Llama Violeta

Llama Violeta


 

 
 
 
 
 

POR QUÉ A MI, POR QUÉ ESTO, POR QUÉ AHORA

Capitulo 7

¿A DÓNDE VOY Y CUANDO LLEGARÉ?

ROBIN NORWOOD

 

Capitulo 7

¿A DÓNDE VOY Y CUANDO LLEGARÉ?

            Cuentos de hadas…mitos…sagas épicas de hazañas realizadas por valientes aventureros…

            Estos relatos familiares y queridos, con todos sus fantásticos detalles, ejercen hechizo sobre nosotros una y otra vez, generación tras generación. Sin que importen las circunstancias de nuestra vida, nos hablan, nos atraen, nos arrastran porque en verdad son nuestra propia historia.

 
   

Mediante metáforas simbólicas, nos describen a ti, a mí y a nuestra gesta heroica: un viaje en el cual nos vemos separados de nuestra Fuente y obligados a expandirnos por medio de la experiencia, a superar tentaciones, despejar engaños y dominar los defectos de nuestro carácter, hasta que retornamos al hogar, esclarecidos.

 Estos relatos suelen comenzar presentando a un muchacho común, quizá algo tonto o un joven noble que, no obstante, debe demostrar su temple. Con mucha frecuencia es el menor de tres hermanos y, por lo tanto, el más inocente, ingenuo y lleno de optimismo. Igual que el Loco del tarot, cuya carta sin numerar indica infinitas posibilidades (todas ellas requieren, empero, trabajo), nuestro protagonista abandona el hogar para abrirse camino en el mundo y buscar fortuna.  

            Muchas veces comienza su gesta a fin de prestar alguna ayuda al padre, así como nosotros encarnamos para ayudar a la expansión del alma. En “El pájaro de fuego”, cuento favorito de los rusos, el príncipe Iván, hijo menor del rey, parte en busca del Pájaro de fuego, que ha robado manzanas de oro de la huerta de su padre. Como casi todos los protagonistas de esos relatos (y casi todos los seres encarnados) la búsqueda se inicia con bastante sencillez, pero pronto sus actos lo embrollan en una serie de aventuras peligrosas. El príncipe llega a un cruce de rutas indicado por una piedra, cuya inscripción reza: “Hacia adelante para buscar esposa, hacia la izquierda para que te maten y hacia la derecha para perder tu caballo”.  Al pensar que aún no es tiempo de buscar esposa y sin deseos de morir, descubre que su caballo ha desaparecido. Un lobo gris admite haber devorado su caballo, pero se ofrece a tomar su lugar, llevar al príncipe en su lomo y actuar como fiel sirviente.

            El lobo lleva al príncipe hasta el Pájaro de Fuego y le advierte que sólo debe tomar el ave, pero no su jaula de oro. El príncipe Iván no puede resistir la tentación de tomar la jaula; suena una alarma y lo atrapan. El rey, dueño del Pájaro de fuego, exige que el príncipe le traiga, a cambio de su libertad, el ave y la jaula, al caballo de crines de oro. El dilema del príncipe corre paralelo con lo que ocurre cuando el alma se abre paso entre los peligros de la encarnación. Cada experiencia  necesaria crea inevitablemente consecuencias o karma que es preciso resolver; por un tiempo largo y cansador se producen furiosas batallas en regiones peligrosas y aparecen dificultades que es preciso dominar para que la parte encarnada del alma, como el vagabundo del cuento, pueda volver al hogar.

            El príncipe Iván parte, pues, en busca del caballo, advertido por el lobo de que sólo debe tomar el caballo, no sus arreos de oro. Pero el príncipe no puede resistir la tentación de tomar los arreos, suena una alarma y el furioso rey, dueño del caballo, exige al príncipe que, a cambio de su libertad, el caballo y sus arreos de oro, Iván le traiga a la Bella Helena para desposarla.

            Cada uno de los desafíos equivale al elevado precio pagado por las experiencias del alma en el plano terrestre.  Estas experiencias producen consecuencias, karma que, como la tarea a la que se enfrenta nuestro príncipe, debe ser enfrentada y superada, so pena de que se interrumpa todo el progreso. Pueden ser necesarios muchos intentos del príncipe Iván, muchas vidas por parte del alma, para superar esos desafíos.

            En la mayoría de los relatos míticos, nuestro protagonista se ve tentado, atrapado y desafiado; hace frente y supera diversas dificultades y, por lo tanto, va ganando experiencia, confianza y madurez, hasta convertirse en un héroe, en un verdadero superhombre. Pero al aumentar sus poderes también aumenta su temeraria arrogancia. En la cima de su fuerza cae en una trapa o sufre una herida tal que no bastan su inmensa fuerza y su valor para salvarlo. Ha logrado tanto y su0erado tantas cosas, para finalmente encontrarse del todo inerme. Así ocurre con el príncipe Iván. Tras haber robado no sólo el Pájaro de Fuego, sino también el caballo y a la Bella Helena, agradece al lobo toda su ayuda, sin prestar atención a sus advertencias de que aún puede necesitar ayuda. Ufano en su confianza, en el trayecto de retorno al hogar decide detenerse a descansar. Mientras él y la Bella Helena duermen, pasan sus dos hermanos y, al verlo con el Pájaro de fuego, el caballo de crines doradas y la Bella Helena, deciden matarlo; uno se apodera del caballo y el ave; el otro, de la Bella Helena.

            El príncipe Iván yace muerto en la llanura por noventa días, hasta que el lobo ve su cadáver y soborna a un cuervo para que le traiga las aguas de la muerte y de la vida. Con las aguas de la vida, lo reanima.

            -A no ser por mí –le dice el lobo-, habrías dormido para siempre.

            Y así el lobo, ese ser poderoso que ha acompañado al héroe desde el principio de su viaje hasta el final, vigilándolo, guiándolo, permitiendo que fuera castigado y templado por la derrota para devolverle por fin la salud, lo lleva a casa de su padre y hacia los tesoros que son el don de su gesta.

            Todos estos cuentos describen nuestro viaje por la encarnación en el plano terrestre, bajo la guía del alma. Esotérica y místicamente, el alma se considera femenina. El casamiento del héroe con la hermosa doncella o princesa representa el cierre del ciclo, al unir al buscador con el alma. La última carta del tarot llamada El Mundo, representa la perfecta unión de lo masculino y lo femenino, en un hermafrodita que danza. Esta carta representa el fin del viaje del Loco por la vida, el logro final de la perfecta unidad.

            Desde la ingenua inocencia, a través de pruebas de valor, hasta la sabiduría y la perfección finales, el viaje del héroe es nuestro viaje. Se entiende, pues, que jamás nos cansemos de estas antiquísimas leyendas ni del bravo viajero que, tras peligrosas expediciones en tierras lejanas donde se enfrentó a enemigos, perdiendo y ganando batallas, retorna victorioso al hogar.

SOMOS EMBAJADORES DEL ALMA

            Si en nuestra existencia cotidiana no nos vemos como infatigables cruzados de una gesta inmensa, sino más bien como cansados actores de un interminable culebrón, es porque nuestra visión es limitada. Durante una encarnación en el plano terrestre nos identificamos casi por completo con nuestro cuerpo físico y las percepciones de sus sentidos, a las cuales nuestra personalidad agrega sus interpretaciones de la realidad. No nos damos cuenta de que, tomadas en conjunto, sólo componen la avanzada del alma en el denso plano físico. Nuestra excesiva identificación con el vehículo de la existencia física es más o menos como decidirse a emprender un viaje, buscar un auto y conducirlo rumbo a nuestro destino, para creer sólo en la realidad del vehículo, la ruta, el panorama y los acontecimientos del camino, olvidando por completo de que fue uno quien decidió hacer el viaje, y conducimos y terminamos por llegar. Los datos de nuestros sentidos físicos oscurecen el hecho de que el alma que nos envía es una realidad mayor que nuestro provisorio vehículo para el viaje.

            Como embajador del alma en el plano terrestre, el ser humano encarnado se mueve en una de dos direcciones. Como nuestro héroe, puede alejarse del hogar o emprender el regreso, tras haber aprendido mucho de su viaje. Esotéricamente se dice que estamos en el Camino hacia fuera o en el Camino de Retorno. Mientras vamos por el Camino hacia fuera, descendemos a la materia física y nos identificamos más y más con ella; primero, mediante nuestro cuerpo físico, las sensaciones y experiencias que este nos proporciona; después, mediante nuestra visión de uno mismo como personalidad, como fuerza para realizar nuestros deseos en el mundo material. En el Camino de Retorno nos vemos atraídos hacia nuestra fuente de origen y llevamos con nosotros todo lo que hemos ganado en nuestras aventuras. Sin embargo, como ya hemos visto, a fin de reconciliarnos con lo que nos envió, debemos desprendernos del karma que hemos generado y curar las heridas ocasionadas por las experiencias vividas en el Camino hacia fuera. Muchas de estas heridas y las configuraciones de energía congelada que las acompañan, “cicatrices energéticas”, se eliminan mediante la comprensión, el perdón y el remedio a través del servicio.

EL DESARROLLO HUMANO DEL NACIMIENTO A LA MUERTE

            Todo el proceso de avance hacia fuera y retorno al hogar está demostrado, en el microcosmos, en el desarrollo del ser humano durante una sola vida. Nacemos y pasamos el primer período de vida concentrados sobre todo en dominar nuestro vehículo físico. A medida que obtenemos una mayor destreza, vamos transfiriendo nuestra atención al mundo más amplio, con sus tentaciones, oportunidades y desafíos. Sentimos el poder de nuestra personalidad en desarrollo y comenzamos a tomar decisiones, a actuar. Con el desarrollarse de las consecuencias vamos ganando experiencia. Sin embargo, el proceso deja sus huellas. En el camino sufrimos chichones, cardenales y también algunas heridas profundas, tanto en el cuerpo físico como (lo más importante) en los niveles profundos, donde moran las emociones y los pensamientos. Estos chichones, cardenales y heridas son parte inevitable y hasta necesaria de la experiencia de la vida, rica fuente de aprendizaje, comprensión y crecimiento. Pero el dolor y las cicatrices que los acompañan causan siempre algún grado de deterioro y hasta paralización de las zonas afectadas. Todo deterioro sufrido, ya sea físico, emocional o mental, a menos que se lo cure, tiende a durar toda la vida, tornándonos con frecuencia más rígidos, fijos y petrificados con el tiempo.

            En una etapa posterior de la vida llega un punto de reorientación. A medida que nuestro cuerpo físico empieza a fallar, disminuye la atracción que tiene el mundo exterior sobre nosotros. Cada vez nos volvemos más hacia adentro o, si lo prefieres, hacia arriba. Empezamos a ocuparnos de lo que habitualmente llamamos intereses espirituales. Con frecuencia aparece una profunda necesidad de hallar sentido a la vida y también de atar algunos cabos sueltos, curar brechas y enemistades antiguas, desechar viejos rencores y buscar reconciliaciones. Reemplazar nuestro anterior apetito por experiencias más numerosas y amplias es un anhelo de paz, tanto interior como exterior, y de eliminar todo lo que impida esa paz, incluyendo por fin al cuerpo físico.

DESARROLLO DEL ALMA A LO LARGO DE MUCHAS VIDAS

            Este concepto de despliegue progresivo, de avanzar primero hacia una manifestación física más potente para luego, en un punto de rica madurez, regresar hacia el centro y la fuente, también da cabida al concepto microcósmico de las vidas múltiples, experimentadas en bien del alma.

            El progreso del alma a través de innumerables encarnaciones sigue un patrón similar al del desarrollo humano individual; se inicia con un largo período en el cual su trabajo principal es alcanzar el dominio del vehículo físico o cuerpo. A este dominio, logrado después de muchas vidas, sigue el desarrollo y refinamiento del equipo emocional y, más adelante, del aparato mental. La siguiente meta de la encarnación, que también requiere muchas vidas, es la efectiva coordinación de todos estos elementos: los aspectos (o cuerpos) físico, emocional y mental. Cuando estos cuerpos están finalmente alineados y funcionando en sincronización energética, el resultado es una personalidad realmente integrada.

            La personalidad integrada, cuando se alcanza, es un potente vehículo para la expresión en el mundo exterior, una poderosa fuerza para el bien o para el mal. Es justamente a esta altura del desarrollo cuando el alma empieza a repara más en sus manifestaciones en el plano terrestre. Por fin tiene, en la personalidad integrada, un vehículo lo bastante evolucionado como para expresar en la existencia material las cualidades del alma. Y esta empieza a llamar a gritos a su manifestación, a reclamar su vehículo de expresión.

            Lo que ocurre entonces equivale a lo que pasa cuando una madre llama a su hijo cuando está jugando, embelesado en el glorioso papel que representa en su drama de mentirijillas. Al principio la criatura no oye siquiera el llamado de su madre, tan fuerte es el mágico hechizo bajo el cual está; cando por fin escucha la voz del adulto, se resiente por la intromisión y se niega a acudir. Par que entre en la casa serán necesarias medidas más fuertes.

            Lo mismo sucede cuando el alma llama a la personalidad integrada, que está en el mejor momento de su potencia en el plano terrestre y se resiste, resentido por la llamada. Se produce entonces una lucha entre la personalidad y el alma. Sigue una serie de vidas en las que la presión del sufrimiento, generado por fallas en nuestro carácter, acaba por hacernos reconocer las limitaciones de nuestro egocentrismo y obstinación. Cuando el príncipe Iván despidió al lobo, decidiendo que le bastaban su fuerza y su sagacidad para completar solo el viaje, sufrió la peor de todas las catástrofes: fue asesinado y yació muerto por mucho tiempo. Sólo el lobo, con sus cuidados, pudo despertarlo y levarlo al hogar.

            Todos debemos aprender, tarde o temprano, que no es posible hacer solos el viaje. Debido a grandes presiones, a veces terribles, nuestra personalidad desarrolla la disposición a rendirse a un poder superior, más grande que ella. Cuando lo hacemos se produce la curación gradual o súbita de esas dificultades que provocaron nuestra rendición.

            A media que recorremos el Camino de Retorno vamos cobrando cada vez más conciencia de que el alma nos guía. Se repiten episodios incompletos de vidas anteriores, de los que aún llevamos heridas y cicatrices, pero reaparecen como ciclos de curación. Se generan presiones; somos sometidos a pruebas. A su debido tiempo nos rendimos a esos ciclos de curación; los resultados son comprensión, perdón y servicio.

            Cuanto más nos encontramos con el viejo karma y lo superamos, cuanto más curamos viejas heridas y eliminamos antiguas cicatrices, más fuerte y consciente se torna nuestra identificación con el alma. A lo largo de innumerables vidas, desarrollamos un vehículo cada vez más refinado y sensible para la expresión el alma, hasta que al fin se disuelve la división entre lo que se manifiesta en materia y eso que lo envió a su manifestación. Se alcanza la unión entre el alma y su vehículo. Como veremos más adelante, la expiación es el paso final de esa reconciliación.

ALMAS JÓVENES Y ALMAS VIEJAS

            El viaje que nos aleja y nos regresa a nuestra fuente es un largo proceso de etapas y ciclos, cada uno diferente de los otros. Así como un apersona joven y otra madura asumirán, sin duda, enfoques diferentes del mismo problema, también el alma que llamamos “joven”, en el Camino hacia fuera, y el “alma vieja”, en el Camino de Retorno, reaccionarán ante situaciones y condiciones similares de manera notablemente distinta. Como alma joven que busca la experiencia necesaria, con frecuencia tendemos a iniciar y perpetuar las dificultades, mediante una postura combativa o una empecinada determinación de imponernos. Así debe ser, pues estamos desarrollando el valor físico y la integridad personal que ejercitamos por su propio valor, y aprendiendo a defendernos solos. Ponemos un fuerte acento en las palabras “yo”, “mío”, “a mi”. Lo que tratamos de alcanzar es, ante todo, para nuestro yo personal; más tarde esta esfera puede extenderse a “mi” esposa, “mis” hijos, “mi” familia, “mi” comunidad, “mi” país. Ejercemos  el poder por el poder mismo y en beneficio personal. Podemos actuar como soldados heroicamente valerosos, pero como civiles nos enredamos en problemas con la autoridad, por nuestras reacciones agresivas ante quien se nos oponga. Esta perspectiva egocéntrica de lo que afecta a nuestra vida personal, ya sea el armamento nuclear o el ladrido del perro vecino, es en un todo adecuada para el Camino hacia fuera y abre paso al desarrollo subsiguiente. Después de todo, a fin de practicar la verdadera valentía moral debemos haber desarrollado primero la valentía física. Y en términos de desarrollo psicológico, debe existir un yo para poder trascender el yo.

            Cuando estamos en el Camino hacia fuera la vida es muy diferente de cuando nos acercamos al Punto de Integración; más diferente aun, cuando avanzamos por el Camino de Retorno. Cualesquiera sean las circunstancias exteriores, en las primeras etapas del viaje la vida es una aventura caótica y dramática, que evoca fuertes reacciones físicas y emocionales de todo tipo. Dominar el cuerpo físico, aumentando su fuerza y perfeccionando sus habilidades, es una preocupación común. Pero nuestro dominio consciente de las emociones es muy inferior al que tendremos en un punto posterior del Camino. Como aún no hemos desarrollado bien las habilidades mentales, generalmente nos sentimos más felices dedicados al as tareas físicas que a los emprendimientos intelectuales.

            Cuando se llega al Punto de Integración, ya no se vive mediante la reacción, sino mediante la acción lograda utilizando el pensamiento racional y el control consciente. Hemos desarrollado la capacidad de concebir metas y llevarlas a cabo mediante un planeamiento deliberado. Estamos logrando ascendiente en la vida; percibimos nuestro poder y eso nos intoxica.

            En esta etapa de la evolución, el reconocimiento nos resulta muy importante. Es en el Punto de Integración donde tenemos más probabilidades de ser reconocidos por nuestro poder, loros e influencia. La mayoría de quienes aparecen en los diarios (políticos, gente de la industria del espectáculo, líderes de movimientos) están en el Punto de Integración y ejercen su gran poder para el bien o para el mal. En la fuerte personalidad que caracteriza a quien está en el Punto de Integración hay siempre dos rasgos presentes: la obstinación y el egocentrismo. La obstinación es el convencimiento de que nuestro punto de vista es el adecuado, junto con una gran decisión de alcanzar nuestros fines. El egocentrismo es la preocupación por nuestra condición de inigualables y la exigencia de que otros noten y aprecien esa condición. Con frecuencia, esta exigencia de ser reconocidos como personas especiales es lo que, tarde o temprano, provoca las pruebas y las dificultades que acaban por reconciliarnos con nuestra alma. Y a medida que renunciamos poco a poco a la obstinación y el egocentrismo, giramos en la esquina de la evolución y comenzamos a recorrer el Camino de Retorno.

            Una vez que se escucha y atiende la llamada del alma, cambian todas las reglas para vivir. Tras haber internalizado, con gran esfuerzo, normas y guías para vivir efectivamente, ahora descubrimos que ya no nos sirven. Esto se debe a que, en el Camino de Retorno, nuestra tarea ya no es desarrollar la valentía física, como lo era en el Camino hacia fuera, ni pensar, planificar y ejercer el poder, como en el Punto de Integración. En vez de trabajar para lograr las metas de la personalidad, debemos utilizar nuestro poder, valerosa y reflexivamente, para servir al grupo, guiándonos por el contacto consciente con un Poder Superior.

            En el Camino de Retorno enfrentamos igual número de desafíos, tanto externos como internos; pero ahora todo problema requiere una solución que tome en cuenta el bienestar de todos, no sólo el propio bienestar o el de nuestro grupo personal. Al identificarnos con toda la humanidad, el acento supone un abarcamiento mayor, que comprenda todos los aspectos y no adopte posiciones dogmáticas a favor ni en contra, por muy noble que pueda ser la causa. Ahora estamos dispuestos a ceder, a comprender, a perdonar y, por encima de todo, a servir. Son más importantes las metas del alma que las de la personalidad.

            Desde el Camino hacia fuera hasta el Punto de Integración y por el Camino de Retorno, la fórmula de todo el proceso de la evolución humana se podría expresar así:

 

Falta de Control → Control Consciente → Rendición Consciente

O

Reaccionar ante la vida → Actuar en la vida → Servir a la vida

 

            Para quien está en un punto del Camino, los valores, creencias y actos de otra persona que esté en un punto diferente pueden parecer incomprensibles y hasta insostenibles. Sin embargo, una vez que el individuo ha avanzado lo suficiente por el Camino de Retorno (punto que muy pocos han alcanzado) se logra la verdadera tolerancia. Así como el adulto acepta que el niño tiene una comprensión y una capacidad limitadas por su falta de desarrollo, así la persona que está en un punto avanzado del Camino de Retorno respeta y honra las actitudes y conductas de otros viajeros, que aún no han avanzado tanto a través de tantas vidas.

CÓMO SE EXPANDE LA CONCIENCIA MEDIANTE LA EXPERIENCIA

            Sólo un ser del más alto desarrollo espiritual es capaz de ver con comprensión su Camino a lo largo de muchas vidas. Se dice que el Buda, en su iluminación final, vio con claridad cada una de Sus vidas en la tierra y comprendió la contribución de cada una. Cuando logremos la conciencia para cuyo desarrollo hemos venido, también nosotros reveremos odas nuestras vidas al mismo tiempo.

            Mientras tanto, debido a los necesarios límites de nuestra perspectiva, tendemos a creer que esta existencia de la que tenemos conciencia, la que estamos viviendo en la actualidad, es lo que somos y quien somos en nuestra totalidad. Pero muy ocasionalmente algo nos insinúa que, en realidad, existe un cuadro mucho más amplio, al que ya hemos contribuido mucho y que, a su vez, influyó sobre el tipo de existencia que vivimos ahora.

            El siguiente relato ilumina el despliegue de conciencia y el progreso de una mujer por el Camino, a lo largo de sucesivas vidas. Es una adiestradora de caballos  a la que llamaré Paula, una mujer que, en vez de adoptar los métodos comúnmente utilizados en su profesión, con frecuencia crueles, se ha ganado admiración y respeto por su enfoque humano. Utiliza un contacto suave y tranquilizador con todos los animales a que se enfrenta, por muy desafiante que sea su conducta, sintonizando su carácter [único y su capacidad y tomando en cuenta cualquier historia traumática posible. Algunos de los resultados que alcanza rayan lo milagroso. Nos conocimos cuando yo asistí a una de sus demostraciones. Después, durante una conversación, me contó la notable historia siguiente.

Esto ocurrió hace unos seis meses. Cuando había dado por finalizada una conferencia ante una gran multitud, se me acercó una mujer que se presentó con el nombre de Anna; después de entregarme una hoja de papel plegado, me pidió que lo leyera más tarde, a solas. Le di las gracias, guardé la nota en el bolsillo del abrigo y me olvidé por completo de ella hasta que, semanas más tarde, volví a ponerme el mismo abrigo. En la nota Anna se identificaba como psíquica y escribía que, durante la conferencia, había visto en el escenario a un hombre corpulento vestido al estilo de la Regencia, atrás de mí, a mi izquierda. Anna lo identificaba como uno de mis Guías, que había sido yo misma en otra vida.

Anna lo observaba mientras yo hablaba y aseguraba haber visto escenas de su vida y las circunstancias de su muerte. El también había sido adiestrador de caballos, particularmente brutal en sus métodos y dado a descargar su enojo en los animales. Murió por la coz de un caballo que lo golpeó en la espalda, en la zona del riñón izquierdo. Su muerte fue lenta y muy dolorosa, por lo que tuvo mucho tiempo para analizar su propia angustia y la que a su vez había causado.

Anna escribía que, a través de sus sufrimientos, él había consumido cuanto menos parte del karma generado durante esa vida inhumana. Sugería que quizá yo tuviera una cicatriz accidental o una marca de nacimiento en esa misma zona de la espalda.

Al leer esa nota supe de inmediato que todo lo escrito allí era verdad. Yo conocía las experiencias de ese hombre de la Regencia; sabía que él era parte de mí y que me instaba a utilizar métodos mejores en esta vida. Lo más asombroso es, quizá, que en verdad tengo una gran marca de nacimiento roja en la espalda, por la zona del riñón izquierdo.

            Con frecuencia, como en el caso de Paula, hay evidencias físicas de los traumas sufridos en vidas pasadas, bajo la forma de cicatrices, marcas de nacimiento, deformidades o debilidades. También suele ocurrir que las vidas subsiguientes revelen el proceso incremental de la evolución de conciencia. Imaginemos, por ejemplo, que Paula había estado relacionada con los caballos en muchas existencias, antes de su encarnación en el adiestrador de la época de Regencia, incluida alguna vida en que perdió a un ser amado en un accidente provocado por el capricho de un animal. El dolor de esta pérdida hizo que la ira y la angustia quedaran congeladas en ella. Entonces siguió su existencia como el adiestrador de la Regencia, que se vengaba por medio de sus métodos brutales, ideados para eliminar cualquier capricho semejante, con lo que se obtenían caballos tan cansados por el castigo que eran sólo autómatas quebrados.

            El cruel adiestrador, al morir, sufrió un despertar causado por la herida, que era consecuencia directa de su inhumanidad. Este despertar a la angustia que había infligido fue resultado de su propia experiencia personal del sufrimiento físico, combinado con la evolución de su conciencia.

            Despertares tales pueden producirse mientras el ser está aún en el cuerpo físico o durante el “repaso postmortem” (frase acuñada por Kenneth Ring, que ha estudiado extensamente las experiencias de cuasi-muerte). Recordemos que, durante el repaso postmortem, se ven los sucesos y experiencias de la encarnación recién completada con una claridad, objetividad y coherencia que no son posibles mientras estamos en el cuerpo físico, bajo la influencia de la personalidad. Este repaso postmortem provoca siempre una expansión de la conciencia. Traer esa expansión a la conciencia personal durante la encarnación física es la tarea corriente del alma, que debe operar dentro de las limitaciones de tiempo, espacio y materia física.

            Por mucho que deploremos la crueldad y nos resistamos al sufrimiento, es importante recordar que todas estas experiencias son necesarias, pues mientras estamos en el plano terrestre aprendemos y cobramos conciencia por medio del contraste, de la dualidad y de la experiencia de estados opuestos del ser. En general sólo tenemos conciencia de nuestra salud, por ejemplo, si recientemente hemos experimentado una enfermedad. Creemos que la abundancia nos es debida, a menos que hayamos conocido privaciones. Y la conducta cruel puede no parecerlo tanto mientras que nuestra conciencia evoluciona reaccionamos a nuestro propio sufrimiento con un deseo de venganza o retribución. Pero cuando desarrollamos la capacidad de sentir el sufrimiento ajeno, además del propio, despierta en nosotros, como en el adiestrador de caballos renacido en Paula, una dedicación inversa a aliviar ese sufrimiento en vez de infligirlo.

            Cuando era un adiestrador brutal, Paula estaba bajo el gobierno de sus emociones, sobre todo del deseo de venganza. Esto indica que aún se está en el Camino hacia fuera. En la actualidad está curando el viejo karma generado durante esa vida previa: sirve a los animales y enseña a quienes los cuidan sus suaves métodos de adiestramiento. Quizás haya pasado por muchas encarnaciones entre esa antigua vida de crueldad y la actual; en ellas Paula evolucionó hasta cruzar el Punto de Integración. Pero su vida actual de abnegado servicio indica a una persona en el Camino de Retorno.

KARMA, REMEDIO Y EL SANADOR HERIDO

            En el camino de Retorno, nuestra primera tarea es remediar el karma que se haya generado en el largo proceso de profundización de nuestra conciencia. En el nivel más elevado del remedio no nos oponemos a nada: sólo ayudamos. En el caso de Paula, por ejemplo, a fin de que se produzca el remedio debe existir tanta compasión por esos seres humanos que, por temor o ignorancia, llegan a la crueldad inadvertida o deliberada como por los animales sujetos a esa crueldad. De otro modo, al juzgar las creencias y actos ajenos, se generaría más karma. En todas sus enseñanzas Paula ejemplifica una actitud de aceptación y amor, sirviendo magníficamente a las necesidades de su público humano, tanto como las de los animales a su cuidado, sin culpar a unos ni a otros por los problemas que se producen entre ellos. Ha evolucionado hasta lo que, en mitología, se denomina “el sanador herido”, el que comprende realmente por medio de la experiencia personal y que puede curar desde ese sitio de comprensión.

            El arquetipo del sanador herido está representado en muchas de esas personas que dedican la vida a un servicio compasivo. La familiaridad con las condiciones de aquellos a quienes ayudan puede haberse desarrollado mediante experiencias previas en esta vida o, como en el caso de Paula, estar ocultas en otras existencias. Cualquiera sea la fuente, la profundidad de su empatía y su respeto los diferencian y los tornan infinitamente más efectivos que quienes sólo muestran simpatía y buenas intenciones. La herida ha sido transformada en un don de entendimiento y curación, don que recibieron primero ellos mismos mediante el sufrimiento, y pudieron luego compartir con los demás.

NUESTRO MAPA INTERIOR DE CONCIENCIA ALCANZADA

            A medida que avanzamos por el camino, llevamos con nosotros y demostramos todas las grandes etapas de desarrollo por la que hemos pasado hasta ahora, como individuos y como especie. El principio biológico de que “la ontogenia recapitula la filogenia” * describe este proceso en el reino físico. Quien haya estudiado siquiera una lección de biología recordará, por ejemplo, que los mamíferos presenta, en la primera etapa embriónica, las agallas de sus remotos precursores evolutivos, moradores del mar.

            El principio recapitulatorio opera tanto en la conciencia humana como en la anatomía. En cada uno de nosotros está el mapa completo de nuestra conciencia sin desarrollar, a lo largo de los siglos, recapitulada emocional y conductistamente durante nuestro desarrollo, desde la infancia y la niñez, a través de la adolescencia, hasta la edad adulta.

            Un ejemplo es la etapa durante la cual gran parte de las actividades lúdicas de los niños varones involucra el uso de armas (espadas, pistolas, etcétera) y fingidas batallas a muerte. Los niños que no tienen pistolas de juguete utilizan palos o cualquier objeto disponible para representar un arma. Con frecuencia los padres, deseosos de inculcarles valores no violentos, tratan de reprimir lo que es, en realidad, la saludable expresión de una etapa normal de desarrollo, que recapitula la evolución de la valentía física en la especie humana. Los padres pacifistas cuyos hijos disfrutan de juegos violentos pueden consolarse pensando que hasta el más altruista de los hombres pasa por ese estadio natural de la niñez.

            Pero no todos los niños superan esta etapa violenta, así como no todos los individuos maduran hasta ser capaces de expresar los mayores logros de la humanidad. Esa capacidad depende de diversos factores: la propia etapa individual de evolución de la conciencia, alcanzada por la suma de vidas completadas; las fuerzas y limitaciones de los actuales cuerpos físico, astral-emotivo y mental, y factores determinantes del ambiente actual elegido, incluida la familia, el grupo social y la cultura en general. Obviamente, cada uno de estos factores puede servir para alentar o inhibir la plena expresión de lo que el individuo ha alcanzado por cuenta del alma.

            En un raro ejemplo de esto, cierta pareja pidió a una psíquica amiga mía que efectuara una lectura de su hija retardada. He aquí parte de su interpretación.

 

Entro en meditación, me fundo con esa criatura y quedo atónita al experimentar el estado feliz y apacible en que vive. Noto una inteligencia profunda y abnegada en contacto con esa niña: alguien que ha cargado, vida tras vida, la pesada responsabilidad de impartir enseñanzas difíciles a fin de elevar la conciencia de otros. En esta vida el alma le ha permitido ser atendida y no hacer casi nada, aparte de existir alegremente, dejando que otros carguen con las responsabilidades. No se trata de que en esta vida se haya desentendido del deber, sino que efectúa una exploración diferente de la experiencia del plano físico y un enfoque alternativo de la tarea del alma. Pues, si bien la niña no está realizando nada notable en el plano exterior, aún tiene mucho del maestro; sirve como potente catalizador para elevar la conciencia de los padres que la adoran.

Los niños como ella no son quienes son, ni lo que son en respuesta a su propio karma; sino, más bien, como consecuencia del karma de sus padres. Aunque ellos pasan la existencia más o menos en el limbo, su presencia tiene un efecto muy potente en las personas estrechamente relacionadas con ellos y hace emerger del fondo cualidades asombrosas.

Cuando mi amiga entregó esta lectura a los padres, ellos exclamaron que la dulce presencia de la hija les había enseñado muchas cosas que, de otro modo, no habrían descubierto. Sin duda, no todos los niños de ese tipo son tomados como una bendición por los responsables de su bienestar. Con frecuencia ocurre lo contrario. Pero cada uno es siempre un catalizador para provocar algún grado de transformación, como la niña del caso arriba citado.

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* ontogenia: desarrollo del organismo individual

   filogenia: evolución de una raza o un grupo de organismos genéticamente relacionado (como especie, familia u orden)

ASPECTO EXTERIOR VERSUS DESARROLLO INTERIOR

            Toda encarnación nos presenta desafíos en mayor o menor grado, siempre al servicio de la transformación. Este proceso transformativo se lleva a cabo constantemente, pero está disimulado en los detalles diarios de la vida. Como hemos visto, queda aun más oscurecido por el hecho de que no todos avanzamos en la misma dirección al mismo tiempo. A veces, aunque las condiciones exteriores puedan ser similares, las personas pueden estar a milenios de distancia en cuanto a desarrollo. Imaginemos, por ejemplo, a tres hombres encarcelados en la misma prisión, condenados por sus delitos.

El primero, un joven de veintidós años, asaltó con dos amigos a un hombre que salía ebrio de un bar; le robaron y lo dejaron inconsciente. Alcoholismo, drogadicción y violencia eran parte de su vida familiar y del vecindario donde creció. Su bajo control de impulsos, su falta de juicio y su capacidad de violencia temeraria pueden ser atribuidos a esa niñez caótica y a la probabilidad de que esté en un punto temprano del Camino hacia fuera.

El segundo preso, de treinta y cinco años, instruido y ex vicepresidente de una gran firma inversora, fue condenado por una estafa complejamente planeada y llevada a cabo con destreza, con la que escamoteó millones de dólares a desprevenidos inversores. Este delito no fue perpetrado por impulso ni por necesidad, sino como ejercicio de poder, de los que atraen a quienes se acercan al Punto de Integración.

El tercer prisionero cometió un asalto a mano armada bajo la influencia del alcohol. También él era joven y provenía de un ambiente empobrecido, caótico y violento. Dos de sus hermanos estaban en la cárcel y otro había muerto en forma violenta.

Años después de cumplidas las sentencias, el tercer hombre vuelve a la misma prisión, como sobrio miembro de Alcohólicos Anónimos, para extender los servicios de la agrupación a hospitales y cárceles. En apariencia vive bien; tiene empleo seguro como capataz de obra y planea casarse con su novia. Además, está encargado de llevar el mensaje a otros alcohólicos encarcelados. Su propia experiencia como interno le brinda credibilidad entre los otros condenados que participan de sus reuniones. Su dedicación al servicio de estos hombres es característica de quien está en el Camino de Retorno. Sin duda, su delito y su encarcelamiento son una recapitulación de una fase inconclusa anterior en el desarrollo de su alma, mientras que su zona de servicio (entre los alcohólicos encarcelados) viene a remediar esos actos de una vida previa.

            Este ejemplo, excesivamente simplificado, está destinado a demostrar que no es fácil discernir el punto de una persona en el Camino, a partir de las circunstancias de su nacimiento y su educación o por etiquetas tales como “delincuente convicto”. En todos los ambientes de la vida y en todas las esferas sociales existen personas que se encuentran en distintas etapas de evolución. Más aun: como el tercero de nuestros convictos imaginarios, pueden estar recapitulando una fase muy anterior de su desarrollo, a fin de brindar más adelante una mayor conciencia y la posibilidad de remediar ese reino de experiencia en especial.

ASPECTO EXTERIOR VERSUS DESARROLLO INTERIOR

            Toda encarnación nos presenta desafíos en mayor o menor grado, siempre al servicio de la transformación. Este proceso transformativo se lleva a cabo constantemente, pero está disimulado en los detalles diarios de la vida. Como hemos visto, queda aun más oscurecido por el hecho de que no todos avanzamos en la misma dirección al mismo tiempo. A veces, aunque las condiciones exteriores puedan ser similares, las personas pueden estar a milenios de distancia en cuanto a desarrollo. Imaginemos, por ejemplo, a tres hombres encarcelados en la misma prisión, condenados por sus delitos.

El primero, un joven de veintidós años, asaltó con dos amigos a un hombre que salía ebrio de un bar; le robaron y lo dejaron inconsciente. Alcoholismo, drogadicción y violencia eran parte de su vida familiar y del vecindario donde creció. Su bajo control de impulsos, su falta de juicio y su capacidad de violencia temeraria pueden ser atribuidos a esa niñez caótica y a la probabilidad de que esté en un punto temprano del Camino hacia fuera.

El segundo preso, de treinta y cinco años, instruido y ex vicepresidente de una gran firma inversora, fue condenado por una estafa complejamente planeada y llevada a cabo con destreza, con la que escamoteó millones de dólares a desprevenidos inversores. Este delito no fue perpetrado por impulso ni por necesidad, sino como ejercicio de poder, de los que atraen a quienes se acercan al Punto de Integración.

El tercer prisionero cometió un asalto a mano armada bajo la influencia del alcohol. También él era joven y provenía de un ambiente empobrecido, caótico y violento. Dos de sus hermanos estaban en la cárcel y otro había muerto en forma violenta.

Años después de cumplidas las sentencias, el tercer hombre vuelve a la misma prisión, como sobrio miembro de Alcohólicos Anónimos, para extender los servicios de la agrupación a hospitales y cárceles. En apariencia vive bien; tiene empleo seguro como capataz de obra y planea casarse con su novia. Además, está encargado de llevar el mensaje a otros alcohólicos encarcelados. Su propia experiencia como interno le brinda credibilidad entre los otros condenados que participan de sus reuniones. Su dedicación al servicio de estos hombres es característica de quien está en el Camino de Retorno. Sin duda, su delito y su encarcelamiento son una recapitulación de una fase inconclusa anterior en el desarrollo de su alma, mientras que su zona de servicio (entre los alcohólicos encarcelados) viene a remediar esos actos de una vida previa.

            Este ejemplo, excesivamente simplificado, está destinado a demostrar que no es fácil discernir el punto de una persona en el Camino, a partir de las circunstancias de su nacimiento y su educación o por etiquetas tales como “delincuente convicto”. En todos los ambientes de la vida y en todas las esferas sociales existen personas que se encuentran en distintas etapas de evolución. Más aun: como el tercero de nuestros convictos imaginarios, pueden estar recapitulando una fase muy anterior de su desarrollo, a fin de brindar más adelante una mayor conciencia y la posibilidad de remediar ese reino de experiencia en especial.

ENCONTRANDO TU LUGAR EN EL CAMINO

            Es natural que, habiendo leído todo lo anterior, te preguntes en qué punto del Camino estás. ¿Te encuentras en el Camino hacia Afuera, perfeccionando la identificación y el dominio de tu cuerpo físico, desarrollando el coraje físico y un sentido del yo? ¿Estás llegando al Punto de Integración, ansioso de probar tus poderes de líder para mandar, controlar, influir sobre personas y acontecimientos? ¿O estás en el Camino de Retorno, tratando de conocer y remediar tu karma no resuelto, mediante la comprensión y el servicio?

            Puesto que te atrajo el material contenido en este libro, indudablemente estás en el Punto de Integración o muy cerca de él, o quizá comienzas ya a salir de ese punto hacia el Camino de Retorno. En una fase anterior de tu evolución de conciencia, estos temas te habrían despertado poco o ningún interés. En un punto posterior del Camino de Retorno el material también resulta poco relevante, pues ya habrías progresado hacia temas más universales y menos personales.

            Si estás leyendo este libro, es probable que estés en el punto donde el héroe cambia de rumbo. Pero recuerda que esa coyuntura crítica, dada la enorme escala de tu viaje, se extiende a lo largo de varias vidas. Esto me recuerda lo que me dijo un hombre que había pasado muchos años como piloto de un buque cisterna.

            -Primero descubres que, por algún motivo, vas hacia una dificultas. Quizá te has desviado del curso. Quizás adelante hay algo que no debería estar allí y es preciso evitarlo. De modo que aminoras la marcha. Una vez que las hélices han dejado de girar, inviertes su dirección para detener el avance del barco. Aumentas cada vez más la potencia de esas hélices invertidas, pero aun así el barco sigue avanzando en la misma dirección por bastante tiempo. Cuando se maneja tanto peso, masa e impulso, se tarda un poco en detectar señales exteriores de que uno va a poder cambiar el curso.

            Quizá nuestras vidas, en el punto de giro, se parecen un poco a ese inmenso buque en manos de su capitán. Según todas las señales exteriores, el mismo impulso del viaje nos lleva cada vez más lejos de la costa. Sin embargo, la Inteligencia que nos guía ya ha puesto en movimiento las fuerzas que detendrán nuestra marcha y nos harán girar para llevarnos de nuevo hacia el hogar.

EL CAMINO DE LA CONCIENCIA EN EVOLUCIÓN

REUNIÓN CON LA FUENTE:

·         Vehículo físico refinado

·         Identificación con Mente Superior/Alma

·         Exploración de reinos espirituales/búsqueda de la verdad

·         Desarrollo de la conciencia grupal

·         Acción iniciada después de meditar y deliberar

·         Karma superado mediante remedio y servicio

·         El Alma obra por inspiración del Yo Superior

·         Conciencia altruista:”Está mal si perjudica a la humanidad”

·         Afinación psíquica más afinada a través del centro ajna

·         Compasión universal

Motivado por el deseo de servir

ELEVACIÓN SOBRE LA MATERIA FÍSICA

·         Vehículo físico equilibrado

·         Identificación con personalidad, intelecto

·         Exploración del poder físico

·         Desarrollo de intelecto, capacidad de planificar

·         Capacidad de gratificación diferida

·         Karma generado por el uso del poder, manipulación de otros

·         Dirigido por sí mismo (buen líder, ciudadano influyente, celebridad)

·         Conciencia desarrollada: “Está mal si perjudica a los que amo”

·         Afinamiento psíquico pasando del plexo solar al centro ajna

·         Compasión considerable

Motivado por el deseo de celebridad e influencia

SEPARACIÓN DE LA FUENTE:

                           expansión   -   experiencia

Expansión                                                             Experiencia

                           Prueba: valentía espiritual

                                       Alma vieja

Cuadro de texto: Punto de Integración
Alma en maduración
Prueba: valentía moral
 

     Camino de retorno

                                               

     Camino hacia afuera

         Alma joven

  Prueba: valentía física

                Expresión – Experiencia

Expresión                                  Experiencia

 

DESCENSO A LA MATERIA FÍSICA:

·         Vehículo físico

·         Identificación con cuerpo físico/personalidad

·         Exploración de límites físicos/búsqueda de sensaciones

·         Desarrollo de capacidades físicas

·         Escaso control de impulsos

·         Karma generado por actos físicos

·         Dirigido por otros (buen soldado, miembro de equipo, seguidor)

·         Conciencia primitiva: “Está mal si  me descubren”

·         Afinamiento psíquico inferior (basado en plexo solar)

·         Compasión incipiente

Motivado por el deseo de gratificación física

LA FINALIDAD DE LA INCERTIDUMBRE

               Mientras estamos encarnados, uno de los grandes desafíos es no saber adónde vamos, mucho menos si llegaremos o no. En este punto de coyuntura crítica en el que somos más introspectivos y más sensibles a los sufrimientos propios y ajenos, debemos luchar constantemente, no sólo con esas difíciles condiciones exteriores a las que nos enfrentamos, sino también con todas nuestras dudas y miedos interiores.

               Quizá te preguntes por qué todo debe ser tan difícil. El proceso sería mucho más eficiente si se nos asignaran las tareas y pudiéramos cumplirlas directamente. ¿Por qué no se nos permite saber?

               En el tarot, la carta de la Luna representa esos períodos en los que hasta Dios nos esconde la cara: nuestros tiempos de dudas más profundas, la noche oscura del alma. En períodos tales muchos buscamos el asesoramiento de psíquicos, astrólogos y personas hábiles en el arte de la adivinación. Que esas consultas sean o no acertadas y útiles depende de diversos factores: de la capacidad del psíquico y el grado de afinamiento que logre ese día; del entendimiento energético entre nuestros Guías y los del psíquico (porque en una buena lectura, lo que nuestros Guías puedan comunicar a los del psíquico es lo que este nos traduce); de que el desarrollo espiritual del psíquico pueda adecuarse al material espiritual que se nos comunique; de que alguna parte de la lectura nos haga sentir amenazados al punto de distorsionarla o ignorarla, y por fin, de que sea o no el omento adecuado para que sepamos más, para reconfortarnos con la promesa de mejores cosas por venir, o de que debamos continuar en la oscuridad por algún tiempo más.

               A los treinta y cinco años, mientras atravesaba el período más sombrío de mi vida adulta, visité por primera vez a una psíquica, que leía el tarot con asombrosa exactitud. ¡Algunas de sus predicciones comenzaron a cumplirse casi en cuanto salí de su oficina! Durante muchas veces escuché todas las mañanas la cinta grabada de nuestra sesión, mientras me preparaba para el trabajo, pues su promesa de que las cosas mejorarían me ayudaba a resistir, en tanto la rueda de la Fortuna giraba lentamente hacia una posición más benéfica.

               A los cuarenta y dos años, cuando volví a encontrarme sin rumbo, tras abandonar casi todas las metas que había perseguido y alcanzado, busqué nuevamente la ayuda de los psíquicos. Pero por entonces nadie podía hacerme una lectura exacta. En mi desesperación, aprendí sola astrología, quiromancia y tarot, con la esperanza de desentrañar el misterio que estaba viviendo. Estas herramientas me ayudaron a pensar simbólicamente, afilar la intuición y comprender con más profundidad a mis hijos y a todas mis relaciones importantes, en un grado que mi conocimiento de la psicología no había hecho posible. Aprendí tanto que, con el correr del tiempo, cambió toda mi visión de la vida. No obstante, las respuestas que buscaba sobre mi propia situación continuaban eludiéndome.

               Ahora veo con claridad por qué todas las puertas debían permanecer cerradas para mí durante todos esos años. Sólo de ese modo podía mi desesperación motivar mi búsqueda de comprensión, mientras el tiempo atemperaba mi impaciencia y mi obstinación.

            Está claro, también, por qué ninguno de los psíquicos a los que consulté pudo hacer mucho para aliviarme ese dificultoso pasaje. De hacerlo, habrían obstaculizado el proceso necesario, más o menos como quien arranca las zanahorias para ver cómo crecen.

   Cuando buscamos una comprensión más clara de los planes que nuestra alma tiene para nuestra encarnación actual, cuando queremos entender mejor y colaborar con la voluntad de dios, estamos ejerciendo la única razón valedera para estudiar las ciencias ocultas o para consultar con quienes lo hacen. Pero cuando tratamos de usar dones psíquicos y poderes ocultos, propios o ajenos, para permitirnos un capricho, estamos usando magia negra y nos arriesgamos a postergar nuestra iluminación, en vez de facilitarla. Y debemos recodar, por supuesto, que la habilidad y la ética de los psíquicos varía mucho, como entre los miembros de cualquier otra profesión. En este aspecto de la vida, como en todos los demás, debemos utilizar el discernimiento cuando consultemos a alguien sobre nuestro destino y el futuro. Pero también debemos reconocer que hay momentos en los que nadie, por muy bien dotado que esté, puede ayudarnos a ver lo venidero, pues hacen falta las esperanzas y los miedos que operan sobre nosotros, y profundizar nuestro carácter y maduran nuestra conciencia.

            Imagina por un momento que eres un joven de diecisiete años y que has dedicado mucho tiempo a desarrollar tu capacidad atlética. En este momento estás en el campo de fútbol, jugando contra vuestro rival de la zona. Es el primer juego de la temporada y las gradas están colmadas. Allí están tus padres. Y tu novia. Te han dicho que hay un par de representantes en busca de figuras nuevas; tu entrenador ha sugerido que, si esta noche juegas bien, podrías obtener una beca.

            Los equipos están en un pie de igualdad y a veces el juego se torna rudo, pero tu voluntad de ganar es abrasadora; se centra como un rayo láser. Nunca has deseado algo con tanta fuerza como deseas ganar esta noche.

            Ahora, mientras te imaginas en esa situación, agrega un elemento más: que ya conoces el resultado del partido.

            Eso lo cambia todo, ¿verdad?

            Si eliminas la ansiedad causada por no conocer el resultado del partido, también desaparece toda tu motivación. Pagamos un precio muy alto en el aspecto emocional al no saber si una situación dada terminará como deseamos o como tememos. Pero saberlo por anticipado también cuesta un precio: el allanamiento de nuestras emociones, puesto que la euforia de la esperanza, la expectativa y el fuerte impulso del deseo pierden su importancia. Cuando ya sabemos el resultado de cualquier situación desafiante, ya nada nos espolea para esforzarnos y crecer. En realidad, eso ya no puede considerarse un desafío. Es, simplemente, un hecho más a vivir.

            Ahora imagina que, además de conocer el resultado de la partida, también sabes si obtendrás la beca y cómo será tu vida en adelante, en todo detalle, incluyendo las circunstancias de tu muerte. Toda tu vida es como un libro ya leído. Así no habrá golpes desagradables, pero tampoco sorpresas felices: sólo un despliegue de hechos en secuencia, a lo largo de los años…

            ¿Percibes el peso de ese conocimiento? ¿Ves de qué modo privaría de efervescencia a todas las ocasiones gozosas el saber, por anticipado, que tras ese paso centelleante te tocaría hallar la siguiente desgracia?

            No: debemos avanzar por la vida a ciegas o no avanzar en absoluto, porque si supiéramos nos resistiríamos. Trataríamos de esquivar los episodios penosos, evitar las relaciones difíciles, prevenir las catástrofes. Y eso equivaldría a esquivar, evitar y prevenir nuestra propia evolución, provocada justamente por esas experiencias y los cambios que deberíamos asumir para darles cabida.

            Todo héroe lo es porque se enfrenta con valor a lo desconocido hasta que, después de grandes esfuerzos, acaba por prevalecer. A veces tiene una espada mágica o un corcel fabuloso que le prestan una ayuda adicional en su batalla contra ogros y dragones. Nosotros también podemos utilizar todas las herramientas útiles que hallemos para ganar fuerzas: la plegaria y la mediación, una disciplina espiritual, literatura inspiradora, el apoyo de un grupo de pares que estén lidiando con problemas parecidos a los nuestros.

Y podemos recordar que, en todas nuestras luchas con la vida, en todas nuestras batallas con las dudas y el miedo, aun cuando creemos estar fracasando, cada intento de hallar el camino nos hace crecer espiritualmente y prueba nuestro heroísmo