Imaginemos lector que hace 15 mil millones de años hubo una gran explosión, quizás producto de una formidable concentración materia (energía), que al densificarse creó una tensión tan insoportable que este desenlace fue inevitable, y que
con ella se produjo el nacimiento del espacio y el tiempo. De este universo en constante expansión y dispersión que comenzamos a descubrir, imaginemos también que hace 4500 millones de años una fría roca, residuo de la gran explosión con un poco de condensación
del polvo estelar comenzaba un proceso que la transformaría en algo muy distinto tiempo después, girando en torno a una pequeña estrella de una modesta galaxia en algún rincón del universo, imaginemos después que cientos de millones años mas tarde en esa roca
caliente llena de gases tóxicos en su atmósfera se produjo una licuación de esos gases provocando copiosas lluvias hasta crear los océanos y continentes en una forma tal vez no muy distinta de lo que son ahora. Pensemos luego que hace su aparición triunfal una
primigenia forma de vida, apenas un unicelular, en un extraño y caliente caldo de cultivo de aquel novel planeta, que luego prosperaría a otras formas de vida vegetal y animal, ojalá también, pudiéramos luego visualizar el entorno de hace unos cinco millones de
años cuando el primer homínido proveniente de esas formas animales, bajó de los árboles y comenzó a caminar erguido, con unos gramos adicionales de cerebro en su enorme cráneo (el Australopitecus ), y también cómo luego de cientos de miles de años de
comportamiento cazador- recolector, comiendo frutos silvestres y cazando pequeños animales que les permitía su armas rudimentarias, fue distanciándose del resto de las especies, resultado de una habilidad creciente para resolver problemas. Más adelante, y apenas
desde hace unos diez mil años, se sumergió en una cultura como agrícola-ganadero, luego de que comprendiera los secretos de las estaciones, las siembras y las cosechas, si tenía una buena cosecha no tendría que deambular largos trayectos en busca de comida, podría
acumularla, si criaba animales le sería más beneficioso que cazarlos. Imaginémoslo luego, tan sólo un par de siglos atrás iniciándose en una era industrial como obrero –manufacturero, con producción en gran escala de bienes y servicios que llevaría a nuevas
formas de organización social, con el vuelco en masa de las poblaciones agrícolas a la ciudades, lo cual produciría una serie de cambios portentosos, la alfabetización masiva, necesaria según los nuevos requerimiento de la sociedad y un standard de vida antes
desconocido, imaginemos después, y hace tan solo 40 años atrás, esa era industrial desembocando en una desenfrenada carrera tecnológica, que pondría al hombre tanto en la luna y hacia el universo sin fin como frente al abismo de una torpe autodestrucción, que
produciría además cambios de hábitos de vida tan drásticos como los hubo luego con el éxodo de la población agrícola a las ciudades al comienzo de la mismísima revolución industrial. Ahora bien, lector, usted a esta altura se preguntará a dónde nos lleva esta
larga perorata sobre la historia de este planeta esbozada en forma tan tosca y somera, el propósito, más allá de lograr el objetivo, es señalar como para refrescarnos la memoria, que lo único permanente desde el comienzo del espacio y el tiempo en el universo es el
cambio, siempre a sido así, siempre lo será, nada nuevo se crea ni nada desaparece, sólo se transforma, o sea, muda su forma, en un principio, desde el primer esbozo de vida inteligente, la evolución era tan lenta que los cambios demoraban millones de años entre
una era y otra, los usos y costumbres mutaban muy lenta e imperceptiblemente, y hoy, en esta era del conocimiento, la tecnología y la información en la que estamos inmersos los cambios han ocurrido con una celeridad tan vertiginosa que nos a dejado pasmados, la
transición cultural es tan traumática que está dejando una o dos generaciones obsoletas en términos de economía de mercado, y esto es según el punto en que nos encontremos en el mapa, en algunos países del tercer mundo, llamados piadosamente en vías de
desarrollo, el retraso tecnológico es tal que su viabilidad económica como nación independiente es una verdadera incógnita, pero si pudiéramos leer entre líneas estos acontecimientos de la realidad, y desde una perspectiva desapasionada, veríamos que lo que a
nosotros nos parece la triste realidad de un mundo cruel, para la naturaleza, de la que nosotros mal que nos pese formamos parte, es sólo una alternativa más a explorar para cumplir con su propósito ultimo,
EVOLUCIÓN, de la cual la supervivencia del más apto es
quizás su herramienta más tosca y eficaz, pero no la única, hoy nadie piensa qué puede haber pasado con los artesanos que fabricaban hachas de piedra para los cazadores en la época de las cavernas, cuando la incipiente civilización se dedicó al arte de sembrar y
cosechar y su oficio dejó de ser requerido, o con los miles de obreros que araban y sembraban los campos cuando la revolución industrial trajo los tractores y cosechadoras, reemplazando decenas de ellos con una sola máquina, o de aquellos que criaban caballos de tiro
cuando apareció el automóvil y estos dejaron de ser útiles como medios de locomoción, o de los fabricantes de herraduras, etc. aunque hoy, por formar parte de nuestro entorno inmediato es doloroso ver lo que sucede con la automatización de las fabricas, e
informatización de las empresas, donde todas las formas de tecnologías convergen en un afán de bajar costos, eliminando el recurso humano innecesario, y reteniendo sólo el mínimo imprescindible en condiciones de operar aquellas tecnologías. Esta tendencia, amigo
lector, lejos de declinar es sólo el comienzo de lo que nos aguarda para el próximo mileño, que aunque parezca insólito y descabellado, de un futuro extrañamente promisorio, al menos para las generaciones que nos sucedan, no es utópico ya pensar en una sociedad
donde todo funcione oprimiendo botones, donde las tareas denigrantes y deshumanizantes las hagan las maquinas y donde el ser humano tenga por funciones el diseño, desarrollo y operación de estas tecnologías, para que entonces sí pueda dedicar su tiempo a fines más
nobles y acordes a su elevada condición que la mera obtención de su sustento, quien sabe lector, a lo mejor esa incomprensible fuerza llamada
EVOLUCIÓN que comenzó a operar a partir del BIG BANG sólo nos está guiando hacia eso, a lo mejor nosotros sólo estamos
pagando el precio de dar el gran salto cualitativo de ser Homo Sapiens a ser Homo Ludens, de aprender con trabajo y sufrimiento el arte de vivir a aprender jugando, porque mientras jugamos a ser dioses a lo mejor también aprendemos como amarnos y respetarnos, y con
ello, quizás enmendemos nuestra rara condición de ángeles caídos, pero eso lector, eso, eso ya es tema de otra historia...