NUESTRO CAMINO HACIA LA
EXPERIENCIA DE ABRAHAM
Libro la
ley de atraccion- Eshter y Jerry Hicks
Introducción
Por Jerry Hicks
Hemos escrito
este libro para introduciros a las Leyes Universales y los
procesos prácticos que os guiarán claramente hacia el
Bienestar. Leer este libro os proporcionará la experiencia
única y positiva de escuchar respuestas concisas y cargadas
de fuerza a las preguntas que os habéis hecho durante toda
la vida.
La utilización
correcta de esta filosofía de espiritualidad práctica basada
en la felicidad también os servirá para guiar a otros a fin
de que puedan vivir una vida perfecta según su criterio.
Muchas personas
me han dicho que en muchos aspectos han visto reflejadas sus
preguntas en las mías.
De modo que, mientras experimentáis
la claridad y la lucidez de las respuestas de Abraham, es
probable que no sólo empecéis a sentir una auténtica
satisfacción por haber hallado respuesta a vuestras antiguas
preguntas, sino que descubriréis, tal como nos ha sucedido a
Esther y a mí, un renovado entusiasmo por la experiencia de
vuestra propia vida. Y mientras desde vuestra nueva visión
empezáis a aplicar los procesos prácticos que os ofrecemos
aquí, os daréis cuenta de que podéis crear deliberadamente
todo lo que deseéis hacer, ser o tener.
Que yo recuerde,
mi vida siempre me ha generado un torrente inagotable de
preguntas para las que nunca hallaba respuestas
satisfactorias, por lo que deseaba fervientemente des-cubrir una filosofía de la vida que se basara en una
verdad absoluta. Pero cuando Abracan], entro en nuestras
vidas __ revelándonos a Esther y a mí su explicación de las
poderosas Leyes del Universo, junto con los eficaces
procesos que nos ayudaron a que la ideología y la teoría se
convirtieran en resultados prác-ticos—, me di cuenta de que
todos los libros, los maestros y las experiencias de mi vida
habían sido los pasos perfectos para llegar a descubrir a
Abraham.
Me complace
pensar en la oportunidad que ahora tenéis, al leer este
libro, de descubrir por vosotros mismos el valor de las
enseñanzas que está ofreciendo Abraham, porque yo sé cuánto
nos han aportado a nuestras vidas. También soy consciente de
que ahora no lo tendríais en vuestras manos si la vida no os
hubiera preparado para ello (al igual que a mí me preparó la
vida) para recibir esta información.
Espero con
entusiasmo que os sumerjáis en su lectura y descubráis las
sencillas y poderosas Leyes y procesos prácticos que enseña
Abraham para que podáis atraer deliberadamente a vuestra
experiencia todo lo que deseáis y podáis eliminar todo lo
indeseado.
Un sinfín
de grupos religiosos
Mis padres no
eran religiosos, por eso no puedo entender por qué yo sentía
semejante compulsión por encontrar una Iglesia, pero siempre
la sentí con mucha fuerza en mi interior. Quizás era un
intento de llenar ese gran vacío que sentía dentro de mí o
porque había muchas personas a mi alrededor que intentaban
demostrarme su fervor religioso y su certeza de que estaban
en posesión de la verdad.
Durante mis
primeros 14 años viví en 18 casas y en seis estados, así que
tuve la oportunidad de valorar una gran variedad de
filosofías. Sea como fuere, iba sistemáticamente a una
Iglesia u otra, esperando cada vez de todo corazón que tras
sus puertas encontraría lo que estaba buscando. Pero a
medida que iba conociendo grupos religiosos, mi decepción
aumentaba cuando reivindicaban su verdad, a la vez que
afirmaban que los otros estaban equivocados. En estos
entornos, mi corazón se iba hundiendo cada vez más y sabía
que no hallaría las respuestas que estaba buscando. (Cuando
descubrí las enseñanzas de Abraham, entendí las aparentes
contradicciones filosóficas y aprendí a no tener
sentimientos negativos respecto a las mismas.) Así continuó
mi búsqueda de respuestas.
Un tablero
de ouija deletrea el alfabeto
Aunque nunca
había tenido ninguna experiencia personal con un tablero de
ouija, he de reconocer que tenía una opinión muy negativa
del mismo. En el mejor de los casos pensaba que era sólo un
juego, y en el peor, una broma. En 1959, cuando unos amigos
de Spokane, Washington, me sugirieron jugar con el tablero,
inmediatamente desestimé la idea por considerarla ridicula.
Pero cuando mis amigos insistieron y me introdujeron a mi
primera experiencia con la ouija, me di cuenta de que estaba
sucediendo un verdadero fenómeno.
Por consiguiente,
como todavía estaba buscando respuestas para mi larga lista
de preguntas, le pregunté al tablero: «¿Cómo puedo mejorar
realmente?» Al principio y con una velocidad sorprendente,
deletreó el alfabeto y luego la tablilla indicó L-E-E.
«¿Leer qué?»,
pregunté. Deletreó L-I-B-R-O-S. Y cuando pregunté,
«¿Qué libros?», volvió a deletrear (una vez más a toda
velocidad): ANYANDALLBYALBERTSCHWEITZER
[Todos los libros
de Albert Schweitzer]. Mis amigos no habían oído hablar de
Albert Schweitzer, y aunque yo sabía muy poco de él, como
mínimo despertó mi curiosidad, así que opté por saber más de
este hombre que acababa de entrar en mi mente consciente de
esta forma tan espectacular.
En la primera
biblioteca que entré vi una gran selección de libros
escritos por Albert Schweitzer y los fui leyendo todos
sistemáticamente. Y aunque no pude descubrir ninguna respues-ta
específica para mi larga lista de preguntas, el libro
Investigación sobre la vida de Jesús abrió mi mente de una
manera muy especial a la idea de que había muchas más formas
de ver las cosas de las que yo había estado dispuesto a
aceptar.
Mi entusiasmo por
lo que esperaba que fuera una ventana hacia la iluminación y
la respuesta a mis preguntas acabó desvaneciéndose cuando no
encontré la iluminación ni las res-puestas a mis preguntas a
través del tablero, pero no cabe duda de que me ayudó a
darme cuenta de que había una vía de comunicación
inteligente que jamás había creído que mera posible antes de
experimentarla por mí mismo.
La ouija nunca me
funcionó cuando la utilizaba para mí, pero hice cientos de
pruebas con otras personas en mis viajes cuando me dedicaba
al mundo del espectáculo y encontré a tres personas a las
que les fue muy bien. Con unos amigos de Portíand, Oregón (a
quienes les funcionó), «hablamos» durante cientos de horas
con lo que pensábamos que eran Seres No Físicos. ¡Todo un
grupo de piratas, sacerdotes, políticos y rabinos
conversaron con nosotros! Eran como las conversaciones
fascinantes que puedes entablar en una fiesta, con personas
que tienen actividades, actitudes e intelectos muy variados.
He de decir que
no aprendí nada de valor con la ouija que pudiera aplicar en
mi vida —o que quisiera enseñar a alguien—, así que un día
sencillamente la tiré y ése fue el fin de mi interés o de mi
actividad con ella. Sin embargo, esta notable experiencia
—especialmente con la Inteligencia que me animó a leer
libros— no sólo me despertó el conocimiento de que «ahí
fuera» había mucho más de lo que yo podía entender, sino que
me provocó un afán aún mayor de buscar res-puestas. Llegué a
entender que era posible conectar con una Inteligencia que
tuviera respuestas prácticas a las preguntas sobre el
funcionamiento del Universo, la razón por la que estamos
aquí, cómo podemos vivir más plenamente y cómo podemos
cumplir con los objetivos por los que estamos aquí.
Píense y
hágase rico
Quizá la primera
experiencia de encontrar respuestas prácticas para mi
creciente lista de preguntas me llegó cuando descubrí un
libro fascinante mientras estaba de gira actuando en una
serie de escuelas universitarias y universidades en 1965. El
libro estaba en una mesa de café del vestíbulo de un pequeño
hotel de carretera en algún lugar de Montana y recuerdo que
se me planteó una contradicción cuando lo cogí y leí el
título Piense y hágase rico, de Napoleón Hill.
Sólo el título
ya me resultaba desagradable, pues yo, al igual que muchas
otras personas, tenía unas ideas bastante rígidas respecto a
los ricos, quizá para justificar mi propia carencia de saber
adquirir recursos con facilidad. Había algo realmente
atrayente en ese libro, aunque, cuando sólo había leído 12
páginas, los pelos se me ponían de punta y sentía oleadas de
emoción que recorrían mi columna de arriba abajo.
Ahora entendemos
que estas sensaciones físico-viscerales son una prueba de
que estamos en el camino hacia algo de mucho valor, pero
incluso entonces sentía que ese libro había despertado en mí
el conocimiento de que mis pensamientos son importantes y
que mis experiencias en la vida de algún modo reflejan el
contenido de mis pensamientos. El libro era convincente e
interesante y me inspiró un deseo de intentar seguir las
sugerencias que ofrecía, y así lo hice.
Esas enseñanzas
me funcionaron tan bien que, de hecho, en muy poco tiempo
creé una empresa multinacional que me dio la oportunidad de
llegar a la vida de miles de personas de una manera muy
especial. Incluso empecé a enseñar los principios que estaba
aprendiendo. Pero aunque el libro de Napoleón Hill cambió mi
vida de forma radical, había muchas personas a las que
enseñaba cuyas vidas no mejoraban de forma tan espectacular
como la mía por más cursos que tomaran, de modo que
prosiguió mi búsqueda de respuestas más específicas.
Seth habla
sobre crear tu realidad
Aunque la
búsqueda de respuestas a mis preguntas de toda la vida
persistía y mi deseo de encontrar un modo de ayudar mejor a
los demás a conseguir sus metas era más intenso que antes,
me distraje temporalmente de todo eso por la nueva vida que
Esther y yo estábamos emprendiendo juntos en Phoenix,
Arizona. Nos casamos en 1980, al cabo de varios años de
conocernos nos dimos cuenta de que éramos inexplicablemente
compatibles. Éramos felices todos los días, exploramos
nuestra nueva ciudad, creamos nuestro nuevo hogar y
descubrimos nuestra nueva vida juntos. Aunque Esther no
compartía mi sed de respuestas, era una entusiasta de la
vida, siempre estaba feliz y era muy agradable estar con
ella.
Un día mientras
estaba en una biblioteca, vi un libro titulado Habla Seth de
Jane Roberts y me parece que antes de que pudiera sacarlo
del estante noté que se me volvían a erizar los cabellos y
esa emoción que recorría todo mi cuerpo. Pasé sus páginas
preguntándome qué podía contener que me provocara esa
respuesta emocional.
En todo el
tiempo que Esther y yo llevábamos juntos, sólo había un tema
conflictivo entre nosotros: ella no quería oír hablar de mis
experiencias con la ouija. Cada vez que contaba alguna que a
mí me parecía muy entretenida (al menos así lo consideraba
yo), Esther salía de la habitación. De pequeña le habían
enseñado que debía temer a todo aquello que no mera físico,
y puesto que no quería molestarla, dejé de contar esas
historias, al menos cuando ella estaba presente. Por lo
tanto no me extrañó que Esther tampoco quisiera oír hablar
de Habla Seth...
La autora, Jane
Roberts, entraba en una especie de trance y permitía que
Seth, una entidad No-Física, hablara a través de ella para
dictar una serie de libros sobre Seth que han tenido mucha
repercusión. Esas obras me parecieron estimulantes y
fascinantes y empecé a ver una forma de hallar respuestas a
mi larga lista de preguntas. Pero a Esther le daba miedo ese
libro. Su malestar se reflejó al momento en su rostro cuando
se enteró de cómo se había escrito y le impactó mucho la
fotografía de Jane en estado de trance hablando en nombre de
Seth que había en la contraportada.
«Puedes leer
este libro si quieres —me dijo—, pero por favor no lo lleves
al dormitorio.»
Siempre he creído
que se debía juzgar al árbol por sus frutos, por lo tanto
todo aquello en lo que tengo interés lo llevo a cabo
observando cómo me siento al respecto... y había muchas
cosas de Seth que me parecían correctas. Por eso a mí no me
importaba de dónde venían o cómo se presentaban. Resumiendo,
sentía que había encontrado una información valiosa que
podía utilizar y transmitir a otras personas a las que creía
que les beneficiaría. ¡Estaba entusiasmado!