¡La vida causa tanto espanto!, ¡y es tan confusa! Quisiera que las cosas
fueran más claras.
La vida no tiene nada de espantoso si no te preocupas por los
resultados.
Quieres
decir si no deseas nada...
Exacto.
Elige, pero no desees.
Eso
resulta muy fácil para aquellas personas que no tienen a nadie que
dependa de ellas. Pero ¿qué pasa si uno tiene esposa e hijos?
El
camino de la familia siempre ha sido un camino muy estimulante; quizás
el más estimulante. Como tú dices, resulta muy fácil “no desear nada”
cuando sólo te has de preocupar de ti mismo. Cuando tienes a otras
personas a las que quieres, es natural desear sólo lo mejor para ellas.
Resulta
doloroso no poder darles todo lo que quisieras que tuvieran. Un hogar
agradable, ropa decente, comida suficiente... Me siento como si hubiera
estado luchando durante veinte años sólo para vivir siempre haciendo
equilibrios. Y al final para nada.
¿Te
refieres a la riqueza material?
Me
refiero a algunas de las cosas básicas que un hombre quisiera dar a sus
hijos. Me refiero a algunas de las cosas sencillas que un hombre
quisiera dar a su mujer.
Ya
veo. Consideras que tu tarea en la vida es proporcionarles todas esas
cosas. ¿Imaginas que es eso en lo que consiste tu vida?
No
estoy seguro de haberlo planteado de ese modo. No es que mi vida
consista en eso, pero ciertamente estaría bien que, al menos, eso fuera
un subproducto.
Bien.
Entonces, volvamos a ello. ¿En qué crees que consiste tu vida?
Esa
es una buena pregunta. A lo largo de los años he tenido distintas
respuestas a ella.
¿Cuál es tu respuesta en este momento?
Me parece tener dos respuestas a la pregunta: la respuesta a en que me
gustaría creer que consiste, y la respuesta a en qué creo que consiste.
¿Cuál es la respuesta a en que te gustaría creer que consiste?
Me gustaría creer que mi vida consiste en la evolución de mi alma. Me
gustaría creer que mi vida consiste en expresar y experimentar la parte
de mí que más amo; la parte de mí que es compasión y paciencia, entrega
y ayuda; la parte de mí que es conocimiento y sabiduría, perdón y...
amor.
¡Suena como si hubieras estado leyendo este libro!
Sí, y, desde luego, es un libro maravilloso a nivel esotérico; pero
estoy tratando de comprender cómo “practicarlo”. La respuesta a tu
pregunta acerca de en qué creo realmente que consista mi vida es que
consiste en sobrevivir día a día.
¡Ah! ¿Y crees que una cosa excluye a la otra?
Bueno...
¿Crees que lo esotérico excluye la supervivencia?
La verdad es que me gustaría hacer algo más que sobrevivir. He estado
sobreviviendo todos estos años; y considero que todavía lo estoy. Pero
quisiera que la lucha por la vida terminara. Considero que ir tirando
día a día es también una lucha. Quisiera hacer algo más que sobrevivir.
Quisiera prosperar.
¿Y a que llamarías prosperar?
A tener lo suficiente para no tener que preocuparme de cómo conseguiré
mi próximo dólar; a que no me suponga una tensión y un esfuerzo el
simple hecho de pagar el alquiler o la factura del teléfono. Quiero
decir que lamento ser trivial, pero estamos hablando de la vida real, y
no de cuentos de hadas, o del romántico cuadro de la vida que describes
en este libro.
Detecto un cierto enfado...
No tanto enfado como frustración. He seguido el juego espiritual durante
más de veinte años, y mira lo que he conseguido: ¡un cheque del asilo de
pobres! Y ahora acabo de perder mi trabajo, y parece que el flujo de
dinero en efectivo ha cesado de nuevo. Estoy realmente cansado de
luchar. Tengo cuarenta y nueve años, y me gustaría tener alguna
seguridad en la vida para poder dedicar más tiempo a “la esencia de
Dios”, la “evolución” del alma, etc. Ahí es donde esta mi corazón, pero
no es adonde mi vida me permite dirigirme...
Bueno, todo eso está muy bien dicho; y además sospecho que hablas en
nombre de toda una serie de personas que comparten la misma experiencia.
Voy a responder a tu sinceridad frase por frase, de modo que podamos
rastrear con facilidad la respuesta, y examinarla detalladamente.
Tú no has seguido “el juego espiritual” durante veinte años, sino que
apenas has estado rozando sus orillas. (Por cierto, esto no es un
reproche, sino únicamente la afirmación de una verdad.) Te concederé que
durante dos décadas has estado contemplándolo; coqueteando con
él; experimentándolo de vez en cuando... pero Yo no he percibido
tu auténtico - tu más auténtico - compromiso con el juego hasta
hace muy poco.
Que quede claro que “seguir el juego espiritual” significa dedicar
toda tu mente, todo tu cuerpo, toda tu alma, al proceso de crearte a Ti
mismo a imagen y semejanza de Dios.
Este es el proceso de Auto-realización sobre el que han escrito los
místicos orientales. Y es el proceso de salvación del que se han ocupado
muchos teólogos occidentales.
Se trata de un acto de suprema conciencia realizado día a día, hora a
hora, momento a momento. Es una elección, y una re-elección, en cada
instante. Es una continua creación. Una creación consciente;
creación con un propósito. Se trata de utilizar las herramientas
de creación de las que hemos hablado, y de utilizarlas conscientemente y
con una sublime intención.
Eso es “participar en el juego espiritual”. Entonces, ¿cuánto tiempo
llevas dedicado a ello?
Ni siquiera he empezado
Tampoco te vayas de un extremo al otro, y no seas tan duro contigo
mismo. Tú sí te has dedicado a este proceso, y en realidad estás más
metido en él de lo que crees. Pero no has estado haciéndolo durante
veinte años, ni nada parecido. Sin embargo, lo cierto es que no es
importante cuánto tiempo lleves dedicado a ello. ¿Lo estás ahora?:
eso es lo que cuenta.
Vayamos a tu afirmación. Dices que “mire lo que has conseguido”, y te
describes a ti mismo a punto de ir a parar al “asilo de pobres”. Pero te
miro, y lo que veo es otra cosa bastante distinta. ¡Veo a una persona
que está a punto de ir a parar a una espléndida casa! Crees que tienes
un cheque del olvido, y Yo veo que tienes un cheque del Nirvana. Aunque,
por supuesto, ello depende en gran medida de cuál creas que es tu
“paga”, y a qué fin encamines tu labor.
Si el objeto de tu vida es adquirir lo que tú llamas seguridad, veo y
entiendo por qué sientes que tienes “un cheque del asilo de pobres”. Sin
embargo, incluso esta afirmación está sujeta a rectificación, puesto que
con Mi “paga” todo lo bueno vendrá a ti, incluida la experiencia
de sentirte seguro en el mundo.
Mi “paga” - el pago que obtienes cuando “trabajas para” Mí - proporciona
mucho más que bienestar espiritual. También puedes obtener bienestar
físico. Pero la parte irónica del asunto es que, una vez que
experimentes la clase de bienestar espiritual que Mi pago proporciona,
te darás cuenta de que lo último que te preocupará será el bienestar
físico.
Incluso el bienestar físico de los miembros de tu familia dejará
de preocuparte, ya que, una vez alcances un determinado nivel de
conciencia de Dios, entenderás que no eres responsable de ninguna otra
alma humana, y que, si bien es digno de encomio querer que todas las
almas gocen de bienestar, cada una de ellas debe elegir - esta
eligiendo - su propio destino en cada momento.
Es obvio que maltratar o destruir deliberadamente a otra persona no es
precisamente la acción más elevada. Es obvio que resulta igualmente
inapropiado descuidar las necesidades de quienes has hecho que dependan
de ti.
Tu tarea consiste en hacer que sean independientes; en enseñarles
- del modo más rápido y completo posible - cómo prescindir de ti.
No les favoreces mientras te necesiten para sobrevivir, sino sólo, y
realmente, en el momento en que se den cuenta de que no te necesitan.
En el mismo sentido, el momento más importante para Dios será aquel en
que os deis cuenta de que no necesitáis a ningún Dios.
Sí, ya lo sé... esto es la antítesis de todo lo que siempre habéis
pensado. Pero vuestros maestros os han hablado de un Dios colérico y
envidioso, de un Dios que necesita que le necesiten. Y eso no es un Dios
en absoluto, sino un neurótico sustituto de lo que sería una deidad.
Un autentico Maestro no es aquel que tiene más discípulos, sino aquel
que crea más Maestros.
Un auténtico líder no es aquel que cuenta con más seguidores, sino aquel
que crea más líderes.
Un auténtico rey no es aquel que tiene más súbditos, sino aquel que hace
que la mayoría de ellos accedan a la realeza.
Un auténtico profesor no es aquel que posee más conocimiento, sino aquel
que logra que la mayoría de sus semejantes alcancen el conocimiento.
Y un auténtico Dios no es Aquel que cuenta con el mayor número de
siervos, sino Aquel que sirve al mayor número de ellos, haciéndoles,
así, Dioses.
Este es, pues, el propósito y la gloria de Dios: que sus súbditos dejen
de serlo, y que todos conozcan a Dios no como lo inalcanzable, sino como
lo inevitable.
Quisiera que entendieras esto: vuestro destino feliz es inevitable.
No podéis dejar de “salvaros”. No hay más infierno que ignorar
esto.
Así pues, con vuestros padres, esposas y personas queridas, debéis
tratar de no hacer de vuestro amor un pegamento que liga, sino más bien
un imán que primero atrae, pero que luego se gira y repele, para que
aquellos a quienes atrae no empiecen a creer que necesitan estar pegados
a vosotros para sobrevivir. Nada puede estar más lejos de la verdad.
Nada puede resultar más perjudicial para los demás.
Deja que tu amor lance a tus seres queridos al mundo, y a
experimentar plenamente quienes son. Si haces esto, habrás amado
verdaderamente.
Este modo de ser cabeza de familia constituye un gran reto. Hay muchas
distracciones, muchas preocupaciones mundanas. Ninguna de ellas preocupa
a un asceta. Le llevan su pan y su agua, le dan la humilde estera en la
que acostarse, y puede dedicar todas sus horas al rezo, a la meditación
y la contemplación de lo divino. ¡Qué fácil resulta contemplar lo divino
en estas circunstancias! ¡Que tarea tan sencilla! ¡Ah pero dale una
esposa e hijos! ¡Contempla lo divino en un bebé al que hay que cambiar
a las tres de la madrugada! ¡Contempla lo divino en una factura que hay
que pagar a primeros de mes! ¡Reconoce la mano de Dios en la enfermedad
que contrae tu esposa, en el trabajo que acabas de perder, en la fiebre
de tu hijo, en el dolor de tus padres! ¡Ahora es cuando hablamos de
santidad!
Entiendo tu fatiga. Sé que estás cansado de luchar. Pero te aseguro una
cosa: cuando Me sigues a Mí, la lucha desaparece. Vive en tu espacio
divino, y todos y cada uno de los acontecimientos serán bendiciones.
¿Cómo puedo conseguir mi espacio divino cuando acabo de perder mi
trabajo, hay que pagar el alquiler, los chicos necesitan ir al dentista,
y permanecer en mi elevado y filosófico espacio parece el modo menos
probable de resolver todo esto?
No me abandones cuando más Me necesitas. Esta es la hora de tu mayor
prueba. Este es el momento de tu mayor oportunidad. Se trata de la
oportunidad de demostrarte a ti mismo lo que aquí se ha escrito.
Cuando te digo “no me abandones”, parezco ese Dios necesitado y
neurótico del que hemos hablado. Pero no lo soy. Puedes “abandonarme” si
quieres. No me importa, y no cambiará nada entre nosotros. Simplemente
te lo digo como una respuesta a tus preguntas. Cuando las cosas se ponen
mal es cuando más a menudo olvidáis Quienes Sois y las
herramientas que os he dado para que creéis la vida tal como
decidáis.
Este es más que nunca, el momento de ir a tu espacio divino. En primer
lugar, te proporcionará una gran paz de espíritu; de un espíritu
sosegado surgen grandes ideas, y dichas ideas pueden constituir las
soluciones a los mayores problemas que te imagines que vas a tener.
En segundo lugar, tu espacio divino es el lugar donde te Auto-realizas,
y ese es el propósito - el único propósito - de tu alma.
Cuando te hallas en tu espacio divino, sabes y comprendes que todo lo
que estás experimentando en ese momento es transitorio. Te aseguro que
el Cielo y la Tierra pasarán, pero tú no pasarás. Esta perspectiva
eterna te ayuda a ver las cosas en su verdadera dimensión.
Puedes definir las condiciones y circunstancias presentes como lo que
realmente son: transitorias y temporales. De este modo puedes
utilizarlas como herramientas - puesto que de eso se trata: de
herramientas transitorias y temporales - en la creación de la
experiencia presente.
¿Quién piensas realmente que eres? En relación a la experiencia llamada
“perder el trabajo”, ¿quién piensas que eres Y, lo que quizás viene más
al caso, ¿quién piensas que soy Yo? ¿Imaginas acaso que se trata
de un problema demasiado grande como para que Yo pueda resolverlo?
¿Requiere salir de este aprieto un milagro demasiado grande como para
que Yo pueda realizarlo? Entiendo que puedas pensar que es demasiado
grande como para que tú puedas realizarlo, incluso con todas las
herramientas que te he dado; ¿pero realmente piensas que lo es para Mí?
Intelectualmente sé que no es una tarea demasiado grande para Dios. Pero
emocionalmente supongo que no puedo estar seguro; no tanto de que puedas
como de que quieras hacerlo.
Ya veo. Entonces, es una cuestión de fe.
Sí.
No pones en cuestión Mi capacidad de hacerlo; simplemente dudas de Mi
deseo.
Fíjate, todavía me identifico con esa teología que afirma que en alguna
parte puede haber una lección para mí. Pero no estoy seguro de que deba
tener una solución. Tal vez debo tener el problema. Quizás se trata de
una de esas “pruebas” de las que mi teología me sigue hablando. Así, me
preocupa que este problema pueda no tener solución; que vayas a dejarme
colgado...
Quizás este sea un buen momento para revisar una vez más cómo
interactuamos tú y Yo, ya que tú crees que se trata de mi deseo, y Yo te
digo que se trata del tuyo.
Yo quiero para ti lo que tú quieras para ti. Nada más y nada
menos.
Yo no llego y juzgo, petición tras petición, acerca de si debo conceder
algo o no.
Mi ley es la ley de causa y efecto; no la ley del “ya veremos”. No hay
nada que no puedas tener si decides tenerlo. Te lo habré dado incluso
antes de que me lo pidas. ¿Lo crees?
No. Lo siento. He visto demasiadas oraciones sin respuesta.
No lo sientas. Quédate siempre con la verdad; la verdad de tu
experiencia. Lo entiendo. Lo respeto. Y me parece bien.
De acuerdo, puesto que no creo que vaya a obtener cualquier cosa que
pida. Mi vida no ha constituido precisamente un testimonio en ese
sentido. En realidad, raramente obtengo lo que pido. Y cuando lo
obtengo, me considero un maldito afortunado.
He aquí una interesante combinación de palabras. Al parecer, tienes dos
opciones. En tu vida puedes ser o bien un maldito afortunado, o bien un
bendito afortunado. Yo preferiría que fueras un bendito afortunado;
pero, por supuesto, nunca interferiré en tus decisiones.
Te lo aseguro: tú siempre obtienes lo que creas, y
constantemente estás creando.
Yo no juzgo las creaciones que tú haces aparecer; simplemente te
capacito para que hagas aparecer más, y más, y más... Si no te gusta lo
que acabas de crear, elige otra vez. Mi tarea, en cuanto Dios,
consiste en darte siempre esa oportunidad.
Ahora me dices que no siempre has obtenido lo que querías. Pero te diré
que siempre has obtenido lo que has provocado.
Tu vida
es siempre el resultado de tus pensamientos acerca de ella, incluyendo
tu pensamiento - obviamente creador - de que rara vez obtienes lo que
quieres.
Ahora , en este caso concreto, te ves a ti mismo como víctima de la
situación al haber perdido tu trabajo. Pero lo cierto es que ya no
querías ese trabajo. Dejaste de levantarte por la mañana con esperanza,
y empezaste a levantarte con miedo.. Dejaste de estar contento con tu
trabajo, y empezaste a sentir resentimiento. Incluso empezaste a
imaginarte haciendo otra cosa distinta.
¿Crees que todo eso no significa nada? No comprendes tu poder. Te lo
aseguro: Tu vida se desarrolla según tus intenciones sobre
ella.
Entonces, ¿cuál es tu intención ahora? ¿Tienes la intención de probar tu
teoría de que la vida rara vez te da lo que quieres? ¿O de demostrar
Quién Eres Realmente y Quién Soy Yo?
Me siento desazonado. Castigado. Desconcertado.
¿Y de qué te sirve? ¿Por qué no reconoces simplemente la verdad cuando
la oyes, y acudes a ella? No hay ninguna necesidad de que te recrimines
a ti mismo. Sencillamente observa lo que has estado eligiendo, y elige
de nuevo.
Pero ¿por qué siempre estoy tan predispuesto a escoger lo negativo?, ¿y
luego a recriminarme a mí mismo por ello?
¿Y qué otra cosa podías esperar? Desde tus primeros años te han dicho
que eres “malo”. Aceptaste que habías nacido en “pecado”. Sentirse
culpable es una respuesta aprendida. Te han dicho que debes
sentirte culpable por cosas que habías hecho antes de que pudieras hacer
nada. Te han enseñado a avergonzarte de no haber nacido perfecto.
Este supuesto estado de imperfección en el que decís que habéis venido a
este mundo es lo que vuestros teóricos religiosos tienen el descaro de
llamar pecado original. Y es un pecado original; pero no vuestro. Es el
primer pecado perpetrado sobre vosotros por un mundo que no sabe nada de
Dios desde el momento en que piensa que Dios querría - o podría -
crear algo imperfecto.
Algunas de vuestras religiones han elaborado verdaderas teologías en
torno a esta equivocación. Pues eso es lo que es: literalmente una
equivocación, puesto que todo aquello que concibo - y todo aquello - a
lo que doy la vida - es perfecto; un perfecto reflejo de la propia
perfección, hecho a imagen y semejanza mía.
Sin embargo, con el fin de justificar la idea de un Dios punitivo,
vuestras religiones necesitan crear algo por lo que Yo tenga que estar
enfadado. Así, incluso aquellas personas que llevan una vida ejemplar
necesitan ser salvadas de algún modo. Si no necesitan ser salvadas de sí
mismas, entonces necesitan ser salvadas de su propia imperfección
interior. Así - afirman tales religiones -, es mejor que hagáis algo
al respecto, y rápido, o iréis directamente al infierno.
Todo eso, en fin, no puedes hacer nada para aplacar a un Dios extraño,
colérico y vengativo, pero sí da origen a unas religiones
extrañas, coléricas y vengativas. De este modo, las religiones se
perpetúan a sí mismas. De este modo, el poder sigue estando concentrado
en manos de unos pocos, en lugar de convertirse en una experiencia al
alcance de muchos.
Por supuesto, constantemente elegís el menor pensamiento, la idea
más pequeña, el más minúsculo concepto de vosotros mismos y de vuestro
poder, por no hablar del concepto de Mí y de Mi poder. Así os lo han
enseñado.
¡Dios
mío!, ¿y cómo puedo contrarrestar esas enseñanzas?
Esa
es una buena pregunta, y dirigida a la persona correcta!
Puedes contrarrestarlas leyendo y releyendo este libro. Léelo una y otra
vez. Hasta que entiendas cada párrafo. Hasta familiarizarte con cada
palabra. Cuando puedas citar sus pasajes a otros, cuando puedas traer
sus frases a tu mente en tus horas más negras, entonces habrás
“contrarrestado las enseñanzas”.
Pero hay todavía muchas cosas que quiero preguntarte; hay aún muchas
cosas que quiero saber.
¡Claro! Empezaste con una lista de preguntas muy larga. ¿Volvemos a
ella?