Sara aguardó en
medio de la tranquila carretera rural a que Jason la alcanzara.
Reprimió una
sonrisa al recordar otra ingeniosa trastada que había cometido Jason,
consistente en apoyar la cabeza sobre el pupitre, ocultando unos
relucientes vómitos de consistencia gomosa, para luego alzar la
cabeza y mostrar su repugnante «premio» cuando la maestra se había
detenido junto a él. La señora Jonson había salido corriendo de la
clase en busca del conserje para que limpiara la porquería, pero al
regresar Jason le había explicado que lo había limpiando él mismo.
La señora Jonson se había sentido tan aliviada que no le había hecho
ninguna pregunta. La buena mujer había dado permiso a Jason para
marcharse a casa.
A Sara le
asombraba la credulidad de la señora Jonson, que ni siquiera se
había extrañado de que los vómitos, que presentaban un aspecto
fluido y viscoso, formaran un curioso charquito sobre un pupitre
decididamente inclinado. Claro que la señora Jonson no estaba tan
acostumbrada a las trastadas de Jason como Sara, y ésta reconocía
que su hermano había logrado engañada más de una vez, en los tiempos
en que ella era más ingenua, pero ya no lo conseguía. A estas
alturas Sara conocía bien a Jason.
-¡Sara! -gritó
Jason, excitado y resoplando.
-No hace falta
que grites -respondió Sara retrocediendo- Estoy a medio metro de ti.
-Lo siento. -Jason
tragó saliva al tiempo que trataba de recobrar el resuello-¡Tienes
que venir! ¡Ha vuelto Salomón!
-¿Quién es
Salomón? -preguntó Sara, arrepintiéndose en el acto de haberlo
preguntado. No quería demostrar ningún interés en el asunto que
Jason se llevaba entre manos.
-¡Pues Salomón!
¡Ya conoces a Salomón! ¡Ese enorme pájaro que hay en el
Sendero de
Thacker!
-No he oído
hablar de ningún pájaro gigantesco en el Sendero de Thacker replicó
Sara, fingiendo indiferencia- No me interesan tus estúpidos pájaros,
Jason.
-¡No es un
estúpido pájaro, Sara, es gigantesco!
Tienes que venir
a verlo. Billy dice que es más grande que el coche de su padre.
¡Anda, Sara, ven
a verlo! -Es imposible que un pájaro sea más grande que un coche,
Jason.
-¡Te aseguro que
lo es! ¡Pregúntaselo al padre de Billy! Dijo que un día, al volver a
casa en coche, vio una sombra tan grande que pensó que era un avión
que pasaba sobre él. Cubría todo el coche. ¡Pero no era un avión,
Sara, era Salomón!
Sara reconoció
que el entusiasmo de Jason por Salomón empezaba a irritada.
-Iré a vedo otro
día, Jason. Tengo que volver a casa.
-¡Ven a vedo,
Sara, por favor! Puede que otro día Salomón no esté allí. ¡Tienes
que venir ahora!
La insistencia de
Jason empezaba a preocupar a Sara. No solía mostrarse tan
insistente. Por lo general, cuando intuía que Sara no estaba
dispuesta a dar su brazo a torcer, se rendía confiando en pillar a
su hermana desprevenida en otra ocasión. Sabía por experiencia que
cuanto más le insistiera a Sara en que hiciera algo que no quería,
más firme se mantenía ella en sus trece. Pero en esta ocasión era
distinto. Jason demostraba un interés que Sara no había observado
antes en él, de modo que, ante la sorpresa y alegría de Jason, ésta
accedió a sus ruegos.
-De acuerdo,
Jason. ¿Dónde está ese gigantesco pájaro?
-Se llama
Salomón.
-¿Cómo sabes su
nombre?
-Se lo ha puesto
el padre de Billy. Dice que es un búho. Y que los búhos son sabios.
De modo que le pega llamarse Salomón.
Sara se esforzó
en seguir a Jason, que caminaba apresuradamente. Está muy excitado
con ese búho, pensó. Qué raro. -Debe de andar por aquí -- dijo Jason-.
Vive en este lugar.
A Sara le hacía
gracia la seguridad que derrochaba Jason, aunque sabía que las más
de las veces su hermano no tenía repajolera idea de lo que estaba
hablando. Pero ella solía seguirle el juego, fingiendo no haberse
percatado. Era más sencillo.
Miraron entre los
árboles despojados de sus hojas y cubiertos de nieve.
Caminaron junto a
una desvencijada valla, siguiendo un pequeño sendero en la nieve
trazado por un perro que al parecer lo había recorrido poco antes
que ellos...
Sara no caminaba
casi nunca por ese sendero en invierno. Quedaba lejos del camino que
solía recorrer de regreso a su casa después de clase. No obstante,
en verano Sara pasaba muchos ratos agradables en ese lugar. La niña
siguió avanzando, observando todos los rincones que le resultaban
familiares, alegrándose de recorrer de nuevo su sendero. Lo mejor de
este sendero, pensó Sara, es que suele estar desierto. No pasan
coches, ni vecinos... Es un sendero muy tranquilo. Debería de venir
por aquí más a menudo.
-¡Salomón! -gritó
Jason. Sara se sobresaltó, pues no esperaba oírle gritar.
-No le llames a
gritos, Jason. Si Salomón está aquí y te oye dar estas voces, se
esfumará.
-Seguro que está
aquí. Ya te he dicho que vive en este lugar. Si se hubiera marchado,
le habríamos visto. ¡Es enorme, Sara, de veras!
Sara y Jason se
adentraron en el bosquecillo, pasando por debajo de una oxidada
alambrada, un vestigio de la vieja y desvencijada valla. Avanzaron
lentamente, tentando el camino, pues no sabían 10 que podía estar
sepultado bajo la gruesa capa de nieve que les llegaba a las
rodillas. 
-Tengo frío,
Jason.
-Ya falta poco,
Sara. No te rindas ahora, por favor.
Sara accedió a
seguir adelante, más por curiosidad que debido a la insistencia de
Jason.
-De acuerdo,
cinco minutos MÁS -gritó Sara al hundirse hasta la cintura en una
acequia que estaba oculta debajo de la espesa nieve. La fría y
mojada nieve se filtró a través del abrigo Y la blusa de Sara,
humedeciéndole la piel
¡Yo me vuelvo a
casa, Jason!
Jason se sentía
decepcionado de no haber dado con Salomón, pero la irritación de
Sara le compensaba de ese chasco. Pocas cosas le complacían más que
ver a su hermana furiosa. El chico soltó la carcajada al ver a Sara
quitarse la gélida y húmeda nieve de debajo de la ropa.
-¿Te parece
divertido, Jason? ¡Seguro que te has inventado la historia de
Salomón para que me quedara empapada y cogiera una rabieta!
No pudiendo
evitar la risa, Jason echó a correr dejando atrás a Sara. Por más
que le divertía enfurecerla, sabía por experiencia que era
preferible guardar una distancia prudencial.