En realidad,
Sara, con eso sólo se consigue añadir más maldad al mundo. Es como
unirse a la cadena de dolor de esas personas. Se sienten heridas,
luego te sientes herida tú y contribuyes a que otra persona se
sienta herida, y así sucesivamente.
-¿Pero quién ha
empezado esa cadena de dolor? No importa dónde haya empezado, Sara.
Lo importante es lo que tú hagas con ella cuando llegue a ti. ¿A qué
viene esto, Sara? ¿Qué te ha llevado a unirte a esta cadena de
dolor?
Profundamente
afligida, Sara habló a Salomón sobre el nuevo alumno, Donald, y lo
que le había ocurrido en su primer día de clase. Le habló de los
bravucones que nunca se cansaban de meterse con Donald. Contó a
Salomón el preocupante episodio que había ocurrido en el pasillo de
la escuela. Y mientras revivía esos incidentes, describiéndoselos a
Salomón,
Sara sintió que
la embargaba de nuevo una mezcla de dolor y rabia. Una lágrima le
rodó por la mejilla, que se enjugó rápidamente con el dorso de la
mano, irritada de que en lugar de mantener una agradable charla con
Salomón, como solía hacer, estuviera gimoteando y balbuciendo.
Ésta no era forma
de comportarse con Salomón.
Salomón guardó
silencio durante unos momentos mientras en la cabeza de Sara bullían
unos pensamientos dispersos e inconexos. Notó que Salomón la
observaba con sus grandes y amables ojos, pero no se sintió turbada.
Era como si Salomón la indujera a desahogarse.
Al menos sé lo
que no quiero, pensó Sara. No quiero sentirme así. Y menos cuando
hablo con Salomón.
Esto está muy
bien, Sara. Acabas de dar, conscientemente, el primer paso para
poner fin a esa cadena de dolor. Has reconocido conscientemente lo
que no deseas.
-¿Yeso es bueno?
-inquirió Sara-o A mí no me lo parece.
Porque sólo has
dado el primer paso, Sara. Tienes que dar tres más.
-¿Cuál es el
siguiente paso, Salomón?
No es difícil
comprender lo que uno no desea. ¿Estás de acuerdo con eso, Sara?
-Sí. Es decir, en
la mayoría de los casos lo sé. ¿Cómo sabes que piensas sobre lo que
no deseas? -No sé, lo noto.
Lo sabes por la
forma en que te sientes, Sara. Cuando Piensas, o hablas, sobre lo
que no deseas, siempre sientes una emoción negativa. Sientes ira,
decepción, vergüenza, remordimientos O temor. Cuando Piensas en lo
que no deseas siempre te sientes mal.
Sara reflexionó
sobre los últimos días, durante los cuales había experimentado una
mayor carga de emociones negativas que de costumbre.
-Tienes razón,
Salomón -contestó-o Esta semana, al ver cómo esos chicos se metían
con el pobre Donald, he sentido más emociones negativas. Estaba muy
contenta de haberte conocido, Salomón, pero luego me puse furiosa al
ver cómo se burlaban de Donald. Ahora comprendo que la forma en que
me siento tiene que ver con lo que pienso.
Muy bien, Sara.
Ahora hablemos del segundo paso. Cada vez que te das cuenta de lo
que no deseas, ¿te resulta fácil comprender lo que sí deseas?
-Bueno... -Sara
se detuvo, tratando de descifrarlo, pero no lo tenía claro.
Cuando te sientes
mal, ('qué es lo que deseas? -Sentirme bien -respondió Sara sin
titubeos. Cuando no tienes suficiente dinero para comprarte algo que
te apetece, ¿qué deseas?
-Tener más dinero
-contestó Sara.
Éste es el
segundo paso para romper la cadena de dolor. El primer paso consiste
en reconocer lo que no deseas. El segundo, comprender lo que sí
deseas.
-Es muy fácil
-comentó Sara, que empezaba a sentirse más animada.
El tercer paso es
el más importante, Sara, aunque la mayoría de las personas lo
omiten. Consiste en lo siguiente: después de haber identificado lo
que deseas, tienes que sentir/o como si fuera real. Tienes que
hablar sobre por qué lo deseas, describir cómo te sentirías si lo
consiguieras, explicarlo, fingir que lo has conseguido o recordar
alguna ocasión parecida... Seguir pensando en ello hasta hallar un
punto donde lo sientas.
Seguir hablando
contigo misma sobre lo que deseas hasta que te sientas bien.
Al escuchar a
Salomón animándola a dedicar tiempo a imaginar cosas, Sara no daba
crédito a sus oídos. Más de una vez había tenido serios problemas
por ese motivo.
Salomón le decía
justamente lo contrario de lo que le decían sus maestros en la
escuela.
Pero Sara
confiaba en Salomón. y estaba más que dispuesta a probar un nuevo
sistema, ya que el de los otros era evidente que no funcionaba.
-¿Por qué el
tercer paso es el más importante, Salomón? Porque hasta que no
cambies de talante, no habrá cambiado nada. Seguirás formando parte
de la cadena de dolor. Pero cuando cambies de talante, pasarás a
formar parte de una cadena muy distinta. Te habrás unido a la cadena
de Salomón, por así decir.
-¿Cómo llamas a
tu cadena, Salomón?
No la llamo de
ninguna manera. Se trata de sentirla.
Pero tú puedes
llamarla la cadena de la alegría, o la cadena del bienestar. La
cadena de sentirse bien. Es la cadena natural. Es nuestra auténtica
naturaleza.
-Si es tan
natural, si es nuestra auténtica naturaleza, ¿por qué la mayoría de
nosotros casi nunca nos sentimos bien?
Las personas
desean sentirse bien, y la mayoría de las personas desean,
sinceramente, ser buenas. Yeso representa una parte importante del
problema.
-¿A qué te
refieres? ¿Cómo es posible que el hecho de querer ser bueno
represente un problema?
Verás, Sara, las
personas desean ser buenas, de modo que miran a su alrededor, para
ver cómo viven los demás, para comprender en qué consiste la bondad
Observan las circunstancias que les rodean, ven cosas que les
parecen buenas y otras que les parecen malas.
-¿Y eso es malo?
No veo qué tiene de malo.
He comprobado
que, por lo general, mientras las personas observan las
circunstancias que les rodean, buenas y malas, no reparan en cómo se
sienten. Y ahí está el fallo. En lugar de reparar en cómo les afecta
lo que ven, en su búsqueda de la bondad, se empeñan en buscar lo
malo y eliminarlo. El problema, Sara, es que mientras se esfuerzan
en eliminar lo malo, forman parte de la cadena de dolor. A las
personas les preocupa más observar, analizar y comparar las
circunstancias que reparar en cómo se sienten. Con frecuencia son
las circunstancias las que las arrastran a la cadena de dolor.
Piensa en lo
ocurrido durante los últimos días, e intenta recordar los
sentimientos más intensos que has experimentado. ¿Qué ocurrió cuando
te sentiste mal esta semana, Sara?
-Me sentí fatal
al ver cómo Tommy y Lynn se burlaban de Donald. Me sentí fatal
cuando los chicos se rieron de Donald en clase, pero lo que me sentó
peor fue que Donald se enfadara conmigo. Sólo trataba de ayudarle,
Salomón.
Muy bien, Sara.
Hablemos de esto. Durante esos momentos en que te sentiste fatal,
¿qué hacías?
-No lo sé,
Salomón. En realidad no hacía nada.
Observaba, nada
más.
Exactamente,
Sara. Observabas las circunstancias, pero las circunstancias que
elegiste observar te llevaron a formar parte de la cadena de dolor.
-Pero Salomón
-protestó Sara-, ¿cómo puedo evitar ver algo malo y no sentirme mal
al vedo?
Es una excelente
pregunta, Sara, y te prometo que a su debido tiempo la responderé.
Sé que no es fácil comprender de golpe todo esto. El motivo de que
te cueste comprenderlo se debe, en primer lugar, a que las personas
estáis acostumbradas a observar las circunstancias, pero no a
prestar atención a vuestros sentimientos mientras las observáis, de
modo que las circunstancias controlan vuestras vidas. Si observáis
algo bueno, reaccionáis sintiéndoos bien, y si observáis algo malo,
reaccionáis sintiéndoos mal. Cuando las circunstancias controlan
vuestras vidas, la mayoría de vosotros os sentís frustrados, lo cual
hace que muchas personas sigan formando parte de la cadena de dolor.
-¿Cómo puedo
evitar caer en la cadena de dolor, para ayudar a otra persona a
salir si cae en ella?
Hay muchas formas
de conseguir/o, Sara. Pero mi sistema favorito, el que funciona más
rápido para todos, consiste en cultivar pensamientos de aprecio. 
-¿Aprecio?
Sí, Sara,
concentrarse en algo, o alguien, y cultivar unos pensamientos que te
hagan sentirte maravillosamente. Apreciar tanto como puedas esas
personas u objetos. Es la mejor forma de unirse a la cadena de la
alegría.
Recuerda, ¿el
primer paso consiste en?
-Saber lo que no
quiero -contestó Sara, orgullosa de haber dado en el clavo.
¿Y el segundo
paso?
-En saber lo que
quiero.
Sara y la amistad
eterna...
Muy bien, Sara.
¿El tercer paso consiste en...?
-Ay, Salomón, lo
he olvidado -se lamentó Sara, furiosa consigo misma por ser tan
desmemoriada.
El tercer paso
consiste en hallar ese punto en el que sientes lo que deseas. Hablar
sobre lo que deseas hasta que sientas que lo has obtenido.
-No me has dicho
en qué consiste el cuarto paso, Salomón -le recordó Sara muy
excitada.
El cuarto paso es
el mejor de todos. Sara. Consiste en conseguir lo que deseas.
El cuarto paso es
la manifestación física de tu deseo.
Diviértete con
esto, Sara. No te esfuerces demasiado en recordar todo lo que te he
explicado. Practica el aprecio. Ésa es la clave. Ahora más vale que
te vayas. Mañana seguiremos charlando del tema.
Aprecio, pensó
Sara. Trataré de pensar en lo que aprecio.
La primera imagen
que acudió a su mente fue Jason, su hermano menor. Jolín, que
difícil es esto, pensó Sara mientras abandonaba el bosquecillo de
Salomón.
¡Empieza por algo
sencillo!, le recomendó Salomón al tiempo que alzaba el vuelo.
