Llama Violeta

Llama Violeta


 

 
 
 
 
 

El libro de Sara

Segunda Parte

La feliz y eterna relación de Sara y Salomón en el más allá

CAPÍTULO VEINTICINCO

Esther y Jerry Hicks

 

CAPÍTULO VEINTICINCO

-¿Estás enfadado con Jason y Billy por haber disparado contra ti, Salomón?

¿'Por qué me lo preguntas, Sara? ¿Quieres que esté enfadado con ellos?

 
   

-¡Pero ellos te tirotearon! -contestó Sara asombrada. ¿Cómo era posible que Salomón no comprendiera su pregunta, y cómo era posible que no estuviera enfadado con ellos por haber hecho algo tan horrible?

No, Sara. Cuando pienso en Jason y Billy les aprecio por haberme llevado hasta ti.

-¿Pero no crees que el hecho de que dispararan Contra ti es más importante que eso?

Lo único importante es que me siento bien, Sara. No puedo sentir ira contra Jason y al mismo tiempo sentirme bien.

 

Lo más importante es que mantenga mi válvula abierta, Sara, para poder elegir siempre unos pensamientos que hagan que me sienta bien.

-Espera un momento, Salomón. ¿Pretendes decir que por mala que sea una persona, y por horribles que sean las cosas que haga, no piensas en esas cosas? ¿Qué nadie comete nunca un acto tan horrible como para que tú te enfades con esa persona?

Obran de buena fe, Sara.

 

-¡Venga ya! ¡Ellos te tirotearon! ¿Es que ni siquiera el hecho de que quisieran matarte te parece lo suficientemente grave?

Permite que te haga unas preguntas, Sara. ¿Crees que si me enfadara con Jason y Billy por haber disparado contra mí dejarían de disparar contra otros animales?

Sara calló. No creía que el enojo de Salomón influyera en Jason y Billy. Ella se había enojado con ellos multitud de veces por disparar contra animales, pero no había conseguido nada.

-No, Salomón. Supongo que no. ¿Crees que mi enojo serviría de algo? Sara reflexionó también sobre eso.

Si me enojara con ellos, quizá pensaras que tu ira estaba justificada, pero lo único que yo conseguiría es unirme a tu cadena de dolor, lo cual no me beneficiaría en absoluto.

-Pero Salomón -protestó la niña-, creo que...

Sara, le interrumpió Salomón, podríamos pasarnos todo el día y toda la noche hablando sobre qué actos son justos y qué actos son injustos. Podrías pasarte el resto de tu vida tratando de descifrar qué conductas son correctas o incorrectas, y en qué circunstancias son correctas o incorrectas. Pero yo he comprobado que todo el tiempo, incluso estos momentos, que dedicamos a tratar de justificar el que nos sintamos mal, es una pérdida de tiempo. Y también he comprobado que cuanto antes consigo alcanzar ese punto en el que me siento bien, más satisfecho me siento de mi vida y más cosas positivas puedo ofrecer a los demás.

Así pues, a través de muchos años de vida y experiencias, he llegado a la conclusión de que puedo elegir unos pensamientos que cierren mi válvula o unos pensamientos que la abran, pero en cualquier caso se trata de una elección que sólo depende de mí. Por consiguiente, hace tiempo que dejé de culpar a Jason y a Billy por lo ocurrido, porque no me beneficia ni a mí ni a ellos.

Sara guardó silencio. Tenía que meditar sobre lo que acababa de decide Salomón. Había decidido que jamás perdonaría a Jason por la atrocidad que había cometido, pero Salomón se negaba a compartir con ella ese sentimiento de condena contra Jason.

Recuerda, Sara, que si dejas que las circunstancias que te rodean controlen la forma en que te sientes, siempre estarás atrapada. Pero cuando seas capaz de controlar la forma en que te sientes -porque también controlas tus pensamientos - te sentirás auténticamente liberada.

Sara recordó que Salomón le había dicho en cierta ocasión algo parecido, pero entonces no se enfrentaban a un hecho tan espantoso. Esto era demasiado grave como para que

En este ancho mundo, en el que millones de personas sostienen diversos criterios sobre lo que está bien y lo que está mal, con frecuencia presenciarás conductas que te parecerán impropias. ¿Vas a exigir que todas esas personas cambien de forma de pensar

y de obrar sólo para complacerte? ¿Es eso lo que querrías hacer, suponiendo que pudieras?

La idea de que todo el mundo se comportara de forma que la complaciera atraía a Sara en cierto modo, pero en el fondo sabía que era imposible.

-Supongo que no.

¿Entonces qué alternativa te queda? ¿Ocultarte en un rincón para evitar presenciar conductas que puedan disgustarte, convertirte en una prisionera en este maravilloso mundo?

Esa opción no le apetecía nada, pero Sara reconoció ciertos vestigios de esa conducta en un pasado no muy lejano, cuando solía apartarse, mentalmente, de los demás, replegándose en sí misma y manteniendo a todos, o casi todos, alejados de ella.

No eran unos tiempos felices, recordó Sara.

Cuando consigas mantener abierta tu válvula experimentarás una profunda alegría, Sara. Cuando seas capaz de reconocer que millones de personas eligen cosas distintas, sostienen opiniones distintas, tienen distintos deseos, se comportan de forma distinta, y cuando comprendas que esto contribuye a crear un todo más perfecto, que nada de ello representa una amenaza para ti -porque lo único que te afecta es lo que hagas con tu válvula - conseguirás vivir feliz y en libertad.

-Pero, Salomón, Jason y Bil1y hicieron algo más que amenazarte. Te tirotearon.

¡Te mataron!

De modo que aún no has superado eso, Sara. ¿Pero no ves que no estoy muerto?

Estoy vivo y coleando. ¿Acaso creías que yo deseaba vivir eternamente dentro del viejo y achacoso cuerpo de un búho?

Sara comprendió que Salomón le estaba tomando el pelo, porque no parecía ni viejo ni achacoso.

Sentí una gran alegría cuando me desembaracé de ese cuerpo físico, sabiendo que siempre que lo deseara podía derramar mi energía sobre otro más joven, más fuerte, más ágil. -¿Pretendes decir que querías que Jason y Billy te tirotearan?

Se trata de una cocreación, Sara. Por eso dejé que me vieran. Para que cocrearan esta importante experiencia. N o sólo por mí, sino también por ti, Sara.

Sara se sentía tan abrumada por todo lo ocurrido desde la muerte de Salomón que no había tenido tiempo de reflexionar sobre cómo habían logrado Jason y Bil1y dar con él.

Lo importante, Sara, es que comprendas en primer lugar que todo va bien, al margen de cómo lo veas desde tu perspectiva física. Y segundo, que cada vez que abras tu válvula, sólo te ocurrirán cosas buenas.

Procura apreciar a Jason y a Billy, como yo les aprecio. Te sentirás mucho mejor.

¡Ni en un millón de años! , pensó Sara, sonriendo ante esa reacción negativa.

-Pensaré en ello, porque tú me lo pides. Pero esto es muy diferente de 10 que yo solía pensar. Siempre había oído decir que cuando alguien hace algo malo, debe ser castigado por ello.

El problema con esa forma de pensar, Sara, es que las personas no conseguís poneros de acuerdo sobre lo que está bien y lo que está mal. La mayoría creéis tener razón, por tanto los otros deben de estar equivocados. Los seres físicos llevan muchos años matándose unos a otros, discutiendo precisamente sobre esa cuestión. Pero pese a las innumerables guerras y asesinatos que se han producido en tu planeta a lo largo de los años, no habéis logrado poneros de acuerdo. Sería preferible que prestarais atención a vuestras válvulas. La vida sería infinitamente más agradable.

-¿Crees que las personas aprenderán a mantener abiertas sus válvulas? ¿Crees que todo el mundo aprenderá a hacerla? -preguntó Sara, impresionada por la magnitud de esa empresa.

Eso no importa, Sara. Lo único que importa es que aprendas a hacerla tú.

Eso no parecía muy difícil.

-De acuerdo, Salomón, seguiré practicando. Buenas noches, Sara. He disfrutado mucho con nuestra conversación.

-Yo también, Salomón. Buenas noches.