Llama Violeta

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El libro de Sara

Primera Parte

Sara y la amistad eterna entre aves del mismo plumaje

CAPÍTULO VEINTIUNO

Esther y Jerry Hicks

 

CAPÍTULO VEINTIUNO 

Las cosas mejoraban a pasos agigantados. Cada día ofrecía muchas más cosas buenas que malas.

Me alegro de haber encontrado a Salomón. O de que Salomón me haya encontrado a mí, pensó Sara a su regreso de la escuela un día en que no había ocurrido ningún incidente negativo. Mi vida ha mejorado mucho.

 
   

Sara se detuvo sobre el puente de la calle Mayor para apoyarse en la barandilla y  contemplar el caudaloso río, sonriendo satisfecha. Se sentía feliz. Aquel día todo iba como la seda en el mundo de Sara.

Al oír unos gritos infantiles, Sara alzó la cabeza y vio a Jason y a Billy corriendo como jamás les había visto correr. Cuando pasaron frente a ella como una exhalación, Sara dedujo que no habían reparado en su presencia. Pasaron corriendo a toda velocidad frente a Hoyt's Store, sujetándose sus gorras.

Corrían de una forma tan cómica, que Sara se echó a reír. Tenían un aspecto ridículo, corriendo a una velocidad tan impresionante que tenían que sujetarse las gorras para no perderlas. Esos dos siempre tratan de romper la barrera del sonido, pensó Sara sonriendo, pero notó que ya no la irritaban como antes.

 

En realidad Jason y Billy no habían cambiado, pero ya no conseguían enfurecerla. Al menos, no tanto como antes.

Sara saludó con la mano al señor Matson, que como de costumbre tenía la cabeza debajo del capó del coche de un cliente, tras lo cual siguió caminando hacia el bosquecillo de Salomón.

-¡Qué día tan espléndido! -exclamó Sara en voz alta, alzando la vista para contemplar el hermoso cielo azul de la tarde y aspirar el aire puro primaveral.

Sara solía sentirse más animada cuando se fundía la última nieve del invierno y empezaban a asomar la hierba y las flores de la primavera. El invierno era muy largo en ese lugar, pero no era la desaparición del invierno lo que animaba a Sara, sino el hecho de que terminaran las clases. Los tres meses de libertad que se avecinaban eran motivo más que suficiente para que Sara se alegrara. Pero sabía que su alegría no tenía que ver con el hecho de que estuviera a punto de terminar el curso, sino con el descubrimiento de su válvula. Había aprendido a mantenerla abierta en cualquier circunstancia.

Me encanta sentirme libre, pensó Sara. Me encanta sentirme bien. Me encanta no temer nada...

-¡Ayyyy! -gritó de pronto, saltando para no tropezar con la serpiente más gigantesca que jamás había visto, la cual estaba extendida cuan larga era, y era larguísima, en el camino. Tras aterrizar en el suelo, Sara echó correr como alma vendida al viento, sin detenerse un instante hasta cerciorarse de haber dejado bien atrás a la serpiente.

»Quizá no sea tan valiente como creía -dijo Sara, riéndose de sí misma. Luego rompió a reír a carcajadas al comprender el motivo que había puesto en fuga a Jason ya Billy y sus pocas ganas de detenerse para cincharla.

Cuando llegó al bosquecillo de Salomón, aún se reía.

Salomón esperaba a Sara ilusionado y pacientemente. Te veo hoy muy alegre, Sara.

-¡Últimamente me ocurren unas cosas muy extrañas, Salomón! Justo cuando empezaba a pensar que comprendía una cosa, ocurría algo que me demostraba que no entendía nada. Había empezado a pensar que era muy valiente, que nada me asustaba, pero ha ocurrido algo que me ha dado un susto de muerte. ¡Qué raro es todo esto, Salomón!

No pareces muerta de miedo, Sara.

-Bueno, quizá haya exagerado un poco, porque, como puedes ver, no estoy muerta...

Me refería a que no pareces asustada. Te veo muy alegre y risueña.

-Ahora me río, pero cuando me topé con una serpiente gigantesca en el camino, dispuesta a morderme, no me reí en absoluto. Pensaba en lo valiente e intrépida que me he vuelto, cuando de pronto sentí pánico y eché a correr como si me persiguiera el diablo.

Entiendo, respondió Salomón. No seas demasiado dura contigo misma, Sara. Es muy normal reaccionar de esa forma cuando te enfrentas a una circunstancia que te desagrada. No es tu reacción inicial a algo lo que marca el tono de tu vibración, ni de tu punto de atracción, lo que influye de modo decisivo es lo que hagas más tarde.

-¿Qué quieres decir?

¿Por qué crees que te asustaste al ver la serpiente? -¡Pues porque era una serpiente, Salomón! ¡Esos bichos me horripilan! Te muerden y hacen que te pongas enferma, hasta pueden matarte. Algunas se enroscan alrededor de tu cuerpo y te asfixian -declaró Sara, muy ufana, recordando los detalles de un horripilante documental sobre la naturaleza que había visto en la escuela.

Sara se detuvo para recuperar el resuello y tratar de calmarse. Sus ojos centelleaban y el corazón le latía con violencia.

¿Crees que estas palabras que has pronunciado hacen que te sientas mejor o peor, Sara?

La niña reflexionó unos momentos antes de responder. Estaba tan excitada y ansiosa de explicar el efecto que le producían las serpientes, que no se había parado a pensar en cómo le afectaban sus palabras.

A eso me refería cuando dije que lo más importante es lo que hagas más tarde, Sara. Mientras hablas sin parar sobre esa y otras serpientes y todas las cosas horribles que pueden hacerte, permaneces en una vibración negativa, lo cual indica que es muy probable que atraigas otras experiencias desagradables relacionadas con serpientes.

_ ¿Pero qué puedo hacer, Salomón? ¡Si hubieras visto a esa serpiente gigantesca! Por poco tropiezo con ella. Cualquiera sabe lo que me habría hecho... y dale. Sigues imaginando, Y manteniendo como tu imagen de pensamiento, algo que no deseas.

Sara guardó silencio. Sabía a qué se refería Salomón, pero no sabía qué hacer al respecto. La serpiente era tan enorme, la había tenido tan cerca Y le había dado tanto miedo, que no podía plantearse el asunto de otro modo.

-De acuerdo, Salomón, dime qué habrías hecho tú si fueras una niña y por poco pisas una serpiente gigantesca.

En primer lugar, Sara, ten presente que tu objetivo, ante todo, es hallar un punto en el que te sientas mejor. Si te concentras en otro objetivo, te desviarás del camino que debes seguir. Si tratas de adivinar dónde se ocultan todas las serpientes, te sentirás peor.

Si te propones mantenerte ojo avizor para no volver a tropezarte con otra serpiente, te sentirás agobiada. Si tratas de aprender a identificar a todas las serpientes, para clasificar/as como buenas o malas, te sentirás abrumada ante una tarea tan ingente. Si tratas de analizar las circunstancias, sólo conseguirás sentirte peor. Tu único objetivo es tratar de enfocar este asunto de forma que te sientas mejor de lo que te sentías cuando pegaste un salto y echaste a correr para huir de la serpiente.

-¿Y qué debo hacer, Salomón?

Repetirte algo como: «Esta gigantesca serpiente está tumbada al sol. Se alegra de que el invierno haya terminado, y le gusta tomar el sol, lo mismo que a mí».

-Pero eso no hace que me sienta mejor.

Entonces repite: «Esta gigantesca serpiente no siente el menor interés por mí. Ni siquiera alzó la vista cuando pasé coarriendo junto a ella. Tiene otras cosas que hacer que dedicarse a morder a las niñas».

-Eso sí hace que me sienta mejor. ¿Qué más? «Siempre ando con cautela, continuó Salomón. Menos mal que vi a la serpiente, o intuí su presencia y salté sobre ella para no importunarla. La serpiente habría hecho lo mismo para no tropezar conmigo. »

-¿Tú crees que eso es lo que habría hecho la serpiente, Salomón? ¿Cómo lo sabes?

Hay multitud de serpientes a tu alrededor, Sara. Habitan en el río, entre la hierba que Pisas. Cuando pasas junto a ellas, se apartan de tu camino. Saben que hay espacio suficiente para todos. Conocen el equilibrio perfecto de tu planeta físico. Ellas también mantienen sus válvulas abiertas, Sara.

-¿Las serpientes tienen unas válvulas?

Por supuesto. Todos los animales de tu planeta tienen válvulas. Y por lo general las mantienen abiertas.

-Hummm -murmuró Sara, sintiéndose mucho mejor.

¿Ves cómo te sientes más animada? Nada ha cambiado.

La serpiente sigue tumbada en el lugar donde la viste. Las circunstancias no han cambiado. Lo que ha cambiado es la forma en que te sientes.

Sara comprendió que Salomón estaba en lo cierto. A partir de ahora, cuando pienses en serpientes, sentirás una emoción positiva. Se abrirá tu válvula, y las suyas también. Y seguiréis viviendo en armonía.

Los ojos de Sara brillaban de satisfacción al captar el significado de las palabras del búho.

-De acuerdo, Salomón. Tengo que irme. Te veré mañana.

Salomón sonrió cuando Sara echó a andar por el camino brincando de gozo. De pronto la niña se detuvo y preguntó sin volverse:

-¿Crees que volveré a tener miedo de las serpientes, Salomón?

Es posible, Sara. Pero si sientes miedo, ya sabes cómo eliminarlo.

-Es verdad -respondió Sara sonriendo.

Y con el tiempo, añadió Salomón, tu temor desaparecerá por completo. No sólo el que te inspiran las serpientes, sino todo lo demás.

Durante el camino de regreso a casa después de abandonar el bosquecillo, Sara contempló la nueva hierba primaveral y se preguntó cuántas serpientes se ocultarían allí.

Al principio se estremeció un poco ante la terrorífica perspectiva de que hubiera unas serpientes acechándola entre los matojos de los caminos que ella recorría, pero luego pensó en lo amables que eran por permanecer ocultas y apartarse de su camino.

 Les agradecía que no aparecieran de sopetón para asustada, como solían hacer Jason Y Billy. Sara sonrió mientras enfilaba el camino empedrado de su casa y entraba en el jardín. Se sentía fuerte y triunfante. Se alegraba de haber dejado sus temores atrás. Se sentía estupendamente.