CANALIZACIÓN
DE JORGE OLGUÍN
Un especial
agradecimiento a Jesús Espelta Amat (Ligor),
de Barcelona, que fue quien pasó en limpio
la grabación.
Eloah Arbillac:
La verdadera sabiduría es aprender y
aprehender. Mi nombre es Arbillac y soy uno
de los siete elohim. No voy a dar mensaje ni
a responder preguntas, solo quiero hacer un
pequeño relato...
Siglos atrás
en vuestro planeta, un ser encarnado de
máxima Luz, como ya se ha dicho
anteriormente, vivió determinadas
circunstancias.
¿Por qué hemos
creado a los espíritus de una manera no
perfecta y así pudieran evolucionar? Para
que al evolucionar despidieran una energía
de crecimiento que vaya elevando una octava
la tonalidad del Universo, y así cada Big
Bang va a crear un Universo en una octava
mas alta.
Pero el
crecimiento espiritual de las entidades no
es lo único que hace crecer la vibración del
Universo, pues también lo es la felicidad de
cada espíritu. Sé que altruismo es dar y sé
que los seres magnánimos son felices dando,
pero muchas veces la felicidad propia de
cada ser encarnado también hace crecer la
vibración universal, partícula a partícula,
momento a momento, vida a vida...
Esto es una
parábola, pero sabemos que muchas cosas son
azar, pero también que Nada es azar... Todo
ya fue escrito y nada esta escrito. En la
más alta de las vibraciones la Nada y el
Todo se funden, porque el elemento mas alto
de persistencia es la Nada. El vacío de la
Nada está a un paso por arriba del Todo.
Esto no
significa que la Nada esté por encima del
Absoluto porque si el Absoluto tuviera ego,
el ego del Absoluto sería la Nada , la
carencia total, la infinitez del no ser.
Hace mucho de
vuestros siglos un ser encarnado de Luz se
trasladaba junto con su discípulo. Iban
viajando solos, pues otros seres que les
rodeaban habían quedado con su familia. En
realidad, ellos no estaban en misión, a
pesar de que se proyectó ese viaje como una
misión.
Habían llegado
a una aldea, tenían sed. 34 de vuestros años
tenia ese ser de Luz y 17, la mitad, el
discípulo que lo acompañaba.
Juan Zebedeo: Maestro, hemos llegado por fin
a la aldea. Vamos al centro, que sé que hay
un pozo muy grande, donde podamos saciar
nuestra sed.
Maestro Jesús:
Pequeño, esa sed es fácil de saciar, tomas
un par de tazones y ya la sacias... ¿Pero
qué hay de la otra? ¿Qué hay de esa otra
sed? Ésa sed quiero que sacies...
Juan Zebedeo: Maestro, yo sé lo que dices,
pero sabes que el cuerpo pide. Nosotros no
pedimos este cuerpo, Maestro, pero lo
tenemos...
Maestro Jesús:
Tienes razón mi pequeño, a veces es como que
vivo sólo para enseñarte...Sabes que te amo.
Juan Zebedeo: Lo sé, Maestro, yo también te
amo... A veces pienso que los demás no te
entienden cuando hablas de aquel
Reino...Sabes, Maestro, que no me interesa
ninguna cosa material, sabes que me interesa
todo lo que tenemos dentro...
Maestro Jesús:
Eso lo digo permanentemente, pequeño...
Mira, ya llegamos, ahí tenemos el agua...
Ahí se acerca una joven... ¿Cómo te llamas
pequeña?
Miriam: Mi nombre es Miriam, y por tu rostro
y a través de tus ojos veo que eres un
Maestro.
Maestro Jesús:
Pequeña, todos somos maestros... Hay algo en
el fondo de tus ojos que me encandila...
Miriam: ¿Puedes ver mi interior, Maestro?
Maestro Jesús:
Quizás no esté viendo solamente tu
interior... Quizás estoy viendo tu
exterior... ¿Has dicho que te llamas Miriam?
Miriam: Sí, Maestro...
Maestro Jesús:
¿Dónde está tu familia?
Miriam: Qué raro que se detengan a hablar
conmigo. porque de otros pueblos no quieren
hablar con los de nuestra región, y menos
que varones se detengan a hablar con
mujeres...
Maestro Jesús:
Querida Miriam, el espíritu no es hombre, el
espíritu no es mujer. Dime, ¿dónde está tu
familia?
Miriam: Está en la sinagoga, en el monte
Gerizim... Seguro que los tuyos están en
Jerusalén.
Maestro Jesús:
Querida Miriam, sí, muchos de mis familiares
están en Jerusalén y van a la sinagoga
cumpliendo la Ley, pero sabes que tú eres
espíritu y sabes que el Padre es espíritu...
No hace falta que vayas ni a Gerizim ni a
Jerusalem... Busca dentro tuyo, allí
encontrarás al Padre... ¿Qué edad tienes
pequeña?
Miriam: Tengo 18, y estoy... Hay un
compromiso de familia con un vecino nuestro
que se llama Jacobi...
Maestro Jesús:
¿Y por qué veo tanta pena en tus ojos?
Miriam: Porque a pesar de que amo a ese
Padre que dices, también es como que deseo
sentir ese otro tipo de amor, y siento como
que con Jacobi nunca lo voy a sentir. Lo veo
como una persona apasionada y sí, a veces,
siento su abrazo. Perdón que te confíe eso,
pero es como que lo rechazo y sé que eso
esta mal, sé que Dios se va a enojar con mi
actitud...
Maestro Jesús:
No, no, el Padre no juzga los actos de amor,
el Padre sólo juzga los actos de impiedad...
Quiero que entiendas la diferencia. Percibo
que tienes un alma con una tremenda
vibración, y siento como que mi corazón late
al percibirlo al unísono con el tuyo...
Miriam: Maestro, quiero hablarte un segundo.
Maestro Jesús:
Aguarda, Miriam...
Juan Zebedeo: Maestro, ¡no entiendo tus
palabras! Siento que hay otro tipo de
sentido a lo que dices...
Maestro Jesús:
¿Sabes que pasa, pequeño Juan? Hay distintos
tipos de soledades. A veces siento soledad
cuando aquellos que me rodean no me
entienden, no comprenden mis parábolas, no
comprenden mi enseñanza... Pero hay otro
tipo de soledad...
Juan Zebedeo: Maestro, tu siempre has dicho
que el amor es entrega y es como que con mis
cortos 17 años noto como que también hablas
de otro tipo de amor...
Maestro Jesús:
Sabes, pequeño, te lo he dicho más de una
vez, comiendo a la luz de una fogata, a
media noche mientras los demás dormían,
cuando hablábamos del Reino, que a medida
que aprendiéramos, a medida que supiéramos
cuál es el camino, íbamos a vibrar con más
Luz y eso iba a contaminar a todo el cielo y
ese cielo iba a crecer gracias a nuestro
crecimiento. No sé si puedes entender lo que
te estoy diciendo. Como sé también que si
nosotros conseguimos la felicidad en lo
personal también vamos a ser felices.
Juan Zebedeo: Maestro, me das a entender
como que tú... ¡Es como que te has
deslumbrado por Miriam!... ¡Tiene un año mas
que yo! Tú tienes 34 años y le llevas 17
años!...
Maestro Jesús:
El espíritu no tiene edad, el espíritu es
milenario...
Juan Zebedeo: ¡Maestro, esta prometida!
Maestro Jesús:
Lo sé, no voy a hacer nada para cortar ese
compromiso... Ven Miriam, vamos a seguir
nuestro camino.
Miriam: ¿Quieren venir hasta la posada? Los
acompaño hasta allí aunque sea unos minutos
para poder descansar. En ese lugar van a
poder lavarse los pies. Pero permíteme ir
con vosotros, así se lavan con agua y
descansan un poquito... En realidad,
Maestro, veo, percibo, noto algo suyo que me
hace bien, que me hace sentir una paz, una
confianza, algo que no he sentido con nadie
en mi corta vida o en esta corta vida.
Siento como que lo conociera de siempre...
Maestro Jesús:
Puede ser, pero no de otras vidas sino de
otros planos... Somos espíritus y tú vibras
en la misma sintonía que yo.
Miriam: Lo sé, lo percibo, percibo que vibro
en la misma sintonía que tú, Maestro, y
también en la misma sintonía de este joven
que te acompaña. Pero contigo es distinto,
porque no solamente percibo la misma
vibración de nuestras almas, sino que
percibo algo más, más de aquí, de mi pecho,
la misma vibración en nuestros corazones...
Perdón, no quiero ofender...
Maestro Jesús:
No, lo que uno siente de forma genuina nunca
puede ofender. Uno a veces quisiera
despojarse de todo y ser feliz... Tenemos
una bolsa con monedas, podría dejar de
caminar y comprar tres caballos y si me
dejara guiar por mi impulso tengo suficiente
dinero como para darle a tu familia.
Y sé porque lo
sé, que tu familia está tan necesitada que
rompería de inmediato tu compromiso con ese
Jacobi y nos iríamos a Oriente los tres a
caballo a iniciar una nueva vida.
Pero hay algo
más importante que tu compromiso con Jacobi,
hay algo más importante que lo que en estos
minutos he sentido más que en toda esta vida
de 34 años, hay algo más importante que el
amor que siento por mi discípulo, y es mi
tarea, porque no quiero traicionarme a mi
mismo. Si te hubiera conocido de otras
circunstancias, hubiera sacrificado mi
final...
Juan Zebedeo: ¡Maestro! ¿De que hablas?
Maestro Jesús:
Pequeño, sabes que dentro de algunas
estaciones ya no estaré contigo... Ahora no
digas nada, no es el momento, pero hubiera
sacrificado ese final porque al fin y al
cabo sé que van a tergiversar mucho de lo
que diga, pero quiero, en lo que me resta de
esta encarnación, seguir dejando ideas,
seguir dejando conceptos. Y mi concepto es
no traicionar, y no quiero sembrar mi
felicidad a costa de la infelicidad de
nadie.
Miriam, no
puedo juzgar si Jacobi te merece, no puedo.
Sé que tú eres como esa agua que corre, eres
transparente, cristalina como el agua de la
fuente, tienes un espíritu inmaculado...
Miriam: Maestro, quiero contarte que...
Maestro Jesús:
No, no me cuentes nada. Estoy hablando de tu
espíritu, que es inmaculado, lo demás es
transitorio. El ser humano sólo piensa que
el ser es un cuerpo.
Miriam: Pero Maestro, tú también has dicho
que has visto mis ojos por fuera y por
dentro...
Maestro Jesús:
Claro que sí, detesto a los hipócritas, les
digo raza de víboras, y yo no voy a ser uno
de ellos... Amo tu mirada, amo tu figura, te
amo a toda tú... El sentirte, el abrazarte,
me haría el ser más feliz del mundo y ésa es
la felicidad que contagiaría al cielo para
que éste crezca.
Sé que es así,
sé que la felicidad de cada uno de nosotros
puede contagiar al resto para que toda la
vibración de la tierra, de las plantas, del
aire, del cielo, crezca...
Pero no puedo,
no puedo edificar mi felicidad a costa de la
infelicidad de otros... No sé cómo hacerlo,
te juro que no sé cómo hacer...
Y a veces
hasta yo, con toda la sabiduría que creo
tener, no entiendo cómo en tan poco tiempo
puedo amar tanto. No solamente estás a mi
misma vibración en cuanto a mi alma, sino
que estás en mi misma vibración en cuanto a
tu cuerpo. Ésa es la diferencia con mi
discípulo.
Te amo
impersonal y personalmente, de las dos
maneras. Deseo abrazarte, pero no lo voy a
hacer, porque sé que si te abrazo no podría
dar marcha atrás porque sentiría tu persona
dentro de la mía y ya no podría desprenderme
de esa sensación.
Es una
sensación inenarrable. Sé que existen
decenas de almas que tienen la misma
sensación entre ellas como entre nosotros,
como entre mi discípulo y yo, pero contigo
hay algo más, es algo personal, es una
fusión pero no podría lastimar ni siquiera
una flor...
Miriam: Jacobi no importa... ¡No quiero que
tú empalidezcas!
Maestro Jesús:
Quizás si te hubiera conocido en otro
pueblo, con otras costumbres, donde los
compromisos no son un juramento, tal vez la
cosa hubiera sido distinta, pero estamos
aquí y ahora, y aquí y ahora tenemos que
respetar...
Mi Padre dice,
porque lo escucho muy dentro mío, no con
palabras, es algo que no lo puedo explicar,
el amor es lo más maravilloso que mis hijos
pueden experimentar y el amor es Él, y a
partir de Él, todo, pero pensar que el amor
tiene una sola rama es empobrecerlo.
Yo no voy a
empobrecer al amor, el amor es rico, el amor
tiene varios modos, varios sentimientos de
cómo expresarlo, el que yo les digo a mis
seguidores, el amor de Servicio, el amor de
contacto, el tomarse de la mano, el tomarse
del hombro como lo hago con mi amado
discípulo, que sigue siendo la persona que
más amo a nivel impersonal...
No digas nada,
pero también está el amor que experimento
ahora, es el que siento por ti, Miriam, y te
veo y te observo con esos ojos rasgados, con
esa piel morena, con esos labios, quizás no
tan carnosos, con esa figura algo menudita,
con esa expresión tan profunda en tu mirada,
con esa inteligencia que se está
desarrollando ahora...
¿Sabes lo que
me cuesta ser impersonal? ¿Sabes lo que me
cuesta darte un consejo impersonal estando
involucrado? Creo que ésta es la prueba más
grande. Siento en la rueda energética de la
boca del estómago una sensación de agobio,
de nudo, mientras te digo esto...
Sé feliz, vas
a tener hijos, respeta a tu pareja, no te
pido que lo ames, porque el amor no se
decreta, el amor se siente, pero por lo
menos ámalo de manera impersonal, hazlo
feliz a tu manera, no importa que no sientas
en la parte corporal, recuerda que el cuerpo
es algo pasajero, educa a tus hijos
sabiamente y cuando pienses en mí, piensa
que soy un espíritu que pasó y que te deja
esta enseñanza, ama a tu prójimo como a ti
misma, porque ese prójimo al que amas
también te amará así...
Mira ese
anciano que acaricia su borrico, ése es tu
prójimo porque tiene sensibilidad. Mira al
herrero con esos toscos pedazos de metal que
apenas puede doblar, sin embargo se detiene
en su labor para mirar agradecido al sol que
cada día lo ilumina. Ése es tu prójimo...
Mira al
carpintero que hace la puerta para proteger
tu vivienda, y que también puede hacer una
caja que contenga esa cáscara física cuando
tu espíritu ya no esté, ése también es tu
prójimo...
Mira ese
pequeño, observa cómo ayuda a esa mujer ya
mayor que apenas puede cruzar donde está ese
charco. Ése pequeño es tu prójimo. Ámalos a
ellos, a ellos que viven dando, porque el
que da es digno de ser amado y el que ama es
digno de recibir. Sé feliz en tu vida dentro
de lo que es esta felicidad material...
¿Sabes qué
sucede, Miriam? En la feria de Damasco arman
con unos papeles gruesos unos dibujos que
después van cortando con filos y los parten
en cien pedazos y los mezclan. Después, esos
pequeños dibujos tienen que volver a
montarlos en piezas para armar el tablero,
eso es el espíritu, simbólicamente están
todos desparramados y esas piezas, todas
confundidas, es muy difícil que encajen unas
con las otras a pesar de vibrar en la misma
sintonía. Porque recuerda que aunque en el
plano de Luz tengamos la misma sintonía, a
veces no encajamos en el plano físico, o ya
tenemos un compromiso, o ya tenemos una
relación, o muchas otras cosas...
Son muy pocas
las piezas que encajan, pero aquellas que
encajan, ¡felices de ellos!... Sé que
nosotros con nuestra felicidad podemos hacer
crecer el cielo y sé que el amor personal
forma parte de esa felicidad.
De todas
maneras, mira mi rostro. ¿Qué ves?
Miriam: Veo una sonrisa, veo una expresión,
pero es una expresión de sonrisa triste...
¡Pero tienes una fortaleza interna tremenda,
Maestro! Envidio a la mujer que sea tu
esposa...
Maestro Jesús:
No, en esta vida pasaré por alto eso, pero
de haberla tenido la elegida hubieras sido
tú. Pero no puedo, no debo, no quiero que
traiciones esa promesa. No voy a juzgar aquí
los merecimientos, porque si hablamos de
merecimientos, ¿a quién he conocido que
merezca lo que tiene? ¿A cuántos? Quisiera
hacer memoria....
Hay algo muy
importante, sé que con los mensajes que deje
para la posterioridad muchos de los
espíritus que encarnen en el futuro podrán
aprender de mis palabras y tendrán los
merecimientos para ser felices. La vida
eterna son piezas para armar y a veces
siento que el corazón de cada ser encarnado
es una pieza incompleta...
Vamos a ir a
la posada a comer algún alimento sólido, a
lavarnos los pies y a luego a continuar el
trayecto...
Y a ti,
pequeño, mi discípulo amado, que tanto vas a
hacer en el futuro y que vas a pasar por
situaciones similares a las mías...
Juan Zebedeo: ¡Oh! Sí, sí.
Maestro Jesús:
Esto queda entre nosotros, por lo menos por
ahora. Adiós Miriam...En el plano físico no
te verás de nuevo conmigo, no en este mundo.
Sí, nos veremos en el otro... Seguramente te
verás con mi discípulo.