
LECCIÓN 20
El mayor bien que puedes hacerle al mundo es convertirte en mago.
Era el último día que pasarían juntos. El joven Arturo estaba parado
al lado del camino que conducía hacia
afuera del bosque. Mirando por encima del hombro trató de ver el
claro de Merlín, pero éste había
desaparecido. Un espeso parche de bosque, que había crecido de la
noche a la mañana, se lo había tragado y,
con él, la entrada a la cueva de cristal. Arturo sintió el vacío de
la pérdida, seguro de que ésta afectaría a todos
los mortales y no solamente a él.
“No regresaré jamás, ¿verdad?”, preguntó. Merlín, quien se
encontraba a su lado, sacudió la cabeza.
“No hay necesidad de que lo hagas. Ya terminaste conmigo”.
“Dudo que algún día pueda terminar contigo”, pensó Arturo. Le
parecía que incluso después de tantos años
de entrenamiento, tenía muchas más cosas que preguntarle a su
maestro que el primer día. Leyendo su mente,
el mago dijo: “Quise darte un obsequio de despedida y no se me
ocurrió nada mejor que esto”. Señaló el
camino sobre el cual estaban parados, el cual también había
aparecido de la noche a la mañana. “Los
senderos son la señal del mago. ¿Sabias eso?”
“Entonces recuerda mis palabras. Un mago es alguien que enseña
alejándose y cuando tú mismo puedas
alejarte, serás un mago. Aunque creas poseer una parte de esta
tierra, en realidad sólo caminas sobre ella. En
espíritu eres el polvo del camino, la inquietud del viento. Ustedes
los mortales construyen casas para
protegerse del mundo. Para un mago, el hogar es este momento, y los
momentos siempre están en movimiento...”
“Por el camino del tiempo”, añadió Arturo terminando la frase.
Conocía de memoria muchas de las
enseñanzas de Merlín.
“Sí”, convino Merlín. Los dos guardaron silencio. El muchacho miró
por el rabillo del ojo para ver si Merlín
estaba triste o por lo menos acongojado por su partida. La expresión
del mago no denotaba ni una cosa ni otra.
“Veo que no me crees del todo”, dijo Merlín. “Pero alejarte de mí es
en realidad el mejor obsequio que puedo
darte”. Y con eso, los indecisos pies del muchacho comenzaron a
andar. Había un recodo a noventa metros de
distancia y cada paso que Arturo daba hacia él parecía cambiarlo un
poco. Los años que había pasado al lado
de Merlín parecían desvanecerse en un sueño, al tiempo que aumentaba
su curiosidad por conocer el mundo.
Para cuando llegó al recodo, no pudo resistir las ganas de ver lo
que había más allá. Toda la acción y el
deseo de un mundo que nunca había conocido se convirtieron en algo
de lo cual ansiaba ser parte; ahora sus
pies volaban en su anhelo de salir del bosque. La imagen del propio
Merlín se diluyó en su mente hasta quedar
solamente una voz que decía: “Te he llevado a los lugares recónditos
de tu alma. Ahora deberás encontrarlos
nuevamente, esta vez por ti mismo”. Al cabo de un momento, también
la voz se desvaneció. El muchacho
pasó el recodo, levantó el polvo con un salto de alegría y sonrió.
En ese momento supo que cada vez que
viera un camino pensaría en Merlín.
Para Comprender la Lección.
Andar un camino es señal de desapego, y los magos enseñan que la
verdadera libertad está en el desapego.
Una persona libre vive en el espíritu, de la misma manera que el
mago, y puede hacer mucho más bien que el
que podría hacer por fuera del espíritu. Nuestra sociedad no acepta
aún este punto de vista, porque usted y yo
y todas las personas a quienes conocemos hemos sido condicionados
para pensar de otra manera. Estamos
apegados a todo y creemos que lo que hace funcionar la vida es el
apego.
Nuestro sentido de apego comienza con nuestra relación con esta
Tierra. Los mortales, dicen los magos,
viven bajo la ilusión de que son dueños del mundo y controlan su
destino. Desde el punto de vista de los
magos, el mundo tiene un espíritu que supervisa nuestro bienestar;
vivimos al abrigo de ese espíritu y tenemos
la capacidad de forjar nuestro propio destino. Pero no es posible
poseer o controlar al espíritu. “¿Deseas
poseer el mundo entero, no es así?”, le preguntó Merlín a Arturo.
“No, creo que no”, replicó el muchacho.
“Ah, silo deseas, créeme. Ustedes los mortales son como la chispa
que ha de incendiar todo un campo algún
día. La chispa parece insignificante, pero se disemina cada vez
más”.
“¿Quieres decir que destruiremos el mundo?”, preguntó Arturo.
“Eso depende. No es posible destruir el espíritu y si llegas a
considerarte un espíritu, te unirás al espíritu de
la Tierra. La alternativa es hacer caso omiso del espíritu y, si
optas por ese camino, esta Tierra no te interesará
para riada. Su dolor no apelará a ti”.
Merlín señaló una gran roca. “Patéala”, dijo. Arturo obedeció.
“¡Ay!”, se quejó.
“Raro”, comentó Merlín. “Fue la roca la que recibió la patada y, no
obstante, fuiste tú quien gritó”.
“¿Qué tiene eso de raro?”, se quejó Arturo, sospechando que el mago
lo había hecho patear más fuerte de lo
que el había planeado.
“Esta fue una lección sobre el espíritu. Cuando pateaste la roca, te
lastimaste a ti mismo. La roca no protestó,
porque la Tierra jamás lo hace. Ella está segura en el espíritu. La
lección de la Tierra para ustedes, los
mortales, es su seguridad en el espíritu. Pero si sientes ira a
causa de tu lesión, la cual la roca se limitó a
devolverte, tenderás a hacer caso omiso del espíritu. Querrás
aplastar la roca, destruirla y utilizarla para tu
beneficio, todo porque la Tierra es lo suficientemente gentil como
para no gritar cuando la lastimas”.
Es parte de la naturaleza del espíritu no protestar. No hay forma de
lastimar al espíritu, y aunque los
humanos hemos causado un daño asombroso a la Tierra, el resultado
final siempre será que acabaremos
dañándonos a nosotros mismos. No respetamos nuestro propio espíritu.
Nos vemos a nosotros mismos con
temor e ira. “Has perdido la fe en la fe”, dijo Merlín. “Pareces no
confiar en la confianza”. Lo que esto significa
es que las cualidades del espíritu, entre ellas el amor, la fe, la
confianza, deben conocerse y experimentarse
para que sirvan de algo.
La mayoría de las personas batallan contra su voluntad; recurren al
miedo y a la ira porque sienten que esos
son los caminos que les han sido impuestos. La voluntad para vivir
en paz depende de no dejarse guiar por
esas energías negativas, y eso sólo puede lograrse siguiendo el
sendero del mago. «Si deseas hacerle bien al
mundo, abandona todo tu egoísmo y conviértete en mago”, decía
Merlín. “Si deseas hacerte bien a ti mismo, sé
completamente egoísta y de todas maneras conviértete en mago”.
Aunque esto puede sonar paradójico, en
últimas todo espíritu es espíritu. Todos vamos por el mundo como
individuos, pero también como parte de la
Tierra. Por lo tanto, en la medida en que nos reconquistamos,
recuperamos al mundo.

Para Vivir la Lección.
Los magos no desestimulan el impulso de hacer el bien. Desapego no es
sinónimo de indiferencia. «Cuando
veas el sufrimiento, apresúrate a aliviarlo”, dijo Merlín, “pero
cerciórate de no salir con el sufrimiento pegado a
ti”. Este consejo llega directo al corazón de la compasión. La raíz de
la palabra compasión es “sufrir con”, y ésa
es la forma como la mayoría de nosotros la interpretamos. Suponemos que
la persona compasiva es la que
asume el sufrimiento de otra; sin embargo, si eso fuera cierto, la
compasión duplicaría el sufrimiento del mundo
en lugar de aliviarlo.
La verdadera compasión no es negativa. Podemos sentir el dolor del otro
pero permanecer seguros en el
espíritu. La Tierra se comporta de esa manera con nosotros. Aunque el
drama de los asuntos humanos se
representa sobre el escenario de la Tierra, en sus campos que teñimos de
sangre y en sus playas donde
amasamos nuestra riqueza, ella permanece desapegada. Los bosques, los
campos, las playas y las montañas
no se alzan y caen por causa nuestra.
Si no aceptamos que la Tierra tiene espíritu, ese desapego se convierte
en indiferencia. En nombre de la
indiferencia estamos saqueando la Tierra. La compasión por ella será
posible únicamente cuando unamos
nuestro espíritu al de ella.
¿Qué se necesita para unirnos al espíritu de la Tierra? Este libro es un
intento por ofrecer una respuesta. El
sendero del mago se originó en el mito, en la memoria profunda de la
humanidad, cuando aún nos
refugiábamos en los bosques primordiales. Merlín representaba entonces
un espíritu de la naturaleza dotado
de gran magia y poder. Hoy no hay espíritus de la naturaleza porque los
mortales decidieron apartarse de ella.
El viejo impulso de vivir dentro de la naturaleza dio paso a su
contrario, el impulso de conquistarla.
Este impulso se ha impuesto casi hasta el punto del desastre. En todas
partes se oye el clamor en pro del
regreso a la naturaleza, quizás en la última hora. Los magos nunca se
apartaron de la naturaleza, de modo que
no tienen sitio al cual regresar. Nos esperan para acogernos cuando
retornemos al espíritu. Sus secretos
revelan que, si deseamos reunirnos con la naturaleza, el camino es
recuperar nuestra propia naturaleza, la cual
es la consciencia pura. “Allá afuera” no hay otra cosa que el reflejo de
lo que hay “aquí adentro”. Si deseamos
regresar al hogar, debemos reconocer que el hogar es el momento
presente.
Todo el poder y la realización que los hombres ansían existen en este
momento. En el ahora se esconde una
energía tremenda, más grande de lo que la mente puede imaginar. Nada
podría estar más cerca y, sin
embargo, nada se aleja con tanta rapidez. Ese es el misterio y la
paradoja. Para resolverlos, debemos
reconocer que somos este momento. Todo el poder presente aquí debemos
encontrarlo en nuestro interior.
Todo el mundo tiene días llenos de energía, emoción y optimismo, y otros
marcados por la fatiga, la confusión y
el pesimismo. ¿En qué radica la diferencia? Algunas personas creen que
la respuesta está en los ciclos
biológicos, o en la acción de unas fuerzas aleatorias, o en el destino,
o en la suerte. Pero los magos dicen que
la respuesta está en la capacidad para estar presentes. Cuando estamos
presentes en el momento, tocamos la
fuente de la vida. El tiempo mismo fluye a partir de este momento y de
ningún otro. Por lo tanto, para ir
montados sobre la cresta del tiempo, necesitamos toda la energía de la
cual podamos hacer acopio, y esa
energía se encuentra dentro del momento.
Es imposible no preguntarnos cómo fue que el momento presente se nos
fue. Usted puede responder ese
interrogante por medio de un ejercicio simple. Siéntese unos segundos y
piense en la forma como opera la
memoria. ¿Qué hace cuando ve el rostro de una persona pero no recuerda
su nombre? Si se esfuerza en
recordar, el esfuerzo mismo parece sofocar el poder para recordar. Pero
todos hemos tenido la experiencia de
recordar un nombre o un rostro olvidado cuando menos lo esperábamos. El
simple hecho de dejar de pensar
en el asunto parece activar el poder para recordar.
El deseo funciona de la misma manera, aunque pocas personas reconocen su
mecánica. Como todos
deseamos cosas, nos es fácil caer en la trampa de trabajar, preocuparnos
y luchar constantemente para
obtener lo que deseamos. Sin embargo, los magos dicen que cuando dejamos
de pensar en las cosas, la
mecánica del deseo se ocupa de todo. Aunque esto parece misterioso,
piense en esto: ¿Realmente sabe cómo
regresan a la mente los recuerdos perdidos? La mente consciente no puede
obligarlo a recordar las cosas y, no
obstante, es muy capaz de recuperar todas y cada una de las cosas que ha
conocido.
Asimismo, la mente consciente no puede medir la forma como el universo
hace realidad los deseos. Y lo
mismo que la persona que lucha en vano por recordar un nombre, la gente
se esfuerza desesperadamente por
satisfacer sus deseos, sin darse cuenta de que el esfuerzo es el
problema, no la solución. Aunque ya hemos
cubierto estos puntos en el libro, me gustaría presentarlos nuevamente
en un plano más profundo. En este
momento usted es un mago. Se ha perfeccionado en el espíritu; jamás se
ha separado de Dios o de la
naturaleza. Lo único que ha sucedido es que, en su lucha por no sentir
dolor, ha comenzado a bloquear el
momento presente. La memoria y el deseo ocultan el espíritu. Lo hacen
porque hace mucho tiempo usted
comenzó a temer por su seguridad aquí en la Tierra. La inseguridad es
el motivo por el cual atacamos a la
Tierra, porque si confiáramos en que contamos con sustento y apoyo,
ninguno de nosotros perseguiría la
supervivencia de una manera tan histérica.
“Confía en la confianza, ten fe en la fe”, decía Merlín. “Ésa es la
única solución cuando se han perdido la
confianza y la fe”. Dentro de nuestro corazón no somos otra cosa que
confianza. El ser y el amor también son
parte nuestra, pero es la confianza la que nos permite respirar
tranquilamente, aceptar el espíritu de la Tierra
como nuestro. Y la técnica para recordar esto es tan simple como la
técnica para recordar cualquier otra cosa:
permitirnos dejar de creer que la lucha es la respuesta. Apreciemos en
silencio la vida que nos sale al
encuentro a cada momento. Con esta aceptación silenciosa viene la enorme
energía que está escondida en el
presente y, con esa energía, la abundancia, la paz, la inteligencia y la
creatividad.
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Todos ellos son los obsequios del silencio envueltos dentro
del espíritu de la Tierra.

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