Para Comprender la Lección.
La alquimia es el arte de la transformación. Según las enseñanzas de
los magos, los secretos de la alquimia
existen para hacer pasar a los mortales de un estado de sufrimiento
e ignorancia a uno de iluminación y dicha.
Merlín dijo una vez: “La alquimia opera en todo momento. Es
imposible impedir las transformaciones que se
presentan en todos los niveles de la vida. Es tu transformación la
que me interesa. Comparada con eso, la
transformación de un metal inferior en oro es una minucia”. La
alquimia es una búsqueda, y esa búsqueda
siempre tiene el mismo propósito: hallar la perfección. De la misma
manera como el oro es el más perfecto de
los metales porque no se corrompe, la perfección en el ser humano
significa liberarse del dolor, el sufrimiento,
la duda y el temor.
“Pero, ¿qué pasa si los seres humanos no logramos llegar a la
perfección? ¿Qué tal si en realidad somos tan
débiles e imperfectos como parecemos?”, preguntó Arturo.
“El secreto no está en cómo buscar”, contestó Merlín, “sino en hasta
dónde están dispuestos a buscar”.
Las búsquedas son aventuras personales y cada paso debe darse en
soledad. Pero Merlín tenía mucho que
decirle a Arturo antes de que éste iniciara su búsqueda. “Te he
dicho muchas veces que este montón de carne
y huesos no es tu cuerpo, que esta personalidad limitada que
experimentas no eres tú. Tu cuerpo realmente es
infinito y uno con el universo. Tu espíritu abarca a todos los demás
espíritus y no tiene límite en el espacio o en
el tiempo. El trabajo de la alquimia te permitirá vislumbrar estas
verdades”.
Cuando Merlín dijo estas palabras, la era de los magos casi
terminaba para dar paso a una nueva época,
regida por la razón. La razón sostiene que la alquimia es imposible
y, a mediada que los magos fueron
quedando relegados a la penumbra de la leyenda, las personas
comenzaron a aceptar que en realidad estaban
limitadas a vivir como montones finitos de carne y sangre, en
pequeños rincones del tiempo y el espacio.
Puesto que damos por hecho que las cosas sólidas son reales, le
asignamos realidad al material sólido del
cual estamos hechos. Los mismos átomos de hidrógeno, nitrógeno,
oxígeno y carbono que componen las
nubes, los árboles, las flores y los animales, están presentes en
nuestro cuerpo. Sin embargo, estos átomos
cambian constantemente — menos del 1% de los átomos presentes en
nuestro cuerpo hace un año están
todavía ahí. Incluso en términos materiales es absurdo decir que
somos materia sólida, si consideramos que
debajo de esa solidez hay un mundo de espacio vacío y flujo
constante. La búsqueda que es la alquimia
comienza debajo de la superficie de los átomos y las moléculas,
detrás de la apariencia del cambio.
Incluso siendo niño, Arturo estaba deseoso de emprender su primera
búsqueda, y esperaba ansiosamente
que Merlín le proporcionara un caballo y un mapa. Pero Merlín le
dijo: “Los mapas no sirven para nada en el
lugar a donde vas, porque el territorio que te espera cambia
constantemente. Sería como tratar de hacer el
mapa de un río”.
Una vez que aceptamos que somos el flujo de la vida, la búsqueda de
la perfección se convierte en una
aventura más allá de lo infinito. Las cosas que son perfectas dentro
de nosotros son la esencia, el ser y el
amor, y es imposible limitarías en el tiempo y el espacio. ¿Acaso
cuando usted atraviesa una habitación de un
lado a otro, el amor por su familia va caminando a su lado? ¿O
cuando se sumerge en la tina, su esencia
también se sumerge? Las fronteras se pueden plasmar en un mapa y el
aspecto visible de un ser humano se
puede describir en términos de huesos, músculos, tejidos y células.
El cerebro humano se puede representar
en forma de vías para la interacción incesante de diez mil millones
de neuronas. Pero en ninguno de estos dos
casos, el mapa es el territorio. La esencia, el ser y el amor que
componen al ser humano tienen una vida propia
que comienza y termina con la misma consciencia invisible.
“Puedo verte en forma de nube de energía”, le dijo Merlín a Arturo.
“Y tú puedes yerme de igual manera pero,
aun así, eso no es nuestro verdadero yo. Las energías son sólo un
material más, pero a un nivel más sutil”.
“¿Qué clase de energías?”, preguntó el niño.
“Llamémoslas luz y sombra, que juegan alrededor de tu forma mientras
sientes y piensas. La luz cambia
dependiendo de si estás alegre o triste, inspirado o fatigado,
emocionado o aburrido. Algunos mortales pasan
por este mundo como luces resplandecientes, mientras que otros lo
hacen como sombras negras. Pero
independientemente del brillo de la luz, ésta no es tan real como el
silencio puro que hay en tu interior”.
“¿Por qué no me veo a mí mismo de la misma manera que tú lo haces?”,
preguntó Arturo.
“Porque esas energías actúan como capas. Algunas son densas, otras
livianas, y no hay dos personas que
estén compuestas de la misma manera. Aun así, todos ustedes parecen
nubes que caminan. Mientras no te
deshagas de las capas que rodean tu alma, no podrás reconocer el
núcleo brillante y eterno que anida en tu centro”