Todavía
incrédula pregunté: « ¿Por qué no es de dominio publico?» Me
consumía un ardiente deseo de compartir El Secreto con el mundo y
empecé a buscar personas que lo conocieran.
Entonces,
empezaron a aparecer una tras una. Yo era como un imán: cuando
empecé a buscar, los grandes maestros vivos fueron apareciendo
sucesivamente. Cuando descubría a un maestro, éste me conducía al
siguiente, en un encadenamiento perfecto. Si en algún momento me
desviaba del camino, siempre había algo que captaba mi atención y
gracias a esa desviación aparecía el siguiente gran maestro. Si
«accidentalmente» clicqueaba el link incorrecto en una búsqueda en
Internet, eso me conducía a una información vital. En unas pocas
semanas había seguido la pista de El Secreto retrocediendo varios
siglos en la línea del tiempo y había descubierto a sus practicantes
actuales.
La idea de
desvelar El Secreto al mundo por medio de un film documental se
había afianzado en mi mente y en los dos meses siguientes mi equipo
de producción y realización aprendió El Secreto. Era imprescindible
que todos los miembros lo conocieran, porque sin conocerlo, lo que
pretendíamos era imposible.
No teníamos
garantizada la participación en el film de ninguno de los maestros,
pero conocíamos El Secreto y con una gran fe viajé de Australia a
Estados Unidos donde residían la mayoría. A las siete semanas de
nuestra llegada habíamos filmado a cincuenta y cinco grandes
maestros de todo el país y teníamos más de ciento veinte horas de
documental. En cada paso que dábamos, en cada respiración,
utilizamos El Secreto para crear El Secreto. Literalmente
atrajimos a todas las cosas y personas hacia nosotros. Ocho meses
después se estrenó El Secreto.
Mientras el
documental arrastraba por el mundo, empezaron a surgir historias de
milagros: la gente nos escribía contándonos casos de sanación de
dolores crónicos, de depresión y de otras enfermedades; de volver a
caminar después de un accidente e incluso de recuperarse después de
haber estado en el umbral de la muerte. Nos han llegado cientos de
relatos de personas que han utilizado El Secreto para amasar grandes
fortunas y que han recibido cheques inesperados por correo. La gente
ha aplicado el conocimiento de El Secreto para manifestar sus deseos
sobre hogares perfectos, parejas, coches, trabajos y ascensos.
También hay muchos casos de negocios que han sufrido
transformaciones en cuestión de días tras haberlo aplicado. Se sabe
de conmovedores casos de relaciones conflictivas ―con niños
implicados― en los que se ha restaurado la armonía.
Algunas de las
historias más espléndidas que hemos recopilado son de niños que han
utilizado El Secreto para atraer lo que deseaban, incluyendo buenas
notas y amigos. El Secreto ha inspirado a algunos médicos a
compartir su conocimiento con sus pacientes; a que universidades y
escuelas hicieran lo mismo con sus alumnos, a que iglesias y centros
espirituales de todos los credos lo compartieran con sus seguidores.
Ahora se celebran reuniones de v en hogares de todo el mundo, a
medida que las personas van compartiendo este conocimiento con sus
seres queridos y familiares. El Secreto se ha utilizado para atraer
todo tipo de cosas, desde un estado de humor específico hasta diez
millones de dólares. Todo esto ha tenido lugar en unos pocos meses
desde que se estrenó el documental.
Mi intención al
crear El Secreto era ―y es― aportar felicidad a millones de
personas en todo el mundo. El equipo de El Secreto experimenta el
fruto de esa intención todos los días, puesto que recibimos antes y
miles de cartas de personas del mundo entero, de todas las edades,
razas y nacionalidades, expresando gratitud por la dicha que les ha
aportado El Secreto. No hay nada que no puedas hacer con este
conocimiento. No importa quién seas o lo que hagas, El Secreto puede
darte todo lo que quieras.
Veinticuatro
maestros asombrosos protagonizan este libro. Grabamos sus palabras
en Estados Unidos, en diferentes lugares y momentos, sin embargo,
todos hablan como una sola voz. Este libro contiene las palabras de
los maestros de El Secreto y también las milagrosas historias de El
Secreto en acción. Comparto contigo todos los caminos sencillos,
consejos y atajos que he aprendido para que puedas vivir la vida de
tus sueños.
A lo largo del
libro observarás que algunas veces las palabras «Tú» y «Ti» están
escritas con mayúsculas. La razón es porque quiero que tú, el
lector, sientas y sepas que he creado este libro para ti. Cuando
digo «Tú», te estoy hablando personalmente. Lo que quiero es que te
sientas personalmente conectado con estas páginas, porque El Secreto
ha sido creado para Ti.
Conforme vayas
leyendo y aprendas El Secreto, descubrirás cómo puedes tener, ser o
hacer todo lo que quieras. Sabrás quién eres realmente. Conocerás el
verdadero esplendor que te espera.
Agradecimientos
Me siento
profundamente agradecida a todas las personas que se han cruzado en
mi vida y que me han inspirado, conmovido e iluminado con su
presencia.
También quisiera
expresar mi reconocimiento y mi gratitud a las siguientes personas
por su extraordinario apoyo y sus contribuciones en mi viaje y en la
creación de este libro:
Por compartir
generosamente su sabiduría, amor y divinidad rindo homenaje a los
coautores de The Secret — El Secreto: John Assaraf,
Michael Bernard Beckwith, Lee Brower, Jack Canfield, dr.
John Demartini, Marie Diamond, Mike Dooley, Bob
Doyle, Hale Dwoskin, Morris Goodman, dr. John Gray, dr. John Hagelin,
Bill Harris, dr. Ben Johnson, Loral Lange-meier, Lisa Nichols, Bob
Proctor, James Ray, David Schirmer, Marci Shimoff, dr. Joe Vitale,
dr. Denis Waitley, Neale Donald Walsch e dr. Fred Alan Wolf.
A los
extraordinarios seres humanos que forman el equipo de producción de
The Secret — El Secreto: Paul Harrington, Glenda Bell,
Skye Byrne y Nic George. También a Drew Heriot, Daniel Kerr, Damian
Corboy y a todos aquellos que nos acompañaron en la creación de la
película The Secret — El Secreto.
A James
Armstrong, Shamus Hoare y Andy Lewis de Gozer Media, por la creación
de las soberbias imágenes y por conseguir impregnarlas de la esencia
de El Secreto.
Al diretor
ejecutivo de El Secreto, Bob Rainone, que nos llegó caído del cielo.
A Michael
Gardiner y al gabinete de asesoramiento financiero y legal en
Austrália y en Estados Unidos.
Al equipo de la
página web de El Secreto: Dan Hollings, John Herren, y a todos los
miembros de Powerful Intentions que dirigen el Foro de El Secreto y
a todas las personas maravillosas que participan en él.
A los
grandes avatares y grandes maestros del pasado, cuyos escritos
encendieron el poderoso fuego del deseo en mi interior. He caminado
a la sombra de su grandeza y honro a cada uno de ellos.
Mi más especial agradecimiento a
Robert Collier e Robert Collier Publications, Wallace Wattles,
Charles Haanel, Joseph Campbell y Joseph Campbell Foundation,
Prentice Mulford, Genevieve Behrend y Charles Fillmore.
A Richard Cohn y
Cynthia Black, de Beyond Words, y a Judith Curr, de Simon & Schuster,
por abrirme sus corazones y acoger El Secreto. A Henry Covi y Julie
Steigerwaldt por su trabajo de corrección del texto.
A Cathy Goodman;
Susan y Colin Sloate; Susan Morrice, directora de Belize Natural
Energy; Jeannie MacKay; y Joe Sugarman.
Al doctor
Robert Anthony, Jerry y Esther Hicks y a las enseñanzas de Abraham,
David Cameron Gikandi, John Harricharan, Catherine Ponder, Gay y
Katie Hen-dricks, Stephen MR Covey, Eckhart Tolle y Debbie Ford, por
sus inspiradoras enseñanzas. A Chris y Janet Attwood, Mareia Martin,
miembros del Transformational Leaders Council, al Spiritual Cinema
Circle, al personal de Agape Spiritual Center, y a los ayudantes de
todos los maestros que aparecen en The Secret — El Secreto,
por su generosa ayuda.
A mis queridos
amigos, por su amor y apoyo: Marcy Koltun-Crilley, Margaret Rainone,
Athena Golianis y John Walker, Elaine Bate, Andréa Keir, y Michael e
Kendra Abay. Y a mi sorprendente familia: Peter Byrne; mis
queridísimas hermanas: Jan Child, por su valiosa ayuda en la
creación de este libro; Pauline Vernon, Kaye Izon (fallecida) y
Glenda Bell, que siempre ha estado a mi lado y cuyo amor y apoyo no
tienen límites. A mi valiente y hermosa madre Irene Izon, y a la
memoria de mi padre, Ronald Izon, cuya luz y amor siguen iluminando
nuestras vidas.