
LECCIÓN 17
Quienes buscan jamás se extravían porque el espíritu los llama
constantemente.
Quienes buscan reciben pistas de mundo espiritual
permanentemente. Las personas corrientes
dan a estas pistas el nombre de coincidencias.
Para el mago las coincidencias no existen. Cada suceso
existe para develar otra capa del alma.
El espíritu desea encontrarnos. Para aceptar
su invitación, debemos estar desprotegidas.
Al buscar; comencemos por el corazón.
El corazón es el hogar de la verdad.
Merlín tenía la extraña costumbre de alegrarse cuando a Arturo le
sucedía un percance. Si Arturo regresaba
a la gruta con heridas y contusiones porque se había caído de un
árbol, el mago murmuraba “Bien”, con voz
casi inaudible. Una noche, en medio de una tormenta eléctrica, el
tronco podrido de un viejo sicomoro casi le
cae al niño en la cabeza. “Bien hecho”, dijo Merlín por lo bajo.
Aunque el mago pronunciaba sus comentarios en voz baja, para el niño
eran como dardos. Se juró a sí
mismo ocultarle a su maestro todas sus pequeñas desgracias, pero al
día siguiente, mientras cortaba leña
cerca de la cueva, el hacha se le resbaló de las manos y en un
segundo le atravesó el zapato y por poco le
cercena los dedos. Al oír su grito de angustia, Merlín salió
rápidamente de la gruta y ponderó el estado del
zapato.
“Cada vez mejor”, dijo suavemente. En ese momento, Arturo no pudo
contenerse más.
“¿Cómo puedes alegrarte cuando me lastimo?”, exclamó.
“¿Alegrarme? ¿De qué estás hablando?” Merlín parecía sinceramente
confundido.
“Crees que no me doy cuenta, pero cada vez que me sucede algo malo,
pareces complacido”.
Merlín arrugó el ceño. “No debes escuchar las conversaciones que no
son para tus oídos, especialmente si
son mis conversaciones internas”. Esta respuesta sólo hizo que el
niño se sintiera todavía más herido. Estaba a
punto de salir corriendo para escapar de la frialdad de Merlín,
cuando el mago le puso la mano en el hombro.
“Crees comprenderme, pero no es así”, dijo. Y prosiguió con voz más
suave. “No me alegraba de tu
desgracia. Me alegraba de tus escapadas. ¡Si sólo supieras que esos
accidentes habrían podido ser mucho peores!”
“¿Quieres decir que me salvaste del peligro?”, preguntó Arturo
asombrado. Merlín sacudió la cabeza.
“Tú te salvaste a ti mismo, o por lo menos estás aprendiendo a
hacerlo. Los accidentes no existen, a pesar
de lo que ustedes los mortales creen. Sólo hay causa y efecto, y
cuando la causa está muy lejana en el tiempo,
el efecto regresa cuando ya se ha olvidado. Pero puedes estar seguro
de que todo lo que te ocurre, bueno o
malo, es el resultado de alguna acción pasada”. Como era joven y
además confiaba en su maestro, Arturo no
rechazó esa nueva noción y reflexionó durante unos instantes.
“Estás diciendo que estos percances son como el eco. Si hubiera
gritado ayer y el eco hubiera esperado
hasta hoy para retornar, yo ya lo habría olvidado”. “Exactamente”.
“Entonces, ¿cómo es posible que esté aprendiendo a prevenir esas
reacciones tardías si ya las he
olvidado?”, preguntó el niño.
“Porque estás más alerta. Las acciones regresan a nosotros una y
otra vez desde distintas direcciones. Son
tantos los tipos de causas y efectos que funcionan a nuestro
alrededor, que debemos estar alerta para verlos.
En el universo nada sucede al azar. Tus acciones pasadas no regresan
para castigarte sino para llamar tu
atención. Son como pistas”. “¿Pistas? ¿De qué?”
Merlín sonrió. “Si te dijera dañaría la pista. Baste con decir que
tú no eres quien crees ser. Vives en muchos
planos de la realidad. A uno de ellos lo llamaremos el espíritu.
Imagina que no te reconoces como espíritu, pero
que tu espíritu si te conoce. ¿Acaso lo más natural no sería que te
llamara? Las pistas que caen del cielo son
mensajes del espíritu, pero debes estar alerta a captarlas”.
“Pero lo único que hice fue cortarme el zapato con el hacha y casi
quedar aplastado bajo un árbol. Fue una
pura coincidencia que me hubiese resguardado de la tormenta debajo
de ese árbol”, protestó el niño.
“Eso dices tú, y eso mismo prefieren decir los mortales todo el
tiempo. Pero si miras con atención, verás que
en todas las coincidencias hay una pista disfrazada. Te toca a ti
descifraría. Sin embargo, te diré una cosa. Si
ese árbol te hubiera caído encima, o si te hubieras lastimado hoy,
yo no lo habría lamentado. Habría dicho: ‘Es
difícil hacer caso al espíritu’. Pero como cada vez logras evitar
mejor los desastres, puedo decir que estás
aprendiendo a escuchar”.
Para Comprender la Lección.
De todos los mundos en los cuales habita el mago, los dos más
distantes entre si son el de la materia y el del
espíritu. Estos también son los dos polos de nuestra existencia. Es
natural ir de un polo al otro, pasar de la fe al
escepticismo, hasta que los opuestos se unen. Actualmente, el
movimiento es a alejarnos del polo material,
aunque éste todavía predomina en la mente de todos. Cuando hablamos
de causa y efecto, nos referimos a la
interacción de las cosas materiales — el Sol atrae a la Tierra para
que gire a su alrededor, el fósforo produce
llama cuando se raspa, el rayo hiere al árbol y éste cae. El hecho
de que los humanos habiten en este
escenario de causas y efectos no interesa; las leyes de la
naturaleza actúan independientemente de nosotros.
El mago no acepta este punto de vista materialista. Para Merlín,
todos los sucesos de la naturaleza, por
insignificantes que fueran, tenían significado humano. El pensaba
así porque miraba hacia el polo opuesto, el
mundo del espíritu, para encontrar el sitio donde realmente se
originan la causa y el efecto. “Ustedes los
mortales deberían ser mucho más engreídos”, le dijo a Arturo.
“¿Más engreídos? Si constantemente dices que en la creación no hay
nada más atestado de vanidad”,
replicó Arturo.
“Eso sigue siendo cierto, pero si fueran más engreídos, verían cuán
únicos son. El universo está organizado
alrededor de su destino y obedece hasta sus caprichos más nimios y,
no obstante, ustedes van por ahí
quejándose de que Dios y la naturaleza son totalmente indiferentes”.
“¿Si Dios no es indiferente, entonces porqué no revela Sus
intenciones?”
“Ah, debes buscar para descubrirlo. Es probable que este mundo sea
un juego de escondidillas organizado por Dios”.
“Entonces sería un juego muy cruel”, dijo Arturo sacudiendo la
cabeza. “No abrigaría buenos sentimientos
hacia un padre amantísimo que se niega a mostrarme su rostro. ¿En
qué consistiría entonces su supuesto amor?”
“No estés tan seguro de que la decisión haya sido Suya”, advirtió
Merlín. “Si Dios parece distanciado, es
probable que ustedes lo hayan alejado”.
El punto al que se refiere Merlín aquí depende del ángulo desde el
cual se miran las cosas. Si vemos el
mundo como algo material, entonces los sucesos ocurren sin importar
la existencia humana. Por otra parte, si
vemos que el espíritu es la fuerza primaria del universo, entonces
la aparente indiferencia de la naturaleza
podría ser una máscara o contener un mensaje escondido. Los magos
ven a través de la máscara, y en cada
acontecimiento encuentran un mensaje del espíritu, pero los mensajes
permanecen ocultos mientras nuestra
percepción esté obnubilada.
Por eso Merlín decía que los mensajes eran pistas. Para que haya
pistas es necesario que exista un misterio.
En este caso, el misterio es la manera como el mundo logra ser a la
vez material y espiritual, cómo un mismo
acto parece ser obra de un Dios totalmente indiferente o una señal
de Su amante presencia.
“No me abandono a las paradojas sólo por gusto”, dijo Merlín. “Todo
es cuestión de perspectiva. Si alguien
corre hacia ti con los brazos abiertos, puedes considerarlo como una
agresión si sientes que se trata de un
enemigo, o como un abrazo si la persona es amiga. Un bebé puede
gritar y patalear cuando la madre le limpia
la cara, pero desde el punto de vista de la madre, asearlo es un
acto de amor.
“De la misma manera, muchos de los sucesos que denominas desgracias
o incluso castigos divinos, en
realidad son producto de la compasión, porque Dios siempre toma el
camino más amable para corregir los
desequilibrios de la naturaleza. Eres tú quien provocas los
desequilibrios que ~l debe purificar a fin de salvarte
de una desgracia mayor.
Las personas que buscan tratan de resolver esta aparente paradoja de
la indiferencia y el amor de Dios.
Indagan en las crisis que la mayoría de la gente rechaza, porque en
el sufrimiento, el fracaso o el desastre es
posible encontrar la verdad más profunda. Vale la pena dedicar la
vida entera a descifrar el enigma. “No me
entiendas mal cuando digo que el espíritu deja pistas por todas
panes”, dijo Merlín. “No quise decir que las
pistas fueran obvias o que fuera fácil penetrar el misterio”.