias

de mi nacimiento. Me proporcionaron el sentimiento de que incluso una "nada" de menos de un kilo debía probar con todas sus fuerzas que tenia derecho a vivir.

Tuve que trabajar muy duramente, como lo hacen los ciegos, que se creen obligados a aplicarse diez veces mas de lo ordinario para no perder su empleo.  Al final

de la segunda guerra mundial yo era adolescente y sentía en mi una gran necesidad de hacer algo por este mundo tan perturbado por la guerra. Me jure a mi misma que al final

de la guerra iría a Polonia para participar en los primeros auxilios y colaborar en la atención a los mas necesitados. Mantuve mi promesa y yo creo que eso fue el principio

de mi ulterior trabajo que debía tratar sobre el morir y la muerte.

Yo misma visite los campos de concentración y vi con mis propios ojos vagones repletos de zapatos de niños, así como otros llenos de cabello humano que había pertenecido a las víctimas del campo de exterminio nazi. Se transportaba ese cabello a Alemania para confeccionar almohadas. No se puede seguir siendo la misma persona después de haber visto con los propios ojos los hornos crematorios y haber olido con la propia nariz los campos de concentración, sobre todo siendo entonces tan joven, como

 

 era mi caso, porque lo que se veía allí con toda claridad era la inhumanidad reflejada en

todos nosotros.

Cada uno de los que estamos en esta sala puede convertirse en un monstruo nazi, pero de igual manera cada uno tiene la oportunidad de llegar a ser la Madre Teresa de Calcuta. Comprenderéis el significado de esto, y a quien aludo. Es una de mis santas

que en la India recoge por la calle niños y adultos moribundos y hambrientos. Es un ser maravilloso, me gustaría mucho que tuvieseis ocasión de conocerla.

Antes de ir a América, yo practicaba la medicina en Suiza y me sentía muy feliz. De hecho, yo había preparado mi vida para ir a la India con el fin de trabajar como

medico -como lo hizo Albert Schweitzer en África-, pero dos meses antes de partir se me informo que el proyecto había fracasado y en lugar de la jungla india yo

desembarcaba en la jungla neoyorquina, después de haberme casado con un americano que me llevo allí, donde menos ganas tenia de vivir. Esto tampoco fue una casualidad.

No fue el azar.

Es fácil cambiarse de casa en una ciudad que a uno 1e gusta, pero irse a vivir a una ciudad que no nos atrae en absoluto, es una prueba a la que os sometéis para verificar que sois capaces de realizar el objetivo fijado para la propia vida.

Encontré un trabajo de medico en el Manhattan State Hospital, que también es

un sitio horrible. En aquella época yo no sabia gran cosa de psiquiatría y me sentía muy sola, miserable y desgraciada. Además yo no quería hacer desgraciado a mi marido, así que me dedique completamente a mis enfermos y me identifique con su soledad, su desgracia y su desesperación.

Poco a poco ellos empezaron a confiar en mi y a comunicarme sus sentimientos,

y de pronto comprendí que no estaba sola con mis miserias. Durante dos años lo único que hice fue vivir y trabajar con estos enfermos. Para compartir su soledad celebraba

con ellos todas sus fiestas, ya fueran Yon Kippour, Navidad, Hannukkan o Pascua. Como os decía, sabia poco de psiquiatría, y particularmente de psiquiatría

teórica, que en mi posición tenia que conocer.

A causa de mis insuficientes conocimientos lingüísticos, tenia dificultades para comunicarme con mis enfermos, pero nos amábamos mucho. Sí verdaderamente, nos amábamos mucho. Al cabo de dos años el noventa y cuatro por ciento de esos enfermos pudieron abandonar el hospital y defenderse en Nueva York, y desde entonces muchos

de ellos trabajan y asumen todas sus responsabilidades. Debo deciros que todos estaban condenados como “esquizofrénicos irrecuperables”.

Intento explicaros que el saber es útil, sin duda, pero que el conocimiento solo

no ayudara a nadie. Si no utilizáis, además de la cabeza, vuestro corazón y vuestra alma,

no ayudareis a nadie. Fueron estos enfermos mentales al principio sin esperanza, los que me enseñaron esta verdad. En el transcurso de mi trabajo con ellos (ya fueran esquizofrénicos crónicos o niños minusvalidos mentales, o moribundos) descubrí que

cada uno tiene una finalidad propia. Cada uno de estos enfermos puede no solamente aprender y recibir vuestra ayuda, sino llegar a convertirse además en vuestro maestro.

Esto también es verdad, tanto en los niños minusvalidos mentales aunque no tengan más que seis meses, como en el de los esquizofrénicos profundos, que a primera vista tienen

un comportamiento animal. Pero los mayores maestros de este  mundo son los moribundos.

Si uno se toma el tiempo de sentarse junto a la  cabecera de la cama de los moribundos, ellos son los que nos informan sobre las etapas del morir. Nos muestran de que modo pasan por los estados de cólera, de desesperación, del “por que justamente

yo?” y también la forma en que acusan a Dios, rechazándolo incluso durante un tiempo.Luego comercian con El y caen seguidamente en las peores depresiones. Pero si a lo

largo de estas fases están acompañados por un ser que les ama, pueden llegar al estado

de aceptación.

Todo esto no tiene aun nada que ver con las fases del morir propiamente dicho. Nosotros las llamamos fases del morir porque carecemos de una mejor denominación. Mucha gente vive fases similares en el momento en que un amigo o amiga los abandona

o al perder un empleo o si tienen que abandonar la casa en la que vivieron durante cincuenta años para ir a un asilo, o algunas veces, incluso, al perder un animalito domestico o simplemente una lentilla de contacto. En mi opinión, el sentido del sufrimiento es este: todo sufrimiento genera crecimiento.

La mayoría de la gente considera sus condiciones de vida como difíciles y sus pruebas y sus tormentos como una maldición, un castigo de Dios, algo negativo. Si pudiéramos comprender que nada de lo que nos ocurre es negativo, y subrayo:

¡absolutamente nada!... Todos los sufrimientos y pruebas, incluso las perdidas mas importantes, así como todos los acontecimientos ante los que decimos: “Si lo hubiese sabido antes no lo habría podido soportar”, son siempre regalos. Ser infeliz y sufrir es como forjar el hierro candente, es la ocasión que nos es dada para crecer y la única

razón de nuestra existencia.

No se puede crecer psíquicamente estando sentado en un jardín donde os sirven una suculenta cena en una bandeja de plata, sino que se crece cuando se esta enfermo, o cuando hay que hacer frente a una perdida dolorosa. Se crece si no se esconde la cabeza

en la arena sino que se acepta el sufrimiento intentando comprenderlo, no como una maldición o un castigo sino como un regalo hecho con un fin determinado.

Quisiera citaros un ejemplo clínico. En uno de mis grupos de trabajo, que duran una semana, y en los que todos los participantes viven juntos, había una mujer joven.

No había perdido a su hijo, pero había tenido que enfrentarse a varias “pequeñas muertes”, como nosotros las llamamos.

Cuando dio a luz a su segundo hijo, una niña muy esperada, se le informo de forma muy inhumana que la criatura tenia un severo retraso y que nunca seria capaz de reconocerla como a su madre. Apenas había tenido tiempo de darse cuenta de lo que

para ella suponía esta prueba,. cuando fue abandonada por su esposo.

Se encontró por lo tanto sola, con dos niños que dependían de ella y sin ingresos económicos ni asistencia.

Al principio su actitud fue negativa. Negaba todo enérgicamente. No pronunciaba ni siquiera las palabras “enfermo mental”. Después su cólera se volvió contra Dios. Lo maldijo, negó su existencia hasta llegar a insultarlo. Después intento

negociar con El, haciéndole promesas. “Si por lo menos mi niña pudiera aprender algo,

si al menos pudiera reconocer a su madre”... Finalmente reconoció un significado profundo en el hecho de haber tenido esta hija. Ahora me gustaría contaros como logró solucionar su problema.

Comenzó comprendiendo que nada de lo que nos ocurre es debido a la casualidad. Miraba a su hija con mas frecuencia para intentar encontrar el sentido de

esta vida tan miserable sobre la tierra, y  encontró la solución del enigma. Me gustaría leeros un poema que escribió y que explica como encontró la respuesta. Ella no es

poeta, pero este es un poema muy conmovedor en el que se identifica con su niña, que habla con su madrina, y por eso lo ha titulado:

 

PARA MI MADRINA

 

¿Que es una madrina?

Yo se que tu eres algo especial. Durante meses esperaste mi llegada,

estabas presente y me viste cuando solo tenia unos minutos, Me cambiaste los panales cuando tenia solo unos días Imaginabas en sueños como seria tu primera ahijada,

Seria algo tan especial como tu hermana.

Con tu pensamiento, ya me acompañabas a  la escuela, a la universidad y al altar

¿Que seria yo? ¿Seria un honor para los míos? Pero Dios tenia otros proyectos para mi.

Yo no soy mas que yo misma.

Nadie dijo que yo tendría que ser algo precioso. Algo no funciona en mi cabeza.

Seré por siempre un hijo de Dios.

Soy feliz. Amo a todo el mundo y todos me aman

No puedo decir muchas palabras.

Pero puedo hacerme entender y comprender el afecto, el calor, la ternura, el amor.

En mi vida hay seres particulares.

A veces estoy sentada y sonrío y a veces lloro. Quisiera saber por que...

¿Que mas puedo pedir?

Claro está que nunca iré a la universidad y que  nunca me casare. Pero no estés triste, Dios me ha hecho muy  especial.

No puedo hacer el mal, yo no puedo mas que amar.

¿recuerdas cuando fui bautizada? Me tenias en brazos y esperabas que no gritara, ¡y que no me cayera de tus brazos! Nada de eso ocurrió y fue un día muy feliz.

¿Por eso fuiste mi madrina?

Sé que eres tierna y cálida, que me amas, y que en tus ojos

hay algo muy particular. Veo esta mirada y siento este amor en otros. Debo de ser especial para tener tantas madres.

A los ojos del mundo nunca tender éxito,

Pero te aseguro algo que poca gente puede hacer

puesto que no conozco mas que amor, bondad e inocencia, la eternidad nos pertenecerá, madrina mía.

 

Esta es la misma madre que unos meses antes estaba dispuesta a que su niña resbalara hacia la piscina, esperando que se cayera y se ahogara mientras ella estuviese ocupada en la cocina. Espero que os deis cuenta de la transformación de esta mujer Esto

les ocurre a los que están dispuestos a mirar las cosas que les suceden desde el otro lado

de la medalla. Nada tiene un solo aspecto. Aunque alguien este  gravemente enfermo, aunque sufra y no tenga a nadie a quien confiarse, aunque la muerte venga a buscarlo a

la mitad de la vida y no haya comenzado todavía a vivir de veras, aun así es preciso que mire el lado opuesto de la medalla.

De pronto se llega a formar parte de esas pocas personas que pueden echar por la

borda todo lo superfluo, y dirigirse a alguien diciéndole: “Te amo”, pues saben que no les queda mucho tiempo de vida. Se puede al fin hacer cosas que verdaderamente se

tiene deseos de hacer. Muchos de entre vosotros no hacen el trabajo que en su fuero interno habrían querido realizar. Deberíais volver a casa y empezar otra cosa,

¿comprendéis lo que os quiero decir? Nadie debería vivir en función de lo que los otros han dicho que hay que hacer. Esto es como si se obligase a un adolescente a emprender

un oficio que no le conviene. Si se escucha la voz interior y el propio saber interno, que con relación a uno mismo es el mas importante, entonces uno no se engañara y sabrá lo que debe hacer con su vida. En este contexto el  factor tiempo no tiene ninguna importancia.

Después de haber trabajado con moribundos durante muchos años y tras haber aprendido al lado de ellos lo que es esencial en la vida, ya que hablan de sus arrepentimientos, de sus disgustos, justo antes de morir, cuando todo parece demasiado tarde, comencé a reflexionar sobre que es la muerte.

En mis cursos, el testimonio ofrecido por la señora Schwarz fue el primero que conocimos de una experiencia extracorporal experimentada por alguno de nuestros enfermos. Actualmente, en 1977 ya disponemos de centenares de testimonios parecidos, redactados en California, en Australia o en otros lugares. Todos tienen un denominador común, y es que las personas en cuestión abandonaron su cuerpo físico con toda conciencia. Esta muerte, de la que los científicos quieren convencernos, no existe en realidad. La muerte no es mas que el abandono del cuerpo  físico, de la misma manera

que la mariposa deja su capullo de seda. La muerte es el paso a un nuevo estado de conciencia en el que se continua experimentando, viendo, oyendo, comprendiendo, siendo, y en el que se tiene la posibilidad de continuar creciendo. La única cosa que

perdemos en esta transformación es nuestro cuerpo físico, pues ya no lo necesitamos. Es como si se acercase la primavera, guardamos nuestro abrigo de invierno sabiendo que

ya esta demasiado usado y no nos lo pondremos de todas maneras. La muerte no es otra cosa.

Ninguno de mis enfermos que haya vivido una experiencia del umbral de la muerte, ha tenido a continuación miedo a morir, y quisiera subrayarlo, ¡ni siquiera uno solo de ellos!

Muchos de estos enfermos nos han contado también que, además de la paz, de la calma y de la certeza de percibir sin ser percibidos, habían tenido la impresión de integridad física; por ejemplo, alguien que había perdido una pierna a consecuencia de

un accidente de automóvil, la vio separada, en el suelo, y a la vez tuvo la impresión de conservar las dos piernas después de haber abandonado su cuerpo.

Una de nuestras enfermas se volvió ciega a consecuencia de una explosión en un laboratorio. Inmediatamente después se encontró en el exterior de su cuerpo pudiendo

ver de nuevo. Miraba las consecuencias de este accidente y describió más tarde lo que ocurría cuando la gente llegaba al lugar. Cuando los médicos consiguieron hacerla

volver a la vida, se había quedado completamente ciega. Esta es la explicación de por que muchos de los moribundos luchan contra nuestras tentativas de volverlos a la vida,

cuando ellos se encuentran en un lugar mucho mas maravilloso, mas bello y más perfecto.

A propósito, los momentos que me han parecido mas impresionantes han sido

los que se relacionan con mi trabajo con niños moribundos. No hace mucho tiempo que me vengo dedicando a este aspecto de mis tareas. Actualmente casi todos mis enfermos son niños. Yo los llevo a sus casas para que puedan morir. Preparo a sus padres, a sus

 hermanos y hermanas. Los niños temen estar solos en el momento de la muerte, tienen

miedo de que no haya nadie junto a ellos. En el acontecimiento espiritual del pasaje no

se esta solo, como tampoco estamos solos en la vida cotidiana, pero esto no lo sabemos. Por tanto, en el momento de la transformación, nuestros guías espirituales, nuestros ángeles de la guarda y los seres queridos que se fueron antes que nosotros, estarán cerca

de nosotros y nos ayudaran. Esto nos ha sido confirmado siempre, así que ya no dudamos nunca de este hecho. ¡Notad bien que hago esta afirmación como hecho científico! Siempre hay alguien para ayudarnos cuando nos transformamos.

Generalmente son los padres o madres que nos han “precedido”, los abuelos o abuelas o incluso un niño que haya partido antes que nosotros, y frecuentemente llegamos incluso

a encontrar a personas que ignorábamos estuviesen ya del “otro lado”...

Tenemos el caso de una chiquilla de doce años que no quería hablar con su

madre de su experiencia maravillosa, puesto que ninguna madre quiere oír que uno de

sus hijos se haya sentido mejor en otro lugar que no sea su casa, y esto es comprensible.

La experiencia de la niña era tan extraordinaria que tuvo la necesidad de contársela a alguien y entonces le confío a su padre lo que había vivido en el momento de su

muerte”. Fueron acontecimientos tan maravillosos que no quería volver. Independientemente del esplendor magnifico y de la luminosidad extraordinaria que han sido descritos

por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura.

Después de haber contado todo esto a su padre añadió: “Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano”. Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie 1e había hablado hasta ahora, que había muerto tres meses antes de su nacimiento.

Comprendéis por que os cito un ejemplo como este? Porque mucha gente tiene tendencia a decir: “Claro, no se había muerto aun y en el momento de la muerte, naturalmente, se piensa en los que se ama y se los imagina uno físicamente”.

Pero esta niña de doce años no había podido representarse a su hermano.

Yo siempre pregunto a todos mis niños moribundos a quien desearían ver, a quien les gustaría tener cerca de ellos. Claro está que mi pregunta se refiere siempre a

una presencia terrestre (muchos de mis enfermos no son creyentes y yo no podría hablar con ellos de una presencia después de la muerte. Se sobreentiende que no impongo a

nadie mis convicciones). Les pregunto pues a mis niños a quien les gustaría tener cerca

si tuvieran que elegir a una persona. El noventa por ciento se deciden por “mama” o

“papa". Con los niños negros es diferente, ellos prefieren a menudo a una de sus tías o abuelas, pues las ven mas frecuentemente y las quieren mas. Aquí solo se trata de diferencias culturales. Ninguno de los niños que optaron por “papa” o “mama” contó, tras una de estas experiencias del umbral de la muerte, haber visto a ninguno de sus padres, a menos que uno de ellos hubiese muerto antes.

 

Mucha gente podría decir otra vez: “Se trata de una proyección del pensamiento engendrada por un deseo. Como los que mueren están solos, se sienten abandonados y tienen miedo, es por eso que imaginan a alguien a quien amar”. Si esta afirmación fuera cierta, el noventa y nueve por ciento de mis niños de cinco, seis o siete años deberían

vera su padre o a su madre. Hemos consignado los casos a lo largo de los años, yninguno de ellos ha dicho, en el caso de su muerte aparente, que había visto a su padre o

a su madre, puesto que éstos vivían aun.

  

Sobre la cuestión de saber a quien se ve en una muerte aparente, dos condiciones

se manifiestan con un denominador común: primera, que la persona percibida debía de haber “partido” antes, aunque solo fuera unos minutos antes y segunda, que debía de haber existido un lazo de amor real entre ellos.

Pero aun no os he contado el caso de la señora Schwarz. Murió dos semanas después de que su hijo terminara la escuela. Yo la hubiera olvidado sin duda como una mas de mis numerosos pacientes si ella no hubiera regresado y me hubiese visitado.

Aproximadamente diez meses después de su entierro yo estaba furiosa, una vez mas. Mi seminario sobre el morir y la muerte estaba a punto de hacer agua. Debía renunciar a la colaboración del pastor con el que trabajaba y al que quería mucho. Mientras, el nuevo pastor buscaba influir en el  publico recurriendo a los medios de comunicación. Estabamos pues obligados a hablar cada semana de las mismas cosas,

pues mi seminario entretanto se había convertido en un acontecimiento. Yo no tenia ningunas ganas de continuar participando. Sentía la situación como una especie de tentativa de querer prolongar una vida que no vale la pena de ser vivida. Yo no podía ser yo misma. No veía otra salida para alejarme de ese trabajo que la de dejar la universidad. La decisión era difícil pues amaba mi trabajo, pero no llevado a cabo de esa manera. Tome a mi pesar esta decisión: “Abandonare la universidad hoy mismo, presentare mi dimisión al final del seminario sobre el morir y la muerte”.

Después de cada seminario el pastor y yo tomábamos a la vez el ascensor y terminábamos  nuestra discusión sobre el trabajo cuando uno de los dos se detenía. El problema de este pastor es que oía mal, lo que lo complicaba todo. Entre la sala de conferencias y los ascensores le dije tres veces que debía volver a los cursos, pero no

me escuchaba y continuaba hablando de otra cosa. Yo estaba al borde de la

desesperación, y cuando me desespero me vuelvo muy activa. Antes de que el ascensor

se detuviese lo cogí por el cuello, aunque el era gigantesco, y le dije: “Quédese ahí. He tomado una decisión muy importante de la que quisiera informarle”.

En ese momento apareció una mujer delante del ascensor. Sin querer, yo 1a miraba fijamente. No puedo describirla, pero os podéis imaginar como se siente uno cuando se encuentra con alguien quien se conoce mucho y de pronto no se sabe quien

es. Le dije entonces al pastor: “Dios mío, ¿quien es? Yo conozco a esa mujer, me mira y espera que usted tome el ascensor para acercarse a mí”. Estaba tan preocupada por la

visión de esa mujer que se me había olvidado por completo que seguía asiendo al pastor por el cuello. Con esa aparición mi proyecto fue desbaratado.

La mujer era muy transparente, pero no tanto como para poder ver a través de

ella. Le pregunté una vez mas al pastor si la conocía, pero no me respondió. No insistí y

lo ultimo que le dije fue más o menos esto: “¡Vaya! Iré a verla y le diré que por el momento no recuerdo su nombre”. Estas fueron mis ultimas palabras antes de que él partiera.

Desde el momento en que subió al ascensor la mujer se acerco a mi y me dijo:

“Doctora Ross, yo debía volver. ¿Me permite que la acompañe a su despacho? No abusare de su tiempo”. Dijo algo mas o menos parecido, y como aparentemente sabía donde estaba mi despacho y conocía mi nombre me sentí aliviada al no tener que

admitir que yo  no recordaba el suyo. Sin embargo, fue el camino mas largo de mi vida. Yo soy psiquiatra y trabajo desde hace mucho tiempo con enfermos esquizofrénicos a

los que quiero mucho. Cuando me cuentan alucinaciones visuales les contesto siempre:

“Si, ya lo se, ves una virgen en la pared pero yo no puedo verla”. Y ahora yo me digo a

mi misma: “Elizabeth, tu sabes que ves a esta mujer y, sin embargo, esto no puede ser verdad”. ¿Podéis poneros en mi lugar? Mientras caminaba desde los ascensores hasta midespacho, me seguía preguntando si era posible lo que estaba viendo, me decía a mi

misma: “Estoy demasiado cansada y necesito vacaciones. Tengo que tocar a esta mujer para saber si está caliente o fría”. Fue el camino mas increíble que yo haya hecho nunca. Durante todo el tiempo ni siquiera sabia por qué hacia todo esto ni quien era ella.

De hecho, incluso rechace el pensamiento de que esta aparición pudiera ser la de la señora Schwarz, que había sido enterrada hacia algunos meses. Cuando juntas

alcanzamos la puerta de mi despacho, ella la bario como yo fuera la invitada en mi casa.

La abrió con una finura, una dulzura y un amor irresistible y dijo: “Doctora Ross, yo debía venir por dos razones. La primera, para darle las gracias a usted y al pastor G.

(se trataba del maravilloso pastor negro con el que me entendía tan bien) por todo lo que hicieron por mi, pero la verdadera razón por la que debía volver es para decirle que no

debe abandonar este trabajo sobre el morir y la muerte, por lo menos, no por ahora”.

Yo la miraba, pero no puedo ahora decir si en aquel momento pensaba realmente que la señora Schwarz estaba delante de mi, sabiendo que había sido enterrada hacia

diez meses. Además yo no creía que tales cosas fueran posibles.

Finalmente me fui a mi despacho. Toque los objetos que conocía como reales. Toque mi escritorio, pase la mano por la mesa, palpe la silla. Todo estaba

concretamente presente. Podréis imaginaros que todo ese tiempo yo esperaba que por aquella mujer desapareciese. Pero no desaparecía sino que me repetía insistente pero amablemente “Doctora Ross, ¿me escucha? Su trabajo no ha terminado todavía.

Nosotros la ayudaremos, sabrá cuando podrá dejarlo, pero se lo ruego, no lo interrumpa ahora. ¿Me lo promete? Su trabajo no ha hecho mas que comenzar”.

Durante ese tiempo yo pensaba: “Dios mío, nadie me creerá si cuento lo que estoy viviendo ahora, ni siquiera mis mas íntimos amigos”.

En aquella época, evidentemente, yo no me imaginaba que un ida podría hablar delante de centenares de personas. Por fin la científica que hay en mi termino sobreponiéndose y astutamente le dije: Ya sabrá usted que el pastor G. vive actualmente

en Urbana, puesto que ha vuelto a una parroquia”.

Y continúe casi inmediatamente: “Seguramente estará encantado de recibir una nota suya. ¿Ve usted algún inconveniente?”. Y le pase un lápiz  y una hoja de papel.

Naturalmente, no tenia ninguna intención de enviar esas líneas a mi amigo, pero necesitaba una prueba palpable, puesto que esta claro que una persona enterrada no

puede escribir una carta. Esa mujer, con una sonrisa muy humana, mejor dicho, no humana, con una sonrisa llena de amor, podía leer todos mis pensamientos. Yo sabia mejor que nunca que se trataba de lectura de pensamiento. Cogió el papel y escribió varias líneas. (Naturalmente, las enmarcamos y las guardamos como un tesoro.) Después dijo, sin abrir la boca: “¿Esta usted contenta?”. Yo la miraba fijamente y pensaba:

“No podré compartir con nadie esta experiencia pero conservare esta hoja de papel”. Después, preparándose para partir me repitió: “Doctora Ross, me lo promete, ¿verdad? Yo sabia que me hablaba de la continuación de mi trabajo, y le respondí: “Sí, lo prometo”. Desapareció. Guardamos todavía sus líneas manuscritas.

Hace alrededor de un año y medio se me informo que mi trabajo relacionado con los moribundos había terminado puesto que otros podrían continuarlo y que ese trabajo

no era la verdadera vocación para la que yo había venido a la tierra. Mi trabajo sobre el morir y la muerte no seria para mí mas que una prueba para verificar si era capaz de imponerme a pesar de las dificultades, la difamación, la resistencia y muchas cosas mas. Salí bien de este examen y lo aprobé. La segunda prueba consistía en verificar si la

gloria se me subiría a la cabeza, pero no se me subió, y también la pasé.

Mi tarea verdadera, y en este punto necesito vuestra ayuda, consiste en decir a

los hombres que la muerte no existe. Es importante que la humanidad lo sepa, pues nos encontramos en el umbral de un periodo muy difícil, no únicamente en América sino en todo el planeta Tierra. La falta tiene que ver con nuestra sed de destrucción, incumbe a

las armas atómicas, incumbe también a nuestra codicia, a nuestro materialismo y a nuestro comportamiento en materia de polución. Somos culpables de haber destruido muchos dones de la naturaleza y de haber perdido toda espiritualidad. Yo exagero un poco, pero seguramente no demasiado. El único modo de aportar un cambio para el advenimiento del tiempo nuevo, consiste en que la tierra comience a temblar a fin de conmovernos y tomar conciencia.

Es necesario que lo sepáis, pero no que tengáis miedo. Solo abriendoos a la espiritualidad y perdiendo el miedo llegareis a la comprensión y a revelaciones superiores. A esto podéis llegar todos.

Para ello, no es necesario dirigiros a un guía, ni tenéis la obligación de iros a la

India, ni  siquiera os hace falta un curso de meditación. Es suficiente con que aprendáis

a entrar en contacto con vuestro yo, y esto no os cuesta nada. Aprended a tomar contacto con vuestro ser profundo y aprended a desembarazaros de cualquier miedo.

Una manera de no volver a tener miedo es saber que la muerte no existe y que todo lo que nos sucede en esta vida sirve para un fin positivo. Desembarazaos de

vuestra negatividad, empezad a tomar la vida como un reto, como un lugar de examen para poner a prueba vuestras capacidades internas y vuestra fuerza.

La casualidad tampoco existe. Dios no es alguien que castiga y condena.

Después de haber dejado definitivamente vuestro cuerpo físico, llegareis al lugar que se designa como cielo o infierno, lo que no tiene nada que ver con el Juicio Final. Lo que hemos aprendido por nuestros amigos que se fueron, lo que aprendimos de los que volvieron, es la certeza de que cada ser, después de su pasaje, debe mirar algo que

recuerda a una pantalla de televisión, en la que se reflejan todos nuestros actos, palabras

y  pensamientos terrestres.

Esto sucede después de haber experimentado un sentimiento de paz, equilibrio y plenitud, habiendo encontrado a una persona querida para

ayudarnos a dar este paso. De esta manera, tenemos la ocasión de juzgarnos a nosotros mismos en lugar de ser juzgados por un Dios severo. A través de vuestra vida aquí

abajo vosotros creáis desde entonces vuestro infierno o vuestro cielo en el más-allá.