Llama Violeta

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EL SENDERO DEL MAGO

Segunda Parte

Lección 19

Deepak Chopra 

 

LECCIÓN 19

Los magos jamás condenan el deseo. Fue siguiendo

sus deseos como se convirtieron en magos.

Todo deseo nace de un deseo anterior La cadena

del deseo jamás termina. Es la vida misma.

No consideres inútil o equivocado ninguno de tus deseos

— algún día todos se cumplirán.

Los deseos son semillas a la espera de la estación

propicia para germinar De una sola semilla

de deseo nacen bosques completos.

Aprecia cada uno de los deseos de tu corazón,

por trivial que parezca. Un día, esos deseos triviales

te conducirán hasta Dios.

Fue un milagroso día de Navidad cuando Arturo sacó la espada de la piedra. Entre toda la multitud que se

agolpó para presenciar la hazaña, no había nadie más asombrado que el propio Arturo. “¿Dónde está Merlín?”,

pensó, seguro de que el mago le había permitido realizar la hazaña por medio de magia. Pero Merlín no apareció.

Ya entrada la noche, mucho después de que todos se habían acostado, Arturo velaba todavía, pensando si

su destino, en efecto, era ser rey “Te necesito, maestro”, oró. De pronto vio una luz por debajo de la puerta. Se

puso de pie de un saltó y la abrió, pero no era el mago. Era Kay, su hermano adoptivo.

“¿Cómo te encuentras?”, le preguntó Kay Arturo no supo qué decir, pero al entrar de nuevo en la habitación,

respiró profundamente. “Alza un poco más la luz”, dijo. Kay alzó la vela y la luz alumbró tres objetos que habían

aparecido en la cama de Arturo: un muñeco de paja, una honda rota y un espejo agrietado.

“¿Ves esas cosas?” , preguntó Arturo con voz extraña. Kay se mostró confundido. “Las veo, pero no

significan nada para mi.

“Pedí la ayuda de Merlín y aparecieron estas cosas. Este muñeco fue mi primer juguete”, dijo Arturo

levantándolo. “Debía de tener dos años cuando Merlín lo hizo para mi. Esta honda rota la hice con la piel de un

venado y una horqueta cuando tenía ocho años. Este espejo agrietado lo encontré en el bosque cuando tenía

doce años. ¿Sabes qué tienen en común?” Kay sacudió la cabeza. “Fueron las cosas más importantes que

tuve, cada una en su momento, y ahora míralas”. “Basura inservible”, murmuró Kay

“Sin embargo, siento una enorme dicha al verlas porque sé que Merlín ha estado conmigo todo el tiempo.

Verás, Kay, cuando tenía dos años solamente deseaba juguetes; cuando tenía ocho sólo deseaba cazar

golondrinas y ardillas; y cuando tenía doce sólo deseaba mirarme en el espejo para saber si a las niñas les

parecería apuesto o feo. Aunque dejé atrás todas esas cosas, cada una de ellas fue un peldaño para llegar a

este momento. También algún día depondré la corona, aunque sea mi único deseo y destino ahora”.

Kay era un alma simple e intrépida que reverenciaba a la monarquía. Por lo tanto se escandalizó. “¿Por qué

habría alguien de deponer la corona?”, preguntó asombrado.

“Porque llegará el momento en que será tan trivial como un muñeco, tan inútil como una honda rota, y tan

vana como un espejo. Creo que eso es lo que Merlín quiso que viera”.

     

Para Comprender la Lección.

El deseo ocupa un lugar peculiar en nuestros corazones, porque aunque cada uno de nosotros va por la vida

deseando una cosa tras otra, siempre estamos desechando nuestros viejos deseos como si nunca hubiesen

tenido importancia. Los deseos nunca terminan, independientemente de cuántos se hagan realidad y, al mismo

tiempo, ningún deseo dura lo suficiente como para permitimos dejar totalmente atrás el hábito de desear.

“Eres humano, y en tu naturaleza está el desear más y más”, dijo Merlín. “El deseo es el que te impulsa en la

vida hasta que llega el momento en que deseas una vida superior. Por consiguiente, no te avergüences de

desear tantas cosas, pero tampoco te engañes creyendo que lo que deseas hoy será suficiente mañana”.

Es obvio que los deseos nunca terminan pero, no obstante, eso no ha impedido que algunas personas, por lo

general muy espirituales, traten de renunciar al deseo. En Occidente, los cristianos condenan la debilidad de la

carne a causa de sus bajos deseos; en Oriente, el budismo culpa al deseo de ser la causa del ciclo

interminable de placer y dolor. Pero a los ojos del mago, no hay razón para emitir un juicio en contra del deseo.

“Cuando salgas al mundo”, le dijo Merlín al joven Arturo, “serás dueño de un premio que todos los hombres

anhelan. Esto pondrá a miles de personas en tu contra y lucharás durante años para ganar tu corona”.

“Entonces, no tomaré la corona”, dijo Arturo muy atribulado.

“No, ésa no es la solución”, replicó Merlín. “El deseo arrastra a los mortales hacia todo tipo de desasosiegos,

pero es parte del plan de Dios que tengan deseos”.

“Pero el deseo obnubila a las personas y las hace egoístas. Agita la violencia, tal como tú lo pronosticaste.

Crea ignorancia y enfrenta a las personas”.

“Todos esos son usos del deseo”, anotó Merlín. “En esto hay un misterio que, como siempre, sólo el que

busca podrá resolver. ¿Es el deseo bueno o malo, o ninguna de las dos cosas? Te daré una pista. Para

descubrir la verdadera naturaleza del deseo, debes comenzar sin juzgar. Honra a todos y cada uno de tus

deseos. Guárdalos en tu corazón. No luches para obtener lo que deseas; confía en que tu espíritu superior te

ha hecho concebir el deseo, y deja en sus manos el que éste se torne realidad. Verás que el aspecto malo del

deseo no está en el deseo mismo, sino en la lucha de los hombres por hacerlo realidad”.

El mago no lucha para que las cosas sucedan como él las desea, para tomar o ganar o poseer las cosas,

porque ve el deseo dentro de una matriz más grande planteada por el espíritu. “Visto tal y como es en realidad,

el deseo expresa la necesidad última de regresar a la perfección. Desde el momento en que naciste nunca

hubo esperanza de que pudieras sentirte realizado con tus logros, tus posesiones o tu condición. Nada externo

podría funcionar:’.

“Entonces, ¿por qué Dios creó tantos objetos de deseo?”, preguntó Arturo.

“¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en querer más de este mundo si es que vale la pena desearlo?”, replicó

Merlín. “Considera el deseo como la disposición para recibir lo que Dios desea dar. Este mundo es un regalo; el

Creador no fue obligado a hacerlo. Sólo tu capacidad para recibir limita la capacidad de Dios para darte lo que

deseas”.

“Quizás tengas razón, pero entonces, ¿por qué Dios no se limitó a crear un camino directo para llegar a el?”,

preguntó Arturo.

“Sí lo hizo. El deseo es el camino directo, puesto que no hay ruta más rápida para llegar a Dios que a través

de tus propios deseos y necesidades. ¿Por qué habría Dios de darte algo antes de que tu lo desees? ¿Alguna

vez te has preguntado el por qué de tus deseos y de tu juicio en contra de ellos? Juzgar el deseo equivale a

juzgar su fuente, la cual eres tú mismo; temerle al deseo implica tener miedo de ti mismo. El problema no

radica en el deseo sino en lo que sucede cuando tus deseos se frustran o se bloquean. Es allí donde

comienzan la lucha y el juzgamiento.

“Si pudieras ver la forma de cumplir todos tus deseos —que es lo que Dios ha tenido planeado para ti todo el

tiempo— te darías cuenta de que sin el deseo no podrías crecer. Imagínate como un niño que nunca hubiera

querido dejar atrás los juguetes; sin la fuente de nuevos deseos, quedarías atrapado en la inmadurez

perpetua”.

Para Vivir la Lección.

El discurso de Merlín sobre el deseo toca una cuerda sensible porque vivimos en una sociedad en la cual

podemos tener más y más cosas materiales. Sin embargo, no hemos logrado la felicidad perfecta. Muchas

veces, detrás de la riqueza hay un vacío espiritual. Eso no significa que desear una casa, un automóvil y una

cuenta bancaria esté mal o sea motivo de vergüenza. El vacío espiritual no es el resultado de desear cosas

materiales. Se creó cuando volvimos los ojos hacia las cosas externas para esperar de ellas lo que no pueden

hacer. Las cosas externas no pueden satisfacer las necesidades espirituales. El dicho según el cual es más

fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar al cielo no es una condena de la

riqueza. Sencillamente señala que el dinero no tiene valor espiritual. El dinero no abre la puerta del paraíso.

Los magos siempre han enseñado que el deseo debe verse como un camino. Al principio, los deseos se

relacionan con cosas como el placer, la supervivencia o el poder. Pero con el tiempo, el camino del deseo lleva

más allá de esas gratificaciones. No son deseos bajos, sino preliminares. De la misma manera que el niño deja

atrás los juguetes a cierta edad, el deseo de tener más y más lleva finalmente a la persona a una fase natural

en la cual el deseo de Dios desplaza a todo lo demás. “No trates de convertirte en un buscador de Dios”, dijo

Merlín. “Has sido un buscador desde tu nacimiento, sólo que al principio el Dios al cual buscabas eran los

juguetes, después la aprobación, después el sexo, el dinero o el poder.

“Todas esas cosas fueron objeto de tu adoración y las deseaste con pasión. Regocíjate en ellas cuando sean

los deseos del momento, pero prepárate para dejarlas atrás. Tu gran problema no será el deseo sino el apego,

sentir la necesidad de aferrarse a las cosas cuando el flujo de la vida te pide que las dejes ir”.

El ejercicio para esta lección es un experimento de pensamiento puro. Siéntese y piense en lo que desea con

más fervor en este momento. Tal vez sea un determinado vehículo o el éxito en una relación. Trate de escoger

algo que todavía esté persiguiendo, de tal manera que pueda sentir cuán fuerte es realmente el deseo.

Ahora piense en un deseo que ya se haya hecho realidad. Podría ser su último automóvil nuevo o un

proyecto exitoso o una suma de dinero. Comparado con su deseo actual, el viejo se sentirá diferente. No

sentirá tan intensamente la ansiedad de perseguirlo puesto que ya ha saboreado su realización. Lo que

experimenta a través de este contraste es la forma como la vida lo impulsa hacia adelante. El deseo de ayer

tenía su propio impulso, el cual ha pasado a ser del deseo de hoy Esta fuerza que lo impulsa hacia adelante no

es aleatoria. Lo ha llevado desde los caprichos de la infancia, a través de los deseos de la adolescencia, hasta

los del adulto.

El camino del deseo es increíblemente poderoso y no termina nunca; solamente cambian los objetos del

deseo. Lo que el mago sabe es que, en su nivel más profundo, nuestros deseos contienen el impulso evolutivo

de la vida misma. Desear vivir no es un simple instinto de supervivencia — es un camino que se abre ante

nosotros. A la vida no le agrada ser bloqueada, ésta es la razón por la cual Merlín dijo que los problemas con el

deseo surgen únicamente cuando se atraviesa un obstáculo en su camino. Un bebé sano aprende que

cualquier cosa que desea es buena, cuando su madre se complace en satisfacer sus necesidades.

Cuando se establece un modelo positivo del deseo desde temprana edad, el bebé crece con deseos

naturales concordantes con sus verdaderas necesidades. De hecho, una persona psicológicamente sana

puede definirse como alguien cuyos deseos en realidad le producen felicidad. Pero si al bebé se le graba la

noción contraria, que los deseos son vergonzosos y se satisfacen a regañadientes, el deseo no se desarrollará

de una forma sana. Más adelante, el adulto continuará buscando satisfacción en las cosas externas,

necesitando cada vez más poder, dinero o sexo para llenar un vacío creado cuando era bebé; la persona cree

que su existencia misma es un error.

En casos extremos, el deseo se distorsiona hasta tal punto que su necesidad se convierte en el ansia de

matar, robar, emplear la violencia y demás. Estos deseos pueden causar daños inconcebibles, tanto a nivel

personal como social. Sin embargo, nadie sabe al ver a un asesino o a un ladrón, en qué punto se extraviaron

sus valores. Para el mago, todos los deseos se originan en el mismo sitio, en el punto donde la vida

sencillamente desea expresarse a sí misma; el problema radica en la obstaculización o la condena del deseo.

Las manifestaciones nocivas del deseo sencillamente reflejan el daño de una psique que necesita

desesperadamente conocerse a si misma, como nos sucede a todos nosotros, pero que ha fracasado en su

intento — por lo menos hasta ahora.

Por consiguiente, es de vital importancia comprender la naturaleza de nuestros deseos, reconocer que, de

acuerdo con el plan divino, todos los deseos están hechos para cumplirse. Dios no nos impide tener todo

aquello que deseamos. Somos nosotros quienes creemos en el fondo que no merecemos nada. Esa forma de

juzgarnos crea bloqueos en el flujo natural de la vida, pero una vez que éstos desaparecen, el camino del

deseo se convierte en dicha porque es la ruta mas corta y más natural para llegar a Dios. No hay deseo trivial,

porque todo deseo posee significado espiritual.

Cada uno es un pequeño paso hacia el día en que deseemos la más elevada realización, a saber: conocer nuestra naturaleza divina.