
LECCIÓN 3
El mago observa los ires y venires del mundo,
pero su alma habita en el ámbito de la luz.
El paisaje cambia, el observador permanece igual.
El cuerpo es sólo el sitio al que los recuerdos
llaman hogar
Merlín prefería evitar que lo vieran los mortales, pero en ocasiones
se le podía ver una tarde de verano
haciendo equilibrio en un pie, al borde de un campo. Los campesinos
curiosos se le acercaban, pero Merlín
permanecía como una estatua, sin emitir sonido alguno o reconocer su
presencia.
En esas ocasiones, Arturo pensaba que su maestro parecía una garza
vieja acechando a un pez en el
pantano. Un día, después de que Merlín habla pasado horas
contemplando el estanque, el niño no resistió la
tentación de preguntarle qué era lo que miraba.
“No lo sé con exactitud”, contestó Merlín. “Vi una libélula y quise
mirarla más de cerca. Se atravesó en mi
camino como un sueño fugaz, pero al cabo de un momento olvidé si la
libélula era mi sueño o si yo era el de ella”.
“¿No es obvia la respuesta?”, preguntó Arturo.
Merlín le propinó un golpecito en la cabeza y le dijo: “Tú crees que
tus sueños existen aquí adentro. Pero
como yo me encuentro en todas partes, ¿cómo puedo saber cuál parte
de mí sueña a otra?”
Para Comprender la Lección.
Al mago que llevamos dentro también podríamos llamarlo testigo. El
papel del testigo es no intervenir en el
mundo cambiante, sino ver y comprender. El testigo no descansa —
permanece despierto aun mientras
soñamos o dormimos sin soñar. Por lo tanto, no necesita ver a través
de nuestros ojos, lo cual parece bastante
mágico. ¿No son acaso los ojos los órganos esenciales para ver?
La energía y la información son fundamentales para cualquier cosa
que podamos ver, oír o tocar en el mundo
relativo— cada átomo se puede descomponer en esos dos elementos. Sin
embargo, en su estado primordial
esos ingredientes no tienen forma. Un haz de energía puede alejarse
en un remolino informe como una
bocanada de humo; la información se puede descomponer en trozos
aleatorios de datos. Se necesita otra
fuerza para organizar el orden maravilloso de la vida: la
inteligencia. La inteligencia es lo que aglutina al
universo.
Para el mago, ésta no es una noción teórica porque puede ver con su
propio ojo interior que él es esa
inteligencia. Los mortales se desconciertan ante este concepto,
puesto que no pertenece a la mente. Están
acostumbrados a saber las cosas, pero no a la sabiduría misma. “El
mortal más brillante”, dijo Merlín, “no es
mejor que el más idiota tan pronto como ambos se duermen. Los dos
tienen las mismas pesadillas y se
preocupan por la muerte. El temor nace con ellos y no pueden
disfrutar el más nimio de los placeres sin saber
que al poco tiempo se desvanecerá”.
La sabiduría del mago permanece presente incluso durante el sueño.
La inteligencia universal siempre
despierta, consciente y que todo lo sabe, no es para el mago una
fuerza creadora distante. Vive en cada
átomo. Es el ojo detrás del ojo, el oído detrás del oído, la mente
detrás de la mente.
Por lo tanto, el mago no necesita estar despierto con los ojos
abiertos para ver. En el sentido más profundo,
podemos ver mientras dormimos o soñamos, porque ver significa estar
despiertos a la inteligencia universal.
Cuando el testigo está totalmente presente, todo es comprensible.
El conocimiento del mago es sabiduría pura que no depende de los
hechos externos. Es el agua de la vida
tomada directamente de su fuente. Sin importar los cambios que
ocurran en el universo, la sabiduría del mago
no puede cambiar— el paisaje va y viene pero el observador es
siempre el mismo. Antes de hallar al mago en
nuestro interior, todos dependemos de los sentidos y de la mente
para saber lo que sabemos. Nuestro
conocimiento es aprendido. Está almacenado en la memoria y
catalogado de acuerdo con las cosas que nos
interesan; por consiguiente, es selectivo. El conocimiento del mago
es innato.
En una ocasión, Arturo casi muere de susto cuando Merlín salió
corriendo como si estuviera loco, blandiendo
un enorme cuchillo de carnicero.
“¿Qué haces?”, preguntó el aterrorizado muchacho.
“Estoy pensando”, contestó Merlín. “¿Acaso tú no piensas así?”
“No”, dijo Arturo.
Merlín se detuvo y dijo: “Ah, entonces debo estar equivocado. Tenía
la impresión de que la mayoría de los
mortales utilizaban la mente como un cuchillo, para cortar y
disecar. Quería saber cómo era. Si me permites
decirlo, hay mucha violencia oculta en lo que ustedes los mortales
llaman racionalidad”.
La mente del mago es como un lente que toma lo que ve y lo deja
pasar sin distorsionarlo. La ventaja de ese
tipo de consciencia es que unifica, mientras que la mente racional
separa. La mente racional observa “en el
exterior” un mundo de objetos en el tiempo y el espacio, mientras
que el mago lo ve todo como parte de sí
mismo. En lugar del “exterior” y el “interior”, existe una sola
corriente unificada.
De ahí que Merlín dijera que no sabia si era él quien soñaba con la
libélula o si la libélula era la que soñaba
con él. Sólo hay diferencia en la separación, tal como la ve la
mente. Para el ojo del mago, los dos son una
misma cosa.
Para Vivir la Lección.
No es fácil explicar en qué consiste ser testigo. En el estado
normal de vigilia, todos vemos objetos, pero el
testigo ve luz. Se ve a si mimo como un foco de luz y al objeto como
otro, pero todo dentro del contexto de un
gran ámbito cambiante donde sólo hay luz.
La luz es una metáfora para hablar de los estados elevados del ser.
Cuando una persona que ha tenido una
experiencia cercana a la muerte dice: “Entré dentro de la luz”,
quiere decir que experimentó un plano más sutil
de si misma. La luz puede asumir la imagen del cielo o de otro
mundo, pero para el mago nuestro mundo
corriente también es sólo una imagen, proyectada igualmente desde la
consciencia.
“Toda consciencia es luz”, decía Merlín, “y toda luz es
consciencia”. Las fronteras que inventamos para dividir
el cielo y la Tierra, la mente y la materia, lo real y lo irreal,
son solamente mecanismos de conveniencia. Puesto
que hemos inventado las fronteras, podemos hacerlas desaparecer con
la misma facilidad.
Observe atentamente esta página. Para usted es un objeto. Es sólida
en la medida en que está hecha de
fibras de madera convertidas en papel, pero es abstracta en el
sentido de que está hecha de ideas. ¿Es una
página una cosa de papel, una cosa de ideas, o ambas cosas? Note con
cuánta facilidad puede percibirla como
las dos cosas, pero note también que no puede ver ambas cosas al
mismo tiempo. En otras palabras, las
distintas realidades pueden coexistir, pero cada una respeta su
propio nivel de existencia. Una palabra no es
otra cosa que puntos de tinta en un nivel, pero es la clave de una
idea en otro.
Todos los estados de existencia, desde el más sutil e inmaterial
hasta el más grosero y sólido, dependen del
observador. Si quisiéramos, podríamos disolver la página sólida y
convertirla en nada, de la siguiente manera:
una hoja está hecha de papel, el papel está hecho de moléculas, las
moléculas están compuestas de átomos,
los átomos son haces de energía a nivel cuántico, y los haces de
energía son espacio vacío en un 99.99999
por ciento. Puesto que la distancia entre un átomo y otro es
bastante grande — proporcionalmente mayor que
la distancia entre la Tierra y el Sol — podemos decir que esta
página es sólida sólo si estamos dispuestos a
decir que el espacio que nos separa del Sol es sólido.
Esta experiencia de convertir las cosas aparentemente sólidas en
nada puede hacerse también al contrario.
Comenzando con un espacio “vacío”, podemos añadir haces de energía,
átomos, moléculas y así
sucesivamente por la cadena de la creación hasta llegar al objeto
que querramos, incluido nuestro propio
cuerpo. La mano que da vuelta a esta página es una nube de energía y
la única forma de sentirla o de que ella
sienta la página es a través de un acto de consciencia. Otros haces
de energía, como la luz ultravioleta que nos
rodea, escapan totalmente a nuestra percepción. Por lo tanto, los
ires y venires del mundo dependen
enteramente del poder de la percepción. Fuimos creados como videntes
a fin de que el mundo existiera como
algo para ver. Sin los ojos, el mundo sería invisible.
Ahora podemos tomar esta noción y dar un paso más. Todo lo que
existe sobre la Tierra se nutre con el Sol,
el cual es una estrella. El alimento que consumimos se transformó a
partir de la luz de una estrella y, al
consumirlo, nosotros creamos un cuerpo proveniente de la misma
fuente. En otras palabras, el hecho de comer
un alimento no es otra cosa que el acto de una luz que consume luz.
Esta luz, aunque adopta muchas formas,
desde espirales gaseosas y quásares hasta un conejo que roe la
hierba, es sólo una. No existe en un sitio, sino
que está en todas partes. Sentimos que estamos en un sitio, pero eso
es cierto solamente porque en este
momento estamos dedicados al acto de suprema creación consistente en
convertir el universo de luz en un
solo foco denominado cuerpo y mente.