Deseo hacer notar que aquellos Maestros que están en
los niveles de Luz, carecen a veces de equilibrio y de sabiduría
—porque el nivel de Luz los impulsa a dar—, y a veces se olvidan,
aquellos que dicen que son Maestros de Sabiduría, de que dar es
también compartir, y a veces se niegan a compartir.
Sucede que su tremendo apego a lo material les hace
ser reacios a compartir, por miedo a quedar opacados. Su ego les
hacer ser protagonistas, les hacer tener miedo a sentir, a abrir su
corazón.
De esa manera, evolucionan parcialmente. Eso mismo
sucede con la raza terrestre en general, donde algunos pocos ayudan
a los demás y donde tantos otros someten, manipulan o ignoran a la
gran mayoría.
Velmont: ¿Todos estos problemas en su planeta se han
solucionado?
Damianel: En su mayoría, sí. Pero aún tenemos
falencias. Vosotros estáis en el camino correcto, pero a veces es
como que siento el dolor por empatía, siento el dolor de la raza,
porque muy pocos han aprendido el camino, el camino hacia el
Absoluto, el camino de unión hacia aquel que llamáis Dios.
Muy pocos aprenden ese camino de elevación
espiritual. A otros no les interesa. Les interesa sólo crecer en
esta vida tan finita, tan pequeña, que es una vida ilusoria.
Después, cuando conocen la verdadera vida se arrepienten, pero luego
vuelven a encarnar y vuelven a cometer los mismos errores.
Velmont: En este momento, ¿su parte física está en su
planeta, Orión 4, o en una nave espacial?
Damianel: Está en mi planeta.
Velmont: ¿Su parte física sabe de esta comunicación?
Me refiero a si es consciente o inconsciente de ella.
Damianel: Sí, sabe. Yo vendría a ser el Yo Superior,
o Thetán, como también llaman ustedes a esta parte del espíritu, de
mi parte encarnada, que es un filósofo... Digo "soy" y no "somos"
porque mi parte encarnada y yo somos la misma entidad.
Lo que quiero tratar de decir es que me conmueve ese
gran dolor de ver que no hacen las cosas bien. No se dan cuenta, no
toman conciencia de lo pequeño que es vuestro planeta en la
inmensidad del Cosmos, y se está arruinando.
Están arruinando su foresta, están destruyendo la
vida, están saboteando las aguas, están destruyendo lo que
generalmente aquel soberbio llama “vida inferior”, y que es la vida
de amor de los animales que no se pueden expresar con palabras, pero
se pueden expresar con el lenguaje de los juegos cuando son
cachorros, con el alimentar la madre a sus crías. Ustedes lo
llamarán instinto, pero muchos humanos matan a sus semejantes y se
catalogan como “vida superior”.
¿Quién de ustedes se detiene a observar a veces a un
pequeño mamífero, a un roedor, y mirarlo frente a frente a los ojos
y ver esa mirada de amor, y a veces de temor?
Velmont: ¿Se puede conversar telepáticamente con un
ser así inferior?
Damianel: Generalmente el espíritu que está
encarnando en ese ser inferior es un espíritu de poca comprensión.
Velmont: ¿Y un delfín?
Damianel: Los delfines son espíritus muy elevados y
cabría la comunicación telepática con ellos, también con algunos
primates de su mundo... Hay otros sistemas estelares donde sus
planetas son un 90 % acuáticos. Tienen vida submarina.
Velmont: ¿Por ejemplo, Lemarén?
Damianel: Así es, allí hay vida submarina. En las
profundidades tienen su hábitat.
Velmont: ¿El monstruo de Loch Ness es una copia
holográfica de algún ser prehistórico como el plesiosaurio?
Damianel: ¿Copia holográfica? Si por holográfica
entienden una foto telegráfica en tercera dimensión de un
plesiosaurio de vuestra historia, entonces les confirmo que sí.
Quiero terminar de redondear este mensaje de amor...
El ser encarnado en general tiene que tomar con conciencia de que si
no cuida su flora, si no cuida su fauna, de que si no cuida su
hábitat, le queda realmente poco tiempo.
No estoy dando un mensaje alarmante —detesto los
mensajes alarmistas—no va a haber un final, sino un gran cambio, una
gran transformación a nivel consciencia... Pero cuidado,
generalmente hay grandes seudoprofetas de este fin de vuestro
milenio, que hablan de cataclismos...
Puede haber un posible cataclismo para mitad de
vuestro año 1999, en forma de pequeños asteroides, ya se ha dicho en
otros mensajes anteriores, pero no va a haber una destrucción
masiva, sino algunos impactos muy localizados, de algunas
poblaciones solamente. Incluso esto no es seguro, pues el meteoro
puede explotar en la atmósfera y los pequeños fragmentos restantes
pueden terminar desintegrándose sin causar daños graves
[1][4].
Pero sí se sabe, y a nosotros nos es dictado, que
para el 2100 de vuestra época cabe la posibilidad de una gran
catástrofe, al acercarse un gran asteroide a vuestra órbita. Vuestra
tecnología va a tener que estar lo suficientemente adelantada para
evitar el impacto.
Velmont: ¿Estamos hablando de que va a correr riesgos
nuestra civilización?
Damianel: Entiendo que para esa época ya van a estar
preparados para resolver posibles impactos...
De cualquier manera, sería importante que presten
atención a cosas más próximas y que les tocan a todos: por ejemplo,
vuestra economía está en manos de unos pocos y ellos no toman
conciencia de que sus hermanos están muriendo desfallecidos, por las
guerras, por el hambre. Cada uno ve por sí mismo.
Hay grandes fortunas que se dilapidan en armamentos,
en drogas. Se fomentan nuevas guerras, nuevos vicios a vuestros
adolescentes... ¡y después quieren contactarse!
Sí, tengo que reconocer que hay gente que investiga
para el bien, pero son los menos.
Hay países tan egocéntricos que han descubierto
vacunas para ese flagelo, ese tumor que ustedes llaman “cáncer” y no
lo dan a conocer en gran escala porque buscan comerciarla, así como
también hay vacunas contra lo que ustedes llaman SIDA, y también
buscan comerciarla, sacándole el máximo provecho económico en
detrimento de los enfermos.
Se calcula, porque nosotros nos hemos comunicado
telepáticamente con grandes científicos, tanto de Francia como de
Estados Unidos, que hay drogas que pueden bajar de 80.000 réplicas
virales por segundo a 80; mil veces pueden bajar la cantidad de
virus residuales en menos de 30 días terrestres en una persona
enferma. Y todavía no lo comercian para especular.
Esto se llama desaprensión, esto se llama desinterés
por el semejante, por el otro ser humano que sufre. Esto es todo lo
contrario de lo que enseñan los grandes Maestros, el interés por el
otro.
Velmont: Un segundo, por favor, que voy a pasarle el
micrófono a mi compañero Alejandro Agostinelli, que desea hacerles
algunas preguntas...
Agostinelli: Quería saber dónde está usted en este
momento.
Damianel: Me encuentro en Orión 4, en una
civilización que se basa en un sistema filosófico de amor, donde la
búsqueda del humano es por el otro humano o humanoide, según la
interpretación que le quieran dar los terrestres o terrenales, como
les decimos nosotros a ustedes.
Agostinelli: ¿Dónde está ubicado Orión 4?
Damianel: Está a muy pocos años luz de este sistema
solar; prácticamente somos vecinos a escala galáctica.
Agostinelli: ¿Cómo es el lugar donde está ahora?
Damianel: Es una habitación muy amplia, del color que
ustedes llaman blanco, estamos rodeados de plantas... Nosotros
amamos a las plantas, nos nutrimos con las plantas, nos energizamos
con las plantas...
Agostinelli: ¿Hay ventanas en la habitación?
Damianel: Sí, pero sin ningún aplique de lo que
ustedes llaman vidrio o material plástico. Simplemente es una
abertura al aire libre.
Agostinelli: ¿Qué se ve a través de la ventana?
Damianel: Se ve un pequeño lago, se ve un cielo de
color azul verdoso, se observan aves muchos más grandes que las que
hay en vuestro planeta.
Hay mucha paz, mucho amor, mucho silencio...
En este momento es como si estuviera físicamente con
ustedes. Quisiera abrazarlos a todos para absorber vuestra
depresión, para cambiar la angustia y la ansiedad que ustedes puedan
tener y transmitirles mi paz, mi amor, mi armonía, mi calidez. El
dolor se puede erradicar, pero sólo compartiendo y la única forma de
compartir es sufrir por el otro; hacerse cargo del otro, pensar que
el otro es “nosotros”. ¡Todos formamos la conciencia del Absoluto!
Estoy a disposición de ustedes para las preguntas que
deseen formular.
Agostinelli: ¿Vienen con frecuencia a nuestro
planeta? ¿Estados Unidos tienen en su poder naves extraterrestres?
Damianel: Así es. Venimos también no sólo astralmente
sino también en cuerpo físico y otro hermano nuestro, también de
Orión 4, llamado Tar, ha dicho en comunicaciones anteriores que
Estados Unidos tiene por lo menos 4 naves de seres no terrestres.
Agostinelli: ¿De dónde provienen esos
extraterrestres?
Damianel: Uno de ellos provienen de una raza muy
belicosa, similares a lo que ustedes llaman “langostas”; es una raza
que prácticamente es invencible, porque cubre sus naves con campos
de energía, que ningún misil terrestre podía atravesar.
Pero por un accidente interno, hace aproximadamente
50 años de vuestra medida del tiempo, ha caído en Estados Unidos una
nave espacial cuyos tripulantes eran esos seres langosta y los
científicos de este país han logrado descifrar y penetrar en los
campos de energía.
Por lo tanto esos seres se abstienen de invadir este
mundo.
Agostinelli: ¿Tiene relación con el llamado
“Incidente Roswell”?
Damianel: No, se trata de un caso diferente, ya que
la nave espacial que cayó en Roswell estaba tripulada por otra raza
distinta del tipo langosta, los antheanos.
Agostinelli: Pasando a otro tema, ¿dónde está Jorge
Olguín en este momento, si usted está ocupando su cuerpo?
Damianel: En este momento Jorge Olguín, que es el
receptáculo que utilizo para comunicarme con ustedes, está integrado
con su ser espiritual —Yo Superior o Thetán— Johnakan Ur-el y está a
mi lado enviándome Luz y envolviéndome con su amor. Él está en mi
mismo nivel de vibración. Al enviarme su amor y su empatía me
estabiliza.
De lo contrario me desestabilizaría, porque así como
hay entidades de Luz en este lugar, también han muchas entidades del
Error, de los planos vibratorios 2 y 3, que son planos de
sufrimiento, así como los planos 4 y 5 son planos de Maestría y Luz.
El plano 6 es el plano angélico, donde están los
Mensajeros Divinos.
Agostinelli: ¿Cómo podemos saber nosotros si nos
estamos comunicando con una entidad de Luz o una entidad del Error?
Damianel: Muchas veces le han hecho a otros hermanos
míos esa pregunta. La respuesta es muy sencilla. El secreto es que
nadie salga herido en su susceptibilidad con lo que uno puede
transmitir. Yo trato siempre de transmitir sin lastimar, sin herir.
Obviamente, a veces alguno puede sentirse tocado, si uno alecciona,
si trata de corregir.
Generalmente, un espíritu del Error trata de
perturbar, dañando, brindando falsas ideas, erróneas ideologías. Por
el contrario, un espíritu de Luz no se inmiscuye, salvo por razones
excepcionales, en la política del planeta, no se entromete en los
asuntos internos de los países. Trata de que la raza como un todo
salga adelante. No importa cómo se manejen los gobiernos.
Pensemos que para que la humanidad, tanto terrenal
como de otros sistemas planetarios, esté adelantada tendría que
haber una unificación a nivel planetario, tiene que haber una gran
familia cósmica.
Agostinelli: ¿Cuál es su actividad principal en su
planeta?
Damianel: Soy filósofo.
Agostinelli: ¿A propósito, entonces, hay algún límite
para el conocimiento?
Damianel: Creo que para el conocimiento no hay
límite. Uno puede desencarnar y sigue aprendiendo en los planos
espirituales. Después, todo eso va al Archivo Akáshico.
Agostinelli: ¿Quiénes tienen acceso a ese archivo?
Damianel: Los Lípikas, espíritus de Luz que guardan
los registros kármicos en los archivos akáshicos. Estos anales son
custodiados por El Cristo, Logos Dimensional.
Agostinelli: ¿Qué es precisamente el Archivo Akáshico?
Damianel: Es un archivo donde van todas las memorias,
todas las vivencias de cada espíritu en cada una de sus
encarnaciones. El espíritu encarnado no tiene acceso a esas memorias
y por eso no recuerda sus vidas anteriores.
Pero no importa quién fue cada espíritu en una vida
anterior. Importa quién es ahora, que tenga vocación de servicio,
que sea altruista. Que sepa difundir los mensajes, porque el
verdadero servicio es trasmitir el amor, es dar, ser útil al otro,
servir al semejante, ponerse en el lugar del otro.
Pensar que si cada uno de nosotros, tanto en nuestro
mundo de origen como en otros mundos, tenemos contactos telepáticos
o encuentros del tercer tipo, no tenemos que tener miedo.
Leo la mente de algunas personas que dicen que si
tuvieran un contacto del tercer tipo huirían despavoridos, porque
tal vez se encontrarían con una forma no humanoide, como la nuestra
o como la vuestra. El espíritu no tiene forma, el espíritu no tiene
color, el espíritu es Luz.
No importa si son tipo insecto, son muy pocos en la
Galaxia; no importa si son tipo vegetales, que también son muy pocos
en la Galaxia, o tipo humanoide, que son la mayoría... No importan
las estaturas...
Lo que importa es el espíritu, la intención. Las
razas que son belicosas, como los Langar, ya aprenderán.
Hay razas que exploran por ego, no para aprender y
transmitir amor, sino simplemente para mostrar que son poderosos,
como a los que tenemos en nuestro planeta vecino, Orión 3, que es
una raza completamente belicosa.
Agostinelli: ¿Cuál es el motivo de que sienta la
necesidad de transmitir este mensaje a un planeta tan distante del
suyo como lo es la Tierra?
Damianel: No, no es un planeta distante. Somos casi
vecinos. Nuestro planeta ya ha sido visitado astralmente por el
Thetán o Yo Superior de este receptáculo —Johnakan Ur-el—, como ha
visitado también el sistema de Antares 4 y conocimos a distintos
Maestros de la humanidad terrenal, como el Maestro Jesús y el
Maestro Siddartha, con los cuales nos hemos contactado
telepáticamente.
Hemos tenido la inmensa dicha de empatizar, es decir,
mezclar nuestras vibraciones espirituales con las vibraciones
espirituales de los Maestros, en un éxtasis tan grande que sería
quizás difícil de comprender por ustedes.
Agostinelli: ¿Qué se siente especialmente en ese
contacto vibratorio con los Maestros?
Damianel: Se siente como una sensación sublime de
éxtasis, superior a cualquier éxtasis físico. Eso se llama AMOR con
mayúsculas, y es el amor que algunos Maestros de Luz, encarnados en
este mundo, lo llegan a sentir.
Agostinelli: ¿Qué aprendió en esas experiencias?
Damianel: La comunión con el Absoluto, y saber que el
Absoluto es real, porque nosotros somos el Absoluto. El Absoluto
está dentro de nosotros y muchos no han aprendido a sentirlo.
Va a llegar un momento en que cada uno de nosotros
estaremos sumergidos dentro de Él. Entonces va a haber una comunión
total. Vamos a sumergirnos en su plasma.
La humanidad terrenal ha recibido mensajes de grandes
filósofos de vuestra antigüedad, como el tan conocido Sócrates, que
enseñó, en la época en que estaba encarnado, que el mundo de la Luz
interior es el mundo del Servicio, es el mundo de dar... No fue
entendido. Fue ejecutado.
Ahora, después de tantos períodos de revolución
solar, sigue sucediendo exactamente lo mismo. Los grandes Maestros
no son entendidos, salvo en raras ocasiones.
Agostinelli: ¿Hasta qué punto lo que usted está
transmitiendo puede estar influido por el consciente del
receptáculo, en este caso, el Prof. Jorge Olguín?
Damianel: Considero que al armonizar mi estancia en
este receptáculo me da una pauta para poder yo transmitir con más
soltura, pero hay conocimientos que yo puedo transmitir que mi
receptáculo desconoce, salvo que se comunique telepáticamente
conmigo o con otra entidad, y hubo casos anteriores donde el
receptáculo ha tomado otras entidades, como el Maestro de Dianética,
llamado Ron Hubbard, que ha transmitido lecciones de esta ciencia,
siendo que mi receptáculo entiende muy poco sobre el tema.
De todas maneras, hay algo que se llama “circuito
engrámico”, y que cada entidad tiene —sería como una especie de
“trauma” de transmisión—, que perturba la fidelidad del mecanismo
telepático. A veces una entidad puede estar transmitiendo algo, y si
el receptáculo no está libre de esos traumas o engramas, el mensaje
no se transmite correctamente.
Quizás esto no suceda con este receptáculo, pero sí
ha sucedido con otros.
Agostinelli: Mi pregunta se debe a que me parece un
poco extraño que un extraterrestre maneje conceptos de la cultura
terrestre con tanta solvencia.
Damianel: La respuesta es que hemos venido a la
Tierra muchas veces y, además, yo me especializo en filosofía y
estudio la idiosincracia de otros mundos, precisamente porque es mi
especialidad, no solamente de la Tierra, sino también de un planeta
acuoso llamado Lemarén, el cual tiene otro tipo de filósofos y tiene
también seres que son cerrados espiritualmente.
Por ejemplo, hay un piloto que ha venido a la Tierra
en más de una ocasión, llamado Braco, y prácticamente lo único que
sabe es manejar lo que ustedes llaman OVNIS y no entiende nada de
filosofía ni del mecanismo de su propia nave espacial, de modo que
si se llegara a descomponer algún circuito quedaría varado sin saber
cómo reparar el desperfecto.
Es decir, no es que todos los que vienen de visita a
este mundo saben todo de todo. No es así. De la misma manera como yo
estoy abierto en la parte filosófica, también estoy cerrado en la
parte tecnológica. Yo, de circuitos fotónicos no entiendo nada, ni
tampoco de materia y antimateria, salvo algunos conceptos aislados.
Agostinelli: ¿Qué edad tiene?
Damianel: Yo tengo 38 rotaciones de mi planeta, que
de vuestro mundo equivaldrían aproximadamente a 60 años.
Agostinelli: ¿Dónde vive?
Damianel: Estoy viviendo en una gran comunidad.
Nuestro mundo se compone de comunidades de aproximadamente 200
familias, y esto no significa que seamos promiscuos. Así, yo tengo a
mi pareja hembra, procreamos, tengo dos descendientes, ambos machos,
“varones” como llaman ustedes...
Agostinelli: Bueno, “macho” es una palabra que
también utilizamos aquí en la Tierra...
Damianel: El hecho de decir que vivimos en
comunidades de 200 familias significa que cuando hay una familia
desprotegida, o que su cosecha le fue destruida por el mal tiempo,
la cobijamos. El secreto es dar, no mezquinar.
Aquí, en la Tierra, eso no se acostumbra. Aunque
gracias a la fe que algunos seres poseen, comparten lo poco que
tienen. Es lo que yo dije al comienzo de mi mensaje: hay Maestros de
Luz encarnados que, a pesar de que transmiten mensajes de amor,
muchas cosas no comparten. Transmiten, pero no comparten, y el
secreto es compartir. Porque todo el conocimiento que se tiene
dentro sin compartir arruina el espíritu.