Llama Violeta

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DEEPACK CHOPRA

Deepak nació en Nueva Delhi, India. Su padre era doctor en medicina. El tuvo también su educación como medico en una prestigiosa universidad.
Vino a Estados Unidos, practicó su profesión con gran éxito y fue jefe de Cátedra en el New England Memorial Hospital. Y llegó el momento en que pensó que había algo que estaba faltando. Entonces comenzó a estudiar sobre sabiduría antigua.

Es un gran privilegio presentar al doctor Deepak Chopra.

Muchas gracias.
Es un privilegio y un honor para mi hablar para ustedes.
Esta tarde me gustaría darles una vista general, no solo del material de mi último libro Cuerpo sin Edad, Mente sin Tiempo (Ageless Body, Tímeles Mind), sino las bases completas de lo que surge en nuestra sociedad. El comienzo de la etapa del estado de alta conciencia.
Mientras investigaba para mi último libro, se me hizo obvio que tenemos ciertas supersticiones sobre nosotros mismos, y también sobre el proceso del envejecimiento.
No las basaremos en hechos científicos, de la manera que ahora entendemos la ciencia, que por los últimos doscientos o trescientos años, estuvo más o menos congelada, en un esquema obsoleto. Esa ciencia, denominada con el término popular de física newtoniana, sostiene que vivimos en un universo físico, que tiene objetos separados en el tiempo y el espacio. Y que nuestros cuerpos físicos son parte del universo físico, esencialmente como objetos físicos, como maquinaria física, que ha aprendido a producir conciencia.
Que la conciencia es un fenómeno derivado de la materia, y que si tenemos pensamientos, y sentimientos, y emociones y deseos; e instintos, e impulsos… que uno se enamora, que si cree en Dios, o en el cielo, o en el infierno, o en la salvación, o la perdición, o cualquier otra cosa por el estilo…, es el resultado de procesos bioquímicos, el resultado de una danza de moléculas.

El modelo de realidad viene a nosotros de una premisa. Y esa premisa es que la experiencia sensorial es la prueba verdadera para determinar lo que es real, lo que es en realidad. Que si podemos percibir algo a través de nuestros sentidos, si podemos tocarlo, sentirlo y verlo, entonces es real.
Bueno… yo espero que para cuando terminemos esta tarde, ustedes estarán de acuerdo conmigo en que si puede tocarlo y verlo, ese algo realmente no existe. (Risas en la sala)

Por sentido común, si algo sabemos ahora sobre nuestros sentidos, es que ellos son la prueba menos confiable de la realidad. Después de todo, nuestros sentidos nos dicen que la tierra es plana, y nadie cree eso ya. Los sentidos nos dicen que la tierra que pisamos es firme, y nosotros sabemos que está girando a velocidad vertiginosa, moviéndose hacia el espacio exterior a miles de kilómetros por hora. Los sentidos nos dicen que las cosas tienen textura, forma, solidez y color, y tenemos la tendencia a creer que ésa es la naturaleza intrínseca del objeto que percibimos. Nada puede estar más lejos de la verdad. Esto que esta aquí no es la naturaleza intrínseca del objeto que percibimos. Es la naturaleza intrínseca de quien esta percibiendo el objeto.
Y también la naturaleza intrínseca del sistema nervioso que hemos aprendido a usar. El sistema nervioso que poseemos es el instrumento que usamos para percibir el mundo y con frecuencia cometemos el error de creer que nosotros somos el instrumento mismo. No somos el instrumento. Somos el que usa el instrumento.
Dependiendo de la clase de instrumento que usamos y de la manera que hemos aprendido a usarlo para percibir (porque la percepción es un fenómeno aprendido), tendremos un cierto cuadro del mundo. Pero de hecho, lo que vemos del mundo no es su apariencia, es solamente nuestra manera de mirarlo.

Esto es verdad, no solamente para el sistema nervioso humano, sino para todas las especies que existen en nuestro planeta. La abeja, por ejemplo, no tiene los receptores usuales que nosotros tenemos… que perciben las ondas de la luz. Las abejas son sensibles a la radiación ultravioleta. Por lo tanto, cuando una abeja ve una flor, no ve la misma flor que vemos nosotros. Ella ve, o percibe, miel a la distancia.
Y la misma flor aparecerá como radiación infrarroja a una serpiente. Un murciélago la percibirá como un eco de ultrasonido, que no significa nada para ustedes o yo. Y el globo ocular del camaleón se mueve en dos ejes diferentes y ustedes ni remotamente pueden imaginarse cómo un camaleón ve esta sala (Risas en el público).

Por lo tanto… ¿ cuál es la verdadera forma del mundo, cuál es su verdadera textura, cuál es su verdadera fragancia? La respuesta es que no hay tal cosa. Todo depende de quién esté mirando y la clase de instrumentos que esté usando para tener esa experiencia.
Y nuevamente, esos instrumentos son para percibir la experiencia y no deben ser confundidos con la persona que está teniendo la experiencia. El que percibe la experiencia es completamente distinto del instrumento usado para tener la experiencia.

El Sr. John Echols, conocido neurofisiólogo que ganó el Premio Nobel de Medicina en fisiología, hace casi tres décadas, es ahora un ejemplo perfecto de Cuerpo sin Edad, Mente sin Tiempo. Tiene 88 años de edad, vive en Australia, y está escribiendo un nuevo libro sobre Mecánica de la percepción.
Él me hizo esta afirmación: “Quiero que sepa que no hay color en el mundo real, que no hay texturas, no hay fragancias, no hay belleza ni fealdad. Allí afuera, más allá de los límites de nuestro aparato de percepción, hay una radicalmente ambigua sopa cuántica que fluye incesantemente…”

Y nosotros somos como magos, literalmente, que tomamos esa ambigua sopa de energía, y antes de darnos cuenta, la convertimos en un evento de tiempo-espacio, que llamamos objeto. Somos como el Rey Midas, que nunca pudo conocer la verdadera textura de una rosa o la suavidad de un beso, porque todo lo que él tocaba se convertía en oro.
De la misma manera, allí afuera, antes de elegir el percibir, está esa sopa de energía e información fluyendo sin cesar, radicalmente ambigua y eterna. Y nosotros somos los magos que con todo eso creamos la experiencia de un mundo material.
Este mundo material, a pesar de su solidez, de su enormidad, de su vastedad, de su materialidad…, es realmente la extensión de algo que es abstracto e inefable. Y este algo puede ser lo que usted y yo realmente somos.
Pero como durante los últimos trescientos años nuestra ciencia ha estado embebida en la superstición del materialismo, la mayor parte de ella ha intentado entender el cuerpo humano en términos de su manifestación material.
Y así, la conciencia ha sido relegada a ser un fenómeno de la materia, un fenómeno material.
La ciencia a intentado dilucidar y entender los mecanismos de la enfermedad, con la esperanza de que si podemos comprenderlos o interferirlos con el agente material apropiado, ya sea farmacéutico, o biotecnológico, podríamos ser capaces de eliminarlas por completo. A través de antibióticos, no tendríamos infecciones, con quimioterapia nos libraríamos del cáncer, con bloqueadores H2 y otras clases de drogas nos libraríamos de las úlceras, etc.
El problema ha sido que los mecanismos de la enfermedad han sido confundidos con los orígenes de la enfermedad. Uno puede muy efectivamente interferir con los mecanismos, pero solo para encontrar que la enfermedad siempre encuentra otras maneras de manifestarse.
Por lo tanto, todas las viejas epidemias han sido reemplazadas por nuevas epidemias. En lugar de tuberculosis, malaria, viruelas, ahora tenemos epidemias modernas: de cáncer, sida, y una serie de otras como arteriosclerosis, desordenes degenerativos, infartos, enfermedad de Alzhaimer, adicción a las drogas, alcoholismo, etc.

Al tratar la enfermedad por el camino del mecanismo ( y ese camino puede que a veces salve vidas en el caso de enfermedades agudas, y por lo tanto no debe ser totalmente negado), al tratar la enfermedad por el camino del mecanismo, frecuentemente sembramos la simiente de una enfermedad en el futuro.

Sabemos ahora, por ejemplo, que alrededor de cien mil personas mueren en los Estados Unidos por año, como directo resultado de infecciones por antibiótico, contraídas solamente en hospitales: que la causa nº1 de la adicción a las drogas en el mundo, no es la que se vende en las calles, sino recetas medicas que son prescritas legalmente por doctores; que a pesar de que ahora haya más gente abocada a investigar el cancer que gente que sufra de cáncer, la incidencia del cáncer a aumentado.
Fui a una reunión del Instituto Nacional de la Salud, hace unos años, donde alguien dijo que más personas viven del cáncer, que los que mueren por dicha enfermedad.

Está estimado que alrededor del 36% de pacientes en hospitales sufren de una enfermedad llamada iatrogénesis, que quiere decir enfermedad como resultado directo de intervención médica, enfermedad que una persona contrajo porque fue a ver a un doctor o porque entró al interior de un hospital.
También esta estimado que alrededor del 80% de la población de los Estados Unidos ingiere drogas médicamente prescritas cada 24 horas… Y a pesar de ello, en nuestra población la incidencia general de la enfermedad, o la mortalidad, o la mortalidad de la enfermedad en relación con la edad, no ha cambiado en forma significativa.
Y la razón es que estamos usando el modelo equivocado. Estamos considerando el cuerpo humano como la maquina física que aprendió a producir conciencia. Ese es el modelo que tenemos que descartar, y movernos hacia un nuevo modelo de realidad que está siendo presentado con más frecuencia, en nuestra ciencia más reciente.

El nuevo modelo nos dice que el cuerpo humano no es una estructura anatómica congelada, sino en realidad un río de inteligencia, de energía e información. Y de la misma manera en que ustedes no pueden bañarse en el mismo río dos veces, porque agua nueva está siempre fluyendo en él, el usted verdadero ( y que en un momento trataremos de averiguar quién es ese usted verdadero y dónde reside en realidad), el usted verdadero no puede entrar en la misma carne y hueso dos veces, porque en cada segundo de su existencia, usted está renovando su cuerpo más fácilmente, más espontáneamente, y con menos esfuerzo, que el que emplea para cambiarse la ropa.
Los cuerpos físicos con que ustedes se sientan en este momento, no son los mismos con que entraron al salón hace un rato.

Uno puede observar el número de procesos vitales para ver la exactitud de esta declaración. En una inspiración que uno inhale, toma átomos del universo físico en una cantidad que es un número de 22 ceros, átomos que terminan como células de su corazón, de su cerebro, del riñón, y toda clase de células en su cuerpo. Y en cada aliento que exhala, está exhalando la misma cantidad con 22 ceros de átomos que provienen de cada pequeña célula de su cuerpo.

En suma, usted está exhalando microscópicos trocitos de su corazón, de sus riñones y tejidos del cerebro, y hablando técnicamente, todos nosotros estamos compartiendo intermitentemente nuestros órganos todo el tiempo, los unos con los otros.

Walt Whitman dijo: “Cada átomo le pertenece a usted tanto como me pertenece a mi.”
Y este es un hecho de la fisiología. Usted tiene en su cuerpo en este momento un millón de átomos que estuvieron una vez en el cuerpo de Cristo, o Buda, o Lao Tse, o Leonardo da Vinci, o Miguel Angel, o Mahatma Ghandi, o cualquier otra persona que usted pueda pensar, que haya existido en nuestro planeta.
Es un hecho que reemplazamos el 98% de todos los átomos de nuestro cuerpo en menos de un año.
Fabricamos un nuevo hígado cada seis semanas, piel nueva una vez al mes, un nuevo recubrimiento interno del estómago cada cinco días, incluso en el DNA que conserva memoria de millones de años de tiempo de evolución, lo que en realidad es la materia prima, viene y va cada seis semanas, como aves migratorias. Y en menos de dos años, reemplazamos nuestro cuerpo completo, hasta el último átomo.
Por lo tanto, posiblemente nosotros no podamos ser nuestro cuerpo físico, que va y viene en un abrir de ojos.
El cuerpo físico es tierra, agua y aire que se va reciclando. Y quizás estamos confundiendo el caballo con el jinete. Yo y mis recuerdos, mis emociones, mis deseos, están usando estas moléculas para manifestarse, para expresarse. Quizás el cuerpo físico es solamente el lugar que nuestros recuerdos, por el momento, llaman hogar.

Próspero en Shakespeare, dice: “Nosotros somos el elemento del que están hechos los sueños”. Puede ser que esté señalando un hecho de la fisiología, un hecho real, y no simplemente una metáfora.

Mientras estaba investigando para mi último libro. Cuerpo sin Edad, un cardiólogo me llamo desde Chicago, refiriéndose a mi anterior libro, Curación cuantica, a la parte que trata sobre la memoria de las células, y para decirme que tenía una interesante paciente para que yo atendiera.
Se refería a esta joven mujer, de 65 años de edad, que se le había hecho transplante de corazón, por una condición llamada cardiomeopatía. Poco después de su operación, cuando ya había dejado el cuarto de recuperación, se le preguntó si deseaba beber algo y ella pidió un vaso de cerveza, lo que realmente la sorprendió. Esa noche, en la cena, pidió “pollo McNutget” del restaurante Mc Donald, que la sorprendió más todavía.
Tres semanas más tarde, estando ya en su casa, tuvo un sueño. Y en el sueño se le aparece un joven que le dice: “mi nombre es Timmy L. y en verdad la quiero porque usted tiene mi corazón”. Al día siguiente, consultó las páginas necrológicas y encontró ese nombre. Investigando, descubrió que este joven, Timmy L., había tomado abundante cerveza y había terminado de salir de un Mc Donald cuando tuvo el choque fatal con su auto. Y que el fue el donante de su corazón.

Si me hubieran contado la historia hace diez años, posiblemente le hubiera dado al cardiólogo y a la paciente cien miligramos de Thorazine y que llamaran al psiquiatra. (Risas en la sala)

Pero ya no podemos hacer esto. Tenemos una ciencia nueva que está comenzando a explicar fenómenos como éste. Una ciencia nueva, que refuerza la afirmación de Próspero, del que “Nosotros somos ese elemento del que están hechos los sueños”.
Hoy, si usted habla con un buen físico, y le pregunta cual es la verdadera naturaleza de cualquier cosa física, él le dirá que no es física. Si le pregunta cuál es la naturaleza esencial del mundo material, le dirá que no es material.
El cuerpo humano, igual que cualquier otra cosa que no es material, está hecho de átomos. Los átomos son partículas que se mueven a la velocidad de la luz alrededor de enormes espacios vacíos. Y estas partículas subatómicas (las cuales tienen nombres interesantes, como Leptons y Quarks, e incluso más interesantes propiedades como encanto y capacidad de amistad), estas partículas subatómicas no son objetos materiales. Son fluctuaciones de energía e información en un enorme espacio vacío.
De hecho, hay algo muy peculiar sobre estas partículas: oscilan entrando y saliendo de la existencia, dependiendo si usted las está observando o no. Antes de que usted decidiera observarlas eran fantasmas matemáticos…. Y es su decisión de observarlas, que las lleva y las congela en evento tiempo-espacio que luego aparece como una partícula subatómica. Y es la colección de estas partículas subatómicas que da nacimiento a un átomo, y es la colección de estos átomos que da nacimiento al mundo material.

Pero, en su esencia, el mundo material está realmente hacho de nada. Y si usted pudiera ver el cuerpo humano con ojos de físico, se daría cuenta de que el 99.999% del cuerpo humano consiste en su mayor parte de espacio vacío. Y el 0.001% que parece ser material, es también espacio vacío.
En otras palabras, en general todo está hecho de nada. Vaya más allá de la fachada de moléculas dentro de la nube subatómica, y luego vaya más allá de la nube subatómica y usted termina con las manos llenas de nada.

Entonces, la próxima pregunta es ¿qué es esta nada? ¿Es simplemente un mero vacío o podría ser el centro de la creación? ¿Podría ser que nuestro espacio interior y el espacio exterior no son diferentes?
Porque a niveles de mecánica cuántica, no hay ningún borde definido del cuerpo humano o de ninguna otra cosa. ¿Podría ser que la naturaleza va siempre al mismo lugar para crear una galaxia de estrellas, o un grupo de nebulosas, o una selva tropical, que adonde va para crear un pensamiento?
Porque… ¿qué es un pensamiento después de todo? Un pensamiento es una fluctuación cuántica, un impulso de energía e información en el mismo vacío. Estamos tan acostumbrados a tener nuestros pensamientos, estructurados en forma de lenguaje, que probablemente todos tenemos en este idioma (con acento de la India), (risas en la sala), que nos olvidamos que éste es un universo pensante. Que éste universo está vivo, es un organismo que respira, piensa, metaboliza…
Y que de la misma manera que nosotros pensamos, él también piensa. Quizá no en términos estructurados en forma de lenguaje, sino a través de impulsos de energía e información que dan nacimiento a cada cosa en la Creación.
Esto no es una mera especulación basada en una manera de pensar esotérica, metafísica y filosófica oriental, esto es lo que nuestra ciencia está diciendo.

Fue Rumi, el gran poeta sufí que vivió en el siglo X en Medio Oriente, que dijo muy elegantemente:
“No somos pensamientos. Somos algo más allá de los pensamientos.
Pensamientos son simplemente cosas que nos pasan. Más allá de la idea del bien o del mal hay un lugar. Allí nos encontraremos.
Venimos girando desde la nada, esparciendo estrellas, como polvo.
Mira a estos mundos, girando desde la nada, ellos están dentro de tu poder”.

Y hoy, nuestros científicos nos están diciendo que es un hecho que los pensamientos son eventos cuánticos que se transforman en eventos de tiempo-espacio, manifestándose como cosas materiales. En los últimos 10 o 15 años ha habido una cantidad extraordinaria de investigación para validar este pensamiento entre los científicos.
Hace 15 o 20 años, los científicos descubrieron que cada vez que uno tiene un pensamiento, o experimenta una emoción, o un sentimiento, o un deseo, o un recuerdo, el cerebro convierte este impulso no material en una molécula mensajera.
Cuando se descubrió por primera vez esta molécula, fue llamada neuropéptido . Neuro porque fue encontrada en el cerebro, y péptido porque era una molécula de proteína. Y ésta es la manera en que las células del sistema nervioso se comunican entre ellas, independientemente de que usted esté hablando en español, inglés, swagili o cualquier otro idioma. Este es el lenguaje de las moléculas, en el cual se transforman los pensamientos.
Consecuentemente se descubrió que en cualquier lugar en que los científicos buscaran, encontraban receptores en las paredes de las células. Los mismos neuropeptidos generados como resultado de nuestro proceso pensante.

Por lo tanto, cuando uno mira a las paredes de una célula del sistema inmunológico, célula que nos protege de una infección, del cáncer, de desordenes degenerativos, del envejecimiento, encuentra los mismos receptores que tiene el neurón.
En otras palabras, su sistema inmunológico está escuchando constantemente el diálogo interno.
Alguien dentro de usted está teniendo una conversación consigo mismo todo el tiempo. En un momento trataremos de ver quién es esta persona y dónde reside, pero por el momento debemos darnos cuenta que quien quiera que sea esa persona, nunca se calla la boca. (Risas)
Esta conversación continúa estando despiertos, estando dormidos, cuando soñamos, siempre continuadamente. Y el sistema de inmunidad está escuchando. Si esta conversación es una conversación feliz, las células del sistema inmunológico también experimentarán la misma emoción y sentimiento y probablemente harán un buen trabajo. Si la conversación es agitada y nerviosa, esas células también se sentirán nerviosas y pueden imaginarse la clase de trabajo que harán.

Las células del sistema inmunológico no solamente están percibiendo constantemente el diálogo interno, sino que participan en la conversación. Si usted le pregunta le pregunta a un buen neurobiólogo cuál es la diferencia esencial entre el sistema de inmunidad y el sistema nervioso, le dirá que no hay ninguna. El sistema inmunológico es el sistema nervioso circulante. Tiene pensamientos, tiene memoria, toma decisiones, tiene un intelecto. Es un sistema nervioso circulante.

En realidad, no fue una sorpresa que cuando los científicos comenzaron a buscar en otros lugares del cuerpo humano, por ejemplo, las células del estómago, del colon, del intestino, encontraron exactamente el mismo fenómeno.
Y usted dice: “Tengo dentro, en las entrañas, un sentimiento sobre esto o aquello”, no está hablando metafóricamente, sino muy literalmente, porque su estómago y sus intestinos producen los mismos químicos que produce su cerebro cuando está pensando. Y en realidad usted puede confiar un poco más en sus entrañas, porque las células de sus intestinos no han aprendido todavía a dudar de su propio pensamiento.
Lo que estamos descubriendo con esta nueva ciencia, es que el cuerpo es en realidad una mente. El cuerpo es la experiencia objetiva de la consciencia……