Muchas veces comienza su gesta a fin de prestar alguna
ayuda al padre, así como nosotros encarnamos para ayudar a la
expansión del alma. En “El pájaro de fuego”, cuento favorito de los
rusos, el príncipe Iván, hijo menor del rey, parte en busca del
Pájaro de fuego, que ha robado manzanas de oro de la huerta de su
padre. Como casi todos los protagonistas de esos relatos (y casi
todos los seres encarnados) la búsqueda se inicia con bastante
sencillez, pero pronto sus actos lo embrollan en una serie de
aventuras peligrosas. El príncipe llega a un cruce de rutas indicado
por una piedra, cuya inscripción reza: “Hacia adelante para buscar
esposa, hacia la izquierda para que te maten y hacia la derecha para
perder tu caballo”. Al pensar que aún no es tiempo de buscar esposa
y sin deseos de morir, descubre que su caballo ha desaparecido. Un
lobo gris admite haber devorado su caballo, pero se ofrece a tomar
su lugar, llevar al príncipe en su lomo y actuar como fiel
sirviente.
El lobo lleva al príncipe hasta el Pájaro de Fuego y le
advierte que sólo debe tomar el ave, pero no su jaula de oro. El
príncipe Iván no puede resistir la tentación de tomar la jaula;
suena una alarma y lo atrapan. El rey, dueño del Pájaro de fuego,
exige que el príncipe le traiga, a cambio de su libertad, el ave y
la jaula, al caballo de crines de oro. El dilema del príncipe corre
paralelo con lo que ocurre cuando el alma se abre paso entre los
peligros de la encarnación. Cada experiencia necesaria crea
inevitablemente consecuencias o karma que es preciso resolver; por
un tiempo largo y cansador se producen furiosas batallas en regiones
peligrosas y aparecen dificultades que es preciso dominar para que
la parte encarnada del alma, como el vagabundo del cuento, pueda
volver al hogar.
El príncipe Iván parte, pues, en busca del caballo,
advertido por el lobo de que sólo debe tomar el caballo, no sus
arreos de oro. Pero el príncipe no puede resistir la tentación de
tomar los arreos, suena una alarma y el furioso rey, dueño del
caballo, exige al príncipe que, a cambio de su libertad, el caballo
y sus arreos de oro, Iván le traiga a la Bella Helena para
desposarla.
Cada uno de los desafíos equivale al elevado precio
pagado por las experiencias del alma en el plano terrestre. Estas
experiencias producen consecuencias, karma que, como la tarea a la
que se enfrenta nuestro príncipe, debe ser enfrentada y superada, so
pena de que se interrumpa todo el progreso. Pueden ser necesarios
muchos intentos del príncipe Iván, muchas vidas por parte del alma,
para superar esos desafíos.
En la mayoría de los relatos míticos, nuestro
protagonista se ve tentado, atrapado y desafiado; hace frente y
supera diversas dificultades y, por lo tanto, va ganando
experiencia, confianza y madurez, hasta convertirse en un héroe, en
un verdadero superhombre. Pero al aumentar sus poderes también
aumenta su temeraria arrogancia. En la cima de su fuerza cae en una
trapa o sufre una herida tal que no bastan su inmensa fuerza y su
valor para salvarlo. Ha logrado tanto y su0erado tantas cosas, para
finalmente encontrarse del todo inerme. Así ocurre con el príncipe
Iván. Tras haber robado no sólo el Pájaro de Fuego, sino también el
caballo y a la Bella Helena, agradece al lobo toda su ayuda, sin
prestar atención a sus advertencias de que aún puede necesitar
ayuda. Ufano en su confianza, en el trayecto de retorno al hogar
decide detenerse a descansar. Mientras él y la Bella Helena duermen,
pasan sus dos hermanos y, al verlo con el Pájaro de fuego, el
caballo de crines doradas y la Bella Helena, deciden matarlo; uno se
apodera del caballo y el ave; el otro, de la Bella Helena.
El príncipe Iván yace muerto en la llanura por noventa
días, hasta que el lobo ve su cadáver y soborna a un cuervo para que
le traiga las aguas de la muerte y de la vida. Con las aguas de la
vida, lo reanima.
-A no ser por mí –le dice el lobo-, habrías dormido para
siempre.
Y así el lobo, ese ser poderoso que ha acompañado al
héroe desde el principio de su viaje hasta el final, vigilándolo,
guiándolo, permitiendo que fuera castigado y templado por la derrota
para devolverle por fin la salud, lo lleva a casa de su padre y
hacia los tesoros que son el don de su gesta.
Todos estos cuentos describen nuestro viaje por la
encarnación en el plano terrestre, bajo la guía del alma. Esotérica
y místicamente, el alma se considera femenina. El casamiento del
héroe con la hermosa doncella o princesa representa el cierre del
ciclo, al unir al buscador con el alma. La última carta del tarot
llamada El Mundo, representa la perfecta unión de lo masculino y lo
femenino, en un hermafrodita que danza. Esta carta representa el fin
del viaje del Loco por la vida, el logro final de la perfecta
unidad.
Desde la ingenua inocencia, a través de pruebas de
valor, hasta la sabiduría y la perfección finales, el viaje del
héroe es nuestro viaje. Se entiende, pues, que jamás nos cansemos de
estas antiquísimas leyendas ni del bravo viajero que, tras
peligrosas expediciones en tierras lejanas donde se enfrentó a
enemigos, perdiendo y ganando batallas, retorna victorioso al hogar.
SOMOS EMBAJADORES DEL
ALMA
Si en nuestra existencia cotidiana no nos vemos como
infatigables cruzados de una gesta inmensa, sino más bien como
cansados actores de un interminable culebrón, es porque nuestra
visión es limitada. Durante una encarnación en el plano terrestre
nos identificamos casi por completo con nuestro cuerpo físico y las
percepciones de sus sentidos, a las cuales nuestra personalidad
agrega sus interpretaciones de la realidad. No nos damos cuenta de
que, tomadas en conjunto, sólo componen la avanzada del alma en el
denso plano físico. Nuestra excesiva identificación con el vehículo
de la existencia física es más o menos como decidirse a emprender un
viaje, buscar un auto y conducirlo rumbo a nuestro destino, para
creer sólo en la realidad del vehículo, la ruta, el panorama y los
acontecimientos del camino, olvidando por completo de que fue uno
quien decidió hacer el viaje, y conducimos y terminamos por llegar.
Los datos de nuestros sentidos físicos oscurecen el hecho de que el
alma que nos envía es una realidad mayor que nuestro provisorio
vehículo para el viaje.
Como embajador del alma en el plano terrestre, el ser
humano encarnado se mueve en una de dos direcciones. Como nuestro
héroe, puede alejarse del hogar o emprender el regreso, tras haber
aprendido mucho de su viaje. Esotéricamente se dice que estamos en
el Camino hacia fuera o en el Camino de Retorno. Mientras vamos por
el Camino hacia fuera, descendemos a la materia física y nos
identificamos más y más con ella; primero, mediante nuestro cuerpo
físico, las sensaciones y experiencias que este nos proporciona;
después, mediante nuestra visión de uno mismo como personalidad,
como fuerza para realizar nuestros deseos en el mundo material. En
el Camino de Retorno nos vemos atraídos hacia nuestra fuente de
origen y llevamos con nosotros todo lo que hemos ganado en nuestras
aventuras. Sin embargo, como ya hemos visto, a fin de reconciliarnos
con lo que nos envió, debemos desprendernos del karma que hemos
generado y curar las heridas ocasionadas por las experiencias
vividas en el Camino hacia fuera. Muchas de estas heridas y las
configuraciones de energía congelada que las acompañan, “cicatrices
energéticas”, se eliminan mediante la comprensión, el perdón y el
remedio a través del servicio.
EL DESARROLLO HUMANO
DEL NACIMIENTO A LA MUERTE
Todo el proceso de avance hacia fuera y retorno al hogar
está demostrado, en el microcosmos, en el desarrollo del ser humano
durante una sola vida. Nacemos y pasamos el primer período de vida
concentrados sobre todo en dominar nuestro vehículo físico. A medida
que obtenemos una mayor destreza, vamos transfiriendo nuestra
atención al mundo más amplio, con sus tentaciones, oportunidades y
desafíos. Sentimos el poder de nuestra personalidad en desarrollo y
comenzamos a tomar decisiones, a actuar. Con el desarrollarse de las
consecuencias vamos ganando experiencia. Sin embargo, el proceso
deja sus huellas. En el camino sufrimos chichones, cardenales y
también algunas heridas profundas, tanto en el cuerpo físico como
(lo más importante) en los niveles profundos, donde moran las
emociones y los pensamientos. Estos chichones, cardenales y heridas
son parte inevitable y hasta necesaria de la experiencia de la vida,
rica fuente de aprendizaje, comprensión y crecimiento. Pero el dolor
y las cicatrices que los acompañan causan siempre algún grado de
deterioro y hasta paralización de las zonas afectadas. Todo
deterioro sufrido, ya sea físico, emocional o mental, a menos que se
lo cure, tiende a durar toda la vida, tornándonos con frecuencia más
rígidos, fijos y petrificados con el tiempo.
En una etapa posterior de la vida llega un punto de
reorientación. A medida que nuestro cuerpo físico empieza a fallar,
disminuye la atracción que tiene el mundo exterior sobre nosotros.
Cada vez nos volvemos más hacia adentro o, si lo prefieres, hacia
arriba. Empezamos a ocuparnos de lo que habitualmente llamamos
intereses espirituales. Con frecuencia aparece una profunda
necesidad de hallar sentido a la vida y también de atar algunos
cabos sueltos, curar brechas y enemistades antiguas, desechar viejos
rencores y buscar reconciliaciones. Reemplazar nuestro anterior
apetito por experiencias más numerosas y amplias es un anhelo de
paz, tanto interior como exterior, y de eliminar todo lo que impida
esa paz, incluyendo por fin al cuerpo físico.
DESARROLLO DEL ALMA A
LO LARGO DE MUCHAS VIDAS
Este concepto de despliegue progresivo, de avanzar
primero hacia una manifestación física más potente para luego, en un
punto de rica madurez, regresar hacia el centro y la fuente, también
da cabida al concepto microcósmico de las vidas múltiples,
experimentadas en bien del alma.
El progreso del alma a través de innumerables
encarnaciones sigue un patrón similar al del desarrollo humano
individual; se inicia con un largo período en el cual su trabajo
principal es alcanzar el dominio del vehículo físico o cuerpo. A
este dominio, logrado después de muchas vidas, sigue el desarrollo y
refinamiento del equipo emocional y, más adelante, del aparato
mental. La siguiente meta de la encarnación, que también requiere
muchas vidas, es la efectiva coordinación de todos estos elementos:
los aspectos (o cuerpos) físico, emocional y mental. Cuando estos
cuerpos están finalmente alineados y funcionando en sincronización
energética, el resultado es una personalidad realmente integrada.
La personalidad integrada, cuando se alcanza, es un
potente vehículo para la expresión en el mundo exterior, una
poderosa fuerza para el bien o para el mal. Es justamente a esta
altura del desarrollo cuando el alma empieza a repara más en sus
manifestaciones en el plano terrestre. Por fin tiene, en la
personalidad integrada, un vehículo lo bastante evolucionado como
para expresar en la existencia material las cualidades del alma. Y
esta empieza a llamar a gritos a su manifestación, a reclamar su
vehículo de expresión.
Lo que ocurre entonces equivale a lo que pasa cuando una
madre llama a su hijo cuando está jugando, embelesado en el glorioso
papel que representa en su drama de mentirijillas. Al principio la
criatura no oye siquiera el llamado de su madre, tan fuerte es el
mágico hechizo bajo el cual está; cando por fin escucha la voz del
adulto, se resiente por la intromisión y se niega a acudir. Par que
entre en la casa serán necesarias medidas más fuertes.
Lo mismo sucede cuando el alma llama a la personalidad
integrada, que está en el mejor momento de su potencia en el plano
terrestre y se resiste, resentido por la llamada. Se produce
entonces una lucha entre la personalidad y el alma. Sigue una serie
de vidas en las que la presión del sufrimiento, generado por fallas
en nuestro carácter, acaba por hacernos reconocer las limitaciones
de nuestro egocentrismo y obstinación. Cuando el príncipe Iván
despidió al lobo, decidiendo que le bastaban su fuerza y su
sagacidad para completar solo el viaje, sufrió la peor de todas las
catástrofes: fue asesinado y yació muerto por mucho tiempo. Sólo el
lobo, con sus cuidados, pudo despertarlo y levarlo al hogar.
Todos debemos aprender, tarde o temprano, que no es
posible hacer solos el viaje. Debido a grandes presiones, a veces
terribles, nuestra personalidad desarrolla la disposición a rendirse
a un poder superior, más grande que ella. Cuando lo hacemos se
produce la curación gradual o súbita de esas dificultades que
provocaron nuestra rendición.
A media que recorremos el Camino de Retorno vamos
cobrando cada vez más conciencia de que el alma nos guía. Se repiten
episodios incompletos de vidas anteriores, de los que aún llevamos
heridas y cicatrices, pero reaparecen como ciclos de curación. Se
generan presiones; somos sometidos a pruebas. A su debido tiempo nos
rendimos a esos ciclos de curación; los resultados son comprensión,
perdón y servicio.
Cuanto más nos encontramos con el viejo karma y lo
superamos, cuanto más curamos viejas heridas y eliminamos antiguas
cicatrices, más fuerte y consciente se torna nuestra identificación
con el alma. A lo largo de innumerables vidas, desarrollamos un
vehículo cada vez más refinado y sensible para la expresión el alma,
hasta que al fin se disuelve la división entre lo que se manifiesta
en materia y eso que lo envió a su manifestación. Se alcanza la
unión entre el alma y su vehículo. Como veremos más adelante, la
expiación es el paso final de esa reconciliación.
ALMAS JÓVENES Y ALMAS
VIEJAS
El viaje que nos aleja y nos regresa a nuestra fuente es
un largo proceso de etapas y ciclos, cada uno diferente de los
otros. Así como un apersona joven y otra madura asumirán, sin duda,
enfoques diferentes del mismo problema, también el alma que llamamos
“joven”, en el Camino hacia fuera, y el “alma vieja”, en el Camino
de Retorno, reaccionarán ante situaciones y condiciones similares de
manera notablemente distinta. Como alma joven que busca la
experiencia necesaria, con frecuencia tendemos a iniciar y perpetuar
las dificultades, mediante una postura combativa o una empecinada
determinación de imponernos. Así debe ser, pues estamos
desarrollando el valor físico y la integridad personal que
ejercitamos por su propio valor, y aprendiendo a defendernos solos.
Ponemos un fuerte acento en las palabras “yo”, “mío”, “a mi”. Lo que
tratamos de alcanzar es, ante todo, para nuestro yo personal; más
tarde esta esfera puede extenderse a “mi” esposa, “mis” hijos, “mi”
familia, “mi” comunidad, “mi” país. Ejercemos el poder por el poder
mismo y en beneficio personal. Podemos actuar como soldados
heroicamente valerosos, pero como civiles nos enredamos en problemas
con la autoridad, por nuestras reacciones agresivas ante quien se
nos oponga. Esta perspectiva egocéntrica de lo que afecta a nuestra
vida personal, ya sea el armamento nuclear o el ladrido del perro
vecino, es en un todo adecuada para el Camino hacia fuera y abre
paso al desarrollo subsiguiente. Después de todo, a fin de practicar
la verdadera valentía moral debemos haber desarrollado primero la
valentía física. Y en términos de desarrollo psicológico, debe
existir un yo para poder trascender el yo.
Cuando estamos en el Camino hacia fuera la vida es muy
diferente de cuando nos acercamos al Punto de Integración; más
diferente aun, cuando avanzamos por el Camino de Retorno.
Cualesquiera sean las circunstancias exteriores, en las primeras
etapas del viaje la vida es una aventura caótica y dramática, que
evoca fuertes reacciones físicas y emocionales de todo tipo. Dominar
el cuerpo físico, aumentando su fuerza y perfeccionando sus
habilidades, es una preocupación común. Pero nuestro dominio
consciente de las emociones es muy inferior al que tendremos en un
punto posterior del Camino. Como aún no hemos desarrollado bien las
habilidades mentales, generalmente nos sentimos más felices
dedicados al as tareas físicas que a los emprendimientos
intelectuales.
Cuando se llega al Punto de Integración, ya no se vive
mediante la reacción, sino mediante la acción lograda utilizando el
pensamiento racional y el control consciente. Hemos desarrollado la
capacidad de concebir metas y llevarlas a cabo mediante un
planeamiento deliberado. Estamos logrando ascendiente en la vida;
percibimos nuestro poder y eso nos intoxica.
En esta etapa de la evolución, el reconocimiento nos
resulta muy importante. Es en el Punto de Integración donde tenemos
más probabilidades de ser reconocidos por nuestro poder, loros e
influencia. La mayoría de quienes aparecen en los diarios
(políticos, gente de la industria del espectáculo, líderes de
movimientos) están en el Punto de Integración y ejercen su gran
poder para el bien o para el mal. En la fuerte personalidad que
caracteriza a quien está en el Punto de Integración hay siempre dos
rasgos presentes: la obstinación y el egocentrismo. La obstinación
es el convencimiento de que nuestro punto de vista es el adecuado,
junto con una gran decisión de alcanzar nuestros fines. El
egocentrismo es la preocupación por nuestra condición de
inigualables y la exigencia de que otros noten y aprecien esa
condición. Con frecuencia, esta exigencia de ser reconocidos como
personas especiales es lo que, tarde o temprano, provoca las pruebas
y las dificultades que acaban por reconciliarnos con nuestra alma. Y
a medida que renunciamos poco a poco a la obstinación y el
egocentrismo, giramos en la esquina de la evolución y comenzamos a
recorrer el Camino de Retorno.
Una vez que se escucha y atiende la llamada del alma,
cambian todas las reglas para vivir. Tras haber internalizado, con
gran esfuerzo, normas y guías para vivir efectivamente, ahora
descubrimos que ya no nos sirven. Esto se debe a que, en el Camino
de Retorno, nuestra tarea ya no es desarrollar la valentía física,
como lo era en el Camino hacia fuera, ni pensar, planificar y
ejercer el poder, como en el Punto de Integración. En vez de
trabajar para lograr las metas de la personalidad, debemos utilizar
nuestro poder, valerosa y reflexivamente, para servir al grupo,
guiándonos por el contacto consciente con un Poder Superior.
En el Camino de Retorno enfrentamos igual número de
desafíos, tanto externos como internos; pero ahora todo problema
requiere una solución que tome en cuenta el bienestar de todos, no
sólo el propio bienestar o el de nuestro grupo personal. Al
identificarnos con toda la humanidad, el acento supone un
abarcamiento mayor, que comprenda todos los aspectos y no adopte
posiciones dogmáticas a favor ni en contra, por muy noble que pueda
ser la causa. Ahora estamos dispuestos a ceder, a comprender, a
perdonar y, por encima de todo, a servir. Son más importantes las
metas del alma que las de la personalidad.
Desde el Camino hacia fuera hasta el Punto de
Integración y por el Camino de Retorno, la fórmula de todo el
proceso de la evolución humana se podría expresar así:
Falta
de Control → Control Consciente → Rendición Consciente
O
Reaccionar ante la vida → Actuar en la vida → Servir a la vida
Para quien está en un punto del Camino, los valores,
creencias y actos de otra persona que esté en un punto diferente
pueden parecer incomprensibles y hasta insostenibles. Sin embargo,
una vez que el individuo ha avanzado lo suficiente por el Camino de
Retorno (punto que muy pocos han alcanzado) se logra la verdadera
tolerancia. Así como el adulto acepta que el niño tiene una
comprensión y una capacidad limitadas por su falta de desarrollo,
así la persona que está en un punto avanzado del Camino de Retorno
respeta y honra las actitudes y conductas de otros viajeros, que aún
no han avanzado tanto a través de tantas vidas.
CÓMO SE EXPANDE LA
CONCIENCIA MEDIANTE LA EXPERIENCIA
Sólo un ser del más alto desarrollo espiritual es capaz
de ver con comprensión su Camino a lo largo de muchas vidas. Se dice
que el Buda, en su iluminación final, vio con claridad cada una de
Sus vidas en la tierra y comprendió la contribución de cada una.
Cuando logremos la conciencia para cuyo desarrollo hemos venido,
también nosotros reveremos odas nuestras vidas al mismo tiempo.
Mientras tanto, debido a los necesarios límites de
nuestra perspectiva, tendemos a creer que esta existencia de la que
tenemos conciencia, la que estamos viviendo en la actualidad, es lo
que somos y quien somos en nuestra totalidad. Pero muy
ocasionalmente algo nos insinúa que, en realidad, existe un cuadro
mucho más amplio, al que ya hemos contribuido mucho y que, a su vez,
influyó sobre el tipo de existencia que vivimos ahora.
El siguiente relato ilumina el despliegue de conciencia
y el progreso de una mujer por el Camino, a lo largo de sucesivas
vidas. Es una adiestradora de caballos a la que llamaré Paula, una
mujer que, en vez de adoptar los métodos comúnmente utilizados en su
profesión, con frecuencia crueles, se ha ganado admiración y respeto
por su enfoque humano. Utiliza un contacto suave y tranquilizador
con todos los animales a que se enfrenta, por muy desafiante que sea
su conducta, sintonizando su carácter [único y su capacidad y
tomando en cuenta cualquier historia traumática posible. Algunos de
los resultados que alcanza rayan lo milagroso. Nos conocimos cuando
yo asistí a una de sus demostraciones. Después, durante una
conversación, me contó la notable historia siguiente.
Esto
ocurrió hace unos seis meses. Cuando había dado por finalizada una
conferencia ante una gran multitud, se me acercó una mujer que se
presentó con el nombre de Anna; después de entregarme una hoja de
papel plegado, me pidió que lo leyera más tarde, a solas. Le di las
gracias, guardé la nota en el bolsillo del abrigo y me olvidé por
completo de ella hasta que, semanas más tarde, volví a ponerme el
mismo abrigo. En la nota Anna se identificaba como psíquica y
escribía que, durante la conferencia, había visto en el escenario a
un hombre corpulento vestido al estilo de la Regencia, atrás de mí,
a mi izquierda. Anna lo identificaba como uno de mis Guías, que
había sido yo misma en otra vida.
Anna
lo observaba mientras yo hablaba y aseguraba haber visto escenas de
su vida y las circunstancias de su muerte. El también había sido
adiestrador de caballos, particularmente brutal en sus métodos y
dado a descargar su enojo en los animales. Murió por la coz de un
caballo que lo golpeó en la espalda, en la zona del riñón izquierdo.
Su muerte fue lenta y muy dolorosa, por lo que tuvo mucho tiempo
para analizar su propia angustia y la que a su vez había causado.
Anna
escribía que, a través de sus sufrimientos, él había consumido
cuanto menos parte del karma generado durante esa vida inhumana.
Sugería que quizá yo tuviera una cicatriz accidental o una marca de
nacimiento en esa misma zona de la espalda.
Al leer esa nota supe de
inmediato que todo lo escrito allí era verdad. Yo conocía las
experiencias de ese hombre de la Regencia; sabía que él era parte de
mí y que me instaba a utilizar métodos mejores en esta vida. Lo más
asombroso es, quizá, que en verdad tengo una gran marca de
nacimiento roja en la espalda, por la zona del riñón izquierdo.
Con frecuencia, como en el caso de Paula, hay evidencias
físicas de los traumas sufridos en vidas pasadas, bajo la forma de
cicatrices, marcas de nacimiento, deformidades o debilidades.
También suele ocurrir que las vidas subsiguientes revelen el proceso
incremental de la evolución de conciencia. Imaginemos, por ejemplo,
que Paula había estado relacionada con los caballos en muchas
existencias, antes de su encarnación en el adiestrador de la época
de Regencia, incluida alguna vida en que perdió a un ser amado en un
accidente provocado por el capricho de un animal. El dolor de esta
pérdida hizo que la ira y la angustia quedaran congeladas en ella.
Entonces siguió su existencia como el adiestrador de la Regencia,
que se vengaba por medio de sus métodos brutales, ideados para
eliminar cualquier capricho semejante, con lo que se obtenían
caballos tan cansados por el castigo que eran sólo autómatas
quebrados.
El cruel adiestrador, al morir, sufrió un despertar
causado por la herida, que era consecuencia directa de su
inhumanidad. Este despertar a la angustia que había infligido fue
resultado de su propia experiencia personal del sufrimiento físico,
combinado con la evolución de su conciencia.
Despertares tales pueden producirse mientras el ser está
aún en el cuerpo físico o durante el “repaso postmortem” (frase
acuñada por Kenneth Ring, que ha estudiado extensamente las
experiencias de cuasi-muerte). Recordemos que, durante el repaso
postmortem, se ven los sucesos y experiencias de la encarnación
recién completada con una claridad, objetividad y coherencia que no
son posibles mientras estamos en el cuerpo físico, bajo la
influencia de la personalidad. Este repaso postmortem provoca
siempre una expansión de la conciencia. Traer esa expansión a la
conciencia personal durante la encarnación física es la tarea
corriente del alma, que debe operar dentro de las limitaciones de
tiempo, espacio y materia física.
Por mucho que deploremos la crueldad y nos resistamos al
sufrimiento, es importante recordar que todas estas experiencias son
necesarias, pues mientras estamos en el plano terrestre aprendemos y
cobramos conciencia por medio del contraste, de la dualidad y de la
experiencia de estados opuestos del ser. En general sólo tenemos
conciencia de nuestra salud, por ejemplo, si recientemente hemos
experimentado una enfermedad. Creemos que la abundancia nos es
debida, a menos que hayamos conocido privaciones. Y la conducta
cruel puede no parecerlo tanto mientras que nuestra conciencia
evoluciona reaccionamos a nuestro propio sufrimiento con un deseo de
venganza o retribución. Pero cuando desarrollamos la capacidad de
sentir el sufrimiento ajeno, además del propio, despierta en
nosotros, como en el adiestrador de caballos renacido en Paula, una
dedicación inversa a aliviar ese sufrimiento en vez de infligirlo.
Cuando era un adiestrador brutal, Paula estaba bajo el
gobierno de sus emociones, sobre todo del deseo de venganza. Esto
indica que aún se está en el Camino hacia fuera. En la actualidad
está curando el viejo karma generado durante esa vida previa: sirve
a los animales y enseña a quienes los cuidan sus suaves métodos de
adiestramiento. Quizás haya pasado por muchas encarnaciones entre
esa antigua vida de crueldad y la actual; en ellas Paula evolucionó
hasta cruzar el Punto de Integración. Pero su vida actual de
abnegado servicio indica a una persona en el Camino de Retorno.
KARMA, REMEDIO Y EL
SANADOR HERIDO
En el camino de Retorno, nuestra primera tarea es
remediar el karma que se haya generado en el largo proceso de
profundización de nuestra conciencia. En el nivel más elevado del
remedio no nos oponemos a nada: sólo ayudamos. En el caso de Paula,
por ejemplo, a fin de que se produzca el remedio debe existir tanta
compasión por esos seres humanos que, por temor o ignorancia, llegan
a la crueldad inadvertida o deliberada como por los animales sujetos
a esa crueldad. De otro modo, al juzgar las creencias y actos
ajenos, se generaría más karma. En todas sus enseñanzas Paula
ejemplifica una actitud de aceptación y amor, sirviendo
magníficamente a las necesidades de su público humano, tanto como
las de los animales a su cuidado, sin culpar a unos ni a otros por
los problemas que se producen entre ellos. Ha evolucionado hasta lo
que, en mitología, se denomina “el sanador herido”, el que comprende
realmente por medio de la experiencia personal y que puede curar
desde ese sitio de comprensión.
El arquetipo del sanador herido está representado en
muchas de esas personas que dedican la vida a un servicio compasivo.
La familiaridad con las condiciones de aquellos a quienes ayudan
puede haberse desarrollado mediante experiencias previas en esta
vida o, como en el caso de Paula, estar ocultas en otras
existencias. Cualquiera sea la fuente, la profundidad de su empatía
y su respeto los diferencian y los tornan infinitamente más
efectivos que quienes sólo muestran simpatía y buenas intenciones.
La herida ha sido transformada en un don de entendimiento y
curación, don que recibieron primero ellos mismos mediante el
sufrimiento, y pudieron luego compartir con los demás.
NUESTRO MAPA INTERIOR
DE CONCIENCIA ALCANZADA
A medida que avanzamos por el camino, llevamos con
nosotros y demostramos todas las grandes etapas de desarrollo por la
que hemos pasado hasta ahora, como individuos y como especie. El
principio biológico de que “la ontogenia recapitula la filogenia”
*
describe este proceso en el reino físico. Quien haya estudiado
siquiera una lección de biología recordará, por ejemplo, que los
mamíferos presenta, en la primera etapa embriónica, las agallas de
sus remotos precursores evolutivos, moradores del mar.
El principio recapitulatorio opera tanto en la
conciencia humana como en la anatomía. En cada uno de nosotros está
el mapa completo de nuestra conciencia sin desarrollar, a lo largo
de los siglos, recapitulada emocional y conductistamente durante
nuestro desarrollo, desde la infancia y la niñez, a través de la
adolescencia, hasta la edad adulta.
Un ejemplo es la etapa durante la cual gran parte de las
actividades lúdicas de los niños varones involucra el uso de armas
(espadas, pistolas, etcétera) y fingidas batallas a muerte. Los
niños que no tienen pistolas de juguete utilizan palos o cualquier
objeto disponible para representar un arma. Con frecuencia los
padres, deseosos de inculcarles valores no violentos, tratan de
reprimir lo que es, en realidad, la saludable expresión de una etapa
normal de desarrollo, que recapitula la evolución de la valentía
física en la especie humana. Los padres pacifistas cuyos hijos
disfrutan de juegos violentos pueden consolarse pensando que hasta
el más altruista de los hombres pasa por ese estadio natural de la
niñez.
Pero no todos los niños superan esta etapa violenta, así
como no todos los individuos maduran hasta ser capaces de expresar
los mayores logros de la humanidad. Esa capacidad depende de
diversos factores: la propia etapa individual de evolución de la
conciencia, alcanzada por la suma de vidas completadas; las fuerzas
y limitaciones de los actuales cuerpos físico, astral-emotivo y
mental, y factores determinantes del ambiente actual elegido,
incluida la familia, el grupo social y la cultura en general.
Obviamente, cada uno de estos factores puede servir para alentar o
inhibir la plena expresión de lo que el individuo ha alcanzado por
cuenta del alma.
En un raro ejemplo de esto, cierta pareja pidió a una
psíquica amiga mía que efectuara una lectura de su hija retardada.
He aquí parte de su interpretación.
Entro
en meditación, me fundo con esa criatura y quedo atónita al
experimentar el estado feliz y apacible en que vive. Noto una
inteligencia profunda y abnegada en contacto con esa niña: alguien
que ha cargado, vida tras vida, la pesada responsabilidad de
impartir enseñanzas difíciles a fin de elevar la conciencia de
otros. En esta vida el alma le ha permitido ser atendida y no hacer
casi nada, aparte de existir alegremente, dejando que otros carguen
con las responsabilidades. No se trata de que en esta vida se haya
desentendido del deber, sino que efectúa una exploración diferente
de la experiencia del plano físico y un enfoque alternativo de la
tarea del alma. Pues, si bien la niña no está realizando nada
notable en el plano exterior, aún tiene mucho del maestro; sirve
como potente catalizador para elevar la conciencia de los padres que
la adoran.
Los
niños como ella no son quienes son, ni lo que son en respuesta a su
propio karma; sino, más bien, como consecuencia del karma de sus
padres. Aunque ellos pasan la existencia más o menos en el limbo, su
presencia tiene un efecto muy potente en las personas estrechamente
relacionadas con ellos y hace emerger del fondo cualidades
asombrosas.
Cuando mi amiga entregó esta lectura a los padres, ellos exclamaron
que la dulce presencia de la hija les había enseñado muchas cosas
que, de otro modo, no habrían descubierto. Sin duda, no todos los
niños de ese tipo son tomados como una bendición por los
responsables de su bienestar. Con frecuencia ocurre lo contrario.
Pero cada uno es siempre un catalizador para provocar algún grado de
transformación, como la niña del caso arriba citado.
_________________________________
*
ontogenia: desarrollo del organismo individual
filogenia: evolución de una raza o un grupo de organismos
genéticamente relacionado (como especie, familia u orden)
ASPECTO EXTERIOR
VERSUS DESARROLLO INTERIOR
Toda encarnación nos presenta desafíos en mayor o menor
grado, siempre al servicio de la transformación. Este proceso
transformativo se lleva a cabo constantemente, pero está disimulado
en los detalles diarios de la vida. Como hemos visto, queda aun más
oscurecido por el hecho de que no todos avanzamos en la misma
dirección al mismo tiempo. A veces, aunque las condiciones
exteriores puedan ser similares, las personas pueden estar a
milenios de distancia en cuanto a desarrollo. Imaginemos, por
ejemplo, a tres hombres encarcelados en la misma prisión, condenados
por sus delitos.
El
primero, un joven de veintidós años, asaltó con dos amigos a un
hombre que salía ebrio de un bar; le robaron y lo dejaron
inconsciente. Alcoholismo, drogadicción y violencia eran parte de su
vida familiar y del vecindario donde creció. Su bajo control de
impulsos, su falta de juicio y su capacidad de violencia temeraria
pueden ser atribuidos a esa niñez caótica y a la probabilidad de que
esté en un punto temprano del Camino hacia fuera.
El
segundo preso, de treinta y cinco años, instruido y ex
vicepresidente de una gran firma inversora, fue condenado por una
estafa complejamente planeada y llevada a cabo con destreza, con la
que escamoteó millones de dólares a desprevenidos inversores. Este
delito no fue perpetrado por impulso ni por necesidad, sino como
ejercicio de poder, de los que atraen a quienes se acercan al Punto
de Integración.
El
tercer prisionero cometió un asalto a mano armada bajo la influencia
del alcohol. También él era joven y provenía de un ambiente
empobrecido, caótico y violento. Dos de sus hermanos estaban en la
cárcel y otro había muerto en forma violenta.
Años
después de cumplidas las sentencias, el tercer hombre vuelve a la
misma prisión, como sobrio miembro de Alcohólicos Anónimos, para
extender los servicios de la agrupación a hospitales y cárceles. En
apariencia vive bien; tiene empleo seguro como capataz de obra y
planea casarse con su novia. Además, está encargado de llevar el
mensaje a otros alcohólicos encarcelados. Su propia experiencia como
interno le brinda credibilidad entre los otros condenados que
participan de sus reuniones. Su dedicación al servicio de estos
hombres es característica de quien está en el Camino de Retorno. Sin
duda, su delito y su encarcelamiento son una recapitulación de una
fase inconclusa anterior en el desarrollo de su alma, mientras que
su zona de servicio (entre los alcohólicos encarcelados) viene a
remediar esos actos de una vida previa.
Este ejemplo, excesivamente simplificado, está destinado
a demostrar que no es fácil discernir el punto de una persona en el
Camino, a partir de las circunstancias de su nacimiento y su
educación o por etiquetas tales como “delincuente convicto”. En
todos los ambientes de la vida y en todas las esferas sociales
existen personas que se encuentran en distintas etapas de evolución.
Más aun: como el tercero de nuestros convictos imaginarios, pueden
estar recapitulando una fase muy anterior de su desarrollo, a fin de
brindar más adelante una mayor conciencia y la posibilidad de
remediar ese reino de experiencia en especial.
ASPECTO EXTERIOR
VERSUS DESARROLLO INTERIOR
Toda encarnación nos presenta desafíos en mayor o menor
grado, siempre al servicio de la transformación. Este proceso
transformativo se lleva a cabo constantemente, pero está disimulado
en los detalles diarios de la vida. Como hemos visto, queda aun más
oscurecido por el hecho de que no todos avanzamos en la misma
dirección al mismo tiempo. A veces, aunque las condiciones
exteriores puedan ser similares, las personas pueden estar a
milenios de distancia en cuanto a desarrollo. Imaginemos, por
ejemplo, a tres hombres encarcelados en la misma prisión, condenados
por sus delitos.
El
primero, un joven de veintidós años, asaltó con dos amigos a un
hombre que salía ebrio de un bar; le robaron y lo dejaron
inconsciente. Alcoholismo, drogadicción y violencia eran parte de su
vida familiar y del vecindario donde creció. Su bajo control de
impulsos, su falta de juicio y su capacidad de violencia temeraria
pueden ser atribuidos a esa niñez caótica y a la probabilidad de que
esté en un punto temprano del Camino hacia fuera.
El
segundo preso, de treinta y cinco años, instruido y ex
vicepresidente de una gran firma inversora, fue condenado por una
estafa complejamente planeada y llevada a cabo con destreza, con la
que escamoteó millones de dólares a desprevenidos inversores. Este
delito no fue perpetrado por impulso ni por necesidad, sino como
ejercicio de poder, de los que atraen a quienes se acercan al Punto
de Integración.
El
tercer prisionero cometió un asalto a mano armada bajo la influencia
del alcohol. También él era joven y provenía de un ambiente
empobrecido, caótico y violento. Dos de sus hermanos estaban en la
cárcel y otro había muerto en forma violenta.
Años
después de cumplidas las sentencias, el tercer hombre vuelve a la
misma prisión, como sobrio miembro de Alcohólicos Anónimos, para
extender los servicios de la agrupación a hospitales y cárceles. En
apariencia vive bien; tiene empleo seguro como capataz de obra y
planea casarse con su novia. Además, está encargado de llevar el
mensaje a otros alcohólicos encarcelados. Su propia experiencia como
interno le brinda credibilidad entre los otros condenados que
participan de sus reuniones. Su dedicación al servicio de estos
hombres es característica de quien está en el Camino de Retorno. Sin
duda, su delito y su encarcelamiento son una recapitulación de una
fase inconclusa anterior en el desarrollo de su alma, mientras que
su zona de servicio (entre los alcohólicos encarcelados) viene a
remediar esos actos de una vida previa.
Este ejemplo, excesivamente simplificado, está destinado
a demostrar que no es fácil discernir el punto de una persona en el
Camino, a partir de las circunstancias de su nacimiento y su
educación o por etiquetas tales como “delincuente convicto”. En
todos los ambientes de la vida y en todas las esferas sociales
existen personas que se encuentran en distintas etapas de evolución.
Más aun: como el tercero de nuestros convictos imaginarios, pueden
estar recapitulando una fase muy anterior de su desarrollo, a fin de
brindar más adelante una mayor conciencia y la posibilidad de
remediar ese reino de experiencia en especial.
ENCONTRANDO TU LUGAR
EN EL CAMINO
Es natural que, habiendo leído todo lo anterior, te
preguntes en qué punto del Camino estás. ¿Te encuentras en el Camino
hacia Afuera, perfeccionando la identificación y el dominio de tu
cuerpo físico, desarrollando el coraje físico y un sentido del yo?
¿Estás llegando al Punto de Integración, ansioso de probar tus
poderes de líder para mandar, controlar, influir sobre personas y
acontecimientos? ¿O estás en el Camino de Retorno, tratando de
conocer y remediar tu karma no resuelto, mediante la comprensión y
el servicio?
Puesto que te atrajo el material contenido en este
libro, indudablemente estás en el Punto de Integración o muy cerca
de él, o quizá comienzas ya a salir de ese punto hacia el Camino de
Retorno. En una fase anterior de tu evolución de conciencia, estos
temas te habrían despertado poco o ningún interés. En un punto
posterior del Camino de Retorno el material también resulta poco
relevante, pues ya habrías progresado hacia temas más universales y
menos personales.
Si estás leyendo este libro, es probable que estés en el
punto donde el héroe cambia de rumbo. Pero recuerda que esa
coyuntura crítica, dada la enorme escala de tu viaje, se extiende a
lo largo de varias vidas. Esto me recuerda lo que me dijo un hombre
que había pasado muchos años como piloto de un buque cisterna.
-Primero descubres que, por algún motivo, vas hacia una
dificultas. Quizá te has desviado del curso. Quizás adelante hay
algo que no debería estar allí y es preciso evitarlo. De modo que
aminoras la marcha. Una vez que las hélices han dejado de girar,
inviertes su dirección para detener el avance del barco. Aumentas
cada vez más la potencia de esas hélices invertidas, pero aun así el
barco sigue avanzando en la misma dirección por bastante tiempo.
Cuando se maneja tanto peso, masa e impulso, se tarda un poco en
detectar señales exteriores de que uno va a poder cambiar el curso.
Quizá nuestras vidas, en el punto de giro, se parecen un
poco a ese inmenso buque en manos de su capitán. Según todas las
señales exteriores, el mismo impulso del viaje nos lleva cada vez
más lejos de la costa. Sin embargo, la Inteligencia que nos guía ya
ha puesto en movimiento las fuerzas que detendrán nuestra marcha y
nos harán girar para llevarnos de nuevo hacia el hogar.
EL
CAMINO DE LA CONCIENCIA EN EVOLUCIÓN
REUNIÓN CON LA FUENTE:
·
Vehículo físico refinado
·
Identificación con Mente Superior/Alma
·
Exploración de reinos espirituales/búsqueda de la verdad
·
Desarrollo de la conciencia grupal
·
Acción
iniciada después de meditar y deliberar
·
Karma
superado mediante remedio y servicio
·
El Alma
obra por inspiración del Yo Superior
·
Conciencia altruista:”Está mal si perjudica a la humanidad”
·
Afinación psíquica más afinada a través del centro ajna
·
Compasión universal
Motivado por
el deseo de servir
ELEVACIÓN
SOBRE LA MATERIA FÍSICA
·
Vehículo físico equilibrado
·
Identificación con personalidad, intelecto
·
Exploración del poder físico
·
Desarrollo de intelecto, capacidad de planificar
·
Capacidad de gratificación diferida
·
Karma
generado por el uso del poder, manipulación de otros
·
Dirigido por sí mismo (buen líder, ciudadano influyente, celebridad)
·
Conciencia desarrollada: “Está mal si perjudica a los que amo”
·
Afinamiento psíquico pasando del plexo solar al centro ajna
·
Compasión considerable
Motivado por el deseo de celebridad e influencia
SEPARACIÓN DE LA FUENTE:
expansión - experiencia
Expansión
Experiencia
Prueba: valentía espiritual
Alma vieja

