Creación del profesor Jorge Raúl Olguín.
En
el siglo XX era Psicoanálisis. En el siglo XXI, Psicointegración.
PRIMERA PARTE
La palabra trans significa "después de", tanto en el espacio
como en el tiempo.
Transpersonal observa a la persona después de haber actuado,
pues el estudio se basa en la experiencia.
El término "transpersonal" fue adoptado para referirse a
personas que extienden su identidad más allá de la individualidad y de la
personalidad.
Transpersonal indaga sobre la naturaleza esencial del Ser.
¿Qué es ser transpersonal?
Trascender más allá de la persona. Y solo se trasciende
integrando el ego. Eso se logra con Psicointegración.
Maestro y alumno se representan con el diagrama del Yin y el
Yang, donde la verdad tiene una dosis de error y el error posee una dosis de
verdad.
La verdad es Sabiduría. El error es ignorancia. ¿Cuál es el
error en la verdad? Tratar de imponer el Conocimiento. ¿Cuál es la verdad en el
error? Resistirse a la imposición, porque el maestro impone por ego y al darse
cuenta de la resistencia del otro, aprende de esa manera que no transita el
sendero correcto.
El dar para hacernos querer es depender de nuestro ego.
El dar para sentirnos bien es parte de ego y parte de
espíritu.
El dar sin comprometer la emoción, es acción del espíritu.
El dar comprometiendo la emoción es equilibrar nuestro
interior, integrando ego y espíritu.
SEGUNDA
PARTE
Te dicen algo que no te agrada, una frase que no te gusta.
Hay algo dentro tuyo que se subleva. También hay otro Yo, quizás más profundo,
que se enoja con el primero porque éste se sublevó de su estado de armonía. Pero
"el segundo Yo", queriendo corregir al primero, también sale de su paz interior.
Obviamente, ese primer Yo se encuentra invadido por el ego y
está en una etapa de aprendizaje. Pero el otro Yo, algo más sabio, también
pierde el control por los impulsos emocionales del primero. Sucede que ese Yo,
maestro del primero, también está en una etapa de aprendizaje. O sea que, a su
vez, es alumno de otro Yo más interno.
Vencer el ego no significa tomar partido por ese tercer Yo y
dejar de lado los dos primeros, buscando que éstos se desintegren. ¿Por qué?
Porque tomar partido es, de alguna manera, partir algo. E intentar desintegrar
los "yoes" afectados es ser discriminatorio con parte de nosotros mismos.
Si tomamos partido por determinada postura, automáticamente
dejamos afuera a las otras. Si tratamos de integrar todas las tendencias.
lograremos el equilibrio.
Lo acertado sería no tomar partido por ninguna postura
interna, por más elevada que sea, pues eso llevaría a una disgregación de
nuestro estado inconsciente, logrando enfrentamientos entre los diversos "yoes"
y provocando, sin querer, una personalidad cambiante e insegura. Al no tomar una
postura determinada, no hay desintegración de los "yoes", pues "nada se parte".
Entonces, se avanza al segundo paso, que es buscar la integración de las
distintas tendencias, unificándolas en la más elevada. Por ende, el ego no se
destruye ni tampoco se lo relega a un estado vegetativo, sino que se le da el
rol que le corresponde, que es apuntalar la autoestima. De ahí surge una persona
segura y, al ser segura, puede ser tolerante. Al ser tolerante, aprende a no
perder el control por ninguna agresión verbal externa .
Esa postura de tolerancia, sin protagonismo, es la base de la
Psicointegración.
Cuando hablamos de “tolerar” no nos estamos refiriendo a
“soportar a alguien cuya presencia es desagradable”, porque estaríamos hablando
de un ego condescendiente, sino de “aceptar o admitir, por amplitud de criterio,
ideas u opiniones distintas de las propias”.
TERCERA
PARTE
La Psicología original se remonta a la antigüedad clásica y
explicaba la actividad del ser humano a través de su alma racional.
En la segunda mitad del siglo XIX, la Psicología se
independizó de la filosofía y se eliminó toda vinculación con la metafísica. Se
limitó al estudio de la conducta observable, profundizando el análisis.
El cometido de la Psicología es tratar de resolver los
conflictos internos del ser humano para lograr su bienestar.
Psicointegración avanza un paso más allá, pues busca que el
Ser se encuentre consigo mismo y logre un equilibrio, para así darse cuenta que
el verdadero bienestar es empatizar con el otro, logrando canalizar
correctamente sus emociones más profundas.
La emoción.
La
emoción, sin equilibrio, puede ser perniciosa. Una emoción introvertida provoca
rencores, odios y también traumas en la persona que la sufre.
Una emoción extrovertida puede desembocar en todo tipo de
agresiones hacia quien, creemos, nos agrede a nosotros.
No sería positivo despojarnos de toda emoción, porque
dejaríamos de involucrarnos con nuestro entorno. Nuestro ego crecería en forma
desmesurada al no canalizarlo en ningún sentido.
Por otra parte, una emoción no contenida nos transformaría en
individuos totalmente impulsivos.
Es necesaria una contención analítica para las emociones
descontroladas. También es imprescindible una sensibilidad de conciencia para
aquellas personas que creen que, dominando las emociones, son menos vulnerables
y terminan siendo insensibles con el sufrimiento ajeno.
Una emoción equilibrada es la base para que la persona tenga
el control de sus impulsos y así, pueda dar y recibir amor.
CUARTA
PARTE
El ser humano tiene varias facetas o distintos "yoes". Puede
estar triste, melancólico o depresivo. Lo importante es que no identifique ese
estado con una totalidad. Por ejemplo: -"Hoy es un día triste, estoy totalmente
bajoneada, no soporto mi estado general, etc." Nadie está "totalmente bajoneada",
es el ego de esa persona que se identifica con un rol. El ego está triste, el
ego está melancólico, el ego está "bajoneado".
Son roles de la persona, no es la persona en su totalidad.
Esa persona puede tener proyectos, planes o ideas que quizás cambien parte de su
estado anímico. Y si los roles del ego se "acostumbran" a hacer de víctima, hay
que tener en cuenta que también una palabra de aliento, una ayuda espiritual o
una grata compañía pueden aliviar la depresión y, de a poco, transformarla en
euforia.
Se puede evitar que el ego se identifique con un rol
determinado y es "desidentificándonos".
Irónicamente, es el mismo ego el que impide que el ser humano
pueda llegar a despersonalizarse, pues está permanentemente en "la periferia"
del campo de la consciencia y tiene el control del sujeto.
Un ejemplo muy visto se da en personas con una autoestima tan
deteriorada que viven necesitando de la atención de los otros y su ego
transforma a esas personas en seres totalmente absorbentes y manipuladores.
Viven como algo natural protagonizar roles de víctima y transferir culpas, y no
se dan cuenta el rechazo que causan en los otros, pues su ego les obnubila el
discernimiento.
QUINTA
PARTE
Psicointegración es un camino tan sencillo que es obvio.
Significa integrar todos los roles, todos los yoes. Los seres humanos tiene
distintos yoes, esos yoes hacen que la persona tenga cambios en su conducta: sea
informal, con personalidades erráticas. Porque cada Yo quiere ser el
protagonista y desea sobresalir opacando a los otros yoes. Mas no se da cuanta
que los demás yoes piensan de la misma manera.
Hay un Yo Central, desprovisto de ego, que tiene todo el
discernimiento y es el canal que comunica con el Yo Superior, aclarando que el
Yo Superior es el 90 % de nuestro espíritu, que está en el plano
correspondiente. (ver nota *)
Cuando el espíritu está desencarnado el Yo Central y el Yo
Superior son la misma cosa.
En los espíritus del Error, ese Yo Superior no tiene sus
roles protagónicos integrados y, por lo tanto, aunque el Yo Central del sujeto
encarnado se comunique, la guía que reciba no será valiosa. Por el contrario,
exacerbará más el personaje actuado de los distintos yoes.
El ego posee muchos roles: uno de los más perniciosos es la
soberbia. No se puede tener soberbia si no se tiene ego. No se puede ser
susceptible si no se posee ego. Ese lastre hace que la persona se ofenda, monte
en cólera, se sumerja en un mar de dudas, etc.
Integrar el ego es un triunfo del espíritu. La persona que no
protagoniza no es prejuiciosa, no da cabida a la ofensa, no trata de manipular a
otros. El ser humano que no personifica no va a dar lugar al egocentrismo.
* NOTA: El espíritu o alma también es denominado en algunas
filosofías orientales “Yo Superior”. En Cienciología se lo llama Thetán, siendo
este término más apropiado porque erradica la falsa idea de que el hombre tiene
un alma: el hombre Es esa alma. En Psicointegración se comprobó que sólo el 10 %
de esa alma se encuentra encarnada en la persona quedando el otro 90 % en su
plano de vibración correspondiente. A través de la telepatía –propia o la de un
médium entrenado– se puede hacer contacto y dialogar con ella. El hombre, al
“morir” (desencarnar), regresa al nivel espiritual en que se encuentra su alma,
que es inmortal, y se integra con ella, siendo entonces espíritu 100 %. Esa
alma, sin embargo, puede ascender o descender de nivel, según su conducta en el
plano físico. No hay ningún premio o castigo, sólo hay consecuencia.
Seguidamente se transcribe la primera sesión de
Psicointegración celebrada en el planeta Tierra, donde le fue aplicada al propio
interlocutor, Horacio Velmont.
PSICOINTEGRACIÓN
Médium: Jorge R. Olguín
Interlocutor: Horacio Velmont
Entidad que se presentó a dialogar: Johnakan Ur-el, Yo
Superior o Thetán de Jorge R. Olguín.
INTERLOCUTOR: ¿Quién está presente?
Johnakan Ur-el: El Thetán de este receptáculo, Johnakan.
INTERLOCUTOR: Te recuerdo que la sesión de hoy la habíamos
programado para que me apliques la terapia que este receptáculo desarrolló en el
plano físico. Yo conozco la Auditación dianética y se cómo funciona, pero no sé
nada de esta terapia.
Johnakan Ur-el: Psicointegración es un camino sencillo, tan
sencillo que es obvio, y de tan obvio que es, tal vez la persona se desencante y
lo desestime diciendo: “¡Pero esto no es lo que yo esperaba!”.
¿Qué significa Psicointegración? Psicointegración significa
“integrar todos los roles”, integrar todos los “yoes”.
El ser humano encarnado y los espíritus del Error tienen
distintos yoes. Esos yoes hacen que tanto unos como otros vivan cometiendo
errores y sean informales.
INTERLOCUTOR: Creo que Gurdieff hablaba de algo similar
cuando se refería a la falta de unidad en el hombre…
Johnakan Ur-el: Este Maestro, que está conmigo en el 5º nivel
de vibración espiritual, cuando estaba encarnado explicaba que el hombre era
como una casa en la que el amo se hubiera ausentado quedando al mando sus
sirvientes…
INTERLOCUTOR: Sí, recuerdo ese pasaje en el libro de su
discípulo Oupensky, llamado “Fragmentos de una enseñanza desconocida”.
Johnakan Ur-el: … y donde cada sirviente quiere tomar el rol
de mando y lo toma mal, hasta que viene el encargado y ordena que cada sirviente
cumpla con su rol, que cada yo cumpla con su rol.
Lo que Gurdieff no sabía, porque obviamente no estaba al
tanto de Psicointegración, es de que ese encargado es el Yo Central.
INTERLOCUTOR: ¿El Thetán?
Johnakan Ur-el: No. Dejemos al espíritu y hablemos de los
roles del espíritu. Hay un Yo Central, que tiene cada espíritu –generalmente el
espíritu encarnado– y que es el que comanda, pero no obliga.
Entonces, los distintos yoes, tomados por el ego, van a la
periferia y en la periferia quieren sobresalir, quiere ser protagonista.
Cuando se contactan con el centro de la conciencia, ahí se
contactan con el Yo Central, que es un yo de discernimiento. Ese Yo central es
el que está conectado con el Yo Superior, que en este caso sería el 90 % del
espíritu que esta en el otro plano de vibración.
Pero cuando el espíritu está desencarnado, el Yo Central y el
Yo Superior son lo mismo, porque ya están unidos.
Esto no significa que el espíritu, al estar desencarnado,
tenga más sabiduría. Tiene más conocimiento, tiene más memoria por todas las
vidas anteriores, pero el ego hace que ese espíritu se olvide de todo lo bueno
que puede haber aprendido, por querer sobresalir o por emplear distintos roles.
Lo que sucede con otras personas que poseen ese ego, es que
el ego –y voy a utilizar una expresión de ustedes– es el primo hermano de la
soberbia.
O sea, no se puede tener soberbia si no se tiene ego. No se
puede ser susceptible si no se tiene ego. No se puede ser suspicaz si no se
tiene ego.
Ningún espíritu se puede ofender si no tiene ego, porque
cuando el ego ha sido integrado comanda el Yo Central, que es el yo de
discernimiento, y nada puede ofender.
Muchos terapeutas creen –porque desconocen– que el ego debe
ser vencido, pero la realidad es que el campo de la conciencia no es ningún
campo de batalla.
Escucho a muchos terapeutas decir: “Hay que luchar contra el
ego”, “hay que luchar contra esa tentación”, “hay que luchar contra…”.
O si no dicen “pero”. Al decir pero están oponiendo. El pero
y la lucha son cosas negativas en el campo de la conciencia, porque cuando uno
dice pero está objetando. El objetar no deja de ser un prejuicio, porque está
dudando de lo que le está diciendo el otro.
En Psicointegración, entonces, se considera de mala
educación, cuando una Entidad está hablando, decirle “pero yo creo…”, porque al
decirlo, indirectamente está objetando.
INTERLOCUTOR: ¿Y como se podría decir entonces cuando uno no
está de acuerdo con lo que le explican?
Johnakan Ur-el: Se podría interrumpir a la entidad diciendo:
“Quizás pudiera ser de tal manera…”. Obviamente, las Entidades no se van a
amilanar porque alguien diga: “pero”, sino que lo van a tomar con sonrisa, con
comprensión, pero como esto no es una sesión sino más bien una clase, estoy
explicando que el pero no deja de ser una objeción hacia algo, y toda objeción
es prejuicio.
INTERLOCUTOR: Entiendo el punto.
Johnakan Ur-el: Sigamos… Los roles pueden ser perfectamente
integrados, y ésa es la manera de actuar. Ningún rol, ningún yo, debe ser
vencido, porque el campo central de la conciencia, como ya dije, no es un campo
de batalla. El campo central de la conciencia es un campo de integración.
Es muy difícil integrar los roles, porque siempre pensamos
que ese yo que toma el mando es el Yo Real, que ese yo que toma “la posta”, como
dicen ustedes, somos nosotros mismos, y no es así.
Hay un ejemplo muy importante, y lo ha dado Gurdieff cuando
estuvo encarnado –me refiero a este Maestro porque tú recién lo has nombrado–,
del joven que tiene un yo a la noche cuando se está por acostar que dice:
“Mañana me debo levantar a determinada hora de la madrugada porque tengo que
hacer determinada cosa y se duerme mentalizado de que tal cosa la tiene que
hacer sí o sí.
A la madrugada, cuando suena el despertador, quizás el que
esté al mando sea otro yo, un “yo perezoso”, y cuando la persona que está con él
le dice que se tiene que levantar, el “yo perezoso” responde que tiene tiempo de
hacer la cita hasta las 12.
– ¿Pero no era que te tenías que encontrar con fulanito a las
6 de la mañana?
– Sí, pero en la oficina lo puedo encontrar porque va a estar
hasta las 12… Voy a aprovechar para dormir una hora más…
Ese yo que a la mañana dice esto no tiene nada que ver con el
anterior que estaba seguro de que se iba a levantar a las seis de la mañana. Y
quizás sean las 9 de la mañana y todavía ese yo perezoso está haciendo que ese
espíritu remolonee en la cama y no se levante.
INTERLOCUTOR: La pregunta es a dónde fue el yo de la noche…
Johnakan Ur-el: Está, pero en un plano relegado, porque el
otro yo tomó el mando.
INTERLOCUTOR: ¿Se puede decir que es una lucha de poderes
entre los distintos yoes?
Johnakan Ur-el: Así es. De la misma forma como en los planos
2 y 3 de vibración espiritual, que son planos del Error, hay luchas de espíritus
por tomar el mando, dentro de un mismo espíritu hay luchas de yoes.
Aquel psicólogo que no entiende diría que es una persona
paranoica, porque para ellos, según su versión de paranoia, una conducta así
significa que la persona tiene distintas personalidades.
INTERLOCUTOR: ¿Personalidad dividida?
Johnakan Ur-el: En este caso no son personalidades divididas,
por que “personalidad dividida” es como que uno no se acuerda lo que hizo la
otra personalidad cuando tuvo el mando y hasta tiene una amnesia temporal de lo
que el otro hizo, como aquel caso fabulado del doctor Jekyll y míster Hyde.
En este caso, el yo de la mañana –porque al fin y al cabo son
roles, la memoria del espíritu está– se recuerda perfectamente lo que dijo la
noche anterior a las 11 de la noche de que se tenía que levantar.
No es que tenga una amnesia y se olvide. No es paranoia,
porque recuerda perfectamente, pero el hace que esa persona no se levante es el
yo perezoso, que tomó el timón del barco.
INTERLOCUTOR: ¿Psicointegración es lograr que cada yo cumpla
su función?
Johnakan Ur-el: No necesariamente.
INTERLOCUTOR: Me refiero a si se trata como de construir una
casa, donde está el encargado de poner los ladrillos, donde otro tiene que
preparar el cemento…
Johnakan Ur-el: Esa es la teoría de Gurdieff. Pero Gurdieff
también tiene un dejo, con todo respeto por el Maestro, de no comprensión total,
porque al fin y al cabo el hombre no es una casa, donde hay que cumplir
distintas funciones, y los egos, los yoes, no son como los órganos del ser
humano físico, donde el hígado cumple una función, el estómago otro y así
sucesivamente.
En este caso, lo que hace el Yo Central con los distintos
yoes es sacarlos de la periferia e integrarlos al Yo Central.
Al estar todos los yoes en el Yo Central, sería un solo yo
conectado con la conciencia divina, con el Yo Superior, porque si comanda un yo
que hace cosas torcidas, entonces no está comandando el Yo Central, sino un yo
de la periferia.
INTERLOCUTOR: Está claro…
Johnakan Ur-el: Ahora bien, ¿cuál es el defecto que tiene el
yo de la periferia? Es que es inestable, pero es un defecto a favor del
espíritu, porque si hubiera un yo de la periferia que toma el mando y no fuera
inestable sería un desastre, porque ese ser humano podría vivir torcido por toda
su vida física y podría desencarnar con un karma tremendo.
Al ser inestable, otros yoes pueden tomar el mando. Hasta
puede tomar el mando un “yo sabio” que censure al otro yo que antes comandaba.
Ejemplo: viene un yo rebelde que toma el mando del organismo,
y en ese momento discutió con otra persona. Otro yo toma el mando. Ese yo se
siente víctima: “¿Cómo puede ser que a mí me hagan esto? ¿Por qué yo vivo
siempre sufriendo? Me viven atacando… ¿Por qué me viven haciendo esto? ¿Por qué
me viven haciendo aquello?”. Y así por el estilo.
Recuerda que cada yo que toma el mando es la persona, o sea,
cuando ese yo toma el mando, es el espíritu entero el que habla. En ningún
momento el yo al mando va a reconocer que es una parte de la persona. Va a creer
que es la persona entera. Entonces la persona entera se va a sentir víctima.
Esa persona tomó quizás un transporte público y mientras va
viajando algo le dice adentro: “Quizás estuve mal, debí ser más comprensivo,
debí ser más tolerante, no es cierto que yo sea víctima, porque cómo voy a ser
víctima si yo también puse mi cuota de acidez como para que esa persona me
agrediera.
Ese yo que está hablando es un yo más sabio. Después, esa
persona, cuando llega al lugar de destino, entra a un lugar público y pide un
café o un te, y mientras lo toma piensa nuevamente. “¿Y por qué le tengo que dar
la razón a la otra persona?¿Qué soy, acaso un tonto? No, a mí me agredieron, yo
no tengo que perdonar, yo tengo que volver a mi casa y mostrar infelicidad para
que esa persona se de cuenta de lo infeliz que soy”.
Cabe aquí la pregunta: ¿Por qué si un yo más sabio había
tomado el mando permitió que un yo rebelde volviera a la tesitura original?
INTERLOCUTOR: ¿Por la característica de inestabilidad que
tiene cada yo?
Johnakan Ur-el: Exactamente por eso, por la inestabilidad de
cada yo, y además porque ese yo que tomó el mando no era el Yo Central. Era un
yo más sabio pero no muy seguro.
Entonces, permitió que ese otro yo rebelde, que quizás no sea
el primero, quizás no sea el del transporte público, sino uno más rebelde aún,
porque el yo en el transporte público decía: “Me usaron, me atacaron, me
agredieron”, y el tercer yo, más rebelde aún, dice: “Yo se los voy a hacer
pagar, pero no agrediéndolos, van a ver mi cara, van a ver mi odio, van a ver mi
enojo en ese momento y les voy a transmitir todo mi desdén, todo mi desprecio,
les voy a mostrar todo lo que me hicieron”.
Y este yo es peor que el primero, porque el primero era un yo
de lástima, y éste es un yo de venganza.
INTERLOCUTOR: Pienso que una persona que a lo largo del día
tiene tantos yoes distintos tomando el mando debe ser muy infeliz.
Johnakan Ur-el: Por supuesto que sí…
INTERLOCUTOR: Pongo por caso el de una persona que convive
conmigo, que de pronto me insulta, al rato me sirve el café que me gusta con una
sonrisa, más tarde se enoja conmigo por cualquier cosa y después me trata como
si yo fuera la mejor persona del mundo.
Johnakan Ur-el: Cambió el yo, y hay un yo de conquista, hay
un yo de docilidad, o puede haber un yo de cálculo: “Voy a tratar de estar bien
para no sembrar más discordia, a ver qué tajada puedo sacar”.
El espíritu que ya está ducho en esto desconfía de los yo
conciliadores, porque si de repente hay un yo vengativo y al rato hay uno
conciliador, deduce que debe ser un yo hipócrita, porque es un yo que trata de
conciliar para evitar que la otra persona tome revancha, es decir: “Te ataco y
después concilio para evitar tu represalia”. ¿Se entiende?
INTERLOCUTOR: Perfectamente.
Johnakan Ur-el: Entonces no es verdaderamente un yo
conciliador, porque para que ese yo sea verdaderamente conciliador tiene que
transcurrir cierto tiempo. Esa persona tiene que estar primero quizás hosca,
pensativa, y dar paso al arrepentimiento y tal vez con un yo un poquito más
sincero. No es que quiera conciliar, sino que actúa con más naturalidad.
INTERLOCUTOR: Está claro… ¿Entonces una persona tiene miles y
miles de yoes? ¿O cinco o diez?
Johnakan Ur-el: Cinco, diez, cien, depende. Es como los
karmas: cinco, diez, cien. No es cierto que un ser humano encarna con dos
karmas. Puede encarnar con veinte karmas, cincuenta karmas…
INTERLOCUTOR: Entiendo…
Johnakan Ur-el: Y hay espíritus que tienen cien roles
distintos. Eso hace que el Yo Central, el campo de la conciencia, esté
desintegrado. En ese momento, figurativamente hablando, el alma, en su parte
encarnada, en ese 10 %, está desintegrada, está totalmente desintegrada.
Si la persona desencarna y sigue con esos roles, la
desintegración va a alcanzar al 100 % del espíritu.
INTERLOCUTOR: Entiendo…
Johnakan Ur-el: Es muy fácil hablarlo, la cuestión álgida es
llevarlo a la práctica. Esto no se lleva a la práctica con una sola toma de
conciencia, porque los yoes vuelven a aflorar una y otra vez.
INTERLOCUTOR: ¿Es decir que se necesita una vigilancia
constante?
Johnakan Ur-el: Así es, y se necesita una vigilia interior.
Al decir “vigilia” no estoy diciendo “vigilancia”, porque se puede entender mal.
Vigilia significa “alerta”, no que la Conciencia Central haga de “Gestapo”,
viendo cómo están los roles, controlando. No, en absoluto.
INTERLOCUTOR: ¿Esos yoes son, de alguna manera, entidades
vivas?
Johnakan Ur-el: No se pueden tomar como entidades vivas, son
partes de una unidad que directamente toman una conciencia aislada. Cada yo se
alimenta de la propia debilidad del espíritu y trata de sobresalir.
De alguna manera tiene una similitud, aunque lejana, con
Dianética. Así como tú en Dianética dices: “La mente reactiva no quiere
desaparecer”, el ego tampoco quiere desaparecer, y va a luchar hasta las últimas
consecuencias. Y hay muchos casos en que el ego se disfraza para que el Yo
Central no lo descubra. Eso es algo que quizás no se te ocurrió pensar que
existiera.
INTERLOCUTOR: La verdad es que no… ¿Cómo es eso de que se
disfraza?
Johnakan Ur-el: Se disfraza en función de servicio. Mi primo
Siddharta, estando encarnado, tuvo dos Iluminaciones. Es primicia. Y a pesar de
que estamos en Psicointegración, esto puede servir para aquellos que quieran
saber algo más.
Siddharta llegó una vez a una Iluminación y sin embargo yo lo
notaba como sufrido y le preguntaba: “¿Que te sucede?”. Y me decía: “No sé, me
siento infeliz y yo lo que quería es Servir. Yo estoy para servir al otro. Yo
estoy para comunicar al otro. Porque yo estoy para dar. Porque esa es mi misión:
dar. Porque yo sirvo para eso y sin embargo me encuentro torturado. Y cómo voy a
estar torturado si soy muy importante para estar torturado”.
Entonces, y esto lo digo con total humildad, lo ayudé yo. Por
eso siempre fui puntal de los Maestros:
–Primo, hermano espiritual, ¿no será que hay un ego que se
deja vencer y que se disfraza en función de servicio?”.
–Eso que estás diciendo no puede ser, no tiene sentido.
–Claro, recuerda lo que has dicho: “Yo soy muy importante”.
No cuadra que digas eso, hermano.
En ese momento Siddharta me mira y dice: ¿Yo dije eso?
–Sí, tú has dicho eso. Has dicho: “¿Por qué me encuentro
torturado, si yo desde hace rato que estoy sirviendo y estoy transmitiendo la
Palabra. Y hace rato que con mi importancia le estoy dando una seguridad a mis
seguidores. Haz nombrado a la importancia dos veces, hermano”.
En ese momento se levanta y mientras se va me dice:
–Si te preguntan por mí, di que vendré a la brevedad. Quiero
ir a meditar por el bosque.
Desapareció treinta días. Cuando lo volví a ver estaba con
una luz resplandeciente. Su rostro irradiaba una belleza, una euforia, una
alegría tan grande… y lo primero que hace es abrazarme. No le pregunté
absolutamente nada. Simplemente le dije: “Maestro, estás Iluminado”, a lo que él
asintió agradeciéndome.
INTERLOCUTOR: ¿Es decir que había integrado ese yo que se
había disparado?
Johnakan Ur-el: Ese yo que tenía Siddharta no quería
integrarse dentro de la conciencia. Entonces se disfrazó de altruismo. Siddharta
servía, hacía charlas, nunca una queja, nunca un problema, daba las mejores
lecciones, las mejores palabras. Era verdaderamente lo más grande.
Pero yo notaba –los otros no– como una insatisfacción en él.
Notaba como que él quería que le rindieran pleitesía. Porque había algunos
discípulos que hasta le contestaba: “Pero eso no es así, Maestro…”. Y Siddharta
se enojaba.
Entonces yo me preguntaba: “¿Cómo, mi primo, mi hermano
espiritual enojado?¿Cómo, mi hermano espiritual susceptible?¡Algo está fallando
aquí!¿Se enoja cuando los discípulos no entienden algo?
Y lo enfrenté para bien. Entonces logró integrar ese ego
restante y, de alguna manera, al ver que tenía todos los egos integrados, lo
toqué y sentí como que tenía una energía divina dentro suyo. Lo había invadido
la Energía Búdhica, de la cual me transmitió parte. En ese momento sentí como un
shock, como un desequilibrio, y a su vez sentí como un gozo.
Pasaron siglos para que volviera a sentir ese gozo. Había
ocurrido que había absorbido parte de la Energía Búdhica.
Voy a hablar más delante de cuando recibí la Energía Crística.
Es un tema que lo quiero dejar para otra oportunidad, pues de lo contrario nos
desviaríamos del propósito fundamental que es explicar el tema de los egos.
INTERLOCUTOR: ¿Yo estaría de alguna manera disfrazándome con
el Servicio? Es decir, ¿hay algún ego muy grande que está al mando? Lo pregunto
porque parecería que la parte física de K.A. es como que lo percibe ese dejo de
soberbia que tengo al servir.
Johnakan Ur-el: Sí, es real. Y la anécdota de Siddharta, y
estamos hablando de un Logos Planetario, viene justo para lo tuyo, porque no es
que tengas un rol: hay 4 ó 5 roles que toman el mando…
INTERLOCUTOR: Y al hacerlo yo consciente, ¿eso no lo disuelve
de alguna manera?
Johnakan Ur-el: Si tomas conciencia, esos roles se irán
integrando. Los roles no se combaten. El campo de la conciencia, y esto ya lo
aclaré, no es un campo de batalla. Es un campo de amor, es un campo de
integración.
Por eso, la técnica creada por mí se llama Psicointegración,
la integración del alma. Que el alma sea una unidad de amor.
Por eso, humildemente, y al decir esta frase la consulto con
los Maestros para que no resulte pedante, la técnica de Psicointegración es la
técnica más completa que existe en todos los planos.
INTERLOCUTOR: Una persona, sin tratarse con Dianética, sin
conocer nada de engramas, ni haciendo Psicoauditación, ¿solamente con
Psicointegración podría salir a flote, es decir, obtener iguales resultados o
mejores?
Johnakan Ur-el: Sí, perfectamente.
INTERLOCUTOR: ¿Eludiendo todas las técnicas mencionadas?
Johnakan Ur-el: Así es. Al revés, no, porque Dianética,
Psicoauditación, no tienen cómo manejar los roles. De todas maneras, y esto es
muy importante, Psicointegración tiene también su punto débil a causa del libre
albedrío.
Psicointegración no puede hacer nada si a pesar de que se la
aplique la persona elige seguir alimentando su ego, elige seguir con la mente
reactiva.
INTERLOCUTOR: ¿Antes que a mí, Psicointegración se le aplicó
a alguien? Me refiero de la evolución terrestre.
Johnakan Ur-el: Tu fuiste el primero al que se le aplicó
estando encarnado, pero el Maestro Ron, en quien tuve un gran colaborador para
desarrollara, fue el primero al que se aplicó como espíritu, inmediatamente
después de desencarnar.
INTERLOCUTOR: ¿Ya cómo espíritu 100 %?
Johnakan Ur-el: Así es. Y voy a explicar por qué. Cuando el
Maestro Ron desencarna, lo hace libre de karmas. Pero cuando llega a su plano de
vibración nota que en sus técnicas había muchas falencias.
El Maestro las comprende, pero, a su vez –aclaro que Ron está
al lado mío y está al tanto de esto porque lo hemos conversado muchas veces– le
da fastidio el haberse equivocado y lo invade el ego de una manera tremenda.
Al ego no se le puede dar la más mínima oportunidad porque
cuando un espíritu de Luz deja un hueco, el ego se mente en ese hueco como una
cuña.
INTERLOCUTOR: ¿Y desciende de nivel?
Johnakan Ur-el: Desciende de nivel, pero no automáticamente,
sino en forma paulatina, empalideciendo poco a poco, y al frenar su vibración
sutil, cae.
La técnica de Psicointegración que estrené con Hubbard fue
muy rápida, a una velocidad enorme, lumínica… Ron captó lo que yo le estaba
transmitiendo y quizás en diez minutos terrestres recapacitó y volvió a
iluminarse.
Los “arranques” que tiene actualmente, críticas, etc., no lo
hacen bajar de nivel porque los distintos planos de vibración fueron creados por
los elohim con una especie de rango de tolerancia, como la que tenemos nosotros,
y de alguna manera se permiten determinadas licencias, como las críticas que
puede hacer Ron a alguna entidad, encarnada o no.
La crítica que él hace no es malévola, ya que sus fines con
constructivos. Y así, cuando Ron “tira” acidez contra un espíritu mediocre que
sobresale, bueno, lo hace como una especie de queja hacia nadie en particular
sino hacia todo el entorno espiritual, como diciendo –empleando un lenguaje
terrestre muy lunfardo– “Muchachos, miren lo que está sucediendo, dejémonos de
embromar”. Lo estoy imitando un poco a Ron.
Pero Ron es la primera persona a la que a nivel espiritual se
le aplica, real y concretamente, Psicointegración.
INTERLOCUTOR: ¿En concreto, entonces, yo sería la primera
persona encarnada a quien se le aplica Psicointegración?
Johnakan Ur-el: En este planeta, sí.
INTERLOCUTOR: ¿Y a Siddharta no se le aplicó esta técnica?
Johnakan Ur-el: No, porque lo que se hizo con el Venerable
Maestro fue simplemente hacerlo recapacitar.
Lo mío con Siddharta no tiene más mérito que el de servirle
de apoyo. El resto corre por cuenta de él. Esos treinta días que él desaparece,
son treinta días de lucha, de meditación.
No son similares, pero fíjate que parecido que hay entre esos
treinta días y los cuarenta días que el Maestro Jesús también estuvo luchando.
INTERLOCUTOR: Lo preguntaba porque parecería que yo tengo una
gran responsabilidad por haber sido el primer encarnado terrestre a quien se le
aplicó Psicointegración. Me refiero a demostrar que el sistema es una terapia
válida y que funciona perfectamente.
Johnakan Ur-el: La única manera de que el sistema funcione es
que los distintos roles sean integrados, y cuando los roles son integrados el
hombre deja de ser actor, deja de ser protagonista, para ser un espectador más.
INTERLOCUTOR: ¿Hasta qué extremo el ego debe ser integrado?
Por ejemplo, ¿puede uno estar interesado en algo o no debe estar interesado en
nada, ni siquiera un poco.
Johnakan Ur-el: Un espíritu que no tiene ego no está
interesado en nada. Incluso, tengo espíritus hermanos que aun no teniendo mi
elevación –están en el 5º nivel pero en otros subniveles– son más estrictos que
yo.
Uno de ellos, que está encarnado, es del Tibet y está
viviendo en los Estados Unidos, considera que hasta la beatitud es ego. Sostiene
que cuando nosotros servimos y tenemos gozo, este gozo es ego, porque ni
siquiera tenemos que gozar.
Cuando un enfermera le aplica una vacuna a un chico, se la
aplica con naturalidad, se va ése y viene otro. No goza, simplemente se la
aplica. Entonces, ¿por qué, cuando nosotros ayudamos a personas a crecer,
gozamos?
Yo tuve determinadas charlas a nivel espiritual con él y le
dije: “Maestro, mi humilde punto de vista es de que el que yo tenga dicha por
ayudar a un ser desvalido, para mí no me significa ego. Tengo dicha. El Maestro
Jesús también tiene dicha.
Él, en cambio, dice: “Mi punto de vista humilde es que si yo
tengo dicha soy protagonista, por lo tanto tengo ego.
INTERLOCUTOR: ¿No es eso llevar una postura demasiado a los
extremos?
Johnakan Ur-el: ¡Claro! Es lo que yo le dije. Su punto de
vista es válido, porque si no lo fuera hubiera bajado de nivel. Pero él está
inmutable, con su Luz resplandeciente. Como yo también estoy inmutable con mi
Luz, mi punto de vista también es correcto.
Entonces lo que aprendí es que haber dos puntos de vista que
aunque no coinciden exactamente igual son válidos.
El tema es ayudar. El tema es servir. Él piensa que cuando
uno goza está involucrándose y tiene ego. Yo le explico que quizás eso no sea
ego, sino el dar rienda suelta a la alegría del espíritu, porque existen
emociones positivas.
Una de las emociones positivas es la misericordia y no creo,
humildemente, que la misericordia sea ego. Para él, el estado de beatitud es
ego.
Quiero terminar la sesión de hoy explicando lo siguiente:
Supongamos que el mundo físico es una película, y tú eres un espectador que
estás en la butaca mirando esa película.
Quizás, si eres un ser humano emotivo, puedes llegar hasta
las lágrimas, pero no te involucras con los actores. Puedes tomar partido. Tomar
partido significa que si es una película donde hay una persona que no tiene ego
y está siendo lastimada por la otra, inconscientemente estás tomando partido por
“el bueno” de la película.
Es lo mismo como cuando uno quiere que cuando la película
termine “el bueno” se quede con la “chica” y el “malo” vaya preso o aprenda la
lección y desaparezca de escena. Uno se involucró, pero no participó. No fue
lastimado por esa película
De la misma manera, como nuestra misión es de Servicio,
también nos involucramos. Nos involucramos con la emoción positiva, con el
altruismo, con el goce de dar, con el amor impersonal del Servicio, y nos
involucramos con todo lo que sea Servicio para nuestros semejantes.
No nos involucramos con todo lo que nos lastima, porque si
permitimos que nos lastimen, es que está participando nuestro ego. Si nuestro
ego no participa, no hay nada que nos pueda lastimar.
Dije tiempo atrás, en un dictado a mi receptáculo, a mi 10 %
encarnado, que nosotros, para aprender a integrar el ego tenemos que
desidentificarnos, las mismas palabras que dijo mi hermana Teresa. O sea que
llegamos a la misma conclusión por separado.
INTERLOCUTOR: ¿Qué es concretamente desidentificarse?
Johnakan Ur-el: Significa no comprometerse con la otra
persona con la emoción mala. Hay personas que no lo interpretan y piensan que el
no compromiso es el “lavarse las manos”. Yo estoy hablando del no compromiso,
del compromiso negativo.
El Servicio es un compromiso positivo. El compromiso negativo
sería meterse en una discusión. Eso es lo que no debe hacerse porque uno se
identificaría.
Otro hermano mío, Antonio de Melo, dijo, y esto está escrito
en algunos libros, que “nosotros, estando encarnados, no podemos enojarnos con
la lluvia porque nos moja, porque sería risible, ridículo e incomprensible para
una mente analítica”.
De la misma manera, a aquellas personas que tratan de
lastimarnos, teóricamente las tendríamos que ver, estando encarnados, de la
misma forma como vemos a la lluvia.
Mi propio receptáculo dijo que es muy difícil ser tan
analítico, porque la lluvia te moja y nada más. En cambio, la otra persona hasta
puede llegar a agredirte de hecho. Y no puede uno ser tan desidentificado como
para hacer caso omiso de eso.
Eso es muy difícil. Lo que sucede es que, bueno, como dijo
otro de mis hermanos, Lao Tsé, “un camino de mil millas comienza dando el primer
paso”. El primer paso es integrar un rol tras otro, día tras día.
Y llegará el momento en que se nota que están todos los roles
integrados y que verdaderamente el que está haciendo el Servicio es el espíritu
completo, que es el Yo Central
El ego está integrado cuando no te envaneces por el Servicio,
cuando no te envaneces por el halago.
Si eres un profesor y te dicen: “Nunca escuché una clase tan
hermosa”, y al escuchar esto lo tomas con naturalidad, ya has integrado tu ego.
Si te envaneces, o verdaderamente te sonrojas, te pones
colorado o te agrada lo que te dicen es porque todavía uno de los egos está
pendiente de integración. Quizás integraste 99, pero hay uno yo rebelde que aún
no se integró.
Ahora, si te dicen: “la verdad, lo felicito, su charla estuvo
maravillosa, es lo mejor que escuché en mi vida, ¡y eso que he escuchado a
grandes profesores!”, y tu respondes con sinceridad, sintiéndolo realmente: “Lo
que he dicho yo cualquier persona puede haberlo explicado igual o incluso mejor
que yo”, ahí es cuando se puede decir con certeza que has integrado los egos.
Y te voy a dar un ejemplo. Cuando el Maestro Jesús dijo:
“Pueden hacer maravillas iguales a las mías o mayores”, ¿dónde estaba el ego del
Maestro? ¡No lo tenía! Porque si él hubiera tenido ego habría dicho: “¿Más que
yo, más que Jesús? No, ustedes están locos, jamás van a llegar a mi altura”.
¿Pero que nos dijo el Maestro?: “¡Pueden hacer cosas iguales
o mayores que las mías!, y recalcó “mayores”.
INTERLOCUTOR: La explicación está perfectamente clara… Ahora
tengo la intriga de si esta sesión de Psicointegración ha repercutido en algo en
mi Thetán? ¿O mi Thetán está integrado?
Johnakan Ur-el: No, no está integrado del todo. Pero la
sesión no es tanto para tu Thetán. A mí me interesa, como Thetán de mi
receptáculo, poner todos los esfuerzos en tu 10 %.
El problema es la parte encarnada. No es que no me interese
tu Thetán, pero si la parte encarnada integra sus egos, ya está. El problema,
entonces, es la parte física, no el Thetán.
INTERLOCUTOR: ¿Hay una influencia mutua entre el Thetán y su
parte encarnada? ¿Se influyen positiva y negativamente uno al otro?
Johnakan Ur-el: Siempre.
INTERLOCUTOR: ¿Quiere decir que un día yo puedo estar mal
porque mi Thetán está mal?
Johnakan Ur-el: Generalmente es al revés, porque el ser
encarnado provoca más problemas que su parte que está en el otro plano.
INTERLOCUTOR: ¿Y cómo podría evitar yo, como parte encarnada,
como sucedió la vez pasada, que una de las asistentes a la sesión grupal me
afectara psíquicamente y físicamente por haber venido ella muy cargada?
Johnakan Ur-el: Eso es distinto, porque en este caso no te ha
influenciado en tu ego. Te puede haber influenciado en tu ego cuando decía que
era una gran profesora, que ella venía para escuchar, que no tenía nada que
aprender, que venía por curiosidad. Lo otro es imposible de defenderse. Con los
ataques psíquicos –que en este caso fue involuntario–, de la misma forma que
alguien puede transmitir a otro un virus accidentalmente, en eso no tienes
defensa, salvo la armonía.
Si tu te armonizas y te envuelves en amor, y verdaderamente
tomas conciencia de eso, puedes vencer a esa desestabilización, física y
anímica.
Lo mismo le transmito a mi receptáculo. Mi receptáculo hace
poco estaba desestabilizado porque dos seres, a los que él ama, tuvieron una
especie de encontronazo hostil, donde hubo críticas y donde uno de ellos
reaccionó de manera más hostil todavía.
Como nosotros sabemos, la hostilidad genera más hostilidad.
Entonces, mi receptáculo se sintió mal porque le dolió el dolor de las otras
personas. Pero a su vez le molestó que en el futuro pudiera haber una hipótesis
de conflicto, porque su temor es que él se desarmonizara y me transmitiera a mí,
su Thetán, su desarmonía.
La desarmonía también puede hacer que el espíritu baje de
nivel. Éste es el temor inconsciente de la mente reactiva de mi receptáculo.
Todo esto no es por hablar de mi receptáculo. Sirve como
lección porque a ti te pueden pasar cosas parecidas. Entonces, mi recomendación
es tolerar hasta límites insospechados los actos hostiles y siempre ponerse en
el lugar del otro, porque puede suceder que ese otro no pueda vencer su mente
reactiva.
Hay personas, lamentablemente, que en toda su vida de
encarnados no logran vencer esos gigantescos roles que dirigen su vida, y
finalmente desencarnan infelices.
INTERLOCUTOR: Lo que ocurre es que es difícil no
desestabilizarse cuando esos seres que tienen conflictos están ligados
emocionalmente con nosotros…
Johnakan Ur-el: Eso se debe a que nosotros, en nuestra parte
encarnada, nos involucramos emocionalmente porque los queremos personalmente,
terrenalmente, no impersonalmente, y nos duele saber que esos seres, esposa para
uno, hijas para otros, no aprenden, y a como uno “olfatea” la cosa, uno ve, “a
ojos de buen cubero”, que va a ser muy difícil que logren revertir la situación.
Muchas veces mi intuición me hace notar cuándo el ser
encarnado no va a evolucionar por terquedad, que es uno de los peores roles del
ego.
La terquedad, en definitiva, es una ceguera espiritual.
INTERLOCUTOR: ¿Cómo sigue esto de la Psicointegración?
Johnakan Ur-el: Hay que seguir con las preguntas, viendo como
está el ego, hay que seguir analizando… En Psicointegración, aparte del
terapeuta, que te va a ir marcando qué vas evolucionando y qué no, para ver qué
se corrige, uno mismo es su propio médico, uno mismo es su propio observador,
pero en este momento, al igual que Siddharta en aquella ocasión, estás
disfrazando más de un rol en vocación de servicio, y eso puede hacer que te
envanezcas.
Piensa que nadie tiene todo el conocimiento, nadie tiene toda
la sabiduría… A veces, a mi receptáculo lo invade un poquito la soberbia y
entonces trato de comunicarme con su cuerpo causal para hacerle tomar conciencia
de su error.
INTERLOCUTOR: Sabemos que cuando hay un determinado engrama
en restimulación produciendo un determinado trastorno, y uno toma un determinado
medicamento, la mente reactiva combate ese medicamento para que no le elimine el
trastorno, porque para ella tal trastorno es “supervivencia”.
Entonces, uno necesitaría tomar mayor cantidad de medicamento
para contrarrestar a la mente reactiva, que sigue insistiendo en volver a poner
en su sitio el trastorno que dicho medicamento pretende eliminar.
Es decir que hay que tomar cada vez más medicamento para
producir el mismo efecto.
A donde apunta mi pregunta es: ¿Qué sucede si el trastorno no
es engrámico sino genético? Por ejemplo, tengo algunos dolores de cabeza de
origen genético y no engrámico.
Johnakan Ur-el: El peor de los casos es cuando el trastorno
es genético y un pequeño engrama puede restimular más. El engrama quizás no sea
tan potente como para anular los efectos del medicamento. No siempre es tan
potente. Entonces el medicamento actúa.
Cuando se fueron los efectos del medicamento, el engrama está
al acecho y vuelve otra vez el síntoma, que es casi lo mismo. El cuerpo se va
acostumbrando a la droga y entonces precisa más.
INTERLOCUTOR: ¿Entonces lo mismo sucede cuando el trastorno
es genético?
Johnakan Ur-el: Así es. Lamentablemente es así es.
INTERLOCUTOR: ¿Esto significa que si el dolor de cabeza es de
origen genético yo tendría que tomar aspirinas lo menos posible?
Johnakan Ur-el: Tomar más sería como hacerle el “caldo gordo”
a todo tipo de restimulación, porque aunque tengas sólo un 3 % de engramas, se
puede, para decirlo de alguna manera, complotar la mente reactiva con los rasgos
genéticos negativos haciendo que todo mal físico se sobredimensione.
INTERLOCUTOR: Con respecto a la aspirina, que tanto se ha
estudiado aquí en la Tierra, no se han encontrado, como resultado de las
investigaciones, contraindicaciones, salvo, como es obvio, tomadas en grandes
cantidades,. Pero la pregunta es si causa, como otras drogas, adicción.
Johnakan Ur-el: No, no acarrea adicción.
INTERLOCUTOR: ¿Es decir que quien toma aspirinas no necesita
aumentar la dosis para lograr los mismos efectos, como sucede con otras drogas?
Johnakan Ur-el: Así es. Lo que la aspirina acarrea es un
acostumbramiento psicológico, o sea, si lo hablamos en términos de Dianética, un
acostumbramiento engrámico.
A una persona le duele la cabeza y se toma un par de
tabletas. Al día siguiente le molesta un poquitito. Por acto instintivo –no
engrámico, el instinto es ego– toma de nuevo. Quizás que en ese momento no la
necesitaba, pero por acto reflejo la toma.
Ahí el que se tiene que imponer es el Yo Central diciendo no,
qué estoy haciendo.
O sea que todo tiene que ver con eso también.
INTERLOCUTOR: ¿Con el Yo Central integrado yo podría combatir
los trastornos genéticos?
Johnakan Ur-el: Depende, porque si es un trastorno genético,
donde el espíritu eligió reencarnar para cumplir con determinado karma, eso se
hace físico, y por más armonía que haya es una cosa física. Un roble no se puede
transformar en cedro.
INTERLOCUTOR: Está claro.
Johnakan Ur-el: Y una persona que tiende genéticamente a la
obesidad, por más que llegue a la Iluminación total va a seguir siendo obesa.
INTERLOCUTOR: ¿Mi Thetán podría decirme, si yo le preguntara,
sobre los trastornos que me impuse padecer en la encarnación.
Johnakan Ur-el: ¡Por supuesto que te los puede decir! La
cuestión es que quizás omita decirte algunos, porque, por ejemplo, si tienes un
trastorno genético, cuyos genes se dispararán a la edad de 75 años que te
provocarán una metástasis en tu cuerpo, y de repente se comunica contigo tu
Thetán y te lo comunica, ¿cómo vas a vivir en ese estado de tensión sabiendo que
en equis tiempo tendrás tal enfermedad? Porque aunque tú sabes que el alma es
inmortal y que el dolor es algo ficticio, solamente de este plano 1, igual te
vas a preocupar.
Entonces, hay cosas que quizás no te diga, por ejemplo cuando
va a desencarnar, porque el espíritu sabe cuando su materia morirá.
INTERLOCUTOR: No tenía este dato… ¿Por qué lo sabe? ¿Acaso el
propio Thetán lo fija?
Johnakan Ur-el: No, no es que lo fija él… Uno elige nacer en
determinado cuerpo. Ese cuerpo tiene un código genético. Ese código genético
sabe qué enfermedades va o no a desarrollar y qué expectativa de vida tiene.
Como nosotros, en esta época terrestre, no hemos desarrollado
la técnica del cambio de genes, no podemos modificar ese código genético.
Entonces, tu Thetán podría decirte: “Nos vamos a encontrar en
un 100 % en tal época…”.
INTERLOCUTOR: ¿Pero en algunos casos no puede ser positivo
saber cuándo uno va a desencarnar?
Johnakan Ur-el: Yo no lo veo como positivo el saber la fecha
de desencarnación, porque te condiciona. Te condiciona para bien o para mal,
porque si te dicen seis meses, tu dirías: “¿cómo hago para hacer la obra en seis
meses!”. Y si te dicen 35 años, “bueno, tengo tiempo de sobra” y te achanchas.
El Maestro Og Mandino, encarnado, dijo que debemos vivir cada
día como si fuera el último. Y lo dijo falto de ego, como diciendo: “¿Por qué
cada día no podemos abrazar a nuestro hermano, por qué cada día no podemos
generar una sonrisa y eliminar todo acto hostil como si fuera el último día de
nuestra vida?”.
Cada uno de nosotros, y esto también lo dijo Og Mandino, se
plantea qué sucederá el último día: intentaríamos estar con los seres queridos,
dando amor, besándonos, pidiéndonos perdón por el mal que hicimos… ¿Por qué esto
no lo hacemos todos los días?
INTERLOCUTOR: Interesante…
Johnakan Ur-el: O sea, son muchos los Maestros de Luz. No te
envanezcas cuanto tú dices: “Yo sé mucho”. Piensa en lo que ha dicho Og Mandino,
en la altura de sus palabras y no se envanece.
INTERLOCUTOR: Está clarísimo… ¿Cómo está tu receptáculo en
este momento para proseguir la sesión?
Johnakan Ur-el: Está un poco cansado porque vino de la sesión
de ayer, donde hubo muchas negatividades, a pesar de que hubo entidades de Luz y
a pesar de que se envolvió en armonía.
INTERLOCUTOR: Otra pregunta… Aquí, en una sesión pasada, se
presentó, como viajero del tiempo, Kronbus, que venía del futuro –del año 2500
dijo–, el cual me dejó entrever la posibilidad de que él pudiera ser yo mismo.
La pregunta concreta es: si yo pidiera ahora hablar con el Thetán de Kronbus de
este presente, y no se presentara mi Thetán, ¿eso significaría que Kronbus no
soy yo del futuro?
Johnakan Ur-el: ¡Eso es una cosa lógica!
INTERLOCUTOR: Pero la intriga que tengo es si yo llamo al
Thetán de Kronbus de este presente y viene mi Thetán, ¿Cómo sabe mi Thetán que
es Kronbus?
Johnakan Ur-el: Quizás no se podría responder. Tal vez mi
receptáculo intenciona que venga el Thetán de Kronbus…
INTERLOCUTOR: ¿Estamos hablando del Thetán del Kronbus
actual?
Johnakan Ur-el: Sí… Y de repente canaliza a tu Thetán. Tu
Thetán va a decir: ¿Para qué me llamaron?, o ¿qué estoy haciendo aquí?
Pueden suceder dos cosas: 1) tu Thetán es Kronbus, o 2) el
Thetán de Kronbus no se presentó y se presentó tu Thetán.
O sea que la duda va a quedar.
INTERLOCUTOR: ¿La duda la voy a tener yo pero no ustedes?
Johnakan Ur-el: No, nosotros no vamos a tener la duda, porque
nosotros “vemos” en nuestro nivel. Sabemos quién es Kronbus.
Yo lo veo a tu Thetán como mi receptáculo te ve a ti.
Entonces yo no voy a tener la duda.
INTERLOCUTOR: Concretamente, entonces, ¿en este momento tú
sabes con certeza si mi Thetán es o no Kronbus?
Johnakan Ur-el: Se lo podemos preguntar a Kronbus en una
próxima comunicación para que lo diga, ya que no hay ninguna razón para mantener
el misterio.
El hecho de que Kronbus sea tu Thetán no le hace mella a su
parte encarnada, que eres tú, porque el espíritu es inmortal y se supone que va
a estar en el año 2500 y más adelante también.
INTERLOCUTOR: ¿Pero, concretamente, ustedes lo saben o es una
incógnita también para ustedes?
Johnakan Ur-el: Esto lo tiene que responder, por una cuestión
de ética, tu propio Thetán.
INTERLOCUTOR: Está bien, se lo preguntaré… Antes de terminar
la sesión, quisiera saber quiénes están presentes…
Johnakan Ur-el: Está Gurdieff, Oupensky…
INTERLOCUTOR: Ellos saben que yo me interesé mucho por sus
obras…
Johnakan Ur-el: Hoy es una sesión especial, y como se hace
Psicointegración están todos los Maestros, a los que amo tanto… Están los Logos,
el Logos Planetario –Siddharta–, el Logos Solar –Maestro Jesús–, Ron Hubbard, tu
guía personal…
INTERLOCUTOR: Pienso si alguna vez podré pagarle a Ron todo
lo que me ayudó y aún lo hace…
Johnakan Ur-el: Le estás pagando porque al servirte –porque
él te está Sirviendo– y entonces tú le está haciendo un favor. Vamos a hacer un
juego de palabras. Ron es tu guía desde hace más de un año. Al ser tu guía te
está Sirviendo. Al Servir, ¿quién se beneficia?
INTERLOCUTOR: Bueno, en realidad, ambos.
Johnakan Ur-el: Claro, pero desde el punto de vista del
Servicio, que es lo que nos interesa, se beneficia más Ron que tú, porque él es
el que está Sirviendo.
INTERLOCUTOR: Obvio.
Johnakan Ur-el: Entonces, él también te tiene que agradecer
por permitirle Servirte. ¿Quién es más importante en este momento?
INTERLOCUTOR: Obviamente Ron…
Johnakan Ur-el: Claro… Todo es un juego de palabras… Ron no
quiere ser importante, no le interesa… Ron solamente quiere servir…
INTERLOCUTOR: Lo entiendo perfectamente… Antes de terminar,
¿es posible hacer alguna evaluación en cuánto a mi comprensión de la técnica de
Psicointegración?
Johnakan Ur-el: La comprensión tiene un porcentaje bastante
elevado. Ahora es necesario que empieces a aplicar lo comprendido.
INTERLOCUTOR: Está bien… Creo que podemos terminar la sesión
aquí…
Johnakan Ur-el: Te saludo con todo mi amor.
INTERLOCUTOR: Hasta luego, Johnakan, y gracias.