
LECCIÓN 19
Los magos jamás condenan el deseo. Fue siguiendo
sus deseos como se convirtieron en magos.
Todo deseo nace de un deseo anterior La cadena
del deseo jamás termina. Es la vida misma.
No consideres inútil o equivocado ninguno de tus deseos
— algún día todos se cumplirán.
Los deseos son semillas a la espera de la estación
propicia para germinar De una sola semilla
de deseo nacen bosques completos.
Aprecia cada uno de los deseos de tu corazón,
por trivial que parezca. Un día, esos deseos triviales
te conducirán hasta Dios.
Fue un milagroso día de Navidad cuando Arturo sacó la espada de la
piedra. Entre toda la multitud que se
agolpó para presenciar la hazaña, no había nadie más asombrado que
el propio Arturo. “¿Dónde está Merlín?”,
pensó, seguro de que el mago le había permitido realizar la hazaña
por medio de magia. Pero Merlín no apareció.
Ya entrada la noche, mucho después de que todos se habían acostado,
Arturo velaba todavía, pensando si
su destino, en efecto, era ser rey “Te necesito, maestro”, oró. De
pronto vio una luz por debajo de la puerta. Se
puso de pie de un saltó y la abrió, pero no era el mago. Era Kay, su
hermano adoptivo.
“¿Cómo te encuentras?”, le preguntó Kay Arturo no supo qué decir,
pero al entrar de nuevo en la habitación,
respiró profundamente. “Alza un poco más la luz”, dijo. Kay alzó la
vela y la luz alumbró tres objetos que habían
aparecido en la cama de Arturo: un muñeco de paja, una honda rota y
un espejo agrietado.
“¿Ves esas cosas?” , preguntó Arturo con voz extraña. Kay se mostró
confundido. “Las veo, pero no
significan nada para mi.
“Pedí la ayuda de Merlín y aparecieron estas cosas. Este muñeco fue
mi primer juguete”, dijo Arturo
levantándolo. “Debía de tener dos años cuando Merlín lo hizo para
mi. Esta honda rota la hice con la piel de un
venado y una horqueta cuando tenía ocho años. Este espejo agrietado
lo encontré en el bosque cuando tenía
doce años. ¿Sabes qué tienen en común?” Kay sacudió la cabeza.
“Fueron las cosas más importantes que
tuve, cada una en su momento, y ahora míralas”. “Basura inservible”,
murmuró Kay
“Sin embargo, siento una enorme dicha al verlas porque sé que Merlín
ha estado conmigo todo el tiempo.
Verás, Kay, cuando tenía dos años solamente deseaba juguetes; cuando
tenía ocho sólo deseaba cazar
golondrinas y ardillas; y cuando tenía doce sólo deseaba mirarme en
el espejo para saber si a las niñas les
parecería apuesto o feo. Aunque dejé atrás todas esas cosas, cada
una de ellas fue un peldaño para llegar a
este momento. También algún día depondré la corona, aunque sea mi
único deseo y destino ahora”.
Kay era un alma simple e intrépida que reverenciaba a la monarquía.
Por lo tanto se escandalizó. “¿Por qué
habría alguien de deponer la corona?”, preguntó asombrado.
“Porque llegará el momento en que será tan trivial como un muñeco,
tan inútil como una honda rota, y tan
vana como un espejo. Creo que eso es lo que Merlín quiso que viera”.
Para Comprender la Lección.
El deseo ocupa un lugar peculiar en nuestros corazones, porque
aunque cada uno de nosotros va por la vida
deseando una cosa tras otra, siempre estamos desechando nuestros
viejos deseos como si nunca hubiesen
tenido importancia. Los deseos nunca terminan, independientemente de
cuántos se hagan realidad y, al mismo
tiempo, ningún deseo dura lo suficiente como para permitimos dejar
totalmente atrás el hábito de desear.
“Eres humano, y en tu naturaleza está el desear más y más”, dijo
Merlín. “El deseo es el que te impulsa en la
vida hasta que llega el momento en que deseas una vida superior. Por
consiguiente, no te avergüences de
desear tantas cosas, pero tampoco te engañes creyendo que lo que
deseas hoy será suficiente mañana”.
Es obvio que los deseos nunca terminan pero, no obstante, eso no ha
impedido que algunas personas, por lo
general muy espirituales, traten de renunciar al deseo. En
Occidente, los cristianos condenan la debilidad de la
carne a causa de sus bajos deseos; en Oriente, el budismo culpa al
deseo de ser la causa del ciclo
interminable de placer y dolor. Pero a los ojos del mago, no hay
razón para emitir un juicio en contra del deseo.
“Cuando salgas al mundo”, le dijo Merlín al joven Arturo, “serás
dueño de un premio que todos los hombres
anhelan. Esto pondrá a miles de personas en tu contra y lucharás
durante años para ganar tu corona”.
“Entonces, no tomaré la corona”, dijo Arturo muy atribulado.
“No, ésa no es la solución”, replicó Merlín. “El deseo arrastra a
los mortales hacia todo tipo de desasosiegos,
pero es parte del plan de Dios que tengan deseos”.
“Pero el deseo obnubila a las personas y las hace egoístas. Agita la
violencia, tal como tú lo pronosticaste.
Crea ignorancia y enfrenta a las personas”.
“Todos esos son usos del deseo”, anotó Merlín. “En esto hay un
misterio que, como siempre, sólo el que
busca podrá resolver. ¿Es el deseo bueno o malo, o ninguna de las
dos cosas? Te daré una pista. Para
descubrir la verdadera naturaleza del deseo, debes comenzar sin
juzgar. Honra a todos y cada uno de tus
deseos. Guárdalos en tu corazón. No luches para obtener lo que
deseas; confía en que tu espíritu superior te
ha hecho concebir el deseo, y deja en sus manos el que éste se torne
realidad. Verás que el aspecto malo del
deseo no está en el deseo mismo, sino en la lucha de los hombres por
hacerlo realidad”.
El mago no lucha para que las cosas sucedan como él las desea, para
tomar o ganar o poseer las cosas,
porque ve el deseo dentro de una matriz más grande planteada por el
espíritu. “Visto tal y como es en realidad,
el deseo expresa la necesidad última de regresar a la perfección.
Desde el momento en que naciste nunca
hubo esperanza de que pudieras sentirte realizado con tus logros,
tus posesiones o tu condición. Nada externo
podría funcionar:’.
“Entonces, ¿por qué Dios creó tantos objetos de deseo?”, preguntó
Arturo.
“¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en querer más de este mundo si es que
vale la pena desearlo?”, replicó
Merlín. “Considera el deseo como la disposición para recibir lo que
Dios desea dar. Este mundo es un regalo; el
Creador no fue obligado a hacerlo. Sólo tu capacidad para recibir
limita la capacidad de Dios para darte lo que
deseas”.
“Quizás tengas razón, pero entonces, ¿por qué Dios no se limitó a
crear un camino directo para llegar a el?”,
preguntó Arturo.
“Sí lo hizo. El deseo es el camino directo, puesto que no hay ruta
más rápida para llegar a Dios que a través
de tus propios deseos y necesidades. ¿Por qué habría Dios de darte
algo antes de que tu lo desees? ¿Alguna
vez te has preguntado el por qué de tus deseos y de tu juicio en
contra de ellos? Juzgar el deseo equivale a
juzgar su fuente, la cual eres tú mismo; temerle al deseo implica
tener miedo de ti mismo. El problema no
radica en el deseo sino en lo que sucede cuando tus deseos se
frustran o se bloquean. Es allí donde
comienzan la lucha y el juzgamiento.
“Si pudieras ver la forma de cumplir todos tus deseos —que es lo que
Dios ha tenido planeado para ti todo el
tiempo— te darías cuenta de que sin el deseo no podrías crecer.
Imagínate como un niño que nunca hubiera
querido dejar atrás los juguetes; sin la fuente de nuevos deseos,
quedarías atrapado en la inmadurez
perpetua”.

Para Vivir la Lección.
El discurso de Merlín sobre el deseo toca una cuerda sensible porque
vivimos en una sociedad en la cual
podemos tener más y más cosas materiales. Sin embargo, no hemos logrado
la felicidad perfecta. Muchas
veces, detrás de la riqueza hay un vacío espiritual. Eso no significa
que desear una casa, un automóvil y una
cuenta bancaria esté mal o sea motivo de vergüenza. El vacío espiritual
no es el resultado de desear cosas
materiales. Se creó cuando volvimos los ojos hacia las cosas externas
para esperar de ellas lo que no pueden
hacer. Las cosas externas no pueden satisfacer las necesidades
espirituales. El dicho según el cual es más
fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico
entrar al cielo no es una condena de la
riqueza. Sencillamente señala que el dinero no tiene valor espiritual.
El dinero no abre la puerta del paraíso.
Los magos siempre han enseñado que el deseo debe verse como un camino.
Al principio, los deseos se
relacionan con cosas como el placer, la supervivencia o el poder. Pero
con el tiempo, el camino del deseo lleva
más allá de esas gratificaciones. No son deseos bajos, sino
preliminares. De la misma manera que el niño deja
atrás los juguetes a cierta edad, el deseo de tener más y más lleva
finalmente a la persona a una fase natural
en la cual el deseo de Dios desplaza a todo lo demás. “No trates de
convertirte en un buscador de Dios”, dijo
Merlín. “Has sido un buscador desde tu nacimiento, sólo que al principio
el Dios al cual buscabas eran los
juguetes, después la aprobación, después el sexo, el dinero o el poder.
“Todas esas cosas fueron objeto de tu adoración y las deseaste con
pasión. Regocíjate en ellas cuando sean
los deseos del momento, pero prepárate para dejarlas atrás. Tu gran
problema no será el deseo sino el apego,
sentir la necesidad de aferrarse a las cosas cuando el flujo de la vida
te pide que las dejes ir”.
El ejercicio para esta lección es un experimento de pensamiento puro.
Siéntese y piense en lo que desea con
más fervor en este momento. Tal vez sea un determinado vehículo o el
éxito en una relación. Trate de escoger
algo que todavía esté persiguiendo, de tal manera que pueda sentir cuán
fuerte es realmente el deseo.
Ahora piense en un deseo que ya se haya hecho realidad. Podría ser su
último automóvil nuevo o un
proyecto exitoso o una suma de dinero. Comparado con su deseo actual, el
viejo se sentirá diferente. No
sentirá tan intensamente la ansiedad de perseguirlo puesto que ya ha
saboreado su realización. Lo que
experimenta a través de este contraste es la forma como la vida lo
impulsa hacia adelante. El deseo de ayer
tenía su propio impulso, el cual ha pasado a ser del deseo de hoy Esta
fuerza que lo impulsa hacia adelante no
es aleatoria. Lo ha llevado desde los caprichos de la infancia, a través
de los deseos de la adolescencia, hasta
los del adulto.
El camino del deseo es increíblemente poderoso y no termina nunca;
solamente cambian los objetos del
deseo. Lo que el mago sabe es que, en su nivel más profundo, nuestros
deseos contienen el impulso evolutivo
de la vida misma. Desear vivir no es un simple instinto de supervivencia
— es un camino que se abre ante
nosotros. A la vida no le agrada ser bloqueada, ésta es la razón por la
cual Merlín dijo que los problemas con el
deseo surgen únicamente cuando se atraviesa un obstáculo en su camino.
Un bebé sano aprende que
cualquier cosa que desea es buena, cuando su madre se complace en
satisfacer sus necesidades.
Cuando se establece un modelo positivo del deseo desde temprana edad, el
bebé crece con deseos
naturales concordantes con sus verdaderas necesidades. De hecho, una
persona psicológicamente sana
puede definirse como alguien cuyos deseos en realidad le producen
felicidad. Pero si al bebé se le graba la
noción contraria, que los deseos son vergonzosos y se satisfacen a
regañadientes, el deseo no se desarrollará
de una forma sana. Más adelante, el adulto continuará buscando
satisfacción en las cosas externas,
necesitando cada vez más poder, dinero o sexo para llenar un vacío
creado cuando era bebé; la persona cree
que su existencia misma es un error.
En casos extremos, el deseo se distorsiona hasta tal punto que su
necesidad se convierte en el ansia de
matar, robar, emplear la violencia y demás. Estos deseos pueden causar
daños inconcebibles, tanto a nivel
personal como social. Sin embargo, nadie sabe al ver a un asesino o a un
ladrón, en qué punto se extraviaron
sus valores. Para el mago, todos los deseos se originan en el mismo
sitio, en el punto donde la vida
sencillamente desea expresarse a sí misma; el problema radica en la
obstaculización o la condena del deseo.
Las manifestaciones nocivas del deseo sencillamente reflejan el daño de
una psique que necesita
desesperadamente conocerse a si misma, como nos sucede a todos nosotros,
pero que ha fracasado en su
intento — por lo menos hasta ahora.
Por consiguiente, es de vital importancia comprender la naturaleza de
nuestros deseos, reconocer que, de
acuerdo con el plan divino, todos los deseos están hechos para
cumplirse. Dios no nos impide tener todo
aquello que deseamos. Somos nosotros quienes creemos en el fondo que no
merecemos nada. Esa forma de
juzgarnos crea bloqueos en el flujo natural de la vida, pero una vez que
éstos desaparecen, el camino del
deseo se convierte en dicha porque es la ruta mas corta y más natural
para llegar a Dios. No hay deseo trivial,
porque todo deseo posee significado espiritual.
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Cada uno es un pequeño paso hacia el día en que deseemos la
más elevada realización, a saber: conocer nuestra naturaleza
divina.

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