Amar a la
vida desde el trabajo es intimar con el más recóndito secreto de la vida.
Si revelas tus secretos al
viento no le eches la culpa al viento por revelárselo a los árboles.
La tristeza es un muro entre
dos jardines.
La luz de las estrellas que
se han extinguido hace años todavía nos alcanza. Igual que los hombres
ilustres que han muerto hace siglos, que nos alcanzan con las radiaciones de
su personalidad.
Para entender el corazón y
la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho, no te fijes en que
ha logrado, sino en lo que aspira a hacer.
¿Dónde puedo encontrar un hombre gobernado por la razón y no por los hábitos
y los deseos?.
Vuestra alegría es vuestra
tristeza sin máscara.
Aléjame de la sabiduría que
no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los
niños.
El ojo del ser humano es
como un microscopio que le hace ver el mundo más grande de lo que realmente
es.
Del hablador he aprendido a
callar, del intolerante a ser indulgente y del malévolo a tratar a los demás
con amabilidad. Y por curioso que parezca, no siento ninguna gratitud a esos
maestros.
La fe es un oasis en el
corazón, que nunca será alcanzado por la caravana del pensamiento.
Si tu corazón es un volcán,
¿cómo pretendes que broten las flores?.
Nuestras palabras no son más
que migas que caen del banquete de la mente.