
LECCIÓN 15
En la medida en que conocemos el amor, nos convertimos en amor
El amor es más que una emoción. Es una fuerza
de la naturaleza y, por lo tanto, debe contener la verdad.
Al pronunciar la palabra “amor» quizás captamos
la sensación, pero su esencia no se puede expresar con palabras.
El amor más puro se encuentra donde menos
lo esperamos: en el desapego.
El más puro de los caballeros que sirvió a Arturo fue Galahad, a
pesar de tener en común con el rey el hecho
de haber sido concebido fuera del matrimonio. Aunque el hecho de que
Galahad fuese hijo natural de Lancelot
no conllevaba estigma alguno, cuando llegó el día en que debía
convenirse en paladín de una dama de la
corte, el rey Arturo se opuso y manifestó su descontento.
“No permitiré que seas el paladín de ninguna dama noble”, declaró
Arturo. Galahad se ruborizó y tartamudeó:
“Pero, mi señor, todo caballero debe servir a una dama para
demostrarle la pureza de su amor
“¿Qué sabes tú del amor?”, preguntó Arturo de una manera tan
incisiva que Galahad se ruborizó todavía más
intensamente. “Si estás tan ansioso de luchar por una dama, te
presentaré a tres para que escojas”. El rey
mandó llamar inmediatamente a Margaret, una vieja lavandera de
cabello cano y con verrugas en la nariz. “¿Le
servirías a ella por amor, gentil caballero?”, le preguntó Arturo.
La confusión de Galahad fue enorme. “No comprendo, mi señor”,
murmuró. Arturo lo miró fijamente e hizo
salir a la mujer. “Traigan a otra”, ordenó. Esta vez trajeron a una
niña recién nacida. “Si Margaret te pareció
demasiado vieja y fea, entonces, ¿qué piensas de esta dama? Es de
noble cuna y no puedes negar su
hermosura”. Aunque no había duda de que la niña era muy hermosa, la
confusión de Galahad iba en aumento.
Sacudió la cabeza.
“Este amor del que hablas es un amo difícil de complacer”, dijo
Arturo. Mandó llamar a una tercera dama y
esta vez entró Arabela, una preciosa niña de doce años. Galahad la
miró y trató de reprimir la ira. “Mi señor, es
apenas una jovencita y mi media hermana”, dijo.
“Pediste una dama a la cual servir”, dijo Arturo, “y he sido lo
bastante generoso como para presentarte a tres.
Ahora debes decidir”.
Galahad estaba aturdido. “¿Por qué te burlas de mi de ese modo?”,
preguntó.
Arturo hizo un gesto con la mano, y en pocos minutos salió todo el
mundo del gran salón y ellos dos
quedaron solos. “No me burlo de ti”, le dijo. “Trato de mostrarte
algo que aprendí de mi maestro Merlín”.
Galahad alzó los ojos y vio que el ceño de Arturo se había
suavizado. “Mis caballeros dicen servir a sus
damas por amor”, prosiguió el rey, “y, a pesar de sus votos de amar
castamente, la mayoría de las veces
sienten pasión por aquellas a quienes sirven, ¿no es verdad?”,
Galahad asintió.
“Y cuanto más grande es su pasión por las damas, mayor es su celo en
servirles, ¿verdad?”, preguntó Arturo.
El joven caballero asintió de nuevo. “Merlín me enseñó otra forma de
amar”, dijo Arturo. “Piensa en la anciana,
en la niña recién nacida y en la jovencita que es tu hermana. Todas
ellas son manifestaciones de lo femenino, y
en la medida en que esas formas cambian, lo que llamas amor cambia
con ellas. Cuando dices que estás
enamorado, lo que realmente estás diciendo es que has satisfecho una
imagen que llevas dentro.
“Así es como comienza el apego, con la inclinación por una imagen.
Podrías afirmar que amas a una mujer,
pero si ella llegara a traicionarte con otro hombre, tu amor se
trocaría en odio. ¿Por qué? Porque tu imagen
interior ha sido mancillada y, puesto que ésa era la imagen que
amabas, el hecho de que haya sido traicionada
te provoca ira”. “¿Qué puedo hacer al respecto?”, preguntó Galahad.
“Mira más allá de tus emociones, las cuales cambiarán
constantemente, y pregúntate qué hay detrás de la
imagen. Las imágenes son fantasías que existen para protegemos de
algo que no deseamos enfrentar. En este
caso se trata del vacío. A falta de amor por ti mismo, creas una
imagen para tapar el vacío. De allí el intenso
dolor que causa un rechazo o una traición en el amor, porque deja
expuesta la herida abierta de tu propia
necesidad”.
“El amor es considerado como algo muy hermoso y elevado”, se lamentó
Galahad, “no obstante, tú lo haces
sonar como algo horrible”.
Arturo sonrió. “Lo que suele considerarse amor puede tener
consecuencias horribles, pero ése no es el final
de la historia. El amor tiene un secreto. Merlín me lo contó hace
muchos años, como yo te lo confío ahora:
Cuando puedas amar a una anciana, a una niña y a una jovencita de la
misma
manera, serás libre para amar más allá de la forma. Entonces se
desatará dentro de ti la esencia del amor,
que es una fuerza universal. Y dejarás de sentir apego — el llamado
silencioso al cual obedece el amor”.
Para Comprender la Lección.
Cuando un mago habla de amor, se refiere a algo casi totalmente
opuesto a lo que nosotros llamamos amor.
Para nosotros el amor es un sentimiento altamente personal; para un
mago es una fuerza universal. Para
nosotros, el estar enamorados es una condición que con el tiempo se
desvanece; el mago no se enamora
porque permanece en la corriente del amor mismo. Pero la gran
diferencia está en el apego. Hay apego
cuando decimos: “Te amo porque eres mío”. Esta forma de amor es en
realidad una extensión del ego, el cual
piensa constantemente en términos de “yo”, mi y mío
“Ustedes los mortales dicen amar cuando se sienten completamente
atraídos por otra persona”, dijo Merlín.
“Su fantasía es poseer a alguien completamente, o bien ser
totalmente poseídos. Pero los magos hablan de
amor cuando se sienten totalmente libres de apego, sin posesión”.
“¿Acaso no es eso simple indiferencia?”, preguntó Arturo. Merlín
sacudió la cabeza. “La indiferencia no tiene
energía ni vida. El amor del mago es increíblemente vivo y fluye con
la energía del cosmos. Para que eso
suceda, debes ser como un recipiente vacío. Los mortales están tan
llenos de ego que no tienen espacio para
nada más. El mago está completamente vacío; por lo tanto, el
universo lo puede llenar de amor”.
Merlín habló suavemente, casi con ternura. “Enamorarte es una
oportunidad maravillosa para ti”, dijo.
“Normalmente vives seguro tras los muros de tu propio ego. Te agrada
la seguridad de tu refugio, tu
invulnerabilidad. Con el amor se resquebrajan los muros, por lo
menos temporalmente. Quedas expuesto y
vulnerable, tal como lo temías, pero la emoción abrumadora del amor
te hace vivir el éxtasis, y no una
sensación dolorosa como pensabas. En el mejor de los sentidos,
enamorarse significa compartir lo
desconocido con otra alma, estar dispuestos a marchar juntos hacia
la sabiduría de lo desconocido”.
Para los magos no hay un amor elevado y otro más bajo —ése es el
lenguaje de los juicios, y los magos no
juzgan. “Si tu enemigo te insulta”, dijo Merlín, “ése es un acto de
amor. El impulso del amor se forjó en el
corazón de tu enemigo, pero se convirtió en odio al pasar por el
filtro de la memoria. Las experiencias pasadas
distorsionan el impulso del amor en el momento en que brota hacia la
superficie, pero lo que no debes olvidar
es que toda expresión podría ser de amor si pudieras verla como es
originalmente”.
“¿Es posible construir un puente entre el tipo de amor que sentimos
los mortales y el que sientes tú?”,
preguntó Arturo.
“No es necesario construir puente alguno puesto que el amor es uno
solo”, replicó Merlín. “El amor personal
que sientes por otra persona es una forma concentrada del amor
universal; el amor universal es una forma
ampliada del amor personal. Puedes experimentar ambas formas a
plenitud, si te lo permites”.

Para Vivir la Lección.
En cierta medida, todos nos enamoramos de imágenes. Llevamos esas
imágenes dentro de nosotros,
esperando encontrar su equivalente en el mundo externo. Por lo general
buscamos a alguien para reflejar
nuestra propia imagen o para repararla. Un tipo de amor busca un espejo,
mientras que el otro trata de
encontrar una pieza faltante. En ambos casos hay una sensación
subyacente de necesidad. Al sentirnos
incompletos tratamos de reforzar nuestras carencias a través de otra
persona.
“Si deseas sentir el amor tal como lo siente Dios, debes llenar todos
tus vacíos, porque Dios solamente
puede amar a partir del estado de plenitud”, aconsejaba Merlín. Ser el
amante perfecto implicaría no tener
ninguna debilidad o herida secreta que queramos que alguien nos
remiende. El primer paso es indagar cuáles
son nuestros vacíos y el segundo es llenaremos con el Ser o la esencia.
Este proceso suele denominarse
aprender a amarnos a nosotros mismos, aunque hay que tener cuidado con
ese término. Muchas veces se lo
toma como sinónimo de aprender a amar la imagen que cada uno tiene de sí
mismo. A los ojos del mago, la
imagen de uno mismo no es otra cosa que el ego; es la negación tras la
cual se oculta el vacío de nuestras carencias.
Sería más acertado decir que el verdadero proceso de aprender a amarnos
a nosotros mismos es aprender a
amar nuestro Yo, es decir, nuestro espíritu. Si miramos honestamente
nuestro pasado, que llevamos
almacenado en forma de miles de recuerdos, siempre encontraremos una
mezcla — algunas experiencias
pueden haber despertado amor por nosotros o por los demás, y muchas
otras no. No es posible convertir en
amor los recuerdos de vergüenza, culpabilidad, rechazo, odio,
resentimiento y otros sentimientos de desamor.
Esas imágenes son lo que son. Es preciso aceptarlas y acercarnos al Yo
en un plano más elevado, sin
conexión alguna con la memoria.
Lo único que logra la memoria es aprisionarnos dentro de un sentido
asfixiante de nuestro pasado personal.
Más allá de la memoria está la experiencia silenciosa de Ser, la
consciencia simple sin contenido. Esa es la
región del amor, el lugar de nuestro yo, al cual ingresamos a través de
la meditación. Existen muchos tipos de
meditación; su tradición, tanto en Oriente como en Occidente, se basa en
el principio de que todos tenemos un
núcleo de Ser o esencia al cual es posible llegar. El acceso no se logra
a través del pensamiento o del
sentimiento. En realidad, meditar es entrar directamente en la región
silenciosa interior.
Usted podrá darse una idea de lo que significa ir más allá de las
imágenes por medio del siguiente ejercicio:
imagine una mujer hermosa o un hombre apuesto, alguien que represente el
objeto ideal de su amor. Visualice
a esa persona tan vívidamente como pueda. Después cámbiele el rostro
envejeciéndolo cada vez más hasta
que la belleza desaparezca y su imagen se vea marchita y arrugada. ¿Es
tan intenso su sentimiento de amor
como cuando comenzó? A la mayoría de nosotros nos es muy difícil sentir
lo mismo por un rostro arrugado y
viejo que por uno joven y hermoso. ¿Podemos hablar de amor cuando un
simple cambio de imagen provoca
semejante alteración?
“¿Por qué cambia el amor?”, preguntó Arturo.
“Porque en la emoción del amor siempre está contenido su contrario. El
amor más fuerte enmascara un odio
igualmente intenso”, dijo Merlín. “La única diferencia es que el amor
está en flor cuando el odio es apenas una
semilla”.
Usted también puede ensayar este otro ejercicio: piense en la ocasión en
que alguien a quien usted amaba
intensamente lo hirió. Pudo haber sido un momento de indiferencia o
traición, o una actuación que le hizo ver
que la persona amada no era perfecta sino simplemente humana. Sea
sincero consigo mismo y recuerde la
violencia y rapidez con la cual el amor puede convertirse en otros
sentimientos. El odio, los celos, el dolor o la
indiferencia que brotaron dentro de usted siempre estuvieron allí en
forma de semilla, ocultos detrás del amor
que prefería sentir. ¿Por qué lo prefería? Aparte del simple placer, hay
otra razón: el ego. El tipo de amor que
se apega a otra persona tiene que ver con nosotros mismos, porque lo que
lo mantiene vivo no es aquello que
es real en el ser amado, sino algo mucho más obligante: nuestra propia
necesidad de poseer.
Cuando pensamos que poseemos a alguien más, en realidad estamos buscando
una forma de escapar de
nosotros mismos, de evitar los temores y debilidades que no hemos
aceptado. En lugar de confrontarnos, nos
miramos en el espejo del amor y nos vemos perfectamente realizados, en
las emociones que sentimos hacia el
ser amado. Ésta no es una crítica. Desde el punto de vista del mago, el
amor realmente es una forma de
experimentar la realización perfecta, pero eso es algo que no puede
ocurrir a través de la fantasía. El espejo
del amor es una forma divina de ir más allá del ego, pero solamente tras
haber llegado al manantial puro del
Ser, el cual se esconde como un tesoro secreto dentro de cada
sentimiento de amor.
“Recuerda”, dijo Merlín, “el amor no es un simple sentimiento sino una
fuerza universal y, como tal, debe
contener la verdad”. Si logramos llegar hasta esa profundidad,
descubriremos que todas las emociones son
amor disfrazado. Aunque los celos y el odio parecen ser todo lo
contrario del amor, pueden considerarse
también como formas distorsionadas de volver al amor. La persona celosa
busca el amor pero lo hace de
manera retorcida; la persona que odia puede estar tratando
desesperadamente de amar pero odia en su
desesperación de creer que nunca lo logrará. Una vez que dejamos de ver
el
amor como una simple emoción, vemos la lógica de que exista una fuerza
universal que nos atrae a todos
hacia ella — ése es el amor del mago. Por lo tanto, debemos honrar todas
las expresiones del amor, por
distorsionadas que sean.
|
Aunque son pocas las personas que pueden experimentar la
plenitud del amor universal, todos vamos por el camino que
conduce hacia él.

|
|