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La Creación
Deliberada
Del
libro "Intentar es conseguir "
Introducción,
prefacio y algo mas...
Esther y
Yerry Hicks |
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Intruduccion,
prefacio y algo mas...
El libro que el
lector tiene en estos momentos en sus manos contiene algunas de las
enseñanzas más poderosas que existen hoy en nuestro planeta. Me he
sentido profundamente conmovido e influido por los mensajes que Abraham
ofrece en esta obra, y por las cintas que Esther y Jerry nos vienen
ofreciendo desde hace dieciocho años. De hecho, me siento honrado de que
Abraham me haya pedido que escriba un breve prólogo a este libro, que
considero un hito editorial. Es una obra única en el mundo de la edición
que permitirá al lector adentrarse en el pensamiento de quienes están
permanentemente conectados con la fuente de energía. Por lo demás, estas
voces del espíritu se expresan en un lenguaje comprensible que usted
podrá llevar de inmediato a la práctica. Le ofrecen nada menos que la
pauta para comprender y llevar a buen término su destino.Lo primero que se
me ocurre es que si usted no está todavía preparado para leer y aplicar
esta gran sabiduría, le recomiendo que lleve consigo este libro durante
unas semanas. Permita que la energía que contiene traspase cualquier
resistencia que su cuerpo o su mente ofrezca, y preste atención al eco
de ese lugar interior que carece de forma y de fronteras y que solemos
llamar alma, pero que Abraham denominaría nuestra conexión vibratoria
con nuestra fuente.
Éste es. un
Universo de vibraciones. Como observó en cierta ocasión Einstein: «Nada
ocurre hasta que no se mueve algo», esto es, todo vibra de acuerdo con
una determinada frecuencia mensurable. Si fragmentamos el mundo sólido
en componentes minúsculos observaremos que lo que parece sólido
constituye un baile de partículas y espacios vacíos. Si examinamos la
más pequeña de estas partículas quantum comprobaremos que ha emanado de
una fuente que vibra a una velocidad tan elevada que contraviene el
mundo de principios y fines. Esta energía que vibra a una elevada
velocidad se llama fuente de energía. Todo y todos, incluido usted, nos
hemos originado a partir de esta vibración y posteriormente nos hemos
trasladado al ámbito de los objetos, cuerpos, mentes y egos. Al
abandonar esta fuente de energía para convertirnos en nuestro
cuerpo/mente, asumimos nuestro mundo de problemas, enfermedades,
penurias y temores.
Las enseñanzas de
Abraham se centran fundamentalmente en ayudarle a retornar, en todos los
aspectos, a esta fuente de la que emana todo y a la que todo regresa.
Esta fuente de energía tiene un aspecto y produce una sensación que ya
he abordado en mi libro The Power of Intention. No obstante, Abraham es
capaz de ofrecerle esta maravillosa sabiduría gracias a estar conectado
al ciento por ciento con esta fuente y no dudar jamás de esa conexión,
como queda patente en cada párrafo de este libro. Por eso lo considero
un hito editorial.
Estamos en contacto
directo y consciente con un elenco de seres honestos y fiables a quienes
lo único que les interesa es nuestro bienestar. Nos recordarán que
provienen de una fuente de bienestar y que podemos invocar esa elevada
energía vibratoria y permitir que fluya libremente a través de todos los
aspectos de nuestra vida, o bien resistirnos a ella y permanecer
desconectados de aquello que nos lo da todo y es todo amor.
He pasado un día
entero con Abraham en persona, he cenado con Esther y Jerry y he
escuchado centenares de grabaciones de Abraham, por lo que puedo afirmar
de primera mano que está usted a punto de emprender un viaje que
transformará su vida, en compañía de dos de las personas más auténticas
y espiritualmente puras que he conocido jamás. Jerry y Esther Hicks
cumplen su papel de proporcionarle estas enseñanzas con el mismo respeto
que yo siento al escribir este prólogo.
Le recomiendo que
lea estas palabras con atención y las lleve de inmediato a la práctica.
Sintetizan una observación que vengo ofreciendo desde hace años: «Cuando
uno cambia su forma de contemplar las cosas, las cosas que contempla
cambian». Se dispone usted a experimentar un cambio a partir del cual se
abrirá un mundo nuevo ante sus ojos. Es el mundo creado por una fuente
de energía que desea que usted vuelva a conectarse a ella y goce de una
vida plena y satisfactoria.
Gracias, Abraham,
por permitirme decir unas palabras en este magnífico y valioso libro.
Os quiero a todos.
WAYNE
Prefacio
Por Jerry Hicks
El sol despunta
sobre la costa de Malibú cuando inicio este prefacio. A estas horas de
la mañana el intenso color azul del océano Pacifico es comparable al
profundo gozo que experimento al imaginar la utilidad de las
revelaciones que ofrece al lector este libro.
Pide y se te dará
versa sobre el hecho de que las fuerzas todopoderosas nos conceden lo
que pidamos. Pero ante todo trata sobre cómo se nos concederá lo que
pidamos; es asimismo el primer libro que, con una terminología clara,
nos ofrece una fórmula sencilla y práctica sobre cómo pedir, y recibir,
lo que deseamos ser, hacer o tener.
Hace décadas,
mientras buscaba respuestas admisibles a mi incesante afán de averiguar
en qué consiste «Ello», descubrí la palabra inefable, que significa «que
no puede ser expresado con palabras». El término inefable coincidía con
una conclusión a la que yo había llegado sobre «Ello». Había comprendido
que cuanto más cerca estamos de conocer lo «no físico», menos palabras
tenemos para expresarlo con claridad. Así pues, cualquier estado de
conocimiento completo equivale a un estado de inefabilidad. Dicho de
otro modo, en estos momentos de nuestra realidad tiempo-espacio no
podemos expresar claramente con palabras físicas lo no tísico.
A lo largo de la
historia de lo físico, hemos evolucionado hacia y a través de miles de
millones de filosofías, religiones, opiniones y creencias. Pero pese a
los miles de millones de pensadores que han reflexionado, extraído
multitud de conclusiones y transmitido sus creencias a las generaciones
siguientes, no hemos hallado palabras físicas —en cualquier caso no
palabras que nos permitan ponernos de acuerdo— para expresar lo no
físico.
En los anales de la
historia sólo hay constancia de unos pocos de los numerosos seres que se
han comunicado conscientemente con la inteligencia no física. Algunos
han sido reverenciados; otros, condenados. Pero la mayoría de ellos, que
eran conscientes de una comunicación personal con lo no físico,
decidieron (quizá por temor a ser condenados o incluso
institucionalizados) no relatar a nadie esas revelaciones.
Moisés, Jesús,
Mahoma, Juana de Arco, Joseph Smith, para citar sólo unos pocos de los
más conocidos en el mundo de habla inglesa, manifestaron sin tapujos ser
receptores de la inteligencia no física, y la mayoría de ellos tuvieron
un fin físico atroz. Por consiguiente, aunque cada uno de nosotros
recibimos directamente una orientación no física, sólo unos pocos
reciben porciones de pensamiento no físico lo bastante claros para
traducirlos a nuestras palabras físicas, y de ellos, sólo unos pocos
están dispuestos a revelar su experiencia a los demás.
Hago mención de
estos datos en el prefacio del libro que está a punto de leer porque mi
esposa, Esther, es una de esas raras personas capaces de relajar a
voluntad su mente consciente para recibir de lo no físico respuestas a
determinadas preguntas. De alguna forma, Esther recibe bloques de
pensamiento (que no palabras) y, al igual que un traductor de
castellano-inglés oiría un pensamiento proyectado en palabras
castellanas y traduciría ese pensamiento (no las palabras) en palabras
inglesas, Esther traduce al instante el pensamiento no físico en la
palabra equivalente más aproximada.
Tenga presente el
lector que puesto que no siempre existen palabras físicas capaces de
expresar con precisión el pensamiento que recibe, en ocasiones Esther
forma nuevas combinaciones de palabras, además de utilizar palabras
normales de otra forma (por ejemplo, escribiéndolas con mayúsculas
cuando no solemos hacerlo), con el fin de expresar nuevas formas de
contemplar la vida. Por esta razón, hemos creado un breve glosario al
final del libro para explicar nuestra particular utilización de algunas
palabras corrientes. Por ejemplo, «bienestar» es un término corriente
que significa un estado de felicidad, salud o prosperidad. Pero la base
de la singular filosofía de Abraham se traduce en inglés como Bienestar,
refiriéndose a un bienestar Universal, No Físico, que fluye de modo
natural a través de todos nosotros salvo cuando hacemos algo para
impedirlo. (Asimismo, el lector hallará en el texto algunos términos y
expresiones que hemos acuñados nosotros mismos que no son de uso
común.)
Desde 1986, Esther y
yo viajamos cada año a unas cincuenta ciudades para ofrecer seminarios,
y los asistentes a ellos pueden comentar o plantear preguntas sobre los
temas que deseen, sin ninguna limitación. Acuden millares de personas,
pertenecientes a distintos grupos étnicos, estratos sociales y
corrientes filosóficas, deseosas de mejorar sus vidas, bien directamente
para ellas mismas o, indirectamente, para ayudar a otros. Y esos miles
de personas que han pedido más han obtenido respuesta, a través de
Esther Hicks, de la Inteligencia No Física.
Por consiguiente, en
respuesta a las peticiones de esas personas que, al igual que usted,
desean saber más, esta filosofía del Bienestar ha llevado a la creación
de este libro.
El núcleo de estas
enseñanzas lo constituye la poderosa Ley de Atracción. Durante la última
década, hemos publicado buena parte de las enseñanzas de Abraham en
nuestro boletín trimestral, The Science of Deliberate Creation (la
Ciencia de la Creación Deliberada), que ponen de relieve las
perspectivas más novedosas obtenidas a partir de las preguntas
planteadas por los asistentes a nuestros seminarios, dirigidos a
enseñarles el Arte de Permitir. Así, esta filosofía evoluciona
constantemente a medida que ustedes nos plantean nuevas preguntas y
perspectivas.
Este libro ofrece
un eficaz curso en materia de práctica espiritual. Se trata de un manual
de instrucciones en el sentido más amplio del término, es decir, le
enseña cómo ser, hacer o tener lo que le complazca, y al mismo tiempo le
enseña cómo no ser, hacer o tener lo que le disguste
JERRY
Una introducción a
Abraham
Por Esther Hicks
—¡Esa mujer se
comunica con espíritus! —decían nuestros amigos—. La semana que viene
estará aquí, de modo que podéis concertar una entrevista con ella y
preguntarle lo que queráis.
«Es lo último que
deseo hacer», pensé, pero al mismo tiempo oí a Jerry, mi marido, decir:
—De acuerdo, ¿cómo
podemos concertar una entrevista con ella?
Eso ocurrió en
1984, y en los cuatro años que llevábamos casados, Jerry y yo jamás
habíamos discutido ni habíamos cruzado una palabra airada. Éramos dos
jóvenes alegres, que vivíamos felices y éramos compatibles en
prácticamente todos los temas que se planteaban. Lo único que me
molestaba era que Jerry divirtiera a sus amigos con sus anécdotas de
veinte años atrás, relatándoles sus experiencias con la tabla ouija.
Cuando nos encontrábamos en un restaurante u otro lugar público y yo
presentía que Jerry iba a relatar una de sus anécdotas, me disculpaba
educadamente (a veces no tan educadamente) y me refugiaba en el lavabo
de mujeres, me sentaba en la barra del local o daba un paseo hasta donde
habíamos aparcado el coche, donde permanecía hasta que había pasado el
suficiente tiempo para que Jerry hubiera concluido su relato. Por
fortuna, al cabo de un tiempo Jerry dejó de contar esas anécdotas cuando
yo estaba presente.
Yo no era lo que se
dice una chica religiosa, pero había asistido a suficientes clases de
catequesis para desarrollar un profundo temor al mal y al diablo. Bien
pensado, no estoy segura de que nuestros profesores de catequesis
dedicaran buena parte de las clases a enseñarnos a temer al diablo o si
era algo que yo tenía arraigado en la mente. En cualquier caso, eso es
lo que recuerdo a grandes rasgos de esa época.
De modo que tal
como me habían enseñado que hiciera, procuraba evitar todo lo que
pudiera estar relacionado con el diablo. En cierta ocasión, de joven,
estaba sentada en un cine al aire libre cuando al mirar por la
ventanilla trasera del coche hacia otra pantalla contemplé una escena
horripilante de El exorcista (una película que había evitado), y lo que
vi, sin oír el sonido, me impresionó hasta el extremo de que tuve
pesadillas durante varias semanas.
—Se llama Sheila
—explicó nuestro amigo a Jerry—. Concertaré una entrevista con ella y os
comunicaré cuándo puede recibiros.
Jerry se pasó los
días siguientes tomando nota de las preguntas que deseaba hacer a
Sheila. Me dijo que había varias que deseaba plantearle a alguien desde
que era niño. Por mi parte, en lugar de hacer una lista de preguntas,
traté de hacerme a la idea de que íbamos a visitar a esa mujer.
Cuando aparcamos
frente a una bonita casa situada en el centro de Phoenix, Arizona,
recuerdo que pensé: «¿Pero qué diantres hago aquí?» Nos encaminamos
hacia la puerta principal y nos abrió una mujer de aspecto afable, que
nos hizo pasar a una elegante sala de estar para esperar a que nos
recibiera Sheila.
Era una casa
espaciosa, amueblada con sencillez, pero elegante, en la que reinaba una
insólita quietud. Recuerdo que sentí una profunda sensación de respeto,
como si estuviera en una iglesia.
En éstas se abrió
una puerta de gran tamaño y aparecieron dos atractivas mujeres vestidas
con blusas de algodón y faldas de vivos colores. Por lo visto, Jerry y
yo éramos las primeras visitas después de comer. Ambas mujeres
presentaban un aspecto alegre y distendido, lo cual hizo que me relajara
un poco. Quizá no resultara una experiencia tan rara como me temía.
Nuestras
anfitrionas nos invitaron a pasar a un hermoso dormitorio en el que
había tres sillas situadas al pie de la cama. Sheila se sentó en el
borde de la cama y su ayudante en una de las sillas, junto a una mesa
sobre la que había una grabadora. Después de que Jerry y yo ocupáramos
las otras dos sillas, me preparé para la experiencia que me aguardaba.
La ayudante nos
explicó que Sheila se relajaría y liberaría su conciencia, y que
entonces Theo, una entidad No Física, se dirigiría a nosotros. Cuando
eso ocurriera, podíamos hablar sobre cualquier tema que deseáramos.
Sheila se tendió en
el borde de la cama, a escasa distancia de donde Jerry y yo estábamos
sentados, y comenzó a respirar profundamente. Al cabo de unos minutos
una voz que tenía un tono extraño dijo:
—Esto es el
comienzo, ¿no es así? ¿Tenéis algunas preguntas que formular?
Miré a Jerry
confiando en que estuviera dispuesto a empezar, porque yo sabía que no
estaba preparada para hablar con quien quiera que se había dirigido a
nosotros. Jerry se inclinó hacia delante, deseoso por formular su
primera pregunta.
Cuando las primeras
palabras de Theo brotaron lentamente de labios de Sheila sentí que me
relajaba. Y aunque sabía que oíamos la voz de ella, también sabía que el
origen de esas maravillosas respuestas era algo muy distinto de Sheila.
Jerry explicó que
desde que era un niño de cinco años deseaba plantear a alguien estas
preguntas, y las formuló tan rápidamente como pudo. Los treinta minutos
de nuestra entrevista pasaron muy deprisa, pero durante ese tiempo, sin
que yo pronunciara una palabra, mi temor ante la extraña experiencia
remitió y disfruté una sensación de bienestar muy superior a todo cuanto
había experimentado antes.
Cuando nos
montarnos de nuevo en el coche le dije a Jerry:
—Me gustaría volver
mañana. Quiero preguntarle algunas cosas.
Jerry se mostró
encantado de concertar otra entrevista con Sheila, pues deseaba también
formularle más preguntas.
Al día siguiente, a
la mitad de la entrevista, Jerry me cedió a regañadientes el tiempo que
nos restaba.
—¿Cómo podemos
alcanzar más eficazmente nuestros objetivos? —pregunté a Theo. La
respuesta no se hizo esperar:
—Meditación y
afirmaciones.
La idea de meditar
no me atraía en absoluto, y que supiera no conocía a nadie que la
practicara. De hecho, la mera palabra me hacía pensar en personas
postradas sobre un lecho de clavos, caminando sobre carbones encendidos,
pasando años apoyadas sobre un pie o mendigando donaciones en el
aeropuerto.
—¿A qué se refiere
con lo de meditación?.
La respuesta fue
breve y las palabras me tranquilizaron.
—Sentaos en una
habitación tranquila. Poneos ropa cómoda y concentraos en vuestra
respiración. A medida que vuestra mente se relaje, al cabo de unos
minutos, liberad vuestros pensamientos y concentraos en vuestra
respiración. Conviene que lo hagáis juntos. Así será más poderosa.
—¿Puede proponernos
una afirmación que nos sea útil? —preguntamos.
—Yo (pronunciad
vuestros nombres) veo y atraigo hacia mí, por medio del amor divino, a
los Seres que buscan la iluminación a través de mi proceso. El hecho de
compartir esta experiencia nos elevará a los dos.
Las palabras que
brotaban de Sheila/Theo penetraban hasta lo más profundo de mi ser. Me
invadió una sensación de amor que fluyó a través de mí con una fuerza
inaudita. Mi temor se desvaneció por completo. Tanto Jerry como yo
experimentamos una sensación maravillosa.
—¿Podemos traer a
nuestra hija, Tracy, para que la conozca? —pregunté.
—Si ella lo desea,
pero no es necesario, pues vosotros (Jerry y Esther), constituís unos
cauces.
Esa frase no tenía
el menor sentido para mí. Me parecía increíble haber cumplido los
treinta años y no conocer aquel detalle, suponiendo que fuera cierto.
La grabadora se
detuvo y Jerry y yo sentimos una leve decepción al percatarnos de que
nuestra extraordinaria experiencia había concluido. La ayudante de
Sheila nos preguntó si deseábamos formular una última pregunta.
—¿Queréis conocer
el nombre de vuestro guía espiritual? —preguntó.
Yo jamás habría
preguntado eso, pues no había oído nunca el término «guía espiritual»,
pero me pareció una buena pregunta. Me gustaba la idea de tener un ángel
guardián. De modo que respondí:
—Sí, ¿puede
decirnos el nombre de mi guía espiritual?
—Según nos
informan, te lo facilitarán dentro de poco —contestó Theo—. Tendrás una
experiencia clariauditiva, y entonces lo sabrás.
«¿Qué es una
experiencia clariauditiva?», me pregunté, pero antes de que pudiera
formular mi pregunta, Theo dijo con tono concluyente:
—¡El amor de Dios
penetra en vosotros!
Acto seguido Sheila
abrió los ojos y se incorporó. Nuestra asombrosa conversación con Theo
había terminado.
Cuando Jerry y yo
abandonamos la casa nos dirigimos en coche hasta un lugar con preciosas
vistas ubicado en la ladera de una de las montañas de Phoenix. Nos
apoyamos en el coche y contemplamos la puesta de sol en el horizonte. No
teníamos remota idea de la transformación que se había operado ese día
en nosotros. Sólo sabíamos que nos sentíamos maravillosamente.
Ya en casa tomé dos
nuevas y poderosas decisiones: iba a meditar, aunque no sabía muy bien
lo que significaba esa palabra, e iba a averiguar el nombre de mi guía
espiritual.
Así pues, Jerry y
yo nos pusimos nuestras batas, corrimos las cortinas de la sala de
estar, nos sentamos en unas cómodas butacas orejeras y colocamos una
banqueta entre él y yo. Theo nos había recomendado que practicáramos
juntos la meditación, pero nos parecía extraño, y la banqueta contribuía
a paliar esa sensación.
Recordé las
instrucciones de Theo: «Sentaos en una habitación tranquila, poneos ropa
cómoda y concentraos en vuestra respiración». Pusimos el despertador
para que sonara al cabo de quince minutos, cerré los ojos y empecé a
concentrarme en mi respiración. Pregunté mentalmente: «¿Quién es mi guía
espiritual?», tras lo cual conté las veces que inspiraba y exhalaba
aire. De inmediato, mi cuerpo se quedó como dormido. No podía distinguir
mi nariz de los dedos de mis pies. Era una sensación extraña pero
cómoda, que me complació. Parecía que mi cuerpo girara lentamente,
aunque sabía que estaba sentada en una butaca. Entonces sonó el
despertador, sobresaltándonos.
—Hagámoslo otra vez
—dije.
Volví a cerrar los
ojos, conté las veces que inspiraba y exhalaba y sentí que mi cuerpo se
quedaba dormido. Cuando el despertador sonó de nuevo dije:
—Repitámoslo.
De modo que pusimos
el despertador para que sonara al cabo de otros quince minutos y volví a
sentir que un entumecimiento invadía mi cuerpo. Pero esta vez noté que
algo, o alguien, respiraba a través de mi cuerpo. Desde mi punto de
vista, parecía como si un amor arrebatado fluyera desde lo más profundo
de mi ser hacia fuera. ¡Era una sensación gloriosa! Jerry me oyó gemir
suavemente y más tarde comentó que parecía como si estuviera en éxtasis.
Cuando sonó el
despertador y salí de mi meditación, los dientes me castañeteaban de una
forma inaudita. La palabra «zumbaban» se ajusta más a la experiencia.
Los dientes me zumbaron durante casi una hora mientras yo trataba de
relajarme y recobrar mi estado normal de conciencia.
En esos momentos no
comprendí lo que había sucedido, pero sabía que había experimentado mi
primer contacto con Abraham. Aunque no sabía qué había ocurrido, sabía
que fuera lo que fuese era una experiencia magnífica. Y deseé que se
repitiera.
Jerry y yo
decidimos meditar todos los días durante quince minutos. Creo que
durante los siguientes nueves meses no dejamos de hacerlo un solo día.
Cada vez sentí un entumecimiento en mi cuerpo, o una sensación de
separación del mismo, pero durante nuestras meditaciones no ocurrió
ninguna cosa extraordinaria. Poco antes del día de Acción de Gracias de
1985, no obstante, mientras meditaba, mi cabeza empezó a moverse
ligeramente de un lado a otro. Durante los días siguientes noté que
mientras meditaba mi cabeza describía un movimiento suave y fluido. Era
una sensación maravillosa, como si volara. El tercer día que se produjo
ese curioso fenómeno, durante mi meditación, me percaté de que mi cabeza
no se movía de forma aleatoria, sino que parecía como si mi nariz
trazara unas letras en el aire: «S-N-O-F».
—¡Jerry! —grité—.
¡Estoy dibujando unas letras con la nariz!
Y al pronunciar
esas palabras experimenté de nuevo una sensación de éxtasis. Sentí que
se me ponía la piel de gallina cuando esa Energía No Física me recorrió
todo el cuerpo.
Jerry se apresuró a
sacar su bloc de notas y a escribir las letras mientras mi nariz las
trazaba en el aire: «SOY ABRAHAM. TÚ GUÍA ESPIRITUAL».
Posteriormente
Abraham nos explicó que «ellos» son muchos. Se refieren a sí mismos en
plural porque forman una Conciencia Colectiva. Nos explicaron que, al
principio, las palabras «Soy Abraham» fueron pronunciadas sólo a través
de mí porque yo imaginaba a mi guía espiritual en singular, pero que son
muchos, y se expresan con una sola voz, por así decir, o un consenso de
pensamiento.
Según Abraham:
«Abraham no es una conciencia singular como creéis que sois vosotros,
que moráis en cuerpos singulares. Abraham es una Conciencia Colectiva.
Existe un Flujo de Conciencia No Física, y cuando uno de vosotros
formula una pregunta, hay infinidad de puntos de conciencia que circulan
a través de lo que consideráis que es una sola perspectiva (porque, en
este caso, hay un ser humano, Esther, que lo interpreta o articula), y
por eso creéis que es singular. Lo cierto es que somos
multidimensionales, multifacéticos y formamos una multiconciencia».
Abraham nos ha
explicado que no murmuran palabras en mis oídos, que yo luego repito
para otros, sino que me ofrecen unos bloques de pensamiento, como unas
señales de radio, que recibo a nivel inconsciente. Luego traduzco esos
bloques de pensamiento en palabras físicas equivalentes. Yo «oigo» las
palabras a medida que las pronuncian a través de mí, pero durante el
proceso de traducción no soy consciente de las palabras que brotan de
mis labios, ni recuerdo las que ya he pronunciado.
Abraham explicó que
hacía mucho tiempo que me ofrecían esos bloques de pensamiento, pero
como yo trataba de seguir las instrucciones de Theo al pie de la letra
—concretamente, «cuando tu mente se relaje, lo cual hará al cabo de unos
minutos, libera tus pensamientos y concéntrate en tu respiración»— tan
pronto se iniciaban esos pensamientos yo los liberaba rápidamente y me
concentraba de nuevo en mi respiración. Supongo que el único medio que
tenían para lograr que yo reparara en ellos era hacer que mi nariz
trazara unas letras en el aire. Abraham dice que esas maravillosas
sensaciones que sentí a través de mi cuerpo cuando me di cuenta de que
trazaba unas letras en el aire se debía a la alegría que experimenté al
percatarme de nuestra conexión consciente.
Nuestro proceso de
comunicación evolucionó rápidamente durante las semanas sucesivas.
Dibujar letras en el aire con mi nariz era un proceso muy lento, pero
Jerry estaba tan entusiasmado con esa fuente de información clara y
viable que a menudo me despertaba en plena noche para formular preguntas
a Abraham.
Pero una noche,
inopinadamente, sentí una sensación muy intensa que fluía a través de
mis brazos, mis manos y mis dedos. Estábamos acostados en la cama viendo
la televisión y mi mano empezó a golpear el pecho de Jerry. Mientras mi
mano seguía golpeándole, sentí la imperiosa necesidad de sentarme ante
mi máquina de escribir IBM Selectric. Cuando apoyé los dedos en el
teclado, mis manos empezaron a moverse rápidamente sobre las teclas,
como si alguien hubiera descubierto de repente la utilidad de esta
máquina de escribir y el lugar que ocupaba cada tecla. Mis manos
empezaron a escribir: cada letra, cada número, una y otra vez. Y las
palabras empezaron a cobrar forma sobre el papel: «Soy Abraham. Soy tu
guía espiritual. He venido para trabajar contigo. Te amo. Escribiremos
juntos un libro».
Comprobamos que
cuando yo apoyaba las manos sobre el teclado me relajaba, como ocurría
durante la meditación, y que Abraham (al que en adelante llamaremos
«ellos») respondía a cualquier pregunta que formulara Jerry. Fue una
experiencia asombrosa. Eran seres increíblemente inteligentes, amables y
accesibles. Siempre estaban dispuestos, a cualquier hora del día y de la
noche, a conversar con nosotros sobre el tema que quisiéramos
plantearles.
Una tarde, mientras
circulábamos en coche por una autovía de Phoenix, sentí una sensación en
la boca, el mentón y el cuello semejante a la que experimentamos cuando
vamos a bostezar. Era una sensación muy intensa, hasta el punto de que
no pude reprimirla. Entonces tomamos una curva entre dos camiones
gigantescos, que parecía que iban a invadir nuestro carril al mismo
tiempo, y durante unos instantes pensé que se nos echarían encima. Pero
de improviso brotaron de mis labios las primeras palabras pronunciadas
por Abraham:
—¡Tomad por la
próxima salida!
Abandonamos la
autovía y nos detuvimos en un aparcamiento situado debajo de un paso
elevado, Jerry y Abraham charlaron durante horas. Yo mantuve los ojos
cerrados mientras mi cabeza se movía rítmicamente de un lado a otro y
Abraham respondía a las incesantes preguntas de Jerry.
¿Cómo es posible
que me haya sucedido algo tan maravilloso? A veces, cuando pienso en
ello, me resulta increíble. Parece un cuento de hadas, casi como si
hubiera frotado una linterna mágica y mis sueños se hubieran cumplido.
Otras pienso que es la experiencia más natural y lógica del mundo.
En ocasiones apenas
recuerdo cómo vivía antes de que Abraham apareciera en nuestras vidas.
Siempre he sido, con escasas excepciones, lo que la mayoría de la gente
describiría como una persona feliz. Tuve una infancia maravillosa, sin
grandes traumas y, junto con mis dos hermanas, tuve la suerte de tener
unos padres amables y cariñosos. Como ya he dicho, Jerry y yo llevábamos
felizmente casados cuatro años, y me sentía, en todos los aspectos,
contenta y satisfecha. No me consideraba una persona atormentada por
numerosas preguntas sin respuesta. De hecho, no solía plantearme muchas
preguntas ni me había formado opiniones firmes sobre demasiados temas.
Jerry, por el
contrario, estaba lleno de preguntas apasionadas. Era un lector voraz,
siempre en busca de herramientas y técnicas que pudiera transmitir a
otros para ayudarles a que sus vidas fueran más satisfactorias. Jamás he
conocido a nadie más dispuesto a ayudar a otros a gozar de vidas más
satisfactorias.
Abraham nos ha
explicado que el motivo de que Jerry y yo formemos la combinación
perfecta para realizar este trabajo juntos se debe a que el poderoso
deseo de Jerry fue el que invocó a Abraham, mientras que la ausencia en
mí de opiniones y agobios me convertía en una buena receptora de la
información que Jerry había solicitado.
Jerry se mostró
eufórico desde sus primeras interacciones con Abraham, pues comprendió
la profundidad de su sabiduría y la claridad de lo que le ofrecía. A lo
largo de estos años, su entusiasmo por Abraham no ha mermado ni un
ápice. Ninguno de los presentes en la habitación disfruta más de lo que
dice Abraham que Jerry.
Al principio de
nuestras interacciones con Abraham, en realidad no sabíamos lo que
ocurría y no teníamos forma de averiguar con quién hablaba Jerry, pero
no dejaba de ser emocionante, asombroso, fantástico y curioso. Era tan
extraño que estoy segura de que la mayoría de las personas que yo
conocía no lo comprendía y probablemente no deseaba comprenderlo. Por
consiguiente, hice que Jerry prometiera no revelar a nadie nuestro
extraordinario secreto.
Es obvio que Jerry
no cumplió su promesa, cosa que no lamento. No hay nada que nos guste
tanto como estar en una habitación llena de personas que desean comentar
distintos temas con Abraham. Lo que oímos con mayor frecuencia, de
personas que conocen a Abraham a través de nuestros libros, vídeos,
cintas de audio, talleres o páginas web, es: «Gracias por ayudarme a
recordar lo que de algún modo he sabido siempre», y «Esto me ha ayudado
a reunir las piezas de la verdad que he ido descubriendo. ¡Me ha ayudado
a comprender que todo tiene sentido!».
Abraham no parece
interesado en pronosticar nuestro futuro, como haría un clarividente,
aunque creo que ellos siempre saben lo que el futuro nos deparará. Son
maestros que nos guían desde donde nos hallamos hacia donde deseamos ir.
Nos han explicado que su misión no consiste en decidir qué debemos
desear, sino ayudarnos a alcanzar lo que deseamos. Como dicen ellos:
«Abraham no pretende guiar a nadie hacia algo o alejarlo de algo.
Queremos que vosotros tornéis vuestras propias decisiones según vuestros
deseos. Nuestro único deseo es que descubráis la forma de alcanzar
vuestros deseos».
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Mi comentario
favorito a propósito de Abraham lo hizo un chico adolescente
que acababa de escuchar una cinta en la que Abraham abordaba
unas preguntas que le habían planteado otros adolescentes.
El chico dijo: «Al principio, no creí que Esther hablara por
boca de Abraham. pero cuando escuché la cinta y oí las
respuestas de Abraham a esas preguntas, comprendí que
Abraham era real, porque no emitía juicios de valor. No creo
que ninguna persona pudiera ser tan sabia, tan justa y tan
ecuánime».
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Para mí, este viaje
con Abraham ha sido tan maravilloso que no puedo expresarlo con
palabras. Adoro el sentido de Bienestar que he alcanzado gracias a lo
que he aprendido de ellos. Me encanta que su dulce orientación me
produzca siempre una sensación de poder personal. Me encanta comprobar
que las vidas de muchos de nuestros queridos amigos (y nuevos amigos)
han mejorado gracias a haber llevado a la práctica las enseñanzas de
Abraham. Me encanta que esos seres brillantes y amables aparezcan en mi
mente cada vez que los invoco, siempre dispuestos y deseosos de
ayudarnos a comprender algo.
(Varios años
después de que conociéramos a Sheila y a Theo, Jerry miró el nombre de «Theo»
en nuestro diccionario. «¡Theo significa Dios!, me anunció entusiasmado.
Es un nombre perfecto, No puedo por menos de sonreír cuando recuerdo ese
maravilloso día, que constituyó un jalón muy importante en nuestras
vidas. ¡Pensar que yo temía acabar interactuando con el diablo, cuando
en realidad me disponía a mantener una charla con Dios!.
Cuando comenzamos a
trabajar con Abraham, las personas que asistían a nuestras sesiones
querían, que les explicáramos nuestra relación. «¿Cómo se produjo
vuestro encuentro con ellos? ¿Cómo mantenéis vuestra relación? ¿Por qué
os eligieron a vosotros? ¿Qué se siente al ser el portavoz de esta
sabiduría tan profunda?» Al inicio de cada presentación oral o
entrevista por radio o televisión Jerry y yo dedicábamos unos minutos a
tratar de responder a esas preguntas. Pero esa parte de nuestra
presentación me irritaba. Tan sólo deseaba relajarme y dejar que la
Conciencia de Abraham fluyera a través de mí, para centrarnos en lo que
Jerry y yo considerábamos que era el motivo de nuestra presencia allí.
Por fin decidimos
crear una grabación gratuita titulada Introducción a Abraham, para que
la gente la escuchara cómodamente, en la que explicábamos los pormenores
de cómo comenzó y se desarrolló nuestra experiencia con Abraham. (Hemos
incluido esta Introducción de 74 minutos, que se puede descargar
gratuitamente en www.abraham-hicks.com., en nuestra página web para
explicar quiénes somos y qué hacíamos antes de conocer a Abraham.) Tanto
Jerry como yo disfrutamos con el proceso de plasmar el mensaje de
Abraham en un formato que pudiera ser escuchado y utilizado por otros,
pero siempre hemos creído que lo importante es el mensaje de Abraham.
Esta mañana Abraham
me ha dicho: «Esther, somos conscientes de las preguntas que irradian de
la conciencia colectiva de vuestro planeta, y estaremos encantados de
ofrecer aquí, a través de ti, las respuestas. Relájate y disfruta con la
deliciosa creación de este libro.»
De modo que voy a
relajarme y dejar que Abraham comience de inmediato a escribir este
libro para usted. Imagino que ellos le explicarán, desde su perspectiva,
quiénes son, pero, lo que es más importante, creo que le ayudarán a
comprender quién es usted. Confío en que su encuentro con Abraham
resulte tan valioso para usted como sigue siéndolo para mí.
Cariñosamente,
ESTHER, COSAS QUE SABEMOS, QUE QUIZÁS HAYAS OLVIDADO Y QUE CONVIENE QUE
RECUERDES
